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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 08-Oct-05 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Paola y su mamá

Micifuz6
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Tiempo estimado de lectura: [ 25 min. ]
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Relato sobre las experiencias sexuales con una joven compañera de trabajo, algo pasada de peso pero muy linda, y de cómo terminé acostándome también con su mamá. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Paola y su mamá

Festejos de oficina. Con lo que fastidian ese tipo de cosas, me dije. Un compañero se jubilaba y sus amigos le organizaron la consabida fiesta de despedida. Apenas tenía dos meses en ese trabajo y como sea tenía que integrarme al demás personal, así las cosas tuve que aceptar. La cita fue en una cantina donde además hacían comida a base de mariscos. Al llegar coincidí con Paola, mi compañera en la oficina, muy joven, de estatura alta, un poco pasada de peso pero muy bonita. Nos sentamos en la misma mesa y nos sumamos al festejo: discursos de despedida, abrazos y aplausos para el jubilado, bromas y cubas de Bacardí añejo, además de botanas de mariscos y la música de boleros antiguos de un trío que desafinaba. Dos horas después ya me sentía bastante aburrido, Paola se percató de ello: "yo también estoy hasta la madre, ya me quiero ir, espérese un poco y nos salimos juntos sin que nos vean", una canción después la gordita me guiñó el ojo cuando se levantó y se dirigió al sanitario, era la señal para la huida, luego la vi encaminarse a la salida y la seguí tratando de pasar desapercibido, ya en la calle le propuse: "¿tienes algo que hacer?"; "no, nada en particular, mi madre va a pasar por mi en un rato al bar del Sanborn´s". Fuimos al bar y pedimos dos copas para esperar a la mamá. Cuando llegó me sorprendí porque la mujerona era igual que su hija: guapa, gorda y chichona, pero con 20 o 25 años más. Luego de las presentaciones la mamá de Paola le dijo que tenía un compromiso y que sólo había pasado al bar a avisarle que se fuera sola a la casa, Pao puso cara de enojo cuando la señora se alejó por el pasillo moviendo sus grandes caderas.

Nos quedamos un rato más en el bar y nos tomamos otra copa y platicamos de música y libros y cine, lo habitual. Luego pagué la cuenta y bajamos al estacionamiento por el auto, Paola estaba un poco borracha y le había ofrecido que la llevaba hasta su casa y eso hubiera hecho de no ser porque nos pusimos románticos: aprovechando la oscuridad del estacionamiento subterráneo abracé a la gordita quien nada renuente paró la boca para ofrecerse al beso, su boca se pegó a la mía con ansía y durante minutos intercambiamos besos de lengua; Paola empezó a suspirar cuando le puse las manos en sus grandes tetas y su cálido aliento parecía mojar mi mejilla cuando mi atrevida mano derecha bajó un poco, hasta su vestido, buscando la entre pierna; la gordita suspiró más y apenas pudo despegar su boca para protestar "no, aquí no, alguien puede vernos", no le hice caso pues mi mano había alcanzado sus desnudos muslos y luchaba por meterse bajo el calzón de la gorda que insistía en mantener las piernas cerradas, como sea le toqué la gorda pepa por sobre su panty, repasando mis dedos sobre la rugosa textura de sus vellos, mientras ella casi gritaba de la calentura, hasta que por fin me detuvo: "ya no, por favor, ya no"; "¿por qué?, los dos queremos ¿no?"; "nos pueden ver, mejor vamos un rato a mi casa, mi madre llegará tarde, ya la conozco", ya dentro del auto Pao se abalanzó sobre mi para alcanzar mi entre pierna, encontró el bulto duro de mi erección y lo apretó con la mano derecha, la miré a los ojos y con una pícara sonrisa me dijo: "anda ya, licenciado, arranca el carro, ya lo quiero".

Cuando por fin llegamos a su casa apenas pudimos llegar al sofá de la sala, a jalones nos quitamos la ropa, al menos parcialmente: ella se bajó la pantimedia y yo los pantalones y el calzón y sobre el sillón abrazados volvimos a besarnos mientras ella me agarraba el miembro y yo le metía la mano entre las piernas hasta encontrar su peluda pucha que nadaba en líquidos viscosos, mis dedos entraron en la cálida caverna hasta que ella no pudo más: "mejor vamos a mi cuarto, pero anda apúrate". Subimos corriendo por la escalera y ya en su recámara nos quitamos la ropa sin despegar las bocas, cuando al fin caímos en la cama Paola se apuró a abrir las piernas y me fui sobre ella, la penetré a la primera, sus redondos muslos rodearon mi cintura cuando sintió la verga hasta el fondo y me apretó con ellos por la cintura ofreciéndome sus inmensas tetas, fofas, blancas, suaves al tacto; le mamé las chiches, de inmensas aureolas cafés y pezones duros como chupetes de bebé, mientras le bombeaba la pepa con la pinga, dentro, fuera, dentro, fuera, chaz, chaz, hacían nuestros cuerpos al chocar, hasta que entre suspiros Paola se vino sin dejar de moverse bajo de mi. Momentos después sus gemidos cesaron y antes de besarme me preguntó "¿tú no has terminado, verdad?, ¿quieres más?, ¿sí?, yo también, pero no te vengas dentro de mi, estoy en mis días fértiles", volvimos a movernos, ahora la gordita alzó sus muslos hacía el techo del cuarto, sus piernas quedaron pegadas a mi tórax y sus pantorrillas en mis hombros, así pude penetrarla mejor y seguimos cogiendo por varios minutos hasta que ella de nuevo se vino entre gritos de "más, más, fuerte, dale fuerte, todo, ah, ah, ah, así, ay no te detengas por dios" y cuando sentí que su pucha me daba apretones y la leche se me salía le saqué la verga para escupir el semen sobre su velluda y gorda pepa, abierta y chorreando de sus venidas.

