Ante que todo quisiera pedir disculpas por mi larga ausencia
de todorelatos, en realidad no soy escritora, sino que solo he querido compartir
algunas experiencias reales que he vivido, tan impensadas hasta hace poco
tiempo. También a partir de ahora he cambiado mis relatos de categoría, porque
después de mi debut forzado con otro hombre, y ya relatado en "El alto precio de
un alquiler, 1, 2 y 3", e incluído en la categoría de sexo con maduros, a partir
de ahora tengo que ser sincera y reconocer, aunque me cueste, que mis otras
experiencias ya son claros ejemplos de infidelidad.
Las cosas en mi nuevo trabajo transcurrían bien, Felipe era
el nombre del dueño de la librería y mi relación con él era muy cordial, tenía
62 años, era muy alto, superaba el metro noventa de estatura, era delgado, su
hobby era andar en bicicleta, y eso lo había mantenido bastante bien, se peinaba
su pelo blanco hacia atrás constantemente con sus inmensas manos, y vivía solo,
ya que era soltero. Era una persona muy correcta, muy caballero, me trataba muy
bien, pero no sé si era por mi experiencia con Don Elbio, pero yo me imaginaba
un cierto interés de parte de Don Felipe, quizás yo estaba muy susceptible, pero
cuando él me pasaba algo, sus dedos se tocaban con los míos más de lo normal, y
sentía sus ojos siempre sobre mi, pero quizás era solo mi imaginación. Yo en esa
época de calor iba a trabajar con ropa liviana, no me vestía provocativa, pero
era inevitable ir con faldas cortas y remeras ajustadas, que por las generosas
medidas de mis pechos, parecían romperse.
Un día él me estaba dictando una nota, yo estaba sentada
escribiendo en la computadora y él parado atrás sobre un costado, no podía
concentrarme en lo que escribía, porque sentía su mirada clavada en mi escote,
desde su posición tenía una vista inmejorable, para colmo se empezó a apoyar
inconcientemente o ex profeso en mi hombro, por su altura lo que me apoyaba era
su muslo, toda esa situación me puso muy nerviosa, estaba como agitada, pero la
cosa no pasó de allí. Otro día hacía un calor increíble, estaba hecha agua, me
corría la transpiración por todo el cuerpo, Don Felipe se dio una ducha y salió
como nuevo, y me invitó a que yo me duchara, mi primera respuesta fue no, le
dije que estaba bien, que no era necesario, pero insistió y acepté. El baño está
al fondo del salón, entrando por un pasillo, una vez adentro del baño, trabé la
puerta con un pasador, y empecé a desvertirme, me pareció escuchar un pequeño
ruido tras la puerta, pero no le di importancia, me bañé y luego procedí a
vestirme, me cambié la bombachita por una que siempre llevo en mi cartera de
repuesto, cuando terminé de vestirme volví a sentir ruidos en la puerta, como si
alguien se alejara, la puerta estaba cerrada pero tenía el orificio de la
cerradura libre, me imaginé que Don Felipe estuvo tras la puerta mientras me
bañaba y quizás me vio algo por la cerradura, pero quizás fue solo mi
imaginación.
Así siguieron las cosas, él era muy galante y constantemente
me hacía regalitos, como chocolates, flores, era un persona muy agradable y yo
me sentía muy cómoda trabajando para él. Don Elbio, ya era cosas del pasado,
habíamos logrado cambiarnos de domicilio con mi marido, había perdido contacto
con él, y aquella situación de chantaje sexual había llegado a su fin, dejándome
una sensación extraña con parte de repulsión, asco pero con una cierta dosis de
placer, que lentamente se apoderó de mi cambiando mi modo de pensar.
Con mi esposo, Gerardo, las cosas lentamente estaban entrando
en un peligroso estancamiento, aquellas intensas jornadas de amor y sexo de
nuestra primera época de casados, le estaba dando lugar a otra, en donde muchas
cosas se hacían por compromiso o por rutina. El amor seguía existiendo pero la
chispa de la pasión se apagaba paulatinamente. Y una mujer mal atendida es un
volcán que algún día estallará...
