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Fecha: 24-Sep-05 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me follé a mi hija

Ivan Sanluís
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 27 min. ]
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No tenía ni idea de lo zorra que era en verdad mi hija, ni lo que ocurriría al enterarme de ello... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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ME FOLLÉ A MI HIJA

Nada hay en el mundo más valioso y a lo que ame tanto como a mi hija Sandra. Es la niña de mis ojos, el centro de mi universo. Tras un divorcio muy largo y conflictivo, conseguí su custodia completa(aunque accedí a que su madre la visitara regularmente para que no perdiera el contacto con ella) y desde entonces ella y yo lo hemos sido todo el uno para el otro. Le di la mejor educación tanto en casa como fuera de ella, procuré que fuera una señorita en todos los sentidos, y para cuando tenía 17 años, todos la querían y adoraban. Sencillamente se quedaban prendados de mi tesoro, incluido yo. Procuraba saberlo todo de ella, sus amistades, sus rutinas, sus preocupaciones, y siempre creí que mi hija era un derroche de elegancia, buenos modales etc. etc…vamos, como una princesita de cuento de hadas, pero en realidad no tenía ni idea de cómo era mi hija. Ni puta idea.

Todo comenzó precisamente a los 17 años, poco después de cumplirlos. Era un fin de semana que yo tenía libre y en que Sandra no tenía exámenes ni deberes que hacer, así que lo pasamos juntos hasta que a media tarde se fue a cambiarse de ropa para salir con sus amigas. Al escuchar el timbre de la puerta y abrir, vi que éstas ya habían llegado y las invité a pasar. Quedé algo impresionado cuando vi los trapitos que llevaban puestos: faldas cortas enseñando muslos, tops ajustados marcando el busto…caramba, parecía que iban a ir a hacer la calle en lugar de salir a divertirse jajaja. Como ya nos conocíamos, ellas y yo estuvimos hablando un rato pero en mi mente ver aquellos cuerpos frescos y jóvenes con esas pintas me estaba poniendo a tono. Mmmmmm esos labios carnosos, esas cinturas estrechas, piernas kilométricas, esas tetas tan bien puestas…buffffff que malo me estaba poniendo. Tuve que despejarme la cabeza de esas ideas para no sufrir la vergüenza de que me vieran erecto, y disculpándome me fui al cuarto de mi hija, que aún no había salido.

-Tesoro, te están esperando hace casi un cuarto de hora, sal ya.

-Ahora salgo papá. Justo he terminado de vestirme.

Cuando salió y la vi, quedé alucinado del todo: pantalón de campana de color rosa claro, top negro enseñando ombligo y una chaquetilla blanca. ¡Joder, estaba matadora!. A sus años, mi hija se estaba haciendo una mujer increíblemente bella y bien formada. Y entonces, estalló la bomba atómica cuando volví fijarme en sus pantalones por algo que antes me había llamado la atención. ¿¡Pero que coño era eso!?. El pantalón le iba un tanto ceñido al cuerpo de muslo para arriba, ¡y se le marcaban los labios vaginales!. Podía ver una perfecta línea vertical entre sus piernas, pero lo peor no era eso. ¡No solo los estaba marcando, si no que los tenía abiertos!. Lo había visto mal, no era una línea, si no como un hueco metido hacia dentro. ¡¡Joder, que casi le estaba viendo el coño a mi hija a través de aquella tela!!.

-Es que no me decidía por nada en especial. ¿Estoy guapa papá?.

-¿Eeeh?...sí, sí…estás muy guapa cariño.

-¿Te pasa algo papá?. Te has quedado blanco.

-No, estoy bien…una cosa, ¿no te aprieta el pantalón?.

-No, para nada, me queda perfecto…bueno, me voy, volveré para cenar y luego saldré de noche. Hasta luego papá.

Cogió un pequeño bolso, se fue con las amigas y me dejó allí pasmado. ¡Dios mío, pero que increíble abertura de labios tenía!. ¿Cómo era posible aquello?. Y lo peor es que no la regañé ni abronqué por ir así. Tendría que haberla dicho algo por ir marcando su coño a la gente de la calle, tendría que haber dicho algo, pero no, en su lugar me quedé plantando aprobando la situación y diciéndola que estaba guapa. ¿¡Porqué coño no dije nada!?. Lo cierto es que dejó tan anonadado que no fui capaz de articular palabra, y aquella visión me estaba quemando en la mente y la retina. No podía dejar de que pensar en esos labios abiertos y perfectamente separados, no me lo podía quitar de la cabeza, y comenzaron a asaltarme las dudas: ¿y si la acosaban por ir así, y si la asaltaban o la violaban?. Tenía que saberlo, tenía que salir de dudas.

Me cambié de ropa y salí para ir a la zona de bares que estaba de moda en ese momento y donde sabía que mi hija paraba por allí con las amigas. Siendo como era a media tarde, toda o casi toda la chavalería de la ciudad había salido en manada para ir de bares, calentando motores para cuando fuesen de discoteca de noche. Según fui encontrándome con grupitos de chicas, mi sorpresa fue en aumento: ¡¡vaya panda de zorritas adolescentes!!. Todas vestían de forma provocativa con tops ajustadísimos, en ocasiones de tamaño ínfimo, con pantalones acampanados pero más ajustados o con faldas mínimas que apenas dejaban nada a la imaginación. Todas iban luciendo palmito enseñando cuanta más carne mejor, a veces incluso apenas iban vestidas, llevando solo un par de trozos de tela por vestido. Yo sabía que a esas edades todas andan con ganas de marcha para provocar a los chicos, es lo normal entre los adolescentes y yo mismo lo había vivido en mi época, pero aquello era el colmo del descaro y el puterío. Todas me parecían como prostitutas adolescentes, y lo curioso es que nadie decía nada ni se quejaba por nada. Para el resto de la gente era lo más normal del mundo.

