Mi hermana, de 19 años, había decidido irse de acampada con
su novio. Ángela tenía un novio pijo, 21 años, estudiante de psicología, con un
4x4 regalado por sus padres, polos Lacoste de todos los modelos y colores, y un
culito, la verdad, precioso. Metrosexual declarado, cuidaba enormemente su
físico, y aunque aparte del culo no era gran cosa, sabía sacarle partido a lo
que tenía.
Pero la idea de la acampada no había caído nada bien en la
familia, consciente de que en una tienda de campaña y viajando solos pueden
pasar muchas cosas. 19 años, mayor de edad para votar, pero una niña, según mis
padres. Una niña cabezota, eso sí. Había decidido irse de acampada esa semana de
Julio, y lo haría. Mi madre, como mal menor y perfecta conocedora del carácter
de la niña había convencido a mi padre de que la dejaran y no crearan
innecesarias tensiones, porque además se llevarían a su hermana de 16 años, osea
yo. Claro, esa afirmación la había hecho sin contar ni con Ángela ni conmigo.
Cuando le dijo a mi hermana el acuerdo al que habían llegado mi padre y ella
sobre acceder al viaje ‘ya que se iban con Marga’, a mi hermana casi le da un
soponcio.
En realidad, no nos llevábamos muy bien. Yo tenía 16, y ella
19. Yo era una niña a todos los efectos, la pequeña, un bebé, vamos, y ella era
la mayor, la que tenía derecho a salir hasta horas más tarde, la que tenía el
mejor cuarto, la que estrenaba la ropa. Y yo observaba con ojos envidiosos y con
ansia el momento en que me tocaría a mí hacer las cosas que veía en ella. Solo
que cuando llegaba ese momento, ella ya hacía otras cosas mucho más
interesantes. Además, no era mi compañera de juegos, no me contaba sus secretos,
no teníamos amigas comunes. Aunque yo era la princesita de la casa, y todas las
atenciones de mis padres se centraban en mi (y todas las broncas en mi hermana),
la verdad, las cosas interesantes de la vida le pasaban a ella. Hasta tenía buen
gusto para los chicos, la muy...
A mi tampoco me cayó bien la idea. Ir de espía a un viaje al
que no me habían invitado, no era lo que yo más deseaba para pasar un fin de
semana de mis vacaciones. ‘Que se busque la vida’, ‘por qué tenían que meterme
en medio a mi’, ‘si no la dejan pues que no vaya y punto’, era lo que se me
pasaba por la cabeza.
Así que llegado el viernes señalado para el viaje, ni me
había molestado en hacer la maleta, confiando en que algo se cruzaría por medio
y chafaría el tan deseado viaje de mi hermana. Pero eso no ocurrió. Así que a
toda prisa tuve que echar en un bolso de viaje todo lo que me pareció que podría
ser útil.
¿Dónde vas con ese maletoncio? – dijo mi hermana. Total,
iba a poner pegas de todas formas. Si era grande, porque era grande, si era
pequeño, haber si iba a pasarme la semana pidiéndole de todo.
Cogí un bikini, y fui al baño. Me lo puse por encima, y me
miré en el espejo: no estaba mal. De la temporada pasada, pero estaba todavía
bien, me gustaba como me quedaba. Pero no había tomado la precaución de
depilarme. Aunque no era muy velluda, algunos pelillos asomaban por fuera de la
braguita del bikini. Que corte. Así que cogí una maquinilla, crema de afeitar de
mi padre, y me puse a rasurarme los ‘excedentes’. Podría haberlo hecho como
siempre, con pinzas, o hasta con cera, pero eso era lo más rápido. Me embadurné
de crema y pasé la maquinilla. Cuando me quité la crema, me había hecho un
estropicio: me había depilado mucho por un lado, poco por otro. Lo mismo eso se
notaba. Así que volví a untarme de crema y repetir la operación. Peor, que
desastre. Así que miré el reloj, y viendo que era tarde (solo me faltaba tener a
mi hermana gritando por esperar por mi) me afeité completamente el coño. Con
unas tijeras y un pequeño espejo recorté los pelillos de la parte de abajo. Miré
en el espejo el resultado: un coño de niña, muy suavecito, eso sí. Total, eso
crece, tiene remedio.
Mi hermana también era una pija, como su novio. De acampada,
sí, pero llevaba 4 bolsos, 6 pares de zapatos, productos de belleza como para
montar una droguería...La camiseta de ‘El niño’ a juego con la cinta del pelo,
pantalón pirata ajustado de Zara, el pelo con mechas. Pija total. Pero le
quedaba de puta madre. No es que tuviera muchas más tetas que yo, pero tal y
como se vestía, parecían mejor colocadas.
Llegamos al camping, en un pueblecito de Ávila, y montamos la
tienda. Una tienda de campaña de 4 plazas, para dormir 3. Yo echaba de vez en
cuando un vistazo al 4x4 de Alfonso, por si me tocaba dormir allí. Pensaba que
quizás echando este asiento para atrás, bajando esto, quitando esto otro del
asiento trasero. Quien sabe como acabaría esta aventura.
