Luego, de lo sucedido con la dichosa revista, estando en casa
de mis padres, mi primo y yo, más tranquilos y satisfechos por habernos
masturbado mutua y originalmente, tuvimos tiempo, irremediablemente, porque ya
había vuelto mi madre, para conversar bastante, sin meternos ni siquiera una
mano.
De igual forma, el momento tuvo mucho de excitante porque,
sentados en el jardín, a simple vista éramos dos jóvenes comportados, pero esa
apariencia hubiese, inmediatamente, desaparecido si algunos pasajes de nuestra
platica hubiesen llegado a oídos de alguien o si, además, supiese que la tanga
que aún colgaba en la cuerda era la contraseña convenida para indicarle que yo
estaba en situación de encontrarnos tranquilamente
Mi madre, que, en esos momentos, se encontraba dentro de la
casa, desde, lo que supongo, su ingenuidad, adoraba a mi primo; siempre decía
que era muy bien parecido pero además le gustaba por el efecto, muy visible, que
producía en mí; como el de ese mismo día, que a primera hora de la tarde, al
partir, ella me había visto hecha pedazos y a su vuelta me encontró bastante
recuperada, tomando un té y conversando tranquilamente con él; aunque, también,
decía –"¡Debe ser un pillo!", pero con respecto a la relación conmigo,
por mi embarazo, aún estaba libre de su suspicacia.
Con mi primo conversamos de todo lo que había pasado en esos
pocos días en que no nos habíamos visto. Yo le puse al tanto de que estaba todo
arreglado para que en cualquier momento, no bien apareciese algo de dinero para
comprar algunos materiales, comenzar las reparaciones de la casa, cosa que, como
ya se los he contado muchas veces, nos permitiría estar mucho más tiempo juntos
y solos, prácticamente todo el día, mientras mi marido se encontrase en su
trabajo.
No ocultando mi alegría, y demostrándole que confiaba en él,
para lo que se venía en el futuro, incluso, le conté, con muchas ganas y lujos
de detalles, como es mi estilo, todo lo que había pasado sexualmente con mi
marido, sobretodo, lo del baño de mi casa, en la noche del domingo anterior.
Por otro lado, me resultaba increíble, que solo una hora
antes le había hecho, a mi primo, una, incontrolable, escena de celos, para
luego estar ahí disfrutando de contarle como me había chupar toda, sin haberme
bañado, por mi marido..
Por su parte él, que en un momento de mi relato ya se le
notaba la erección de su pene debajo del pantalón deportivo, me contó, que se
había encontrado con una amiga; en realidad, la íntima amiga de una ex novia, de
su antiguo barrio; y que se conocían desde la época de adolescentes.
La tal fulana, por lo que mi primo me dijo, siempre había
quedado muy agradecida con él, porque cuando ella, aún siendo menor, quedó
preñada de un tipo que no asumió nada, y, no solo por eso, ella no estuvo
dispuesta, de forma alguna, a continuar con aquel embarazo, y sin tener ningún
apoyo familiar, sobretodo, por razones económicas, y con pocas personas en quien
confiar, prácticamente, todo el aguante recayó en los amigos más cercanos.
Según me contaba, mi primo, fueron momentos muy difíciles, y
no solo para ella que estuvo a punto de suicidarse, sino para todos porque eran
muy jóvenes y, por supuesto, sin recursos. En ese momento los abortos, por
supuestos ilegales, eran, y aun lo son, carísimos, más si la mujer es menor, por
los riesgos legales que eso conlleva, elevando los precios siempre muy por
encima del equivalente a 500 dólares; una cifra inimaginable, para ser
conseguida de un día para otro, para muchísimas de nosotras y fue por eso, que,
en mí momento, esa opción fue impensable; no tenía forma de reunir tanto dinero.
Entonces, de acuerdo a su cuento, las alternativas para ella
fueron muy limitadas por falta de información y asesoramiento y porque, además,
para empeorar las cosas, en esos días, habían sido puestas al descubierto
algunas clínicas clandestinas tras un desgraciado suceso, haciendo todo mucho
más difícil, incluso anímicamente para ella, de mucho miedo para todos los
involucrados, y, por supuesto, mucho más caro.