Al terminar de eyacular desmonté a la gordita y abrazados nos dormimos un rato, ella de lado, dándome la espalda. El sonido de un teléfono que llamaba nos despertó, pero Paola no se quiso levantar a contestar, la abracé por detrás amasando sus tetas grandiosas y ella reculó un poco sintiendo la dureza de mi verga, se la deslicé entre las nalgas buscando penetrarla por la pucha desde esa posición, pero ella pensaba diferente, no dejó que mi verga se metiera en su panocha, eso me desconcertó, volví a insistir y ella a apretar la pepa, entonces entendí: la gorda la quería por la otra puerta, rectifiqué y presioné el miembro sobre su culo y al momento la gordita aflojó las nalgas diciendo en voz baja "despacio, poco a poco, no me lastimes por favor", pensé que sería difícil penetrar el culo de Pao, pues lo sentía duro y apretado, pero sólo al principio, pues de pronto el miembro empezó a penetrar, despacio, poco a poco, y aunque apretaba Pao me dejaba entrar hasta que tuvo todo el miembro dentro. El culo de la gordita estaba suave, delicado, apretaba pero no mucho, entonces me agarré a sus nalgotas y me la empecé a coger, con metidas suaves, yendo y viniendo por su cálido intestino, haciendo que la gordita suspirara, luego más rápido, entrando en ella con envites profundos y rápidos, y cuando ella se tocaba la pucha con una mano empezó a gemir sincronizando sus "aaaah, aaahh" con cada una de las arremetidas hasta que le llené la cola de semen, todavía nos quedamos pegados un rato, yo dentro de ella, mi verga dentro de su culo, ahora flojo y mojado, inundando el cuarto de ese peculiar olor, fetidez entre sexo y excremento.

Un rato después nos metimos al baño y bajo la ducha pude ver mejor a Paola, era redonda por todos lados pero muy bella y más alta que yo, su rostro de facciones delicadas y su piel blanca sin ninguna imperfección; redonda de las tetas, de las piernas, de las nalgas, pero estrecha de cintura, me desconcertaba la tupida pelambre de vellos negros que cubrían totalmente su gorda pepa; ya cuando me estaba vistiendo para irme escuchamos ruidos abajo, nos miramos sorprendidos y pensamos lo mismo: "la madre había llegado y nos iba a descubrir", me apuré a vestirme, Paola se puso una bata espiando en la puerta por si la señora iba a la recámara, pero ya no escuchamos nada solo algunas voces apagadas, eso nos hizo comprender que la mamá no había llegado sola y mirando por la puerta entre abierta vimos primero subir a la mamá con paso sigiloso, luego a alguien más, tras ella un hombre, que también procuraba no hacer ruido al subir la escalera, ambos se metieron en la recámara de la madre y cerraron la puerta. Paola, apenada y llena de vergüenza, me dijo en voz baja: "mi madre vino con alguien y está con él ahí, dentro de su cuarto…, ese hombre… se va a quedar con ella ahí, haciendo… no se… que cosas", traté de tranquilizarla y bajamos la escalera con precaución, ya casi en la puerta alcancé a ver sobre una silla la ropa interior de la mamá y cerca de la escalera un zapato del señor desconocido.

Los días siguientes Paola rehuyó todo contacto. Por fin la encontré en la máquina de hacer café, nos saludamos y apenada me dijo la disculpara por lo ocurrido en su casa y que su madre era una inconsciente por llevar a desconocidos a su casa, aquello la tenía desconcertada y por ello se sentía incómoda porque no sabía que pensaba yo de todo el embrollo, traté de tranquilizarla y quedamos de vernos para ir a tomarnos unos tragos y platicar. Pero el destino tiene sorpresas.

Cierto amigo había organizado una fiesta de cumpleaños para un tipo, el contador de una empresa que le autorizaba algunos trabajos, y quería quedar bien, pero tenía pocos invitados: "oye no seas cabrón, acompáñame un rato, son dos o tres gentes, no más, nos tomamos unas copas y jugamos dominó, eso es todo, entiende que ese tipo me está dando chamba y necesito el billete". Por fin acepté. Cuando llegué a la fiesta había tres o cuatro tipos, escuchamos música jugando dominó y tomando cubas de ron, en eso llegó otro, un hombre viejo, de gruesas gafas bifocales, calvo y delgado, pero no venía solo, lo acompañaban dos mujeres, una joven, fea, morena y baja de estatura y la otra, ¡la otra!, era la mamá de Paola. Nos presentaron y fingí no conocerla, ella hizo lo mismo. El calvo y viejo comentó que había llevado unas amigas para que el festejado escogiera una de ellas como regalo de cumpleaños, escogió a la morena y fea, aunque la mamá de Pao estaba mejor de cuerpo; seguimos tomando cubas mientras de una recámara salían rumores y gemidos, era el festejado y su "regalo", los demás entre risas imaginábamos lo que estaba haciendo la pareja ahí dentro.