Llegamos tarde. Sobre las 9 de la noche. Montamos la tienda,
inflamos los colchones y preparamos algo de cena. Abrimos unas cuantas latas
quiero decir. Bebimos alguna cerveza (alguna yo, ellos varias), y charlamos de
cosas varias. Alfonso hizo un esfuerzo para que me sintiera cómoda. Me ayudaba
en todo, intentaba dirigir la conversación hacia cosas que yo conociera para que
pudiera participar, se interesó por mis opiniones, me preguntó por mis gustos,
por ‘mis novios’. Me hacía reir. Qué cabrona, mi hermana. Encima, era majete el
chaval.
Una de las veces, cuando volvía del servicio pude escuchar
una conversación más o menos así:
Como te pasas, tía, con tu hermana. La estás cortando
todo el rato, no dejas que hable, la anulas.
A ver si ahora te estás quedando con mi hermana, solo me
faltaba eso
Cari, solo digo que deberías hacer un esfuerzo. Ya sé que
no os llevais muy bien, pero aquí está en desventaja. Ella no ha venido aquí
por gusto, y nos está haciendo un favor. Si ella dice que no viene, se
habría acabado el viaje. Tú tienes muchos huevos, pero si tu padre dice que
no es que no. Y ha dicho que sí solo por que viene tu hermana –hizo una
pausa- .Solo digo que podías ser un poco más amable con ella. Y si no lo
quieres hacer por ella, hazlo por lo menos por mi. No puedo ver que trates a
tu hermana así
Pero si yo no la trato mal, es ella que es...
Joder, este tío es mi ídolo, pensaba. De acuerdo que mi
hermana puede aspirar a algo mejor, y que el chaval, aunque no está mal, es
mejorable. Pero un chaval que prácticamente no me conoce, y que hable de mi así,
bueno. Yo que pensaba que todos los tíos van a su bola, y este parece un
encanto. Yo de mayor, quiero uno igual, hasta con 4x4, pensaba.
Pero la conversación dio sus resultados. Esa misma noche, el
trato cambió. De momento podía hablar, y aunque al principio le costaba enormes
esfuerzos para no saltar haciendo algún comentario ridiculizante, conseguimos
mantener una larga y animada charla los tres, de cosas muy variadas. Incluso nos
reímos juntas, algo que no hacíamos desde hacía mucho tiempo. Nos reímos sobre
todo cuando me pidieron que diera la opinión sobre sus amigos.
¿Y el Toni?
Ese es un borde, y además, está echando barriga.
Imagínatele dentro de 10 años – decía yo, y todos nos reíamos-.
Pero al que no le pondrás ninguna pega es a Ivan, ¿no?
Un chulito y se lo tiene muy creído –era verdad, muy
rubito de ojos claros, pero se le notaba a la legua que era un niño de papá
con pelas que creía que el mundo empezaba y acababa en su ombligo
Y tras hacerle un repaso a todos los que yo conocía, mi
hermanita, la muy cabrona, me puso en aprietos:
¿Y Alfonso?
No seas capulla, que me corta
Venga, - animaba él, viendo que había sido muy sincera y
atrevida con los comentarios hacia los amigos de ellos – si estamos aquí
para divertirnos un rato. Te aseguro que nadie se va a tomar nada a mal, de
verdad
No está mal – dije, como comentario neutral
Hay que mojarse, hay que mojarse – animaba mi hermana
Ángela
Tiene un culo bonito, y es un encanto –dijé, y enrojecí
inmediatamente
Ohhh, mira la mosquita muerta – decía mi hermana, aunque
el comentario para ella era todo un halago
Después de las risas y la charla, a eso de las 2 de la
mañana, decidimos meternos en la tienda a dormir. Aunque poco sueño teníamos
todos. Primer problema: cambiarse. Como habíamos ganado en confianza, yo
simplemente me volví, me quité camiseta y el sujetador de espaldas a ellos, me
puse otra camiseta más cómoda, y me quité los pantalones. Me volví ligeramente
para ver como mi hermana, a mi lado, en medio de Alfonso y de mi, se quedaba en
tetas y braguitas sin ningún problema y se metía dentro del saco de dormir. Él
también se estaba desnudando. Se quitó todo, y al quitarse el slip pude ver su
culito desnudo, que tapó rápidamente con un pantalón corto de deporte. Bueno,
nadie me había visto mirar. Lástima que no se volviera el chaval.
Pero al cabo de un rato, 20 minutos, el saco era
insoportable. Estábamos en Julio, y aunque la sierra de Ávila no es Sevilla, la
sudada que nos estábamos metiendo todos era impresionante. Primero salió del
saco Alfonso, después mi hermana, y por último, de la forma más sigilosa que
pude, yo.
