SIGUEN MIS TÍOS – DOBLE FUNCIÓN II - Final
Ver mis historias buscándome en la lista de autores como
Ramiro Cacho, para "ponerse al día" en lo que a mis relatos respecta.
En mi anterior relato les platicaba de uno de tantos
episodios con mi tío Pablo, en el que, después de darme una riquísima cogida, él
me volteaba viendo hacia sus píes, me agachaba y me metía uno de sus gruesos
dedos, sin sacar todavía su verga, estirando mi ano, agrandándolo y provocando
que un poco de la leche que había descargado en mí, escurriera hacia fuera.
Por la posición en la que Pablo me había colocado, estaba yo
viendo hacia los pies de la cama, es decir, hacia la otra cama, la de mi tío
Pedro, ya que la de mi tío Pablo estaba justo a la entrada del cuarto, a la
derecha, y la otra estaba en la pared del fondo, formando una "L".
Después de sentir cómo Pablo me metía su dedote y me estiraba
aún más el ano, pensé que era hora de irme a la cama de Pedro, ponerme boca
abajo y tratar de dormir. Lo de dormir boca abajo lo hacía para lograr que la
lechita no se saliera tan fácilmente de mi culito.
Cuando me empecé a levantar, mi tío Pablo me agarró de las
nalgas y las presionó, como tratando de cerrar mi culito y que no escurriera
nada; de cualquier manera, al hacer fuerza para levantarme, un poquito escapó,
pero no le di importancia y, apretando lo más que pude, terminé de ponerme de
pié, sólo para descubrir con sorpresa que mi tío Pedro estaba parado en la
puerta, sobándose el paquete por encima del pantalón. Como yo seguía celoso por
lo de Chava, no hice ningún caso y me acomodé donde siempre, en la orilla del
lado de la pared, boca abajo, como lo había pensado antes.
Mi tío Pedro se desnudó y a los pocos segundos sentí que se
acomodaba a un lado de mí. Supongo que no se enteró de mi malestar, ya que nunca
lo mencionó, sino que me empezó a acariciar las nalgas, sin tocar mi rajita,
sólo las nalgas y la espalda así como la nuca, y sin perder mucho tiempo se
subió en mí, obligándome a abrir un poco mis piernitas para que él se acomodara
entre ellas; con su rodilla derecha abrió un poco más mis piernas y, ya hincado
entre ellas, me agarró por las caderas y me jaló hacia él, dejándome como
siempre me acomodaban los dos para ensartarme, excepto que esta vez yo no estaba
totalmente apoyado en mis rodillas, sino que era prácticamente sostenido por sus
manos. Debió darle trabajo poner la cabeza de su camote en la entrada de mi
cuevita, ya que no podía usar sus manos por tenerlas ocupadas sosteniéndome,
pero finalmente sentí que le atinaba; tenía el recto lleno con la leche de mi
tío Pablo, así que todo fue que le atinara al hoyito para que mi ano
prácticamente succionara su verga hasta sentir sus huevos acariciándome la parte
más baja de mis nalguitas. Me movió unas cuantas veces arriba y abajo,
clavándome su tubo con cada levantada que me daba y luego se enderezó,
llevándome ensartado con él, y ya habiéndome apoyado en mis rodillas, yo solito
me puse en la posición de costumbre, con mi pecho pegado a la cama, mis brazos
alrededor de mi cabeza y mis nalgas por todo lo alto, gozando de la ensartada
que estaba recibiendo, aunque con un poco de ardor en el ano.
El lubricante natural del que estaba lleno mi culito hacía
que la verga de Pedro resbalara riquísimo, haciéndome disfrutar un montón. Pedro
sacaba casi toda su manguera y luego me la volvía a clavar toda, mientras
acariciaba mis nalgas, mi espalda, mi nuca y mi pecho, tal vez imaginando unas
tetas inexistentes. Quizás por la cogida que le había dado a Chava ese medio
día, en ese momento no parecía que fuera a darme su lechita pronto; al
contrario, me daba estocadas muy largas, jalándome cuando iba entrando,
haciéndome gemir no sé si de placer o por la fuerza con la que entraba en mí. Me
estuvo ensartando así por un rato y luego me la dejó metida hasta el fondo, me
empujó haciendo que me acostara con él encima, aunque él estaba apoyado en sus
brazos y luego se dio la vuelta, siempre con su verga dentro de mí, por que yo
quedé sobre él, totalmente acostados los dos.
Estando ya acostado conmigo encima, me empujó para que me
sentara y luego me giró hasta que quedé de frente a él… mi agujero seguía
estirándose más y más con esos movimientos; luego, me jaló las rodillas quedando
totalmente sentado en él, con su tronco perforándome el culito. Dado mi poco
peso y mi nula resistencia, él me movía y me acomodaba como se le antojaba, de
modo que con tanto movimiento y tanto estarme clavando, mi culo estaba ya
bastante flojo y la leche de Pablo debía estar perfectamente repartida por todo
lo largo de mi recto y de la barra que tenía llenándolo. Fue entonces cuando mi
tío Pedro llamó a mi tío Pablo. Cuando Pablo se acercó, Pedro le dijo que me
metiera un dedo en el culo; Pablo le dijo que a poco con su verga adentro y
Pedro le dijo que ni que fuera la primera vez que se la iba a tocar. No entendí
en ese momento y, por lo que pude observar en los meses siguientes, supongo que
entre ellos tuvieron sus historias.