Luego fui a la cocina por hielo y ahí encontré a Mariana, la mamá de Paola y me dijo en voz baja: "espero que sepas guardar el secreto", con una sonrisa se lo confirmé; un rato después el calvo y viejo y borracho ya entre bromas propuso rifar a Mariana: "a ver, revuelvan las fichas y cada quien escoge una, la puntuación más alta gana y el afortunado se queda con ella", dijo a risotadas señalando a la chichona de la mamá de Paola que fingiendo vergüenza y entre risas agachaba la cara; y de nuevo el destino fue el culpable: saqué la "mula de cincos" y me gane a la mamá de Pao, todos aplaudieron y me animaron a tomar posesión del "premio", pero no me decidía, mejor propuse que la vieja nos hiciera un "strip tease" a todos, quienes de inmediato aplaudieron, aunque la señora me mirara como preguntando "¿por qué no?", pero la turbación le duró poco pues la sensual música que alguien puso le indicó que era hora de su "show" y Mariana empezó a bailar meneando sus protuberantes caderas a la hora de quitarse la ropa y cuando el baile estaba por terminar la mujer quedó sólo con un corset negro que le contenía la panza y le alzaba las colgantes chiches de minúsculos pezones rosados, mientras que abajo el diminuto calzón negro alcanzaba a tapar el diminuto y afeitado matorral de vellos en el pubis y atrás las gordas caderas mostraban los estragos de la celulitis en tanto que la tela del calzón se perdía entre los gordos cachetes del culo, total que la madura había terminado con su "numerito" y yo, a pesar de la pena –por saber quien era ella en verdad— con el miembro erecto. Pero luego pasaron más cosas, los hombres la empezaron a manosear y a jalarla para someterla a sus burdas caricias, Mariana entre risas trataba de oponerse, en ese momento hice mi graciosa huida.

Eso ocurrió una noche de martes, el jueves me llamó la mamá de Pao, mi amigo le había dado el número:

--"Hola, soy Mariana, ¿me recuerdas?, la fiesta de tu amigo… ¿sí?, bueno, la cosa es que espero no comentes nada de eso con mi hija, es complicado de explicar, pero algo tengo que hacer para completar los gastos de la casa ¿sabes?".

--"No te preocupes, Paola es mi compañera de trabajo y mi amiga, y no haría nada para perjudicarla, por lo demás es tu vida y pues...", agregué.

--"Si, de eso quiero hablar, la noche que te conocí, más tarde, cuando llegué a la casa con un amiguito tú estabas con Pao en su cuarto, no digas que no, lo supe por ella misma, tuvimos una discusión muy fea esa misma noche, así que no tiene caso fingir, así que pues… quiero que no le digas nada a ella de la fiesta de tu amigo Luis, Pao sabe que ando de loca con algunos amigos, pero no sabe que me dedico al sexo como negocio, de eso nada… ¿entiendes?", dijo la señora.

--"No hay problema, de hecho Paola y yo no hemos salido desde entonces, anda confundida y avergonzada, le tengo algún aprecio y por ello no la quiero perjudicar…".

--"Es bueno que pienses así de ella, pero no se si sepas, Pao tiene novio, espero que se casen, así que no te metas mucho con ella… ¿sí?, a propósito por qué no quisiste irte conmigo al cuarto, esa noche del dominó, ¿qué, estoy muy fea o qué?, no entendí que pasó?", dijo.

Y le mentí: "no se, me sentí mal, ya estaba borracho".

--"No te creo, estabas más sobrio que los demás, pero bueno, hasta luego", y colgó el teléfono.

Una tarde. al regresar a la oficina de ir a comer, vi de lejos a Paola discutiendo en el estacionamiento con un tipo, quizá su novio, ambos parecían intercambiar gritos y aspavientos, seguí mi camino dejándolos que arreglaran sus asuntos. Más tarde Pao me llamó: "Oiga Lic. ¿qué onda con los tragos que prometió?".

--"Hola Pao, cuando quieras, ya sabes, me tienes a tu disposición".

--"Pues por qué no lo dejamos para, digamos, hoy mismo, ¿tiene tiempo? ¿o qué, tiene que llegar temprano a su casita, como niño bueno?".

--"Nada de eso Pao, nos vemos a la salida, conozco un lugar donde tocan música de blues, hay buenos grupos y los tragos no están adulterados y a buen precio, ¿qué dices?".

Horas después ambos estábamos fuera del trabajo y sin decirnos nada comprendimos que era muy temprano para ir al bar de música blues, así qué… "¿oye Pao por qué no vamos un rato a mi departamento, nos tomamos una copa y escuchamos algo de música?, así hacemos tiempo para ir a ese bar, ¿qué dices?".

--"Ay licenciado, aunque pongas cara de inocencia la lujuria se te sale por los ojos, si quieres llevarme a la "perdición" yo no respondo, pero luego me cumples con eso del blues, quiero ir a ese lugar".

Antes de llegar a mi casa pasamos por un six de cervezas a un Oxxo y ya instalados en la sala de mi inocente hogar –por el que en el transcurso de un año habían pasado ya casi 20 mujeres diferentes— escuchamos un CD de Alvin Lee para ponernos a tono, pero algo pasaba con Paola, la noté un tanto triste y pensativa, y se lo pregunté:

--"¿Qué tienes Pao?, te noto rara, como triste".

