Secuestro
Patricia Galindo había cursado todos sus estudios en el
Colegio de las Monjas Devotas de Santa Erudiges. Hacía tres meses que había
egresado y ahora estaba trabajando en una tienda.
Regresaba a su casa, como todas las tardes, cuando de pronto se detuvo un auto a
su lado, bajaron dos hombres que la tomaron de los brazos y la introdujeron en
el interior del vehículo que arrancó raudamente.
Se había consumado el secuestro de la joven de 19 años. El auto tomó rumbo al
oeste. Allí comenzaban las primeras estribaciones de un plegamiento rocoso muy
vegetado. Grandes árboles rodeaban el camino.
Los dos hombres, sentados a cada lado de la joven, le mantenían los brazos
agarrados con una sus manos. Con la otra ambos comenzaron a desabrochar la
camisa de Patricia que imploraba que la dejaran libre.
Una vez abierta la camisa y retirado el corpiño, dos hermosas tetas aparecieron
a los ojos de ambos, quienes dirigiéndose al conductor del vehículo le indicaban
que había tenido buen ojo al decidir levantar a esta joven. El conductor,
Damián, preguntó:
¿Tiene los pezones bien duros?. A mí me gustan así, si no buscamos otra.
Eduardo, uno de los mantenía inmovilizada a Patricia respondió.

¡Son unos pezones espectaculares!. Ideales para lo que a ti
te gusta hacerles.
Mientras tanto Patricia hacia denodados esfuerzos por soltarse mientras
imploraba que no la manosearan. Martín, el tercero de los hombres, decidió
amordazarla.
M: Esta boluda de tanto gritar me está dejando sordo. Dame la bola de goma así
no molesta más.
Luego Patricia apenas podía emitir un tenue sonido.
Doblaron por caminos secundarios, de bosques muy cerrados. Patricia perdió
control de dónde se encontraban o para dónde se dirigían. Ahora sentía las manos
de Eduardo y Martín que empujaban entre sus piernas comino a su bombacha.
El auto se detuvo frente a una casa completamente aislada. Los dos hombres la
bajaron del auto y la arrastraron al interior. Mientras Martín y Eduardo la
mantenían inmovilizada, Damián se ocupó de los pezones. Los tomó entre sus dedos
y los apretaba y retorcía.
Eduardo: No perdamos tiempo. Vamos a desnudarla.
Muy poco después Patricia perdía su última prenda, unas bragas blancas,
inmaculadas. La condujeron a una cama dónde la acostaron amarrando cada una de
sus extremidades a los barrotes del mueble. Le quitaron la mordaza.
-¡Suéltenme, no me violen!. ¡Soy virgen, no me lastimen!- imploró.
Damián: ¡Es virgen!. Ese es un extra que no teníamos calculado. Tenemos que
acordar, entonces, quién le abre la concha.
Martín: Juguemos a los dados. El que gana la desvirga y los otros siguen
después.
Estuvieron de acuerdo. Patricia asistiría a un juego cuyo ganador tendría el
honor de romper aquello que ella tanto había cuidado. Se sentía impotente. No
podría defenderse y alguno de los hombres allí presentes sería el que acabaría
con su virginidad. Gemía, imploraba y gritaba en vano.
Los dados corrían sobre la mesa. Finalmente Martín resultó ganador.
Damián: Martín que tengas buena suerte. Clávasela bien adentro. Pocas veces
hemos tenido la suerte de desvirgar jovencitas. Si chilla mucho, alguna bofetada
la calmará.
Eduardo y Damián se retiraron del lugar. Martín con los ojos encendidos miraba
la conchita de Patricia.
M: Vas a ver cómo te la meto bien adentro. Es la primera vez que rompo un himen.
Si te duele te callas la boca y te la aguantas. Quiero concentrarme en las
sensaciones de una desvirgada.
Patricia lloraba en silencio.¡Tanto cuidado que había tenido con su himen y
ahora se la cogían sin ningún miramiento!. Martín se bajó los pantalones. Una
enorme picha, dura, levantada, apareció a la vista de Patricia. Era la primera
vez que veía un pene excitado. Se estremeció pensando que "eso" se metería en su
conchita.
Las piernas de Patricia estaban muy separadas. No sería difícil embocarla. Se
acercó para mirar bien de cerca la entrada de la vagina. Miró y tocó tanto como
quiso. Luego apoyó la glande contra los labios exteriores y comenzó a empujar.
