Yo ya no sabía si era porque a esa edad
uno aguanta lo que le echen, por morbo o por seguir aquella máxima que dice "de
perdidos al río", pero la perspectiva diaria de alcanzar un nuevo nivel de
depravación sexual en aquél círculo íntimo no me sorprendía significativamente.
Pero las poluciones nocturnas debidas en gran parte a ese sueño más propio de
una película de David Lynch que de un servidor no dejaban de preocuparme. Estoy
casi seguro de que habían sido las sugerencias de mi hermana por probar cosas
nuevas, entendiendo por cosas nuevas el hacérmelo con Manu, lo que me hizo tener
aquel sueño, y si bien era cierto que había tenido un orgasmo de órdago, he de
confesar que no le encontraba atractivo alguno a desvirgar el culo del vecino,
cosa de la que había de dar cuenta a Laura lo antes posible por si el plan de
esa mañana o de alguna otra contemplaba esa posibilidad.
Dediqué mis buenos 20 minutos en
desperezarme del todo y en poner los dos pies en el suelo para afrontar un día
más de vacaciones. Justo cuando me disponía a hacerme el desayuno, oí que los
vecinos llegaban al chalet, y cuando daba cuenta del último trago a mi cola cao,
ya les oía chapotear y gritar en la piscina junto con mi hermana. Me cambié,
cogí la toalla y bajé para reunirme con ellos.
Se notaba que mis padres iban a tardar en
venir, porque lo primero que ví al acercarme a la piscina, fueron los bikinis de
Alicia y Laura fuera del agua, al lado del bordillo, formando un bonito bodegón
con el bañador de Manu, por lo visto habían decidido bañarse en pelotas, y
decidí no romper ese mágico momento saltando al agua tras dar los buenos días y
quitarme el mío ya dentro de la piscina. Lo primero que hice fue dirigirme hacia
Alicia y darle un beso en la boca, largo y húmedo, sintiendo bien su cuerpo
desnudo contra el mío, lo que reavivó la erección que me había provocado
inicialmente las caricias de mi hermana nada más despertarme.
Así pasamos la primera hora de la mañana,
en la piscina, jugando con una pelota, haciendo guerras por parejas, con las
chicas subidas a los hombros de los chicos, que sentíamos sus depilados coñitos
húmedos quién sabe si por algo más que por el agua en las nucas, salpicándonos,
siempre rozando nuestros cuerpos, a veces incluso de forma casual. En un par de
ocasiones sentí un roce inintencionado con Manu, o bien uno se daba la vuelta y
golpeaba por debajo del agua con la polla alguna parte del otro, o chocábamos
también por debajo del agua al ir a atrapar la pelota. Decidí no darle
importancia, total, aquéllo no era más que un juego, los dos nos habíamos visto
en pelotas no pocas veces, nos la habíamos pelado alguna vez juntos, cada uno a
lo suyo, eso sí, incluso las dos pollas habían estado prácticamente en contacto,
separadas tan solo por una estrechísima capa de piel, la que separaba el coño y
el culo de Laura y de Alicia. Tenía claro que de esos juegos no íbamos a pasar.
Poco a poco fui olvidándome del tema, el
constante roce con Laura y Alicia y la misma visión de sus dos cuerpos como dios
las trajo al mundo era más que suficiente para abstraerse de toda preocupación.
A cada manoseo sentía unas incontenibles ganas de follarme a cualquiera de las
dos allí mismo, dentro del agua, pero he de confesar que ese juego de
calentamiento constante, de caricias y de algún que otro lametón a esos dos
monumentos de la naturaleza, tenía su encanto, los cuatro estábamos pasados de
revoluciones pero manteníamos las formas por llamarlo de algún modo. Pero está
claro que alguien tenía que claudicar ante tanta carne expuesta, y ese fue Manu,
que olvidándose de todo por un momento, se colocó detrás de mi hermana dispuesto
a endosársela desde atrás, no podría precisar en qué orificio de Laura quería el
vecino acomodarse, pero ésta, tras unos segundos de predisposición a ser follada
allí mismo, se separó de Manu y se acercó a Alicia para murmurarle algo al oído.
La excitación que tenía en el momento ni siquiera me hizo sentir cierto temor a
lo que planeaban las chicas.
