Se acercaba fin de curso, era momento de exámenes, y también
momentos de decisiones. Mi preciosa alumna soledad seguía día a día, sentada
frente a mi, abriéndome sus hermosas piernas. El verano cercano hacía que cada
vez venga a clase más suelta de ropa. Yo, recordando aquel no tan lejano día en
que esta chiquilina me hizo sentir en el paraíso, tenía que tomar una decisión.
O sigo adelante o termina el curso y me olvido de ella. El caso es que no sería
fácil olvidarse de algo tan dulce y tierno, además de tan sexy como era soledad.
Para ampliarles amigos más detalles les diré que ella es rubia, aunque no rubia
amarilla sino rubia tirando a castaño claro, tiene una cabellera que le llega a
los hombros, pero últimamente se le ha dado por hacerse dos colitas, no se si
será porque yo le dije que le quedaban preciosas. Sus ojos son azules oscuros,
su rostro es perfecto. Es linda pero además tiene cara de niña linda, no se si
me entienden, una cosa es belleza y otra es su tipo de belleza, pura y juvenil.
Mide un metro sesenta, no más, sus senos son de medianos para arriba, pero tiene
unos pezones bastante marcados. Pero lo mejor que tiene son sus piernas, son
perfectas. Es diría yo en matemáticas una función PAR, para los que no entiendes
es una función que es igual del lado positivo que del negativo, o sea simétrica.
Bueno, sus piernas son dos cosas tan perfectas que no me las pude sacar de mí
vista durante todo este año, y ahora no solo de mi vista sino de mis
pensamientos.
Visto todo esto, la decisión a tomar no es muy difícil. El
profe se tira al agua. Algo se nadar así que decidí tomar la iniciativa
nuevamente. No me costó mucho. Soledad me perseguía con la mirada donde quiera
que vaya. Entre clase y clase le dije que quería encontrarme con ella fuera del
instituto. No se imaginan la sonrisa que esbozó. Estaba loca de la vida. Profe,
exclamó loca de contenta. ¡¡ Me estaba muriendo por dentro¡¡ dijo. Estoy re
caliente, por mi vamos ahora donde usted diga.
Me resultaba gracioso que me tratara de Ud. Una mujer como
esta, educada si, pero tan suelta de boca y de lengua como solo yo sabía.
Recordaba aquella mañana y oyéndola hablar no sabía si reírme o tomarla en
serio. Lo que si sabía es que estaba tan pero tan buena que me estaba volviendo
loco. Quedamos en vernos el sábado de tarde. Yo por mi parte me las puedo
arreglar. Soy separado y mis hijos no estarían conmigo este fin de semana. De lo
único que tenía que cuidarme es de levantarla en algún lugar medio discreto.
Tenemos una diferencia de edad de más de veinte años. Para mi es demasiado, para
ella es, según me contó, lo que más le atrae. Dice que los muchachos de ahora
son todos unos bobos. Yo no diría eso, pero si dejan escapar un dulce como este
en algo tendrá razón mi preciosa muñeca.
Así pues el sábado, sobre las cuatro de la tarde quedamos en
encontrarnos en un cruce de calles importante, no lejos del instituto donde
ambos concurrimos por razones distintas claro. Y ahí estaba. Más linda que
nunca. Si corta es la pollera del uniforme, esto es imposible de describir. Una
remera Nike, apretada, hacía resaltar sus hermosos pechos, las dos colitas como
siempre y poco más. Era realmente un sueño hecho realidad. Y la tenía toda para
mí.
Subió a mi auto apenas lo detuve a su lado, se sentó a mi
lado, me dio un beso en la mejilla y me dijo que era toda mía. Siempre hablaba
sonriendo, siempre estaba contenta. Siempre parecía que se moría por mí, pero la
verdad es que era yo el que estaba muriendo por ella. Con solo tenerla a mi lado
mi cuerpo reaccionó con una erección completa.
Ahí me llevé una hermosa sorpresa. Una caricia sobre sus
hermosas piernas, con la mano más atrevida, me llevó hasta su entrepierna, y
vaya sorpresa, no llevaba ropa interior. Aun a pesar de su deshinibición me
llamó la atención y me dijo que era un regalo para mi, que ella muchas veces
hacía esa travesura, aun concurriendo a clase, yo la verdad es que nunca me di
cuenta claramente de ello, pero ta; me mató.
Acordamos inmediatamente ir a pasar el resto de la tarde, y
el resto del tiempo que fuera juntos en un hotel. No pensaba llevar esa belleza
a cualquier lugar. La llevé al mejor que había. Era aún temprano y no me resultó
difícil encontrar lugar. Al pasar por la entrada con el auto me pidieron ambos
documentos. Ahí me invadió un sudor frío. Y si tenía menos de dieciocho? El
guardia de seguridad observó el documento, se me acercó y me dijo en voz baja: "
No tiene dieciocho, la cosa es complicada". Yo no estaba dispuesto a perderme
esta oportunidad. Junto con la cédula fue un billete de doscientos pesos. Asunto
terminado. Pasamos.
La habitación era una imitación del ambiente del dibujo
animado "Los Picapiedras". La cama parecía de piedra, pero tenía un colchón
impresionantemente grueso y mullido. Todos los muebles eran del mismo estilo.
Soledad estaba maravillada. Jamás alguien la había llevado a un lugar así.
Recorría los rincones de la misma tocando todo como una niña en Disney World.
Encendí una radio que estaba empotrada en la pared detrás de la cama y se
escuchó UB40 cantando "Red Wine", ella estaba muy contenta y empezó a bailar al
ritmo de la música, largó al diablo sus sandalias, luego se desabrochó la
polllera quedando desnuda de la cintura para abajo. Que belleza. Que linda
conchita joven, con pocos rulitos castaños claros, más oscuros que su propio
pelo, pero muy poquitos. La claridad de su bello púbico dejaba ver todo lo
hermoso que era su entrepierna y su inmaculado culo, redondito, no tan relleno
pero si muy simétrico, y me está saliendo el profesor de matemáticas de aentro.
