Sentí amor posesivo por mi primo y recibí de él una simbólica
lección
Como les he venido contando todo este tiempo, me pasaron
muchas cosas en ese primer fin de semana en que me convertí en amante de mi
primo. . Pero, en especial, por lo original en mí, en esos momentos, fue lo
sucedido el domingo; día en que fui a la playa: tomando sol en exceso,
cogiéndonos intensamente, con mi primo, entre los arboles, verme y sentirme
totalmente desnuda y expuesta a plena luz del día, luego bicicleteado hasta mi
casa para no llegar más tarde aun, y una vez allí, en el baño, calentando tanto
a mi marido, que el pobre, sin saberlo, me chupó con fruición las tetas con las
que solo un rato antes había masturbado a mi primo hasta que este derramara toda
su leche en ellas, seguidamente, también, en el baño, había empujado,
sutilmente, hacia abajo su cabeza para que le diera unos lenguetazos, que por
otro lado, me gustaron y me calentaron bastante, a mi cogida y sucia vagina;
además, inmediatamente después, en la ducha, mientras que, sin que pudiera
verme, oculta por cortina plástica y el ruido del agua, conversaba con él
explicándome la posibilidad de que mi primo nos ayudara con los arreglos de la
casa, yo me había masturbado, como hacía muchisimo tiempo no lo hacía, aunque
solo a modo de preparación
Para completar, después de estimularme contantemente, durante
la cena con mi obsesivo tema de conversación y, con él, induciendo,
solapadamente, a mi marido, hasta el punto de que creyera y se congratulara a sí
mismo por habérsele ocurrido la interesante idea de que mi primo era la única
persona que podría ayudarlo con los arreglos de la casa, por diversas razones,
incluso la económica.
Estaba tan emocionada, que, de forma instintiva, llegué a
llevarme una mano, debajo de la mesa, hasta mi entre pierna y poco más me meto
el dedo mayor en mi vagina incluyendo la tela de algodón de mis amplias bragas
de embarazada.
Así, caliente, muy de verdad, por haber conseguido lo que me
había propuesto y continuando mi estrategia de premio y castigo consentí
que mi marido, esa noche, me chupara bien la concha hasta escurrir, deliciosa y
parsimoniosamente, todos mis fluidos en su boca, incluidos los acumulados desde
la mitad de la tarde en los manoseos con mi primo, para después, dejarme
penetrar un poco y que él, en plena calentura, experimentara lo dilatada y
encharcada que podía llegar a estar mi vagina.
Estoy segura que se sorprendió mucho por la facilidad con que
su cabezón y corto pene se perdió fácilmente en mi interior; pero como siempre,
igual se acabó muy rápido y, supongo, como en ese día ya había sufrido varias
sorpresas que, por lo menos esa noche, no se animo a ser comentario alguno; pero
esa vez, gracias a lo excitada que me había dejado mi primo y las largas
chupadas de mi marido había tenido el tiempo suficiente para alcanzar mi placer.
Ese domingo fue el primer día en que en una misma jornada
había sido: manoseada, chupada, penetrada e inundada por dos hombres, , mi primo
y mi marido, aunque no al mismo tiempo. Pero lo más importante era que, a partir
de esos momentos, tenía a alguien para compartir mis experiencias y con ellas
excitarlo
Esa noche, aunque un poco cansada y dolorida, me dormí
satisfecha como hacía meses que no lo hacía. Al otro día ni sentí cuando, mi
marido, se fue a trabajar; me quedé durmiendo hasta bien tarde, al despertar
sentí que estaba molida, por todo lo vivido, incluso con un poco de fiebre,
sobre todo por el exceso de sol; no me sentía nada bien, seguramente demasiado
trajín estando embarazada. Además, como sabía que mi primo estaba en la ciudad
haciendo sus trámites y sin nada que me motivara, prácticamente, no me levanté
en todo el día. Cuando mi marido volvió yo no tenía ánimo de nada y menos de
aguantarlo.
El día siguiente, aun sintiéndome sin fuerzas, fui a la casa
de mis padres y, de paso, por lo de mi primo; mi tía, a la que nunca le he caído
muy simpática, me informó que no había dormido ahí y que suponía que aun no
había vuelto de la ciudad. Fue como un baldazo de agua fría y sentí ganas de
llorar.
