LA VECINA DEL 19 "H" (Parte 6).
Luego de la confesión de Mirta mostrándome el lado oculto de
mi esposa, seguimos por un tiempo conviviendo como siempre. Yo disfrutando del
cambio experimentado por Silvia y por supuesto de mi amante que cada día era más
exigente hasta que decidimos no esperar más y ante mi insistencia proponerle a
Silvia un trío para gozar en plenitud de esa fantasía que siempre tuve. Ver a mi
mujer, tan formal y prejuiciosa liberar sus instintos sexuales y compartir la
cama con mi amante, se había transformado en una obsesión.
Para evitar una negativa, pergeñamos un plan. El sábado
"saldría" con mis amigos según le dije a Silvia, cosa que no era cierta, y me
quedaría en el bar de la esquina esperando el llamado de Mirta por el celular.
Mientras tanto ella la haría vestir con la lencería erótica que usaban para sus
juegos sexuales y cuando estuviese lista me llamaría y colgaría, siendo esa la
señal para subir y sorprenderlas en plena "función". Silvia no se podría negar a
compartirla ante las evidencias.
Estaba nervioso y ansioso esperando el sábado. No sabía como
podría reaccionar mi esposa cuando nos encontrásemos. Al despedirme para
"encontrarme" con mis amigos no la noté alterada, más bien me pareció contenta y
su beso me demostró que no sospechaba nada. La muy zorra tendría la tarde soñada
por mi y mi amante y si todo se daba como habíamos urdido, también ella gozaría
y participaría deseosa de un trío fenomenal.
Habría pasado una hora, cuando sonó el teléfono. Mi pulso se
aceleró y luego de pagar el café me dirigí resueltamente al departamento de
Mirta. Tenía un juego de llaves y entre tratando de no hacer ruido. Una música
romántica ambientaba la casa. Me dirigí al dormitorio y allí las encontré. Mi
esposa con un pañuelo que cubría sus ojos respondiendo con caricias y besos a
Mirta . Yo me oculté a instancias de
Mirta, hasta que me desnudé. Entonces destapó sus ojos. La
sorpresa de Silvia fue mayúscula, pero la soltura con que se comportó Mirta
simplificó todo. De la mano acercó a mi esposa, y sin mediar palabra, nos dimos
un beso. Nuestras lenguas se unieron. Sentí su cuerpo desnudo pegado al mío.
Luego los tres nos unimos en un abrazo lujurioso. Mis manos iban acariciando sus
zonas erógenas. Cada caricia despertaba gemidos y jadeos de placer. Besaba sus
senos y disfrutaba de verlas besándose apasionadamente. Luego sobre el diván nos
liberamos totalmente.
Mirta me masturbó y la invitó a mi esposa a imitarla. Entre
las dos me chuparon la verga alternándose hasta que derramé el semen al
eyacular. Se peleaban por limpiarme sorbiendo hasta la última gota. Mi calentura
era mayúscula y mi verga permanecía rígida. Colocado sobre el diván a espaldas
de Silvia, Mirta tomó mi pija con sus manos y la dirigió a la concha de mi
esposa. Luego de poseerla y despertar una serie de gemidos de placer, le ordenó
a Silvia colocarse de espaldas, abrir sus piernas, y ofrecerle su concha.
Comenzó a besar su clítoris y sorber los jugos pringosos que fluían de sus
entrañas. De mientras me pidió que le hiciera el culo. Al ver a Mirta abierta de
piernas, arrodillada, mostrándome el hermoso trasero no lo dudé. Separé las
nalgas y luego de atravesar el esfínter, comencé con un movimiento de vaivén.
Las palabras obscenas se sucedían, y no hacían más que excitarme. "Turro, desde
cuando me engañas",.me recriminaba Silvia "Zorra divina, no me imaginaba que
gozarías con nuestra vecina", atiné a decirle "Vamos no se peleen que gozamos
los tres", nos azuzaba Mirta.
Ver a Silvia abriendo sus nalgas con las manos y recibiendo
la caricia de Mirta que con su lengua lubricaba el orificio anal y luego al
penetrarla con un consolador enorme me pusieron a mil. No pude más y le
introduje mi pija hasta el fondo del recto y comencé a bombear. Mirta acariciaba
mis testículos y frotaba el clítoris de Silvia que se deshacía entre quejas de
dolor y placer. Era una orgía maravillosa.
Estuvimos varias horas intercambiando los roles. Una vez era
Silvia la que recibía el placer penetrada por mi miembro y la prótesis que
utilizaba Mirta. Otra vez le tocaba a Mirta ser la receptora del placer que le
prodigábamos con mi esposa, y por último fui yo la que gocé de una mamada
fenomenal. Me besaban el miembro y el culo llevándome al éxtasis. La lengua me
lubricó el ano y mientras Mirta besaba mi boca, y me inmovilizaba abrazándome,
Silvia me penetró la prótesis en el recto. Lancé un grito de dolor. Las dos
mujeres al unísono riéndose me dijeron "Ahora te das cuenta lo que duele, pero
ya vas a gozar" "Relájate". Luego de varios segundos me aflojé y mientras Silvia
me cogía, Mirta me chupaba la pija hasta eyacular dentro de su boca.
Terminamos juntos en la cama y nos prometimos gozar de la
sexualidad cada vez que nos encontrásemos sin tabúes ni restricciones.
Munjol. ra vesz