Un grito de dolor partió de la joven cuando la penetró. Ya estaba hecho. La
acababa de desvirgar. Sintió el movimiento de vaivén y la respiración
entrecortada de Martín. Ella misma comenzó a agitarse.
Poco después sentía el líquido pastoso y caliente que invadía su vagina. Todo el
peso de Martín apoyaba sobre su cuerpo, mientras notaba que el cilindro que
tenía metido se iba achicando. Finalmente Martín se incorporó y gritó a sus
compañeros.
M: ¡La puta fue desvirgada!. Ya se la pueden coger ustedes.
Mientras se vestía entró Eduardo. Que se preparaba a bajarse los pantalones.
E: ¿Qué tal coge esta ramera?¿Gozó la desvirgada?.
M: no sé si gozó o no. Pero me vino bien descargar la leche. Ya no podía más.
Que te aproveche.
Patricia quiso cerrar sus piernas. Había olvidado las ligaduras en sus tobillos.
Eduardo le puso las manos sobre las tetas y comenzó acercar su cuerpo al de la
joven. Ubicó la punta del pene y de un golpe la mandó al fondo. Patricia dio un
grito mezcla de dolor y sorpresa. Ya estaba empalada otra vez.
Parecía que Eduardo no tenía apuro en acabar. Bombeaba, se detenía, bombeaba
otra vez, se detenía. Para Patricia ésta era una agonía que se prolongaba. Veía
cómo gozaba su violador mientras ella era vejada. De pronto sintió otra vez un
chorro caliente en su vagina. Ahora le esperaría el tercero. Pero ¿y después
que?.

Damián entró en la habitación fijando su vista en los duros
pezones que sobresalían de las tetas. Los tomó con sus dedos y comenzó a jugar
con ellos. Primero moderadamente pero luego apretando más y más hasta que
Patricia emitió un quejido. Era el momento de clavarla. Poco después la picha
oscura, enorme de Damián dejaba su carga también en la concha de Patricia. Ahora
le dolía no solamente la concha por la desvirgada y el embate de los penes sino
también sus pezones por las apretadas de Damián.
Entraron los dos jóvenes que estaban fuera de la habitación.-Para empezar está
bastante bien- dijo Eduardo. -Si era virgen de conchita también lo será de
culito y de boquita. El que salió segundo en el juego de dados se la mete por
atrás y el tercero en la boca.-
Estuvieron todos de acuerdo. Desataron a Patricia de la cama y, a pesar de su
resistencia, la condujeron a un caballete donde la amarraron, doblada sobre el
travesaño superior. Sus extremidades atadas a las patas del caballete. El semen
comenzó a salir de su vagina para deslizarse por los muslos.
Le tocaba a Eduardo usar el ano de Patricia. Sin embargo prefirió primero darle
unos azotes para calentar sus glúteos. Luego separando sus nalgas lubricó con
vaselina la entrada del agujero y apoyó su picha, dura nuevamente.
El culito de Patricia era estrecho. Eduardo debió hacer bastante fuerza para
clavarla. Patricia gritaba con desesperación, pero no pudo evitar se penetrada
por la totalidad del pene de Eduardo. Luego siguieron Martín y Damián.
Después de haber acabado Damián en el culo de Patricia, tomó una vara que ya
tenían preparada y comenzó azotar el culo y los muslos de la joven. Ninguno de
los tres se privó de darle unos azotes. Luego la dejaron hasta que se calmara.
Cuando volvieron fue para permitirle ir al baño, comer un sándwich y conducirla
a la habitación donde quedaría encerrada. Era una habitación con una cama con
colchón y cobijas. Patricia dormiría desnuda. Cerraron la puerta con llave y
desde el exterior apagaron las luces. La oscuridad era total.
Cuando despertó por la mañana estaban los tres hombres en la habitación. Debió
levantarse y mostrar su cuerpo desnudo a los tres que hacían comentarios
obscenos respecto de sus partes intimas. Antes de desayunar fue violada por los
tres nuevamente.
Luego de hacerle limpiar la cocina y lavar los utencillos la condujeron
nuevamente a la habitación donde había sido violada por primera vez. La ataron
nuevamente a la cama y le colocaron un aparato para mantener su boca abierta.
Ahora recibiría la leche por allí.