--"Cosas de novios licenciado, tú debes saber más de eso, digo, al menos tienes más experiencia, es que…, bueno tú me viste con mi novio, en el estacionamiento, peleamos, y es que… es muy necio, a fuerza se quiere casar, yo lo quiero, hacemos el amor rico y todo eso, pero todavía no quiero casarme, y él… ahí, terco, dale que dale con lo mismo, y es que además ya quiero independizarme de mi madre, vivir sola, en mi propio departamento, y por eso fue el pleito, le dije que ya había conseguido donde irme a vivir, pues las cosas con mi madre, ya sabes, no andan bien, y el tonto pensó que yo había aceptado por fin casarme con él, y cuando supo todo el rollo pues ardió Troya, se puso como energúmeno!, total que me dejó toda apendejada, sin saber qué hacer, ¿tú que harías?".

--"Huy Pao, soy muy malo para dar consejos, pero si ya pensaste bien lo que vas a hacer, no te detengas, sigue adelante, total si algo falla, también de los errores se aprende, no trates de complacer a los demás, sino conciliar, si no resulta, es más fácil que los otros se ajusten a las cosas que haces que tú a lo que quieren ellos, que por lo demás no siempre saben lo que quieren, ¿cómo ves?".

--"¡Ah caray!, se oye bien eso que dices, pero del dicho al hecho…, pero tienes razón, si ya tengo las cosas planeadas debo llevarlas a cabo, total no voy a hacer nada malo, sólo vivir mi vida sin tener que depender de mi madre, que por lo demás… no ayuda en nada, puro destrampe, tu sabes…, bueno ahora si, ¿qué piensas hacerme aquí, en este "leonero"?, oye luce bien tu "depa", tremendas bacanales haz de organizar, y con lo decentito que te ves, condenado".

Y dejamos los botes de cerveza en la mesita de centro y empezamos a fajar, Pao luchando con el cierre de mi pantalón, yo jalando sus panti medias hasta casi romperlas, entre beso y beso de lengüita, agarradas de tetas y demás, para minutos después pasar a cosas más serias. Pao se levantó para ir al baño, situación que aproveché para cambiar el CD por uno de Led Zeppelin en concierto –el No Quarter--, ir por más cerveza al refri y… quitarme la ropa. Cuando la gordita regresó había menos luz en la sala y yo estaba sólo en truza sentado en el sillón, ella notó el cambio de ambiente y lo festejó: "ay licenciado, de veras eres atrevido, ¿qué, me quitó la ropa?", no le contesté, la dejé que decidiera. Paola, quizá sin proponérselo, empezó a bailar al ritmo de la lenta y sensual música, quitándose primero la falda y luego la blusa, y con manos lentas se fue quitando sus pantys, no así su gran sostén y su pantaleta de satén con bordados de flores rojas, y en medio de la sala bailó para mi, meneando sus caderas inmensas y haciendo brincar sus chiches enormes, sonriendo coqueta, girando el cuerpo, entre cerrando los ojos, untando las manos sobre su cuerpo, ofreciéndome su gordo nalgatorio, total que mientras terminaba "Desde que te amo" del Led Zeppelin, Paola inclinada hacia el frente ponía su trasero a escasos centímetros de mi cara, y no pude más, aferré mis manos a los voluminosos glúteos y atraje toda esa carne hacia mi, para besarle las nalgas, para morderlas, para hurgar con mi lengua entre los cachetes del culo tratando de abrirlos, forcejeando por bajarle las pantaletas, hasta lograrlo, mientras que la gorda gemía y suspiraba palabras entre cortadas "ay licenciado, ¿qué haces?, no, si, no, no, si, no, no, mejor si, si, ay, sí, así, si, más", hasta casi caerse hacia el frente, por ello me detuve por momentos, para permitir que se apoyara en el sofá y yo, desde atrás hincado en el tapete, seguir con mis "travesuras", para entonces Pao ya no tenía calzones y dejaba que le abriera las blancas nalgas a plenitud, para dejar que mi lengua jugara en su culo oscuro, haciendo redondeles, mientras le metía tres dedos de la mano derecha en la pucha barbuda, la chica bufaba de placer contrayendo como sin querer el culo en espasmódicas pulsaciones, hasta que la empiné totalmente y apuntándole la verga en el ojete del culo le advertí: "te la voy a dar toda, de un solo golpe, ¿estás lista?", a lo que Pao entre suspiros dijo: "ya…, ya te estás tardando papacito".

La gorda ya estaba prevenida, me dije, y agarré la verga con la mano hasta apuntar de modo preciso el glande sobre su culo apretado y sin darle tiempo a arrepentirse arremetí con tal fuerza que un momento después ambos estábamos pegados y mi verga totalmente metida en la profundidad de su intestino, pero no le di reposo, inmediatamente me la empecé a coger, de manera violenta, sacando y metiendo todo el miembro de golpe, haciéndola sufrir, quizá, pero también gozar, pues sus gemidos poco a poco se hicieron gritos de "aaaahahhhaaah, aaaaahhhhh, hummmm, aaaaahhhh", y entonces la leche se me fue, me vine sin dejar de moverme, echándole mocos en el culo pero sin dejar de mover con furia loca la verga, en un trajín de ir y venir, con violencia, sin piedad por sus quejas y gemidos, hasta que no pude más y los dos quedamos medio acostados en el sofá yo sobre ella, en tanto que el CD se repetía, empezaba de nuevo, y el culo de Paola me daba apretones en la verga adolorida, pues hasta entonces sentí el fragor de la batalla que había librado con la gordita. En las postrimerías del goce Pao con palabras entre cortadas me dijo "ay licenciado, ¡qué bárbaro!, casi me partiste en dos, creo que hasta me sacaste sangre… ay… me duele todo… pero que rico me lo hiciste, ¿así eres siempre?".

