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Fecha: 29-Sep-05 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Dos hermanas, un novio pijo y una acampada

Einstein
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Dos hermanas, de 16 y 19 años, que no se llevan bien, se van de acampada con el novio de la mayor. La relación entre ellas mejora mucho, muchísimo, despues de ese viaje. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Mi hermana, de 19 años, había decidido irse de acampada con su novio. Ángela tenía un novio pijo, 21 años, estudiante de psicología, con un 4x4 regalado por sus padres, polos Lacoste de todos los modelos y colores, y un culito, la verdad, precioso. Metrosexual declarado, cuidaba enormemente su físico, y aunque aparte del culo no era gran cosa, sabía sacarle partido a lo que tenía.

Pero la idea de la acampada no había caído nada bien en la familia, consciente de que en una tienda de campaña y viajando solos pueden pasar muchas cosas. 19 años, mayor de edad para votar, pero una niña, según mis padres. Una niña cabezota, eso sí. Había decidido irse de acampada esa semana de Julio, y lo haría. Mi madre, como mal menor y perfecta conocedora del carácter de la niña había convencido a mi padre de que la dejaran y no crearan innecesarias tensiones, porque además se llevarían a su hermana de 16 años, osea yo. Claro, esa afirmación la había hecho sin contar ni con Ángela ni conmigo. Cuando le dijo a mi hermana el acuerdo al que habían llegado mi padre y ella sobre acceder al viaje ‘ya que se iban con Marga’, a mi hermana casi le da un soponcio.

En realidad, no nos llevábamos muy bien. Yo tenía 16, y ella 19. Yo era una niña a todos los efectos, la pequeña, un bebé, vamos, y ella era la mayor, la que tenía derecho a salir hasta horas más tarde, la que tenía el mejor cuarto, la que estrenaba la ropa. Y yo observaba con ojos envidiosos y con ansia el momento en que me tocaría a mí hacer las cosas que veía en ella. Solo que cuando llegaba ese momento, ella ya hacía otras cosas mucho más interesantes. Además, no era mi compañera de juegos, no me contaba sus secretos, no teníamos amigas comunes. Aunque yo era la princesita de la casa, y todas las atenciones de mis padres se centraban en mi (y todas las broncas en mi hermana), la verdad, las cosas interesantes de la vida le pasaban a ella. Hasta tenía buen gusto para los chicos, la muy...

A mi tampoco me cayó bien la idea. Ir de espía a un viaje al que no me habían invitado, no era lo que yo más deseaba para pasar un fin de semana de mis vacaciones. ‘Que se busque la vida’, ‘por qué tenían que meterme en medio a mi’, ‘si no la dejan pues que no vaya y punto’, era lo que se me pasaba por la cabeza.

Así que llegado el viernes señalado para el viaje, ni me había molestado en hacer la maleta, confiando en que algo se cruzaría por medio y chafaría el tan deseado viaje de mi hermana. Pero eso no ocurrió. Así que a toda prisa tuve que echar en un bolso de viaje todo lo que me pareció que podría ser útil.

¿Dónde vas con ese maletoncio? – dijo mi hermana. Total, iba a poner pegas de todas formas. Si era grande, porque era grande, si era pequeño, haber si iba a pasarme la semana pidiéndole de todo.

Cogí un bikini, y fui al baño. Me lo puse por encima, y me miré en el espejo: no estaba mal. De la temporada pasada, pero estaba todavía bien, me gustaba como me quedaba. Pero no había tomado la precaución de depilarme. Aunque no era muy velluda, algunos pelillos asomaban por fuera de la braguita del bikini. Que corte. Así que cogí una maquinilla, crema de afeitar de mi padre, y me puse a rasurarme los ‘excedentes’. Podría haberlo hecho como siempre, con pinzas, o hasta con cera, pero eso era lo más rápido. Me embadurné de crema y pasé la maquinilla. Cuando me quité la crema, me había hecho un estropicio: me había depilado mucho por un lado, poco por otro. Lo mismo eso se notaba. Así que volví a untarme de crema y repetir la operación. Peor, que desastre. Así que miré el reloj, y viendo que era tarde (solo me faltaba tener a mi hermana gritando por esperar por mi) me afeité completamente el coño. Con unas tijeras y un pequeño espejo recorté los pelillos de la parte de abajo. Miré en el espejo el resultado: un coño de niña, muy suavecito, eso sí. Total, eso crece, tiene remedio.

Mi hermana también era una pija, como su novio. De acampada, sí, pero llevaba 4 bolsos, 6 pares de zapatos, productos de belleza como para montar una droguería...La camiseta de ‘El niño’ a juego con la cinta del pelo, pantalón pirata ajustado de Zara, el pelo con mechas. Pija total. Pero le quedaba de puta madre. No es que tuviera muchas más tetas que yo, pero tal y como se vestía, parecían mejor colocadas.

