Silvia es, sin duda, una de las mejores amigas de mi mujer,
Mar (no Marimar). Cuando nos llamó y nos contó que lo había dejado con su novio,
nos dejó de piedra. Para nosotros hacían una pareja perfecta, y nada nos hizo
pensar nunca que se estaban alejando hasta llegar a la ruptura final. La
sospecha de una tercera persona, por parte de él, parecía más que una
posibilidad, por la forma extraña en que su novio le dijo que necesita tiempo
para reflexionar y que era mejor que, de momento, dejaran de verse. En realidad,
llevaban casi seis meses algo distantes, él se comportaba de forma extraña,
apenas tenían relaciones sexuales (por lo que nos contó), y apenas hablaban.
Hacía una semana de todo esto cuando Silvia nos llamó. Estaba
bastante afectada. Nos pidió ir a visitarnos, para poder charlar con nosotros.
Se encontraba mal, y necesitaba compañía. Nosotros vivimos al lado del mar, y en
pleno mes de Junio debió pensar que unas pequeñas vacaciones con nosotros podían
ayudarla, si no a olvidar, a hacer un poco más llevaderos esos días tan
difíciles después de una separación. Vivimos en una casita justo al lado de la
playa, en una urbanización bonita, con piscina, bonitos jardines, etc.
En estos casos, prefiero mantenerme al margen. Soy Psicólogo,
peor no ejerzo con amigos ni con familiares. Es muy complicado. Nunca he sido
capaz de delimitar donde acaba el Jaime-psicólogo y donde empieza el
Jaime-amigo, y viceversa. Por eso, mejor dejo que sea mi mujer la que se ocupe
como amiga y consejera en estos temas.
El pronóstico meteorológico era inmejorable. Anticiclón,
cielos despejados, ausencia de viento, calor moderado. Podíamos pasar un fin de
semana de playa y copas. También a nosotros nos hacía falta.
Llegó a casa un viernes por la tarde. Después de los saludos,
de deshacer la maleta, nos contó lo difícil que estaban siendo estas días para
ella, y después de unas lágrimas, decidimos que ya estaba bien y a Cesar (su
novio), que le dieran.
Hicimos planes para el día siguiente. Mi mujer, muy clara
dijo:
-A ti te hace falta una buena polla. Eso está claro. Así que
esta noche nos vamos de copas, y mañana nos vamos a una playa nudista que hay
cerca de aquí, para que te recrees la vista
-Vamos a ver, vamos a ver. Lo de las copas, sin duda, pero lo
de la playa eso es muy fuerte. Yo no he estado en ninguna, y yo me pongo en
pelotas en ningún sitio. Que corte
-No hace falta que te quites nada. En estas playas se pone en
pelotas quien quiere. Tu te quedas en bikini, y ya está, y miras el ‘paisaje’,
que donde vamos a ir hay unas pollas como panes...
Pero la idea no la convencía
-Ya, ¿y vosotros? ¿Haceis nudismo? Quiero decir, ¿os quitais
todo?
-Si, a nosotros no nos da ningún corte –añadí yo
-Pero como vamos a estar allí, ¿en pelotas, delante de todo
el mundo?
-Te repito: eres libre de quitarte o ponerte lo que quieras.
De todos modos, si vas a estar incómoda, mejor vamos a otro sitio. Pero como
dice mi mujer, te hace falta distraer la mente, y mejor si las vistas son
bonitas. A esta playa va mucho alemán, mucho ingles, mucho suizo. Te advierto
que te va a gustar. Mar, sin ir mas lejos, no para de hacer comentarios de cómo
están, imagínate
-¿Y a ti no te molesta?
-A mi me da igual. Además, también hay tías, no te olvides.
Pero nosotros no vamos de mirones ni a hacer cometarios de cómo está la gente,
conste. Simplemente, a veces, nos apetece ponernos en bolas en la playa. Aquí,
en nuestra piscina, lo hacemos siempre cuando estamos solos. Por eso nos agradó,
cuando me trasladaron a esta zona, saber que aquí cerca había una zona nudista.
Como se veía que Silvia estaba incómoda con la conversación,
cambiamos de tema. Pero al rato, quizás 20 minutos después fue ella la que
volvió sobre él:
-¿De verdad que os ponéis en pelotas en la playa, así sin
mas?
-No sé por qué le das tanta importancia –dijo mi mujer- Yo te
he visto desnuda mil veces, y que yo sepa, no te ha pasado nada.