En resumen, mi primo, por amistad y solidaridad, había sido,
desde todos los aspectos, de las pocas personas que la apoyaron, una vez que
ella tomó la irreversible determinación de interrumpir su embarazo, para lo
cual, la fulana, tuvo que hacer de todo, todo... para conseguir el dinero
Después de casi dos años sin verse se habían encontrado
inesperadamente y tomando un café, se pusieron al tanto, mutuamente, de algunas
cosas de sus actuales vidas.
Lo importante para lo nuestro fue que: él le contó que estaba
teniendo una relación muy especial, claro que, sin abundar en todos los
detalles. Por otro lado ella le puso al tanto, que después de batallar mucho,
recientemente, había logrado alquilarse, con la ayuda de un hombre mayor que se
la cogía una o dos veces por semana, , un pequeño y bien ubicado departamento
pero que aun le faltaban ultimar algunos detalles, como colocar estantes y
artefactos eléctricos, para que le quedase lo más cómodo posible dado su
reducido tamaño. De esta conversación y la alegría del reencuentro surgió que a
cambio de que mi primo le hiciera esos arreglos se lo prestaría, para que lo
curtiera con su "amor especial" por todo un día ya que, ella a partir de los
viernes a mediodía, generalmente, esos fines de semana del verano salía de la
ciudad. Parecería que es verdad aquello de que el trueque es una de las formas
privilegiadas en la economía, por la falta de empleo fijo y la consiguiente
escasez de dinero, entre los desocupados..
Cuando llegó a la parte de su relato en que me comentaba que
la había acompañado al depar para que conocerlo y ella le indicase que era lo
que quería que hiciera, sentí un cosquilleo, en realidad, una inquietud, que no
pude ocultar ya que en mi cara surgió una mueca de rabiosa interrogación.
Él se dio cuenta enseguida y, bromeando, me dijo que parecía
que yo no tenía remedio, y si no intentaba cambiar, le daba la impresión que lo
que yo estaba buscando era recibir otra lección pero más severa.
Otra vez, por el tono jocoso que empleó y recordando lo que
solo un rato antes había ocurrido, me causo gracia y, a la vez, que sabía que de
no achicar con los celos tarde o temprano me la iba a ligar, pero también me
tranquilizó, porque me sonó muy sincero, al decirme que entre la mina y él no
había pasado nada
Entonces, ante la divertida posibilidad de vernos fuera de
nuestros lugares habituales, me mostré sorprendida y encantada, ya que sería,
para mí, toda una novedad estar, un buen rato, a solas con él en un confortable
departamento de la ciudad. Solo de pensarlo me erotizaba.
Ahí mismo, decidimos que, por conveniencia y economía, sería,
si todo salía bien, el día en que me correspondía ir a levantar los resultados
de mis estudios y continuar con los chequeos médicos.
Pero esto sería algo para después, porque lo primero, e
importante, era el encare de lo de mi casa. Así que allí mismo, como si solo
dependiera de nosotros, quedó resuelto que su visita sería al otro día a la
tardecita cuando mi marido ya estuviese en casa para planificar lo que hacer.
Ya en mi casa, sin tratar de ocultar mi euforia, le informé a
mi esposo que había combinado todo con mi primo; por supuesto, que por otras
razones, el también se mostró contento y muy animado al ver mi propio
entusiasmo. Esa noche, en la cama, lo masturbé un poco dejándole aun más
contento y caliente.
Al otro día, el indicado para el encuentro, en realidad,
desperté muy ansiosa y así lo estuve durante toda la jornada; pero encausé esa
ansiedad ordenando y limpiando la casa como nunca antes.
No era estuviera tratando de impresionar a mi primo, porque
eso dada la humildad de la vivienda era casi imposible, sino como prolongación
de mi misma lo mismo que sucede, también, con la ropa, es decir, como un cuidado
normal, algo natural, que se hace para agradar más o cuando se espera
impacientemente el encuentro con la persona que más nos gusta.
