VIOLACIÓN (1)
PARTE I: EL ABUSO.
Maldita sea!
Por más que era consciente de que yo no era el culpable por
haberme transformado en el ser en que finalmente me habían convertido, no dejaba
de maldecir por ello.
Claro!
También soy consciente de que siempre se tiende a decir lo mismo... Que no es mi
culpa... que la culpa siempre la tiene el otro... Por supuesto, las cárceles
están llenas de gente "inocente".
Pero les puedo asegurar que en este caso específico, yo tenía
absolutamente toda la razón. O por lo menos tenía una justificación para mis
acciones. Simplemente fui la triste víctima de algo que nunca busqué.
Sé que no me creerán.
Bueno, por lo menos estoy seguro que así será, hasta tanto no
conozcan exactamente cómo sucedieron los hechos.
Todo comenzó hace dos meses, en una noche de invierno cuando
volvía hacia mi casa con las compras del supermercado, luego de haber tenido una
jornada de trabajo muy agotadora.
El viento obligaba a que me protegiera con el cuello del
abrigo ya que una suave llovizna me tenía fastidiado. Se suele decir que las
lluvias leves son las que más mojan. Será porque si el chaparrón fuera más
intenso, sencillamente tomas más precaución o directamente evitas salir a la
calle hasta que el aguacero amaine.
Es oportuno conocer cómo me gano la vida. Soy lo que se dice
un hombre para todo trabajo digno. Suelo ser el electricista del pueblo, el
fontanero y el jardinero. He colocado alguna antena de televisión, además de
haber encerado completamente el piso de parqué del gimnasio de la escuela. Pero
mi auténtica profesión es leñador. Tengo un físico bien formado ya que estoy
todo el día ejercitando mis músculos mediante el uso del hacha, haciendo leña de
los troncos del bosque en las afueras del pueblo. Poseo una camioneta bastante
vieja que utilizo para cargar y trasladar hasta los fondos de mi vivienda donde
embolso la leña cortada para surtir a todo el vecindario, y para ser honesto,
ese servicio también lo extiendo para el resto de la población, para que todos
los habitantes de esta localidad puedan alimentar sus estufas. En realidad,
nadie en todo el pueblo ha dejado de pedir alguno de mis múltiples servicios en
alguna ocasión.
Además, cuento con un gran horno en los fondos mismo de mi
rancho, que suele estar encendido las 24 horas al día durante toda la temporada
invernal, ya que además de calentar toda mi casa, sirve para quemar la basura de
casi todo el pequeño pueblo. Es que el servicio de recolección de residuos hace
un tiempo demasiado largo que no llega por estos lares, ya que estamos bastante
alejados de la ciudad; y como nunca nadie reclamó la falta de ese servicio
porque yo ofrecí mi gran horno en forma voluntaria y totalmente desinteresada
para la quema de los desperdicios, jamás se preocuparon en reintegrar la línea
de recolección por el lugar. Ahora, como ya es costumbre desde entonces, la
gente deposita sus bolsas de basura en un gran contenedor que construí yo mismo
en el frente de mi vivienda y una vez al día, vacío la capacidad de dicho lugar
dentro de mi gran horno, lo que me ayuda además para mantener el fuego
constantemente avivado.
El pueblo no es muy grande, apenas unas diez cuadras a la
redonda, pero es tranquilo y tiene todo lo que se necesita para subsistir. El
gran centro comercial está ubicado en la plaza principal, y al norte de ésta se
encuentra la escuela primaria; a su lado, la secundaria con iglesia incluida y
gimnasio, el mismo donde trabajé con su piso. En la misma esquina de los
institutos de educación, se halla una pequeña dotación de bomberos voluntarios,
con quienes también he colaborado en más de una oportunidad. Cruzando la calle,
una jefatura de policía, que en realidad está al divino pedo porque nunca se
comete ni el más leve de los crímenes en ese lugar. Bueno, rectifico... nunca se
cometía hasta ese momento. Es que todos nos conocíamos como si fuésemos una gran
familia.
Al sur de la plaza, hay un supermercado de dimensiones
medianas, que suele permanecer abierto las 24 horas al día, dando empleo a gente
que no tiene una profesión determinada. La mayoría de ellos, son jóvenes que
estudian y necesitan de esos ingresos para sus gastos cotidianos.