-Ya pero con Jaime delante...pues sí, me moriría de vergüenza
-Te aseguro que no. Y si te da vergüenza, te aseguro que te
dura tan solo unos minutos. Después, de esos primeros minutos, satisfecha la
curiosidad, un pecho, un pene, se vuelven tan solo partes del cuerpo como un
brazo o un pie.
-Si tuviera un cuerpo Danone, pues a lo mejor me lo pensaba,
pero es que ahora ya no estoy como cuando tenia 20 años
-Mira. Lo que te pasa es que te cuesta aceptarte tal y como
eres.
-Ya habló el psicólogo –dijo mi mujer, que sabía que no me
gustaba mezclar trabajo y amigos
-Solo le voy a decir esto, de verdad: si no aprendes a
aceptarte, si no te gustas, no vas a superar nunca el bajón anímico que tienes.
Necesitas reafirmarte, sentirte guapa. En primer lugar, porque lo eres. Eres una
chica atractiva, tu pelo rubio, tu piel blanquita, tienes un pecho bonito, un
tipito agradable.
-Yo sé que cuando voy por la calle me dicen cosas, y eso,
pero también sé que mi pecho está más caido, tengo cartucheras, he ensanchado
algo de caderas
-Bueno, antes eras una chica 10 y ahora eres 9,5. Sigues
estando muy bien. Además, lo que hayas perdido en físico lo has ganado en otras
cosas. A tus 32 años eres una mujer mucho más interesante, tienes una
conversación muy agradable, sabes lo que quieres. Si te comparas con tu época de
veinteañera, has ganado.
Mi mujer marta asintió: ‘Es verdad’ dijo.
Creo que mis comentarios contribuyeron a subir su ego. La
tensión se rebajó. Ya sonreía, estaba más
Animada. Bromeaba incluso con temas varios. Volvió a sacar el
tema:
-Pues yo creo que me cortaría muchísimo al desnudarme, Jaime.
No te ofendas, pero creo que me cortaría mucho contigo. Con Mar, no, pero
contigo delante, creo que me moriría de vergüenza.
-Sal de dudas –dije yo -. Mira, yo voy a ir a ducharme ahora.
La ducha es grande, como sabes. Ven y te duchas conmigo
-¿Pero tu le has oido, Mar? ¡Que barbaridad! ¿cómo me voy a
duchar yo contigo?
-Así sabes si te da corte o no. Además, si lo haces, seguro
que mañana en la playa te da ya igual. No te estoy diciendo que nos acostemos
juntos: solo que te duches conmigo, sin mas
Mar me miraba sonriendo
-Déjala, que se muere de vergüenza
-¿Pero es posible? ¿Y tu no dices nada? –decia Silvia a mi
mujer, escandalizada
-A nosotros nos da igual, en serio. Jaime no se va a asustar,
y no te va a violar, en serio
-Mira, yo voy a ducharme. Si te decides, vienes, y si no,
pues nada, ya se verá mañana si te apetece.
Yo entré en la ducha y las dejé hablando a las dos. Silvia
estaba escandalizada, pero no me pareció ver que rechazaba totalmente la idea.
Solo estaba confundida, abrumada, quizás. Hablaban aunque con el agua cayendo no
oía la conversación
De repente, al cabo de bastantes minutos, la mámpara se
abrió. Silvia apareció desnuda. ‘Bonito cuerpo’, pensé, y sonreí. La verdad,
aunque sabía que había alguna posibilidad de que accediera, siempre fue
demasiado indecisa como para hacer algo así. Era posible, pero no probable. Pero
en esta ocasión me sorprendió. Desnuda, totalmente desnuda, apareció en la
ducha. Se metió en ella y me dijo:
-¿Qué? – esperando que hiciera alguna valoración sobre su
cuerpo
-¿Ha sido tan terrible?
-Mira, no hagas que me piense lo que estoy haciendo
Empezó a caer agua por su cuerpo. Sus pezones empezaron a
retraerse, hasta quedar completamente enhiestos. Tenía los ojos cerrados, y eso
me daba la oportunidad de admirar su cuerpo. Ambos nos enjabonábamos. En ese
momento, entro mi mujer en el baño, vestida, y corrió la mampara
-¿Qué tal? –preguntó a Silvia
-Rarísima. No preguntes. Estoy aquí duchándome en bolas con
tu marido. No me digas que esto es normal, porque no lo es.
-¿Te ha violado ya, o todavía no? –dijo, sentándose en la
taza del baño como espectadora
-Ja, ja y ja –respondió ella, con cierta sorna – que graciosa
Cogí la esponja y empecé a enjabonarle la espalda
-¿Qué?¿Te pone?
