Con mucho esfuerzo y la verdad, mucho curro, por fin conseguí
hacer realidad esa fantasía que desde hacia tanto tiempo me rondaba la cabeza, y
no era otra que la de ver a mi mujer con otro hombre en la cama. A pesar de lo
mucho que yo sacaba el tema, ella siempre rehusaba diciéndome lo mucho que me
quería y que no necesitaba a otro, pero yo sabia que lo decía con la boca chica,
y como no conseguía quitarme la idea de la cabeza, cada vez que podía atacaba
insistentemente. Como dice el dicho, "el que la sigue la consigue", y así
conseguí introducirla poco a poco en el tema liberal, visitando muchas paginas
de ese ámbito en internet y así obtuve su permiso para poner un contacto
buscando un chico para realizar un trío, con la condición de que no haríamos
nada que ella no quisiese hacer. Ella decía que no quería realizar la
penetración, pero que estaba dispuesta a los juegos y a los tocamientos. Para mi
una de mis mayores y mas excitantes fantasías era ver como mi mujer tocaba y
masturbaba hasta correrse a otro hombre, pues ya que nos conocimos muy jóvenes,
yo he sido el único hombre para ella.
De las muchisimas respuestas que recibimos, finalmente nos
quedamos con 3 de ellos y tras darnos las direcciones de correo e intercambiar
e-mails y fotografías, nos decantamos por uno finalmente, que por varias razones
era el que más le gustaba a Ana.
Comenzamos unas sesiones de chat con él, que la verdad nos
contamos nuestras fantasías y hablábamos mucho de sexo y a Ana yo la veía cada
vez mas convencida y sobre todo esto hacia que durante el tiempo que duro esto
del chat, pegásemos unos muy buenos polvos, imaginándonos que era Antonio el que
estaba con nosotros en la cama.
Finalmente y antes de que mi mujer se enfriara con el tema, y
como la ciudad de Antonio no distaba mucho de la nuestra, reservé un hotel allí
y nos fuimos una tarde para allá. Cuando llegamos y tras alojarnos, llamé a
Antonio al móvil para decirle que si quería que nos conociéramos y tomar un café
tal y como ya habíamos quedado en el chat.
A los 15 minutos ya estabamos los tres sentados en una
céntrica cafetería, a mi mujer la notaba muy nerviosa. No perdí detalle cuando
apareció Antonio por la puerta y como mi mujer no podía evitar el ponerse
colorada y más cuando este no paraba de alabar su belleza y el espléndido
cuerpecillo que tiene.
Charlamos como viejos amigos, pues no en vano ya nos
conocíamos de sobra por el chat, de todo menos del tema sexual.
Poco a poco Ana se relajó (total, solo era un café), y se
mostró mas abierta, comenzó a reírse de las cosas que Antonio contaba y así me
fui dando cuenta de que a ella le gustaba, por lo que a pesar de que habíamos
acordado que en esa ocasión no íbamos a hacer nada que solo era para conocernos,
cuando intuí que situación estaba tocando a su fin, le comenté a Antonio que
teníamos una reserva en tal hotel y que si le apetecía subir con nosotros a la
habitación. Un frío silencio me hizo temer lo peor, y sobre todo al ver la
mirada asesina que me lanzó mi mujer.
Antonio rompió el silencio diciendo que a él le encantaría
hacer lo que a Ana quisiese, pero que ella tenia la última palabra.
Sin mirar a Antonio y clavando sus ojos en los míos, me dijo:
Si tantas ganas tienes de ser un cornudo, vamos no perdamos
tiempo, cuanto antes mejor.
Le dije el numero de habitación que teníamos y quedamos en
vernos allí.
Durante el trayecto Ana no abrió la boca, estaba entre
enfadada, nerviosa y muy excitada. Yo sabia que en breve se le pasaría.
A los 5 minutos de llegar nosotros, llegó Antonio le hice
pasar y le comenté que posiblemente no pasaría nada, pero que hiciera lo que yo
dijese.
A pesar de lo cortante que era la situación, me erigí como
director de orquesta y le dije a Ana que no hiciera nada que no quisiera hacer y
así no tendría que arrepentirse de nada. Ella me dijo que estaba de acuerdo con
un suspiro.
