JAPI BIRD

Encendí el celular y tenía un mensaje de texto que decía:
"por favor llamame ni bien leas este correo, firma: Lucía".
Trate de recordar quién era Lucía, no estaba en mi lista de
contactos y tampoco la reconocía.
Al rato suena el teléfono de nuevo:
- Hola
Hola, ¿Paula?
Si, ¿quién habla?
Lucía.
¿Qué Lucía?
La chica que conociste el otro día en la fiesta de Jorge,
¿te acordás?
Ah sí, es que la verdad esa noche había bebido algunas
copas de más y no recuerdo mucho lo que sucedió.
Mira te llamó por lo que hablamos, me gustaría
conversarlo personalmente.
Bueno, no recuerdo, qué hablamos, pero venite y
charlamos.
A la hora llega Lucía, una rubia muy bonita, alta,
delgada,…la verdad que no la recordaba para nada. Mucho no había bebido, unas
tres o cuatro copas de vino blanco, pero seguro que algún "aditivo" le habían
puesto, pues me pegó mal.
Mientras bebíamos un whiscola, comenzó a refrescarme la
memoria sobre la charla que habíamos mantenido.
En la fiesta de este amigo Jorge, ella me contó que tenía un
novio que estaba medio bajoneado por asuntos familiares que le preocupaban mucho
y ya que se acercaba la fiesta de su cumpleaños quería levantarle el ánimo y
darle una sorpresa.
Cumplirle una de sus tantas fantasías eróticas, y dado mi
alto grado de alcoholización, parecería que yo muy "fiestera" y solidaria, me
ofrecí a ayudarla.
El tema es que fresca como estaba en ese momento, la fantasía
me pareció totalmente descabellada, y le dije que me disculpara, pero aquella
noche no estaba totalmente en mis cabales, y por eso había dicho que si, pero
que me era imposible ayudarla.
La chica se puso a llorar, ya que no tenía ninguna amiga a
quien pedirle un favor así, y tampoco conocía a nadie a quién acudir. Además su
relación con el novio estaba medio en la cuerda floja y ella pensaba que ese
regalo la ayudaría a afianzar más la relación y que todo volviera a ser, como al
principio….mucha lujuria, amor, desenfreno.
Le dije que lo pensaría y que la volvería a llamar.
Luego que se fue…me puse a pensar en ella, en todo lo que me
había contado y la verdad que tampoco era un sacrificio muy grande el que debía
hacer y siendo sincera, la idea también me copaba y mucho.
Dejé pasar unos días y la llamé. Nos reunimos y le dije que
sí que la ayudaría. Ella ya tenía todo planeado de cómo sería la sorpresa y me
contó los detalles de la misma y me pareció que su novio se iba a llevar una
gran alegría ese día.
La fecha del cumpleaños llegó y por tanto…la gran noche.
Llegué a la hora acordada, al lugar indicado. Para la ocasión
me puse una pollera de jean corta, con una blusa de gasa estampada transparente,
la cual mostraba mi sostén, tacos altos, una mini y tanga cola less. Maquillada
discretamente y bien perfumada.
Lucía me abrió la puerta…estaba espléndida, maquillada y
vestida con elegancia era aún mas bonita que con su ropa casual con la cual la
había visto las veces anteriores.
Pasamos al living de la casa…era un salón grande, con
sillones de cuero color habano…una mesa ratona de madera, plantas, velas
encendidas por doquier y la música al mango.
Ese ambiente a media luz, era ideal para la ocasión. Sentado
en el sillón estaba el homenajeado. Tenía los ojos vendados y las manos atadas
por detrás. Seguramente no se imaginaba lo que le esperaba.
Yo me quede en silencio, esperando las instrucciones de
Lucía.
Llegó la cena mi amor – le dijo ella.
El asintió con la cabeza y le dijo, estoy ansioso para saber
que platos ordenaste.
Estoy segura que ni por un momento se le ocurrió pensar que
el banquete sería yo.
Me saque la ropa lentamente y me acosté sobre la mesa ratona.
Ya desnuda, Lucía comenzó a colocar sobre mi cuerpo los bocaditos de sushi que
había encargado, ya que era la comida preferida de su novio. Le dijo que se
arrodillara en el piso y que inclinara el cuerpo sobre la mesa pues allí estaba
la comida servida. El le preguntó porque no se la daba en la boca, ya que tenía
las manos atadas y los ojos vendados y ella le respondió que desde el "plato",
sabían mejor.
Fue guiando su boca hasta mi vientre y el tomo el primer
bocado. Su cara fue de gran sorpresa al darse cuenta que no era precisamente un
plato donde estaba la comida...saco la lengua y comenzó a testear la "bandeja".
Mmm…que rico, no se con qué quedarme si con el sushi o la
vajilla, dijo el agasajado.
Lucía había colocado los trozos de pescado sobre mis tetas,
mi abdomen, mi monte de Venus.
El cumpleañero devoró la comida con gran avidez, dándome
pequeños mordiscos, el sake se lo di directamente desde mi boca a la suya. Fue
besando mi cuerpo centímetro a centímetro, buscando saciar su hambre, pero no de
comida, si no de sexo. Y así lentamente comenzó el festín.
El pedía por favor que le quitáramos la venda y desatáramos
sus manos, pero Lucía se negaba, y le decía si te portas bien…para la torta te
desatamos.