-No me pone nada
-¿Ves? Hacemos a veces un drama de cosas tan sencillas y
naturales como el cuerpo humano desnudo
-No sigas, por si acaso. Además, no sé si ponerme de
espaldas. Mi ex (era la primera vez que le llamaba ‘su ex’; hasta entonces
siempre le habia llamado ‘su novio’) tenía una obsesión con darme por detrás...
-Jajaja –reía mi mujer – todos son iguales
-¿Jaime también?
-Ya te digo; no paró hasta que metió...
-Ah, ¿que ya lo habeis hecho por detrás?
-Pues chica, no es que me vuelva loca, pero vamos, tampoco
está tan mal
-Pues a mi por detrás no me meten ni supositorios –dijo
Silvia, muy segura de sí misma
-¿Por qué no, en vez de estar ahí de espectadora, no te metes
aquí con nosotros? –dije, mirando a mi mujer
-Ni se te ocurra lo que estás pensando –dijo mi mujer, que
adivinó de forma inmediata que lo que se me pasaba por la cabeza era un trío que
había propuesto muchas veces pero que siempre había sido rechazada.
Y en el baño no pasó nada más. La verdad, una lástima, porque
se daba todas las condiciones para que hubiera pasado algo inolvidable:
estábamos los tres, Silvia y yo desnudos, en casa, Mar estaba allí con nosotros
y además divirtiéndose. Pero no supe encarrilar el asunto de forma adecuada
Por la noche salimos, como habíamos pensado. Un par de sitios
de copas, y la cosa se fue animando. La tercera copa, y Silvia ya tenía un
puntito muy interesante. Un chico se acercó. Apuntaba maneras. Charlaban
animadamente, y Sil se dejaba seducir. Pero fue torpe. Al chico le entraron las
prisas, y cuando iba por buen camino empezó a agobiarla con dar una vuelta por
la playa, irse al coche, sino le apetecía pasar un rato interesante. Total, que
ella empezó a plegar velas, y volvió a reunirse con nosotros, después de
esquivarle diplomática pero enérgicamente.
La ultima la tomamos en un sitio más tranquilo, con música a
bajo volumen, lo que nos permitía hablar. Y después de una risas y una
conversación intrascendente, nos dijo:
-Joder, estoy cachondísima, más que una perra en celo. Tanto
tontear con el chico este, casi tres meses sin hacer nada de nada, y encima,
este Jaime se me pone a hacer un numerito en la ducha.
Reimos los tres sin darle más importancia al comentario
Ya en casa, nos acostamos en seguida. Mi mujer y yo nos
quedamos un rato charlando del día, y concluyendo que veíamos a Silvia más
animada. Después, hicimos el amor. Mar estaba excitada, encendida. En plena
acción, mientras ella estaba encima de mi cabalgándome, se arrimó a mi oido y me
dijo:
-Que? ¿Te hubiera gustado tirarte a Silvia en la ducha?
-Por supuesto – dije yo, para calentarla un poco más, y sobre
todo, para ver cual era su reacción
-Sí? Y que le habrías hecho?
-Me hubiera gustado enjabonarla entera, por detrás y por
delante. Pero sin esponja. Tocarla las tetas, acariciarle los pezones,
comérselos un poquito –y acerqué mi boca a su pecho, y me puso a mamárselos
–Así, como te los estoy comiendo a ti
Notaba como Mar se estaba calentando. Había dejado de hablar
y solo escuchaba. Como yo le mamaba lo pezones, pero no hablaba, deslizó su boca
de nuevo hasta mi oreja y me dijo:
-¿Y que más?
-Me hubiera gustado que te desnudaras y te metieras en la
ducha con nosotros
-Estuve a punto, pero no cabíamos
-Sí que cabemos, un poco apretaditos, pero habríamos cabido
Después de un pequeño silencio, añadí:
-Me hubiera gustado veros a las dos juntas, haciéndoos cosas
-A mi no me van las tías –pero simultáneamente aceleró el
ritmo de la cabalgada – Y que mas –añadió
-Me hubiera gustado ver como os morreáis, como te come las
tetas. ¿Alguna chica te ha comido las tetas?
-De sobra sabes que no
-¿Y crees que lo haría bien?
