RECUERDOS NOSTALGICOS
Tendría aproximadamente 12 años, cuando empezó a comentarse
entre los amigos, como un gran secreto, lo estupendo que era hacerse una
"paja". Los que sabían o decían que sabían, nos explicaban a los demás como se
la hacían, pero yo, cuando ponía en práctica sus explicaciones, a aquello, no
le sacaba casi ningún placer, era un esfuerzo inútil y muy poco gratificante.
A Juan, mi mejor amigo, le pasaba exactamente lo mismo, nos
aconsejaban que, mientras nos la hacíamos, nos imagináramos que estábamos con
alguna mujer, besándola, acariciándola y haciéndole mil cosas, pues era así
como ellos lo habían conseguido y les había gustado mucho, pero a nosotros la
imaginación no nos funcionaba y era lógico pues realmente no sabíamos que era
lo que teníamos que imaginar.
Juan y yo, intentábamos hacernos la paja llegando hasta el
final y dada la confianza que nos teníamos, lo hacíamos, tanto juntos, como
por separado y cuando ya casi habíamos desistido, pues empezábamos a pensar
que era una broma que nos estaban gastando, sucedió algo que cambió
radicalmente la situación.
En el colegio no teníamos clase, pues habían empezado las
vacaciones de navidad, nos aburríamos en casa y cuando su madre nos dijo que
se marchaba a la ciudad, quisimos ir con ella, aceptó llevarnos con la
condición de que una vez en la ciudad, la dejaríamos sola para que pudiera ir
de compras a sus anchas y cuando nosotros nos cansáramos volveríamos solos a
casa.
Estuvimos toda la tarde paseando, apuramos hasta el ultimo
momento, cuando llegamos al autobús, vimos que su madre lo estaba cogiendo,
era el ultimo autobús de ese día e iba llenísimo. Una vez arriba, nos fuimos
acercando a ella como pudimos.
Llegó un momento en que habríamos desistido quedándonos
donde estábamos, de no ser, porque la vimos nerviosa, mirando con disimulo
hacia todas partes y pensamos que la estaban molestando queriendo manosearla y
como no era la primera vez que habíamos visto a alguna mujer en esa situación
tener que dar una bofetada en el autobús, queríamos estar cerca por si le
hacíamos falta.
No era la primera vez que a nuestras madres les había
sucedido en nuestra presencia, pero las habíamos visto defenderse de los
moscones situando con disimulo el paquete de las compras o el bolso entre
ellas y el moscón para que no hubiera contacto, así se evitaban tener que
repartir ninguna bofetada, con el consiguiente escándalo, pero no estaba de
más acercarse.
Cuando ya estábamos cerca de ella, vi como Juan intentaba
llamar su atención para advertirla de que estábamos allí, lo cual hubiera sido
una buena forma de ayudarla, pero de repente cortó el gesto, me indicó con la
mirada que prestara atención y cambio su dirección de acercamiento.
Miré hacia donde estaba ella atentamente y como Juan cambie
la dirección de mis esfuerzos por acercarme, ahora queríamos estar cerca, pero
sin que ella nos viera, pues estaba claro que habíamos acertado al intuir que
quien estaba detrás de ella intentaba "meterle mano", pero por la expresión de
su cara a ella le gustaba y desde luego no hacia nada por impedirlo. Cuando
estuvimos lo suficientemente cerca nos dimos cuenta de que, contra su
costumbre, había puesto los paquetes de la compra en el suelo y no hacia
ningún intento de separarse de su "agresor".
En realidad no vimos gran cosa, pequeños detalles como que
el cuerpo de él estaba pegado al de ella, que los brazos de ella estaban
separados lo suficiente de su cuerpo para que él, al cogerse de la barra, la
abrazara por encima de la cintura, y en tres ocasiones en que el movimiento de
gente lo permitió, vimos como la mano de él descansaba en el culo de ella,
para quien nos les conociera, eran un matrimonio con el marido protegiendo a
la mujer del tumulto.
Para nosotros sin embargo, desde luego no era si y el hecho
de que ella se inclinara de vez en cuando para asegurar los paquetes dejados
en el suelo, restregando su culo contra el "paquete" de él, era en nuestra
imaginación, una clara indicación de aceptación y una invitación para que él
fuera mas atrevido.
