LEJANA
Atardece y su recuerdo aparece bajo un cielo azul
el solo cesa de calor y la luna aparece sin vida,
confundida en la ira de un inútil clamor
que dio vida a una noche que quedó
fundida con la herida que me dejo tu adiós,
y que sin tener mas alegría desde aquel día
en que tu amor llego. Habita en mí tu recuerdo,
tu recuerdo de amor.
Esta noche lleno como otra ninguna,
espacio y tiempo que mi alma no espero
y la amarga sed de tu nostálgico sabor,
rompe el silencio de un Septiembre que no murió.
La luna esta tendida vestida de luz
y las estrellas envidian su suave figura,
a veces miro el cielo y no es azul,
a veces me desespero y no estas tú.
¡Hoy! De no tener su calor, sus zalamerías, sus besos.
De llevarla fundida a mi amor, a mi vida, a mis deseos
y buscar por demás cura para un alma amarga,
moribunda y doliente al atinar en vano otros amores,
otros labios, pero carecer de amor y sentirla presente,
más ella, ella no se acordara más nunca de mí ¡Lo sé!
y una lagrima se anima a caer, luego como que quiero llorar
pensando en los juramentos de aquella mujer
queriendo hacerla hoy realidad. Ella toda me entristece
con el más rotundo pensar, sus calidas caricias,
aquella forma de amar.
Más ella no esta, no esta presente
y su recuerdo me obliga a pensar.
¡Maldita lágrima! ¡Deja ya de llorar!
Juan Francisco Centi Cabrera.