En fin. Era una diosa, yo no la veía como una jovencita, pero a veces tenía
salidas que me llevaban a la realidad.
Se quitó la remera, sí llevaba sostén, cosa que presentí
antes porque con esa remera apretada se le hubieran notado claramente los
pezoncitos, quedó entonces toda desnuda. Una obra de arte. Imaginen, dos colitas
que no se había soltado y toda desnuda una flor de dieciocho años, sin exagerar,
la más linda de un grupo de lindas, alegre, jovial, aniñada y tan mujer a la
vez. No me arrepentiré jamás de haber seguido adelante.
Cuando quedó toda desnuda, avanzó hacia mi, con pasos de
baile, siguiendo el ritmo de la música, y saltó sobre la cama como jugando. Ahí
es donde se veía su aún aniñado estilo de ser, de repente uno se confundía
porque tener frente a si semejante cuerpo desnudo, semejante mujer hermosa, y de
golpe ver que tiene actitudes, no diría inmaduras porque es una muchacha
bastante madura, pero si aniñadas, eso, especialmente era lo que me gustaba más
de ella.
En cuanto la tuve en mis brazos, comenzamos mutuamente a
darnos besos y caricias. Pocas veces tuve algo tan dulce a mi disposición,
especialmente digo esto porque yo ya no contaba ya vez alguna con tener algo así
solo para mí, pero ahí estábamos. Besando yo sus senos, besando ella todo mi
cuerpo, ahí se terminaba la nenita linda, ahí empezaba la mujer, y que mujer.
Nuevamente tomó mi ya erecto miembro y comenzó a besarlo de
todas las formas posibles, yo por mi parte quede del otro extremo, en posición
matemáticamente hablando de treinta más treinta y nueve (hagan Uds. Las cuentas
), y llevé mi lengua a esa hermosa conchita que tenía. Que lindo, estábamos en
un frenesí, dando y recibiendo, pasándola de lo mejor. Todos los miedos y los
tabúes míos quedaron atrás, la verdad ella nunca demostró tener alguno. En ese
tema del sexo ella se sentía muy segura conmigo, y poco a poco yo también.
Mi lengua recorría su entrepierna, llegando hasta lo más
profundo de su vulva y ella hacía lo mismo con mi pene, que llevaba hasta lo más
profundo de su garganta. Ya no aguantaba más y decidí cortar un poco a fin de no
terminar inmediatamente.
Nos pusimos frente a frente, besándonos ahora en la boca, yo
la podía levantar enteramente entre mis brazos y entonces la acomodé en mi
cintura, y llegó la tan ansiada penetración. También llegó ese tan disfrutable
ahhhhhh de ella, y ahí comenzamos a gozar como nos habíamos prometido el primer
día.
Llegamos prácticamente juntos al orgasmo. En ese momento me
pasó fugazmente por mi cabeza si ella estaría tomando medidas preventivas de
embarazo, pero solo fugazmente, porque era tan hermoso lo que estaba viviendo
que dejé eso para luego. Descargué todo mi contenido en su interior, luego al
sacar mi pija fuera ella casi puedo decir que se abalanzó sobre la misma para
chupar lo que quedaba goteando. Se la llevé entera a su boca y se terminó de
tragar lo que iba quedando. Me parece que a ella le gusta mucho eso porque
recuerdo su expresión de satisfacción cuando lo hicimos en el auto. Quedamos
luego entrelazados , dándonos tiernos besos. Ella apoyó su cabeza entre mis
piernas, lo que me causó un cosquilleo al sentir su suave cabello contra mi
miembro y mis testículos, e increíblemente se fue quedando dormida, exclamando
unas cuantos ahhhh, que lindo. Así casi una hora, yo estaba incómodo pero me
daba pena despertarla. Cuando se despertó todo comenzó de nuevo. Sobre las diez
de la noche sonó su celular. Ella atendió como si estuviera en su casa. El
diálogo que escuché me dejó helado. Hola LU, cómo te va? dijo, "si", dijo
luego…. "Si con el profe". Está todo diez puntos….Bárbaro, chau, beso. Y cortó.
Yo la quedé mirando. LU? Lucía, una de sus amigas ¡¡¡¡ Ella me dijo que si. Que
sus tres compañeras ya sabían de lo nuestro. Sabían que estábamos juntos. " LU
me dijo que me tenía envidia" exclamo contenta de su triunfo. Ja, le gané de
mano por lejos. Ella estaba contenta hasta de eso. Yo no sabía que decir. Con
qué cara me presentaría el lunes a clase?
Soledad era tan dulce e inocente que no me dio ni para
rezongarla. Me dijo que no me preocupara que sus amigas eran de ley. No saldría
de ellas. Además, me dijo, están re calientes contigo y ahora que les conté esto
también están algo celosas, así que preparate¡¡¡
Yo no podía creer lo que decía, pero tenerla ahí, desnuda,
entre mis brazos, solo me dio para besarla, y hacer el amor otra vez. Tenía que
sacarle lo mejor de ella, y así fue. Pasamos un fin de semana esplendoroso.
Cortamos el domingo a las once de la mañana, en que ambos nos separamos,
prometiéndonos repetir muchas veces esto.
Ahora quedé solo con mis pensamientos. Por un lado, la
esplendorosa belleza del cuerpo desnudo que tuve toda la noche. Por otro, mi
llegada el lunes al liceo. Enfrentar esas miradas, sabiendo además que ellas
estaban acechándome. Pero eso, eso es otra historia.