Rosita se despide de Sam
El Señor de los Anillos Episodios Censurados
Investigando en las notas del autor han aparecido documentos
nunca publicados (pocos quedan, pues el hijo ha vendido casi todo), pero entre
las notas descartadas de la novela hay una que explica la desenfrenada pasión de
Samsagaz Gamyi por la señorita Rosita Coto, que le acompañara en toda la
aventura. A continuación reproducimos el texto con las naturales pérdidas
debidas a la traducción.
Sam se arrodilló temblando
Levántate Sam – le ordeno Gandalf—he estado pensando en algo
mejor. Algo que te cierre la boca y te castigue por haber escuchado: iras con el
señor Frodo.
¿Yo señor?—grito Sam, saltando de alegría, como un perro al
que invitaran a un paseo-- ¿Yo veré a los Elfos y todo? ¡Hurra!—grito, y de
pronto se echo a llorar.
La Comunidad del Anillo. La Sombra del Pasado (final)
Sam bajo junto a la posada del Dragón Verde, se acerco al
alfeizar de la ventana y golpeo con los nudillos. Rosita apareció rápidamente y
le miro con sus preciosos ojos y la cara roja.
Pero bueno te crees que son horas de venir a una casa
decente, señor Samsagaz tenía mejor opinión de usted.
Lo siento Rosita, pero parto esta misma noche con el señor
Frodo para un viaje muy largo y no se cuando volveré, quería despedirme
De viaje? Donde vais? A Bree?
No lo se, es secreto, mas allá de Bree, ¡quizá hasta vea
Elfos!
Ya, elfas o golfas, querrás decir. Pasa adentro, la puerta
esta abierta.
Sam atravesó el umbral y unas manos se cernieron sobre su
paquete, noto los carnosos labios de Rosita junto a su oido
Si te vas para un largo viaje te voy a dejar un recuerdo que
no puedan superar esas guarras de elfas.
Hábilmente extrajo la polla de Sam del pantalón y se agacho
para introducirla en su boca.
Succionando con ímpetu, se introdujo todo el miembro en la
boca, todavía era pequeño y blandito pero crecía dentro de su boca a toda
velocidad.
Sam disfrutaba del espectáculo a poyado contra la pared, sus
manos aferraban los rubios bucles de Rosita, mientras ella sacaba y enterraba la
verga en su cara de luna. Sam también podía apreciar su orondo culito moviéndose
al compás, y los preciosos pies de Rosita, grandes como los de todos los
hobbits, pero tan elegantes que a veces deseaba lamerlos y chuparlos, cubiertos
como estaban de espesos ricitos rubios.
Ah, mi bollito de mantequilla, continua, si
Sus fuertes piernas que no vacilaban en trepar al árbol más
alto empezaban a desfallecer, noto que su fuerza vital salía expulsada hacia el
interior de la garganta de Rosita que la deglutió con glotonería, repasándose
los labios con la lengua como si se tratara de crema pastelera.
Las piernas de Sam se desplomaron como las legendarias
columnas de Numenor.
Hundido en el suelo con la espalda apoyada en la pared,
estiro la mano hasta la cara de Rosita , roja y acalorada del esfuerzo, que
permanecía arrodillada a su lado.
La atrajo hacia si y comenzó a besar los labios, recogiendo
los diminutos restos de esa crema que le había lanzado a la cara. Pocos habían
escapado a la voracidad de Rosita, pero Sam los encontró, los recogió y los
traslado en su lengua hasta la boca de la muchacha. Los dos labios se juntaron,
batallaron un rato en una serie de amorosos lances de lengua.
La verga de Sam volvía a alzarse cual estandarte lentamente,
recuperándose rápido de la anterior batalla.
Las manos de Rosita se fueron prestas a agarrar la bandera,
sus rollizos dedos acostumbrados a amasar harina trabajaban rápido y con ritmo,
pronto el arma estuvo firme para presentar batalla. Recogiendo sus faldas se
monto a horcajadas de Sam, introdujo la cabeza del glande en su húmeda cavidad y
comenzó un movimiento ascendente mientras extraía sus generosos pechos del
corpiño y los ofrecía a los besos de Sam
Se lanzo voraz sobre los blancos pasteles de merengue
coronado con rojas cerecitas, las mordisqueo suavemente, paso a dar lametones y
mordiscos a la blanca carne de sus pechos. Rosita incrementaba el movimiento y
haciendo presión en la base de su vagina atrapo con firmeza el miembro de Sam.
Mi tartita de manzana, me abraso en el horno de tus muslos-
Gimió Sam – ahhhh….!!!!
Rosita se separo hábilmente de él. Agarro la base de su bolsa
escrotal manteniéndole la erección al presionar el conducto, le obligo a
levantarse y le dirigió hacia la mesa de la cocina. Allí se reclino sobre la
mesa, alargo la mano libre hasta un bote donde hundió sus dedos en la
mantequilla. Lentamente extendió la manteca junto al pequeño orificio de su ano,
introdujo uno, dos , tres dedos!!! Y empezó a dilatar la abertura. A la vez
mantenía bien sujeto el estandarte, que ahora lucía rojo, brioso. Dirigió la
punta del pendón hacia su mas estrecho agujero y ella misma empujo hacia atrás
introduciendo el miembro en sus entrañas. Un gemido de dolor escapo de los
labios de Rosita, pero Sam no lo escucho. Estaba loco de placer, la presión de
la estrecha angostura, apenas dulcificada por la lubricación de la mantequilla,
transmitía sensaciones inenarrables a su cabeza.
Su padre siempre le dijo que las cosas que iban a la boca no
debían entrar en cualquier sitio, y claro le gustaba la boca de Rosita, esos
labios de fresa, pero esto era diez veces mejor.
Como una fiera Sam se lanzó a introducir y sacar su miembro
del pequeño agujero. Como un minero Enano continuo su gloriosa exploración de
esta mina de placer y estallo con los diamantes de la concupiscencia. Firmemente
asido a sus pechos, cabalgando sus nalgas subido de pie en la mesa, le clavaba
su enhiesto nardo taladrándola contra la mesa. Finalmente en un espasmo que fue
efímero y eterno a la vez libero su pesada carga en la estrecha hendidura.
Vacío y descansado se desplomo sobre el cuerpo de Rosita.
Ella se palpo su dolorido culito y murmuro para sí:
A ve si superan esto, hum
……………………………
Mientras se alejaban de Hobbiton Sam miraba hacia atrás, pero
sabía que su recuerdo siempre le acompañaría y le confortaría en los momento
difíciles, que como vera el avisado lector, fueron muchos y terribles.