Mi marido, al llegar, se sorprendió, un poco, por el buen
aspecto general de la casa, que lucía con algunos detalles no habituales,
incluso también por el mío, que, aunque vestía de forma sencilla, solo una
colorida solera, y quizás con un aire un poco aniñado, estaba impecable y
exuberante. Enseguida lo mandé directo a la ducha donde tenía todo pronto,
incluida la ropa que yo había elegido para él.
Cuando mi primo llegó, también, lucía todo prolijito. Creo
que, a pesar de mi visible embarazo, todos parecíamos aun más jóvenes de lo que
en realidad éramos.
De cierta manera, no esperaba que mi primo se comportara de
forma tan tímida como, en un principio, lo hizo.
Así que, yo, en mi papel de anfitriona y dueña de casa, pero,
sobretodo, porque era la prima y amante de uno y la esposa del otro, fui la que
más entusiasmo demostraba y la que más "color" le daba a aquel trascendental
encuentro.
Mientras conversábamos sobre las reparaciones, buscaba con
mis ojos a los de mi primo y a través de esos encuentros fugaces de nuestras
miradas intentaba transmitirle todo el erotismo que sentía, y que quería sentir,
al tenerlo por primera vez ahí.
Poco a poco fui rompiendo el hielo, con mi locuacidad y
coquetería ya que, mientras hablamos, alternativamente, me recostaba en mi
marido o apoyaba mi mano en el brazo, incluso una vez, descaradamente, en la
parte superior del muslo de mi primo.
El clima reinante era de mucho optimismo y con el correr del
encuentro nos fuimos poniendo de acuerdo en lo que se debía hacer, De alguna
manera, mi primo, fue tomando el mando, pero siempre siguiendo las sugerencias
que había hecho el tipo de la inmobiliaria.
Yo estaba encantada y por mí la reunión podía prolongarse
indefinidamente. Moviéndonos por la casa para comentar y localizar lo que
debíamos hacer, conseguí divertirme al lograr hacerle a mi primo algunas
disimuladas caricias y hasta una vez apoyar mi cola contra su bajo vientre que
automáticamente reaccionó con un inicio de erección que si se observaba con
atención su entrepierna era levemente perceptible y que de ahí en adelante,
prácticamente, no perdió, sino todo lo contrario.
Como todos, pero, especialmente él, con la pija dura parece,
o, en realidad, se convierte en otro, y lo primero que desaparece es su timidez.
Así que con la excusa de mostrarle unas humedades en mi
cuarto, nos dirigimos a él, mi marido permaneció en la sala a escasos metros;
los dos ambientes están comunicados por una puerta que, por supuesto, permaneció
abierta. Desde el lugar en que me ubiqué, contra el armario, no podía ver a mi
marido, pero lo más importante era que él tampoco podía hacerlo; a la vez que mi
primo desde donde estaba nos veía a ambos pero, por estar más próximo de mi
inter actuaba sobretodo conmigo
Luego de que a través de exageradas e inequívocas señas y sin
parar de hablar de cualquier otra cosa, le interrogué que era lo que estaba
haciendo, en esos precisos momentos, mi maridito; a lo que el rápido de mi primo
se encargó de hacérmelo saber de la propia boca de éste, al preguntarle
directamente , sin moverse, que era lo estaba escribiendo y mi marido le
informara que hacía una lista de materiales para comprar y unos cálculos sobre
el dinero a gastar.
Así, supe que se encontraba sentado y entretenido, y de
seguro que yo lo oiría cuando intentara incorporarse, pero de cualquier manera,
llevando el dedo índice debajo de uno de mis ojos, le hice, a mi primo, la señal
de que estuviera muy atento a cualquier movimiento que el otro hiciera.