Entre el cansancio, la soledad y que físicamente no me sentía
bien comencé a sentir un vacío y una desazón inquietante. El solo pensar que lo
vivido, hubiera sido solo una especie de espejismo, en el sentido de que por
alguna razón, no muy improbable, mi primo volviera a desaparecer de mi vida,
justo en esos momentos, y que cualquier cosa como: un buen trabajo, un nuevo
viaje, una novia, otra amante etc. etc. podía apartarlo de mi, me producía
nauseas. Traté de consolarme, diciéndome que nadie podía quitarme lo bailado,
pero justamente el solo imaginar, por un instante, volver a la rutina, a las
insípidas perspectivas de futuro y, sobretodo, a mi estado de ánimo anterior al
de ese fin de semana, sin querer ser melodramática, sinceramente, se los digo,
me apavoraron.
Al día siguiente tampoco apareció. Hasta comencé a
preocuparme por los resultados de sus análisis; entré en una paranoia total al
punto de sentir un poco de culpabilidad por todo lo que había hecho en esos
días. Solo quería que el tiempo pasara lo más rápido posible para que el nuevo
encuentro con mi primo desactivara tan negativos pensamientos. Me había dado
tanta manija que me dolía, incluso comencé, no sin razón, a imaginar que el hijo
de puta de mi primo se había quedado garchando con alguna en la ciudad. El bajón
era tan grande que, al quedarme sola después de almorzar con mis padres, y dejar
sumamente preocupada a mi madre, me largué a llorar.
En ese estado estaba cuando siento una voz femenina que me
llama por mi nombre; era Lorenita, la mulatita de la playa de la cual ya les
conté varias cosas. Sinceramente me pareció cosa del demonio, ya que el puto de
mi primo no me había ocultado se hacía la cabeza con ella. Pero como necesitaba
estar con alguien para de alguna manera desahogarme aunque sea un poco y como
tenía bastante confianza con ella no me molestó su aparición. No era la primera
vez que me encontraba llorando, la anterior, vaya casualidad, había sido cuando,
meses antes, acompañando a su madre, había llegado en los precisos momentos en
que yo le había comunicado a la mía de que estaba, indudablemente, embarazada.
Nuestras madres suelen, desde hace años, hacer algunos trabajos de limpieza
juntas o se complementaban en otros, de ahí el origen de nuestra relación ya que
ella es mucho menor, aunque está creciendo muy rápido.
Venía a devolverme la revista que yo, como ya les conté,
había dejado olvidada en la playa, aquella que en la tapa tenía a las tres
lolitas de espalda en micro biquinis y que con mi primo habíamos usado para
disimular que me estaba metiendo mano.
Permaneció un buen rato conmigo, comentando para
entretenerme, entre otras cosas:, algunos sabrosos chismes del balneario,
también que, a pesar de todas las "ratas", faltas injustificadas y cagadas de
adolescentes pesados típicas de escuela publica media sub urbana, solo se había
llevado a recuperación o examen una materia y, que en esos precisos momentos, de
dirigía a inscribirse en un curso gratuito de verano de informática. Estaba tan
amorosa conmigo, quizás enternecida por verme en ese estado, que insistió, con
algunos argumentos sorprendentes, para su edad, de que también yo debía
inscribirme para no perder todo un año de estudio, etc.etc. Incluso se ofreció
para reservar mi lugar ya que el horario era super conveniente e incluso
podríamos ser compañeras y volver juntas cuando yo viniera almorzar a casa de
mis padres. Luego de que le conté alguna de mis dificultades, ella me contó
algunas cosas "terribles" de su numerosa y heterogénea familia, lo hizo, un
poco, en actitud de mal de muchos consuelo de tontos o en todas las
familias se cocinan cosas.
Algunos se preguntaran a que viene todo esto y que tiene de
erótico esta parte del cuento, bueno, por ahora, solo les diré que: por un lado,
gracias a esa conversación y a la propuesta de la pendeja fue que comenzó,
además de esta serie de confesiones, mi interesante relación con algunas y
algunos de ustedes, que muchas veces, si, tiene bastante de erótico; y por otro
lado no bien la negrita salió, apareció el hijo de puta de mi primo.
