Bárbara. Primera parte.
Una fuerte depresión, una sugerente amiga y un nuevo trabajo
y emociones resultan en el descubrimiento de la verdadera hembra que había en mi
mujer.
Como llegué a escribir mi historia, no lo sé. Lo único que sé
es que mi vida se ha transformado en mis percepciones de lo que era y es
actualmente mi vida, pero lo que más ha cambiado en estos meses es Bárbara, mi
esposa.
Primero les cuento que somos un matrimonio de Viña del Mar,
Chile. Llevamos ya cierto tiempo con los anillos (más de 3 años), además de
haber vivido un noviazgo de más de un año. Es por eso que me extraña hoy la
situación que hoy vivimos, pero hay cosas que supongo producen cambios en las
personas, incluso en las que más creemos conocer.
Mi nombre es Gabriel y soy un tipo que me mantengo activo, de
1,77 mts. de altura y con un buen tipo según oque me dicen mi esposa y varias
amigas nuestras. Soy abogado y asesoro a dos empresas de mi ciudad. Esto ha
permitido que mi situación sea relativamente buena y tranquila, a pesar a cierto
ritmo estresante de trabajo.
Pero es mi esposa la que se llevó en verdad los dones en
cuanto a belleza, pues, Bárbara tiene un muy bonito cuerpo y un bonito rostro de
niña que mata cuando se pone coqueta y caliente. Ella es alegre y le gusta mucho
el gimnasio, salir y divertirse, mide 1,73 de altura, de cabello negro y liso,
un par de senos de excelente tamaño y una colita parada que armoniosamente se
une a esas piernas que me matan. Esto junto a la ropa que actualmente usa
–faldas cortitas, poleras de todo tipo sexy, zapatos de aguja y lencería de
encaje- hace que hoy se den vuelta más rostros a su paso y reciba muchos más
piropos.

Todo comenzó después de un mal periodo para Bárbara y nuestro
matrimonio ya que habíamos perdido a nuestro primer hijo a los dos y medio meses
de embarazo, lo cual había provocado un leve, pero notorio cuadro de depresión
que se mantuvo por semanas hasta que le sugerí que hiciera algo que le
mantuviera la mente ocupada. Si hubiera sabido a lo que conduciría mi consejo
quizás me hubiera preocupado tal vez de acompañarla y ayudarla, en lugar de
esperar que el problema desapareciera sólo con el tiempo.
Fue así que decidimos que debía buscar un trabajo. Sin
embargo, la cosa al principio no fue nada fácil, ya que mi esposa a pesar de
haber estudiado pedagogía en una Universidad de la capital no pudo encontrar
debido a la poca oferta y los pocos contactos que teníamos en esta ciudad, ya
que somos ambos del centro sur de nuestro país.
Fue así que ambos nos desanimamos y mi esposa estuvo a punto
de caer nuevamente en una depresión más grande. Sin embargo, aquí entran al
juego dos vecinas del edificio en que vivimos: Susana y Mónica. Estas son dos
amigas son de Santiago y se cambiaron al edificio hace unos 6 meses atrás. La
verdad es que yo me había fijado en ellas, pues son mujeres altas y muy buenas.
Susana es morena de alrededor de 1.65 y aunque no tiene mucho seno, si tiene un
trasero espectacular, además de una mirada que a veces despierta las más bajas
pasiones. Mónica en cambio es una mujer de bandera, de cabellos castaños claros
y ojos azules, con unas medidas perfectas y un derroche de sensualidad.
Bueno, fue en esos días que mi esposa se encontró con ellas,
no sabría decir cual. Pero la cosa es que la invitaron a su departamento y le
subieron bastante el ánimo. Además le ofrecieron ayuda para encontrar un empleo
temporal modelando en algunos eventos en discos de la zona, ya que decían que mi
mujer era guapa y seguramente causaría estragos en los eventos.
Fue así que pasó una semana o dos en que mi esposa se animó.
Esto gracias a la compañía de nuestras estupendas vecinas ya que dedicaba su
tiempo a hacer los contactos y los ensayos para sus futuros trabajos. Además
Bárbara volvió a ser cariñosa en la cama y pudimos retomar algo de nuestra
decaída vida sexual.