-Seguramente sí
-Seguro que Silvia te comería las tetas muy bien, te
empezaría lamiendo los pezones así –yo iba haciendo lo que iba diciendo –
después te las agarraría así, le dedicaría su tiempo a masajearlos así, las dos
tetas a la vez, te agarraría el culo
-Para, para un poco que me voy a correr –yo deceleré mi ritmo
de bombeo, porque era evidente que se estaba excitando mucho con lo que yo le
hacía imaginar
-Y que más – preguntó unos instantes después
-Me gustaría ver como se las tocas tú –Llevé su mano a mi
pecho e hice que lo tocara –Chupame los pezones como le harías a ella
Mientras me follaba, me chupaba los pezones. Eso es algo que
a mi me gusta pero no me entusiasma, pero solo imaginar que estaba aceptando
mentalmente la posibilidad de comerle las tetas a una tía, aumentaba mi fuego
interior
-¿Te gustaria ver como se las como así? –me dijo,
calentándome aún más
-Me gustaría ver, además, como la tocas su clítoris –y bajé
una de mis manos hasta su sexo depilado, apartando sus labios y buscando su
clítoris - ¿Le has hecho alguna vez una paja a una chica?
-¡Claro que no! Lo sabes de sobra
-¿Y crees que sabrías hacerle una paja a Silvia?
-No sé...-dudó
Bajé una de sus manos hasta su coño, y acerqué su dedo
corazón hasta su clítoris, retirando el mío
-Imagina que este es su coño, y no el tuyo
Empezó a masturbarse mientras yo la penetraba. Estaba encima
de mi, ahora totalmente erguida. Botaba sobre mi polla, mientras se hacía una
paja. Tocaba su pecho con la mano libre, o se lo llevaba a su pelo y jugaba con
su melena. Aquello no podía durar mucho. Estaba a punto. Y yo todavía más,
viendo que me estaba siguiendo el juego. Mis esperanzas de que aquella visita
acabara experimentado de una vez por todas mi ansiada fantasía de montar un trío
con alguien, lo mismo me daba chico que chica (pero si era chica, y además
Silvia, miel sobre hojuelas), aumentaban al mismo ritmo que mi excitación, y por
supuesto, la excitación de Mar
Y estalló en un tremendo orgasmo, gimiendo más de lo
habitual, que ya era mucho, sin importarle el hecho de que su amiga dormía en la
habitación de al lado. Si estaba despierta, era seguro que había tenido que oir
esa espectacular corrida. Si estaba dormida, lo más fácil es que la hubiéramos
despertado.
-Perdona, no me he podido aguantar. Me hubiera gustado que te
hubieras corrido dentro de mi, a la vez
Continuó moviéndose sin sacarla. Yo marqué el ritmo, uno que
me permitiera ir subiendo a la velocidad que necesitaba. Me imaginaba a Silvia
tocando a mi mujer, besándola, y a Mar correspondiéndola. No aguanté mucho más.
Un minuto después inundé el coño de mi mujer con un esperma denso, caliente y
abundante. Me gusta, tras el coito, acariciarle la espalda a mi mujer, mientras
se va relajando. Pero estaba terriblemente cansado, no estaba en condiciones de
mover ni un solo músculo. Así que, mientras Mar se limpiaba en el baño, creo que
caí profundamente dormido
Por la mañana decidimos ir a la playa, a la nudista claro. Al
llegar había 4 o cinco parejas, algún grupo, y dos chicos gays a los que se veía
muy acaramelados. Nos pusimos en nuestro rincón habitual, algo alejados del
resto. En realidad la playa es suficientemente grande como para que no tengamos
que estar unos encima de otros, lo que nos da cierta intimidad.
A Silvia le costó despojarse de todas sus prendas. Primero,
se quedó en bikini. Un ratito después, tras mirar a todos lados, se quitó la
parte de arriba. Y por fin, a la media hora, mas o menos, se quitó el pequeño
tanga con el que tapaba esa precioso coño tan arregladito.
Ellas empezaron a hablar de depilaciones
-¿Cómo te lo haces? –preguntó Mar, refiriéndose a la
depilación de ingles
-Normalmente con cuchilla, pero a veces con pinzas, si no es
mucho. ¿Y tu?
-Yo me hice con láser, y me dejé una tirita en el centro.
Pero en verano me lo afeito del todo, como ahora –dijo, mostrando su sexo
depilado –con una máquina del cortar el pelo. Y por abajo, por aquí, por los
labios me lo corto con tijeras y con cuchilla de afeitar. Normalmente me lo hace
Jaime
La conversación me permitía mirar descaradamente a sus coños
sin que resultara molesto. Como mi pene empezaba a ponerse morcillón, me tumbé
bocabajo.