Sin darme cuenta empecé a arreglarme con la idea de gustarle
a la vista a los hombres, no tenía ninguna otra intención, pero me gustaba que
me miraran, que me dijeran piropos, por lo menos eso mantenía alta mi autoestima
de mujer . Y esta forma de vestir no fue indiferente para Don Felipe, parecía
que me sacaba fotos con su mirada, y sus galanterías iban en aumento, hasta se
animaba a decirme cosas lindas, por ejemplo que me cuidara en la calle, que
estaba muy linda y muchas otras cosas que empezaron a alimentar mi imaginación.
Cada vez me sentía más observada, y se fueron repitiendo los
días en que debía trabajar en doble turno, y me convenía quedarme al mediodía y
evitar así el viaje de ida y vuelta hasta mi casa, que no tenía sentido ya que
mi marido también trabajaba en horario corrido y hubiera estado sola. También
fueron varias las oportunidades en que me bañaba en la librería para combatir
ese calor, y la idea de que Don Felipe me espiaba era cada vez más fuerte. Yo
había probado ver desde el ojo de la cerradura de la puerta del baño, y se veía
perfectamente la zona de la ducha. Pero la vez que más avanzó fue cuando me caí
desde el segundo escalón de una escalera que había para llegar hasta los
estantes altos, no me pasó nada importante, solo una pequeña lastimadura en mi
rodilla izquierda, pero Don Felipe me hizo recostar en un sillón sofá, yo estaba
como casi siempre con una falda muy cortita, apreté las piernas para evitar
mostrar mis prendas íntimas, él me lavó con algodón humedecido, pero me pareció
que se extralimitó de la lesión, y sus manos por momentos cubrían parte de mi
muslo, buscando algún posible dolor, no voy a negar que esa experiencia terminó
por excitarme de cierta manera.
Mi necesidad de afecto seguía en aumento cuando mi jefe me
avisó de que su sobrino Julio de 20 años., vendría unos días a ayudarle con un
balance. Cuando lo vi, me corrió electricidad por mis venas, era realmente un
adonis, alto, pelo bastante largo que incluso caía sobre su cara, y por momentos
no dejaban ver sus hermosos ojos verdes, su piel estaba bronceada, su sonrisa
era maravillosa con grandes dientes blancos y su físico era casi perfecto, con
fuertes brazos y piernas.
Nunca exteriorizé mi atracción por mi situación de casada,
además era el sobrino de mi jefe y tenía casi diez años menos que yo. Pero sentí
que la atracción era mutua, rápidamente entramos en confianza, era muy lanzado,
me hacía chistes picarezcos, y siempre me hacía proposiciones sexuales en broma,
pero éstas eran cada vez más descriptivas, y pese a que siempre las rechazaba de
manera muy jocosa, en mis adentros empezaron a alimentar mis fantasías. Él vivía
solo relativamente cerca de la librería, por lo que no se quedaba al mediodía y
siempre me invitaba a "dormir la siesta" a su casa, pero esto nunca pasó del
terreno de las bromas, hasta que un día, tenían que arreglar una cañería del un
salón de la librería, yo no lo sabía, pero no me podía quedar en el lugar, hasta
comida me había llevado. Y Julio me invitó por enésima vez, realmente me
convenía aceptar, hubiera sido un trastorno volver hasta mi casa. Pero mi aire
de mujer casada y el que dirán si se enteran, hasta lo que pudiese pensar mi
jefe, hicieron que me negara nuevamente con la excusa de que aprovecharía el
tiempo para hacer un trámite. Lo que realmente hice fue ir hasta un parque que
estaba a escasas calles de la librería, sentarme en un banco y comer lo que
había llevado desde mi casa. Había pasado una hora y ya no tenía posición para
estar cómoda, tenía sueño, calor, sed y todavía faltaban más de dos horas para
volver al trabajo.