Entonces siguiendo la conversación que estaba usando como
excusa, que en esos momentos ya era sobre el colchón que me resistía, eso sí
sinceramente, en dejarlo en la casa para uso de los futuros inquilinos le dije,
en voz alta:
-" Fíjate, que esta nuevito, casi sin uso.-"
Parecía que estaba hablando del colchón pero en realidad,
apoyada en la cama, me había recogido el vestido y dándole la espalda, a mi
primo, le estaba mostrando mi cola. Girando un poco la cabeza pode ver su
expresión y la forma forzada en que tragaba saliva, entonces para estimularnos,
aún más, tiré, hacia arriba, de mi tanga para que entrara al máximo entre mis
nalgas.
Esto bastó para que terminase de encenderme, pero para él,
también, fue super fuerte, como luego me lo dijo, ya que tenía que permanecer
ahí, sin moverse mucho, ni tocarse solo observándome pero a la vez, sin
descuidar su vigilancia. Mismo así, reaccionó con humor pero también con mucho
morbo y perversidad, diciendo:
-"- Bueno, no exageres tanto, tampoco es a estrenar, además
con tres meses casados ya debe tener bastante uso.- "
Aquel comentario audaz, con mi marido oyéndolo, pero sin ver
realmente a lo que nos estabamos refiriendo, me enardeció. Miraba a mi primo a
los ojos con la boca sensualmente abierta buscando comunicarle todo lo que
estaba sintiendo y todo lo que lo deseaba, porque yo quería seguir aquel
pornográfico juego.
-"- Tonto, en serio, está super nuevo. La que no está para
nada nueva es esta colcha. La tengo desde la época de soltera y la voy ha dejar
para que los que vengan le den con todo. – "
Y, como ya se habrán podido imaginar, lo que, en esos
momentos, le estaba mostrando, sosteniendo el ruedo de mi solera con mi mentón y
bajando el frente de la tanga era mi delicada pepita. Sin dudas, . me estaba
descontrolando, porque lo que decíamos aunque rayaba la grosería, solo aumentaba
la calentura nos dominaba, en especial la mía.
Así, en aquel delirio, con el ingenuo de mi marido escuchando
todo y que solo demostró un poco de interés en el momento en el que nos
referíamos al uso del colchón, volvimos, con mi primo, a lo nuestro y hablando
de las sábanas y la blancura de algunas, también le mostré, manoseándomelas,
ambas tetas. El hijo de puta, en el mismo tono jocoso y agresivo no se contuvo
de decir:
-"- Esas, también, están para dejarlas, pero no se acostumbra
hacerlo y menos con esas manchas que de rosadas llegan a violeta.-"
El diálogo presentaba varios niveles, cada cual más excitante
y relajado, porque desde el más trivial que se centraba en los artículos de
cama, pasando por el sugerido de mi actividad sexual de casada, hasta llegar al
super explícito y pornográfico de mi infiel y lujuriosa exhibición.
Mi excitación, ahora me resulta, sinceramente, muy difícil de
describir y abarcar, ahora en un relato escrito, probablemente por su alto
componente sicológico. En realidad aun no sé que era lo que más me excitaba: si
fue el modo que usé para calentar a mi primo, y de esta forma, pervirtiéndolo,
más aun de lo que ya era, al hacerlo cómplice obligado de mi perversidad
matrimonial; o si era por la infidelidad pura y descarnada, quizás, sin
importarme con quien le ponía los cuernos a mi marido, que, a pesar de tener mis
razones, no me explicaba totalmente porque en tan poco tiempo de estar con él
solo lo quería ver bien cornudito; o, también, el lugar en donde estabamos, mi
cuarto matrimonial, antiguo dormitorio de mi suegra y que aún conservaba la cama
de su matrimonio, era como si estuviera violando, al exhibirme impúdicamente a
mi amante familar, la intimidad no solo de mi marido sino de toda su familia;
para mi era como una violación sicológica, pero sin lastimar por aquello de
ojos que no ven... ; sentía más o menos el mismo placer lujurioso que había
buscado experimentar al hacerlo con mi primo, días antes , en el cuarto de mis
padres.