Esa noche específica, estaba yendo de camino a casa luego de
hacer mis compras. Iba a pie, ya que tan sólo cinco cuadras separan el
supermercado de mi domicilio, cuando me percaté que una pick up bastante nueva,
y que no me resultó conocida, me estaba siguiendo. Eso me pareció muy extraño ya
que un vehículo de esas características no pasaría desapercibido para nadie. Eso
era prueba fehaciente de que alguien nuevo había llegado al pueblo.
Pero ese no hubiera sido un problema, salvo que se deslizaba
lentamente a mis espaldas como si me estuviera espiando... talvez, hasta
siguiendo.
Por cuánto tiempo había estado ese desconocido detrás de mí,
antes de percatarme de ello? Quizás desde que salí del mismo supermercado.
Apenas le hice conocer que me había percatado de su
presencia, el vehículo se aproximó hasta detenerse enfrente de mí.
Yo también detuve mi marcha y quedé expectante.
Lentamente se abrió el vidrio automático de la ventanilla del
acompañante y pude ver a un hombre extremadamente obeso sentado tras un volante
que se incrustaba en sus carnes. Me llamó con un gesto y me acerqué aún más
hacia la ventanilla abierta para poder escuchar.
"Vives muy lejos?" preguntó.
"No!" dije simplemente, denotando desconfianza.
Es que soy bastante ermitaño y puedo parecer medio hosco con la gente que recién
conozco. Aunque los que sí me conocen, no opinan lo mismo de mí.
"Está muy frío y llueve. Sube que te llevo" dijo en tono muy
amable.
"No, gracias. Mi casa está apenas a tres cuadras de aquí" dije para librarme de
él, porque a pesar de que soy una persona bastante corpulenta, la gente extraña
me pone muy nervioso.
"Insisto!" dijo sin dejar de sonreír.
El tipo no me pareció desagradable y no quise pecar de
antipático con este recién llegado.
"Disculpe, pero no lo conozco, señor" dije para intentar
buscar una excusa para no acceder a su ofrecimiento.
"Muy bien, entonces... soy Carlos García... y acabo de llegar
esta tarde... me enviaron a este pueblo para hacer mi trabajo por un tiempo...
vine con mi esposa y aún no tenemos hijos." dijo con esa sonrisa incrustada en
su rostro. "Bueno, ahora que me conoces un poco más, no tienes excusas para
volver a negarte a aceptar mi ofrecimiento... por qué no subes de una vez, que
te estás mojando al pedo. Yo tan sólo quiero ser amable con los que serán mis
vecinos por un tiempo."
En realidad, el hombre parecía sincero. Tal vez yo me estaba
volviendo demasiado solitario, ya que había enviudado hacía tres años y no
acostumbraba asistir a reuniones fuera de las misas de los domingos, en que
apenas intercambiaba algunas palabras con algunos de los fieles que acudían a la
iglesia.
Opté por subir al vehículo, ya que él tenía razón. Me estaba
mojando hasta las bolas.
Una vez que me acomodé, giré en dirección a su rostro y casi
enseguida me arrepentí por haber aceptado que me diera un aventón.
Su rostro seguía sonriendo, pero sus ojos me inspeccionaban
como regodeándose con mi figura. Me incomodó sobremanera la forma en que me
miraba.
"Por qué me está observando de esa forma?" pregunté
sorprendido y nervioso.
"Ya te dije que soy nuevo en el pueblo y me gustaría cosechar
amigos como tú..." dejó la frase sin terminar en forma deliberada, pero su mano
derecha se apoyó sobre mi muslo.
"Qué es lo que hace?" pregunté aterrorizado, aunque ya no
quedaba ninguna duda al respecto.
Ahora que estaba más cerca del individuo, su aliento
alcoholizado casi me sofocó.
Giré para abrir la puerta y huir despavorido, pero una
potente mano tomó de mi brazo.
"Oh, no... yo no te recomiendo que huyas de mí de esa manera...." dijo y escuché
un sonido metálico que me hizo congelar.
Volví la vista lentamente para comprobar que lo que me estaba
suponiendo, era en realidad lo que tristemente acontecía:
Con su mano izquierda cargaba un revólver que me apuntaba a
la cabeza y con su diestra estaba impidiendo mis movimientos de escape.