Además bastaba verle la cara para advertir el enorme deseo
que en ella había provocado aquella situación, por tanto lo que no veíamos lo
imaginábamos y yo al menos me puse calentísimo aunque estaba un poco cortado
por la presencia de mi amigo, pues después de todo ¡era su madre!
Cuando nos estábamos acercando a nuestra parada, nos fuimos
acercando hacia la puerta, mirábamos hacia ella por si nos veía, ella no se
había movido del sitio, por fin reaccionó e hizo ademán de salir, entonces es
cuando se dio cuenta de nuestra presencia en la puerta de salida del autobús,
él le hablaba, ella negó con la cabeza varias veces y por lo visto le hizo
saber de nuestra presencia, pues él miró hacia nosotros y dejó de hablarle.
De camino a casa, nos pregunto como sin darle importancia,
aunque se le notaba nerviosa, porque no nos habíamos acercado a ella en el
autobús y al contestarle que no nos habíamos dado cuenta de su presencia hasta
que ella se había movido para salir, cambio de tema.
Cuando llegamos a mi casa, le dijo a mi madre que le
apetecía quedarse, no era inusual, nuestros padres se pasaban en el extranjero
por motivo de trabajo medio año y el otro medio en casa prácticamente de
vacaciones y ahora estaban fuera, los dos matrimonios eran amigos desde la
infancia y en muchas ocasiones estuvieran o no los maridos, pasábamos la noche
juntos, mi madre la miró extrañada pues no era habitual entre semana, pero
aceptó encantada.
La madre de Juan, dijo que iba a por los pijamas a casa y
volvía enseguida, mi madre volvió a mirarla extrañada, porque cuando nos
quedábamos a dormir en la otra casa, sin estar previsto, dormíamos con ropa
prestada para la ocasión, pero no dijo nada.
En cuanto terminamos de cenar, dijeron de acostarse,
alegando la madre de Juan que estaba cansada, nuestras hermanas protestaron un
poco, pero nosotros aceptamos encantados.
La habitación donde dormíamos nosotros, colindaba con la de
mis padres, que como ero lógico eran donde dormían nuestras madres, había una
puerta de comunicación entre ambas, una vez acostados vimos como mi madre se
acercaba a cerrarla, al mis tiempo preguntaba adonde había ido y a cuento de
que venia tanta excitación, antes de cerrarse del todo la puerta aun llegamos
a oír que le contestaba, entre risas, que a cambiarse las bragas y las medias
pues las llevaba todas empapadas.
La puerta se cerró y aunque oíamos la risa nerviosa y
excitada de ambas, apenas escuchamos nada de lo que decía la madre de Juan,
creímos entender que se había dejado tocar las tetas y el culo, luego se
callaron y solamente oíamos ruido en la cama. Éramos muy jóvenes e inexpertos
y no sabíamos lo que significaban esos sonidos.
Comentando lo sucedido iniciamos nuestra sesión de
masturbación e increíblemente para nosotros a poco de empezar tuvimos nuestra
primera eyaculación. La de pajas que nos hicimos a cuenta del incidente de
autobús, nos imaginamos y comentamos una cantidad enorme de conjeturas sobre
lo que en realidad había pasado en esa y en otras ocasiones, pues suponíamos
que no habría sido la primera vez y dada la confianza que entre ellas se
tenían, sobreentendíamos que mi madre habría participado en las otras
ocasiones y las pajas iban también a su salud.
Para acabarlo de arreglar al poco tiempo fuimos con mi
madre a la ciudad, teníamos la esperanza de que volviera a suceder lo del
autobús, ahora con mi madre, en esta ocasión fuimos por la mañana y mi madre
quiso que la acompañáramos pues quería comprarme ropa, por la tarde como
estábamos muy cansados mi madre decidió entrar en el cine.
Juan y yo nos miramos complacidos, por la mañana no había
habido posibilidades de que pasara nada, puesto que el autobús iba
prácticamente vacío, entrando en el cine las posibilidades de que a la vuelta
pasara algo eran mucho mayores, puesto que el autobús iría a tope.