Fue tanta la excitación que mi primo tuvo que calzarse,
prestamente, la verga hacia arriba y asegurarla con el elástico de su pantalón
deportivo y para disimular, un poco más, su tremenda erección, también,
provocarle un pliegue a la remera que traía puesta. Estoy segura que se
arrepintió de no tener a mano la inseparable parka que acostumbra, cuando
no la tiene puesta, amarrar a su cintura.
Yo traté de recomponerme un poco, para volver a encarar a mi
marido, después del rápido y particularisimo episodio de infidelidad visual y
verbal que habíamos protagonizado, aunque un rubor excesivo se evidenciaba en mi
rostro porque ya, a esas alturas, tenía muchisimas ganas de coger.
La conversación, entre los tres volvió a los carriles
prácticos del tema de los arreglos. Mi primo, quizás por el exceso de hormonas,
tomó una actitud ejecutiva y autoritaria estableciendo un cronograma de lo que
se debía hacer. Lo primero era acondicionar la pieza del fondo y su precario
baño ta Serviría para dormir, cuando en lo de mis padres estuviese la familia de
mi hermana de vacaciones, y allí sería donde irían a parar muchas de las cosas
personales que debíamos sacar de la casa. También poner unas chapas a modo de
cobertizo abierto, para ampliar el lugar y además con unas maderas de tercera
hacer un cerco para dividir el terreno y dar mayor intimidad a unos y a otros.
La forma en que presentó el plan fue por demás convincente incentivando el
entusiasmo ya reinante.
Como todo se alargó hasta la hora de la cena y yo, con mucha
previsión había, en la tarde, preparado unas excelentes pizzas, le propuse a mi
marido, franeleándome cariñosamente contra él, delante de mi primo, que, como
había ambiente de festejo, comprara un par de cervezas para acompañarlas, ya que
igual había que salir a procurar un poco de queso para las pizzas; mi primo
sugirió comprar también, ofreciendo dinero, un refresco porque al yo no tomar
mucho ellos no debían pasarse de alcohol debido a que aun era entre semana. . A
mí, me pareció demasiado comportado pero en ese sentido le considero que
generalmente, tiene los pies en la tierra, mucho más que yo. Porque si
hubiese sido por mí y mis fantasías, con la calentura que ya tenía, los
emborrachaba, allí mismo, a ambos y luego ver hasta donde llegábamos. Pero mi
primo tiene esas cosas que por lo general despertaban confianza y creo que esto
le cayó muy bien a mi marido que solo dudo un poco, cuando asumió que el
encargado de hacer la diligencia era él.
Mientras mi primo se encontraba en el baño, seguramente
aprovechando, compulsivamente, para masturbarse, al saber que quedaríamos solos,
acompañé a mi marido hasta la puerta, despidiéndole con un sugestivo:
" - No demores.- "
Aunque, yo sabía bien que lo haría, porque ya habíamos
establecido que llamaría telefónicamente, desde el locutorio del barrio, a su
madre que vivía en otra ciudad, a más de seis horas de ómnibus desde la terminal
de la ciudad, para solucionar el tema de los papeles de la casa, ya que figuraba
como la dueña, además de intentar, a través de ella, conseguir, por lo menos una
parte, del dinero necesario para los materiales de construcción.
No bien salió, y lo oí alejarse en la vieja, pequeña y
ruidosa moto, entré directa e intempestivamente en el baño y sin dejar que mi
primo terminase, luego de lavárselas, de secarse, totalmente, las manos, le bajé
de un tirón su pantalón arrastrando con él su calzoncillos y bastó que mi mano
aprisionara su pene para que adquiriera la dureza y la perpendicularidad a su
abdomen, que tanto me atraen.
Luego de unos besuqueos y manoseos, que nos causaban mas
estremecimientos y risas, como si nos hiciéramos cosquillas, por lo divertido
que nos resultaba la situación, sin dejar de empuñar su pija, y tironeándole de
ella, lo conduje hasta el cuarto. Allí, serpenteando mi cuerpo contra el suyo y
besándonos en la boca, refregué su verga en mi vagina por encima de mi tanga.