Damián.: Ahora es mi turno. Voy a estrenar una parte inexplorada de esta puta.
Quiero acabar en tu boca y que te tragues el semen. No quiero ni una gota fuera
de tu boca.
Sacó su picha y la colocó en la boca abierta de Patricia. Ésta hizo una mueca de
asco pero no pudo evitar que la glande le tocara el paladar. Ayudado por los
labios de la joven y sus propias manos, Damián descargó la leche en esa boca que
se resistía a recibirla. Muy a pesar de ella tragó el semen. Todavía recordaba
los azotes que había recibido el día anterior.
Siguieron Martín y Eduardo. Las tres mamadas fueron a parar al estómago de
Patricia. Sentía la boca pastosa aunque todavía debía permanecer abierta por el
aparato que le habían puesto.
Martín.: ¿Qué les parece que le demos unos azotes en el vientre y las tetas?.
Tenerla así y no hacerle nada sería una lástima.

Todos coincidieron. Damián fue en busca de un látigo. Cuando
lo vio Patricia comenzó a gritar (en realidad a emitir sonidos ininteligibles ya
que no podía modular.
El primer azote fue a unos cinco centímetros por debajo del ombligo, el segundo
sobre el pubis, el tercero justo debajo de las tetas, el siguiente justo sobre
las tetas. Los gemidos se sucedían sin solución de continuidad. Se pasaban el
látigo de uno a otro y con renovada fuerza la castigaban.
A pesar que ya llevaban dos polvos esa mañana los tres sintieron una erección.
No quisieron desaprovecharla y uno a uno penetró nuevamente a la joven que
permanecía amarrada a la cama.
Cerca del mediodía los tres quisieron conocer cómo se comportaba Patricia cuando
era suspendida de sus tobillos. La desataron de la cama y luego de amarrarle los
brazos en la espalda arrollaron una cuerda de algodón en ada uno de los tobillos
y la izaron de dos cuerdas pendientes del techo hasta que su cabeza quedó a unos
30 centímetros del piso.
Se acercaron al cuerpo que se balanceaba y comenzaron a magrearle el culo y la
concha, mientras observaban las marcas que había el látigo en el castigo de esa
mañana. Así estuvo largo rato. Luego la izaron un poco más para tener a una
altura conveniente las tetas, sobre las cuales trabajaría Damián, ya era su
especialidad el tratamiento de los senos de las secuestradas.
Las aplastó con sus manos, tiró de los pezones, los retorció. Luego comenzó a
colpearlos con el puño cerrado. Patricia estaba completamente indefensa, sólo,
podía quejarse y gemir.
La bajaron porque no resistiría más tiempo cabeza abajo. La aron entonces de
espaldas a una columna con sus brazos amarrados por detrás de la misma. Las
tetas estaban rojas de los golpes recibidos. Sin embargo Damián no había
terminado.
Ya llegando la noche desatada de la columna. Los tres estaban bastante calientes
como para disfrutar de ese cuerpo nuevamente. Cuando le ordenaron que se
acostara sobre la cama no opuso resistencia. Cuando Eduardo comenzó a bajarse
los pantalones Patricia separó sus piernas. Sabía lo que le esperaba y no quería
más castigos.
Luego que los tres pasaron por su cuerpo, la condujeron a su habitación para
pasar la noche. Esa noche debió dormir encogida. Una suerte de grilletes unían
sus muñecas y sus tobillos. Por supuesto permaneció desnuda.

Por la mañana fue violada nuevamente y luego azotada en el
culo. Apenas pasado el mediodía y luego de recibirla por sus tres agujeros, la
suspendieron nuevamente de sus tobillos can las piernas separadas. Con un
cepillo de cerdas duras frotaron reiteradamente la raya del culo y la concha.
Patricia, entre gemidos, pedía que no la castigaran más.
Cuando su concha ya estaba al rojo vivo, la bajaron y le ordenaron vestirse con
las ropas que tenía la llegar pero sin las bragas. Estaba comenzando a
oscurecer. La condujeron al auto y ahora Eduardo estaría al volante. Martín y
Damián se ubicaron a cada costado de Patricia. Le vendaron los ojos y el auto
arrancó.
A poco de andar las manos de los dos jóvenes que la custodiaban comenzaron a
recorrer todo su cuerpo, aun las partes más íntimas. Patricia, temerosa, dejaba
hacer.. Así anduvieron un tiempo que no pudo precisar. De repente el auto detuvo
la marcha.