Llegamos al camping, en un pueblecito de Ávila, y montamos la tienda. Una tienda de campaña de 4 plazas, para dormir 3. Yo echaba de vez en cuando un vistazo al 4x4 de Alfonso, por si me tocaba dormir allí. Pensaba que quizás echando este asiento para atrás, bajando esto, quitando esto otro del asiento trasero. Quien sabe como acabaría esta aventura.

Llegamos tarde. Sobre las 9 de la noche. Montamos la tienda, inflamos los colchones y preparamos algo de cena. Abrimos unas cuantas latas quiero decir. Bebimos alguna cerveza (alguna yo, ellos varias), y charlamos de cosas varias. Alfonso hizo un esfuerzo para que me sintiera cómoda. Me ayudaba en todo, intentaba dirigir la conversación hacia cosas que yo conociera para que pudiera participar, se interesó por mis opiniones, me preguntó por mis gustos, por ‘mis novios’. Me hacía reir. Qué cabrona, mi hermana. Encima, era majete el chaval.

Una de las veces, cuando volvía del servicio pude escuchar una conversación más o menos así:

Como te pasas, tía, con tu hermana. La estás cortando todo el rato, no dejas que hable, la anulas.

A ver si ahora te estás quedando con mi hermana, solo me faltaba eso

Cari, solo digo que deberías hacer un esfuerzo. Ya sé que no os llevais muy bien, pero aquí está en desventaja. Ella no ha venido aquí por gusto, y nos está haciendo un favor. Si ella dice que no viene, se habría acabado el viaje. Tú tienes muchos huevos, pero si tu padre dice que no es que no. Y ha dicho que sí solo por que viene tu hermana –hizo una pausa- .Solo digo que podías ser un poco más amable con ella. Y si no lo quieres hacer por ella, hazlo por lo menos por mi. No puedo ver que trates a tu hermana así

Pero si yo no la trato mal, es ella que es...

Joder, este tío es mi ídolo, pensaba. De acuerdo que mi hermana puede aspirar a algo mejor, y que el chaval, aunque no está mal, es mejorable. Pero un chaval que prácticamente no me conoce, y que hable de mi así, bueno. Yo que pensaba que todos los tíos van a su bola, y este parece un encanto. Yo de mayor, quiero uno igual, hasta con 4x4, pensaba.

Pero la conversación dio sus resultados. Esa misma noche, el trato cambió. De momento podía hablar, y aunque al principio le costaba enormes esfuerzos para no saltar haciendo algún comentario ridiculizante, conseguimos mantener una larga y animada charla los tres, de cosas muy variadas. Incluso nos reímos juntas, algo que no hacíamos desde hacía mucho tiempo. Nos reímos sobre todo cuando me pidieron que diera la opinión sobre sus amigos.

¿Y el Toni?

Ese es un borde, y además, está echando barriga. Imagínatele dentro de 10 años – decía yo, y todos nos reíamos-.

Pero al que no le pondrás ninguna pega es a Ivan, ¿no?

Un chulito y se lo tiene muy creído –era verdad, muy rubito de ojos claros, pero se le notaba a la legua que era un niño de papá con pelas que creía que el mundo empezaba y acababa en su ombligo

Y tras hacerle un repaso a todos los que yo conocía, mi hermanita, la muy cabrona, me puso en aprietos:

¿Y Alfonso?

No seas capulla, que me corta

Venga, - animaba él, viendo que había sido muy sincera y atrevida con los comentarios hacia los amigos de ellos – si estamos aquí para divertirnos un rato. Te aseguro que nadie se va a tomar nada a mal, de verdad

No está mal – dije, como comentario neutral

Hay que mojarse, hay que mojarse – animaba mi hermana Ángela

Tiene un culo bonito, y es un encanto –dijé, y enrojecí inmediatamente

Ohhh, mira la mosquita muerta – decía mi hermana, aunque el comentario para ella era todo un halago

Después de las risas y la charla, a eso de las 2 de la mañana, decidimos meternos en la tienda a dormir. Aunque poco sueño teníamos todos. Primer problema: cambiarse. Como habíamos ganado en confianza, yo simplemente me volví, me quité camiseta y el sujetador de espaldas a ellos, me puse otra camiseta más cómoda, y me quité los pantalones. Me volví ligeramente para ver como mi hermana, a mi lado, en medio de Alfonso y de mi, se quedaba en tetas y braguitas sin ningún problema y se metía dentro del saco de dormir. Él también se estaba desnudando. Se quitó todo, y al quitarse el slip pude ver su culito desnudo, que tapó rápidamente con un pantalón corto de deporte. Bueno, nadie me había visto mirar. Lástima que no se volviera el chaval.

Pero al cabo de un rato, 20 minutos, el saco era insoportable. Estábamos en Julio, y aunque la sierra de Ávila no es Sevilla, la sudada que nos estábamos metiendo todos era impresionante. Primero salió del saco Alfonso, después mi hermana, y por último, de la forma más sigilosa que pude, yo.