Y en ese momento pasó algo que cambió el destino de todo,
sentí un bocinazo, era Julio con su auto que me había visto y se había detenido,
me dio mucha vergüenza, quedó evidente que le mentí para no aceptar su
invitación. Me acerqué hasta el coche y me invitó a subir, lo hice, no sabía qué
decir, pero él no le dio importancia a ningú intento de excusarme. Me preguntó
qué hacía y le dije que me había sobrado tiempo, y que esperaba en el lugar más
fresco posible hasta la hora de ir a trabajar nuevamente. Me contestó que allí
hacía mucho calor igual, lo que era absolutamente cierto y me invitó una y
definitiva vez más a su departamento. Nuevamente aparecieron en mi las reservas
y las barreras morales, pero necesitaba salir de ese calor, y refrescarme de
alguna manera, por lo que acepté. Sabía que él intentaría seducirme con sus
clásicas bromas, pero yo confiaba en mi control. Llegamos a su departamento, que
era muy amplio, había sido en el pasado la residencia de su familia, por lo que
habían varias habitaciones, dos baños, etc. Enseguida le pedí permiso para usar
su baño, me ofreció la posibilidad de bañarme y eso era lo que exactamente
necesitaba. Me duché por varios minutos, fue delicioso, mientras me jabonaba
recordaba donde estaba, con quién estaba, y realmente me turbaba, qué diría mi
marido si supiera que me estaba bañando en la casa de un hombre tan atractivo y
que vive solo. También pensaba en mi jefe, qué pensaría si supiera que estaba
recién bañada, semidesnuda en casa de su sobrino diez años menor que yo. Julio
me prestó una bata que me quedaba muy grande, colgué mi ropa para que se
refrescara. Nos acomodamos en su living, sacó una cerveza muy fría, me encanta
la cerveza, pero tenía que ir a trabajar un rato después. Le pedí si tenía en
cambio una gaseosa, me dijo que no e insistió para que tomara cerveza, accedí,
tenía muchísima sed. Tomamos, nos reímos, hablamos, hasta que empezó con su
juego de manos, me tocaba el brazo, la mano, el pelo, yo trataba de evitar los
contactos ofensivos.
De pronto me preguntó si no quería unos masajes en mis
hombros, le dije que no, insistió, no esperó mi respuesta, se me hizo girar
sobre mi asiento en el sillón sofá, se arrodilló detrás mio y empezó a amasarme
mis hombros, yo me relajé, cerré mis ojos, en un momento en que me dijo que
girara mi cabeza hacia la izquierda todo lo que pudiera, cuando lo hice con mis
ojos cerrados me encontré con su boca y me dio un beso, abrí inmediatamente mis
ojos con sorpresa, se trataba de una nueva broma, él puso su cara pegada a la
mia y cuando giré se produjo el contacto de nuestra bocas, él se reía, yo más o
menos, lo reté, le dije que cortara con las bromas, que todo tenía un límite. Me
pidió disculpas, y volvió a la carga, me preguntó si me había gustado, le dije
que no, insistió, me enojé un poco, le dije que me iba a cambiar e irme, que se
había pasado, que yo era casada, y busqué mi ropa con la que entré al baño a
cambiarme. Cuando estaba a punto de sacarme la bata, debajo de la cual no tenía
nada, entró repentinamente, me abrazó por atrás, y me decía cosas como que le
gustaba mucho, que no importaba la edad, que siempre me deseó. Yo di un grito,
quise zafarme pero no pude, un poco porque mis esfuerzos también estaban
dirigidos a no perder mi bata, ya semi abierta, lo insulté, le dije pendejo de
mierda, era mucho más fuerte que yo, me giró y me dio otro beso, primero lo
rechacé, y justo encontró una abertura en la bata y me toco un muslo, esa
distracción la aprovechó para meterme bien su lengua en mi boca, ya a esta
altura debo reconocer que no me resultaba del todo desagradable su beso, él notó
mi resignación e intensificó sus toqueteos y el movimiento de su lengua.