"Qué es lo que...? pregunté incapaz de creer lo absurdo de la
situación y lo irresponsable en exceso que había sido esa noche.
"Había dos maneras de hacer esto... y creo que tú ya te has
decidido por la que más disfruto."dijo y un destello en sus ojos me hizo
avizorar lo peor.
"De qué está hablando?" pregunté temeroso.
"Cállate!" ordenó ahora en un tono más serio, me golpeó con la culata de su arma
fuertemente contra el brazo derecho como para determinar quién era el que estaba
al mando de la situación, y puso otra vez en marcha su vehículo. "Y no te
olvides que soy un experto con esto..." dijo blandiendo el revólver, "ya que es
mi arma de trabajo."
Giró en U y me percaté que comenzaba a trasladarse para el
lado contrario al que yo me dirigía, mientras con la mano izquierda me toqué el
brazo golpeado.
Dobló por la primera calle hacia la derecha y condujo a toda
velocidad hasta traspasar los límites del pueblo.
Una vez que dejamos atrás el cartel de bienvenida al lugar, y
confirmando que ningún otro vehículo estaba en las cercanías, detuvo la marcha
junto a la banquina, apagó el motor y acercó el arma, que nunca había dejado de
apuntarme con su diestra, colocándola lo más cerca que pudo de mi nuca. Metió su
mano izquierda entre sus propias piernas y la movió allí por unos segundos hasta
quedar oculta por debajo de su panza.
Noté que forcejeaba con la prenda, hasta que ésta pareció
ceder, y al instante su tremendo abdomen se levantó para permitirme observar
algo muy gordo que era conducido al exterior aprisionado fuertemente con dos de
sus dedos.
"Chúpamela!" dijo.
"Qué?" pregunté aterrado.
"Mira... no tendré ningún inconveniente en hacerle un nuevo
agujero a ese cuerpo musculoso y bien formado que tienes. Me gustas... mucho...
pero no dudaré ni un instante en lastimarte si no haces lo que te pido. Así
que... chúpamela... y no me lo hagas repetir nuevamente."
Me resistí, pero me tomó el brazo dolorido y me arrastró con
fuerza hacia sí mismo, haciéndome golpear el rostro de lleno contra su muslo.
Movió un tanto su inmensa humanidad hacia la derecha, para
dejar su entrepierna liberada del volante y dejarla más expuesta para sus
propósitos. Pude observar una cabeza rosada y erecta por fuera de su bragueta
abierta de par en par y que sostenía con la mano desocupada. El olor a orina y
semen secos era nauseabundo.
Mis ojos comenzaron a perder algunas lágrimas y una sensación
de impotencia me abrasó en forma desesperada.
"Por favor... esto es completamente desagradable... no me
obligue a hacer esto, por favor... se lo suplico."
"Ja! Cómo sabes que es desagradable si aún no la has
probado?" dijo con una risa burlona mientras me hizo sentir el frío del caño de
su arma sobre mi cabeza. "Chúpala!"
Me tomó de los cabellos y arrastró mi rostro a su
entrepierna.
"Y que no se te vaya a ocurrir mordérmela, porque me pongo
muy nervioso." avisó, presionando aún más el metal, ahora contra mi sien.
Cerré los ojos, abrí la boca y él mismo se encargó de
introducirme su gorda polla entre los labios.
"Chupa!" volvió a ordenar por tercera vez.
En ese momento, sólo veía por el rabillo de mi ojo nada más
que el caño de grueso calibre apoyado sobre mi izquierda y por encima de mi
vista.
Su trozo de carne cruda me dio náuseas y más aún cuando él
mismo levantaba su culo para introducirlo aún más dentro de mi boca.
"Ahhhh... uhhhhhhh... vamos... vamos... así... así.... sí....
sí... sí... qué bien me la mamas! Cómetela toda! Trágatela!"
Estuve a punto de vomitar en más de una oportunidad. Hice un
par de arcadas, pero él ni se inmutó y no dejó de moverse con ese vaivén de mete
y saca intermitente pero constante.
"Chupa, chupa, puto inmundo... así...así... eso... eso... qué
bien que lo haces.... hmmmm.... sigue... sigue..."
Su glande era grueso y el hedor, mezclado más aún con su
transpiración excesiva, me venía como oleadas desde sus testículos golpeándome
la nariz con una repugnancia extrema.