Cogí un antifaz, de los que Ana usa para dormir la siesta y
le se lo di a Antonio para que se lo pusiera a ella. Tras colocárselo le di
instrucciones para que fuese desnudando a Ana poco a poco.
Y así poco a poco, despacio muy despacio, como con miedo,
empezó a desabrochar los botones de su blusa, hasta quitársela por completo,
dejándola con el sujetador blanco y de encaje, que la hacia preciosa a nuestra
vista.
La respiración de ella era muy agitada. Seguí dando
instrucciones, Antonio muy obediente comenzó a acariciar toda la piel al
descubierto sin tocar ninguna parte "delicada". A Ana se le erizaron los bellos
con esta caricia. Los dedos de Antonio recorrían toda su piel muy despacio. Yo
me estaba comenzando a poner muy excitado.
Siguiendo con el juego, llegó el turno a la falda, quedando
el descubierto el liguero blanco de nuestra boda, que a regañadientes yo la
había convencido para que se lo pusiera ese día, pues a mí me encanta como le
queda. Por la cara que puso Antonio al verlo, creo que a él también le gustó.
Estaba divina, vestida solo con su ropa interior y los ojos
tapados. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no follarmela así allí delante
de Antonio, pues me moría de ganas de hacerlo.
Le dije a Antonio que le quitara el sujetador, lo hizo muy
lentamente disfrutando cada momento, y cuando sus tetas quedaron a la vista
lanzó una exclamación de admiración. Le dije que le chupara los pezones, raudo
llevó su lengua hasta esa parte que ella tiene tan sensible. Nada mas notar Ana
la lengua de Antonio en sus pezones comenzó a dar pequeños gemidos... la cosa
marchaba.
Estuvo mucho tiempo entreteniéndose con sus tetas,
acariciando, pellizcando y chupando.
Le dije ahora que terminara de desnudarla, Ana se estremeció,
y él sumiso le bajó el tanga, dejándola completamente desnuda ante nuestra
vista, solo con el liguero y las medias puestas. Admiró su recortado bello
pubico y toda su estupenda silueta. Antonio me miró y yo asentí, sus manos se
dirigieron hacia su entrepierna y comenzó a acariciar esa zona. El pecho de Ana
subía y bajaba por lo rápido que respiraba, debía de estar muy excitada.
Me acerqué por detrás a ella y mientras le acariciaba el
culo,
¿Te gustaría que te lo hiciese con la boca,? ¿eh? Dímelo,
le pregunté susurrándole en el oído, mientras ella echaba la cabeza hacia
atrás y la apoyaba en mi hombro, mientras no paraba de suspirar.
Un tímido "siiiiii", salió de su boca.
La dirigí hasta sentarla al borde de la cama con las piernas
abiertas enseñando todo el coño, y le pregunté a Antonio si le apetecía
comérselo. A este se le iluminó la cara y se arrodilló entre sus piernas
acariciándoselas para luego poner toda su boca sobre el sexo de Ana. Ella lanzó
un quejido de gusto al sentirlo. Antonio comenzó a pasar la lengua arriba y
abajo por toda su raja y los gemidos de Ana aumentaban con cada caricia. Yo
disfrutaba como un niño con un juguete nuevo con esta situación, era la mayor
sensación de excitación que nunca había tenido.
A los pocos minutos noté como ella estaba a punto de
correrse, y como no quería que so ocurriese, pues así estaría mucho más cachonda
al prolongar esta excitación, le dije a Antonio que parase y que se pusiera de
pie. Antonio tras darle un sonoro beso en el sexo, se levantó y yo no pude
evitar mirar el tremendo bulto que presentaba tras su pantalón.
Levanté a Ana y la puse frente a Antonio. Le quité el antifaz
y durante unos segundos estuvieron frente a frente mirándose a los ojos, nunca
antes había visto esa mirada de vicio en ella. De inmediato le dije a Antonio
que era su turno y que le tocaba ponerse el antifaz. Me pareció que no le hizo
mucha gracia, pero se lo puso.
Entonces le dije a Ana que era su turno de desnudarlo y que
lo hiciese como quisiera.
Mientras ella le iba sacando las prendas yo hice lo mismo y
me quedé completamente desnudo y por supuesto con la polla bien tiesa sin
tocarme, y sin perder detalle de la operación.
