ESTELA SU MADRE Y YO.
La convivencia entre los tres no sufrió alteraciones. Estela
y yo nos amábamos y nuestros encuentros sexuales eran volcánicos. Cada día eran
más sentidos y gozábamos de todas las maneras posibles explorando la sensualidad
de un hombre y una mujer entregados al amor y al placer. Más de una tarde, en
ausencia de Estela tuve relaciones con su madre Elsa, que en el momento de
máxima lujuria me prometía que se aproximaba el día en que con su hija me iban a
dar placer las dos juntas.
Una noche Estela entre besos y abrazos me preguntó si había
hecho el amor con su madre. Quedé en silencio, y ella sin esperar la respuesta
continuó "Mamá me contó que la habías hecho feliz el día en que se quedaron
solos". La besé y cuando iba a disculparme se adelantó. "Le debo y la quiero
tanto, que lo único que me importa es verla feliz".
Dudé pero me atreví sospechando que Elsa le había contado
todo. "¿Puedo compartirlas mi amor?", le pregunté. "yo te amo y haría cualquier
cosa por complacerte y verte contenta", y agregué. "Tu madre es una diosa y vos
tan adorable y generosa como ella".
"Mamá espera que la comprendamos y desea ser nuestra sumisa y
darnos su amor y explorar los placeres del sexo que solo entre los tres podemos
disfrutar". "No necesitamos recurrir a otros para hacer realidad la fantasía de
muchos hombres y mujeres"., reflexionó Estela
"Por supuesto y me pondré muy feliz si compartimos el sexo",
"Tu madre estuvo tanto tiempo sin gozar hasta esa noche en que no me pude negar
a su provocación y sus encantos".
En ese momento apareció en la puerta de la habitación Elsa.
Casi desnuda, solo cubierta con un corpiño y portaligas rojos que sujetaban sus
medias negras. Los zapatos de tacos altos realzaban su figura. Estaba
impactante. Había esperado el momento en que su hija me revelara el conocimiento
de la verdad y obtuviera el consentimiento de mi parte para hacer realidad lo
prometido. Se acercó y nos pidió que continuásemos que ella solo quería mirar y
disfrutar de ese momento mágico que desde hacía tiempo envidiaba.
Me incorporé y tomé a Estela de la mano quien besó a su
madre. Luego yo la abracé y la besé en la boca sellando nuestro pacto.
"Sigan chicos y disfrutemos juntos" nos pidió.
Sentado de espaldas al respaldo del sillón de pana roja,
Estela se subió a horcajadas sobre mi miembro duro y palpitante, mientras Elsa
le abría los glúteos con sus manos para ampliar el orificio. Entre con mi verga
hasta el fondo de su concha que encharcada por los jugos que fluían de la
vagina, generaban un chapoteo ruidoso que hacían las delicias de su madre que
miraba todo sin perderse detalle. La cogida era brutal y los gemidos de Estela
pidiéndome más me excitaban. Tenía esa manera sensual de decir las cosas que
pasaban de la delicadeza hasta la grosería.
"Papi dame tu amor y esa pija enorme que me hace tan feliz".
"Siento que me llega hasta el fondo pero quiero más". "Asssiii, mi vida, soy
tuya, aaaahhhh".
Mi suegra, tomaba fotos registrando el momento sublime,
mientras se masturbaba con su mano libre. Luego colocó la maquina para sacarnos
a los tres juntos, se aproximó y beso con ternura el orificio anal, los labios
de la concha y mi pija lo que quedó reflejado en una primera foto.
Yo seguía, cogiendo y gozando de las caricias que madre e
hija me prodigaban. Sabían como hacer para que mi miembro se mantuviese firme.
Pasaba de la concha de mi mujer a la de su madre, hasta que la muy zorra nos
pidió que la preparásemos para que yo la enculara.
Me senté con mi verga endurecida por la inminente penetración
y Estela que había lubricado el ano de Elsa con los flujos que escurrían de su
concha, acomodó a su madre abierta de piernas y dirigió mi verga hacia el
orificio pidiéndole que se relajase.
"Hija ya estoy lista", musitó Elsa.
"Mamá déjate caer sentada de a poco pues puede dolerte cuando
atraviese el esfínter". "No hija nunca lo hice, es la primera vez que lo haré
por el ano, pero como los escuché gozar cuando lo hacían, quiero sentir lo
mismo", "Estoy dispuesta a experimentar el dolor y el placer". Me animó Elsa.
"Aaaayyy, por favor despacio que me duele, aaayyy", "Que
cabeza gordota para mi culo virgen, por Dios, aaayyy",
Sentí como mi verga se enterraba en sus entrañas hasta los
testículos. Gritó de dolor y se levantó, pero inmediatamente se dejo caer e
inició una cabalgata furiosa.
Mi pija entraba y salía al compás de sus movimientos. Desde
atrás yo le acariciaba las tetas y Estela le besaba y estimulaba el clítoris.
"Así sigan por favor así, por Dios me corro aaahhh, aaahhh,
aaahhh, quiero toda la leche aaahhh, aaahhh, me rompieron el culo", "Que rico
por Dios". "Estoy gozando". "Que maravillosa experiencia y que orgasmo me
produjo". Concluyó Elsa.
Terminamos exhaustos y sudorosos, y luego de prometernos
repetir otras noches de amor, placer y lujuria nos bañamos juntos iniciando una
vida en común que aún hoy disfrutamos.