"Aaaarrrrgggg... no te detengas.... rózamela con la
lengua.... así... sí... sí.... chupa... chupa..."
Mis ojos estaban enrojecidos por el esfuerzo descomunal de
poder resistirme al desmayo casi obligatorio. Temía por mi seguridad... temía
por mi vida.
La mano que hasta ese momento sostenía su miembro, lo
abandonó y fue a apoyarse sobre mi cabeza, comenzando a forzarme hacia abajo en
forma brusca.
"Cómetela... la quiero lo más dentro que pueda llegar...
arrrgggghhhh... come... come... carajo... sigue un poco más... así... así... ya
estoy cerca... no te detengas..."
Intenté avisarle que iba a vomitar de un momento a otro, pero
creo que no fue necesario, ya que de pronto se dio cuenta de ello por los
sonidos que escapaban en forma descontrolada de mi garganta violada.
Quitó en forma repentina su sexo de mi boca y en ese momento
pude ver la total dimensión del grosor que tenía su tripa. Abrió la puerta de su
lado y descendió sin dejar de apuntarme.
"Baja por aquí... la puta que te parió! " me gritó mientras
agitaba la mano libre por debajo de su prominente panza, haciéndome ver por
momentos que se estaba sacudiendo el pene sin parar. "No creas que me vas a
dejar así, con toda la calentura... puto inmundo"
Ver a ese obeso bajo la suave llovizna con la bragueta
abierta y con su verga afuera, me causó un asco desmedido; eso sumado a la
sensación anterior de tenerlo dentro de mi boca y al olor que aún inundaban mis
fosas nasales, finalmente logró hacerme vomitar al costado de la ruta.
"Cerdo asqueroso... si me hubieras hecho eso sobre mí, te
hubiera descargado el revólver encima..." gritó y comenzó a golpearme en forma
desmedida con la culata de su arma. "Quítate los pantalones, puto asqueroso!"
"No, no... por favor..." dije adivinando su intención.
"Ni loco voy a hacértela chupar nuevamente. Fíjate si me
largas el vómito encima... pero ni pienso quedarme con toda la leche dentro...
Sé bueno y no me hagas enojar, porque si lo logras te juro que te haré pasarla
verdaderamente muy mal."
El ojo del caño de su arma no dejaba de mirarme fijamente,
aún cuando amenazaba con golpearme en forma continua. No sólo temía que él
disparara, sino que hasta podría escapársele un tiro, ya que su estado etílico
me hacían dudar de que en verdad pudiera tener algún control sobre ello.
Estaba perdido!
"QUÍTATELOS!!!" gritó totalmente alterado. "LA CONCHA DE TU
PUTA MADRE!!! NO ME HAGAS PERDER LA PACIENCIA!!!" y me pegó un puñetazo en la
mejilla, que me hizo caer de rostro contra la tierra al costado de la ruta.
Estaba como desaforado... lleno de ira y completamente
alterado. Pensé que por mi seguridad, no me convenía contradecirlo.
Me puse en pie y desabroché la hebilla del cinturón en forma
lenta, lo que me hizo ganar un nuevo culatazo en el cuello.
"No juegues conmigo... apresúrate que no tengo toda la noche.
Mi esposa me está esperando en casa." dijo con un esbozo de sonrisa burlona.
Apuré los movimientos, ahora desabotonando mi bragueta y los
pantalones besaron el polvo del camino.
Con la mano desocupada, tomó con fuerza de mi brazo derecho y
me zarandeó hasta que me hizo girar 180 grados. Perdí el equilibrio y caí de
bruces nuevamente contra el suelo. Me tomó fuertemente del cabello y tiró hacia
arriba, lo que me forzó a ponerme otra vez en pie en forma brusca. Casi me
arranca todo el cuero cabelludo con ese acto salvaje. Tomó a continuación mi
cabeza de manera firme y la empujó al interior del vehículo hasta hacerme
golpear el rostro contra el asiento donde unos minutos antes, él mismo había
estado apoyando su inmenso culo. El lugar aún estaba tibio.
Quedé agachado, casi en posición de cuclillas y con mi
trasero a su entera disposición.
Apoyó su arma en mi nuca. Sentí un escalofrío que me recorrió la columna
vertebral y sin darme respiro, me tomó los calzoncillos y los bajó de un tirón.