Se movían mucho. Al principio, inocente de mi, pensé que era
por el calor. Pero no. La respiración empezó a ser más agitada, los besos
empezaron a ser más sonoros, cada vez se movían más. Suspiros ocasionales, de mi
hermana. Y yo, de espaldas, haciéndome la dormida. De vez en cuando se oía a mi
hermana decir: ‘Psiiii, que nos va a oir’,’estate quieto’, ‘ten cuidado’. Pero
los comentarios que oía empezaban a ser más subidos de tono: ‘un poco más
aprisa’ ‘no aprietes tanto’, hasta un clarificador ‘Fonsi, no sigas que me
corro’, que despejaba cualquier duda que pudiera tener sobre la actividad que se
desarrollaba a mis espaldas.
Ese ‘no sigas que me corro’, la verdad, me encendió. Deslicé
una de mis manos con total discreción dentro de mi braguita y empecé a
acariciarme, a frotar mi clítoris. Ellos seguían, y mi mente se calentaba
todavía mas. ‘¿se la meterá, aquí?, y me ponía a imaginar ese culito moviéndose
rítmicamente, penetrando a mi hermana. La imaginaba a ella desnuda, tumbada, con
él encima, bombeando. Los ruidos a mi espalda se hicieron más notables.
Imaginaba su pene, aunque de forma difusa, pues no había visto nunca uno en
vivo. Imaginaba que mi hermana era yo, y que me acariciaba por todos lados, me
besaba. De repente oí un suspiro ahogado, pero indudable: mi hermana se había
corrido. Y yo ya estaba cerca. Deseaba volverme, a ver si veía algo, pero se iba
a notar mucho. Además, en la postura en que estaba podía jugar con mis deditos
con total discreción. Pero ya estaba muy caliente, y notaba como iba subiendo e
iba aproximándome al orgasmo. ‘¿Te hacemos algo a ti?’ susurró mi hermana al
oido de su novio, y los movimientos reflejaban un cambio de postura. El roce
rítmico contra el plástico del saco de dormir, dejaba pocas dudas sobre lo que
se traían, literalmente, entre manos: ella le hacía una paja a él. Dios, como
deseaba volverme. Ese si que debía ser un espectáculo de la hostia. Mi hermana
haciéndole una paja a Alfonso. Y yo al lado. No pude más y me corrí.
Intensísimo, pero creo que no hice ningún ruido. Hasta ese momento, el orgasmo
mas intenso que había tenido nunca. Joder, tener a una pareja justo a tu lado,
follando, o pajeándose, lo que sea, como pone eso.
Ellos seguían con la paja. Solo oía el ritmo de la mano de mi
hermana. Chas, chas, chas. Y de repente un susurro de Alfonso: ‘me corro’ y oí
un chapoteo, seguramente la polla de mi posible futuro cuñado repartiendo semen
por todos lados. Mi hermana buscó su bolso, tratando de moverse discretamente.
Seguro que buscaba un clinex para limpiar la corrida de Alfonso. Se oía el
sonido del clinex restregando por todos sitios. ‘¿Estas mojado por algún sitio?’
susurraba Ángela, con una voz casi imperceptible. La respuesta debió ser
negativa. Empezó una corta sesión de besos y caricias, y todo se calmó.
Que relax deja una corrida. Debería ser obligatorio follar o
hacerse una paja antes de dormir. Es la hostia. Te empieza a entrar un sopor que
te envuelve. El estado de relajación es total. Seguro que las que tienen
insomnio son además frígidas. Prácticamente no recuerdo nada más de esa noche:
caí en brazos de Morfeo de forma suave, dulce, después de la intensa corrida.
Por cierto, si cuando miras a alguien jugando, digamos, a juegos de mayores eres
‘voyeur’, ¿que eres, cuando solo los escuchas? ¿’oieur’?
La primera en levantarse, bien entrada la mañana y con un sol
que hacía que la temperatura en el interior de la tienda empezara a ser
francamente incómoda, fue Ángela. Fue al baño. Allí me quedé yo, sola con
Alfonso. Me volví, ya me dolía la espalda de estar siempre en la misma postura.
Y vi a Alfonso, con los ojos cerrados, todavía adormilado. Estaba desnudo de
cintura para arriba, aunque se veían los primeros vellos del pubis. Me lo
imaginaba corriéndose. Allí estaban también cuatro o cinco clinex, restos de la
batalla nocturna. Tomé uno de ellos, que tenia restos de su semen. Con los dedos
indice y pulgar hacía circulos, comprobando su viscosidad. En ese momento entró
mi hermana
Hola, ¿estas despierta?
Yo escondí rápidísimamente el clinex ( a ver como explicaba
yo eso). Mi hermana sonreía. Estaba de buen humor. Mira, otra ventaja de los
polvos nocturnos.
Tápate un poco – me dijo, señalando mis braguitas y mis
pezones, que se notaban perfectamente por debajo de la camiseta. – Y tu
también – dijo mirando los pelos del pubis a su novio – a ver si voy a tener
que venir a poner un poco de orden
Los tres nos reímos
Qué tonta – dijo él.