Cuando me quise dar cuenta estaba respondiendo a su beso, ya
sus manos habían logrado subir mi temperatura y abandoné mi lucha para no perder
la bata de baño, cayó al suelo y mi cuerpo totalmente desnudo quedó a su total
merced. Sin abandonar sus besos, me recorrió con sus manos, me tocaba la
espalda, mis brazos, mi cintura, mis piernas, mi cola, ya totalmente parada, me
examinó con sus manos mis senos, e inmediatamente después bajó su cara y me tomó
el pezón derecho con sus labios, allí dejé escapar un suspiro, él se incorporó,
por un segundo creí que se había arrepentido, ¡ Qué inocente yo! Me tomó de la
mano y me llevó desnuda caminando hasta el living, en el camino, yo le decía que
parara, que esto estaba mal, él me sujetaba fuertemente, mis pensamientos eran
un enjambre indescriptible, parte de mi quería rechazar todo esto y la otra ya
estaba bastante excitada como para frenar todo lo que se vendría
inevitablemente. Me seguía besando, me manoseaba toda, me había agarrado con
cada una de sus manos mis nalgas, yo no devolvía ningún movimiento, había tomado
una actitud totalmente pasiva, volvió a besar mis tetas, y ya lo dejé hacer todo
a su antojo.
Me recostó en el sillón y sus besos y caricias me cubrían
todo el cuerpo, empezó a bajar con su boca, primero jugó con mis pezones,
después me pasaba su lengua por mi pancita, después evitó mi pubis, y recorrió
mis muslos, volvió a subir y hundió su cabeza entre mis piernas, me besó mis
pliegues ya totalmente húmedos, y luego con su lengua empezó a penetrarme, creí
desmayarme. Luego me puso boca arriba, no sé en qué momento se había desvestido,
era hermoso sin ropa, su pecho era muy velludo, su abdomen muy marcado y un
poquito mas abajo me apuntaba desafiante su verga, su largo era normal pero era
bastante gruesa, con venas bien marcadas, empezó a adelantarse sobre el sillón
hasta que apoyó la punta de su pija sobre mis labios, sabía perfectamente cual
era su intención, me quejé una vez más, pero ya era todo falso, quería
chupársela, y lo hice, vaya si lo hice..., le pasé la lengua desde la base hasta
la punta y volvía, pude meterme un huevo en mi boca y lo saboreé, luego bajé más
y recorrí todo su escroto, volví a subir y ahora sí me metí su cabeza, jugando
con mi lengua sobre su glande, resoplaba muy fuerte, parecía que le estaba
gustando mucho, me tomó con sus manos la cabeza y empezó a hacer movimientos
como que me estaba cogiendo por la boca, y eso es lo que hacía, entraba y salía,
era realmente muy excitante pero me molestó un poco la fuerza con que lo hacía y
lo hice parar o me lastimaba mi garganta. Tampoco quería que acabara en mi boca,
pese a que esto me excita mucho, el sabor de la leche me produce arcadas, y no
me animo a tragarla. Me puso mis pies sobre sus hombros, y me preguntó si hacía
falta que se pusiera forro, le dije que no, que yo tomo pastillas y esto le
encantó más, lo vi en sus ojos, me apoyó su verga en mi entrada, y se resbaló
muy fácil hasta el fondo, es que estaba muy lubricado todo.