-No sé, yo una vez me lo depilé entero, pero me picaba mucho,
así que volví a dejármelo crecer
-A mi me gusta lo suavecito que se me queda. Parece el culo
de un niño –y tomado la mano de Silvia la acercó a su coño -¿Ves? Queda muy
suave
Como esas conversaciones no convenían al estado incontrolable
de mi polla, que tiene vida propia y no entiende de discreción, preferí evadirme
de la conversación y concentrarme en la lectura del libro de Vazquez Figueroa
que había comenzado esa semana. Al cabo de un rato, bastante rato, volví a
engancharme de nuevo a ella
-La verdad es que esto del nudismo está bien. Pensé que estas
playas estaban más concurridas, y que estabamos pegados unos a otros en bolas.
Así, con un poco más de intimidad, es otra cosa
-Mira, en plena temporada, la cantidad de gente es muy
grande. Ahora no es temporada alta, hay mucha gente que todavía no ha empezado
sus vacaciones y la verdad, se está bien, cómodos
-Aquella pareja –dijo, señalando a unos jóvenes que estaban
bastante alejados de nosotros, en un lugar un poco apartado –están muy
acaramelados. Como sigan así, va a acabar follandosela aquí mismo
-Y eso te escandalizaría? –dije yo, para ver cual era su
respuesta
-No sé ... no es el sitio. ¿Vosotros habeis visto a alguna
pareja follando por aquí, en esta playa?
-Bueno, así descaradamente no, pero a veces se ponen muy
cariñosas –dijo Mar, sonriendo
Y haciendo una pequeña pausa, añadió:
-¿Y vosotros? ¿Habéis follado aquí alguna vez?
-No seas indiscreta –dije yo, para provocar su ansia de
respuesta
-No, en serio, ¿habeis follado aquí alguna vez?
-Follar no –dijo rápidamente Mar –pero tontear un poco, eso
sí
-¿Tontear?
-Si, tocarnos un poco, unos calentones, esas cosas. Un día,
por ejemplo, le hice una paja
-¿Le hiciste una paja, aquí? –dijo Sil asombrada, que llevaba
ya un rato intentando que la conversación girara y se hiciera algo más
picantona. Es posible que el calentón de la noche anterior todavía durara
-Si, ¿qué pasa? ¿tu nunca le has hecho una paja a tu novio?
-Muchas veces, pero no en una playa, así, con gente...que
corte. ¿Y si os ve alguien?
-Pues no pasa nada. No nos conoce nadie. Seguramente, miraría
con discreción, y se llevaríá un calentón para el cuerpo mirando. Además, eso le
da mucho morbo al asunto. ¿verdad? –dijo Mar, mirando hacia mi
-Verdad, verdad –dije yo, con absoluta sinceridad
-¿Y como os poneis?
-Mira –dijo indicando a Silvia – yo me pongo como estás tu
ahora, uno poco mas girada. Ël se tumba de lado, y así los de este lado, lo que
quedan a su espalda no pueden ver nada. Los que quedan a mi espalda, tampoco, lo
tapo yo. Y la sombrilla tapa a los de detrás poniéndola baja. Solo desde el
frente, y no suele haber nadie, se vería un poco
Empezó a pensar y mentalmente trató de componer la situación.
Después se cambió de sitio ligeramente, y nos dijo
-Mira, así tampoco nos vería nadie. Quiero decir, que no OS
vería nadie
-Vale, vale. Pero ahora no me voy a poner a hacerle una paja
a Jaime, tranquila
-¿No? Pues te aseguro que si yo te colocas aquí, donde estoy
yo no te veia ni Dios
-Pero ahora estoy tumbada aquí, y no voy a hacerle una paja a
Jaime. Joder, si que estás calentona, si
Reimos los tres. Yo prefería no intervenir, a pesar de que
era parte interesada, interesadísima, en el negocio
-Házsela tú, si tantas ganas tienes. Si sabes, claro. Y si te
atreves
-Es tu marido, so putón –le dijo a Mar, con cierta sorna
-Yo si me atrevo, no tengo ningún problema, y se la he hecho
más de una vez aquí. Tú mucho hablar, pero luego, como con el chico de ayer...a
dos velas
Mar estaba retando a Silvia. Ojalá reaccionara, y aceptara el
reto, por lo que me correspondía. Silvia se colocó un poco. Mar se había vuelto
a tumbar y estaba con los ojos cerrados. Parecía que Mar estaba esperando saber
si Silvia se atrevería realmente o no.
Y se atrevió. Sin decir nada, se colocó todavía un poco
mejor, tapando algo más lo que pudiera verse desde cualquier parte, y después de
comprobar una vez más con la vista que no había nadie mirando, observó durante
un instante mi pene y...lo cogió con la mano. Estaba morcillón, no estaba tiesa
del todo. Empezó a mover la mano.