Damián.: Ahora te bajarás del auto y cuando ya no oigas nuestro auto puedes
sacarte la venda de los ojos y volver a tu casa.
Patricia.: ¿Dónde estoy?¿Dónde me dejan?
Damián. No te preocupes. Es un lugar seguro y nadie te va a violar si eso es lo
que temes. ¡Adiós!
El auto partió raudamente. Patricia se quitó la venda de los ojos. Estaba a
doscientos metros de una gasolinera. Se encaminó hasta allí y llamó a su casa
para que un taxi viniera a buscarla.
En las 67 horas que estuvo en manos de sus captores la recibió 17 veces por la
concha , 5 por el culo y 7 en la boca.
Cuando Patricia llegó y contó lo que le había sucedido, los familiares más
cercanos entendieron que era imprescindible llamar a una reunión de familia para
resolver qué hacer. Todos fueron citados para dos días más tarde.
Una vez todos reunidos, Patricia relató lo que le había ocurrido. Alguno de los
presentes quería detalles de lo ocurrido por lo cual debió contar paso a paso su
aventura y mostrar las marcas que habían dejado los captores en su cuerpo. Su
madre quería la opinión de todos (27 en total) para decidir qué hacer.
Había cinco ponencias:
Que se metiera a monja en una congregación de clausura.
Que comenzara a trabajar en una casa de putas
que fuera vendida como esclava
Que fuera enviada al exterior para luego perder contacto con ella.
Que quedara como un secreto en la familia.
Se puso a votación entre los presentes.
Ponencia a) 3 votos, la b) 8 votos, la c) 8 votos, d) 2 votos y la e) 6 votos
Por el empate entre que comenzara a trabajar de puta y que fuera vendida como
esclava, se discutió cual de ambas debía llevarse a cabo. Finalmente triunfó la
b), que comenzara a trabajar en una casa de putas.
Patricia sintió algún alivio. Ser vendida como esclava le daba un poco de temor.
Tener que laborar de puta no sería tan duro.
Se encargó al tío Manolo que se ocupara de ubicarla en algún prostíbulo. Había
cuatro de cierta importancia en la ciudad. Manolo quedó en que pasaría a buscar
a Patricia al día siguiente para ofrecerla.
Luego de recoger a la joven de su casa se dirigieron a "Las Lilas", quizás el
más importante de los cuatro. Manolo pidió hablar con el encargado mientras
Patricia aguardaba en la sala de espera. Poco después salía Manolo del despacho.
M.: Patricia, aquí no quieren putas. Ni siquiera pudimos hablar de condiciones.
Vamos a "la Penetración".
Allí Manolo demoró más tiempo, platicando con el encargado. Salió del despacho
para llamar a Patricia.
El señor Jorge es el encargado de La Penetración. Quería conocerte antes de dar
una respuesta.
J.: A ver Patricia. Desnúdate que quiero apreciar tu cuerpo.
Patricia comenzó a quitarse la ropa. Una vez totalmente desnuda, Jorge la
observó con detenimiento. Parpó sus tetas y su culo.
J.: Están firmes las carnes. Se ve que es joven y no ha sido muy usada todavía.
Podría ser, pero mejor que la pruebe uno de los muchachos de seguridad. Él es el
que prueba a todas las putas.
Entró uno de los jóvenes encargados de la seguridad, tomó de la muñeca a
Patricia y la llevó a una sala contigua.
M.: Ya le había adelantado señor Jorge que mi sobrina era una puta inexperta
pero joven. Creo que tendrá buenos clientes. Hace solamente una semana que la
violaron..
Jorge pidió nuevos detalles de lo ocurrido. Momentos después salía el probador
de putas.
-No sabe coger. Es una puta clase C que puede destinarla a distintos usos,
incluyo aquellos que Ud. sabe...-
J.: Lo único que le puedo ofrecer es que haga una pasantía aquí sin paga alguna
por un mes para ver qué aceptación tiene de los clientes. Luego de eso, lo
analizamos.

Manolo pidió un tiempo para pensarlo. Le parecía un poco
abusivo trabajar un mes gratis. Por su parte Patricia sentía un fuerte dolor en
el culo. Además de cogerla y acabar en su vagina, el varón que la examinó le
había puesto un consolador en el culo.