Y me penetró por varios minutos, entraba y salía con mucha
fuerza, yo estaba a punto de desmayarme, sentía su pija llegar hasta el fondo de
mi ser, de pronto empezó a respirar muy fuerte y con un grito se desplomó sobre
mi, cuando sentí su leche en mi interior, exploté sin demoras y también di un
grito que me salió de lo más profundo. Fue muy dulce en los momentos siguientes
a nuestro orgasmo, me hacía caricias y me besaba por varias partes del cuerpo,
pero yo estaba con una crisis de culpa terrible, pensaba en mi marido, y me
quería morir, no podía creer que lo había traicionado por segunda vez. La
primera vez se podría decir que tuvo una justificación, fui prácticamente
obligada a dejarme coger por otro hombre, en el fondo fue para salvar nuestro
matrimonio y nuestro departamento, pero ahora, qué excusa tenía para engañarlo?
Ninguna, él siempre fue muy buen esposo, en lo sexual se había perdido parte de
la magia inicial pero eso no alcanzaba para explicar este golpe bajo a la
fidelidad de nuestra pareja. Habían pasado varios minutos, mi cabeza estaba con
mi marido, con mis remordimientos, cuando sentí una linda sensación en mi
entrepierna, era la lengua de Julio, que se abría lugar en mi chorreante vagina,
me perforaba con su larga lengua, me mordía mis pliegues, y lentamente el
sentimiento de culpa le dejó lugar al placer. Fue todo en aumento me chupaba con
mucha pasión, me besaba, me saboreaba, me mordía y me penetraba una y otra vez
con su lengua hasta que no pude más y exploté en un orgasmo muy intenso. Era mi
segundo clímax de la tarde pero estaba lejos de ser el último. Me pidió que me
levantara y de la mano me llevó a su cuarto.
Una vez allí hizo que me pusiera boca abajo sobre la cama, él
se tendió sobre mi y empezó a pasarme su lengua por mi nuca, luego pasó a la
espalda y bajó a mi cola, yo instintivamente la paré, me mordisqueó mis nalgas y
empezó a jugar con su lengua en la puerta de mi ano, fue hermoso, sentía una
electricidad que me recorría todo el cuerpo, especialmente cuando me introdujo
la punta de su lengua en mi agujerito, de repente empezó a hacerme preguntas
sobre su tío, Don Felipe, me parecieron por lo menos, inoportunas, qué opinaba
de él? Que sentía por él? Le dije que me caía muy bien, le tenía mucho aprecio,
etc, pero Julio insistió en qué se refería a mi opinión sobre Don Felipe como
hombre, si me atraía, me pareció muy raro, mi primera respuesta fue no, pero
volvió a la carga, repasando su altura, su físico, que había tenido muchas
mujeres, que siempre fue centro de atracción, etc, hasta que me sacó la
respuesta que quería, que sí me parecía atractivo, pese a su edad estaba muy
bien conservado.
Acto seguido me preguntó si yo me acostaría con él, esto me
lo preguntó justo en el momento en que penetraba mi vagina desde atrás en una
especie de posición de perrito, me tomó de la cintura y me atraía hacia él y me
alejaba, en cada estocada me reiteraba la pregunta, ¿ te acostarías con él? Le
dije "no", en realidad ya no podía concentrarme en ninguna respuesta, empecé a
levantar temperatura, sentía que me la sacaba toda y me la volvía a meter,
estaba excitadísima, y él insistía e insistía, y me decía al oído, te gustaría
que él te agarrara desde atrás como yo, que te la meta así, y yo con mi
calentura a mil, empecé decir que sí, que me gustaría, que lo deseaba y cosas
así, y en ese momento en que estaba punto de terminar con un orgasmo épico, pasó
lo más inesperado, lo más increíble,: Julio dijo, pasá Tío, viste que está
caliente con vos?...Me quería morir, apareció Don Felipe, por la puerta que
estaba entreabierta, yo estaba ensartada por su sobrino, me salí rápido, me tapé
con las sábanas, me quería morir, le empecé a recriminar al sobrino, hasta lo
insulté, quería que me tragara la tierra. Los dos me pedían calma, me quería ir,
pero tomé conciencia que ni sabía donde había quedado mi ropa, les pedí que se
fueran, le dije a Julio que me trajera mi ropa, no me hicieron caso, se quedaron
en la habitación. Don Felipe, empezó a hablarme, me dijo muchas cosas, volvió
con todas sus galanterías acostumbradas, pero ahora me molestaban. Me dijo que
siempre me había deseado, que era una mujer increíble, que era hermosa, que su
sueño más grande era poseerme, pero que se dio cuenta que no era posible, porque
yo lo veía como un padre, allí fue que cuando observó una cierta atracción con
su sobrino, y empezó a imaginarse que si no podía tenerme se conformaba con
verme desnuda y teniendo sexo con su sobrino. Me pidió mil disculpas, en el
fondo lo comprendí, me dio algo de pena.