Entramos en un cine de reestreno, muy cercano a la parada
del autobús, la sesión había empezado, pero para mi madre no eran importantes
las películas, lo que quería era sentarse y descansar. Ella iba delante y
decidió sentarse en una de las últimas filas de asientos, pues aunque se veía
poco, el cine parecía bastante lleno y allí había sitio.
Yo me quedé sentado entre los dos, al poco tiempo de estar
allí, noté a mi madre como nerviosa, pues se removía mucho y no era normal en
ella que siempre se quedaba absorta en la contemplación de la película, presté
atención, y observé con discreción para ver que sucedía, y así pude ver como
mi madre retiraba, enérgica pero disimuladamente, la mano de su vecino de
asiento, posada en su pierna, en varias ocasiones.
El hecho de que le estuvieran intentando "meter mano" me
excitaba enormemente, temía que de un momento a otro, ella, armara un
escándalo o decidiera que nos marcháramos porque yo lo que quería, era ver
como se dejaba tocar, tal y como había hecho la madre de Juan en el autobús
pero aquí sin que la gente me tapara la visión de lo que sucedía.
Como es lógico, advertí a Juan con un pequeño y disimulado
codazo para que estuviera él también pendiente de la situación, él me entendió
perfectamente y tampoco perdía ojo.
Cuanto más tiempo pasaba, mas posibilidades creía yo tener
de que sucediera algo, no sabia el que, pues nuestra presencia la tenia que
coaccionar, pero me daba igual lo que fuera, cuanto más mejor, pensaba que
ella tenia que estar recordando lo que le había contado su amiga, la madre de
Juan, de lo sucedido en el autobús y eso la tenia que estar poniendo mas
caliente todavía y si no sucedía allí, cosa que por nuestra presencia, aunque
lo deseaba, realmente no esperaba, con lo caliente que debía estar esperaba
que sucediera luego en el autobús.
De repente cogió nuestras chaquetas y las arregló para que
no se arrugaran, dejándolas, junto con la suya encima de sus piernas, luego se
giró hacia mí y sentándose de medio lado sobre su pierna, se acurrucó, apoyo
la cabeza sobre mi hombro y me dijo que estaba muy cansada y con sueño así es
que si se dormía que no la despertara, que la dejara dormir un ratito.
¡Así no veía nada!, su propio cuerpo me lo impedía. De
todas formas mi imaginación volaba, no era normal que mi madre se pusiera así
en el cine, además hacia tiempo que no veía que ella le rechazara la mano al
vecino de asiento y dudaba mucho, tanto de que él hubiera desistido, como de
que ella no hubiera previsto que él continuara y así, sentada de esa forma, lo
que hacia era darle facilidades si lo volvía a intentar y dificultarse a si
misma la manera de impedirlo.
Por tanto, deduje que aunque yo no podía verlo, le estaban
metiendo mano y ella se estaba dejando hacer, además ligeros movimientos en
las chaquetas, hacían que cada vez estuviera más convencido de que así era.
Juan, en cuanto mi madre adopto esa postura se había
inclinado hacia delante apoyando su codo en el respaldo de la vacía butaca de
delante, yo de vez en cuando le miraba, pero él no me prestaba ninguna
atención, estaba absorto mirando de reojo hacia mi madre y tanta atención me
hacia presagiar que lo que imaginaba era cierto.
De tiempo en tiempo, la respiración de mi madre se
aceleraba y lanzaba pequeños y casi imperceptibles suspiros que me hacían
recordar los ruidos que salían de la habitación de mis padres y los que
nosotros emitíamos en nuestras pajas, sobre todo cuando intentábamos retrasar
la eyaculación para disfrutar más tiempo.
El tiempo pasaba, yo no veía nada, pero Juan no apartaba la
mirada de mi madre, me di cuenta de que se nos estaba haciendo tarde para
coger el último autobús, pero no dije nada. Cuando mi madre se dio cuenta de
la hora que era, salimos corriendo, pero a pesar de ello perdimos el autobús y
tuvimos que coger un taxi.
Ya en casa, otra vez nos quedamos a dormir todos juntos,
otra vez oímos risas nerviosas en la habitación de nuestras madres, pero esta
vez no les presté tanta atención pues Juan empezó a contarme todo lo que él
había visto, añadiendo lo que había intuido.
