Sentado en el bar con un amigo, cerveza de por medio un día
de calor luego de trabajar, pasaron dos muchachas de aproximadamente dieciocho
años, muy bonitas, bien arregladas, que llamaban la atención a cualquiera, pero
no deberían habernos llamado la atención a nosotros que ya estábamos en los
cuarenta. Mi amigo Armando, me dice así:
"Víctor, debo estar poniéndome viejo, cada día me gustan mas
las chiquilinas" Este comentario, que me causó gracia, más porque él es cinco
años mayor que yo, lo deje de lado por ese momento.
Lo que no pude imaginar es que muy pronto yo no solo pensaría
igual. Hace cuatro o cinco años, frente a mi casa, se mudó una familia que tiene
dos hijos, uno de casi 20 años, hombre, y otra que en ese momento tendría no más
de 13 años. No era fácil verla todos los días, además tampoco me procupaba por
ello, pero las veces que la vi, generalmente los fines de semana, salir en su
motocicleta, siempre manifesté que esa niña iba a tener un futuro de belleza
enorme. Era, y es realmente una muñequita, se llama Andrea. Lo que más me llama
la atención es el rostro de profunda belleza que tiene y en aquel momento ya
estaba apuntando a un desarrollo exuberante. Pues así eran las cosas, pasaron
esos cuatro o cinco años, y hoy Andrea, con la que en estos años habré cruzado
uno o dos saludos por mes, y no más de un hola, salvo en una sola oportunidad
que se dio un caso puntual en el vecindario, bueno, ella tiene hoy 18 años.
Deduzco eso porque ya sale manejando el auto de su padre, ya que en mi país el
permiso de conducir es para mayores de esa edad. No saben lo que es ahora esa
muñeca. Tiene hecho la permanente en su cabellera, y se hizo claritos. Es
divina, y un cuerpo que no tiene nada que envidiar a una modelo, aunque no
demasiado alta.
Quiso la diosa fortuna, ahora pienso que es una Diosa, que
una mañana de llovizna salieramos ambos de nuestras casas a la misma hora. Zas…
Te llevo? Ni lo dudé en preguntarle, y me dijo que si inmediatamente sonrisa de
por medio. Que hermosa sonrisa¡¡¡
Estaba vestida con una pollerita corta, ya que estábamos en
verano, minifalda minifalda, y sentada al lado mío en el auto, prácticamente
quedaban expuestas la totalidad de sus piernas. Para que describirlas, solo hay
que imaginarlas, imaginen las piernas de una preciosura de 18 años, perfectas,
sin un defecto. Tendría que cuidarme al manejar o no llegaría sano a destino.
Ella se dio cuenta de que yo había posado mis ojos en ese
hermoso par de piernas, intentó bajarse, aun sentada la pollera pero no había
tela para ello, entonces sonrió, tomé esa sonrisa como una puertita abierta y
entré diciéndole : "No las escondas que son preciosas". El hielo estaba roto, y
sorprendentemente, esperando un gesto de desaprobación , queja o indiferencia,
me devolvió otra sonrisa y me dijo "Te gustan?"
Yo le dije que no había nada de ella que no le pueda gustar a
un hombre, ya habíamos atravesado el principal escollo. Se volvió a sonreír y me
dio las gracias. Me dijo que yo debía ser distinto a los hombres en general
porque nadie se fijaba en ella. "Ni novio tengo", me dijo. A mi no me quedaba
claro si me estaba tomando el pelo. No hay forma de que pase por algún lado y no
llame la atención, pero las cosas de la vida a veces son así, la gente no se da
cuenta de muchas cosas o hay demasiadas mujeres, o hay muchos homosexuales
(bienvenidos sean no tengo nada con ellos).
Palabra va palabra viene rompimos totalmente el hielo,
teníamos una media hora de viaje así que el tema central de la conversación fue
ese, sus piernas, su belleza, los hombres y las mujeres. Sorpresivamente,
sorprendentemente, increíblemente, luego de poner un cambio en el auto, tomó
imprevista e intempestivamente mi mano y la apoyó sobre sus piernas diciéndome:
"Si te gustan tócalas, a mi me halaga mucho que te gusten". Quedé petrificado.
Inmediatamente debajo de mi pantalón se empezó a vislumbrar el crecimiento de mi
fiel compañero, casi en forma violenta. Ella lo notó enseguida. Volvió a
sonreír, Dijo Pahh, en un gesto medio infantil medio mujer. Comencé a pasar mi
mano sobre sus piernas, luego la metí entre las dos, toqué su entrepierna y puse
dos o tres dedos por sobre ella, tocando su rajita. Ella empezó a estirarse
sobre el asiento, y pronunció unos dulces gemidos. Ahhhhhh, que lindo, mientras
me miraba y ponía un gesto de picardía junto con algo de satisfacción.