"Ni se te ocurra moverte... ni se te ocurra resistirte..."
Mis nalgas quedaron expuestas a la intemperie. Metió la mano
áspera entre mis muslos y los separó en forma violenta.
Cerré otra vez los ojos como para engañarme a mí mismo,
diciéndome que así, de esa forma, no vería mi propia violación... pero mi
interior era consciente que inevitablemente lo iba a sentir en forma
indefectible.
Sentí el caño helado de su revólver apoyado entre mis nalgas,
y lentamente lo movió hasta que el ojo del caño besó mi culo virgen.
Apretó y me resistí cerrando mi aro de carne.
"No, por favor" rogué.
"Prefieres mi trozo hirviendo?" preguntó.
Como no contesté. Volvió a repetirme la pregunta.
"Suplícame que deseas mi verga caliente o te meto el caño del
revólver cargado" dijo y dejó escapar una carcajada.
No estaba bromeando, ya que volvió a arremeter con su arma de
metal presionando fuertemente.
"Oh, Dios, me va a hacer daño de cualquier forma" pensé.
"Estoy esperando" dijo impaciente y volvió a presionar el
caño de su revolver aún más fuerte que antes.
"No, no... prefiero su pene..." dije desesperado.
"No, así no... suplícame que te la meta... ruégame que
quieres mi sucia verga bien adentro... así me lo debes pedir" ordenó mientras
insistía con el frío metal en la entrada de mis entrañas.
"Sí, sí... quiero su pija dentro mío..."
Casi en forma inmediata, escuché el sonido salido de su boca
cerrada haciendo el esfuerzo de juntar saliva, y casi al instante escupió.
"Ahhhhh! " Expresó por lo que adiviné que se estaba untando
el pene con su propia lubricación.
Nuevamente el mismo sonido: "JJJJJJJP!" y volvió a salivar.
Ahora sentí su mano mojada que me manoseaba la raja del culo y comenzaba a ir en
busca de mi orificio. Apenas lo alcanzó, no se detuvo allí. La yema de uno de
esos tremendos dedos gordos acarició descaradamente mi círculo anal y se
introdujo sin detenerse hacia dentro, tras lo cual, se sacudió en forma salvaje
para dilatármelo lo más rápido posible.
"Así... así... lo sientes? Seguro que te gusta, verdad
putito?"
Apenas quitó el dedo, algo aún más grueso se apoyó en la
entrada de mis entrañas y fue empujado bruscamente hacia en interior.
Cuando logró entrar, un dolor tremendo me hizo lanzar el peor
grito de mi vida.
Creí que me moría!
"CÁLLATE!!!"
El dolor indescriptible me recorrió todo el cuerpo desde allí
e hizo que abriera abruptamente los ojos para cerciorarme de la triste realidad.
Mi virginidad estaba siendo violada, y eso me hacía sentir
completamente avergonzado por estar en esa situación tan absurda. Me sentía
humillado...
Ese grueso falo me martirizó por un tiempo que pareció
eterno. Seguramente no deben haber pasado más de dos o tres minutos desde que
comenzó con sus feroces embestidas en busca de saciar sus bajos instintos, pero
esos escasos minutos parecieron como si hubiera estado sacando y poniendo un
hierro grueso y candente en mi orificio por largas horas.
Posiblemente me haya desgarrado, porque el dolor punzante se
acrecentaba con cada arremetida suya. Mi mente concluyó que debía intentar
aflojar mi ano para que se dilatara, en lugar de resistirme, ya que de todas
formas él no abandonaría su cometido hasta terminar, y de esa manera no sería
tan doloroso para mí.
Efectivamente, el dolor disminuyó, y cuando finalmente
eyaculó dentro mío, sentí cada gota de esperma que depositó en mi esfínter,
aunque si no hubiera sido de ese modo, sus gritos me hubieran hecho saber el
momento exacto de su vaciada. Unos gritos que se perdieron en la solitaria
noche.
Salió de mi culo, me tomó del brazo sacándome de dentro del
vehículo en forma abrupta y me tiró al costado de la ruta como si fuera el
envase de un producto que él acababa de usar. Caí con el rostro sobre la tierra
y sentí su carcajada.
"Mírame!" me ordenó con su voz potente.