"Amigo mío, te estás haciendo un carroza" me dije a mí mismo. Deambulé por la zona un buen rato y di más vueltas que un hijoputa buscando padre, fijándome en todas las chicas que podía para no perderme nada. Algunas iban un pelín formales, otras ya eran putillas descaradas por como iban(trapitos sin casi tela enseñando casi todo), y algunas rozaban la pantomima al llevar cadenas, piercings por todas partes y tatuajes a lo largo y ancho de sus cuerpos. ¿Y yo me escandalizaba por como iba mi propia hija?. Comparada con las demás, Sandra iba decente. Al acordarme de ella la busqué entre la gente, y merodeé por un par de calles hasta que la vi en una terraza de un bar con las demás, tomando una copa. Procuré no ser visto en la distancia y estuve un rato mirando a ver que hacían. Al poco llegó un chico y besó a unas de las amigas de mi hija, sentándose a su lado. A pesar de cómo iban todas, él no pareció inquieto lo más mínimo, ni siquiera se fijaba en la abertura que tenía Sandra.

¿¡Pero como no podía fijarse en algo tan evidente!?, ¿es que eso era algo tan cotidiano que ya ni lo pensaban?, ¿pero tan escandalosas iban las chicas que ellos ya estaban inmunizados?. "No, no podía ser", me dije incrédulo. Entonces fue que el chico, un par de veces y de manera fugaz e instintiva, miró hacía allí cuando se giró para hablar con mi hija. ¡Lo sabía!. Nadie era inmune a aquella visión que había en esos pantalones y eso me alegró, así yo no era el único que se fijaba en ella. "Bueno, soy hombre y actué por instinto, es natural. No pasa nada", pensé, y me fui de allí no sin antes dar una o dos vueltas más, viendo que algunas, tal y como vestían, tenían que ser unas verdaderas zorras salvajes. ¡Madre de dios, que escándalo!: escotes de vértigo, pezones empitonados, minifaldas ceñidísimas, culos sobresalientes…llegué a un punto en el que ya no me pude aguantar y me largué a casa echando leches para darme una ducha fría que me quitase todo eso de la cabeza. ¡Iba a reventar de la excitación!.

Cuando me repuse de eso me senté en el sofá y puse la tele. Necesitaba distraerme, pero lo cierto es que a pesar de todos mis intentos solo podía pensar en esos pantalones, en lo que dejaban entrever y como. Recordé la cara del chico cuando se fijó en su entrepierna, en como su expresión cambió. No hacía falta ser un genio para ver que, aún siendo amigos, él la deseaba y hubiera hecho lo que fuera para colarse en esa abertura que los pantalones marcaban profusamente. Me vinieron imágenes de Sandra siendo mirada por todos, desatando en ellos bajas pasiones, encendiendo su deseo, calentándolos para luego…buuuuuuuuffffffffff, me puse terriblemente excitado, y a pesar de que me parecía inmoral excitarme con el cuerpo de mi hija, no pude relajarme en toda la tarde.

A eso de las diez ella volvió para cenar, tal como había prometido. Le pregunté por como le había ido y me contó que muy bien, que se había divertido mucho y que esperaba de noche divertirse muchísimo más, lo cual me hizo sonreír y que mi excitación fuera normalizándose. Entonces ella me sorprendió:

-Papá, una cosa: casi juraría que te vi de lejos un par de veces cuando estaba en el bar, ¿eras tú?.

-Puees sí-confesé-…es que me apetecía salir y te vi de refilón.

-¿Y porqué no pasaste a saludar?.

-Porqué pensé que a lo mejor te ibas a sentir incómoda conmigo delante de tus amistades y no quería eso.

-¡No seas tonto papá!. Nunca me sentiré incómoda contigo.

Y me dio un beso en la mejilla que me hizo sonreír. Cenamos los dos juntos(como siempre que lo hacíamos así) y poco después ella fue a cambiarse de ropa para salir de noche. Yo estuve haciendo otras cosas hasta que la oí llamarme para que fuera a verla.

-Dime, ¿estoy guapa o estoy guapísima?.

Bromas aparte, volví a quedar alucinado: top negro de tirantes, más pequeño y apretado que el de la tarde, minifalda negra semi ceñida al cuerpo y botas blancas de puntera hasta la espinilla. ¡¡Dios bendito, que cuerpo!!.

-A ver, déjame que te vea bien.

La cogí de las manos y luego la hice abrirlos en forma de cruz, quedando después solo tocándonos por las yemas. No podía creerme lo que estaba viendo: cintura estrecha de vientre liso, torneado y de color suave, caderas bien curvadas, piernas firmes, largas y carnosas(no eran meros palillos) sin ser obesas, un pecho prominente ligeramente escotado y una cara de ángel que era gloria verla: enormes ojos verde botella y una larga melena castaña hasta la mitad de la espalda. Quedé en éxtasis con el cuerpazo que tenía ante mí. ¡¡Y esa era mi hija!!.

-Bueno, vale ya. ¿¿Quién eres tú y que has hecho con mi hija??.

Ella se rió con fuerzas por mi broma.