Se movían mucho. Al principio, inocente de mi, pensé que era por el calor. Pero no. La respiración empezó a ser más agitada, los besos empezaron a ser más sonoros, cada vez se movían más. Suspiros ocasionales, de mi hermana. Y yo, de espaldas, haciéndome la dormida. De vez en cuando se oía a mi hermana decir: ‘Psiiii, que nos va a oir’,’estate quieto’, ‘ten cuidado’. Pero los comentarios que oía empezaban a ser más subidos de tono: ‘un poco más aprisa’ ‘no aprietes tanto’, hasta un clarificador ‘Fonsi, no sigas que me corro’, que despejaba cualquier duda que pudiera tener sobre la actividad que se desarrollaba a mis espaldas.

Ese ‘no sigas que me corro’, la verdad, me encendió. Deslicé una de mis manos con total discreción dentro de mi braguita y empecé a acariciarme, a frotar mi clítoris. Ellos seguían, y mi mente se calentaba todavía mas. ‘¿se la meterá, aquí?, y me ponía a imaginar ese culito moviéndose rítmicamente, penetrando a mi hermana. La imaginaba a ella desnuda, tumbada, con él encima, bombeando. Los ruidos a mi espalda se hicieron más notables. Imaginaba su pene, aunque de forma difusa, pues no había visto nunca uno en vivo. Imaginaba que mi hermana era yo, y que me acariciaba por todos lados, me besaba. De repente oí un suspiro ahogado, pero indudable: mi hermana se había corrido. Y yo ya estaba cerca. Deseaba volverme, a ver si veía algo, pero se iba a notar mucho. Además, en la postura en que estaba podía jugar con mis deditos con total discreción. Pero ya estaba muy caliente, y notaba como iba subiendo e iba aproximándome al orgasmo. ‘¿Te hacemos algo a ti?’ susurró mi hermana al oido de su novio, y los movimientos reflejaban un cambio de postura. El roce rítmico contra el plástico del saco de dormir, dejaba pocas dudas sobre lo que se traían, literalmente, entre manos: ella le hacía una paja a él. Dios, como deseaba volverme. Ese si que debía ser un espectáculo de la hostia. Mi hermana haciéndole una paja a Alfonso. Y yo al lado. No pude más y me corrí. Intensísimo, pero creo que no hice ningún ruido. Hasta ese momento, el orgasmo mas intenso que había tenido nunca. Joder, tener a una pareja justo a tu lado, follando, o pajeándose, lo que sea, como pone eso.

Ellos seguían con la paja. Solo oía el ritmo de la mano de mi hermana. Chas, chas, chas. Y de repente un susurro de Alfonso: ‘me corro’ y oí un chapoteo, seguramente la polla de mi posible futuro cuñado repartiendo semen por todos lados. Mi hermana buscó su bolso, tratando de moverse discretamente. Seguro que buscaba un clinex para limpiar la corrida de Alfonso. Se oía el sonido del clinex restregando por todos sitios. ‘¿Estas mojado por algún sitio?’ susurraba Ángela, con una voz casi imperceptible. La respuesta debió ser negativa. Empezó una corta sesión de besos y caricias, y todo se calmó.

Que relax deja una corrida. Debería ser obligatorio follar o hacerse una paja antes de dormir. Es la hostia. Te empieza a entrar un sopor que te envuelve. El estado de relajación es total. Seguro que las que tienen insomnio son además frígidas. Prácticamente no recuerdo nada más de esa noche: caí en brazos de Morfeo de forma suave, dulce, después de la intensa corrida. Por cierto, si cuando miras a alguien jugando, digamos, a juegos de mayores eres ‘voyeur’, ¿que eres, cuando solo los escuchas? ¿’oieur’?

La primera en levantarse, bien entrada la mañana y con un sol que hacía que la temperatura en el interior de la tienda empezara a ser francamente incómoda, fue Ángela. Fue al baño. Allí me quedé yo, sola con Alfonso. Me volví, ya me dolía la espalda de estar siempre en la misma postura. Y vi a Alfonso, con los ojos cerrados, todavía adormilado. Estaba desnudo de cintura para arriba, aunque se veían los primeros vellos del pubis. Me lo imaginaba corriéndose. Allí estaban también cuatro o cinco clinex, restos de la batalla nocturna. Tomé uno de ellos, que tenia restos de su semen. Con los dedos indice y pulgar hacía circulos, comprobando su viscosidad. En ese momento entró mi hermana

Hola, ¿estas despierta?

Yo escondí rápidísimamente el clinex ( a ver como explicaba yo eso). Mi hermana sonreía. Estaba de buen humor. Mira, otra ventaja de los polvos nocturnos.

