Miedo al agua.
Hola queridísimos lectores espero que este relatos les guste
ya que sale de un calentón enorme que llevo mientras lo escribo. Sobretodo
disfrútenlo y diviértanse.
Pablito es el típico chico debilucho y enfermizo que todos
hemos tenido en clase, sus alergias y su desordenada forma de vestir le
convertían en el patito feo de todas las historias solo que no había manera de
convertirlo en un cisne. Desde siempre se le recordaba sucio y un fétido aroma
asomaba solo con aparecer su sombra por al lado.
No era la primera de vez que Pablito tenia problemas con los
demás alumnos de clase, normalmente por culpa de su comportamiento tímido y
distante así como la bravuconería de los compañeros mas expeditivos.
La profesora de Pablito era una mujer mayor de unos 60 años
no muy bien conservada y aire inquisidor bastante lejos de la realidad aunque
como todos los profesores de la vieja escuela tiene un rigidez y temperamento en
clase que los alumnos se sienten en un eterno castigo.
Después de la ya sabida pelea diaria de Pablito con los
correspondientes bribones de turno y que nunca conseguía ganar. Es decir, que
nunca peleaba ya que los valientes compañeros cual buitres solo buscan en grupo
y a aquellas presa mas debilitadas y cercanas al fin de su existencia y ese sin
duda era Pablito.
Esta vez no todo fue igual, en uno de los muchos empujones
Pablito cayó sobre las plantas que cuidaba su profesora al lado de la clase y
que tanto estimaba. Se aplastaron, rompieron los tiestos y las flores
entristecieron casi a la primera mirada de la profesora. Su cara se fue tornando
cada vez mas de una mirada de tristeza y desesperación a una de furia
incontrolada con cierto grado de locura. Los buenos compañeros de Pablito no
tardaron ni un suspiro en señalarle con dedos acusadores como máximo responsable
del suceso.
La cara de Pablito era toda una epopeya de la injusticia e
impotencia. Sabia perfectamente que no podía , es más no debía, defenderse si no
quería empeorar las cosas. Notaba que esta situación era diferente a las
anteriores, sus compañeros no se reían a escondidas de la situación, sino que
también tenían caras de suspense y temor a la vez. Pablito empezó a entender una
sensación para él desconocida, la seguridad de que algo malo iba a pasarle.
La profesora se llevó a Pablito al despacho del director sin
mediar palabra solo con miradas furtivas llenas de rencor e ira. Pablito se
empezaba a resignar como cordero llevado al matadero y que sabe a ciencia cierta
que será su último destino y que posiblemente nunca vuelva de él. Él se quedó en
la puerta del despacho mientras la profesora entrada con buena educación en el
despacho del director, llamando primero a la puerta y entrando después de sentir
el típico "adelante".
La puerta se cerró lentamente y Pablito sentía como se
cerraba su futuro en ese colegio al mismo ritmo que la puerta caía sobre su
alargada sombra. Pablito realmente estaba asustado porque aún estando
acostumbrado a ir al despacho del director por las pequeñas trifulcas escolares
esta vez no era él el que estaba dentro del despacho y por lo tanto no podía
defenderse de los ataques que pudiera recibir. Sabía sin lugar a dudas que era
su fin y el de su futuro. Por su mente estaban las continuas regañinas de su
madre sobre el importante esfuerzo económico que realizaba la familia para que
él pudiera estudiar en un colegio de elite como este. La sola imagen de
decepcionar a su madre le impedía respirar y su corazón se aceleraba más de lo
que él había notado nunca. Estaba convencido que esta vez se acabaría todo.
Durante unos eternos 15 minutos al ritmo del ruidoso
segundero del enorme reloj que presidía el pasillo. Pablito había jugado mi
partidas de ajedrez en los adoquines destonificados del pasillo. Única manera de
liberar su tierna mente de la realidad que allí se acercaba cual sombra en la
noche. Solamente se sentía voces y llantos dentro del despacho y no eran
comprensibles aunque su imaginación, entre partidas de ajedrez , simulaba la
conversación una y otra vez . La imagen de su madre llorando desconsoladamente
era ya casi una predicción de su futuro inmediato.
Sin esperarlo se abrió la puerta del despacho apareciendo la
silueta de la profesora justo en medio del umbral e indicándole que ella se iba
a clase y ahora el director quería hablar con él. Armándose de valor y
respirando profundamente se atrevió a entrar en despacho que tan bien conocía.
El director mucho mas tranquilo que la profesora le invitó a
sentarse en el sillón que había al fondo del despacho mientras él hacia una
llamada. Por supuesto él sabia quien iba a ser el interlocutor de la llamada. No
se equivocó. El director después de tranquilizar a la madre de Pablito por tan
inesperada llamada acordó en tener una reunión esa misma tarde en su despacho
para hablar sobre él y su situación en el colegio.