-Dios, estás irresistible. Eres bellísima, vas a ser la dueña de la pista.

-Gracias papá, tú sí que eres irresistible.

Y haciendo un paso de baile, se giró poniéndose de espaldas a mí sin soltar mis manos, haciéndome cruzarlos por su cintura junto a los de ella, quedando abrazados. En ese momento un suave aroma llegó a mis fosas nasales. El olor de su pelo sedoso y su cuerpo me inundó. Era la dulce fragancia de la juventud que yo llevaba años sin oler. Y al abrir los ojos, lo vi: ¡¡su escote!!. Buuuuff la de cosas que se veían desde arriba: un canalillo estrecho, casi una línea, dividiendo un buen par de tetas bastante grandes que desafiaban a la gravedad. Y cuando creía que no vería nada más, vislumbré el empitone propio de unas tetas que iban sin sujetador, un par de bultitos apetecibles que se desmarcaban de la negra tela del top. El azoramiento que pillé fue más grande que el de la tarde. ¡Me puse terriblemente excitado!. Nada raro viendo ese cuerpo: para hacerse una idea, y salvando algunas diferencias de físico y edad, era como ver el cuerpo de la cantante de color Beyonce Knowles con la carita modosa e ingenua pero a la vez morbosa y indecente de la actriz Jennifer Connelly(con su misma mirada de inocencia y perversión). Una combinación que a nadie ponía indiferente, ni siquiera a mí.

-Eres un cielo papá. Prometo ser una buena chica y no emborracharme mucho, ¿de acuerdo?. No me esperes levantado, volveré tarde.

-Vale mi amor, pásalo bien y cuídate, que ya sabes que te quiero mucho y me preocupo por ti.

Me dio otro beso y me sonrió cariñosamente. Luego se salió de mí y fue a coger su bolso, que estaba en el suelo al caerse de la silla de la ropa. Al agacharse, me mostró un culo que quitaba el hipo, unas redondeces duras y perfectas que pedían a gritos ser comidas y sobadas. Yo no podía creerme lo que estaba pasando. ¡Mi propia hija me estaba poniendo cachondo, pero muy muy cachondo!. Y ocurrió algo que desde luego no me esperaba. Cuando el bolso se le volvió a resbalar de las manos y cayó al suelo, al estar abierto lo que llevaba dentro saltó un poco ¡y vi una caja de condones de 12!. ¡¡12!!. No estaba seguro de si había visto mal, pero fue algo que me dejó de una pieza. Me hice que no había visto nada y la ayudé a recogerlo todo.

-Tengo las manos de mantequilla. Todo se me resbala entre los dedos…

-Solo fue un tropiezo. Espero que no te metas en líos…

-No te preocupes papá, soy una buena chica.

-Esta es mi niña. ¡Ah!, y procura no coger frío por la calle.

-No te preocupes, yo nunca me enfrío. Hasta luego papá…

-Hasta luego hija…

Cogió la misma chaquetilla blanca, su bolso y me dio un beso de despedida antes de irse, dejándome en un estado de shock increíble. ¿Cómo había llegado yo a aquella situación?. En menos de 24 horas mi hija había pasado de ser mi princesita a ser un zorrón de marca mayor. ¿Dónde estaba aquella niña a la que arropaba en su camita, con la que jugaba y a la que ayudaba a hacer sus deberes?. ¿Dónde se iba ido aquel primor a la que todos querían abrazar y escuchar sus historias e invenciones?. De golpe y porrazo todo eso había desaparecido, y en su lugar estaba esta arpía provocativa y sensual que sería capaz de resucitar a un muerto. No podía creer que me hubiera excitado sexualmente con ella(aunque si me alivió el que ella no lo notara en mi erección). Llevaba años sin sentirme tan salido y a pesar de mis intentos, no pude reprimir la erección, de modo que de nuevo me metí de cabeza a la ducha para enfriarme.

Aunque mi cuerpo quedó bastante relajado, no así quedo mi mente. Como si fuera un disco rayado, mi memoria comenzó a recordar una y otra vez todo lo que había visto a lo largo del día: la rajita que sobresalía de sus pantalones, la forma en que estaba sentada en la terraza del bar(con una pierna cruzada sobre la otra, casi casi abriéndose a quien quisiera mirar), como aquel chico puso cara de lobo al ver aquella marca en los pantalones color rosa claro, la silueta de ella cuando la estaba mirando de arriba abajo, el olor de su pelo, de su cuerpo, la línea de su espalda cuando se giró y que vi justo antes de abrazarla, su culo respingón, sus pezones empitonados, su escote…aaaaaaaaaaaarrgghhh me estaba volviendo loco, no podía ni quería creer que mi hija estuviera provocándome todo aquello y empecé a pensar que quizá yo era un depravado por elucubrar cosas así. En aquel momento ya no estaba seguro de nada.

Las dos últimas cosas fueron la gota que colmó el vaso: la caja de condones y eso que dijo de que "yo nunca me enfrío". ¿A que se refería con eso?, ¿quiso decir que ella siempre tenía calor, o que más bien ella siempre andaba caliente?. Y lo de la caja ya era el no va más: ¡12 condones!. ¿¡Es que pensaba vaciar la caja en una sola noche!?, ¿¡se iba a follar a tíos diferentes en una sola noche o acaso echarías varios polvos con 3 ó 4 tíos a la vez!?. Todo eso comenzó a dar vueltas en mi cabeza y no pude evitar imaginármela bailando en la disco y poniendo el culo en la entre de los ellos, frotándolos y excitándolos para luego follárselos en el baño de la disco, o bien calentándolos con sobeteos indecentes para luego dejarse hacer de todo. ¡¡Ooooh que loco me había vuelto para estar haciendo eso, fantasear con mi hija follando con unos y otros!!. Ya no podía resistir aquello y me fui a dormir, confiando en que Morfeo aplacara mis locuras y a la mañana siguiente despertara de nuevo en la realidad.