Sí, que me dejen a mi con él en pelotas una hora más e íbamos
a ver, pensé yo.
Me levanté, procurando que me viera perfectamente. Mis
braguitas, mis pezones tiesos. Él me miraba, y por suerte, mi hermana no se daba
cuenta de nada. Buscaba entre los bolsos de ropa algo que ponerse. Me hubiera
quitado la camiseta. Me estaba comiendo con la mirada. Me toqué un poco las
tetas, de manera aparentemente inocente, pero totalmente intencionada. Como me
ponía ver a un macho en celo mirándome así. Seguramente, la tendría tiesa,
aunque no podía verlo sin delatarme. Pero me estaba meando, fíjate tu. La
naturaleza urgía el fin de mis contoneos. Me puse un pantalón corto y me fui al
cuarto de baño.
Allí, meando, miré mis braguitas. Ya me vale. Podía haberme
puesto un tanga, o algo más probo. Unas braguitas de algodón, con dibujitos.
Como para excitar a Alfonso, después de pasarse la noche follando con mi
hermana.
Volví a la tienda y la cremallera de la entrada estaba
cerrada. La subí y entré, y...pues fui inoportuna. Mi hermana estaba en bragas,
desnuda de cintura para arriba. Él completamente desnudo, con la polla al aire.
Ni pene ni hostias. La polla al aire, completamente tiesa. La pooolla. Se tapó
discretemente y sonrió
Tia, podias...avisar
Vale, vale, lo siento, me salgo
No, no, déjalo, si no estábamos haciendo nada.
Ya me hubiera gustado a mi no hacer nada de la misma forma
que ella.
No te enfades, si la culpa es nuestra – dijo Alfonso, mi
ángel defensor
Pues claro que la culpa era de ellos. Yo me había ido al
cuarto de baño, no a vivir allí, joder. Habia ido a mear y a lavarme un poco.
Luego tendría que volver, digo yo. Así que si ellos se habían puesto, digamos,
‘cariñosos’, pues podían haber tenido en cuenta que no regresaría en algún
momento. De todos modos, aprendí la lección: cremallera echada significa ‘No
pasar, peligro de muerte’ o más bien ‘precaución, gente trabajando’.
Una vez arreglados, salimos a dar una vuelta por el campo.
Alfonso era un caballero. Me hizo sentir bien. Para que no pareciera que yo era
una sujetavelas, que era la verdad, se acercaba a las dos por igual, bromeaba
con las dos, nos ayudaba a ambas cuando había alguna dificultad en el camino. Un
encanto, vamos. Era atenta con Ángela, pero también conmigo, y además de una
forma que no resultaba desagradable para nadie, porque no era evidente. Comimos
en plena naturaleza, descubrimos un pantano y propusieron un baño. ¡Que falta de
previsión, la mía!. No había traído el bikini.
Tía, no pasa nada, ya te ha visto en bragas, no creo que
te corte-dijo mi hermana
¿Y arriba?
Pues te dejas la camiseta o te bañas en sujetador. A ver,
¿Qué sujetador llevas?
Me subí la camiseta. Alfonso se puso de espaldas. Un
caballero.
Parece un bikini. Además Alfonso no se ha a asustar.
Cuando di mi aprobación, Alfonso se volvió. Evitó mirarme al
cuerpo o hacer algún comentario, por si me cortaba. Y la verdad, un poco sí.
Menos mal que había tenido la precaución de coger un conjuntito bonito. Me quité
el pantalón y me metí al agua enseguida.
La verdad, lo estábamos pasando bien. Nunca pensé que me
reiría así con mi hermana. Jugábamos, nadábamos, charlábamos, bromeábamos. Hasta
la fecha, nunca había sucedido nada igual. Y eso que nuestra madre nos lo
advertía siempre: ‘de mayores, os vais a necesitar muchas veces’.
En el agua, pues se hacen juegos de agua. Aguadillas, nadar,
yo que sé. Cuando Alfonso me empujaba al fondo, lo hacía con tal cuidado para no
rozar nada inadecuado, que resultaba hasta molesto. Así que era yo la que se
arrimaba, la que le rozaba. Con mi hermana, en cambio, era hasta descarado. Le
bajaba las bragas, se metía con sus tetas, hacía como que se las comía (en
realidad, se las comía). Una vez, fruto de una batalla con Alfonso, Ángela me
indicó:
Se te ha salido una teta
Yo miré y me coloqué rápidamente el sujetador. Alfonso
también miraba, un poco más relajado viendo que no me cortaba con sus juegos
Y tu no mires tanto, que se te van a salir los ojos- le
dijo mi hermana
Anda celosona, si a mi solo me gustan las tuyas
E hizo ese gesto cariñoso de acercar su boca al pecho de
ella, abriéndola mucho
Ñam
Sí, sí, pues bien que mirabas –decía mi hermana en tono
jocoso
Cuando salimos del agua, todo se trasparentaba algo más de lo
que yo habría calculado. La verdad, se notaba perfectamente la aureola de los
pezones, el culo en su totalidad, y...la falta de vello púbico. Alfonso, muy en
su línea, no miraba descaradamente, aunque alguna miradita furtiva si echaba,
sí. En un momento en que Alfonso se alejó un poco, seguramente para mear, mi
hermana me dijo
¿Lo llevas depilado?