Tápate un poco – me dijo, señalando mis braguitas y mis pezones, que se notaban perfectamente por debajo de la camiseta. – Y tu también – dijo mirando los pelos del pubis a su novio – a ver si voy a tener que venir a poner un poco de orden

Los tres nos reímos

Qué tonta – dijo él.

Sí, que me dejen a mi con él en pelotas una hora más e íbamos a ver, pensé yo.

Me levanté, procurando que me viera perfectamente. Mis braguitas, mis pezones tiesos. Él me miraba, y por suerte, mi hermana no se daba cuenta de nada. Buscaba entre los bolsos de ropa algo que ponerse. Me hubiera quitado la camiseta. Me estaba comiendo con la mirada. Me toqué un poco las tetas, de manera aparentemente inocente, pero totalmente intencionada. Como me ponía ver a un macho en celo mirándome así. Seguramente, la tendría tiesa, aunque no podía verlo sin delatarme. Pero me estaba meando, fíjate tu. La naturaleza urgía el fin de mis contoneos. Me puse un pantalón corto y me fui al cuarto de baño.

Allí, meando, miré mis braguitas. Ya me vale. Podía haberme puesto un tanga, o algo más probo. Unas braguitas de algodón, con dibujitos. Como para excitar a Alfonso, después de pasarse la noche follando con mi hermana.

Volví a la tienda y la cremallera de la entrada estaba cerrada. La subí y entré, y...pues fui inoportuna. Mi hermana estaba en bragas, desnuda de cintura para arriba. Él completamente desnudo, con la polla al aire. Ni pene ni hostias. La polla al aire, completamente tiesa. La pooolla. Se tapó discretemente y sonrió

Tia, podias...avisar

Vale, vale, lo siento, me salgo

No, no, déjalo, si no estábamos haciendo nada.

Ya me hubiera gustado a mi no hacer nada de la misma forma que ella.

No te enfades, si la culpa es nuestra – dijo Alfonso, mi ángel defensor

Pues claro que la culpa era de ellos. Yo me había ido al cuarto de baño, no a vivir allí, joder. Habia ido a mear y a lavarme un poco. Luego tendría que volver, digo yo. Así que si ellos se habían puesto, digamos, ‘cariñosos’, pues podían haber tenido en cuenta que no regresaría en algún momento. De todos modos, aprendí la lección: cremallera echada significa ‘No pasar, peligro de muerte’ o más bien ‘precaución, gente trabajando’.

Una vez arreglados, salimos a dar una vuelta por el campo. Alfonso era un caballero. Me hizo sentir bien. Para que no pareciera que yo era una sujetavelas, que era la verdad, se acercaba a las dos por igual, bromeaba con las dos, nos ayudaba a ambas cuando había alguna dificultad en el camino. Un encanto, vamos. Era atenta con Ángela, pero también conmigo, y además de una forma que no resultaba desagradable para nadie, porque no era evidente. Comimos en plena naturaleza, descubrimos un pantano y propusieron un baño. ¡Que falta de previsión, la mía!. No había traído el bikini.

Tía, no pasa nada, ya te ha visto en bragas, no creo que te corte-dijo mi hermana

¿Y arriba?

Pues te dejas la camiseta o te bañas en sujetador. A ver, ¿Qué sujetador llevas?

Me subí la camiseta. Alfonso se puso de espaldas. Un caballero.

Parece un bikini. Además Alfonso no se ha a asustar.

Cuando di mi aprobación, Alfonso se volvió. Evitó mirarme al cuerpo o hacer algún comentario, por si me cortaba. Y la verdad, un poco sí. Menos mal que había tenido la precaución de coger un conjuntito bonito. Me quité el pantalón y me metí al agua enseguida.

La verdad, lo estábamos pasando bien. Nunca pensé que me reiría así con mi hermana. Jugábamos, nadábamos, charlábamos, bromeábamos. Hasta la fecha, nunca había sucedido nada igual. Y eso que nuestra madre nos lo advertía siempre: ‘de mayores, os vais a necesitar muchas veces’.

En el agua, pues se hacen juegos de agua. Aguadillas, nadar, yo que sé. Cuando Alfonso me empujaba al fondo, lo hacía con tal cuidado para no rozar nada inadecuado, que resultaba hasta molesto. Así que era yo la que se arrimaba, la que le rozaba. Con mi hermana, en cambio, era hasta descarado. Le bajaba las bragas, se metía con sus tetas, hacía como que se las comía (en realidad, se las comía). Una vez, fruto de una batalla con Alfonso, Ángela me indicó:

Se te ha salido una teta

Yo miré y me coloqué rápidamente el sujetador. Alfonso también miraba, un poco más relajado viendo que no me cortaba con sus juegos

Y tu no mires tanto, que se te van a salir los ojos- le dijo mi hermana

Anda celosona, si a mi solo me gustan las tuyas

E hizo ese gesto cariñoso de acercar su boca al pecho de ella, abriéndola mucho

Ñam

Sí, sí, pues bien que mirabas –decía mi hermana en tono jocoso

Cuando salimos del agua, todo se trasparentaba algo más de lo que yo habría calculado. La verdad, se notaba perfectamente la aureola de los pezones, el culo en su totalidad, y...la falta de vello púbico. Alfonso, muy en su línea, no miraba descaradamente, aunque alguna miradita furtiva si echaba, sí. En un momento en que Alfonso se alejó un poco, seguramente para mear, mi hermana me dijo

¿Lo llevas depilado?