Con gran esfuerzo giré el rostro en dirección a mi violador y
apenas pude ver un chorro de líquido amarillo que venía hacia mí dándome de
lleno en la mejilla derecha. La orina caliente me salpicó ambos ojos y el ardor
me impidió ver con claridad. Mis fosas nasales se inundaron de su fuerte olor y
mis labios se humedecieron con su lluvia dorada.
Volví a vomitar.
Cuando finalizó su meada, soltó otra carcajada más, mientras
escuché sus pasos que se aproximaban en mi dirección.
"Vuelve a mirarme!" ordenó.
Intenté hacerlo, pero me ardían los ojos. Sólo divisé que
levantaba su pierna derecha y no pude precisar el momento exacto en que su
puntapié me dio de lleno en la mandíbula.
Caí semi inconsciente y unos segundos después, escuché el
sonido de la puerta de su vehículo que se cerraba; encendió el motor y lo puso
en movimiento, y girando nuevamente en U en el camino desierto, se alejó a toda
velocidad, perdiéndose inevitablemente en la oscuridad de la ruta.
Con todo el cuerpo dolorido, pero sintiendo aún más el dolor
interno por haber sido vejado, meado y golpeado de esa forma tan cruel, me quedé
con mis lamentos por espacio de casi dos horas.
Era inútil!
Nadie vendría en mi ayuda, por lo tanto, lo único que me
quedaba era intentar ponerme en pie y comenzar el regreso a casa.
No sé en qué momento había perdido las bolsas que había
adquirido en el supermercado, pero eso ya me tenía sin cuidado.
Con todo el cuerpo dolorido, maltratado y aún con el culo
abierto, mientras despedía lentamente hacia fuera el líquido que el gordo había
depositado allí, pensé que toda esa pesadilla ya había finalmente quedado atrás.
Craso error!
En ese momento no tuve forma de saber que en realidad la
pesadilla recién comenzaba para mí.
Tembloroso e inundado en mi propio miedo y vergüenza, llegué
a mi casa después de una travesía que pareció eterna.
Tomé una ducha reparadora, atendí mis heridas y dispuesto a
ir a hacer la denuncia, salí rumbo al destacamento policial. Apenas llegué,
pregunté por el comisario y me informaron que lo habían trasladado a la ciudad,
pero que si quería hablar con el nuevo que ocupaba su puesto, podría volver a la
mañana si es que lo mío no era muy urgente. De todas formas, todos los que me
conocían, luego de ver el estado en que me encontraba, me preguntaron qué era lo
que me había sucedido.
Decidí volver para mi casa, para no tener que estar contando
a todo el mundo la experiencia que me había tenido como víctima. Es que no todos
los días le rompen el culo a uno, y cuanto menos gente en el pueblo lo supiera,
tanto mejor. Tenía una reputación que proteger... Por eso mismo, decidí que
sería mejor volver al día siguiente para hacer la denuncia correspondiente al
mismo comisario, y lograr que fuera la menor cantidad de gente posible la que se
enterara acerca de lo que me había ocurrido.
Estaba seguro que el culpable de semejante acto aberrante sería identificado y
ubicado en forma muy fácil, ya que el gordo era nuevo en el pueblo y además, su
vehículo no era muy común por estos lares, por lo que me quedé doblemente
tranquilo ya que tarde o temprano el hijo de mil putas obtendría su merecido por
lo que me había hecho.
Volví a casa y con mucho esfuerzo vacié el contenedor con la
basura acumulada, la eché al gran horno gigante lo que acrecentó el calor dentro
de mi vivienda y finalmente pude dormir en forma por demás confortable.
Desperté en forma abrupta en más de una oportunidad durante
toda la noche, con dolores muy punzantes en mi trasero. Me tuve que lubricar el
agujero con una crema para poder suavizar el incesante y muy molesto latido
anal.
Al otro día muy temprano, desayuné apenas un café negro y sin perder más tiempo
salí en dirección a la comisaría para hacer mi denuncia.
Cuando estuve a media cuadra del lugar, una sonrisa se dibujó en mi rostro. La
pick up del violador estaba estacionada en la entrada del destacamento policial.
"Te han pescado, hijo de puta... ahora verás..." dije con un impulso que no pude
contener.