¿El qué?- pregunté yo, porque no daba crédito a mis oidos
Qué va a ser, el chichi
Sí, es que me hice un desaguisado intentando depilármelo
el otro día. Así que me lo afeité.
Mi hermana corrió ligeramente la tela de mi braguita, y vio
mi coño totalmente depilado
¿No te pica?
Ayer no, pero hoy sí, me pica un poco. Debe ser que están
saliendo ya los pelillos
Como ya se acercaba Alfonso., la conversación quedó ahí.
Comimos algo, pero ya no me molesté en vestirme. Me gustaba sentirme medio
desnuda, allí, observada por mi hermana y, de forma furtiva, por Alfonso.
El regreso y la tarde transcurrieron sin más. La noche y la
velada también fueron muy animadas. La conversación era picantona. Se
interesaban por saber sobre mis experiencias sexuales, que eran prácticamente
nulas hasta ese momento. Algún roce, morreos, unos toques. Era yo durilla con
los tíos. Aunque después me arrepentía, y era mi dedo corazón el que terminaba
pagando el pato, tratando de imaginar lo que pudo pasar y no pasó.
¿Y tu? ¿A que edad te acostaste con un tío? –pregunté en
una de las ocasiones, a mi hermana
Y tu que sabes si me he acostado con alguien
Estamos hablando –intermedió Alfonso
Bueno, a los 17. Con otro chico con el que estuve antes
que Alfonso
¿Y tu, Alfonso?-quise saber
Yo a los 14. Siempre fui muy precoz para todo
Seguro que con alguna loba de su clase. A mi no me quiere
decir con quien –muy propio de Alfonso, pensé yo.- ¿Y a ti, quien te gusta?
Yo le habría dicho claramente que, en ese momento, Alfonso,
pero no era plan. ‘Roberto’, dije, un chavalito del barrio, que tenia 18 años
Bah, un pringao. Estuvo con la Loren, y dice que la tiene
pequeña y que además, se corre en cuanto le tocas
No me creía que yo estuviera allí hablando con mi hermana y
con otro chico, prácticamente desconocido, de pollas, de follar, de corridas.
Que boquita la de mi hermana.
¿Si? ¿Eso dice la Loren? ¿Cómo de pequeña?
No sé, dice que así –y abría los dedos índice y pulgar
unos 10 centímetros
¿Y la tuya cuanto mide, Alfonso? – no me creía que yo
hubiera dicho eso. Si por lo menos hubiera estado tomando cerveza, hubiera
podido decir que era el alcohol, pero no. Me había salido así. La había
visto de refilón por la mañana, pero aparte de excitarme un poco, había sido
todo demasiado rápido
Tía, córtate. Que una cosa es una cosa y otra cosa
es...otra cosa – dijo, repitiendo la famosa frase del torero, y provocando
la risa de todos
Así mas o menos – e hizo un hueco entre las dos manos de
algo más de un palmo
Anda ya – dijo mi hermana – Di que no. Es así, mas o
menos. Y cogiendo las manos de Alfonso las arrimó una a la otra un poco.
Se miró el paquete. Y agarrándo a mi hermana, dijo:
Eso es hasta que miro por aquí –dijo, abriendo el escote
de Ángela – Entonces se me pone así – y cerrando el puño lo levantó
indicando todo su brazo.
¡Fantasma! – decía mi hermana
Y yo en mis adentros, pensaba: ‘Pues ya está. Si es fácil
salir de dudas. Que le mire el escote y se la saque, y yo misma se la mido’. Y
yo lo veía tan fácil. La conversación se calienta un poco, una apuesta de haber
cuanto mide, una cosa lleva la otra...
Pero no. Tres bromas más, y mi hermana dio la velada por
acabada. Nos fuimos a la tienda, a dormir. Mañana más.
Y la noche fue larga. Claro, ya no daba corte desnudarse
allí. Me quité la camiseta, el sujetador, sin demasiado cuidado en que no me
viera. Alfonso ya no se volvía. Mi hermana se quedó en bragas, miró mis tetas,
comparó mentalmente con las suyas, y debió pensar que su macho estaba a salvo.