Solo le quedaba puesto el abultadisimo slip, y Ana
mordiéndose el labio inferior me miró, sonrió y tiró hacia debajo lentamente de
este. Como si tuviese un resorte, apareció la polla de Antonio totalmente erecta
ante nuestra vista. No estaba nada mal, las comparaciones en estos casos son
inevitables, y parecía más grande que en las fotos que habíamos intercambiado.
Ana con delicadeza o quizás miedo puso su mano suavemente sobre ella, poco a
poco y al coger confianza, se la fue tocando toda la caña, se la agarró y tiró
para abajo apareciendo un grande y sonrojado glande, cubierto de liquido
producto de la excitación de Antonio. Ana llevó hasta allí la yema de sus dedos,
Antonio al sentirlo dio un respingo y comenzó a gemir, ella pasaba sus dedos por
toda la cabeza suavemente, noté que ella estaba muy caliente.
Cuando se cansó de estar así, le cogió toda la polla con la
mano y comenzó a moverla adelante y atrás iniciando una lenta masturbación que a
Antonio le provocaba que diera cada vez mas gemidos de gusto.
El ver esto fue una de mis fantasías cumplidas, así con la
mano de mi mujer llena de otra polla dándole hacia adelante y atrás.
Le dije que ayudara a Antonio a tumbarse en la cama y que
siguiera allí haciéndole la paja. Cuando este estuvo colocado, ella se puso a su
lado y nuevamente comenzó pajearlo, arriba y abajo esta vez. Con cada bajada el
glande se asomaba cada vez más rojo, Ana con la otra mano y después de mojársela
con saliva puso la palma de su mano en trono al este, como tantas veces había
hecho conmigo, y se la comenzó a menear más rápido. Antonio suspiraba y se movía
agitadamente.
Tuve que tomar una decisión rápidamente pues a Antonio no le
quedaba mucho y entonces todo se acabaría, pero yo no lo tenia del todo claro
que quisiera ella llegar hasta el final, pero probé. De mi pantalón saqué un
preservativo y lo lancé hasta ella, al verlo ralentizo el ritmo de la
masturbación y me miro inquisitivamente.
Tu decides...fue lo que yo le dije.
Quería que fuese ella la que tomase la decisión para que no
hubiese posibles problemas en el futuro. Para mí ya era mas que suficiente con
lo que estabamos haciendo y me daba por satisfecho, pero no creí que iba a
presenciar lo que ocurrió.
Siguió unos instantes con la mirada fija en la polla de
Antonio mientras continuaba su mano arriba y abajo. Estaba dubitativa, pero no
sé que fue lo que le pasó por la cabeza, ni como se decidió, ni tan siquiera me
miró. Dejó lo que hacia para coger la funda que rasgó con los dientes y extrajo
el preservativo. Con delicadeza lo colocó en el glande y suavemente lo fue
bajando hasta dejarlo completamente colocado. Se colocó sobre él dándome la
espalda y agarrándole la polla la llevó hasta la entrada de su vagina, dejándose
caer lentamente sobre ella. Yo no podía creer lo que estaba sucediendo. Poco a
poco se la fue metiendo, entre gemidos, hasta quedar pegada al cuerpo de
Antonio, quedándose unos instantes quieta, no creo que Antonio se estuviese
creyendo su suerte.
Lentamente empezó a subir y bajar, yo veía perfectamente como
la polla de Antonio aparecía y desaparecía dentro de ella, mientras subía y
bajaba, no pude menos que empezar a masturbarme absorto con la mirada fija en su
culo. Era muy excitante, por fin el verla así de este modo, follando con otro
que no era yo.
Antonio empezó a acoplarse a sus movimientos y comenzó a
tocarla por todos lados, sobre todo sus tetas, sus manos agarraban sus pechos y
pezones enérgicamente, mientras se movía con mas intensidad. Yo seguía
masturbándome aunque no quería correrme ni que acabase lo que estaba viendo pues
me proporcionaba un placer excepcional.
Al rato ya era un descontrol, solo se oían jadeos, gemidos y
suspiros, Antonio se la follaba con las manos agarrándola por el culo, con lo
que ella casi no podía moverse, era él quien llevaba el ritmo, estaba claro que
quería correrse y lo haría en breve. Su ritmo era frenético, Ana no paraba de
gemir y gemir con cada embite, la cama crujía estrepitosamente.