Pablito estuvo lo que restaba de horario escolar en el
despacho del director observando como trabajaba y ocultándose de algunas miradas
furtivas que este le propinaba para comprobar como se encontraba. Algún tiempo
después se oyeron unos pasos firmes y rápidos que sin duda le eran familiar, su
madre había llegado y ya se encontraba en la puerta del despacho. Pablito
rápidamente se giró y observó como su madre entraba en el despacho. La madre de
Pablito se llama Pilar y es una mujer tremendamente atractiva que a sus 36 años
era capaz de ensombrecer a cualquier modelo esquelética que abundan en nuestros
días. Era una mujer de sinuosa donde a los hombres nos gusta marearnos, tez
blanca y ojos verdes oscuros de salvaje selva, nariz respingona a lo Cleopatra,
labios finos aunque remarcados por el maquillaje eran increíblemente
hipnotizantes cuando hablaba, cabellos ondulados y largos cuyo color recordaba
una magnifica puesta de sol, piernas largas adornadas con unas caderas firmes y
contoneantes además de unos senos grandes para nada caídos.
Pablito fue invitado a salir del despacho y allí estuvo
absorto en pensamientos volátiles hasta que su madre salió del despacho con cara
de preocupación. Lanzó una mirada a Pablito y lo cogió del brazo para regresar a
casa. Pablito sabía que cuando llegaran sabría por fin que iba a ser de él y su
futuro a partir de ahora por lo que se mostraba intranquilo en el coche mientras
su madre conducía. No hubo palabras por ninguno de los dos bandos hasta llegar a
casa.
Su madre entró en la cocina dejó las compras que traía en el
coche mientras Pablito que ya conocía la rutina de las regañinas de su madre se
acomodaba en el sofá del comedor esperando que comenzara el espectáculo. De
repente observó a su madre en el umbral de la puerta de la cocina mirándolo y
extrañamente además. Nunca había visto a su madre con esa mirada de preocupación
y desesperación y eso hacía sentir a Pablito como el ser mas despreciable del
universo. Cómo podía haber hecho sufrir alguien como él a un ángel como su
madre.
Su madre por fin pronunció sus primeras palabras y no fueron
como él esperaba. Su tono era suave y conciliador, para nada como las otras
veces. Esto extrañó mucho a Pablito que a sus 13 años no recordaba así a su
madre en ninguna situación. El resumen de la conversación fue que con su ayuda
Pablito tendría que cambiar ciertos hábitos tanto en su comportamiento como en
su higiene. El primer punto para Pablito no era ningún problema insalvable pero
el segundo era impensable. Pablito padecía hidrofobia desde que de pequeño casi
se ahoga durante un veraneo de sus padres en una ciudad costera. Desde ese día
Pablito no había conseguido volver a rodearse de agua ni para tomarse una ducha
cosa que explicaba su olor. Se limpiaba con paños mojados y esponjas, sin duda
parecía un gato lamiéndose para limpiarse.
El plan de su madre era ayudar a Pablito a tomar su
necesitado baño y así intentar que superara su fobia al agua. Esto inquietaba
tremendamente a Pablito, ya que para él el agua le provocaba un pánico
irracional que para su tierna edad era insuperable. Estuvo toda la tarde
intentando encontrar un plan de fuga que contentara a su madre y pudiera
librarle a él de la ducha. Sabia que su madre era vergonzosa con su físico
aunque él nunca entendió por que y creyó que si conseguía avergonzar a su madre
esta se preocuparía más de su vergüenza que de la ducha y salvaría la primera
batalla.
Llegó la hora H del día D y Pablito se dirigía extrañamente
decidido al cuarto de aseo detrás de su madre observando el contoneo de sus
caderas en el pantalón de pijama que solía utilizar cuando hacia trabajos en
casa. Otras muchas ocasiones Pablito había quedado hipnotizado por la misma
visión cuando su madre arreglaba el pequeño jardín detrás de casa o pasaba la
aspiradora.
Su madre empezaba a desconfiar, pues no creía que esta última
conversación con su hijo hiciera efecto, ya que las anteriores ocasiones no
había sido así. La madre de Pablito se remangó la blusa fina que llevaba, a la
altura de los bíceps y procedió a desnudar lentamente y con mucho mimo a
Pablito. Cada prenda que quitaba aprovechaba para acariciarlo y abrazarlo sin
quitar la vista de sus ojos. La intención de la madre de Pablito no era otra que
la de hacerlo sentir seguro y protegido delante del paso que iba a dar. Pero el
resultado más bien fue otro. Pablito cada vez se sentía más intranquilo, su
cuerpo estaba reaccionando de una manera que él no esperaba y desconocía
completamente. Su temperatura iba subiendo sin poder controlarla, sentía
cosquilleos cada vez más inquietante en su abdomen y subían hacia su pecho hasta
acelerar su corazón cada vez un poco más. Por último Pablito notaba que su
calzoncillo era cada vez más estrecho pero no era capaz de desviar su mirara de
los ojos de ese ángel que tenia delante.