Pero ni él fue capaz, y mis sueños se convirtieron en fantasías verdaderamente pornográficas con Sandra de protagonista. Como si fuera una película y yo el cámara que filmase, la veía desnudándose para enseñar el cuerpazo que tenía y luego cepillarse a todo bicho viviente, ya fuera de uno en uno o a varios a la vez. La veía recibir enormes vergas por todos sus agujeros y como su carita se contraía volviéndose una auténtica súcubo embrujando a los hombres que pasaban por ella. La soñé siendo enculada, violada, sodomizada, sometida y disfrutando con las barbaridades más salvajes que se pudieran imaginar, y en mitad de una cabalgada que ella le hacía a un chico yo no podía verle la cara, pero la imagen se fue acercando poco a poco hasta que, en expresión de regocijo y exultante placer, la vi. ¡¡ERA YO!!.

Desperté sobresaltado y caí en un estado de nerviosismo total. Tenía la frente empapada en perlas de sudor y estaba como un flan, ya no sabía que hacer ni lo que pensar ni lo que decir. Lo único que sabía es que aquello se estaba saliendo de madre y no podía consentir tener semejantes fantasías con mi hija. El reloj marcaba las 6:15 de la madrugada, y debido a que no tenía sueño me levanté a ver un poco la TV. Por curiosidad comprobé el cuarto de Sandra, y vi que no había llegado aún. Suponiendo que se estaba divirtiendo mucho me desquité de más ideas, me senté en mi sillón y estuve viendo las noticias de la mañana un buen rato hasta que unas llaves que intentaban torpemente abrir la puerta de casa. Me levanté para abrir, y justo al hacerlo, mi hija, que iba a intentar abrir otra vez, cayó sobre mi pecho en estado de embriaguez. ¡Estaba borracha como una cuba!. La metí en casa y cerré la puerta. La llevé al sofá y me senté a su lado. Tenía toda la pinta de estar "un poco alegre".

-Holaaa guapitoooooooo…la nenita está en casaaaaaa…

-¿Estás bien?.

-Síiiiiiii…estoy de fiestaaaaaaa…ven a divertirte…baila conmigooo…

A poco que intentó levantarse casi cayó, de modo que la senté de nuevo. La muy guarra se levantó la falda para acomodarse, ¡y se lo vi todo!.

-¿¡Pero y las bragas!?:

-¿¿Bragas??...¿¿qué bragas??...yo llevo tangaaaaa-dijo en tono cantarín-…

-¿¿Y el tanga??...

-Sssssshhhhh-me susurró para que callase-….en el bolso, claro…así no lo pierdooooooo…jajajajaajaja…no hay que perderloooooooo…

Movido por la curiosidad le cogí el bolso y revisé esa caja de 12 que había visto antes. ¡¡Joder, más que ver cuantos había tuve que contar los que quedaban!!. ¿¿Pero a tantos se folló en una noche??. Menuda víbora tenía en mi casa, que pedazo de puta, y yo sin enterarme de nada. Al mirarla no la reconocía, aquella no era mi hija, no podía serlo. Ella entonces me miró y se puso en mi regazo para ponerse a hacerme carantoñas.

-Eeeh para…para por dios…¡¡que pares Sandra!!...

-Que guapo eres papiiiiiiii…¿¿verdad que eres mi papi??...¿¿me vas castigar por ser mala??...

"¿Papi?", pero si ella jamás me había llamado así en toda su vida. ¿A que venía eso?.

-Ohhhhhh mi papi…¿¿quieres castigarme??, ¿quieres ser mi papi lindo?...¿o es que no me quieres nada?...

-¡¡Claro que te quiero, pero para ya!!.

-Síiiiiiiiiiiiiii…vamos, papi…castígame, he sido muy mala…

Se puso a acariciarme, a provocarme, a excitarme. Yo intentaba resistirme, y entonces ¡lo entendí!. Estaba jugando conmigo, jugando a lo de "padre e hija" en plan morboso, por eso me decía "papi". ¿Es que ella hacía eso con los demás cuando se los tiraba?, ¿le gustaba fantasear sobre eso con los demás?, ¿ella se lo montaba con los tíos soñando el que se la tiraba de verdad era su padre?, ¿le gustaba imaginar que los demás eran…yo?.

Entonces estalló la bomba H: desde la rajita de sus pantalones rosa en casa hasta ese momento preciso todo se agolpó a trompicones en mi mente, encendiendo unas pasiones que intentaba sofocar desesperadamente. Ella buscaba mi boca y sus manos me intentaban desnudar mientras yo intentaba contenerla y frenarla, pero no había manera de parar a esta gata salvaje que estaba sentada sobre mi regazo. Lo peor es que no podía parar de recordar su cuerpo con su traje de noche, el sueño que tuve, ella sentada en la terraza del bar, su cuerpo abrazado al mío, su olor, su tacto, su juventud…tenía la excitación a punto de llegar hasta la luna, estaba totalmente enloquecido por ella.