Con el mismo aire de secretismo y sin
pronunciar palabra, las dos se acercaron al borde para recoger sus bikinis, se
los pusieron y salieron de la piscina. Recorrieron apenas unos metros hasta
llegar a un rincón del jardín en el que unos arbustos las aislaba de la perfecta
visión que del área de la piscina ofrecía a los vecinos y volvieron a quedarse
desnudas. Manu y yo nos miramos y decidimos hacer lo mismo. Había que tener
cuidado de salir de la piscina con el bañador puesto, ya que, como digo,
cualquier vecino curioso, si bien no podía ver lo que se hacía dentro de la
piscina, tenía una panorámica perfecta cuando uno salía de la misma. Nos
dirigimos hacia el mismo rincón que habían elegido las chicas, volvimos a
quitarnos el bañador y nos tumbamos a su lado.
- ¿Qué estáis tramando? -les dije.
- Ahora lo veréis -contestó Alicia
mientras sonreía.
La vecina incorporó un poco a mi hermana,
que estaba tumbada, hasta dejarla recostada sobre los codos en el césped, la
abrió las piernas y se colocó entre ellas a cuatro patas. Delicioso, teníamos
delante a Alicia exponiendo su culito y su coñito desde atrás mientras le hacía
un cunnilingus a Laura, que no tardó en empezar a acariciarse los pechos,
pellizcándose de vez en cuando los pezones, tarea que le costaba un tanto al
tener que mantener por lo menos un codo apoyado en el suelo para no desplomarse.
No pude contenerme y me acerqué para intentar comerle el culito a la vecina,
pero en cuanto sintió mi lengua en su orificio trasero, me retiró con una mano.
- Tenéis que esperar - logró decir entre
jadeos mi hermana.
Joder, ¿qué cojones se traerían entre
manos las dos? Así siguieron durante un buen rato, así que no encontrñe más
remedio que empezar a masturbarme ante semejante visión. Pude ver cómo Manu
también se estaba pajeando contemplando como nuestras hermanas se lo montaban
ajenas los dos espectadores. En un momento, mi hermana se levantó como pudo,
mientras que Alicia seguía en la misma posición. Laura se colocó entonces a la
altura del culito de la vecina y empezó a comérselo, a introducirla lengua en
ese agujerito negro que minutos antes intentaba yo saborear. Alternaba sus
lametones entre el culo y el coño de Alicia, cuya respiración comenzó a
acelerarse, mientras con una de las manos se dedicaba a acariciarse el sexo.
Súbitamente, las dos explotaron en un orgasmo que casi las hizo caer a las dos
sobre el césped. Se incorporaron las dos, se abrazaron, se besaron y fue mi
hermana la que preguntó:
- ¿Quién nos va a follar ahora vivas?
Manu y yo nos levantamos antes de que
terminase la pregunta para lanzarnos sobre ellas, pero Alicia nos paró en seco.
- Sólo hay una condición -dijo.
Yo ya me temía lo peor.
- Sólo puede ser uno de vosotros dos.
- Tenéis que continuar masturbandoos. Y el
que primero se corra, será el perdedor, y será el otro el que haga con nosotras
lo que quiera -sentenció mi hermana.
Manu y yo nos miramos sonrientes, no había
problema, descendía el ritmo del sube-baja y a esperar.
- Vale, aceptamos -dijimos los dos a la
vez.
- Creo que no lo habéis entendido. Claro,
creéis que podéis estar así, meneándoosla a cámara lenta hasta mañana si se
tercia -se quejó Laura.
- Lo que tenéis que hacer -dijo Alicia-,
es masturbaros el uno al otro, así no habrá trampa.
Nos quedamos de piedra.
- No nos miréis así -dijo mi hermana-,
nosotras vamos a seguir con lo nuestro si con eso os inspiramos.
Seguíamos de piedra. Pensé en cederle los
honores directamente a Manu, pero me cegaban las ganas que tenía de cepillarme a
esas dos putillas. Esperé un poco antes de abrir la boca por si acaso Manu de
igual modo me cedía a mi el puesto, pero también parecía pensar lo mismo que yo.
¿Bueno, qué? ¿os decidís? -preguntó con
sorna mi hermanita. Las dos cabronas se lo estarían pasando en grande a nuestra
costa.
- Coño hermanita, no me jodas... -protestó
el vecino.