¿El qué?- pregunté yo, porque no daba crédito a mis oidos

Qué va a ser, el chichi

Sí, es que me hice un desaguisado intentando depilármelo el otro día. Así que me lo afeité.

Mi hermana corrió ligeramente la tela de mi braguita, y vio mi coño totalmente depilado

¿No te pica?

Ayer no, pero hoy sí, me pica un poco. Debe ser que están saliendo ya los pelillos

Como ya se acercaba Alfonso., la conversación quedó ahí. Comimos algo, pero ya no me molesté en vestirme. Me gustaba sentirme medio desnuda, allí, observada por mi hermana y, de forma furtiva, por Alfonso.

El regreso y la tarde transcurrieron sin más. La noche y la velada también fueron muy animadas. La conversación era picantona. Se interesaban por saber sobre mis experiencias sexuales, que eran prácticamente nulas hasta ese momento. Algún roce, morreos, unos toques. Era yo durilla con los tíos. Aunque después me arrepentía, y era mi dedo corazón el que terminaba pagando el pato, tratando de imaginar lo que pudo pasar y no pasó.

¿Y tu? ¿A que edad te acostaste con un tío? –pregunté en una de las ocasiones, a mi hermana

Y tu que sabes si me he acostado con alguien

Estamos hablando –intermedió Alfonso

Bueno, a los 17. Con otro chico con el que estuve antes que Alfonso

¿Y tu, Alfonso?-quise saber

Yo a los 14. Siempre fui muy precoz para todo

Seguro que con alguna loba de su clase. A mi no me quiere decir con quien –muy propio de Alfonso, pensé yo.- ¿Y a ti, quien te gusta?

Yo le habría dicho claramente que, en ese momento, Alfonso, pero no era plan. ‘Roberto’, dije, un chavalito del barrio, que tenia 18 años

Bah, un pringao. Estuvo con la Loren, y dice que la tiene pequeña y que además, se corre en cuanto le tocas

No me creía que yo estuviera allí hablando con mi hermana y con otro chico, prácticamente desconocido, de pollas, de follar, de corridas. Que boquita la de mi hermana.

¿Si? ¿Eso dice la Loren? ¿Cómo de pequeña?

No sé, dice que así –y abría los dedos índice y pulgar unos 10 centímetros

¿Y la tuya cuanto mide, Alfonso? – no me creía que yo hubiera dicho eso. Si por lo menos hubiera estado tomando cerveza, hubiera podido decir que era el alcohol, pero no. Me había salido así. La había visto de refilón por la mañana, pero aparte de excitarme un poco, había sido todo demasiado rápido

Tía, córtate. Que una cosa es una cosa y otra cosa es...otra cosa – dijo, repitiendo la famosa frase del torero, y provocando la risa de todos

Así mas o menos – e hizo un hueco entre las dos manos de algo más de un palmo

Anda ya – dijo mi hermana – Di que no. Es así, mas o menos. Y cogiendo las manos de Alfonso las arrimó una a la otra un poco.

Se miró el paquete. Y agarrándo a mi hermana, dijo:

Eso es hasta que miro por aquí –dijo, abriendo el escote de Ángela – Entonces se me pone así – y cerrando el puño lo levantó indicando todo su brazo.

¡Fantasma! – decía mi hermana

Y yo en mis adentros, pensaba: ‘Pues ya está. Si es fácil salir de dudas. Que le mire el escote y se la saque, y yo misma se la mido’. Y yo lo veía tan fácil. La conversación se calienta un poco, una apuesta de haber cuanto mide, una cosa lleva la otra...

Pero no. Tres bromas más, y mi hermana dio la velada por acabada. Nos fuimos a la tienda, a dormir. Mañana más.

Y la noche fue larga. Claro, ya no daba corte desnudarse allí. Me quité la camiseta, el sujetador, sin demasiado cuidado en que no me viera. Alfonso ya no se volvía. Mi hermana se quedó en bragas, miró mis tetas, comparó mentalmente con las suyas, y debió pensar que su macho estaba a salvo. Yo me tapé con una camiseta de dormir, sin saber si Alfonso habría tenido tiempo de ver algo. Porque yo también quería ver. La noche anterior había conseguido verle el culito, ese culito suyo que tanto me ponía. Miré de reojo. Tenía el torso desnudo (bueno eso no era nuevo), y empezaba a quitarse los pantalones. Yo no sabía mirar de forma discreta. Así que simule ir a coger algo a mi maleta, lo que me daba unos segundos antes de acostarme. Y desde allí vi, casi de pasada, su polla morcillona, que ya había visto de refilón tiesa por la mañana cuando los descubrí tonteando en la tienda. Pero que bonita era así, morcillona, a medio camino de todo.