Yo seguí tapada hasta el cuello, me pidieron por favor que le
cumpliera el sueño, dije que no, que por favor que me dejaran ir. Me dijeron que
no era prisionera de nadie, que me podía ir, pero Don Felipe me rogó una vez
más, me dijo que lo perdonara, que necesitaba que yo siguiera trabajando en la
Librería, y me dijo que solo le permitiera contemplarme una sola vez más
desnuda, y que todo terminaría, puso una cara al decirlo que me partió en dos,
yo en realidad lo había aprendido a querer al viejo, y aquellos oscuros
sentimientos que tuve en la época de Don Elbio, me asaltaron de nuevo, me
gustaba ser víctima y deseada, en el fondo sólo buscaba una excusa para decirle
que sí, ahora la excusa era que yo lo apreciaba y que me daba pena, no será que
ya era una mujer casada infiel confirmada? Bajé mi cabeza, sin decir nada, Don
Felipe lo tomó como un gesto de aprobación, me acarició el pelo y bajando su
mano tomó el borde de la sábana y lo empezó a bajar, descubrió mis senos, me los
tapé instintivamente con mis manos, él me las tomó y las retiró, yo las llevé
ahora a mi sexo, que también acababa de ser descubierto, miró por algunos
segundos mis pechos, sin atreverse nada. Julio estaba sentado en una esquina de
la cama, todavía desnudo en una actitud ahora totalmente pasiva.
Yo era un nudo de nervios pero me dejé contemplar por Don
Felipe, él lentamente estiró su mano y me tocó mis pezones, que se erizaron
instantáneamente, me dejé hacer, no hice ningún movimiento y esto fue lo que
hizo que Don Felipe, abandonara sus cuidados y reticencias, tomó mis tetas con
mayor decisión, me las sobó a placer al mismo tiempo que retomaba sus piropos
hacia mi., acercó su boca y me tomó al principio suavemente mis pezones, me los
chupó muy dulcemente por algunos minutos, luego empezó a descender, me besó mi
pancita, mis costados, me retiró mis manos que todavía cubrían mi vagina, y
comenzó a besarme los labios, luego con su lengua me tocó el clítoris, y
recuperé toda mi calentura, empecé a arquearme del placer, Don Felipe invitó a
su sobrino a la fiesta, y se acercó y también comenzó a tocarme, Don Felipe se
paró y se desvistió rápidamente, comprobé que realmente su físico no era el de
una persona de 62 años, su piel aún era firme, su estómago estaba marcado por
los ejercicios que siempre hacía, su miembro era normal, ni grande ni chico, con
respecto al de Julio, era similar aunque algo más fino. Se recostó junto a mi,
me beso el cuello, quiso besarme en la boca y lo esquivé, volvió al cuello y a
mis pechos, se tiró sobre mi y abriéndome de piernas, me penetró sin esperar
más, sus movimientos eran muy pausados pero firmes, Julio comenzó a chuparme mis
tetas, intentó besarme y a él si le respondí el beso.
