MI MUJER Y MI HIJO SE LO MONTAN.
De como mi esposa termina acostándose con nuestro hijo,
poniéndome a mi la situación a tope.
¡BUENAS, estimados lectores de TODO RELATOS!.
Lo que voy a pasar a relatar es bastante fuerte, incluso para
el clasificado de amor filial. Por consiguiente, vayan por delante mis disculpas
para posibles lectores que puedan sentir ofendida su sensibilidad; aunque,
sinceramente, creo que la mayoría de los que frecuentamos estas páginas lo
encontraremos excitante.
Llevo 20 años casado con mi preciosa mujercita, de la que
estoy completamente colgado, pues tengo la suerte de que, aparte de estar
francamente maciza, tiene un carácter de lo mas liberal, en todos los aspectos,
pero fundamentalmente en el terreno sexual, con lo que puedo afirmar que
disfruto de una vida en este sentido de lo mas placentera. Ambos somos
actualmente cuarentones, aunque a ella no se le nota, pudiendo pasar
perfectamente por una mujer de diez años menos, lo que no se puede predicar de
quien suscribe, pues a mi casi todo el mundo ya me llama de usted. Ella no es
que se cuide demasiado, mas bien goza de una naturaleza juvenil, por lo que
tampoco es la típica mujer obsesa con el yoga o el aeróbic. Mide 1,65 cm, no es
por tanto muy esbelta, aunque sí está muy proporcionada; su pelo es castaño, lo
lleva en media melena; su cara es preciosa, tiene unos grandísimos ojos castaños
y una boca que, personalmente, la hubiera seleccionado para cualquier spot de
dentífrico. Su cuerpo es exuberante, provisto de unos pechos turgentes, ajenos a
la gravedad del paso del tiempo, con unos pezones pequeñitos y rosados, tan
sensibles que a la mínima se erectan desafiantes. Su vientre no es absolutamente
plano, aunque tampoco se puede decir que tenga tripita, a pesar de haber gestado
a nuestro único hijo. Tiene un culete de vicio, perfectamente prietito y bien
formado, con una almohadilla que preside el nacimiento de la junta de sus
nalgas, lo que –según la digo- indica que ha nacido para hacer el amor, pues tal
peculiaridad le hace muy cómodo yacer boca arriba cuando abre las piernas y,
¡créanme!, las abre muy bien. Sus piernas, sin ser largas, están perfectamente
diseñadas, con unos gemelos que me encantan, pues tienen la masa muscular que
considero perfecta, seguidos de unos tobillos finitos, con un tendón que marea
cuando calza tacón. En definitiva, a mi me parece un bombonazo.
Tuvimos a nuestro único hijo al año de casarnos, por lo que
actualmente ya pasa de los 18 años. Está un poco perdido en tal edad y, aunque
le va bien en los estudios, últimamente se ha juntado con una pandilla que no
nos acaba de gustar, pues, en tales compañías, ha comenzado a fumar y tomar
cervezas, abandonando el estilo de vida deportivo que antes llevaba.
Nosotros hemos intentado darle una educación liberal, por lo
que no creemos que tengamos que elegirle las amistades; sin embargo estas
últimas nos preocupan bastante, en lo que estamos de acuerdo tanto mi mujer como
yo.
Así las cosas, este verano decidimos que lo mejor sería
llevárnosle de viaje con nosotros, a ver si así nos contaba cómo le iba la vida,
especialmente a mi mujer, con la que desde niño ha estado más unido que a mí.
Cuando le propusimos irnos los tres 15 días a Cádiz no le
gustó para nada la idea, por lo que comenté a mi esposa que si no era capaz de
convencerle para que nos acompañara lo mejor sería dejarle hacer lo que le
apeteciera. Ella me dijo que seguro que le convencía, pero que quizá tuviera que
recurrir a algún truco que yo ignoraba. Eso me sorprendió, por lo que mi mujer
me aclaró a lo que se refería: resulta que de siempre hemos andado por casa sin
miramientos, me refiero a que nos hemos visto desnudos los tres desde el
principio. Yo no había notado nada, pero mi esposa me aclaró que, desde que el
muchacho llegó a la pubertad, la miraba de otra manera, incluso procurando
rozarse con ella a la mínima excusa. De forma que, como mi mujer pensaba que el
chaval se ponía cachondete con ella, ésta iba a utilizar tal disposición para
convencerle y que se viniera de veraneo. Por mi parte le dije que no veía nada
malo en ello y que dispusiera lo que fuera menester para convencerlo.