--"A veces si, otras no tanto, sólo con las chicas lindas como tú".

--"Eres un embustero, seguro se lo dices a todas las viejas que haz traído aquí, pero me lo hiciste como nadie, como nunca nadie me lo hizo en la cola, ya me habían contado de la forma en que los hombres maduros cogen, y lo estoy comprobando, por cierto, ya es hora de que me lleves por otros caminos de perdición o ¿ya se te olvidó?".

Y tambaleantes nos fuimos al baño a quitarnos los olores a "perdición", como decía Pao, media hora después ya de salida rumbo al bar del blues noté una extraña mancha en el sofá, era pardusca, casi café y olía muy feo, no quise hacer comentarios ante Paola y nos fuimos de reventón.

La música en el "Ruta 61" era estruendosa a más no poder, el sonido de la armónica que tocaba un "viejito" canoso no desentonaba con la potencia con que otro le pegaba a la batería, todo ello entre acordes de bajos y guitarras, en un armónico cover de "Hoochie Coochie Man". Paola de inmediato se sintió a sus anchas, gozosa y alegre, pedimos unos tragos, bailando sentados en las sillas, para luego abandonarlas y bailar entre muchas otras parejas que trataban de hacer lo mismo. Entre pieza y pieza y entre trago y trago Pao vio como me saludaban algunos conocidos o otros no tanto, y extrañada me comentó: "oye licenciado, eres famoso aquí, seguro que de aquí no sales, ¡todos te conocen!, y lo peor, ya vi que dos o tres "zorras" me echan ojos de víbora, seguro que de aquí las sacas para llevarlas a tu cama, ¿verdad?". Preferí no contestar. Más tarde, ya casi a las tres de la mañana, Pao y yo salimos del bar, medio borrachos o bien borrachos, la llevé a su casa, no sin antes detenernos para que ella vomitara.

Cuando llegamos a su casa, antes de bajar del auto, Pao me dijo casi al oído: "espera licenciado, voy a ver si no hay moros en la costa, quiero hacer travesuras", y la vi subir los escalones del edificio casi corriendo, con todo y borrachera y el enorme peso de su cuerpo, y momentos después bajar para casi sacarme del auto: "anda, baja papacito, quiero hacer cositas", y nos metimos sigilosos a la oscura casa, y sin cerrar la puerta, más bien pegado a ella me detuvo para bajarme los pantalones e hincada ante mi, como pidiéndome perdón por haber llegado tarde, llevarse la verga semi erecta a la boca para besarla, lamerla con delectación, con ternura, delicadamente, para luego pasar a cosas más serias, como tragarse todo el palo y regurgitarlo lentamente, entre lamidas de lengua, así en un interminable trajín, de mamar, lamer, chupar, mamar, lamer chupar, hasta que la verga se me puso gorda y dura a pesar de mi embriagues, y sentir que la gordita me sacaba la leche, y justo cuando iba a eyacular en su golosa boca, Paola se sacó la verga y me dijo en voz baja "espera licenciado, dame los mocos en las tetas", para acto seguido sacarse las chiches del sostén, ponerlas ante mi y volver a mamar, más fuerte, con mayor urgencia, hasta que sintió el chorro de semen en la punta del glande y los mocos se me salieron impulsivamente para caer a escupitajos sobre las tersas ubres de la gordita, y fue uno, dos, tres, cuatro chorros de mocos espesos y viscosos, mientras su mirada de ángel seguía cada uno de mis gestos al eyacular, al finalizar musitó "eres magnifico, todo tú, si seguimos cogiendo así, me voy a casar contigo", no quise comentar nada y le ayudé a levantarse y a limpiar el semen de su cuerpo, luego me fui, pensando que tal vez había sido una mala idea cogerme a Paola.

El día siguiente era sábado, a dios gracias, y me levanté tarde todavía con el sonido del blues en los oídos y la resaca por la abundancia de tragos y el recuerdo de Pao y su culo y la fenomenal mamada que me había hecho en la madrugada a las puertas de su casa, en fin, pensé, cosas de viejas. Sin nada más que hacer que revisar correspondencia y preparar algunos pagos en el banco fui a la cocina por un café bien cargado para soportar mejor los embates de la cruda, hasta que el teléfono sonó, era… la mamá de Paola:

--"Hola ¿eres tú?, si ¿verdad?, te oyes fatal, tómate una chela bien fría, es lo mejor para la cruda, antes que nada una pregunta ¿tú trajiste a Pao en la madrugada?, ¿qué hacían tanto tiempo en la puerta?".

Y fingí: "no se de qué me hablas".

--"Ah, pensé que había salido contigo, otra pregunta ¿ya sabes que Pao se quiere ir a vivir sola?, ¿qué opinas?".

--"Me comentó algo al respecto el otro día, pero no tengo nada que opinar, es su vida ¿no?".

--"Ay, sigues insoportable, lo que trató de preguntarte es que si crees que Pao sea capaz de hacer su vida, de sostener una casa o departamento, con eso de que le pagan poco ahí donde trabaja, ¿qué dices?".