Don Felipe no paraba, llevaba ya varios minutos penetrándome,
de pronto me pidió que me pusiera en cuatro patas, me dijo que cuando lo hice
con su sobrino en esa posición casi se muere del gusto de solo verme, le hice
caso, me tomó por la cintura y me entró desde atrás, creo que esta es también mi
posición favorita, me encanta que me agarren por atrás, sentía el golpe de sus
huevos contra mis nalgas, Julio había cambiado de posición, se había arrodillado
delante mio, y me puso su pija frente a mi boca, no era nada difícil saber lo
que quería y me la metí en la boca, se la chupé con ahínco, Don Felipe seguía
bombeando, era increíble su aguante. Pero era mucho más increíble mi situación,
una mujer felizmente casada, acostada con dos tipos que me estaban penetrando al
mismo tiempo por mi boca y mi vagina, era muy loco, estaba como poseída, Don
Felipe aceleró su ritmo, empezó a resoplar, me tomó fuerte de mi cintura y dio
un grito ahogado y se tiró sobre mi, sentí su esperma invadiéndome mi interior,
seguía moviéndose aún después de la acabada, hasta que su pija se salió de mi
semi fláccida. Julio se acostó boca arriba, me subió encima de él y empezamos
una cabalgata frenética, subía y bajaba sin parar, Don Felipe lejos de
retirarse, me metió un dedo en mi ano y lo movía para todos lados, me molestó al
principio, pero me lubricó con mis propios jugos, que a esa altura ya regaban el
lugar, seguimos así unos minutos, hasta que el viejo le dijo a Julio, que yo
tenía un culo hermoso, que lo probara, dije rápidamente que no, pero Julio se
Incorporó, ambos me dijeron que no me dolería que ya estaba dilatado por los
gruesos dedos de Don Felipe, yo lo sabía pero aún me daba miedo que me
penetraran analmente, Julio me acostó boca arriba, se arrodilló frente a mi,
levantó mis piernas sobre su hombros, bien levantada de modo que mis dos
orificios estuvieran a su alcance, me penetró primero mi vagina, entró y salió
varias veces, y de repente la sacó y enfiló hacia mi culo, su cabeza entró
rápidamente, o eso creí, luego costó un poco que entrara más, pero con paciencia
fue entrando, me sorprendió mucho la ausencia casi completa de dolor, en mi
única experiencia anterior de sexo anal, todo había sido muy doloroso, pero
ahora con poco sufrimiento tenía la mitas de su pija dentro de mi culito, y
empezó a entrar y salir de él, con más placer que dolor.
Don Felipe me había metido tres dedos en mi vagina y me
alcanzaba el clítoris para aumentar mi goce, él estaba en un costado con sus
piernas recogidas y su pene semi blando, sin saber por qué lo tomé y empecé a
hacerle una especie de paja, pero no respondía, igual era muy excitante. Todo
fue en aumento, las bombeadas de Julio en mi culo, las manos de Felipe adelante
y mi propia mano pajeando al viejo, hasta que sentí la leche de Julio en mi ano,
y allí exploté en un orgasmo profundísimo, casi me desmayé, sentía la leche
correr hacia fuera luego de que Julio se saliera, Don Felipe también abandonó su
paja y quedé tendida boca arriba exhausta, como pude me tapé, había reaparecido
mi pudor, había reaparecido mi vergüenza, mi arrepentimiento y me dieron muchas
ganas de llorar, lo hice sin importarme la presencia de esos dos hombres que me
habían gozado al extremo.
Me consolaron, Don Felipe me pidió perdón, me agradeció y
prometió que nunca volvería a pasar, y agregó sarcásticamente, salvo que yo
quiera. Esa tarde finalmente no fui a trabajar, me moría de la vergüenza y hasta
creí que nunca más iba a volver. Le diría a mi marido alguna excusa y dejaría
ese trabajo. No convenía tomar ninguna decisión apresurada, sólo quería volver a
mi casa, bañarme , descansar y esperar a mi marido con cara de te extrañé, pero
con un gran sentimiento de culpa. Me prometí no volver a fallarle más. Podré
cumplir?. Después les cuento.
Vero.