Un rayo de sooooool, uo oh oh...
No le trajo amor al pobre Toni. Le trajo la dura realidad de
un día más.
-Noooo...-gimoteó, entre las sabanas pringosas, de sudor y
otras cosas (de lefa, vaya...)
Pero ya no había remedio, así que se levantó. Empalmado, por
supuesto. Y al ir al baño a mear, su padre tuvo la feliz ocurrencia, pues se
cruzó con él cuando éste salía de dejar un buen tordo en la taza, de darle una
toba en el bulto del pantalón.
-¡Auuuuuu!-chilló Toni-Pero qué ca...-
-¿Sí? anda, golfo, mea feliz, mea contento pero sobre
todo...-
Y desde la cocina la menor de los Canelloni respondió,
cómplice:
-¡Mea dentro! ¡Jajajajaja!-
Toni rezongó un par de maldiciones y descargó su vejiga. Fue
difícil, no creáis, porque tenía el glande dolorido por la reciente tobita. Pero
consiguió evacuar haciendo fuerza. Tanta que se le escapó un sonoro pedo.
-¡Ala, qué cerdo!-
-Toni, por lo que más quieras, que te pueden oír los
vecinos.-
A toni le hacían gracia los pedos, como a cualquier persona
según qué circunstancias. Riendo entre dientes se puso el bañador, del reves,
aunque de eso no se dio cuenta. Enseguida se reunió con el resto de los
Canelloni.
-¿Qué, hermanito, hoy vas a atacar a la chica aquella tan
mona?-
La cagamos, pensó Toni. Recordó el lamentable episodio del
día anterior y casi se le corta la leche con cacao que estaba tragando de pura
amargura.
-¿Qué chica?-preguntó el señor Canelloni, interesado por el
devenir erótico de su retoño.
-Una que se encontró en la playa, conocida suya.-
-¿Una amiga del instituto?-quiso saber la mamá.
-No creo. Toni no tiene a...-
-¡Vale ya, niñata!- interrumpió Toni, harto de la metomentodo
de su hermana. Se levantó muy indignado y...
-Toni, te has puesto el bañador del revés...
Así no hay quien muestre un orgullo herido creíble.
---
Camuflado con gafas de sol, una nariz postiza y media docena
de calcomanías de Fraguel Rock, Toni estaba nervioso, buscando con la mirada a
Trini Tortellini, o lo que era más peligroso, a su hermano Román. Había incluso
diseñado un plan de huída, que incluía una maniobra de distracción en el
chiringuito, un tunel bajo la arena, y una rápida carrera hasta el apartamento.
Pero el señor Canelloni, preocupado por su hijo, al que veía
algo turbado, y no terminaba de creerse que llevara la nariz postiza para que no
le salieran espinillas, no hacía más que provocarle.
-Mira, mira esa sueca, la que está haciendo top-less. Jeje,
¿qué te parece?-
-Papá... por favor.-
-¿Y ésa? La del tanguita fosforito. Mmmm... esa tiene que
bailar la samba de vicio.-
-Ay...-suspiraba Toni.
-Vaya, ésa de allí me suena. La que está junto al puesto.-
Toni pensó que lo mismo se trataba de Trini, y se quitó las
gafas y la nariz para ver mejor. Pero no era ella. Se las volvió a poner, y
recobró su postura pensativa.
Lo malo es que en el chiringuito sí estaba Román. Y,
casualidades de la vida, había observado al esperpéntico tipo de la nariz de
pega mirar hacia donde estaba él. Reconoció a su presa igual que un tiburón
reconoce la sangre, y se dirigió a por ella. Incluso olvidó a las dos mocitas
tontitas perdidas que lo acompañaban y competían para untar su fornido cuerpo
con crema protectora.
-A este imbécil me lo cepillo.-
Toni no dejaba de pensar en Trini. Tenía miedo de
encontrársela. ¿por qué? Oh, bueno, un adepto al fatalismo como él tenía
millones de motivos como para pensar que la acabaría cagando.
-Voy a darme un chapuzón.-dijo, y se metió al agua.
Poco a poco, y distraído por las peazo de mujeres que apenas
ocultaban su cuerpo con bañadores mínimo, Toni fue bajando la guardia. Cerca,
cada vez más cerca, Román Trtellini, los ojos inyectados en sangre, nadaba,
cerrando el círculo en torno a su presa.
-Jum, vaya pechos que gasta esa torda.- comentaba Toni en
alta voz, mientras a su espalda la masa de 90 y pico kilates de Román se alzaba,
dispuesto a mandarlo al polo norte. Pero justo cuando iba a estrujarlo, un
inocente grito llamó su atención.
-¡Yujuuuuu!-
¡Era Trini, que se acercaba a toda prisa! Toni vio sus
deliciosas carnes bambolearse, tan sugerentemente insinuadas debajo de un
bañador azul con lunares que tuvo una erección inmediata. Aterrado, se metió de
lleno en el agua y buceó a toda prisa intentando escapar.
Román se encontró conque su presa había desparecido, y que su
hermana se dirigía hacia él, toda cándida.
-Román, ¿jugamos a...?-
-Dónde demonios se ha metido ese mequetrefe...- rezongó
Román, buscando entre las olas algún rastro de Toni, pero lo único que halló fue
la nariz postiza.
-¿Román? ¿Estás bien?- preguntó Trini.
-Lo estaré en cuanto agarré a esa sabandija y los estruje
como a una bayeta.-
Toni sacó la cabeza a tomar aire y ver si no había moros en
la costa. Se había desorientado un poco, y lo primero que vio cuando se dio la
vuelta, o más que ver, se topó con ello, fue el traserito de Trini, que
observaba confusa la infructuosa búsqueda de su hermano.
-¡Gulp!- exclamó Toni cuando su nariz topó con las nalgas
frescas y húmedas. Trini se dio la vuelta asustada ante la posibilidad de que un
pulpo la atacase, luego pareció sorprendida y finalmente...
-¡¡TONI!!-
Por su parte, el Canelloni no pudo resistir la visión de la
chica desde abajo, aquello pechos tan suculentos, tan cerca, con los pezones
traspasando casi la tela de puro erectos. ¡Noo, no puede haber tanta belleza! Y
se desmayó, quedando boca arriba con una enorme sonrisa de felicidad y una boya
creciente en su bajo vientre.
...
Lo siguiente que vieron sus ojos al salir de la incosciencia
fueron los labios de Trini acercándose a él, luego su textura agradabilísima
posándose sobre su boca, y luego aire insuflado en sus pulmones en el "beso de
la vida". ¡Le estaba haciendo el boca a boca!
-¡Toni, Toni, venga, no me dejes!-
-Ni pensarlo.-
E hicieron falta los enfermeros de la unidad movil para
separar a Toni de Trini. Ésta quedó sofocada, dando tumbos con una sonrisa
bobalicona entre la gente congregada alrededor del supuesto ahogado, entre los
cuales, con los dientes rechinando, estaba Roman.
La ambulancia con Toni se puso en marcha. Lo llevaban para
hacerle un chequeo rutinario. Allí, recordando el jugoso ósculo y olvidando
dónde estaba, echó mano al paquete y se la empezó a cascar.
-¡Qué hace este loco!-
-¡Se está masturbando!-
-¿¡Qué?!-
-Va a ser del riego... ¡acelera!-