- No, si no te jodo, a menos que Javi te
la menee a tí y tú a él y consigues que se corra antes.
Manu y yo nos miramos con resignación, y
viendo que íbamos a entrar en su juego, las dos chicas se mostraron
entusiasmadas por su idea.
- Aceptamos con una condición -dije yo-.
Lo hacemos, pero os comprometéis a hacer lo mismo, por pasar alguna prueba que
se nos ocurra.
Las dos siguieron riendo, se mostraron de
acuerdo con la condición impuesta y se sentaron sobre el césped enfrente nuestro
a apenas un par de metros de distanicia, las dos con las piernas abiertas, y
empezaron a masturbarse la una a la otra.
- Podéis empezar cuando queráis -dijo
Alicia.
Tenía a Manu sentado a mi izquierda. Sin
reparos le agarré la polla dispuesto a inflingirle un ritmo que le hiciese
correrse enseguida. Él hizo lo mismo con la mía. Cómo yo tenía los brazos más
largos, tuvimos que cambiar la posición, el me la agarraba a mí y yo a él
pasando mi brazo sobre el suyo. Era extraño, tenía fírmemente agarrada una polla
que no era la mía, notaba las venas, la rugosidad y el tacto frío tras haber
pasado por la piscina de un rabo que no era el mío, pero no era una sensación
desagradable. Antes de empezar, bajé su prepucio y lo subí cinco o seis veces
muy despacio, sólo para asegurar que no tendría problemas a imprimirle una
velocidad demoledora segundos más tarde. Manu hizo lo mismo conmigo. Era una
situación extraña, pero no dejaba de ser placentera.
- A la de tres -avisé.
- Una...
... dos...
... ¡y tres!
Me abandoné a la visión que tenía delante,
las dos chicas mostrando sus sexos completamente abiertos, parapetrados bajo una
capa de dedos que iban y venían, y empecé a masturbar a Manu con rapidez y
firmeza. Él hacía lo mismo conmigo. Desde un primer momento creí que sería yo el
que iba a aguantar más, pero en esos momentos tuve mis dudas. Sentía la mano del
vecino subir y bajar por mi polla a toda velocidad, también con fuerza pero no
la suficiente como para hacerme daño. Viendo que o me espabilaba un poco o iba a
terminar siendo testigo de cómo Manu se cepillaba a nuestras hermanas, empecé a
aumentar el recorrido de mi mano por el sexo del vecino, cada vez que mi mano
bajaba por aquél músculo nudoso y duro, lo hacía hasta el final, hasta que su
capullo no podía quedar más expuesto y hasta que mi mano golpeaba contra sus
testículos, todo con la mayor velocidad que podía. Laura y Alicia contemplaban
excitadas la escena, y decidieron implicarnos más acercándose hasta tenerlas al
alcance de la mano. Pero nuestras manos estaban ahora ocupadas, una apoyada
sobre el césped y la otra masturbando de forma frenética al otro. La velocidad
de ambos había disminuido ligeramente, los dos teníamos los brazos cansados. O
hacía algo para lograr el orgasmo del vecino o era yo el que iba a bañar a
nuestras hermanas con un buen chorro de semen. Y entonces se me ocurrió. De
repente le solté la polla, la agarré con la mano derecha y empecé de nuevo con
más velocidad. La mano que ahora tenía libre se deslizó por debajo de Manu, le
alcé apenas unos centímetros y mi dedo índice fue directo a su esfínter, que
logré atravesar sin demasiada dificultad. Y fue cuestión de segundos el que un
grito anunciase su inminente corrida. Un potente chorro de esperma salió
disparado de su polla, directo al estómago de mi hermana. Seguí hasta que soltó
la última gota, y sintiendo que sería cuestión de segundos el que me corriese yo
también, me eché hacia atrás, le saqué la mano de debajo y me zafé de la suya.
Me quedé tumbado un momento y cerré los ojos para recuperarme. Cuando los abrí,
apenas un instante después, ví a Alicia recoger el semen del estómago y del sexo
de Laura con la boca.
- Eres un cabronazo -dijo Manu intentando
recuperar el aliento y mostrando una débil sonrisa.
- Tranquilo, que estas nos las pagarán -le
dije por lo bajo a modo de excusa devolviéndole el gesto.