Así las cosas, al día siguiente me dice mi esposa que se va
de compras con nuestro hijo para proveerse de bañadores y demás prendas
veraniegas. Cogieron el coche y se dirigieron a un centro comercial. Nuestro
hijo iba a regañadientes, disposición que mi esposa corrigió con solo decirle
que le tenía que ayudar a escoger varios bikinis. Llegaron a la tienda y mi
mujer seleccionó varios modelos, dirigiéndose al probador, pidiendo a nuestro
hijo que le acompañara, lo que este aceptó de muy buen grado. Cerraron las
cortinas y mi esposa comenzó a quitarse la ropa para probarse los modelos
elegidos; en ello se dio cuenta que el chaval comenzaba a excitarse y, como
nunca se ha cortado en su presencia, se quedó solo en bragas, mostrándole los
pechos que el muchacho contempló sin recato alguno. Así, comenzó a decirle:
- ¿Qué te parece cómo me queda este bikini?.
- La verdad mamá, no está mal, aunque creo que has elegido
una talla pequeña, porque se te sales todas las peras.
- ¡Joder con el niño!, ¡que carca!, si es que los bikinis de
ahora son así. De todas formas me parece que me aplasta mucho el busto, creo que
me hace que los pechos parezcan caídos.
Dicho esto, se ahuecó las cazuelas del bikini y se subió ese
par de tetas que a mi me enloquecen.
- ¿No ves hijo?, me tiran del pecho para abajo.
- Bueno, mamá, si quieres te las levanto mientras te le
colocas mejor a ver que efecto hace. Sube los brazos.
- Que pillo que eres. Lo que quieres es que se me levanten
las tetas y tu sobármelas, ¿a qué sí?.
- Bueno, si tú lo dices, no te voy a llevar la contraria,
tampoco te voy a violar.
- Está bien, probemos.
Mi esposa levanto los brazos y entrelazó sus manos encima de
su cabeza, con lo que esas tetazas subieron desafiantes, a las que no tardó en
atacar mi hijo, con tal habilidad que le tomó los pezones entre sus dedos,
aplicándole un excitante pellizquito. Lo que hizo que a mi mujer se le erectaran
por completo, lanzando un gemidito que el chaval interpretó como aprobador.
- La verdad, mamá, es que estás buenaza de narices.
- ¿Si hijo, te lo parezco?.
- ¡Joder!, mira como me has puesto el chisme –apartándose un
poco para que su madre lo contemplara empalmado en el espejo-.
- De manera que te pone cachondo tu mami. Me parece muy bien,
porque tu también me excitas a mi. Así que no seas bobo y vente de vacaciones
con nosotros que no has de arrepentirte.
- Qué quieres decir, ¿me dejarás magrearte en el veraneo?.
- Claro que sí y, ahora mismo, te voy a dar un anticipo.
Venga, mi amor, sóbame las peras que me tienes loca.
El chaval no la defraudó, comenzando a darle unos estirones
de pezones que pusieron a mi mujer a mil. Le sobaba las tetorras con ambas
palmas de las manos, aplicándole caricias circulares, lo que llevaba a mi esposa
a pensar locuras. Le dio la vuelta a su madre y le comenzó a succionar los
pezones, mejor dicho a estas alturas pezonazos, respondiendo ella metiéndole la
mano en el paquete y acariciando su descapullado glande con la yema de los
dedos, a la vez que le decía: No te follo aquí mismo porque si nos pillan será
un escándalo, pero en Cádiz te prometo que me vas a disfrutar a tope.
Mi esposa cortó de raíz el calentón mutuo confiando que de
esa manera el muchacho no se negara a acompañarnos en el veraneo. Salieron del
centro comercial y, al llegar a casa, mi esposa, me miró pícaramente, guiñándome
un ojo, en clara señal de que se había – nos habíamos- salido con la nuestra.