-Oh dios, que eres mi hija…no puedo…no puedo…ooooooohh dios mío, ayúdame…para por favor…paraaaaaaaaaaaaa…

-¿Es que no vas a castigar a esta niñita, papi?…he sido muy mala …¿no vas a castigarme?...

E hizo algo que fue ya el Sanseacabó: se llevó un dedo a la boca y se mordió la yema jugando a hacerse la retacada e inocente mirándome con una cara de cordero degollado haciéndose la niñita buena, en una imagen de ingenuidad y perversión que no solo me descolocó por completo si no que acabó por ponerme totalmente erecto y cachondo perdido, haciendo que mi polla clamase a gritos por salir de mi pantalón de pijama y darle guerra a la aguarona que tenía montada sobre mí.

-¡Oh dios!...si tengo que caer, ¡¡lo haré con las botas puestas!!.

Incapaz de contenerme la traje hacia mí y busqué su boca con apremiante necesidad, fundiéndola con la mía en un enorme beso que duró toda una eternidad. Fue como beber el primer trago tras atravesar todo un desierto. La frescura de su boca, la calidez de sus labios, su tacto al juntarlos con los míos, su sabor…todo era fuego abrasador, todo era pura lujuria que me invitaba al pecado. Y puesto que ya estaba entregado irremediablemente a ello, no iba a privarme de nada.

-Mmmmm que boca más sabrosa tienes…que guapa eres hijita…quiero comerte la boca hasta el fondo…

-Mmmmm eres muy guapo papi…y muy dulce….te quiero papi…

Deslizando las manos por su espalda volví a atraerla hacia mí para seguir besándonos y jugar con nuestras lenguas. El beso de rosca que Sandra me estaba dando me puso a mil por hora, que forma de besarme, me estaba succionando a base de bien y su lengua enseñaba a jugar con la mía como hacía años que no vivía una pasión semejante, y mientras mi boca aprendía de nuevo a besar mis manos fueron recorriendo la línea de su columna vertebral de arriba abajo hasta que se pararon en esa zona intermedia entre la espalda y el culo(donde muchas chicas suelen hacerse tatuajes tribales), acariciándola con lentitud y viendo que a ella le gustaban esa clase de caricias.

Sus manos juguetonas pasaban por mi pelo y luego me arañaban por la espalda, luego me atraían para pegarme a ella como una lapa. Me acariciaba frenética casi en un estado de angustia como jamás vi hasta ahora, me pedía a gritos que me entregara a fondo. Incorporándose un poco sobre mi regazo, se quitó el top y por fin vi en todo su esplendor lo que hasta ese momento solo había imaginado. ¡¡que par de tetonas tenía, que increíble montañas gemelas!!. Eran duras como piedras, de tamaño perfecto, ni pequeñas ni grandes, y bien erguidas sin falta de sujetador. Sus pezones…¡¡oh dios mío, que pezones!!. De color nacarado, finos, rugosos, con una areola divinamente perfecta y circular trazada a compás, ni grande ni pequeña. Literalmente perdí la cabeza en cuanto mis ojos se posaron en ese par de regalos del cielo que mi hija me dio de lleno al llevar mi cara y apretarme contra ellas. ¡¡Joder, me tenía echando humo por las orejas!!.

Teniendo semejantes bultos ante mí, saqué la lengua y la pasé por su canalillo, así durante poco tiempo, hasta que inconteniblemente llevé mis manos y las toqué. Su tacto no me defraudó. Era dulce y sensible, y con cada caricia mi hija se prodigaba en largas cadenas de gemidos. Sandra, mimosa y cariñosa, se dejaba hacer por mí, permitiendo que la toquetease a lo largo y ancho de su espectacular anatomía. Pasé las yemas de los dedos por la parte baja de sus tetas(la que está debajo de los pezones), luego subí dibujando un gran círculo y luego hice lo mismo pero con la lengua. Abrí mis manos de par en par y en cada una amasé sus perfectos pechos con adoración y pasión desatada. Luego abrí mi boca y chupé sus pezones con gula, pasando de uno a otro para no perderme nada. Su cuerpo temblaba de gusto y se convulsionaba tanto como el mío. ¡¡Ya no éramos personas, si no animales en celo!!.

-Mm mmmmmm mmmmmmm…que deliciosa eres hijita…eres muy mala…eres una niña muy perversa…

-Síiiii…soy mala...soy muy mala…¿me vas a castigar, papi?...¿vas a castigar a tu hijita bonita?...

Que pedazo de perra tenía sentada sobre mí, estaba salida como una coneja y me estaba pidiendo que me la pasara por la piedra con esas miradas que me lanzaba. Mientras seguía descubriendo el sabor de su boca bajé mis manos por su espalda hasta llegar a ese par de glúteos de lujuria que sobé y apreté tras subir la falda. ¡Que duro lo tenía, era mármol!. Un tacto de locura, una durez soberbia y unas carnes calientes y prietas que, como el resto de su cuerpo, me estaba desafiando a que me lo comiera de pies a cabeza hasta no dejar nada por probar. ¡¡Y así lo iba a hacer!!.

-¿Con que eres una niña mala eh hijita?...¿así que eres una perra verdad?...pues a las niñas malas se las azota…y si tú has sido mala, te tengo que castigar…

-Síiiii papiiiii…soy muy malaaaaaaa…muchoooooo…

Cogiéndola con fuerza la puse echada boca abajo sobre mi regazo, en una pose perfecta para darle cachetes en el culo como cuando era niña. Comencé a dárselos con algo de fuerza, con violencia si cabe, procurando que eso a ella le gustase, y tal como jadeaba, aquello la volvía loca. Dejé sus nalgas algo rojas de tanta cachetada, pero a ella no parecía importarle lo más mínimo. ¡Que zorrita era!.