Nos acostamos. Esta vez, muy precavida yo, no me acosté de espaldas a ellos, sino frente a ellos. Cerré los ojos, pero cuando apagamos las linternas los volvía a abrir. Mis ojos todavía no se habían acostumbrado a la oscuridad, pero allí veía la espalda de mi hermana, espalda desnuda, y parecía ver las manos de Alfonso acariciándola. Unos minutos después, y gracias a la luz de una farola cercana del camping, mis ojos se habían acostumbrado totalmente. Sí, la espalda desnuda de mi hermana era masajeada, acariciada, por las manos expertas de su novio, mientras morreaban. Las manos jugaban dentro de los sacos de dormir. Al cabo de unos minutos, los sacos sobraban y ellos estaban casi desnudos (la única prenda eran las braguitas de mi hermana) y se sobaban, abrazaban y besaban. Mi hermana se giró hacia mi, para comprobar si estaba dormida. Cerré los ojos, y simulé de forma creíble, porque continuaron con sus juegos. Con mucho cuidado, sin hacer apenas ruido y casi sin moverse, se quitó las bragas. Tenía un culo bonito, la tía.

Uff, como me estaba poniendo. Venían a mi mente imágenes y recuerdos del día. Por la mañana, cuando les pillé en bolas sobándose; en el pantano, sintiéndome observada, mi hermana preguntándome si me lo depilaba; Alfonso, haciéndome aguadillas y yo arrimándome todo lo que podía, mi teta al aire, la conversación picantona. Y claro, mi mano fue bajando y bajando hasta un objetivo claro: mi coño. Empecé a toquetearme el pubis, depilado, suave. Observaba. Las manos de Alfonso habían desaparecido de la espalda de Ángela. Seguramente estaba acariciando sus tetas. O mejor, seguramente ya la estaría pajeando, tocándola igual que yo me estaba tocando. Me imaginé sus manos, tocándome a mí. Me estaba gustando. Mucho, quiero decir.

Mi hermana empezó a besar el torso de su chico. Y bajaba cada vez mas. Se giró una vez más hacia mi. Mi mano quieta y los ojos cerrados. Respiración profunda. Volvió a pensar que yo dormía. Siguió bajando la cabeza, hasta... ¡hasta la polla¡. No lo veía, peor era fácil suponerlo. Se la estaba mamando, Ahora veía, mas o menos, la cara de Alfonso. Ojos cerrados, estaba disfrutando de su mamada. Mi hermana se movía seguramente metiendo y sacando aquella polla de su boca. Y yo pajeandome viéndolo todo, todo. Bueno, me faltaba ver la polla. Me hubiera encantado ver como aquel aparato salía y entraba de la boca de mi hermana. La mano de Alfonso estaba en la cabeza de Ángela, y marcaba el ritmo.

Ven –dijo Alfonso retirándola.

Angela se montó encima de él. Su pecho desnudo hacía un contraluz precioso. Con una mano, y un movimiento, me pareció que apuntaba a su coño, y...se la fue clavando poco a poco. Joder, como estaba yo. Parecia que me había meado. Encima casi no podia mover la mano. Si queria hacerme un dedo con discreción, tenía que ser así. Si no, se habrían dado cuenta. Mi hermana se movía encima de él, cabalgaba, con sus dos manos apoyadas sobre su pecho, la melena le tapaba la cara. Que confianzas, follar así delante de mi.

Al cabo de un rato cambiaron de postura. Él desde atrás, de lado. La cara de mi hermana estaba frente a la mía. Con una mano, agarraba una teta. Con la otra, parecía que la acariciaba el clítoris. ‘Eso debe ser ya el delirio’, pensé yo, imaginándome a mi en esa posición.

Entonces me moví. Ellos pararon. Unos segundos de silencio. Mi hermana se atrevió a decir:

¿Te molestamos con el ruido?

No, que va, hacer lo que queráis, que a mi no me molesta, de verdad

Tras unos minutos de duda, Alfonso empezó a moverse. Ángela estaba demasiado encendida como para protestar.

Tía, si te molesta de verdad, dinoslo –dijo, con poca convicción

De verdad que no, haz lo que quieras, es normal

Y Alfonso empezó a bombear más fuerte.