Fueron a " La Puta que lo Parió", prostíbulo muy frecuentado por jóvenes. Allí
Manolo se encontró con Luis, el encargado, un viejo compañero del colegio que
hacía varios años que no lo veía. Luego de ofrecerle a su sobrina y relatarle
detalles del secuestro y violación, Luis se mostró interesado.
L.: Te diré Manolo. Aquí tenemos dos clases de putas. Las putas comunes, que se
dejan coger por dinero y las putas sumisas, que además de dejarse coger, dejan
que los ocasionales clientes las zurren. Creo que Patricia podría entrar en esta
categoría. Voy a probarla, Dile que pase.
Patricia entró en el despacho de Luis.
L.: A ver Patricia, denúdate y muéstrame las marcas que hicieron cuando te
secuestraron y violaron.
Patricia se quitó la ropa y mostró a Luis las marcas en el culo y en las tetas.
L.: No está mal. ¿Te han clavado agujas en las tetas o dejaron caer cera
derretida en la concha?.
P: No señor. Nada de eso.
L: Pasemos a la otra sala que quiero que pruebes mi vara de mimbre.
Pasaron a la habitación contigua. Luis ató las muñecas de Patricia a una argolla
fija en una viga del techo. La joven quedó cos sus brazos estirados por encima
de su cabeza. Tomó una vara muy flexible de mimbre. Sin mediar palabra comenzó a
castigar a la joven en el culo, el vientre, la espalda. Patricia gemía de dolor.
Luis comenzó a excitarse con el comportamiento de la joven. Descargaba la vara
con fuerza y las marcas se sucedían en la delicada piel de Patricia. Mientras
era azotada recordó los días en el colegio de monjas y las enseñanzas que allí
había aprendido. Esto era bastante distinto de lo pensaba sería su futuro.
Mientras tanto su tío escuchaba los lamentos desde la habitación contigua. Estar
en "la Puta que lo Parió" sería una situación intermedia entre trabajar de puta
y ser vendida como esclava. Poco después comenzó a sentir la respiración
entrecortada de su sobrina. Luis se la estaba cogiendo, quien poco después
volvió a su despacho mientras de acomodaba la comisa.
L.: Manolo, es una puta regular. Tal como pensaba sólo sirve como puta sumisa.
Como te he dicho aquí vienen algunos hombres que luego de cogerlas quieren
castigarlas. Para eso puede servir. Disculpa que sea tu sobrina pero realmente
es una puta de muy poco valor. Me interesaría contratarla por un año. Le pagaría
cinco dólares por cada cliente. No es mucho pero para empezar creo que es
razonable.
M: Es bastante poco, especialmente si luego de la cogida es azotada. Mira cómo
la has dejado. Tiene marcas por todas partes. ¿Te parece que tan poco como puta
vale mi sobrina?.
L: Mira Manolo o lo tomas o lo dejas. Por esta puta no estoy dispuesto a pagar
más.
Manolo quiso pensarlo. Patricia quiso opinar pero su tío consideró que la
opinión de ella era irrelevante. Se dirigieron a "Las Tímidas".
El encargado del establecimiento sólo aceptaba mujeres que pasaran a su
propiedad. Él compraba las putas que trabajan allí. Luego disponía de ellas a su
gusto.
M. ¿Y cuánto pagaría por mi sobrina?
Encargado: Por esta puta me parece que poco. Parece que le gusta que la zurren.
Veo que tiene marcas en las piernas.
M: Acaban de hacerlo. Tiene marcas en todo su cuerpo. A ver Patricia, desnúdate
para mostrarle al señor las marcas que te han hecho.
Patricia nuevamente se quitó las ropas. El encargado luego de mirar
detenidamente su cuerpo se acercó y tomó los pezones entre los dedos pulgar e
índice y los retorció mientras los apretaba con fuerza. La joven no pudo
contener un grito de dolor.
Encargado: como le dije, esta puta vale poco. Ni siquiera resiste sin gritar
cuando se le aprietan los pezones. No le doy más de dos mil dólares. Pasa a mi
propiedad y podré hacer con ella absolutamente lo que quiera.
Se retiraron del lugar. Con las cuatro propuestas, en realidad tres, ya que en
Las Lilas no querían más putas, Manolo llamó a reunión de Familia.