-Mmmm noto algo muy duro por aquí…¿eres tú papi?...mmmm sí que eres tú …te noto muy fogoso…me gustas mucho papi…

Sus manos palmearon entre mis piernas, desnudándome y sacando mi polla de los pantalones, que ya estaba como una piedra. Su aliento cálido se posó sobre el glande y aquello me provocó viscerales y roncos gemidos de placer. Después de su aliento, fue su boca la que, de un tirón, engulló toda mi herramienta hasta que la punta de su nariz llegó a mi pubis.

-Mmmmmmmmmmmmmm…¿pero que me haces?...¿que es esto?...ooooh virgen santa…aaaaaaaaaaaaaaaaaahh…

-Goza papi…sé que te gusta mucho…sé que te hace feliz, y yo quiero hacer feliz a mi papi…

-Calla y sigue chupando.

"¿Calla y sigue chupando?". Definitivamente había perdido el control de mí mismo, pero la vergüenza que tenía por hacer eso no era nada al lado de la excitación que estaba sintiendo y que me azoraba por completo. ¡¡Mi hija me estaba chupando la polla, y que manera de mamar!!. Dios bendito, me dejó en éxtasis la forma en que se apoderó de mi tranca y empezó a chupármela para hacerme cosas que ni sabía que existían: pasó la punta de su lengua por mi glande, lo besó, luego me la lamió de arriba abajo, me dio besos en el tronco, me masturbó un poco con mimo y lentitud con sus manitas…su mundo se había reducido a complacer a su papi chulo a base de mamada-y-tente-tieso, y entre la mamada y los masajes que le estaba haciendo a mis pelotas, me tenía cachondo y bien empalmado.

Vi a Sandra con mi polla en la boca y perdí la poca cordura que me quedaba. Por un lado me sentía sucio y desalmado como un violador, pero por otro estaba en la gloria recibiendo la mejor mamada de mi vida. ¡¡Y ella no paraba ni para respirar!!. No tenía ni idea de cómo sabía hacer todo eso, pero era evidente que había recibido (y practicado) sus buenas lecciones. Su pasión juvenil la hacía chuparme con fuerza, succionando con la cabeza y logrando un efecto ventosa que casi me hizo correrme en su boca, cosa que evité por los pelos al hacerla parar.

-Uuuuuuuuuffff eres muy putilla hijita…te voy a tener que castigar de verdad…

-Síiii castígame como quieras papi…soy muy mala…

Totalmente frenético la puse tumbada en el sofá y después puse mi cabeza entre sus muslos, llegando a su vulva, viéndola sin telas de por medio. ¡Nunca había visto nada igual, estaba en un estado de abertura permanente!. A mi hija la habían montado más que a una yegua de carreras para haber quedado así, lo cual me provocó intensas fantasías de ella follando como una descocada, como la guarra que era en verdad.

Saqué la lengua y le di una buena lametada por encima de sus labios vaginales, haciendo que ella temblase de puro placer y gimiese de forma constante. Empecé a trazar dibujos y figuras varias como si su cuca fuese la pizarra y mi lengua la tiza para dibujar. Su sabor me llegó como una sacudida, me puso tan salido que pensé que me iba a correr sin llegar a penetrarla. ¡¡Pero que forma tenía de excitarme!!. Todo en ella me sorprendía y ponía a tono. Mi preciosa hija, juguetona como ella sola, me puso las manos en la nuca para que no dejase de chupárselo todo, pero no le hacía falta. ¡¡Ni por asomo iba a dejar de lamerla como me apetecía!!.

-Mmmmmmmmmm que bien lo haces papi…dale placer a tu niña, haz feliz a tu niñita querida…¿verdad que me quieres mucho, papi chulo?.

-Claro que te quiero…papi te quiere una barbaridad…

Y acto seguido hundí mi lengua en su vulva, penetrándola. Mi hija se convulsionó como si algo la hubiera atravesado de lado a lado, se retorció sobre el sofá hasta que se relajó ligeramente, pero en cuanto pegué mis labios horizontales a los suyos verticales, ella pareció estallar en oleadas de gemidos. Su carita de ángel estaba ruborizada como una lata de coca-cola, y con sus ojillos entrecerrados aquello era la viva imagen del placer. ¡¡Que rico sabía el coño de mi hija, que maravilla!!. Sus jugos no tardaron en llegar a mi boca de forma que podía beberlos todos sin perder una gota. Después de tanto tiempo volvía a disfrutar de una vulva de mujer, ¡¡y que mujer, que hembra caliente era la muy perra!!.

-Aaaaaaaaaaah aaaaaaay ayayayaay….ayyy que gustitooooooo…Vamos papi no me tardeeeeeeess…ven a querer a tu niñita…ámame papi…sé mi papi…

Volví a sentarme sobre el sofá con Sandra en mi regazo, la cual acogió mi polla entre sus cálidas manos, frotándome suavemente para, tras abrirse bien su linda panochita, penetrarse con mi polla, metiéndosela hasta que quedó sentada sobre mi regazo y empalada por mi miembro. Me dijo "abre los ojos" y quedamos mirándonos con lujuria y deseo, incrementando las sensaciones de la penetración que ella se procuraba y que continuó hasta notar que había llegado hasta el final.