La madre de Pablito se giró para abrir el agua caliente y así
controlar la temperatura del agua, no quería de ninguna manera que por alguna
absurdidad Pablito se asustara más de lo debido. Pablito bajó su mirada hacia
sus calzoncillos con el fin de averiguar que ocurría y se sobresaltó al
comprobar lo que allí anunciaba su presencia. Era la primera vez que le pasaba
algo así, y aunque era ciertamente placentero también sentía gran vergüenza
aunque desconociera el motivo. Instintivamente llevó sus manos a tapar la zona
en cuestión y aceleró su plan para librarse de aquella situación aunque por un
motivo diferente. La ducha había pasada aun segundo plano, quería salir de allí
corriendo sin mirar atrás.
Al girarse s madre observó a Pablito que yacía quieto y con
las manos tapando sus partes y comentó en voz alta:
-Vaya no sabía que eras tan vergonzoso. Olvidaba que con 13
años ya eres todo un hombre. Y los hombres no le tiene miedo al agua.
Pablito alzó su mirada hacia su madre y le contestó:
Mamá, me da miedo. No quiero entrar ahí con tanta agua.
Seguro que me ahogo.
No seas tonto. Yo estoy aquí para que no te pase nada
malo. Y ahora quitate la ropa y ven aquí.
No de verdad, que me da mucho miedo.
¿Si te demuestro que no pasa nada vendrás?
El silencio fue la respuesta de Pablito. Su madre pensó que
eso era mejor que un no categórico como en las anteriores ocasiones. Se
arremangó el pijama por encima de las rodillas y entró en la bañera demostrando
que no pasaba nada.
Pablito seguía mirando fijamente a su madre intentando hacer
desaparecer la hinchazón que tenia en sus calzoncillos pero no sabía como. Se le
ocurrió otra excusa para que su madre pasara más vergüenza y siguió su plan.
Eso no se vale por que tú eres mas alta que yo y llegas
al fondo de la bañera. Yo soy mas bajito que tú y seguro que me ahogo.
Vamos Pablito que no soy mucho más alta que tú. Si me
pongo de rodillas soy incluso más bajita que tú y verás que no me ahogo.
Salió de la bañera con los pies chorreando y se quitó el
pantalón que llevaba dejando ver a Pablito sus braguitas. Ignoraba que las
braguitas fueran mas pequeñas que los calzoncillos y eso le extraño. Pablito no
dejaba de mirar las piernas y el culo de su madre y empezó a sentirse
avergonzada. El plan de Pablito empezaba a surtir efecto. Entró en la bañera y
se arrodilló, el agua acariciaba sus muslos y con el vaivén de del agua se mojó
un poco sus braguitas haciéndolas transparentes y por lo tanto dejando ver
aquello que tanta curiosidad despierta en los adolescentes.
Ya te lo he demostrado. No te ahogas si entras. Vamos
Pablito quitate los calzoncillos y ven que yo no me muevo de aquí para
ayudarte.
No sé mamá. ¿Y el agua de la ducha? Seguro que no me va
a hacer daño. Quiero verlo.
Su madre estaba a punto de perder la paciencia, entre la
vergüenza que sentía por mostrarse así delante de su hijo y por la impotencia
por que no conseguía ayudarlo. Recordó las palabras del director, esta sería la
última oportunidad de Pablito y por lo tanto no se podía rendir.
Está bien, te lo demostraré. ¿ Me prometes que entraras
entonces?
Estaba sorprendido, su madre nunca había llegado tan lejos al
empezar a desabrocharse la blusa delante de él. Poco a poco se iba abriendo el
escote de su madre y pudo observar la belleza de esos cántaros de leche maternal
ya casi olvidados pero que dejan huella en el subconsciente.
Abrió el agua de la ducha y se mojó entera para demostrar que
no sucedía nada de lo que pudiera temer. Su sujetador tomó el mismo camino que
sus braguitas y Pablito pudo observar casi al 100% como era una bella mujer
desnuda. Sus pezones estaban erectos por el agua y se podía ver con claridad el
famoso montículo de Venus.
Pablito se sintió como una fiera enjaulada sin escapatoria.