--"Eso pregúntaselo a ella, a mi qué pedo, es su vida ya te dije, si la riega y se equivoca, tiene chance de equivocarse y arreglar las cosas, lo que no podemos hacer ni tú ni yo con nuestras vidas, ahora en eso de sostener una casa, pues que se consiga otro trabajo por las tardes, o en fin de semana, déjala que se vaya, que haga su vida, ya está grandecita ¿o no?, qué más quieres preguntar…".

--"Ah qué la chingada, no ayudas nada, y eso que dices que quieres a Pao, que la estimas, mira quiero hablar contigo, hoy estoy libre hasta las diez, así que… voy a estar en el bar del Hotel Niko, por si quieres darte una vuelta, a las ocho ¿sale?".

--"Bueno", y colgué con la sensación de que luego de haberme cogido a Paola y conocer a su madre me había metido en una especie de trampa, ya antes me habían ocurrido situaciones parecidas y la verdad… terminaban mal, un fastidio, y ahora tenía una cita con la mamá, "¿qué chingaos quería la vieja chichona", pensé.

Cuando llegué al Niko ella estaba en una mesita detrás del pianista que yo conocía, tocaba jazz como pocos saben hacerlo. Ella pidió "medias de seda" y yo whiskey con soda, y empezó el interrogatorio "quiero que seas sincero, ¿te vas a llevar a vivir a tu casa a Paola?"; "No", fue mi respuesta; "¿Entonces cómo le va a hacer la chamaca para tener su departamento", argumentó; "No se", dije; "oye, crees que ella sepa a lo que me dedico?, ¿ella hará lo mismo?", dijo inquisitiva la gorda chichona; "No lo se, pero ella no tiene necesidad de putear para tener dinero, es una profesionista con futuro, además de joven, digo", le solté en seco; la gorda apuró el contenido de su copa para tragarse lo que le había dicho para luego añadir "no tenías que ser tan explícito con tus argumentos, se nota que te caigo mal, ¿verdad?".

Medí mis palabras para no sonar ofensivo: "no, lo que pasa es que la situación entre tú y Paola es algo que no debe importarme, pero de alguna manera siento que ambas me están tomando de confesor, y pues yo en ese plan poco puedo hacer, apenas estoy tratando de arreglar mi vida como para meterme a arreglar asuntos ajenos, eso es todo, en cuanto a ti no creo que te dediques al negocio del sexo sólo por dinero, he conocido otras mujeres y puedo asegurar que además de negocio a ti te gusta ese tipo de vida, la disfrutas ¿o no?".

La señora guardó silencio y por momentos bajó el rostro para que no me percatara que su rostro había enrojecido, para luego decir en voz baja: "la verdad si, me gustan los hombres, creo que desde siempre, pero me reprimí durante muchos años, cuando estuve casada fui muy infeliz en ese aspecto pero traté de ser una buena y fiel esposa, casi lo logré, pero pese a ello el marido me abandonó dejándome con Paola que tenía ocho años, era una niña; luego descubrí que a pesar de mi gordura había hombres que me miraban con deseo o algo así, eso fue el principio, primero lo hice porque me gustaba, necesitaba el sexo luego de años de represión, al paso del tiempo me dije ´¿por qué no sacarle algún provecho a acostarme con alguien?´, así empecé, con el dinero le di educación a la Pao y enganché el departamento, ya casi lo pago, así que ahora le sigo a esto, tengo clientes fijos que son mis amigos, otros no, pero me gusta el sexo, me gusta venirme y hacer locuras, así que tienes razón en lo que dices, pero ella no lo sabe, ni quiero que lo sepa, una cosa es que considere a su madre una vieja caliente y otra que sea una puta profesional".

--"¿Hay alguna diferencia?, las viejas calientes y las putas, ambas obtienen algo a cambio de abrir las piernas ¿no?", le dije llamando al mesero para pagar la cuenta, la mujer ya no contestó.

Salimos del bar y bajamos al estacionamiento, la vieja gorda quería que la dejara en la Zona Rosa, iba a ver a un tipo en una cervecería, enfilamos hacia ese lugar y antes de bajarse Mariana me preguntó "oye, ¿algún día aremos el amor tú y yo?"; "¿me vas a cobrar?", le contesté; "tal vez no", dijo la gorda sonriendo y se bajó del carro contoneando las voluminosas caderas de forma bastante vulgar.