El, en mejor posición que yo, había visto como la mano del
vecino de asiento se quedaba primero apoyada encima de la pierna de mi madre
por encima de la falda, sin que ella se la quitara y luego como esa mano subía
y bajaba suavemente por la pierna, siempre por encima de la falda y como mi
madre miraba hacia nosotros, como comprobando si nos dábamos cuenta.
Luego, cuando ella se había puesto las chaquetas encima de
la falda y cambiado de posición, había perdido de vista la mano porque esta se
había introducido inmediatamente bajo de la falda de mi madre, entonces
directamente no la veía, pero de vez en cuando notaba movimiento bajo la
falda, imaginando que el resto de tiempo, la mano debía estar acariciándole el
culo y el sexo por encima o por debajo de las bragas, pues de otra forma no se
explicaba la cara de gusto que ponía mi madre.
Con esas explicaciones, le contesté, entiendo los pequeños
movimientos de las piernas de mi madre que notaba al estar apoyadas en mí,
está claro que eran para facilitar que le apartara las bragas y para que la
mano pudiera acariciar de delante hacia atrás y de atrás hacia delante sin
impedimento alguno para satisfacción de ambos. No tenia forma de saberlo pero
imaginándomelo así me gustaba más
Está claro que tampoco en esta ocasión vimos gran cosa
ninguno de los dos, pero durante dos años el incidente del autobús y el del
cine fueron, indistintamente, el remate de conversación con el que nos
corríamos en nuestras pajas.
Nos preguntábamos como se habían podido dejar tocar en un
lugar público, sobre todo mi madre estando nosotros al lado y nos dábamos mil
explicaciones, la ausencia del marido etc., etc., pero sobre todo nos
preguntábamos que habrían sentido al ser abordadas.
La fijación por ellas en nuestras pajas se había
incrementado si cabe, buscábamos la oportunidad de verles las piernas bajo la
falda, o los pechos al desnudo, nos escondíamos sus bragas para aspirar su
olor mientras nos pajeábamos y todo lo compartíamos, yo prefería hablar de mi
madre, él de la suya, al final acabábamos alargando la paja hasta que nos
contábamos las novedades de ambas.
Yo por mi parte me imaginaba e incluso a veces nos
imaginaba, acariciando y besando el cuerpo de mi madre, nunca el de la madre
de Juan, haciéndola suspirar y gemir como la había oído en el cine y cuando se
encerraba en la habitación con mi padre, para después meterme entre sus
piernas para hacerla chillar de placer como algunas pocas veces la había oído
con mi padre.
No salíamos con chicas y apenas salíamos con los compañeros
de clase, nos dedicábamos a estudiar, a espiarlas y a pajearnos y cada vez
tomábamos menos precauciones a la hora de espiarlas, así es que cuando
teníamos ya 15 años, pocos días antes de que nuestros padres volvieran a casa,
cuando ya habíamos apartado las faldas de la mesa camilla para ver a placer
sus piernas abiertas para recibir el calorcillo de la estufa, como habíamos
hecho ya en muchas ocasiones, mi hermana nos descubrió y aunque de momento se
calló, luego supongo que para mitigar el enfado por las notas, se lo contó a
mi madre.
Cuando mi hermana, imagino que arrepentida, me lo dijo y yo
se lo conté a Juan no acabábamos de creérnoslo. Nuestras madres no nos dijeron
nada, pero la actitud de ambas hacia nosotros cambió y eso nos hizo temer que
era verdad y que nuestras madres esperaban la llegada de nuestros padres para
tomar decisiones.
Veo que me estoy extendiendo demasiado y es mucho lo que
todavía tengo que contaros, así es que en poco tiempo remitiré la continuación
de este relato y SI GUSTAN continuare relatando hasta la actualidad, se que lo
escrito no es importante, tener en cuenta la edad. Aunque el actual lo voy a
publicar en la categoría Amor Filial, el siguiente aunque haré referencia a
este lo publicaré en la categoría Gays y luego iré cambiando según proceda
siempre con el mismo titulo y haciendo referencia a los anteriores.
Un saludo y gracias por leerme.