Una situación tan desesperada pedía acciones desesperadas. ¿Pero cual? Mientras
su mente intentaba descubrir que podía hacer noto como sus dedos estaban de
alguna manera explorando la hinchazón del calzoncillo y su mente se abrió. Si le
enseñaba a su madre lo que le ocurría esta seguro que se asustaría y conseguiría
salvar la situación y sin dudarlo se bajó la tan estimada prenda.
Los ojos de su madre se abrieron de manera desorbitada, no
podía creer que su querido hijito tuviera una erección. Pero si es muy joven,
pensaba. Y como había sucedido este acontecimiento. Se empezó a señalar a ella
misma como la responsable de lo sucedido. Estaba casi desnuda delante de su hijo
y mojada.
¿Mamá, esto que me pasa es normal? Tengo miedo, no me
duele pero me siento extraño. Creo que tengo fiebre y esto no consigo
arreglarlo.
Después de recuperarse de la impresión y situarse en su mundo
del cual esa visión la había sacado momentáneamente pasó al contra ataque.
Tranquilo hijo que eso se quita con agua y jabón. Ven y
veras que fácil es.
Cogió a su hijo en brazos y lo apretó a su pecho mientras lo
acercaba al agua. Notaba su erecto pene en su estómago y un sensación de
desasosiego invadía su pensamiento. Pablito por su lado se abrazó fuertemente a
su madre y notaba esos enormes pechos aplastándose en el suyo. El roce de los
mismos junto con el roce de su recién descubierto pene erecto incrementó esa
extraña y placentera sensación sin darse cuenta que sus pies ya estaban rodeados
de agua y esta le llegaba a las rodillas.
Pablito se quedó mirando los senos de su madre a través del
sujetador y alcanzó a preguntarle:
Mamá, ¿Por qué los tienes tan grandes y las demás
chicas las tienen pequeñas? ¿Puedo verlas?
Su madre empezó a sentirse muy avergonzada y estaba a punto
de irse cuando para su sorpresa Pablito estaba metido en el agua y no se había
quejado. Era una situación que no podía desaprovechar y en cierta manera no
sabía lo que se sentiría siendo observada por otro hombre que no fuera su marido
y eso empezaba a excitarla.
Solo si me prometes estarte quieto mientras te mojo
para enjabonarte.
El silencio de Pablito le hacia entender que sí y abrió el
agua de la ducha con poca presión y así empezó enjabonar a Pablito evitando
cierta zona anteriormente mencionada. Pablito que se daba cuenta intentaba
averiguar por que.
¿Ahora puedo verlas y tocarlas?
Solo me habías dicho verlas.
¿Por favor mamá? Me he portado bien.
De acuerdo pero me prometes que no se lo dirás a nadie
¿Verdad?
Vale.
Se alzó y sus brazos se dirigieron a su espalda para
desabrocharlo y así cumplir la petición de su retoño. Aparecieron dos
bamboleantes senos delante de los ojos todavía enjabonados de Pablito. No sabía
que hacer. Apartar la mirada por vergüenza o lanzarse a chupar como cuando era
un bebé.
La excitación de ser observada casi desnuda hizo sentirla
como una colegiala que quiere descubrir todas las sensaciones que un cuerpo de
mujer pueda dar. Cogió las manos de Pablito y estas temblolorosas empezaron a
masajear torpemente la abundancia que se ofrecía. Cerró los ojos y se concentró
en todas las sensaciones que aunque confusas todas ellas placenteras. De repente
sintió algo diferente en su pecho izquierdo, una sensación ya casi olvidada.
Pablito había empezado a mamar como si fuera un bebé muy dulce y tiernamente. Su
primer orgasmos llegó sin previo aviso.
Después de cierto tiempo así, la madre de Pablito le separó y
le dijo que ahora ella iba a arreglar el problema que tenia entre las piernas.
Se arrodilló ante él y empezó a masajear aquel aún no desarrollado falo
lentamente. Pablito se inundó se unas sensaciones desconocidas y que no quería
que acabaran de ninguna manera.
Los labios se acercaron a ese inexperto pene y lo besaron
primero casi rozándola para después empezar a lamerlo como un helado de sabor
hipnotizante. Pablito no tardó mucho en explotar tanto en sensaciones como
físicamente en la boca de su madre y esta aún con la sorpresa empezó a tragar
como si el bebé fuera ella y tuviera mucha hambre.
Lo siguiente que recuerda Pablito es el agua caliente
golpeando su nuca y resbalando por sus espalda poniendo su piel de gallina y su
madre lamiendo su pene y tragando como un bebé.
Sin duda Pablito lo había conseguido, ya no le preocupaba su
fobia al agua. Con una madre así la verdad es que pasaría toda la vida en la
bañera ¿Verdad?
Un saludo a todos y todas.