Su primer show fue un viernes y aunque ella tenía un par de
pasadas y yo trabajaba al otro día la acompañé al evento. Lo recuerdo muy bien,
era en una disco de clase medio alta y estaba repleta de gente, alrededor de la
pasarela había más hombres que mujeres y todos expectantes al sensual
espectáculo de ropa interior. Yo preparé mi cámara que había llevado y me
dispuse para tomar las fotos de mi mujer y también de Mónica que iba a desfilar
aquella noche.
Salió una y luego otra modelo, yo estaba muy ansioso y algo
caliente en realidad, pues, Bárbara me dijo que modelaría algo que me
fascinaría. Sin embargo, fue Mónica quien salió primera y verla con aquel
conjunto de sostén y tanga de hilo dental rojo me mató, y quedé perplejo ante la
belleza de mi vecina.
Algo distraído por la visión del culito y las curvas de mi
vecina que se alejaban me percate que apareció mi Bárbara con una pollerita roja
cortita que le tapaba poco de sus hermosos glúteos y que mostraban claramente la
pequeñísima tanguita negra que llevaba puesta, además tenía el brazo derecho
sobre sus pechos desnudos, lo cual demostraba una seguridad y sensualidad que
nunca antes había visto, estaba hecha una fiera.
La segunda pasada fue aún mejor, pues, Bárbara y Mónica
venían caminando abrazadas y muy sensualmente, rozándose en su abrazo las
espaldas muy sugerentemente a medida avanzaban por la pasarela. La primera
vestía un conjunto de sostén de media copa negro y semi-transparente con lo cual
se podía vislumbrar su rosados y largo pezón. Además de una tanguita en negro
que algo se transparentaba por delante y que por detrás no cubría nada. En
tanto, Mónica venía con ropa interior igual de sensual, pero en blanco y sonreía
a mi esposa y al público con naturalidad.
La verdad yo grité y silbé mucho, tanto como muchos otros
hombres que se habían excitado ante la belleza de las modelos. Luego de eso
esperé a que terminaran las pasadas. Mónica hizo dos pasadas más, seguramente
por llevar más tiempo haciendo ese tipo de eventos, y la verdad no decayó ni
siquiera cuando tuvo que vestir un baby doll que le cubría mucho más que las
anteriores piezas.
Cuando se hubo calmado el ambiente busqué a mi esposa para
felicitarla, al final la encontré con Mónica conversando con un par de tipos de
trajes negros y camisas caras bastante bien parecidos. Parecía bastante animada
y se había puesto una minifalda de jeans y una camiseta verde esmeralda bastante
ajustada, este atuendo combinado con unas sandalias de taco alto con lentejuelas
bastante sensuales la mostraban como un apetitoso plato. Mónica en tanto vestía
zapatos de fino tacón de aguja negros y un pantalón ajustado también negro, que
marcaba su hermoso trasero, y una blusa roja de seda que se ajustaba
especialmente a la forma de sus senos y luego caía, dejando un escote que
mostraba parte de sus dorados senos.
La llamé y Bárbara me dijo que esperara, lo cual me molestó
un poco. Sin embargo, pronto estuvo conmigo y me contesto que aquellos era los
productores del evento y que les había gustado su actuación. La felicité y
decidimos celebrar.
Noté que mi mujer estaba bastante animada y parecía algo
torpe, a pesar de que ambos disfrutábamos de su éxito en las pasarelas me
atrevía a preguntar si había bebido y me respondió incomoda que sólo una copa de
champaña que le había ofrecido Mónica antes del Show.
Luego de pedir un trago nos fuimos a bailar, Mónica se nos
unía por instantes y luego se iba. Así pasó una hora más o menos, era ya
bastante tarde y tenía que trabajar al otro día. Sin embargo, Bárbara parecía
con muchas ganas d bailar aún. Le dije que aún se podía quedar un rato bailando
con Mónica si así lo deseaba y volverse juntas a casa. Ella aceptó agradecida y
se despidió con un gran morreo y unos roces bastante sugerentes y que me
excitaron. Caminé a la salida con mucho pesar mientras veía a mi esposa seguir
bailando muy sensualmente ahora junto a su amiga.
Camine pensativo hasta el auto, con la visión de mi esposa y
porque no decirlo, con nuestra vecina en mi mente. Abrí la puerta y prendí el
auto, pero me arrepentí. Quería disfrutar de mi esposa, del baile sensual y las
curvas de aquellas dos voluptuosas mujeres. Volví apresuradamente, pero en la
entraba había una cola de los mil demonios, al parecer estuve unos 20 minutos
esperando para entrar. Al final logré entrar y busqué a mi esposa y Mónica por
el lugar en que las dejé, pero no estaban.
