Cuando mi novio me pajea, me vuelvo loca (01)
por Bajos instintos 4
bajosinstintos4@yahoo.com.ar

Pero el primero que me pajeó fue mi tío. El muy desgraciado
se dio cuenta de que cuando me metía la mano en la entrepierna me quedaba como
paralizada. Y con sus hábiles dedos me tocaba a través de la tela de jean. Al
principio mi tío se conformaba con tocarme y tocarme, agarrándome la conchita a
través de la tela y masajeándola a su gusto. Y me miraba a los ojos hasta que me
corría irremisiblemente bajo sus tocamientos. Y después empezaba de vuelta. Y yo
me dejaba, sin resistirme, jadeando totalmente entregada a su caricia. Para
cuando él se aburría de la cosa, me había hecho correr cinco o seis veces. Y me
dejaba hecha una piltrafa. Una piltrafita, porque sólo tenía doce años.
Cuando cumplí los trece, se atrevió a más. Le bastaba hacerme
una seña, para tenerme ansiosa por sus tocadas en la entrepierna. Yo andaba todo
el día con faldita, para que pudiera tocarme a través de la braguita, así lo
sentía mejor que con los jeans. Mi tío tenía apenas treinta y dos años, y se
cuidaba bastante para no ser acusado de abuso de infantes. Y era un lindo
hombre. Así que mientras me hacía gozar yo lo miraba con ojos brillantes hasta
que se me enturbiaban, mientras yo jadeaba con la boca abierta. Era un secreto
entre nosotros dos, eso estaba bien claro para mí. Al final no pudo más y acercó
su boca a la mía, y no esperé más y le entregué la boca mientras me pajeaba.
A los catorce años, tío me había enseñado a mamarle la polla.
Cuando con sus friegas a mi intimidad me ponían a punto, tío sacaba su poronga y
yo me prendía a chupársela.

Era pasión que sentía por mi tío. Por eso, cuando cumplí
quince y me puse de novia, seguí mamándosela a tío. Pero me las arreglaba para
que mi novio me pajeara. Y sólo eso, al pobre le salía la leche por los ojos.
Pero mientras yo consiguiera mis pajas, nada más me importaba. Para ese entonces
mi tío me estaba haciendo conocer otros placeres.

De cualquier modo adiestré muy bien a mi novio para que se
ocupara de mi concha. Como lo tenía tan caliente no me costaba gran trabajo
hacer que me pajeara o tenerle su cabeza entre mis piernas.

Yo no creo que sea un vicio lo mío. Yo me divierto como loca
con mi concha. Y nada con lo que uno se divierta tanto puede ser considerado un
vicio. Al fin de cuentas, ¿a quién no le gustan las buenas pajas?
Si te gustaría pajearme, escríbeme, y tal vez podríamos
arreglarlo. Total mi tío comprende, y mi novio no tiene por qué enterarse.
Bajosinstintos4@yahoo.com.ar