MICRORELATOS ( 8 )
LAS PALABRAS DE TU PADRE.
NOTA: Este relato NO es mío. Me lo envió un querido
amigo de México que a su vez se lo enviaron, por lo que supongo que el autor
debe ser anónimo. Me gustó tanto, que no quería dejar de compartirlo con todos
ustedes.
Había una vez... un hombre muy rico que poseía muchos bienes: una inmensa
estancia, una gran cantidad de ganado, varios empleados y un único hijo, su
heredero.
Lo que más le gustaba al hijo era hacer fiestas, estar con sus amigos y ser
adulado por ellos.
Su padre siempre le advertía que sus amigos sólo estarían a su lado mientras
él tuviese algo que ofrecerles y que después le abandonarían.
Un día, el viejo padre, ya avanzado en edad, hizo construir un pequeño
establo a sus empleados. Dentro de él, el propio padre preparó una horca, y
junto a ella, una placa con algo escrito:
"Para que nunca desprecies las palabras de tu padre."
Más tarde, llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
-"Hijo mío, ya estoy viejo y muy pronto tú te encargarás de todo lo mío
cuando yo me vaya... y lamentablemente ya sé cual será tu futuro. Vas a dejar la
estancia en manos de tus empleados y gastarás todo el dinero con tus amigos.
Venderás todos los bienes para sustentarte y cuando no tengas más nada, todos
tus amigos se apartarán de ti. Sólo entonces, te arrepentirás amargamente por no
haber escuchado mis consejos. Fue por ese motivo, que construí esta horca. Ella
es para ti. Quiero que me prometas que si te llega a suceder todo lo que acabo
de decir, te ahorcarás en ella sin dudarlo."
El joven pensó unos momentos que todo lo que acababa de escuchar era un
absurdo. Tenían tantos bienes y dinero que era imposible que se pudieran
agotar... y sus amigos no era como él pensaba... en realidad no los conocía;
ellos eran sus amigos del alma, todos fieles... jamás se apartarían de su
lado... sin embargo, y para no contradecirle, le prometió que si eso llegara a
sucederle realmente, haría lo que su padre le estaba pidiendo, dando por
descontado que todo eso jamás le ocurriría a él.
El tiempo pasó, el padre murió y su hijo se encargó de todo; y tal como le
había advertido su progenitor, el joven gastó todo su dinero, vendió todos los
bienes para sustentarse, sus amigos se alejaron de él y perdió su propia
dignidad.
Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar acerca de su vida y se percató
de que había sido un tonto sin ningún lugar a dudas. Recordó en ese momento cada
una de las palabras de su padre y entre llantos, comenzó a decir:
-"Ah, padre mío... Si yo hubiese escuchado tus sabios consejos y no me
hubiera comportado como un verdadero estúpido, soberbio y arrogante... Pero
ahora todo arrepentimiento es inútil... ya es demasiado tarde para remediar mi
error."
Apesadumbrado, el joven levantó la vista y vio el establo. Con pasos lentos,
se dirigió hasta allí y una vez dentro, vio la horca y la placa que su padre
había puesto, le quitó el polvo con la mano y volvió a leerla por última vez.
Entonces, pensó:
-"Yo nunca seguí las palabras de mi padre... No pude alegrarlo mientras
estaba vivo, pero al menos por esta vez, haré su voluntad. Voy a cumplir con la
promesa que le he hecho. No me queda nada más por hacer..."
Entonces, subió las escaleras, se colocó la cuerda al cuello y en un ultimo
instante, dijo en voz alta:
-"Ah... si yo tuviera una nueva oportunidad..."
Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y por un instante sintió que
la cuerda le apretaba la garganta.
Era el fin!
Sin embargo, el brazo de la horca era hueco, cedió y se quebró fácilmente
haciendo caer al joven al piso.
Sobre él cayeron montones de joyas, innumerables esmeraldas, una gran cantidad
de perlas, rubíes, zafiros y brillantes... muchos brillantes.
La horca estaba llena de piedras preciosas!!!
Entre ellas, cayó también una nota que decía:
"Esta es tu nueva oportunidad. No la vuelvas a desaprovechar. Con mucho
amor, tu viejo padre."
FIN DE ESTE RELATO FICTICIO BASADO EN HECHOS REALES.
Si te gustó este relato, no dejes de leer alguno de los 76
anteriores del mismo autor, por ejemplo: "Madre Hay Una Sola":
http://www.todorelatos.com/relato/36348/