Esa noche, nada más cenar, mi esposa, dijo que no había tele
ni nada, pues al día siguiente teníamos que madrugar para partir de viaje a
Cádiz. Los dos obedecimos, por mi parte adivinando que me esperaba una sesión de
sexo desenfrenado. Dicho y echo, seguramente mi esposa venía súper excitada, de
manera que rápidamente me atacó; comenzó a masajearme el rabo, procurado
descapullarme con la palma de la mano tirando del dorso de mi miembro. Al rato
chorreaba flujo de mi glande y me dispuse a comerle el coñito, lo que me
encanta, por cierto. Le abrí los labios de par en par y me puso los talones en
los hombros, a la vez que me animaba a jalárselo como un poseso. Siempre ha sido
muy gritona en la cama, pero siguiendo con su tórrido plan de calentar a nuestro
hijo esta vez fue especialmente explícita. Como el muchacho duerme pared con
pared de nuestro dormitorio a buen seguro que oyó como nos lo estábamos pasando.
Por mi parte me calenté más de lo habitual, pensando en el morbo que me daría
follarme a mi niña en compañía de mi hijo. Tuvimos una noche bárbara, que en
nada ayudó a que me encontrara descansado para el largo viaje a Cádiz del día
siguiente.
Amaneció, nos despertamos y mi mujer dijo que para tardar
menos nos ducháramos los tres a la vez. Yo entré el primero en la ducha, al rato
apareció mi hijo y, mientras nos enjabonábamos, veíamos a su madre a través del
trasluz de la mampara. De repente, corrió uno de los paneles y apareció desnuda,
espléndida, introduciéndose en el habitáculo de la ducha que ya quedaba pequeño
para los tres. Mi mujer se puso en medio y dijo que le ayudarabamos a darse
jabón, a lo que mi chico y yo respondimos complacientes, con las pollas mas que
duras, lo que apercibió ella, comenzando a pajearnos a la vez. A esas alturas mi
hijo estaba mas que convencido de lo bien que hacía al decidir venirse de
veraneo con nosotros o, mas bien, con la fiera de su madre. ¡QUE GUSTAZO DE
PAJAZA NOS DISPENSO¡, por lo que no tardamos en corrernos, a la vez que ella se
carcajeaba viciosamente.
Al rato preparamos todo el equipaje y nos dirigimos al auto,
sorprendiéndome que mi esposa, en vez de ocupar el asiento del copiloto, se
decidiera por sentarse atrás, junto a nuestro hijo, el cual se adormeció
ràpidamente, reposando su cabeza en el hombro de su madre. Yo les vigilaba por
el espejo retrovisor y, al rato, veo que mi mujer le había sacado el rabo a su
hijo y lo estaba pajeando, mientras este presentaba una mirada de cordero
degollado indescriptible. Por poco tenemos un accidente, ya que yo estaba casi
mas atento al pajazo que a la carretera; pero es que era muy fuerte, podía oír
incluso cómo sonaba la pinga de mi chaval con los fuertes estirones que le
propinaba su madre. La cosa fue a más, porque al rato el ruido ya era mas chof,
chof, pudiendo contemplar como mi niña le estaba comiendo el rabo al muchacho.
Pero es que, al rato, compruebo que su madre se la había montado a horcajadas y
le estaba pegando una follada de campeonato; se había sacado las tetas y mi hijo
le comía los pezones como si no le hubieran dado de mamar en la vida; ella
gritaba como poseída, pidiendo a su hijo que le echara el lefazo en todo el
potorro. ¡Joder!, yo alucinaba; y eso que las vacaciones no acaban de haber
empezado.
Como ya la confianza entre los tres se había desbordado, así
que mi niño regó el conejo a su madre, pare en un área de descanso y les dije
que me habían puesto tan cachondo que no podía seguir conduciendo en este plan.
Lo que solucionó mi esposa pidiéndome que me pasara al asiento de atrás, donde
nos hizo una simultánea paja con las tetas a mi hijo y a mí. Encerraba un rato
una polla en su canalillo y chupaba la punta; luego hacia lo propio con la otra
y así sucesivamente, al rato tenía dos corridones en la pechera.