Yo me tapé con una camiseta de dormir, sin saber si Alfonso habría tenido tiempo
de ver algo. Porque yo también quería ver. La noche anterior había conseguido
verle el culito, ese culito suyo que tanto me ponía. Miré de reojo. Tenía el
torso desnudo (bueno eso no era nuevo), y empezaba a quitarse los pantalones. Yo
no sabía mirar de forma discreta. Así que simule ir a coger algo a mi maleta, lo
que me daba unos segundos antes de acostarme. Y desde allí vi, casi de pasada,
su polla morcillona, que ya había visto de refilón tiesa por la mañana cuando
los descubrí tonteando en la tienda. Pero que bonita era así, morcillona, a
medio camino de todo.
Nos acostamos. Esta vez, muy precavida yo, no me acosté de
espaldas a ellos, sino frente a ellos. Cerré los ojos, pero cuando apagamos las
linternas los volvía a abrir. Mis ojos todavía no se habían acostumbrado a la
oscuridad, pero allí veía la espalda de mi hermana, espalda desnuda, y parecía
ver las manos de Alfonso acariciándola. Unos minutos después, y gracias a la luz
de una farola cercana del camping, mis ojos se habían acostumbrado totalmente.
Sí, la espalda desnuda de mi hermana era masajeada, acariciada, por las manos
expertas de su novio, mientras morreaban. Las manos jugaban dentro de los sacos
de dormir. Al cabo de unos minutos, los sacos sobraban y ellos estaban casi
desnudos (la única prenda eran las braguitas de mi hermana) y se sobaban,
abrazaban y besaban. Mi hermana se giró hacia mi, para comprobar si estaba
dormida. Cerré los ojos, y simulé de forma creíble, porque continuaron con sus
juegos. Con mucho cuidado, sin hacer apenas ruido y casi sin moverse, se quitó
las bragas. Tenía un culo bonito, la tía.
Uff, como me estaba poniendo. Venían a mi mente imágenes y
recuerdos del día. Por la mañana, cuando les pillé en bolas sobándose; en el
pantano, sintiéndome observada, mi hermana preguntándome si me lo depilaba;
Alfonso, haciéndome aguadillas y yo arrimándome todo lo que podía, mi teta al
aire, la conversación picantona. Y claro, mi mano fue bajando y bajando hasta un
objetivo claro: mi coño. Empecé a toquetearme el pubis, depilado, suave.
Observaba. Las manos de Alfonso habían desaparecido de la espalda de Ángela.
Seguramente estaba acariciando sus tetas. O mejor, seguramente ya la estaría
pajeando, tocándola igual que yo me estaba tocando. Me imaginé sus manos,
tocándome a mí. Me estaba gustando. Mucho, quiero decir.
Mi hermana empezó a besar el torso de su chico. Y bajaba cada
vez mas. Se giró una vez más hacia mi. Mi mano quieta y los ojos cerrados.
Respiración profunda. Volvió a pensar que yo dormía. Siguió bajando la cabeza,
hasta... ¡hasta la polla¡. No lo veía, peor era fácil suponerlo. Se la estaba
mamando, Ahora veía, mas o menos, la cara de Alfonso. Ojos cerrados, estaba
disfrutando de su mamada. Mi hermana se movía seguramente metiendo y sacando
aquella polla de su boca. Y yo pajeandome viéndolo todo, todo. Bueno, me faltaba
ver la polla. Me hubiera encantado ver como aquel aparato salía y entraba de la
boca de mi hermana. La mano de Alfonso estaba en la cabeza de Ángela, y marcaba
el ritmo.
Ven –dijo Alfonso retirándola.
Angela se montó encima de él. Su pecho desnudo hacía un
contraluz precioso. Con una mano, y un movimiento, me pareció que apuntaba a su
coño, y...se la fue clavando poco a poco. Joder, como estaba yo. Parecia que me
había meado. Encima casi no podia mover la mano. Si queria hacerme un dedo con
discreción, tenía que ser así. Si no, se habrían dado cuenta. Mi hermana se
movía encima de él, cabalgaba, con sus dos manos apoyadas sobre su pecho, la
melena le tapaba la cara. Que confianzas, follar así delante de mi.
Al cabo de un rato cambiaron de postura. Él desde atrás, de
lado. La cara de mi hermana estaba frente a la mía. Con una mano, agarraba una
teta. Con la otra, parecía que la acariciaba el clítoris. ‘Eso debe ser ya el
delirio’, pensé yo, imaginándome a mi en esa posición.
Entonces me moví. Ellos pararon. Unos segundos de silencio.
Mi hermana se atrevió a decir:
¿Te molestamos con el ruido?
No, que va, hacer lo que queráis, que a mi no me molesta,
de verdad
Tras unos minutos de duda, Alfonso empezó a moverse. Ángela
estaba demasiado encendida como para protestar.
Tía, si te molesta de verdad, dinoslo –dijo, con poca
convicción
De verdad que no, haz lo que quieras, es normal
Y Alfonso empezó a bombear más fuerte.
Mi hermana ya no suspiraba de forma discreta, ya lo hacía de
forma abierta, diciéndole cosas como
Sigue, sigue
Que sosa, pensé yo. Yo le diría ‘metemela hasta los huevos’,
o ‘haz que me corra como si no me hubiera corrido nunca’ o qué se yo. Pero un
‘sigue, sigue’, vamos...