Despacio lo fuimos desnudando…una le quitaba la camisa, la
otra los pantalones y así desnudito, comenzamos a besarlo por todos lados.
Su pija se paró al toque, no era algo descomunal, pero se
defendía, entre las dos se la chupamos, cuando veíamos que estaba por correrse,
parábamos. Eso lo excitaba aún más y a nosotras también. Le enseñé a Lucía una
técnica tántrica, cuando viera que estaba por acabar, presionara un punto entre
su ano y las bolas unos segundos y eso retraía la eyaculación.
A ella le encantó la idea, de calentarlo cada vez más y no
dejarlo terminar, lo cual lo volvía cada vez más loco.
Mientras le mamábamos la verga, rozábamos nuestras lenguas y
él se había dado cuenta…gritaba, ¡por favor déjenme ver!, nosotras nos reíamos y
ella le decía que no, que tenia que ser un niñito bueno y obediente.
Seguimos besándolo y calentándolo un buen rato y nosotras
también, porque de carne somos y el chico estaba muy apetitoso.
Su piel se erizaba cada vez que le pasaba mi lengua por sus
huevos, o a lo largo de su verga y en el medio del camino me encontraba con la
de Lucía jugueteando con su cabeza rosada, que parecía que iba a explotar en
leche en cualquier momento.
Nunca antes había tenido una experiencia lésbica, pero no se
si era la situación, los tragos de sake que había bebido o qué, pero me estaba
poniendo sumamente cachonda. Los pechos de Lu, habían rozado mi espalda sin
querer, o queriendo, no lo sé, pero en ese escenario casi tengo un orgasmo sin
tocarme.
Al sentarse sobre la verga del novio, y tener todo su culo
mirándome, estuve tentada de acariciarlo, pero me contuve…me gustaba ver como
subía y bajaba de esa tranca sumamente enhiesta y mojada, parecía que estaba
jugando al palo enjabonado.
Su concha estaba muy mojada, era rosada y tenía un clítoris
hermoso…su vello púbico claro le daba un aire angelical.
Ese cuadro que se pintaba delante de mí me tenía totalmente
caliente…me senté sobre la mesa y empecé a masturbarme. Lu me mira y me
dice…vení cogelo vos ahora.
Esa verga invitaba a saborearla y me la metí en mi boca hasta
llegar a mi garganta, tenia el sabor de los jugos de Lucía, lo cual la hacía más
deliciosa aún. Mi ávida raja se devoró esos 17 cms. de placer. Al iniciar el
sube y baja…tuve que respirar hondo para no acabarme enseguida…de pronto siento
la lengua de Lu, chupando los huevos de su novio y al descuido pasar su lengua
en mi culo. Me estremecí al punto que sin darme cuenta un orgasmo maravilloso
sacudía mi cuerpo, al tiempo que el chico explotaba llenado el condón de leche.
Lu se lo quitó y se tragó el líquido como si fuese un licor para luego
compartirlo con él en un largo beso.
Exhaustos quedamos tirados sobre la alfombra. Encendimos un
cigarrillo de marihuana y lo fumamos lentamente. El seguía con los ojos vendados
y sus manos atadas.
En silencio, seguimos bebiendo sake y degustando la hierba
que pronto iba a desinhibirnos aún más.
Lu le quita la venda a su novio, y le dice…bueno ahora puedes
mirar la segunda parte de tu regalo.
Se me acerca y me da un beso…eso en nuestros planes no estaba
contemplado, pero la maruja ya había hecho efecto y poco me importaba el que
dirán, los prejuicios quedaron junto a mis ropas una vez que me los quite y
decidí disfrutar de esa velada al máximo.
Nunca antes había besado a una mujer. Su boca sabía a hierba
dulce, mezclado con el alcohol del sake, un gusto que me embriagó ni bien lo
probé.
Los ojos desorbitados del homenajeado no dejaban de mirarnos,
su pija se puso dura ni bien nos vio entremezclar nuestras lenguas mientras que
nuestras manos deambulaban por nuestros cuerpos explorándolo.
Siempre me habían dicho que las mujeres sabemos que puntos
tocar para excitarnos más, la delicadeza de sus manos acariciaban mi piel y mis
dedos la suya.
Fue tal el placer que comenzamos a darnos mutuamente que nos
olvidamos del agasajado, para entregarnos totalmente la una a la otra.
Sin mediar palabras estábamos gozándonos en un perfecto 69.
Su sexo era como miel pura, y su lengua jugaba en mis agujeros otorgándome un
éxtasis jamás antes experimentado.
Podía sentir la contracción de su concha en mi boca, cada vez
que me metía dentro de ella.
Cada orgasmo se unía a otro y a otro, convirtiéndose en un
deleite inimaginable.
Desde el sillón nos miraba el cumpleañero, extasiado por lo
que acababa de ver y como niño chico pidiendo por favor que lo invitaran a
jugar.
La hora de liberarlo había llegado, le desaté las manos y lo
invite a unirse a nosotras. Lu trajo un frasco de chantilly el cual vaciamos
sobre su cuerpo, principalmente en su verga.
El sabor dulce se mezclaba con el salado del semen que
chorreaba por sus piernas. Limpiamos su piel dejándolo otra vez al palo. Éramos
tres insaciables. Cogimos sin parar hasta terminar extenuados cuando ya el sol
asomaba en la ventana.
Me vestí deprisa dejándole una nota sobre la mesa…
¡FELIZ CUMPLEAÑOS MARTIN!