Por fin llegamos a nuestro destino, nos registramos en el
hotel y mi mujer seguía teniendo el brillo de una mirada lasciva. Dejamos el
equipaje en la habitación y bajamos a cenar. La verdad es que cenamos mas bien
poco, porque mi mujer enseguida nos dijo que subiéramos a la habitación. Era un
habitáculo tipo suite, que, aparte del baño, tenía un domirtorio de matrimonio y
un salón con minibar y televisión, donde la dirección había instalado una cama
supletoria. Mi mujer dijo que se iba a duchar y mientras tanto mi hijo y yo nos
pusimos en pijama, de pantalón corto, dado el calor que hacía, pese al aire
acondicionado. Estábamos mi chaval y yo cómodamente sentados en el tresillo
viendo la televisión, cuando salió mi esposa con una batita de raso,
transparentándosela todo, ya que no se había secado prácticamente. Muy
picaronamente nos dijo:
- A ver, mis dos hombres, dejar un huequito a mamá en el
medio.
Ambos nos retiramos un poco, quedando ella entre los dos, que
no parábamos de mirarle los pezones, a la vista completamente por la humedad y
lo fino del tejido.
Entonces, yo, por primera vez en esta historia, decidí tomar
la iniciativa, invitando a mi hijo a meter mano a su mamá. Comenzamos a
masajearla los pechos, a lo que ella respondió con un lascivo gemido, echándose
para delante en el tresillo, con lo que sus muslos se vieron desprovistos de la
batita.
Así, le dije a mi hijo:
- ¡Vaya tetonas que se gasta mamá!, ¿eh?. Vamos a ver si nos
deja que le quitemos la bata.
Ella se descojonó, a la vez que se abría el atuendo, saltando
sus dos lindos pezonazos como un resorte.
Yo comencé a chuparle el derecho, mientras mi hijo le comía
el izquierdo; ella, mientras, nos había agarrado ya las pollas y comenzaba a
pajearnos.
- ¡A ver si mamá es tan enrollada que nos enseña el coñito
hijo!.
Ella se abrió de piernas, apoyando sus pies en la mesa de
enfrente, facilitando que le metiéramos mano a su rajita.
Entonces mi hijo le dijo a su madre:
- ¡Mamá, quiero verte el coño de par en par!, arrodillándose
delante de ella, a la vez que está se abría a tope los labios invitando al
chaval a que le comiera enterita, lo que hizo con una pasión desbordada,
mientras yo me levantaba y le colocaba la polla cerca de la boca a mi esposa,
para que se la comiera con devoción. Cuando yo chorreaba flujo, le dije a mi
hijo:
- ¡Déjame que te muestre lo que le encanta a tu madre!, a la
vez que me bajaba a la altura de su vulva y, completamente descapullado, le
pasaba el glande por toda la raja, arriba y abajo, así muchas veces.
Ella recibió la caricia de muy buen grado y me dijo que le
dejara al niño hacerlo, a lo que asentí. Al rato de estar el muchacho
refregándole el nabo a su madre por todo el chochazo, ella le agarró el miembro
y lo orientó a su agujero. Viendo tal disposición, por mi parte empujé del
culete a mi hijo para que le metiera la pica a mi mujer, que lo agradeció con un
suspiro, amarrándole del culo con sus talones incitándole a un bombeo bestial.
¡JODER, QUE ESTAMPA MAS DELICIOSA!, ver follada a mi mujer
por mi hijo.
Como ella estaba a tope, yo quise hacerle una pequeña picia,
tirando de mi hijo hacia afuera, con lo que su madre protestó enfurecidamente,
diciendo que no le privara de ese manjar. ¡COMO TENIA EL COÑO LA MUY PUTA!,
¡COMO LE SONABA!, ¡CHOF, CHOF, CHOF!, me encantaba ver sus empeines que se
estiraban electrizados, para luego encogerlos abriendo los dedos. Cómo le
gustaba el rabazo de su niño, como se ponían sus pezones.
Total, que el muchacho se corrió copiosamente en el seno
materno y ella, me agarró y me dijo:
- ¡Ahora voy contigo, cabronazo!.
Yo no estaba acostumbrado a ese lenguaje en boca de mi
señora, de manera que pensé: "si quieres jugar a puta conmigo, has dado"; con lo
que le metí el rabo todo lo salvajemente que pude, hasta reventar mi lefaza en
sus paredes.
Creo que no se corrió, porque como mi hijo y yo quedamos por
un rato derrengados, salió con su bata de raso muy furiosa fuera de la suite,
supongo que iría a buscar algún rabo...aunque, eso, ya será otra historia.