El vestidito pasó, rápidamente, a enredarse solo en mi
cuello. Mi primo manoseó, besó, chupó y hasta mordió con ganas mis tetas; a la
vez que yo no dejaba de masturbarlo.
En ese momento realmente, lamentamos no tener un condón a
mano, porque estaba todo dado para que me ensartara con el mayor placer. Me
confesó que no había imaginado que ya el primer día llegaríamos a eso.
Ni que decir lo que fue cuando provocativamente me puse en
cuatro patas sobre la cama, ya que era la forma de desarreglarla lo menos
posible sin perder la comodidad y la excitación que nos producía estar
morboseándonos en ella; y más aún, cuando mi primo parado detrás de mí
acariciándome las nalgas, mismo sin sacarme la tanga, solo incrustarla entre
ellas y introducirla en mi raja, me puso la verga entre las piernas, por donde
yo, y por el frente, la podía ver aparecer y desaparecer, sintiendo a la vez
como su vientre chocaba contra mi cola; y simulando una violenta penetración,
aumentaba cada vez más su rápido vaivén masturbándose con mi entrepierna
Sin parar, lo que estaba haciendo, llevó una de sus manos a
mi boca, que, a esa altura de nuestra relación, estaba implícito que lo que
quería era que le mojara los dedos con mi saliva. Incorporándome hasta quedar
hincada y una vez que sus dedos quedaron bien húmedos, aunque no hubiera sido
necesario por el estado de lubricación en que ya se encontraba mi vagina, corrió
hacia un costado mi tanga y sin ningún esfuerzo me penetró con dos de ellos.
Por un buen rato, jugueteo con ellos dentro de mí en un
delicado mete y saca; rápidamente alcancé un sonoro orgasmo, producto, sin duda,
de una pre disposición altamente sicológica, y externamente inocultable por la
forma en que comenzaron a escurrirse mis líquidos vaginales, tanto por mi
entrepierna como por toda su mano. La intensa sensación me obligaba por momentos
a cerrar los ojos y cuando los abría, las familiares imágenes del dormitorio
parecían que giraban en torno de mí y al reconocerlas me recordaban el morbo de
mi infidelidad, provocándome nuevas contracciones.
Mi primo estaba como poseído, tenía la verga en su máximo
esplendor pero ambos, a pesar de la locura, recordábamos, perfectamente, en
especial mi primo, nuestra postergada fantasía de que me haría la cola ahí en
esa cama cuando estuviésemos seguros de poder hacerlo sin preservativo.
De cualquier manera yo quería hacerlo aunque sea
simbólicamente; así que volví a mi anterior posición, en cuatro patas, en la
cama transversalmente, con mi primo parado por detrás. Este corrió
minuciosamente, aún más hacia un lado, mi tanga, dejando mi culo , totalmente,
al descubierto. Abriendo con sus manos mis nalgas y agachándose como quien se
dispone a mirar por el ojo de una cerradura, acercó su cara a mi ojete, pero no
para mirar a través de él sino para posar su boca y besarlo con pasión. Lo
ensalivó penetrándolo con su lengua de una forma que siempre me produce diversas
sensaciones que van de unas suaves y deliciosas cosquillas hasta las ganas de
hacer caca, pero, lo que más me calienta no es tanto, aunque también me encanta,
la forma que su lenguita entra y sale de mi ano, sino con que amor lo observa, ,
besa y chupa. Emocionalmente, con él, siento prácticamente lo mismo que cuando
me besa con pasión la boca y más, como esa vez, cuando uno de sus dedos
humedeciéndose, aún más pinceleaba de arriba hacia abajo la endidura de mi
vulva.