En los días siguientes no platiqué con Paola, la miraba de lejos cuando llegaba corriendo al trabajo o ya de salida, también corriendo hacia la puerta del estacionamiento, la gordita andaba apurada tal vez con demasiadas cosas por hacer, así pasó la semana e inició otra. El jueves ella me llamó "hola licenciado, ¿cómo andas de tiempo?, quiero que me acompañes a presumirte mi hogar". De camino a su departamento me comentó que algo había ocurrido con su madre que tenía otra actitud, más accesible y cooperadora, "está cambiada la señora", comentó. El departamento de Pao era diminuto, como los departamentos modernos, pero con acabados nuevos y algunos artilugios de la modernidad, pero sobre todo Paola estaba feliz; me mostró el pequeño apartamento llena de orgullo, era su primera casa, le faltaban muebles, sólo tenía la cama, nueva por cierto, una pequeña sala, semi nueva, una mesita con dos sillas a modo de comedor, un pequeño refrigerador y "la estufa de una tía, la iba a tirar a la basura y yo la rescaté, funciona bien, ya la lavé a conciencia y eliminé las cucarachas", dijo la gorda feliz cuando fuimos a su cocina, ahí se colgó de mi cuello y buscó mi boca, cuando terminamos de besarnos me dijo "quiero estrenarlo contigo, quiero que seas el primero que me coge aquí, ya luego traeré a mi novio" y sin dejar de besarnos nos quitamos la ropa, lo indispensable, la recargué contra el lavabo y seguimos con los besos y las caricias, noté a Pao sumamente mojada cuando mi mano se metió entre sus piernas, estaba muy caliente, pero a pesar de las ansias por el acoplamiento iba a ser un poco incómodo fornicar en ese lugar, en eso la gordita se apoyó en el fregadero para instantes después subir sus enormes nalgas en el mueble, que crujió, como protestando por el exceso de peso, así iba a resultar más fácil; Pao abrió las piernas y sus deditos tomaron el duro garrote para dirigirlo con delicadeza a su pepa velluda, sentí en el glande la aspereza de los pelos pero al mismo tiempo la viscosidad de la carnosa raja y empujé fuerte sacándole a la gordita un suspiro de placer anticipado y unas palabras "ay licenciado, ya me hacías falta, hummm que rico lo tienes" y nos empezamos a mover haciendo crujir el regadero, y entre gemidos de la gorda y crujidos del mueble hicimos el amor de manera intensa, el algún momento ella suspendía el beso para mirar como entraba y salía la verga de su pucha abierta y mojada, para luego volver a pegarse a mi boca, cuando ambos terminamos sorprendidos descubrimos que nuestros jugos escurrían por la cubierta metálica del mueble y caían en lentas gotas en el suelo hasta formar un pequeño charco de líquidos viscosos y blanquecinos.

Luego fuimos a su recámara a desacralizar su cama, y luego de descansar un poco y tomar cerveza, hicimos sexo oral, era difícil con Paola, por su gordura, no quería que me aplastaran sus 90 kilos de peso, así que lo hicimos de lado, los cuerpos encontrados, las bocas pegadas al sexo del otro, yo luchando por evitar que los pelos de la gordita me sofocaran, ella comiéndose ansiosa toda la verga, gimiendo sin sacarse el garrote que le llegaba a veces hasta el gañote, yo mordiendo las carnosidades de su sexo gordo y prieto y mojado, hasta que Pao se vino ruidosamente, gimiendo y gritando, sin soltar la verga que ella succionaba con ansia, casi con profesionalismo, y así me vine, en la boca de la gordita que siguió chupando del miembro cada uno de los chorros de semen, hasta que quedamos como muertos, las piernas de Pao apresando mi rostro, ella todavía con el miembro dentro de la boca y con el rostro embarrado de leche luchando por recuperar la respiración. Un rato después nos bañamos juntos en su baño reluciente de nuevo, al final fuimos a platicar a la sala, donde la gordita comentó que no tenía estéreo así que "imaginemos que hay música licenciado", dijo entre risitas, le ofrecí que me permitiera regalarle uno, ella no comentó nada. Ya para irme me dijo que renunciaría al trabajo porque necesitaba más dinero y que posiblemente la contrataran en una compañía de transporte, nos despedimos con un beso a las puertas de su apartamento quedando en que nos llamaríamos en unos días.

El fin de semana esperaba ansioso la llamada de Pao, pero la que llamó fue su madre: "¡hola!, ¿qué haces?, ¿qué sabes de Paola?"; "supe que renunció, no la he visto", le mentí; la mujer se quedó en silencio para luego decir "me siento sola, extraño a mi hija, mira, me levanté a buena hora, hice el aseo de la casa, preparé comida y ahora me doy cuenta que quién se la va a comer, no seas malito, ven a hacerme compañía, te invito a comer".

--"¿Sólo eso?", le pregunté.

--"Bueno, si nada más quieres comerte mi comida está bien, pero si quieres algo mas, yo estoy dispuesta ¿qué dices?".

Y recorrí media ciudad para ir a consolar a la señora gorda, y era verdad, la mujer se notaba bastante afectada por la falta de la hija, pero se puso contenta por tener alguien con quien platicar, al menos; comimos espagueti carbonara con un vino bastante malo, y terminamos con escalopas de ternera a la pimienta ya con cubas de ron cubano, haciendo a un lado el vino que más parecía vinagre. Un rato después la mujer puso una película y me entregó otra cuba de ron, pero no supimos de que se había tratado el filme, pues apenas en el inició la gorda puso como sin querer su mano en mis piernas y volteó el rostro buscando un beso, accedí a besar sus carnosos labios y a acariciar sus enormes chichotas, suaves pero muy flojas, y ahí, en el sofá de la sala la gorda se quitó el pantalón y sus pantys de hilo dental –imaginen un enorme nalgatorio con una tanga pequeñísima por detrás--, fue algo casi surrealista aquella visión, en fin que Mariana se puso en cuclillas en la orilla del sillón como esperando a que me decidiera a penetrarla, y lo hice, con cierta dificultad por tratar de mantener abiertas las grandiosas nalgas y buscando al mismo tiempo el hoyo correcto, el de su panocha depilada. Fue una cogida lenta pero deliciosa, disfrutando que la madre de Paola fuera tan estrecha, pues su vagina apretaba muy bien, además porque la señora tenía "perrito", su canal vaginal palpitaba dando apretones cuando le sacaba a pausas la verga, que salía lustrosa de jugos, así me la seguí cogiendo haciendo que al poco rato la vieja suspirara escondiendo la cara en los cojines del sillón, hasta que contoneando las caderas a los lados y de forma circular en cada arremetida sacara todo el aire de sus pulmones en un profundo y ruidoso suspiro, se había venido, todavía le removí la verga en la pepa que seguía palpitando, contrayéndose, luego la dejé terminar. Entonces tuve una audaz idea: fornicarle el culo; fue algo fácil.