- Parece que tenemos un ganador -dijo
alborozada Laura en falsete imitando la voz de la presentadora de un concurso de
la tele.
- Ya sabes cuál es el premio - comentó
melosa Alicia mientras las dos se acercaban a nosotros- Somos tuyas, por lo
menos hasta que pensemos que Manu se ha recuperado...
Resignado, Manu se retiró apenas un par de
metros, con el único propósito de recuperarse lo antes posible disfrutando con
la escena que las dos chicas y yo no tardamos en montar. La primera que se
abalanzó sobre mí fue Alicia, y si bien me moría de ganas por reventarlas a las
dos a base de pollazos, lo primero que hice fue besarla en la boca, notándola
caliene y húmeda. Apenas llevaba unos segundos besando esos labios carnosos y
blandos, cuando sentí cómo mi polla era atrapada por la boca de Laura. Temí que
con el calentón que llevaba y la furia con que mi hermana solía chupármela
acabaría por correrme sin apenas disfrutar de esos dos cuerpos, pero la lengua
de Laura esta vez era lenta.
Alicia se retiró de mí con la mirada
embelesada, para dejarme ver cómo mi hermanita se esmeraba, como si el tiempo no
existiese, en recorrer con su lengua cada milímetro de mi sexo, pausadamente,
sin prisas, algo que, unido al silencio reinante, sólo enturbidado por el canto
de algún pájaro lejano y por los apenas perceptibles sonidos guturales que
escapaban de los labios de Laura, me volvía loco. La vecinita me empujó hasta
que quedé completamente tumbado sobre la hierba, sin que mi hermana dejase de
tener la boca ocupada y colocó sus piernas a ambos lados de mi cabeza. Se quedó
un momento de pié, exhibiendo la maravillosa visión de su entrepierna, desde
abajo podía verle el coñito perlado por gotitas que delataban su excitación, y
ese culo que pedía guerra a gritos, el mismo que hacía apenas unos minutos me
había sido imposible siquiera de acarciar. No se hizo de rogar demasiado, con la
misma parsimonia con la que Laura me proporcionaba con la lengua un placer
enorme, Alicia fue bajando las caderas muy despacio. Era increible ver ese
cuerpo bajar lentamente, notar su calor en la cara según iba acercándose
centímetro a centímetro.
Conforme iba descendiendo, le iba
acariciando el interior de sus muslos hacia arriba, hasta que mis manos toparon
con sus ingles, y fueron juntándose hasta alcanzar su sexo. Allí mis dedos se
perdieron, se introdujeron en su interior, en su sexo, en su culo... cuando mis
manos pasaron a apresar sus firmes nalgas, como compensación por lo que me había
prohibido hacía un rato, fue arqueando la espalda hacia atrás y siguió bajando
hasta plantar literalmente su cuerpo sobre mi cara. Ya no sabía si el calor que
sentía procedía de ella o era yo que me quemaba. Con la nariz prácticamente en
el interior del coñito de Alicia, me dejé llevar por el embriagador aroma y
exploré con la lengua. Noté cómo su ano se contraía y se dilataba al contacto
con mi lengua, que no dejaba de mover, también despacio, acompasando los
movimientos con que Laura me comía la polla. Dibujaba círculos, intentaba
introducirla, daba alrgos lametazos que no se olvidaban de su perineo y de su
chochito mientras que mis manos jugaban con sus tetas. Mi hermana se incorporó
un poco y tras darme placer con la boca, noté cómo se abalanzabo sobre mí, el
peso de sus enormes tetazas sobre mi polla, que quedó atrapada en el medio. Con
las manos la acomodó en su interior y empezó a masturbarme con las tetas,
aumentando el ritmo con el que había empezado sabiendo que estaba prácticamente
recuperado tras pasar por las manos de Manu. Lo mismo hice yo, aumentar el ritmo
y la intensidad con la que mi lengua exploraba el interior de Alicia, que,
delatada por sus jadeos, tardó muy poco en correrse en mi cara.