Una vez reunidos los 27 integrantes, Manolo expuso las propuestas. Todos
coincidieron que lo mejor era que trabajara en La Puta que lo Parió. Todos
esperaban, y así se lo hicieron saber a Patricia, que se esmerara para tener
muchos clientes, para que al repartir entre los 27 lo producido con su trabajo,
les resultara algo significativo. Uno de sus primos le dijo:
-Patricia, es posible que den algunas propinas, sobre todo aquellos que pasen
una fusta por tu culo. Queremos que también las propinas las traigas para el
reparto. Nada de quedarte con algunas monedas.-
Manolo: No debemos perder tiempo. Mañana mismo debe Patricia comenzar trabajar.
Llamaré a Luis para ultimar los detalles. Mientras tanto creo que Patricia
podría ofrecer su cuerpo a sus primos. Es lo mínimo que debe hacer por las
molestias causadas. Los primos estuvieron de acuerdo y uno a uno pasaron por el
dormitorio de Patricia.
El horario de trabajo de Patricia en la casa de putas sería de martes a jueves
de 5 de la tarde a 1 de la madrugada. Viernes, sábado y domingo de 5 de la tarde
a 5 de la madrugada. Los lunes tenía descanso. En total debía permanecer 60
horas semanales a disposición de todos aquellos que quisieran cogerla y
castigarla.
Cuando regresó el primer domingo, luego de permanecer hasta las cinco de la
madrugada en La Puta que lo Parió, podía verse la cara de cansada y el
sufrimiento. Había comenzado el miércoles y en esos cinco días de trabajo había
tenido que coger con más de veinte hombres, varios de los cuales luego de tener
sexo la habían azotado en el culo, las tetas y la espalda. Uno de ellos se calzó
unos guantes de boxeo y había descargado varios golpes en las tetas.
Había reunido en total 173 dólares producto parte de lo que le correspondía por
el trabajo y parte de las propinas. Estaba agotada. Se acostó a descansar. Debía
recuperarse para iniciar la semana en buena forma. Había traído poco dinero y
sus familiares se lo reprocharían. Debía mejorar. Temía que si no lo hacía,
resolvieran venderla como esclava.
Por algunos comentarios que había escuchado en el prostíbulo, la vida como
esclava sería mucho más dura todavía. Se enteró, además, que Luis solía tomar
una de las putas para su uso personal y las castigaba sin piedad. Confiaba en la
amistad con su tío la librara de esos sufrimientos adicionales.
El primer año en la casa de putas fue mucho peor que lo imaginado. Tanto los
clientes como el propio Luis la habían castigado en todo su cuerpo. Tenía marcas
de látigos, quemaduras, cuerdas y cadenas por todas partes. Por su concha habían
penetrado los objetos más increíbles y de tamaños monstruosos. Su ano también se
había visto delatado por diversos objetos. Había sido un año duro.
Con motivo de la finalización del contrato, Manolo fue a ver a Luis para la
renovación. Luis aceptaría renovar el contrato pero con una condición. Que
Patricia se quedara vivir en La Puta que lo Parió para así trabajar los siete
días de la semana. Como compensación por el alojamiento y comidas se le
rebajaría la proporción a cobrar por cada servicio. Pasaría de cinco dólares a
tres dólares con cincuenta.
M: Pero Luis, eso es muy poco por esta puta. Todos esperábamos una paga un poco
mayor.
L: Mira Manolo, si no estás conforme, te llevas a tu puta y se acabó el negocio.
M: ¿Tan mala como puta es que sólo eso vale?
L: No me hagas perder más tiempo. O te la llevas o se queda a trabajar en las
condiciones que te dije.
Manolo. Respeto tu opinión. Se quedará aquí. Puedes hacer con ella lo que te
plazca siempre que nos pagues al menos los 3,50 prometidos.
L: Has hecho una buena elección. Trataremos a esta puta como se merece. Estoy
seguro que no te arrepentirás. Para festejar el ingreso de Patricia vamos
azotarla. Quiero que tú también participes. Patricia, desnúdate y ya sabes dónde
ir para que te castigue.
Patricia se retiró del lugar, se desnudó completamente y ella misma se fijó unas
esposas con los brazos levantados dejando su cuerpo a merced de Luis, que entró
poco después acompañado por su tío, portando un grueso látigo. Lo que siguió
pueden imaginárselo.
Autor: Master Zero