Ana fue la primera, dio un profundo gemido y se derrumbó
encima de Antonio, pero este siguió impasible dándole pistonazos al ya inmóvil
cuerpo de ella, fundidos en un abrazo de oso, de pronto empezó a bramar
ahogadamente como un animal y por las contracciones que daba su polla y el
febril movimiento que hacia supe que estaba eyaculando. Finalmente él también se
quedó totalmente quieto y exhausto dentro de ella.
Yo no podía mas, necesitaba follar estaba excitadisimo, así
que me acerqué y cogiendo a mi mujer la puse boca arriba junto a Antonio y raudo
me tumbé sobre ella, metiéndosela de un golpe sin problema, ella lanzó un gemido
de gusto, entró fácilmente. Me quedé clavado en ella unos instantes sintiendo su
calor en mi polla, sentía su coño muy amplio, sin duda lo tenia abierto por la
polla de Antonio.
Comencé a follarmela con muchas gasas, le estaba dando con
mucho brío, a nuestro lado Antonio se quitó el chorreante preservativo y se puso
a tocarse la polla mientras nos miraba. Ana cerró las piernas en torno a mi
cintura y así sentía la penetración mas profunda. Cada vez empecé a darle mas
fuerte. Ella estaba como nunca la había visto, lanzando grititos de gusto y
moviéndose como una zorra, me besaba como si se le fuera la vida en ello.
Le cogí la mano y se la llevé hasta la polla de Antonio que
seguía tocándose y la tenia ya dura. Ella se afanó en seguir masturbándole
rápidamente mientras follabamos. Yo no podía mas, quería correrme y no podía
esperar mas, salí de un salto de su coño y comencé a correrme como un burro
sobre ella. Me derramé como hacia tiempo que no lo hacia. Le dejé el vientre
lleno de leche, tenia salpicaduras hasta en las tetas. Sudoroso y jadeante me
tumbé al otro lado de ellos. Lo que no esperaba es las palabras que salieron de
la los labios de mi mujer:
¡Rápido, métemela!, lo dijo dirigiéndose a Antonio,
mientras lo miraba a los ojos
Este que volvía a estar en forma, raudo se colocó entre sus
piernas donde tan solo hacia unos instantes estaba yo, y la penetró de un golpe
dejándose caer sobre ella. Ana no jadeaba, chillaba al sentirse penetrada.
Antonio empezó a darle con fuerza, yo veía perfectamente como entraba y salía su
polla del chorreante coño de mi mujer. Los dos estaban fundidos en unos solo y
se movían como culebras, él le comía las tetas, y ella no paraba de gemir.
Mi excitación no era la misma que antes de haberme corrido y
me sentí fuera de lugar, lo que tanto había deseado ya lo tenia, pero ahora ya
era como si no me apeteciese, así que decidí darme una ducha y dejarlos solos.
Me fui al baño y ni se inmutaron, siguieron follando como si se les fuera la
vida en ello, eran dos animales en celo. No recuerdo haberla visto así nunca
conmigo.
En el baño y a pesar del ruido del agua, oía perfectamente el
continuo crujir de la cama y los chillidos de ella. La ducha me sirvió para
excitarme otra vez, mi polla volvía a tomar vida, y volvía a disfrutar de la
situación. Hacia unos minutos que no escuchaba nada, ansioso salí del baño y vi
que Antonio estaba tumbado boca arriba, y Ana con la cabeza apoyada en su
barriga le estaba haciendo una soberana paja. Su mano iba con rapidez arriba y
abajo, no me dio tiempo ni a llegar hasta ellos, dio un fuerte quejido y de su
polla brotó un borbotón de semen que le cayó a ella en toda la cara, cerró los
ojos pero no se apartó, a pesar de los chorros de semen que no paraban de salir,
siguió moviéndole la polla lentamente hasta que la lluvia de semen cesó, se
levantó le dio un beso en la boca y recogió con su mano los últimos restos de
leche que tenia en la polla, al pasar junto a mi en dirección al baño me sonrió
enseñándome su mano llena de semen.
Aquí acabó nuestra aventura y casi no hemos vuelto a hablar
del tema, pues ella dice que ya lo ha probado y que aunque estuvo muy bien, no
quiera mas y yo por mi parte también me doy por satisfecho y más porque nuestra
vida sexual se ha enriquecido desde entonces.