La vecina cada vez estaba más mojada, y en
un movimiento que evitó que me asfixiase en sus fluidos, se abalanzó hacia
adelante, tratando de alcanzar el trozo de polla que me escapaba de entre las
tetas de mi hermana. Dando un último lametón a los bajos de Alicia, me la quité
de encima y me levanté, la tumbé boca arriba y le pedí a mi hermana que se
situase sobre ella, hasta hacer un 69. No hizo falta decirlas lo que tenían que
hacer, sus lenguas no tardaron en acometer con el sexo de la otra. Me coloqué
detrás de Laura, deleitándome unos instantes viendo cómo la vecina se deshacía
en intentar llevar el mismo ritmo que mi hermana imprimía en su sexo y me
arrodillé dirigiendo la polla hacia la entrada del coñito que dejó de recibir
las atenciones de la lengua de Alicia. Me deslicé sin ninguna dificultad dentro
de mi hermana, mi polla entró de un golpe, arrancándole un largo gemido de
placer que la hizo desatender por un momento a su partenaire. Tan pronto ví su
cabeza bajar de nuevo para seguir explorando el interior de la vecina, empecé a
bombear sin prisa pero sin pausa, introduciéndo mi polla tan adentro como podía
y sacándola casi por completo para volver a empezar. Debajo de mí oía a Alicia
gemir, mis embestidas a Laura no habían hecho sino aumentar la velicidad de su
lengua en el sexo de la vecina. Instintivamente sacó la lengua para lamerme el
escroto según se la iba metiendo a mi hermanita. Era una sensación brutal, el
calor del sexo de Laura, la facilidad con la que me la follaba, unido a la
sensación de la lengua de Alicia jugando con mis testículos o explorando mi ano.
Levanté un poco a mi hermana, lo justo para que con las manos pudiese agarrar
sus tetazas, y empecé a pellizcarle los pezones. Cuanto más la excitaba, más
hacía por que se excitase la vecina, que a su vez, disponía sin prejuicios su
boca y su lengua para proporcionarme a mí más placer. La vecinita se estaba
corriendo por segunda vez y a Laura le faltaba poco, así que aproveché para que
me hermanita se corriese bien agusto. Le saqué la polla de su ardiente coñito y
la dispuse en la entrada del culo. Noté cómo arqueaba la espalda según su
esfínter se iba tragando mi nabo centímetro a centímetro. Entró hasta el final,
y una vez con todo dentro, empujé cuanto pude y con pequeños movimientos
reculaba, intentando no dejar salir mi polla de ese precioso culo, para comenzar
a bombear a un ritmo frenético.
Con aquella follada mi hermana tuvo un
orgasmo brutal, desplomándose sobre la vecina. La temblaron las rodillas y las
deslizó hacia ambos lados de la cara de Alicia, que desde que mi polla había
entrado por la entrada de atrás de Laura, no había dejado de propinarle caricias
al sexo de mi hermanita con la boca. Me retiré hacia atrás viendo el culo que
acababa de follarme totalmente abierto, aún no había contraído los músculos para
volver a contraerse, y con una mano dirigí la cabeza de alicia, aupándola para
que le propinase unos cuantos lametones antes de que volviese a su estado de
reposo. De entre todas las posturas que tenía en la cabeza para follarme a
aquéllas dos zorrillas, decidí decantarme entonces por follarle el culo esta vez
a la vecina. Nada más pedírselo se tumbó sobre la hierba. Coloqué a mi hermana
justo encima de Alicia, con las piernas abiertas a ambos lados de su cabeza, que
quedaba incrustada bajo los orificios de Laura que acababa de explorar. Me
arrodille entre las piernas de la vecina, y empecé a bombear dentro de su
chochito mientras ésta agradecía el placer que le proporcionaba moviendo la
lengua entre los muslos de mii hermana. Mis manos, mientras tanto, se perdían en
las tetas de las dos chicas, empecé primero con los pezones de Alicia, a
pellizcarlos, a apretarlos bien entre los dedos hasta estirar cada pecho hacia
arriba, tanto como daban de sí. Pero para mi hermanita los pellizcos no eran
suficientes. Sin interrumpir el mete saca con la vecina, me eché un poco hacia
adelante, lo justo para alcanzar con la boca las enormes tetazas de mi Laurita.
Al primer mordisco, echó mano de la braguita del bikini que tenía tirada a un
lado y se la metió en la boca, mordiéndola para evitar pegar unos alaridos que
hubiesen roto cualquier objeto de cristal en 10 kilómetros a la redonda. Si bien
comerse un buen pezón requiere cierto cuidado, ya que siempre hay que saber
hasta dónde la chica es capaz de soportar los dientes mordiendo su carne, con mi
hermana no hay límites.