-¿Así está bien?-preguntó
Yo, medio sorprendido, deseando que no se echara para atrás,
pero actuando prudentemente ya que estaba casado, le dije a mi mujer:
-Mar, para tu información, se ha atrevido. Me está haciendo
una paja
-Pues a ver si es capaz de acabarla, porque esta es de las
que empiezan las cosas y después tenemos que ir las demás a finalizarlas...
Empezó con un ritmo lento, de forma miedosa. Fue cogiendo
confianza, y paralelamente, mi polla fue aumentando de tamaño hasta mostrar todo
su esplendor. Silvia notaba como mi pene crecía en su mano, y apretaba cada vez
mas.
-¿Qué tal vas?
-Bien, bien...-decía yo, de forma entrecortada
Me estaba haciendo una paja Silvia, la amiga de mi mujer, con
ella delante, simulando que no le importaba lo que estaba pasando. Yo sabía que
no era cierto. Seguramente estaba excitada, seguramente estaba algo celosa, pero
el morbo podía con ella. Y Silvia no paraba, parecía dispuesta a hacer que me
corriera. Toqué un poco su muslo
-Toca lo que quieras, para animarte un poco, no te cortes –
dijo Silvia – Tu marido me está tocando, Mar
En ese momento Mar se irguió, para poder ver con todo detalle
lo que estaba pasando. Silvia seguia su ritmo cada vez más acelerado. Yo
acariciaba ligera y tímidamente una teta a Silvia, y jugaba con su pezón. Mar
nos miraba a los dos. Aceleró un poco más todavía, yo me estremecí, agarré
totalmente la teta derecha a Silvia y...me corrí. Me derramé totalmente sobre el
muslo de Silvia.
-Joder, como te has corrido – dijo Silvia, dándose cuenta de
la abundante y espesa corrida que tenía en ese momento sobre su pierna. Espera
que me limpio un poco y te la limpio.
Se ocupó de su muslo con la toalla, y me secó totalmente la
polla.
-Espera, que se la limpio yo –dijo Mar. Y sacando un clinex
de la bolsa de playa, empezó a secarme la polla, hasta comprobar que no quedaba
ningún resto de semen por ningún lado.
-¿Te ha gustado, guarrete? –me dijo Mar, con mi pene en la
mano
-Sí
-Mejor o peor que las mías – pregunta con trampa.
-Diferente. El ritmo es otro, y aprieta la polla de otra
forma. Estoy más acostumbrado a las tuyas, tú me conoces mejor. Pero para una
vez, no ha estado mal. Si tuviera que hacerlo todos los días, tendrías que
enseñarla tú
Esa era una respuesta políticamente correcta. Dejaba a todo
el mundo bien. Pero si me hubiera pedido mi respuesta sincera, la paja que me
hizo Silvia fue tremenda. No porque lo hiciera mejor o peor. No por la técnica.
Por el morbo. Joder, me había estado haciendo una paja la mejor amiga de mi
mujer, que no está nada mal, y encima delante de ella.
Pasamos el resto del día en la playa, y no volvimos a hablar
de ningún tema sexual, aunque era evidente que todos teníamos en la cabeza lo
que había pasado.
La cena en casa fue divertida, pero intrascendente. Lo
pasamos bien, sin mas. No nos apeteció salir de copas; todos dijimos que
estábamos cansados, y que un día entero de playa cansa mucho. Mar y yo teníamos
unas ganas tremendas de encontrarnos a solas en nuestro dormitorio, porque
íbamos a echar un polvo de miedo. Y Silvia tampoco insistió; vete a saber que
pasaba por la cabeza de Silvia. Así que vimos una película en la tele, y cuando
acabó cada uno fue a su cuarto.
Claro, no teníamos ningún sueño. Caímos en la cama ya
abrazados, y nos quitamos la ropa con auténtica ansia. Retozamos, nos abrazamos,
nos besamos, nos tocamos, como si fuera la primera vez. Estábamos tremendamente
excitados. Silvia, con sus conversaciones y su paja, le había dado un toque a
nuestra vida sexual, que como en todas las parejas, se convierte en rutinaria
después de cierto tiempo. Mar me comió la polla como nunca, entreteniéndose en
jugar con el glande, chupándome los huevos, masturbándome con la mano mientras
se metia mis testículos en la boca. Y de postre, una mamada tremenda.
Penetrándome con el dedo por el culo, y jugando allí, como sabía que me gustaba.
El ritmo era suficiente como para tenerme a cien, pero sin correrme. Cuando lo
creí conveniente, empecé yo el juego. Bajé hasta su coño, y empecé a comérselo,
ese coño totalmente depilado, como a mi me gusta. Jugaba con mi lengua por toda
su raja y me entretenía en su clítoris. Mar suspiraba. Empecé a chupar su
esfínter y a meter un dedo por su culo, para dilatárselo. Hoy tocaba penetración
anal, reservada solo para los días especiales.