Al final, las vi dirigiéndose al baño de mujeres, Monica
llevaba a mi mujer alg reticente de la mano. Bueno me dije, tendría que esperar
nuevamente. Pasaron unos cinco minutos y las observé caminar de vuelta. Me iba a
acercar a ellas, estaba a unos diez metros, pero me detuve ya que empezaron a
bailar entre ellas muy sensualmente.
Parecían dos hermosas y voluptuosas odaliscas dispuestas a
otorgar un show a los que estaban a su alrededor. Note que Mónica guiaba a mi
esposa, y le susurraba algo a mi esposa y ésta respondía mirando a uno u otro
lado de manera sugerente. Mire que miraba y al parecer nuestra vecina le
indicaba algún tipo que les miraba ya sea directa o disimuladamente.
Así siguieron y no me atreví a mover, ya que me gustaba el
espectáculo. Mónica empezó a pasar sus dedos sensualmente por su cadera y luego
su cabello y el escote, seguía susurrando de vez en cuando a Bárbara y esta
comenzó a imitar sus lujuriosos movimientos.
La verdad estaba algo sorprendido de la actitud de mi esposa,
pero también estaba muy caliente ante este arranque de erotismo de la mujer que
amaba y aquella belleza que era nuestra vecina. Así que seguí mirando, mientras
también observaba como varios hombres estaban más atentos al par de bellezas.
De pronto un par de tipos se acercaron con un par de copas en
la mano y se las ofrecieron a las dos sensuales bailarinas. Mi mujer no los tomó
en cuenta y se mantuvo indiferente, pero Mónica empezó a jugar con uno,
sonriéndole y mostrándose ante el muy sensual. Luego aceptó el trago y se abrazó
con unos de los tipos, el cual vestía camisa negra y era alto y de cabello
negro.
Pasó un minuto y ante la indiferencia de Bárbara fue Mónica
quien reaccionó, tomó el trago del otro hombre y se lo ofreció a mi esposa.
Cuando Bárbara cogió el vaso que se le ofrecía Mónica se bebió el suya de un
sorbo e invitó a mi esposa a hacer lo mismo. Me sorprendí cuando mi esposa
seguía como una esclava las órdenes de nuestra vecina, pero más me impacto que
Bárbara empezara a bailar placenteramente con el otro tipo, que vestía una gorra
negra y camiseta blanca.
Aún no entiendo porque me quedé parado, viendo como un tipo
desconocido seducía a mi esposa. Pero muy a mi pesar sentía no sólo celos o
rabia, sino también una excitación enorme. Y este instinto era mucho mayor.
Incluso me di el tiempo para sacar un par de fotografías.
Note al pasar los minutos que mi mujer parecía dejar atrás su
indiferencia mientras miraba a su compañera moverse sensualmente ante el tipo de
la camisa negra, mientras el tipo de la gorra aprovechaba la pasividad de
Bárbara acercándose más y más a mi esposa. Al final se miraron a los ojos
mientras los pechos de m mujer entraban en contacto con el torso de aquel
hombre.
Unos segundos después el tipo respondió acercando su rostro
al de mi mujer que lo miraba seria, pero sugestivamente y en ese instante se
dieron un enorme morreo, sus lenguas se untaban en un beso más que libidinoso
mientras que las manos del tipo empezaban a recorrer las caderas y la espalda de
mi esposa.

Nada me cuadraba. Bárbara nunca se había comportado así
conmigo, ni siquiera se había comportado así en nuestra intimidad habitualmente,
excepto un par de veses estando algo borracha. Sin embargo, ahora estaba
besándose sin limitaciones con un desconocido en un lugar en que podríamos
encontrar a uno de nuestros amigos o conocidos.
El tipo le empezó a agarrar su trasero, primero rozándolo
suavemente, pero pronto empezó a tocarla torpemente, agarrando con brusquedad.
Lo que pareció excita a mi mujer, ya que se pegaba a él más y más. De pronto me
di cuenta que estaba ya muy excitado también, y empecé a fotografiar a mi mujer
y su amante, utilizando el zoom de la cámara digital. Incluso los filmé unos
segundos… estaba loco.
No sé en que momento, pero mis ojos se encontraron con los de
Mónica que me miraba divertida. Esto me molestó, aunque a la vez avivo mi
calentura, ya que aquella mujer tenía un algo que no entendía, pero que me
gustaba en el fondo.
