Pintxo: El Molde
Metió el dedo y comprobó que la masa todavía estaba caliente
pero ya no hervía. Levanto la cazuela con una mano y con la otra palpo el molde,
estaba en su sitio, listo para recibir la mezcla azucarada. Un delicioso
bizcocho según la receta de mama, poco esponjoso, muy denso y de rápida
solidificación.
Vertió el contenido lentamente para permitir que se fuera
secando por el camino, con la otra mano iba retirando los excesos y ajustando a
la forma del molde, evitando que se formaran grumos. Espero un minuto a que
solidificara y acerco las manos con cuidado para retirar el bizcocho del molde
sin romperlo.
Lentamente lo extrajo de una pieza del molde, era una copia
perfecta, algo más gruesa y con unas rugosidades que carecía el original. La
manoseo con cuidado, pero se tranquilizó, ya estaba dura, la receta de mama
siempre dejaba los bizcochos duros como piedras.
Miro la base y comprobó que no habían quedado pelitos,
entonces se giro y sonrió al hombre que permanecía sentado en la silla con las
manos atadas a la espalda. Apoyo el bizcocho en un plato y se dirigió golosa
hacia el rojo glande del hombre. Succionaba con los carrillos, la lengua trazaba
círculos en la corona del pene y de golpe lo engullía hasta la empuñadura, sus
manos subían rápido, arriba y abajo marcando una cadencia acelerada.
Empezó a succionarle los testículos mientras masajeaba a
ritmo frenético toldo lo largo de su polla. En cuanto noto la presión de la
acuciante acometida cogió el plato y apunto con frialdad. El miembro descargo
todo su contenido.
Acerco su boca al oído y susurro : Ahora cariño, vas a probar
tu propia polla.