Cuando ella empezó a notar que estaba a punto de correrse,
cogió mi cabeza con las dos manos. Era la señal para que subiera hasta su boca y
la penetrara. Ella estaba debajo de mi. Jugué un poco con mi polla haciendo que
resbalara por toda su raja. Jugué con la punta estimulando su clítoris, aunque
con cuidado, pues esto gusta mucho a Mar y podría correrse antes de que se la
metiera. Después de unos minutos con ese juego la penetré. Mar emitió un pequeño
ruidito y...
Apareció Silvia en la habitación, con una camiseta ceñida, y
unas braguitas diminutas. Se sentó en el borde de la cama, sin decir nada
Mar miró hacia ella, y no dijo nada. Siguió moviéndose con mi
polla dentro, pero mirándola a los ojos. Nadie decía nada, pero yo seguía
moviéndome. Era mejor no intervenir. Todos teníamos una batalla dentro: Silvia,
no sabía si lanzarse al ruedo, porque no estaba segura y porque no sabía si
íbamos a rechazarla o eso iba a molestar a alguien. Mar, que siempre dijo que de
tríos nada, ahora que la situación estaba sobre la cama dudaba. Y por último yo,
que sabía que esa era una ocasión única en mi vida, incluso irrepetible. Había
hecho bien mis deberes par llegar hasta ahí; había sido paciente, no había
forzado ninguna situación, no había sido insistente para nada, había excitado
suficientemente a las dos; había pasado muchas horas de gimnasio y privándome de
algunas comidas ricas para ser un chico, a mis 35 años, deseable. Y era el
momento de recoger la cosecha, si tenía unos minutos más de paciencia y si la
suerte me acompañaba.
Y la suerte, esta vez, se puso de mi lado. Sin decir nada,
Mar dejó de moverse, se levantó y besó en los labios a Silvia. Esa era la mejor
señal. Silvia era aceptada. Sin dejar de besarla, intentó sacarle la camiseta.
Después, le besó los pechos tal y como habíamos hablado la noche anterior para
excitarnos. Silvia cerraba los ojos y se dejaba llevar...
Yo me puse detrás de Mar, sabiendo que todavía no podía
intervenir. Mejor si dejaba hacer a mi mujer. Sus fantasías lesbianas, que
seguro las tenía lo reconociera o no, iban a hacerse realidad, y yo no quería
interferir. Acariciaba su pecho, mientras ellas se fundían en mil besos y
caricias. Tocaban sus coños con sus manos. Buscaban sus tetas con sus labios, se
comían los pezones, los lóbulos de la oreja, los cuellos. Mar se dedicó en
cuerpo y alma a masturbar a Silvia, mientras esta empezaba a tomar un papel más
pasivo: se lo merecía, a fin de cuentas. Había soportado meses de tensión en su
relación, se había duchado en pelotas conmigo de forma excitante pero
respetuosa, me había hecho una paja en la playa sin esperar nada a cambio. Ahora
le tocaba recibir.
Su primer orgasmo lo tuvo pocos minutos después. Gritaba,
gemía, se retorcía, sujetando la mano de mi mujer que acariciaba su clítoris. Yo
lo veía todo desde la barrera, desde la espalda de mi mujer, mientras frotaba mi
pene en su raja. Se besaron apasionadamente. Cuando dejaron de hacerlo, y se
miraron sonrientes, yo dije:
-¿Ves como sabes hacerlo?
-¿El qué? – dijo Silvia
Tuve que explicar a Silvia que la noche anterior habíamos
fantaseado con la posibilidad de follar los tres. Le conté que nuestra duda era
que, llegado el caso, si Mar tuviera que masturbarla, o comerle el coño, si
sabría hacerlo.
-Pues si que sabe, sí -dijo entre sonrisas
-¿Te hacemos algo a ti? –dije a Mar
-Solo con que me roces me corro
Pero no me dio tiempo a hacer nada. Silvia, rápidamente, fue
bajando su lengua recorriendo primero el pecho, después el ombligo, se paró unos
segundo en eldepilado monte de venus, y después se cebó con su clítoris,
haciéndole a mi mujer una mamada de las que hacen escuela. Si lo hubiera grabado
en video, en las universidades de lesbianas, si es que hay de eso, lo
enseñarían, sería obligatorio. Que forma de comer coño. Lástima que el
espectáculo durara tan poco. Como había pronosticado Mar, en menos de un minuto
estaba soltando unos gemidos audibles en toda la ciudad. Que corrida más
fabulosa. Mar de rodillas en la cama, mientras Silvia hundía su boca en el coño,
tumbada boca arriba. Yo agarraba las tetas de mi mujer y besaba su cuello, desde
atrás. Una corrida memorable.