Adoro su boca acariciando mi oyito, porque también sé que,
generalmente, es la previa de su penetración. En esos momentos la deseaba
especialmente por el lugar en que nos encontrábamos y aunque, de cierta forma
esa vez, fuera solo un poco más que simbólica, porque ambos nos habíamos puesto
de acuerdo desde el primer día, que por el momento no lo haríamos, igual yo
quería entregarle allí mismo mi culo para que lo poseyera, de alguna forma, en
aquel cuarto y aquella cama intensificando mi infidelidad. Ambos sabíamos que a
ese dedo mayor suyo que se deslizaba desde mi clítoris al interior de mi vagina
no lo detendría nada.
Y así fue, su dedo, como pude verlo por última vez brillando
por mis abundantes fluidos vaginales fue a posarse cerca de mi ano, bien
distendido y super ensalivado
Manteniendo, mi canina posición, y solo atenta a las
sensaciones que provenían de mi trasero comencé a sentir como con los dedos de
la otra mano abría mis nalgas, en una actitud y cuidado casi clínico, dejando
bien expuesto mi ojete para apoyar en él su lubrificado dedo. Tras una leve y
continua presión mi culo se comió, sin dificultad por lo menos un tercio de él.
Después comencé a percibir como mi primo realizaba giros con su dedo hasta el
punto de sentir la caricia de su yema en m recto y a cada movimiento circular
experimentar que estaba siendo, centímetro a centímetro, invadida por el culo.
Cuando, según creo, ya tenía dentro bastante más de la mitad del dedo, al
movimiento circular, le agregó el de entra y sale, y así transformarlo en uno de
tirabuzón que, mientras yo permanecía ensartada y prácticamente inmóvil en tan
sumisa posición, y luego de unas pocas embestidas, facilitó que no quedara nada
de su dedo fuera de mi deseable culito; cosa que solo vine a darme cuenta cuando
sentí chocar los nudillos de los otros dedos contra los pliegues de mi ano y la
parte interior de mis nalgas; porque la sensación interna era más difícil de
definir, algo distinto q un poco de dolor, de incomodidad o ganas de mover el
vientre, tenía la impresión por dentro de tener el culo muy dilatado y lleno
pero a la vez ganas de recular aun más.
El desespero de mi primo frente a tanta calentura lo llevó
que manoteara su pija para infrigirle un violento movimiento de vaivén a la vez
que con un poco de sadismo retiró de dentro de mí casi todo su dedo y sin aviso
volver llevarlo nuevamente hasta el fondo al punto de hacerme dar un pequeño
respingo; repitió un par de veces la operación; literalmente ¡me estaba
rompiendo el culo! y así, desesperada, a pesar de que sentía su dedo
atravesándome hasta la garganta se lo hice saber entre jadeos, casi sin poder
hablar, precisamente con esas palabras
Él, descontrolado, comenzó gemir anunciando su inminente
eyaculación. Yo, buscado su verga con mi boca, aproveché, porque el no se
resistió, para safarme del ensarte y hasta me pareció que mi ojete emitía un
característico sonido al expulsar al violador dedo. Una vez que alcancé mi
objetivo, justo en el momento en que comenzaban a salir los primeros choritos de
esperma, chupé con todas las ganas, me relamí no queriendo desperdiciar ni una
sola gota y menos que fueran a caer sobre la colcha ni sobre la almohada de mi
cama matrimonial, porque si mi marido encontrara una sola marca de esa pegajosa
humedad sería cosa muy difícil de explicar. .
Como también tenía miedo de ensuciar la cama con mi cola , ya
que de cierta forma no sabía, porque no había tenido tiempo de investigarlo con
mi mano, exactamente en que estado estaba mi culo ya que solo lo sentía abierto,
ardiendo y mojado; entonces, para poder chupársela había permanecido hincada sin
apoyar mis nalgas , con una mano dirigiendo su verga y con la otra sosteniéndome
de su trasero.