Entró, directo a mi cuarto de toda la vida donde había
permanecido tirada en una de las camas, ya que ni siquiera había acompañado a la
mulatita hasta la puerta y porque a esa hora, aquí nadie aun acostumbra
mantenerlas cerradas, en particular la del fondo. Mi primo parecía más contento
que nunca, y no precisaba decirme que se había cruzado con ella, pero igual lo
hizo de forma cómplice y picaresca.
Si bien, por supuesto, me alegré que por fin apareciera, no
pude esconder el estado en que, hasta ese momento, me había dejado llevar y
traté de reprocharle, explotando irracionalmente, en una ataque de celos, el
hecho de que se hubiera quedado en la ciudad, desapareciendo por dos días y vaya
uno a saber durmiendo con quien etc.etc. Él, sentado en la cama, me miraba
asombrado, pero socarronamente; dejó que me desahogara, lo que incluía algunas
lágrimas.
Cuando, según me parece, confirmó, a su entender, que lo mío
era solo un mal viaje mental, pidiendo que me calmara, y dándome muchos besos en
la cara y en la boca, para luego tomándome del mentón y mirándome a los ojos,
decirme, autoritariamente, que lo único que me salvaba era que estaba embarazada
sino lo que me merecía era una buena nalgada.
Yo insistía en preguntarle, llamándole, repetidamente, "hijo
de puta" donde y con quien había dormido. Realmente estaba densa y cuanto
más pasa el tiempo más lo reconozco.
Así que optó por besuquearme las orejas, y decirme groserías
en los oídos mientras me metía mano por debajo del vestidito "bobo" que llevaba
puesto. Por un lado yo trataba de resistirme, pero sin mucha fuerza; porque, en
realidad, físicamente era todo lo contrario, ya que es tanta la simbiosis entre
nuestros cuerpos y tanto lo que lo había extrañado que lo que menos quería era
separarme.
Tuve que bancarme muchas guarradas en mi oído como que: sí se
había cogido una puta, que como era amiga, por supuesto, no le había cobrado
nada, que le había dado hasta por el culo pero lo que le había más calentado era
que nunca había dejado de pensar en el mío e imaginado que yo estaba allí con él
mirando, mostrando y participando. Yo, forcejeando, solo repetía:
"- Hijo de puta, puto, hijo de puta. –"
Esta furiosa porque, además, era muy fuerte que me lo
estuviera diciendo en la cara, aunque lo que escuchaba era muy probable no me
cerraba totalmente.
Inmovilizándome, sin dejar de tocarme, me fue corriendo,
hacia un lado, mi bombacha, me introdujo en mi vagina la punta de un par de
dedos, mientras pasaba, seguro, que para provocarme, a decirme que yo era más
puta que la puta que se había cogido y a preguntarme sobre si se la había
chupado bien a mi marido y muchas cosas por el estilo, pero cuando me dijo.
"- Estoy seguro que le diste la concha para que te la
chupara. –"
Esto que sí, era seguro, que había sido verdad, más la furia
que tenía, ya que, por momentos, aún lloraba de rabia, y que sus manoseos ya me
habían calentando bastante me surgió decirle agresivamente:
" – Si, basura, Si. Me la re chupó; y tiene una lengua bien
larga. – "
Para mi sorpresa el se separó de mí, sonriéndose de tan buena
gana que me hizo sentir un poco de vergüenza. Pero, cariñosa y amablemente, me
dijo que no me comprendía, no entendía que fuera tan "rompe bolas", más cuando
estaba todo bien y eso ya lo habíamos hablado varas veces, que no era verdad lo
de la puta, por lo menos en lo referente a haberse acostado con ella, que me lo
había dicho para darme una suave lección en vez de entrar en una pelea más
seria, que si tenía que preocuparme de algo, por ejemplo, era del resultado de
sus análisis, que no podía ser así tan policía con él porque por ese camino, no
solo que le quitaba su buena onda sino que, probablemente, lo arrastraría a
sentir cosas, similares, como celos y envidias, que serían nefastas no solo para
nuestra relación. Pero, aparte de todo eso, lo peor sería que se perdería con
esta onda, poco apoco, toda la complicidad erótica y terminaríamos buscándola en
otra persona. Esto último me sonó a una amenaza velada. Me pareció atinada toda
su argumentación pero aun así necesitaba justificarme con algo.