Entré y saludé a algunos agentes conocidos y casi al
instante, un guardia se acercó a mí, diciéndome que el comisario me estaba
esperando.
"Pero, cómo..." comencé a decir, pero me interrumpí cuando
alcé la mirada.
Varias cámaras de circuito cerrado de televisión captaban
todo lo que ocurría en el lugar. Es muy posible que alguien ya le hubiera
adelantado antes, acerca de que iba a venir a hablar con él en este día y
seguramente él mismo desde su despacho ya me había visto llegar.
El guardia me condujo a la oficina del nuevo comisario,
aunque no hubiera habido necesidad de hacerlo, ya que conocía perfectamente el
camino.
Cuando entré, se me heló la sangre.
"Cuál es el motivo de su visita, buen hombre? Me comentaron
que me estaba buscando para tener una entrevista conmigo..." dijo con la misma
sonrisa que ya le conocía de la noche anterior, el obeso comisario.
No pude abrir los labios.
El gordo despidió al guardia que me acompañaba, y quedamos a
solas.
"Tengo entendido que viene a hacer una denuncia...", dijo
sacando un formulario de uno de los cajones de su escritorio. "Dígame usted."
"Pero... usted es un criminal." le espeté con la voz débil
por el temor.
El obeso se levantó de improviso de su asiento y fue
velozmente con su tremenda mano a tomarme del pescuezo.
"Escúchame bien... hijo de puta... ", dijo en voz baja."Tú no vas a hacer
ninguna denuncia, comprendes? Si lo haces, sólo lograrás perjudicar aún más las
cosas para ti. Ten en cuenta que soy el comisario y nadie te creerá a ti sino a
mí. Me gustó mucho lo que hicimos anoche, y ten por seguro que lo volveremos a
hacer toda vez que me venga en gana, has entendido? Así, de esa forma, me
conducía en el ciudad de donde vengo. Tengo amigos que me hacen favores sexuales
a cambio de protección y no acepto un ‘no’ como respuesta. Si no te gusta mi
pija en tu culo, entonces me lo dices y probaremos con mi pistola cargada dentro
de él; si tan sólo intentas negarte a satisfacerme o si me rechazas, seré tu
peor pesadilla... y por supuesto que desearás no haber nacido."
Mi terror iba en aumento y más aún cuando extrajo el arma y
comenzó a acariciarme el rostro con ella. En ese mismo momento, me di real
cuenta de lo grave de mi situación.
Levantó su panza y apoyó su erección sobre el dorso de mi
mano.
"Mira cómo me pones con tan sólo tu presencia..." dijo e
intentó besarme en los labios, que por supuesto rechacé moviendo la cabeza hacia
atrás. "No te hagas el difícil... tarde o temprano te acostumbrarás, y cuando lo
hagas, estoy seguro que lo disfrutarás tanto como yo. Ten en cuenta que pude
haber elegido a cualquier otra persona de este mugroso pueblo, pero sin embargo
te he escogido a ti. Deberías estar orgulloso y contento por eso."
No podía creer lo que escuchaban mis oídos.
"Dime cómo te llamas, putito!" dijo en tono muy serio
mientras volvía a su puesto detrás del escritorio.
Le di mi nombre y solicitó también mi dirección y número de
teléfono, que anotó cuidadosamente.
"Pondremos aquí en tu denuncia, que unos muchachos que no has
podido identificar, te han golpeado para robarte... No te preocupes que jamás te
señalarán con el dedo por haber perdido tu virginidad. Nadie se tiene que
enterar nunca que te han roto el culo... eso será únicamente un secreto entre
nosotros dos..."
Tuve un impulso de abalanzarme sobre él y estrellarle contra
su cráneo, la lámpara que se hallaba sobre su escritorio.
"Nunca te olvides de que sé manejar esta arma, ya que es
parte de mi trabajo." dijo levantándola y riendo sin parar, tras haber adivinado
mi intención, luego de dirigir su mirada hacia la misma lámpara que yo estaba
mirando.
"Dios mío!" Pensé. "Estoy perdido completamente... y lo que
es peor, estoy siendo víctima del crimen perfecto."
CONCLUIRÁ.
Si te gustó este relato, no dejes de leer alguno de los 80 anteriores del
mismo autor, por ejemplo: "Tu Primera Guerra":
http://www.todorelatos.com/relato/34402/