-Ooooooooohh papi que lindo eres…que bien me quieres papiiiiiiiiiiiii…

No podía creer lo que estaba pasando. ¡¡Se la había metido a mi hija, la estaba haciendo el amor de verdad!!. Y presa del pecado y la lujuria como estaba no me detuve a pensar en las posibles consideraciones o consecuencias de todo aquello, solo me limité a ver como la sacaba adentro y afuera echándose un señor polvo. El juego de miradas mientras ella comenzó a cabalgarme encendió más nuestras pasiones. Parecía que iba a comerme con los ojos, que iba a devorarme vivo. Tras un buen rato de ver como Sandra me cabalgó y de ver como mi verga entraba y salía de ella con una facilidad pasmosa, mi niña empezó gemir y retorcerse que daba gusto verla, era salvaje, un verdadero animal sexual desatado que para controlar mejor la abracé fuerte y me tumbé sobre ella en el sofá, cambiando los roles y tomando el control de la situación. Ella se relamía y me atraía con acuciante necesidad, abrazándome y entrelazándonos a la vez que yo pasaba mis manos por debajo de sus brazos hasta sus hombros, sujetándome a ella para procurar dar unas acometidas profundas y rítmicas, sintiendo lo ancha de su vulva y lo caliente que era. ¡¡Me sentía arder entre sus brazos, me sentía morir para revivir después!!.

-¿De veras te gástate tantos condones cuando saliste?.

-Síiiii…he follado muchoooo…y gocé muchoooo…

-¿Y eran amigos?.

-Algunos.

-¿Y el resto?.

-¡Y yo qué sé!. No los conocía, pero estaban buenos…no pienses en ellos ahora…solo piensa en mí…piensa en mí papi…¿me quieres papito?...

-Si hijitaaaaaaaaaa…te quieroooooo…vamos aguanta perra…¡eso es perra, sufre el castigo de papi!...¡siente como te castiga papi!...

-¡Síiiii castígaaaaameeeeeee!...¡sé mi papi, castígameeeee, sométemeeeee, hazme de todooooooooooo!...

Del cariño y mimo de lo primero aquello pasó a ser más salvaje e indecente, más amoral. ¡¡Ya lo hacía el amor, me la estaba follando!!. Se la metía fuerte, desgarrador, visceral y profundo, más fuerte, más potente, más, más, mucho más…estaba fuera de mí mismo, ya nada me importaba salvo follarme a mi hija y correrme como un loco tal y como antes lo había hecho en mis sueños, y por como gemía ella también deseaba gozarme a todo volumen, así que subimos el ritmo de las acometidas. Sandra meneó más las caderas y pasó las manos por mi culo para apretarme las nalgas a fin de atenazarme más entre sus piernas, a la vez que yo procuraba empujar con más fuerza y ritmo dentro de ella, empalándola y excitándome tanto que más que su amante padre parecía un violador cualquiera.

-Aahh dame dameeeeeeeeeee…dame máaaaaaaaaaaaaaas, métemela toda, rómpeme, párteme en doooooooooooooooooos…ooooooooohh síiiiiiii papiiiii…hazme una perra papiiiiiiiiiiii…

-Ooooooooooooh diooooooooos que polvo te estoy echando perraaaaaaa…pero que zorra eres, que pedazo de zorrita…¿eres la zorrita de papi, verdad que eres mi zorritaaaa?...

-Sí ya soy tu zorrita, soy tu perritaaaaa…me gustaaaaaaaaa…soy la perrita de mi papiiiiiiii…

-Pues prepárate perrita…buuuuuuuuuuufff, ya no aguanto más…me voy a correr, me voy a correeeeeer…dios llevo tantos años sin hacerlooooo…no quiero correrme tan prontooo…

-No importa, tú dame duro, córrete a gusto papi…y dame tu semen, lo quiero, lo quiero todooooooo…lléname con tu semen papiiiiiiiiii…jódemeeeeeeeee, fóllame yaaaaaaaaaaaaaaaaaa…

Más ritmo, más fuerza, más energía…un poco más de tiempo y esfuerzo y por fin aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargghhh el orgasmo que tanto necesitaba llegó y nos arrolló como un tren sin frenos, fue como si un millón de galaxias explotasen a la vez dentro de mí. Eyaculé con chorros potentes y descargué en ella toda la pasión contenida desde hacía mucho tiempo. Nuestros gritos fueron apagados por un largo y profundo beso con lengua que selló un momento tan amoral e ilícito como enormemente intenso y liberador.

Echados juntos en el sofá, abrazados y acurrucados uno junto al otro, todo eran caricias y mimos, todo era perfecto, y así estuvimos un buen rato. Los dos desnudos, padre e hija, como hombre y mujer, como amantes que ya éramos. Sandra, en plan tierno, se abrazó a mí disfrutando de esos momentos de abandono donde las palabras ya perdían su significado y el tiempo simplemente dejaba de existir. Una felicidad que de golpe se fracturó cuando la realidad se impuso en el momento en que ella me miró fijamente y supe que la borrachera acababa de esfumarse de golpe.

-¿¿¡¡PAPÁAAAAAAAAAAAA!!??.

Se quedó en un estado de sorpresa y horror que la dejó acongojada de pies a cabeza, así que tuve que actuar deprisa para evitar posibles secuelas psicológicas.

-OOHH POR DIOS…¡¡PAPÁ!!...lo siento, yo no quería…no sabía lo que hacía…oh dios míoooo…¿¿Qué voy a hacer??, ¿¿Qué vamos a hacer??...