En fin que Pablo ya no dijo nada y me empezó a meter un dedo…
¡¡segunda vez el mismo día!! La verdad, no sentí que le diera ningún trabajo y
muy pronto ya tenía su dedo dentro. Me parecía como si el dedo estuviera
acariciando la verga de Pedro, ya que se movía a su alrededor aunque a la vez me
estaba estirando el ano, aflojándolo aún más. Eso duró solamente unos momentos,
ya que casi de inmediato sentí que sacó su dedo y luego Pedro me presionó la
espalda, como queriendo que bajara más esa parte de mi cuerpo, hasta dejarlo
embarrado prácticamente con el suyo propio. Enseguida, Pablo se colocó detrás de
mí y empezó a empujar su cabezona verga en mi hoyito. Pedro me decía muy bajito
que no me moviera, que todo estaba bien y que no me harían ningún daño; y
mientras, Pablo seguía empujando y repitiéndome "afloja el culo Cachito,
aflójalo lo más que puedas".
Supongo que la cogida previa que me había dado Pablo, más la
que me estaba dando Pedro, me tenían muy relajado el hoyo, ya que de repente
sentí que la cabezota del pepino de Pablo lograba traspasar mi esfínter y que el
resto resbalaba dentro de mí. Como si sólo eso estuviera esperando, Pedro empujó
dentro de mí y empezó un mete y saca impresionante por su rapidez, aunque sólo
duro un par de minutos, ya que muy pronto sentí sus espasmos y sus
aaaahhhhhhhsss y mmmhhhhhhhssssss se multiplicaban, mientras decía cosas como
"hay cabrón, no lo puedo creer". Yo lo veía muy cerca de mi rostro y podía ver
sus ojos cerrados, apretados más bien, y su cara toda era como de estar haciendo
un gran esfuerzo o como si algo le doliera. No aguantó un segundo más y descargó
dentro de mí lo que le quedaba de leche, sin dejar de gemir y maldecir a la vez.
Pablo, en cambio, empezó a darme una cogida digna de
recordarse. Aunque no podría asegurarlo, me parece que la verga de Pedro
permaneció dentro de mí todo el tiempo, mientras que Pablo, que había eyaculado
unos 20 minutos antes, me ensartaba con furia, haciendo que cada vez que me
llegaba hasta el fondo, pudiera yo sentir sus pelos acariciando mis nalguitas,
mientras que Pedro me seguía acariciando y calmando con palabras muy suaves,
acariciando mi espalda y mi cabeza mientras no dejaba de gemir.
La descarga de Pedro debió lubricar aún más mi recto y la
verga de Pablo, ya que la sensación de su cabezón tolete era de total placer
para mi culito, a pesar de la chinga que le estaban acomodando. Pablo bufaba y
yo podía sentir su aliento en mi nuca, mientras que él seguía bombeando,
clavándome, ensartándome como mariposa, haciendo que mi ano dejara de ser culito
para ser todo un culo, capaz de tragarse dos vergas adultas al mismo tiempo, y
dándome tiempo para gozar de ello.
No sé cuánto tiempo transcurrió, hasta que Pablo empezó a
bufar más aún, casi a gritar, mientras me jalaba hacia él con más fuerza y de
repente, con un larguísimo aaaaaahhhhhhhhhhhhhhh, se vino dentro de mí. Se quedó
ahí unos segundos y luego sentí que me sacaba su manguera del culo. No sé si las
dos vergas salieron a la vez, pero cuando Pablo se alejó un poco, noté que la de
Pedro ya no estaba dentro de mí.
Me recorrí un poco sobre mi tío Pedro, y así, boca abajo como
lo había planeado en un principio, pero con mucha más leche de la esperada, me
acomodé a dormir. Esto no fue sencillo, ya que sentía que la leche me escurría y
eso es algo que siempre me ha gustado, así que lo disfrutaba. Además, a los
pocos minutos de terminadas las acciones, me empezó a doler el culo. Se lo dije
a mi tío Pedro con un poco de temor, pero él me tranquilizó diciendo que era
normal, y que seguramente amanecería mejor. Se puso sobre su costado y, poniendo
su manota sobre mis nalguitas, me empezó a acariciar el hoyito con un dedo, muy
suavecito, calmando un poco el dolor y haciéndome dormir.
El nuevo día me demostraría que, si bien era cierto que el
dolor pasaría, no cedió tan rápido como dijo mi tío Pedro. De hecho, el dolor,
aunque muy leve, me duró dos o tres días, y seguramente esos días tuve las
nalgas más duras que en toda mi vida, ya que creo que no dejé de hacer fuerza en
ningún momento para apretar el hoyito y evitar que algo pudiera salir
sorpresivamente, ya que yo sentía que mi culo no terminaba por regresar a su
tamaño habitual… de hecho, creo que nunca volvió a su diámetro original.
Sin embargo, el morbo por sentir mi ano abierto hasta el
límite, se convirtió en uno de mis placeres favoritos para el resto de mi vida.
Espero sus comentarios
Ramiro Cacho