Me moví otra vez, para ver si encontraba una postura en la
que pudiera pajearme mejor. Mi hermana volvió a pararse, y me dijo:
Tía, haz lo que quieras, no te cortes
¿Qué entendí yo? Que ella no se estaba cortando un pelo, y
que yo tampoco tenía que hacerlo. Así que me quité las bragas, me puse un poco
mas cómoda y ahora sí, empecé a frotarme a pleno rendimiento. Ángela, que abrió
los ojos de repente, dijo de forma asombrada:
¡Marga! ¡Te estás haciendo una paja!
Si me has dicho que no me corte...
Pero yo me refería a que si querías salir a darte una
vuelta o algo
Alfonso, sin parar de bombear, miraba descaradamente a mi
coñito, aunque con la luz tan tenue era difícil que viera algo
¡Alfonso!, ¡se está haciendo una paja viéndonos follar!-
dijo, como incrédula, pero muy excitada
Eso fue mucho para ella. Se corrió, de forma brusca,
inesperada, escandalosa y salvaje. Se ve que la puso mucho verme masturbarme. Yo
tuve que parar, porque los alaridos que daba eran tan tremendos que creo que
pensaba que estábamos en el desierto del Gobi, y no en un camping público con
otras tiendas a pocos metros.
Cuando ya los gritos bajaron en intensidad, Alfonso se
disculpó
Es que tu hermana es así de temperamental.
Pues joer, la ha debido oír todo el camping
Uff, es que ponerse a hacerse una paja aquí, delante
Alfonso la cubria de besos por la cara, el cuello. Mientras
Ángela no dejaba de mirarme.
Marga, ¿sigues haciéndotela?
Yo no respondía, pero sí, seguia acariciándome. Alfonso le
recordó:
Tú te has corrido, pero ella no. Y yo, tampoco
Ángela se había olvidado casi por completo de su novio. Solo
existían para ella mi mano y mi coño, en su mirada.
Lo llevas depilado! Es verdad, ya lo vi esta tarde. A
ver, ¿como te las haces?
Yo empecé a frotarme con más ímpetu. Me subí la camiseta y
dejé al descubierto mis tetas. En casa me encantaba masturbarme mientras me las
sobaba, imaginando a alguien encima de mi, tocándome de esa forma. Alfonso no
dejaba de mirarlo todo: mi mano, mi coño, mis tetas, su novia.
¿A ver como haces eso?- y retirando mi mano empezó a
acariciarme el clítoris, haciendo los mismos movimientos circulares que yo
hacía- ¿Te metes los dedos?
A veces
¿Y donde lo haces?
Pues en la cama generalmente, pero también en la ducha. Y
si no hay nadie en casa, en el sofá
Joer, ¿así va bien?-preguntó
Bueno, era la primera vez que me hacían una paja. Hasta ese
momento, no me había planteado la posibilidad de que me hicieran una, y mucho
menos otra chica, y todavía menos mi hermana. Con las dos manos libres, tocaba,
aplastaba y masajeaba mis dos tetas a la vez
Tía, estas empapada
¿Qué quieres? Lleváis follando mucho rato, y una no es de
piedra
¿Que tal vas? –dijo Alfonso, que estaba que explotaba
Uff –alcancé a balbucear yo
Tu no te metas-advirtió Ángela
Mi hermana se bajó un poco, buscando una postura más cómoda
para continuar con el dedo. Alfonso, al ver tan cerca la cara de Angela de mi
coño, me preguntó:
Marga, ¿te lo han comido alguna vez?
Nooo – dije, pensando que él podía comerme lo que me
diera la gana
Déjala ya –dijo mi hermana- si solo la
estoy...bueno...nada...si es solo un juego
Bueno, la estás haciendo una paja y ella está a punto de
correrse. Solo he preguntado porque estoy seguro de que la iba a encantar. A
ti te encanta que te lo coma
Y parando lo que estaba haciendo dijo:
¿Pero que quieres?¿Comérselo?
No es por mi, es por ella. No lo ha probado, y seguro que
le va a encantar como se lo hago
Pues va a ser que no. Y no insistas, que acabamos esto
ahora mismo
Vale, vale, que egoísta. A ti te encanta. Además...se lo
puedes comer tu, no hace falta que sea yo...
¿Yooooo? ¿Cómo le voy a hacer yo una mamada a mi hermana?
Si...no sé hacerlo...yo no he hecho nunca una...además, que no
Pero las negativas empezaban a sonar con poca convicción.
Empezó de nuevo su juego con la mano, despacio, acariciando el clítoris,
deslizando el dedo por toda la raja, metiendo uno de sus deditos en su coño. Y
fue acercando la cara poco a poco. Se lo estaba pensando. Luchaba entre el sí y
el no. Y Alfonso, hábilmente, dejo que la lucha se decidiera sola, sin su
intervención. Él ya había puesto la semilla. Ahora tenían que florecer las ganas
de mi hermana por comérmelo.