Cuado volví a mirar a mi esposa, el tipo le metía mano debajo
de la faldita acariciándole su entrepierna y su delicioso trasero, ahora la
vista de muchos. De pronto vi que la mano de mi mujer bajaba y mirándolo a los
ojos le empezaba a tocar delicada y decididamente su bulto.
Así estuvieron un rato, a veces mi esposa le daba su espalda
y apoyaba su culo en la pelvis de su macho, moviéndolo de arriba abajo o en
círculos. Mientras tanto el tipo la besaba mientras la mantenía abrazada y le
acariciaba sin pudor sus hermosas tetas, incluso bajó su top para mostrarle un
seno por unos segundos a su compañero.
Mi mujer apenas reaccionó, parecía como despreocupada,
desinhibida totalmente. Como si sólo deseara pasar un rato de placer sin
restricciones. De pronto, mi mujer se dio vuelta y le susurro algo al oído
mientras le acariciaba firmemente el bulto de su amante. Segundos después éste
le contestó algo y ella se lo llevó de la mano hacia la salida del local.
Yo los seguí, estaba alucinado. Sentía que algo oscuro había
despertado en mi persona, una lujuria que no conocía. Ellos seguían adelante y
de vez en cuando se detenían a morrearse y tocarse como desesperados.
Al final salieron y se dirigieron al estacionamiento cercano.
Ahí el tipo tenía un coche blanco bastante feo, pero que cumpliría con su misión
esa noche, pues, ambos entraron al asiento de atrás entre morreos y caricias
cachondas.
Me acerqué lentamente, podía sentir poco a poco los quejidos
de mi mujer y un movimiento difuso en el auto. Cuando llegué bastante ceca de la
ventana arriesgándome a ser descubierto descubrí que ellos estaban demasiado
ocupados besándose y descargando su excitación en toques torpes, pero
terriblemente eróticos en el momento. El tipo manejaba a mi esposa y la dejó de
espaldas con su colita levantada, así le empezó a acariciar sus labios a través
de la diminuta tanga negra transparente que le había visto en el desfile y que
al parecer había conservado.
En tanto yo comencé a acariciar mi miembro sobre el pantalón.
No sabía que hacer, si interrumpir… sin embargo, lo único que me guiaba en ese
segundo era una sensación de intenso placer y deseos de ver como terminaba todo
eso.
Luego de unos minutos de esas caricias, el tipo le retiro la
tanga rápidamente y empezó a besar su entrepierna. Enseguida comenzó a pasar su
lengua y chuparle ansiosamente, no podía ver bien, pero mi mujer parecía más y
ma´s cachonda por los gritos y frases que decía: "siiiii!!!... que rico….
Máss!!!...quiero más!!! Necesito que me folles!!!!! Fóllame!! Culeame entera…."
Y otras expresiones similares.
El tipo le respondía mientras se desabrochaba el pantalón y
se sacaba la verga: " claro que te voy a follar putita… y te voy a dejar bien
follada, por todos tus lados!!!... dime que quieres guarra… dímelo!!!!".
La respuesta de mi mujer me sorprendió, pues, se dio la
vuelta y le agarró el pene y sin preámbulos se lo metió a la boca. Luego dejó un
instante la mamada y cachonda dijo: "Si me vas a follar por todos los lados,
empieza por aquí". Y se tragó el miembro de aquel tipejo.
Yo no salía de mi asombro y en especial cuando momentos
después el tipo la tomaba con cierta violencia y la acomodaba boca arriba para
ensartar su pene en aquella gruta que sólo había sido mía.
Comenzaron un rítmico y frenético movimiento, entre gemidos,
gritos y palabras que excitaban a todos: "Así… que rico… más duro… mas, más ,
más!!!" decía mi esposa. Mientras el tipo le respondía: "toma… aquí tienes verga
puta… eres mía… y te voy a follar todo cuanto quiera"… a lo que mi mujer
respondía: "siiii!!!!... soy tuya,… pero dame más… quiero mas!!!!... dámela
toda… FOLLAME MÁS FUERTE!!!!!! MAAASSS!!!!!!!".
Al final tuvieron un orgasmo enorme y ambos gritaron,
terminando quietos en el asiento del auto mientras se morreaban detenidamente…
Así comenzaba parte de una noche que cambiaría el resto de
nuestras vidas…