-¡¡Vale, respira Sandra, respira hondo!!. Eso es, relájate y ven aquí-dije cogiéndola de las manos-…no te preocupes y tranquila…poco a poco…

Ella pareció relajarse, aunque por su mirada era evidente que el asunto no iba a dejarla dormir en paz durante mucho tiempo a menos que hiciera algo.

-Tranquila, ¿de acuerdo?...tú estabas algo bebida, y yo creo que andaba medio dormido…fue solo un error ¿vale?...solo un error…no volverá a pasar…estuvo mal lo que hicimos, lo sé…lo siento cariño, yo no quería…yo no quería…

Ella me miró con ojos tiernos viendo lo avergonzado que yo estaba, y nos abrazamos para calmarnos. No pude evitar dar un suspiro de alivio al ver que Sandra no parecía estar mal por lo ocurrido.

-Bueno-me dijo al mirarme-…no sé si fue un error, pero tan mal no estuvo-confesó algo sonrojada-…la verdad, yo lo disfruté, y creo que tú también, ¿no?...

-Síii-dije en un hilillo de voz, rascándome la nuca-…lo hice…

-Lo cierto es que ya no podemos dar marcha atrás, ¿verdad?...lo hicimos, y no podemos cambiarlo…y me gustó, me gustó mucho lo que me hiciste…

-¿De veras?...pues a mí me gustó lo que tú me hiciste a mí…yo…

No supe que más decir, y mirándonos fijamente, surgió una especie de complicidad entre nosotros que fue sellada con un nuevo abrazo y sellado con un nuevo beso tan largo como apasionado.

-¿De verdad llevabas años sin follar papá?.

-Desde que me separé de tu madre. ¿O es que nunca te fijaste que jamás he vuelto a tener otra mujer en casa?.

-Sí, pero supuse que tendrías alguna amante por ahí. No imaginaba que hubieras estado tantos años a palo seco.

-Hasta ahora-bromeé-…¿tú estás bien, cariño?. ¿De verdad estás bien?.

-Sí, y si te digo la verdad, no me siento mal, al contrario. Incluso me siento feliz.

-¿Y eso?.

-Porqué esta probado que todas las chicas seguimos el modelo paterno a la hora de buscar pareja. Todas vamos buscando en los chicos el que más se parezca a nuestro padre, solo que yo en vez de conseguir una copia me pillé al original.

Y al decir eso vino a darme un beso de esos que casi eran una invitación al amor. En ese momento fue cuando pensé en algo que ahora dejo caer: ¿Y si yo no era el único en vivir una situación como esa?. ¿Sabrían los demás padres lo pendejas que son sus hijas, y que en lugar de ser tan formales eran unas zorritas que solo buscan satisfacerse con el primero que pase?. Y en el caso de saberlo, ¿que harían ellos: castigarlas horrorizados para intentar enderezarlas, o bien, y tal como me pasó a mí, caerían rendidos a los encantos de sus propias hijas y acabarían siendo seducidos por ellas?. Y descontando los casos accidentales como el mío, ¿era posible que hubiera hijas que realmente deseasen hacerlo con sus padres y se exhibiesen así no parar provocar a los amigos si no a ellos?. Viéndolas por la calle tan aparentemente normales, ¿quién podía asegurar que no se lo habían montado con ellos…y lo habían disfrutado?. Esa sí que fue toda una variedad de posibilidades que me hizo reflexionar de verdad.

Otro potente y furtivo beso me sacó de golpe de mis divagaciones, y me quedé mirándola fijamente. Totalmente desnuda y sentada enfrente de mí, Sandra estaba hermosísima, realmente era una belleza de increíble atractivo.

-Papá, tú no tienes que trabajar mañana, ¿verdad?.

-No.

-Y yo no tengo que estudiar nada para el Lunes, y tampoco tengo deberes.

-¿En que estás pensando?.

-En que podríamos pasar el domingo los dos juntos, divirtiéndonos-ironizó-.

-Pero tendrá que ser nuestro secreto, ¿verdad?.

-Sí papá, nuestro secreto. Nadie lo sabrá nunca.

-Sandra, mi amor, tengo una duda: ¿cómo es que usaste condones con los demás pero conmigo no?, ¿y si te preño?.

-¡Oh, no los llevaba por eso!. No estoy en esos días de riesgo, y si los usé fue para evitar enfermedades, si bien tampoco quiero quedar embarazada de un tío cualquiera. Creo que contigo fue distinto quizá porqué sabía que tú no me contagiarías nada malo…y en cuanto a lo de que me preñes, no me parece tan mala idea-respondió con cara perversa no sé si en broma o en serio-…

-Pero que putita eres...quien lo iba a decir con esa carita de ángel…

-Y lo que te queda por saber-ironizó-, pero ya te lo iré contando poco a poco. Ya conocerás a la verdadera Sandra, y a mí me encantará conocerte "a fondo", papi. ¿Porqué serás más mi papi, verdad?.

-Claro que sí, siempre que quieras. Te quiero "hijita".

-Te quiero…papi…

No sé si lo que ocurrió estuvo bien o mal, pero fue algo de lo que ninguno de los dos nos arrepentimos. Lo que creí que solo fue un error fruto de la pasión del momento se convirtió en un paso más en nuestra vida juntos, en todo un nuevo mundo de placeres y sensaciones. Volviendo a abrazarnos, sus manos me acariciaron el vello del pecho luego bajaron a jugar con mi polla, y supe que aquello no había terminado. Solo acababa de empezar…


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