Por otro lado, habiéndome tomado de la cabeza con sus manos y
acercándolas a mi cara, al punto de hacerme sentir, muy a propósito, el
penetrante olor que mi culo había dejado en su dedo, mi primo no paraba de
acabar; era un chijetazo, y cuando parecía que había culminado, tras brevisimos
intervalos, me lanzaba otros hasta el fondo de mi garganta. Su perversidad, que
siempre termina por calentarme mucho, al hacerme oler el perfume de mi propio
culo me incentivó para que, en contra partida, con los dedos húmedos de la mano
que hasta ese momento empuñaba su pegoteada verga, que, de igual forma,
permaneció aun atrapada en mi boca, le acariciara la raya de su pequeño y magro
trasero y , antes de que mi dedo mayor se secara de su cristalino semen,
apoyárselo en su apretado y seco ano que se contrajo en una guiñada que no
impidió una pequeña penetración.
Cuando yo aun sentía intensas sensaciones en todo mi bajo
vientre, donde por momentos se confundían físicamente las reminiscencias del
orgasmo, una sensación extraña en mis intestinos, el ardor en el culo, pero que
anímicamente aun conservaba todas mis ganas; de su verga, que no había perdido
todavía nada de su erección, continuaban saliéndole gotitas que yo tras
saborearlas tragaba; el degenerado inventó no solo darme a oler su dedo sino que
se deleitó en pasármelo repetidamente por mis labios, que rodeaban golosamente
el tronco de su verga, hasta vencer mi ya fingida resistencia y terminar por
introducirlo, junto a ella , en mi boca. Sin inhibiciones y gozando por
complacerle terminé por pasarle la lengua y chuparlo, hasta sentir claramente mi
propio gusto amargo
Es indudable que, basta calentarnos, para que con mi primo
transformemos todas las situaciones más o menos eróticas en explícitamente
pornográficas, ya que como en ese primer día en casa, en mi cuarto matrimonial,
no hicimos más guarradas por que no tuvimos tiempo, aunque ya lo hemos
comprobado que somos capaces en minutos y como quien no quiere la cosa, de
inventar y hacer un sin fin de perversidades.
Para terminar les cuento que cuando a lo lejos sentimos el
ruido de la moto, nosotros ya habíamos salidos del cuarto y acomodado la cama;
aunque por el aspecto bastante desencajado de ambos le sugerí a mi primo que
rápidamente se fuera para la pieza del fondo, llevando, de paso, unas cajas y
que permaneciera allí simulando estar desde un tiempo inspeccionándola,
mientras, a la vez, yo aprovechaba para lavarme y recomponerme un poco, entrando
en el baño justo en el momento en que llegara mi marido. De esta forma no nos
encontraría juntos, porque si así fuera, tal vez, le sería más fácil percibir
similitudes sospechosas. Por suerte, cuando mi marido entró lo hizo preguntando
por mi primo, y le contesté desde el baño que estaba en el fondo planificando.
Demoró un poco, guardando las bebidas en la heladera y a mi pedido cubriendo las
pizzas con el queso antes de volver a ponerlas en el horno. Al rato lo oí salir
en su búsqueda.
Respiré tranquila, porque la que tenía más aspecto sospechoso
era yo, y no quería, en esos momentos, tener que inventar, para disimular, una
indisposición de embarazada.
La cena transcurrió, para mis intereses, de la mejor manera;
con algunos toqueteos por debajo de la mesa y con muchas bromas, incluso algunas
groseras, sobretodo cuando tocamos el tema del dinero: las formas de pago, que
pasaría si alguno no cumplía lo pactado, etc. etc. También me mostré, delante de
mi primo, agresivamente cariñosa y hasta un poco lanzada de más con mi marido
poniéndole un poco nervioso.
Solo se me hizo muy difícil la despedida con mi primo, cuando
ya mi marido se caía de sueño. Nos arriesgamos mucho, mientras mi marido se
aprontaba para acostarse, cuando insistí en acompañar a mi primo hasta afuera y
despedirnos con un prolongado chupón y algún manoseo como esos que te das cuando
estas en lo mejor con tu enamorado, pero en casa de tus padres y tienes, si o
si, quieras o no, que, irremediablemente, despedirte.
Aunque ya era tarde, cerca de medianoche, la inconsciencia
mayor fue que, nos expusimos a que algún vecino pudiera habernos visto en tan
descarada despedida.