Mi hermana ya no suspiraba de forma discreta, ya lo hacía de forma abierta, diciéndole cosas como

Sigue, sigue

Que sosa, pensé yo. Yo le diría ‘metemela hasta los huevos’, o ‘haz que me corra como si no me hubiera corrido nunca’ o qué se yo. Pero un ‘sigue, sigue’, vamos...

Me moví otra vez, para ver si encontraba una postura en la que pudiera pajearme mejor. Mi hermana volvió a pararse, y me dijo:

Tía, haz lo que quieras, no te cortes

¿Qué entendí yo? Que ella no se estaba cortando un pelo, y que yo tampoco tenía que hacerlo. Así que me quité las bragas, me puse un poco mas cómoda y ahora sí, empecé a frotarme a pleno rendimiento. Ángela, que abrió los ojos de repente, dijo de forma asombrada:

¡Marga! ¡Te estás haciendo una paja!

Si me has dicho que no me corte...

Pero yo me refería a que si querías salir a darte una vuelta o algo

Alfonso, sin parar de bombear, miraba descaradamente a mi coñito, aunque con la luz tan tenue era difícil que viera algo

¡Alfonso!, ¡se está haciendo una paja viéndonos follar!- dijo, como incrédula, pero muy excitada

Eso fue mucho para ella. Se corrió, de forma brusca, inesperada, escandalosa y salvaje. Se ve que la puso mucho verme masturbarme. Yo tuve que parar, porque los alaridos que daba eran tan tremendos que creo que pensaba que estábamos en el desierto del Gobi, y no en un camping público con otras tiendas a pocos metros.

Cuando ya los gritos bajaron en intensidad, Alfonso se disculpó

Es que tu hermana es así de temperamental.

Pues joer, la ha debido oír todo el camping

Uff, es que ponerse a hacerse una paja aquí, delante

Alfonso la cubria de besos por la cara, el cuello. Mientras Ángela no dejaba de mirarme.

Marga, ¿sigues haciéndotela?

Yo no respondía, pero sí, seguia acariciándome. Alfonso le recordó:

Tú te has corrido, pero ella no. Y yo, tampoco

Ángela se había olvidado casi por completo de su novio. Solo existían para ella mi mano y mi coño, en su mirada.

Lo llevas depilado! Es verdad, ya lo vi esta tarde. A ver, ¿como te las haces?

Yo empecé a frotarme con más ímpetu. Me subí la camiseta y dejé al descubierto mis tetas. En casa me encantaba masturbarme mientras me las sobaba, imaginando a alguien encima de mi, tocándome de esa forma. Alfonso no dejaba de mirarlo todo: mi mano, mi coño, mis tetas, su novia.

¿A ver como haces eso?- y retirando mi mano empezó a acariciarme el clítoris, haciendo los mismos movimientos circulares que yo hacía- ¿Te metes los dedos?

A veces

¿Y donde lo haces?

Pues en la cama generalmente, pero también en la ducha. Y si no hay nadie en casa, en el sofá

Joer, ¿así va bien?-preguntó

Bueno, era la primera vez que me hacían una paja. Hasta ese momento, no me había planteado la posibilidad de que me hicieran una, y mucho menos otra chica, y todavía menos mi hermana. Con las dos manos libres, tocaba, aplastaba y masajeaba mis dos tetas a la vez

Tía, estas empapada

¿Qué quieres? Lleváis follando mucho rato, y una no es de piedra

¿Que tal vas? –dijo Alfonso, que estaba que explotaba

Uff –alcancé a balbucear yo

Tu no te metas-advirtió Ángela

Mi hermana se bajó un poco, buscando una postura más cómoda para continuar con el dedo. Alfonso, al ver tan cerca la cara de Angela de mi coño, me preguntó:

Marga, ¿te lo han comido alguna vez?

Nooo – dije, pensando que él podía comerme lo que me diera la gana

Déjala ya –dijo mi hermana- si solo la estoy...bueno...nada...si es solo un juego

Bueno, la estás haciendo una paja y ella está a punto de correrse. Solo he preguntado porque estoy seguro de que la iba a encantar. A ti te encanta que te lo coma

Y parando lo que estaba haciendo dijo:

¿Pero que quieres?¿Comérselo?

No es por mi, es por ella. No lo ha probado, y seguro que le va a encantar como se lo hago

Pues va a ser que no. Y no insistas, que acabamos esto ahora mismo

Vale, vale, que egoísta. A ti te encanta. Además...se lo puedes comer tu, no hace falta que sea yo...

¿Yooooo? ¿Cómo le voy a hacer yo una mamada a mi hermana? Si...no sé hacerlo...yo no he hecho nunca una...además, que no

Pero las negativas empezaban a sonar con poca convicción. Empezó de nuevo su juego con la mano, despacio, acariciando el clítoris, deslizando el dedo por toda la raja, metiendo uno de sus deditos en su coño. Y fue acercando la cara poco a poco. Se lo estaba pensando. Luchaba entre el sí y el no. Y Alfonso, hábilmente, dejo que la lucha se decidiera sola, sin su intervención. Él ya había puesto la semilla. Ahora tenían que florecer las ganas de mi hermana por comérmelo.