Comencé aprisionándolos entre los dientes,
y empecé a morderlos, poco a poco, cada vez ejerciendo más presión con los
dientes. Un poco más. Cada vez más y más. Laura gemía con la braguita del bikini
en su boca mitigando sus sonidos. Lo dejé justo cuando pensé que se los iba a
arrancar, aunque se que quería más, le quedaba poco para otro orgasmo, pero yo
quería que se corriese como una loca gracias al trabajo que en sus bajos hacía
la vecina con la lengua. Pese a cómo me estaba poniendo taladrándole el coñito a
Alicia, le sujeté las caderas, que movía como una loca, se la saqué y la agarré
por las rodillas, subiéndoselas hasta que apareció desafiante su ano,
completamente encharcado de sus fluidos. Mi hermana, sentada en su cara, la
sujetó por los tobillos, la vecina ya tan sólo tenía la parte superior de la
espalda apoyada en el suelo, con los riñones al aire. Contradiciendo la ternura
con la que la había abordado nada más ganar "la apuesta", esta vez no vacilé, y
colocando la punta de la polla justo en la apertura de su culito, empujé con
violencia. Del primer empujón, entró hasta la mitad, y le arrancó a Alicia en
enésimo orgasmo de la mañana, lo que se tradujo a su vez en un furioso
movimiento de la lengua que casi hizo que mi hermana se cayese al suelo. La
saqué con cuidado, para volver a la carga sin miramientos. Mi polla entraba y
salía con celeridad, hasta que llegó un momento en el que encajaba dentro del
ano de la vecina como un guante, momento en el que aproveché para meterla hasta
el fondo. Mis huevos golpeaban con furia la parte baja de sus riñones, y notaba
que en breve iban a vaciarse sobre las dos zorrillas. Seguí bombeando hasta que
sentí que no me quedaba nada, que era cuestión de 7 u 8 embestidas más para
bañar a las dos chicas en semen. Le quité a mi hermana las rodillas de Alicia,
que cayeron al suelo a ambos lados de mí, le propiné el último empujón con
violencia, clavándole la polla en las mismas entrañas, agarré a Laura para que
se tumbase sobrer la vecina hasta repetir otro 69, y se la saqué a ésta justo en
el momento en el que un río de leche se llevaba consigo la conciencia. La
corrida alcanzó de lleno la cara de mi hermana y el culo y el chochito de la
vecina durante lo que me pareció horas. Y me dejé caer hacia atrás para ver cómo
mi hermana, con el rostro lleno de semen, recogía con la lengua del sexo y del
ano de Alicia todo lo que no había acabado en su cara. Cuando terminó de
hacerlo, se levantó de encima de la vecina, buscó su cara, y dándole un profundo
y lento beso, compartió la corrida con la vecina, que la recibió aún jadeante en
la boca.
Tardé un momento en reparar en Manu, que
no había perdido la ocasión para ver el espectáculo y, recuperado del todo, se
masturbaba lentamente, como temiendo correrse otra vez y no poder disfrutar del
cuerpo de aquellas dos mujeres como lo había hecho yo.
- Bueno, ahora digo yo que me toca, ¿no?
-dijo con malicia.
Las dos chicas, en cuyas caritas apenas
quedaba ya restos de semen se miraron entre sí.
- Danos unos minutos, que aún no estoy
para darte todo el tute que nos ha dado este -comentó Alicia con cierta ironía,
señalándome. Pero justo cuando terminaba la frase, mi hermana, levantándose del
suelo y meneando las caderas y el culo como sólo ella sabe hacerlo, se dirigió
hacia Manu, se tumbó junto a él, y antes de que el mismo Manu se diese cuenta,
ya tenía su polla en la boca.
- No le canses demasiado, bonita -dijo
Alicia-, que también quiero yo, pero en un ratito. ¿Te apetece un baño, Javi? -y
antes de que siquiera pudiese decirle que era una idea cojonuda en esos
momentos, se acercó a mí y me besó en la boca, en la que pude notar el sabor de
mi propia leche tras haber pasado por los labios de Laura. Los dos nos pusimos
el bañador y el bikini y nos lanzamos al agua, dejando a los otros dos sobre la
hierba preparando, muy despacito, lo que iba a seguir en unos minutos.
Continuará...