Y al cabo de unos minutos empezó a darme besos por el
ombligo. Yo me estremecía. Recorría con su lengua arriba y abajo, e iba bajando
lentamente. Se paró en mi pubis depilado, y con su lengua lamía toda la zona.
‘Cabrona, llega ya al coño de una puta vez’ ‘¿Me lo vas a comer o no?’ me
atormentaba. Y por fin, la lengua llegó al clítoris. Tímidamente, tocaba con la
punta el clítoris, mientras miraba a su novio. Nadie hablaba. Me lo estaba
comiendo, y yo me sentía de puta madre. Joder, que sensación. Besitos por los
muslos, ahí no, cabrona, ahí no, concéntrate en el clítoris, pensaba yo. Y
besaba con timidez. De repente, una mano, la de Alfonso, se colocó en una de mis
tetas. Estaba a punto de correrme. No quiero correrme todavía, que esto es la
hostia. Y encima, empieza a tocarme los pezones. De repente su mano cambia. Se
dirige hacia mi boca. Mete un dedo en ella, yo lo chupo con ansia, hasta...hasta
que mi hermana se da cuenta de lo que está pasando.
¡Que te estés quieto, he dicho! Dejala, no la toquetees,
que tiene 16 años
¡Pero si ella me estaba comiendo el coño, que también tiene
16 años! Además, si a mi no me importaba, al contrario, que tocara todo lo que
quisiera. Pero hablaban los celos, no mi hermana. Una cosa es una pequeña
tentación lésbica, y otra muy diferente, dejar que su novio se tirara a su
hermana pequeña.
Espera un momento, que esto lo arreglo yo-dijo, mirándome
con decisión. A ver, túmbate aquí, boca arriba – le dijo a Alfonso.
Ahora si que ví toda su polla integra, en todo su esplendor.
Estaba tiesa, completamente tiesa, y cada vez que bombeaba la sangre, la polla
palpitaba.
¿Tú no querías correrte en mi boca? Pues te voy a hacer
una mamada antológica
Empezó a mamar con auténtica dedicación. Ahora lo podía ver
todo. Como entraba y como salía de la boca. La muy puta succionaba cada vez que
la sacaba. Además, con la mano, acompañaba los movimientos. Alfonso no se había
corrido todavía. Habían estado follando, mi hermana se había corrido, pero yo no
recordaba que él lo hubiera hecho. Así que tenía que estar bien cargado. Una
charla caliente, antes de acostarnos, desnudarnos todos juntos, sesión de
calentamiento, un polvo en toda regla, ver como su novia primero pajea y después
se lo come a su hermana, tocarle las tetas a su cuñadita...vamos, como para
estar indiferente. De pronto, empezó a ponerse muy rígido, hizo una muesca
extraña con la cara y empezó a correrse, así, sin avisar, en la boca de mi
hermana, que aguantó toda la corrida como una campeona. Con la boca llena, se
acercó a la puerta de la tienda, abrió la cremallera y escupió todo el semen que
acababa de descargarla.
Hecho esto, se acercó a la polla de nuevo, y empezó a
mamarsela otra vez, limpiándola de cualquier resto de semen que pudiera haber
quedado.
Joder, que mamada –fue lo único que consiguió articular
Mañana, si quieres, te dejo que me la metas por el culo.
Pero ahora, déjame que haga una cosa con Marga, y tu no te metas
Madre mía, ahora venía a por mi. Con el mismo ímpetu que se
acababa de comer la polla de su novio, atacó mi coño. Nada de besitos tímidos o
de pequeñas lamiditas. Besaba, lamía, me metía un dedo mientras me lo comía.
¿Sabe bien el semen? –conseguí articular
¡Que va! Está asquerosamente salado.
Siguió mamando, chupando el clítoris, los labios, metiendo
uno, dos dedos, hasta que ya no pude más y tuve mi merecido orgasmo, si no tan
sonoro como el de mi hermana, lo suficiente para escandalizar a cualquiera que
estuviera cerca
Sois iguales, sois hermanas – dijo Alfonso riéndose y
tocándose su polla morcillona exhausta.
¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado que te lo coman?-me
dijo mi hermana, limpiando de su cara con un pañuelo de papel los restos de
semen y de flujo
Creo que me voy a hacer adicta al sexo oral
Los tres reímos. Nos habíamos corrido maravillosamente bien.
Cada uno su corrida, pero todos igual de intensa.
Volvimos de la acampada, y yo volví cambiada, mas adulta.
Volví mujer, ansiosa de explotar todas las posibilidades del sexo. Quería que me
lo comieran de nuevo, quería que me la metieran, por todos lados. Pero no quería
andar compartiendo el novio con mi hermana, por muy muy bien que me cayera
Alfonso. Quería un chico para mi solo...o una chica.