La mujer estaba dócil, a mi merced, le apunté el glande en el ojete del negro culo y presioné con fuerza, la verga tardó en entrar, primero despacio entró el glande, seguí presionando hasta quedar pegado a sus nalgas, y así me la cogí, despacio, lentamente, sacando casi toda la verga para de nuevo irla metiendo a pausas, toda, por completo, luego un poco más rápido y más fuerte, haciendo brincar los cachetes del culo que mantenía bien abiertos, hasta sentí la eyaculación, primero un largo chorro de semen, luego intervalos cortos de más semen; Mariana disfrutó la cogida suspirando, dejándose coger de esa forma, cuando terminé le saqué la verga y su culo se quedó abierto, muy abierto escurriendo mocos blancos, y se fue cerrando poco a poco, contrayéndose, guiñándome como un ojo ciego. Un poco tambaleante por la cogida fui al sanitario a lavarme el pito con mucho jabón, cuando regresé la gorda estaba de nuevo vestida y la felicidad iluminaba su lindo rostro, antes de irme quiso saber "¿nos volveremos a ver?"; sonreí diciéndole "tal vez".

El domingo llamó Paola por la mañana: "licenciado ¿dónde andas?, te estuve llamando ayer y de ti, ni las luces, ¿qué andabas haciendo?, ¿a quién andabas pervirtiendo?, ¿eh?, te invito a desayunar, no se cocinar pero algo se me ocurrirá", y más tarde tuve que aceptar los chilaquiles batidos que preparó la gordita, estaban realmente mal, la salsa sin sabor, y los trozos de tortilla hechos una plasta informe nadando en un caldillo sin color, olor o sabor, pero lo que contaba era el esfuerzo de Paola que se puso feliz con el estéreo que le regalé, lo instalamos en el suelo de la pequeña sala a falta de muebles y escuchamos música, algo de blues que le llevé. Así pasamos la tarde, oyendo música y tomando cervezas de bote, luego nos fuimos a su recámara, pero antes pasé a su baño, donde encontré una caja de anticonceptivos, "la gordita no es tonta, se cuida", pensé. Ya en la cama dejamos que la pasión nos llevara de la mano, y la gordita me montó a horcadas amenazando con su voluminoso cuerpo mi delgada humanidad, y entre suspiros se empaló en la dura tranca para luego mover el cuerpo como un barco en alta mar, meciéndose delicadamente, refregando su pepa sobre el pito bien clavado en su vagina, así por minutos largos e interminables, hasta que el suave balanceo carnal se tornó furioso, la gordita bailoteaba sobre mi sin soltar la verga que desaparecía por momentos bajo su gorda panza, subía y bajaba sin desclavarse de la verga, entre gritos y gemidos de placer.

Cuando el orgasmo le llegó tumultuoso Paola cayó sobre mi, rodeando mi cuerpo con piernas y brazos y asfixiándome con sus besos, luego cambió de posición, dándome la espalda me volvió a cabalgar y entonces disfruté con la visión de su grueso nalgatorio al moverse como lo hacen las víboras, ondulando la cintura y parando por momentos el culo, luego alzando la cintura para refregar el sexo sobre mi pinga que sufría para no eyacular, así hasta que se vino de nuevo, bajando y subiendo su pelvis sobre mi entre pierna, hasta que no soportó el placer "ay, ay, ya papito, dame leche, quiero la leche, dámela que me vengo" y arremetí contra ella que se mantenía montada con las piernas bien abiertas, recibiendo ahora los embates del pito, y así nos venimos, juntos, disfrutando de las oleadas de placer que parecían alargarse, pausadas, para de nuevo llegar como el suave oleaje en una playa. Ese día Paola se vino varias veces más y yo quedé deshecho, a punto del infarto pensando "si sigo así estás viejas terminarán matándome".

Cuando me despedí de la gordita mi verga seguía adolorida de tanto trajín, pero ella estaba feliz y más amorosa que nunca, quedamos de vernos a media semana –aunque yo secretamente ya pensaba en alguna excusa--, total que al paso de los días y semanas seguí viendo a las dos, a Paola los miércoles y el domingo, y a su mamá los jueves y los sábados, apuntalando mi fortaleza con comidas saludables y complementos alimenticios para aguantarles el ritmo al par de gordas cogelonas. Hasta que el anuncio de que Paola se casaba me cayó del cielo, el insistente novio había vencido por fin las resistencias de la gordita y la madre estaba feliz. Un domingo de agosto asistí a la ceremonia religiosa que pondría tierra de por medio entre la gorda y yo, y de paso corté a la mamá con el argumento de que vivía un intenso romance con otra mujer y quería serle fiel, la mujer me comentó "eso ni tú te lo crees, pero bueno, la pasamos bien ¿verdad?", dijo con ojos soñadores al despedirnos.

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