Las dos cayeron en la cama. Yo parecía no existir, aunque
todavía no había tenido mi merecido orgasmo. Las dos se besaron y se abrazaron.
-¿Te ha gustado? –pregunté a mi mujer
-¿qué si me ha gustado? ¡Ha sido increíble! ¡Tu no sabes que
corrida más larga!
Yo besaba a Mar, pero no me atrevía a tocar a Silvia, al
menos si no me lo pedía expresamente mi mujer. No quería estropearlo todo
provocando unos celos tan inútiles como innecesarios
Mar repartía sus besos entre mi boca y la de Silvia. Cuando
ambas se calmaron un poco, Sil dijo a mi mujer:
-¿Puedo pedirte un favor?
-Lo que quieras, si me prometes volver a comerme el coño así
otro día
-Es un poco delicado...
-No me asustes, so zorra –dijo, provocando una pequeña
sonrisa de los tres
-Me gustaría que Jaime me la metiera...
-Claro, seguro que está encantado –dijo mirándome a mi
-me la metiera...por detrás...ya sabes...
-¿Quieres que te dé por el culo?
-Quiero probar, y si me duele, que pare. Pero quiero
intentarlo. Y quiero que tú me abraces, me beses y me aprietes fuerte mientras
Jaime me la mete
Por supuesto, yo estaba encantado con la idea. Aunque no hubo
un asentimiento tácito, todos nos colocamos en posición. Mar, erguida en
entrenadora, distribuía al equipo. La estrategia sería tipo sanchwich: los tres
tumbados de lado, con Silvia en el centro. Tome mi posición, y ya desde atrás,
metí mis dedos en la boca de Silvia, y después en la de Mar. Con los dedos
húmedos, me dirigí al esfínter de ella, y empecé a trabajarlo. Metía un dedo,
después dos, ensenachaba. Me tomé mi tiempo, trabajando con la mano. Mar,
mientras, la entretenía con besos, toques de tetas, y una paja. Parecía que yo
no existía, pero allí estaba yo, penetrando su culo con mis dedos. Ya eran tres
los que había dentro, y calculé que la dilación era suficiente. Ensalivé mi
polla. Hubiera estado bien que una de las dos me la hubiera mamado un poco, pero
tampoco era cuestión de reclamar nada. Ya estaban bastante bien las cosas así.
Así que ensalivada, apunté. Empujé. No entraba. Silvia estaba tensa. Me acerqué
a su oído y le dije que se relajara. Empujé de nuevo. Nada. Entonces se acercó a
su oreja mi mujer, y habló. Le dijo que si no relajaba un poco le esfínter,
sería difícil y además me haría daño. Dio su resultado. Pude meter un poco la
punta. Ella se encogía y se estremecía, pero mi mujer la tenía muy agarrada
-Tranquila, así así –decía, mientras la besaba la boca, el
cuello, la oreja
Y de repente, pude meterla toda. Su cara, lo que podía ver de
ella, era de dolor. Tenía la boca muy abierta, pero no decía nada. Estaba
dispuesta a dejarse encular, a ser penetrada por ese orificio, hasta entonces
prohibido. Mi mujer la pajeaba. Yo empezaba a bombear, cada vez con una
velocidad más normal, cada vez más seleccionando yo el ritmo. Los ojos de mi
mujer y los mios se encontraron justo cuando yo empezaba a correrme
-Cariño, me estoy corriendo, me estoy corriendo, ajjj –dije,
e inundé el culo de Silvia de esperma caliente, en una corrida especialmente
intensa, especialmente larga, especial en todos los sentidos. Solo unos segundos
después Silvia se unía a mí, en un orgasmo curioso al ritmo de la mano de mi
mujer.
Ya más reposados, charlamos un buen rato en la cama,
sentados. Todos estábamos muy satisfechos, muy relajados. Ninguno quería sombras
de reproche o cargos de conciencia
-Lo he pasado genial. Sois amigos de verdad. Nunca con nadie
me hubiera atrevido a hacer estas cosas, y si las he hecho ha sido porque me he
sentido muy a gusto, muy libre de hacer lo que me apetecía en cada momento.
Ojala todas las rupturas amorosas se superaran de esta forma –dijo Silvia, y los
tres sonreímos.
Desde luego todos, y no solo yo habíamos cumplido algunas
fantasías pendientes...