Y al cabo de unos minutos empezó a darme besos por el ombligo. Yo me estremecía. Recorría con su lengua arriba y abajo, e iba bajando lentamente. Se paró en mi pubis depilado, y con su lengua lamía toda la zona. ‘Cabrona, llega ya al coño de una puta vez’ ‘¿Me lo vas a comer o no?’ me atormentaba. Y por fin, la lengua llegó al clítoris. Tímidamente, tocaba con la punta el clítoris, mientras miraba a su novio. Nadie hablaba. Me lo estaba comiendo, y yo me sentía de puta madre. Joder, que sensación. Besitos por los muslos, ahí no, cabrona, ahí no, concéntrate en el clítoris, pensaba yo. Y besaba con timidez. De repente, una mano, la de Alfonso, se colocó en una de mis tetas. Estaba a punto de correrme. No quiero correrme todavía, que esto es la hostia. Y encima, empieza a tocarme los pezones. De repente su mano cambia. Se dirige hacia mi boca. Mete un dedo en ella, yo lo chupo con ansia, hasta...hasta que mi hermana se da cuenta de lo que está pasando.

¡Que te estés quieto, he dicho! Dejala, no la toquetees, que tiene 16 años

¡Pero si ella me estaba comiendo el coño, que también tiene 16 años! Además, si a mi no me importaba, al contrario, que tocara todo lo que quisiera. Pero hablaban los celos, no mi hermana. Una cosa es una pequeña tentación lésbica, y otra muy diferente, dejar que su novio se tirara a su hermana pequeña.

Espera un momento, que esto lo arreglo yo-dijo, mirándome con decisión. A ver, túmbate aquí, boca arriba – le dijo a Alfonso.

Ahora si que ví toda su polla integra, en todo su esplendor. Estaba tiesa, completamente tiesa, y cada vez que bombeaba la sangre, la polla palpitaba.

¿Tú no querías correrte en mi boca? Pues te voy a hacer una mamada antológica

Empezó a mamar con auténtica dedicación. Ahora lo podía ver todo. Como entraba y como salía de la boca. La muy puta succionaba cada vez que la sacaba. Además, con la mano, acompañaba los movimientos. Alfonso no se había corrido todavía. Habían estado follando, mi hermana se había corrido, pero yo no recordaba que él lo hubiera hecho. Así que tenía que estar bien cargado. Una charla caliente, antes de acostarnos, desnudarnos todos juntos, sesión de calentamiento, un polvo en toda regla, ver como su novia primero pajea y después se lo come a su hermana, tocarle las tetas a su cuñadita...vamos, como para estar indiferente. De pronto, empezó a ponerse muy rígido, hizo una muesca extraña con la cara y empezó a correrse, así, sin avisar, en la boca de mi hermana, que aguantó toda la corrida como una campeona. Con la boca llena, se acercó a la puerta de la tienda, abrió la cremallera y escupió todo el semen que acababa de descargarla.

Hecho esto, se acercó a la polla de nuevo, y empezó a mamarsela otra vez, limpiándola de cualquier resto de semen que pudiera haber quedado.

Joder, que mamada –fue lo único que consiguió articular

Mañana, si quieres, te dejo que me la metas por el culo. Pero ahora, déjame que haga una cosa con Marga, y tu no te metas

Madre mía, ahora venía a por mi. Con el mismo ímpetu que se acababa de comer la polla de su novio, atacó mi coño. Nada de besitos tímidos o de pequeñas lamiditas. Besaba, lamía, me metía un dedo mientras me lo comía.

¿Sabe bien el semen? –conseguí articular

¡Que va! Está asquerosamente salado.

Siguió mamando, chupando el clítoris, los labios, metiendo uno, dos dedos, hasta que ya no pude más y tuve mi merecido orgasmo, si no tan sonoro como el de mi hermana, lo suficiente para escandalizar a cualquiera que estuviera cerca

Sois iguales, sois hermanas – dijo Alfonso riéndose y tocándose su polla morcillona exhausta.

¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado que te lo coman?-me dijo mi hermana, limpiando de su cara con un pañuelo de papel los restos de semen y de flujo

Creo que me voy a hacer adicta al sexo oral

Los tres reímos. Nos habíamos corrido maravillosamente bien. Cada uno su corrida, pero todos igual de intensa.

 

Volvimos de la acampada, y yo volví cambiada, mas adulta. Volví mujer, ansiosa de explotar todas las posibilidades del sexo. Quería que me lo comieran de nuevo, quería que me la metieran, por todos lados. Pero no quería andar compartiendo el novio con mi hermana, por muy muy bien que me cayera Alfonso. Quería un chico para mi solo...o una chica.


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