Ya era imposible seguir manejando, era ese día o nunca. El
sueño hecho realidad. Di vuelta marcha atrás, desandé unos tres kilómetros hasta
llegar a un hotel que está sobre el mar, era martes así que a esa hora de la
mañana había lugar de sobra, la invité a entrar, le aclaré bien "sin problemas
no?". El a me dijo que no me preocupara, que entrábamos, salíamos y todo bien.
El único inconveniente, de no tener efectivo, fue pagar con
tarjeta, cuando llegara la liquidación se vería un gasto extraño, pero estaba a
nombre de una Sociedad Anónima, ya inventaría algo en casa. Bajamos del auto,
entramos a una habitación espléndida, la mejor que había, a esa hora tenía
precios muy bajos, bastante lujosa, ella se deslumbró por eso, jamás la habían
llevado a un lugar así, me acerqué y le di un beso interminable, dulce,
profundo. Ella me lo aguantó. Mientras la besaba se sacaba la remera, quedando a
la vista el sostén, que yo comencé a desabrochar de atrás. En segundos nada más
estábamos los dos desnudos besándonos sobre la cama. Cosa de no creer. Yo 42,
ella 18, y solo mía. Me llamó poderosamente la atención la suavidad de su piel,
lo liso, terso, fresco que era su cuerpo. Yo estaba fuera de mi. Refregaba su
cuerpo completamente con mi pija, con mis manos, con mis pies, la besaba, ella
se entregó cien por ciento acompañando todos mis movimientos. Me pasaba la
lengua por mi cuello, tomaba mi pija en sus manos y se la refregaba contra sus
piernas, contra su pubis y yo ya estaba un poco atemorizado por tener que hacer
el amor con una criatura tan tierna, tener que penetrarla me asustaba un poco,
sería virgen ? Pensé. Sus senos, bien duritos, bien paraditos y con pezones más
grandes de lo que yo imaginaría en una muchacha de 18 años eran perfectos. Todo
en ella era como algo nuevo para mi, y no se por qué porque yo esa época la viví
a pleno. Aun con mi pija en sus manos, se la llevó a la boca, comenzó a hacerme
una mamada impresionante, todo era placer, todo dulce, todo excitante al máximo.
No me quedaba claro quien tenía la iniciativa, ella estaba a la misma altura que
yo, nos entregamos a una pasión muy fuerte los dos por igual.
Pasamos dos horas en ese hotel, le hice el amor dos veces, no
era virgen, pero estaba bastante estrecha. Su pubis esbozaba rulitos castaños
rulitos, pero tenía muy poco pelo, lo que me dejaba su concha totalmente
expuesta. La bese por todos lados. Su culo, rosadito, perfecto, suave, se llevó
la mayor cantidad de besos y caricias. Hablaba poco, gozaba mucho y parecía que
estaba en el paraíso. Yo siempre pensando que el beneficiado era yo, pero me
parece que ella pensaba lo mismo de si. Hoy en retrospectiva mi autoestima está
mucho más alta.
Eran ya las 10 de la mañana, no había avisado nada de llegar
tarde al trabajo, y me comenzó a torturar el reloj. Además estaba extenuado.
Todo había sido muy rápido. Pasamos otros quince minutos donde aproveche a besar
todas las partes de su cuerpo, especialmente en su hermosa conchita, tan
sabrosa, la cual exploré hasta las mayores profundidades con mi lengua. Sus
jugos inundaban mi boca, tenía un sabor especial todo lo que provenía de ella.
Creo que llegó a tener un tercer orgasmo, por los movimientos y los gemidos,
pero yo estaba extenuado, además, el sentido del deber a esta edad es superior,
así que terminamos. Nos pegamos una ducha, juntos al principio ,pero ella se
quedó un rato más. Y seguimos camino. La dejé donde ella iba y llegué tarde al
trabajo, nada importante después de lo que disfruté.
Ahora ya miro enfrente de casa con otros ojos. Anoche salio a
sacar los desperdicios, eran como las once de la noche, me saludó y me tiró un
beso, que me dio pánico al principio por si me estuviera viendo alguien, aunque
me pareció demasiado poco, no pude tocarlo siquiera. Estaba preciosa, tenía un
vestido suelto, de verano, y sandalias planas, sin taco, el pelo desalineado y
le misma belleza de siempre. Me debo estar poniendo viejo, pensé.