" - Pero estoy embarazada y por eso super sensible.-"
Me volvió a sorprender con la dureza de su contestación.
" – Ese es tu tema; yo no puedo sentir por ti. La mitad de la
población mundial estuvo, está o estará embarazada y la mayoría en condiciones
inimaginables para nosotros. Tendrías que estar agradecida de estar bien de
salud y de tener varias persona , apoyándote a tu alrededor. – "
Por último insistí con un inesperado, incluso para mí:
" – Pero yo te quiero. –"
"– Yo también te quiero, y mucho, eso no está en discusión.
Eres mi prima, estás embarazada, y eso me enternece. Ni se me ocurriría, y menos
en estos momentos, hacerte sufrir. –"
" – No me refería a ese" te quiero".-"
" – Yo tampoco. Mis comienzos fueron contigo. Desde siempre
me haz gustado, re calentado y han sido innumerables las pajas que me he hecho
pensando y fantaseando contigo y es por eso que te quiero. – "
Con esto, disipó todos mis tristes pensamientos, la parte
afectiva de mí quedó satisfecha. Así, conforme y recompuesto mi orgullo, aunque
reconocía par mi misma que había exagerado, un poco, con la histeria , me colgué
a su cuello para juntar mi boca con la suya; él respondió con voracidad.
Poco a poco fue subiendo mi vestido descubriendo mis nalgas.
Sus manos se deleitaban con mis redondeces traseras mientras deslizaban mi
calzón hacia dentro de mi raya para que mis dos hemisferios quedasen aun más
separados. Yo comencé a meterle mano a su paquete que ya se encontraba duro.
Sentado en a la cama, sin dejar de besarnos, fue
manipulándome, de forma que mi cola le quedase más visible y cómoda para
admirarla y manosearla. Si no fuera por mi barriga, de seguro, que me hubiese
puesto, directamente, en sus rodillas culo para arriba.
Zafando de mi boca, y diciendo cosas sobre mi trasero que
alimentaban mi vanidad y calentura, me fue empujando a que me inclinase más un
poco, realzando aun más el culo. En esa posición, sin parar de admirarlo, y
decírmelo, cuidadosamente fue bajando toda mi bombacha, hasta dejármela un poco
por debajo de la mitad de mi cola.
La sorpresa vino cuando sentí el dolor y el ardor de un golpe
en ambas nalgas,, no fue fuertísimo pero dolió; el hijo de puta me dio, no uno
sino dos revistazos ya que con habilidad, sin que yo me hubiese dado cuenta,
había doblado la dichosa revista y con ella me había dado el par de nalgadas. Me
tenía inmovilizada, aunque yo estaba prendida con fuerza, a través del pantalón,
de su bulto estrujándolo, a la vez que me repetía que lo que me merecía por
celosa: era una paliza con los culitos más lindos de las revistas y la
televisión, y que solo me salvaba el embarazo que no me diera una paliza de
verdad. Me refregaba la revista en las nalgas, con una página parecía que me
estaba limpiando el culo.
Era increíble, pero me calentó mucho, no tanto por el hecho
de tener las imágenes de aquellas chicas prácticamente desnudas entre mis
nalgas, sino lo perverso que él era capaz de ser, su comportamiento por momentos
se me hacía un poco esquizofrénico porque en su vida social y en su conversación
predominaba, por decirlo así, lo light y hasta lo místico pero a
la hora de calentarse y erotizarse, mejor dicho, de erotizarme, era insaciable,
un degenerado hijo de puta que no se cansaba de idear picardías como si fuera un
niño terrible. Nunca había ni he conocido alguien tan heavy conmigo;
pero, a la vez era evidente que nos parecíamos mucho en tanto a
comportamientos aparentemente contradictorios porque, por ejemplo, le acababa de
hacerle una escena de celos, cuando yo misma reconocía, y lo compartía con él
obligándole a ser mi cómplice, que me hacía la cabeza y me llenaba de morbo
haciéndole maldades a mi marido, y dispuesta aun a hacerle más, para calentarme.
Así que, como ya estaba consumado, el refregarme la
fotografía de aquellos culitos en el mío, me entregué a su morbo. Con aquella
dureza en mi mano, solo quería liberarla de la ropa. Cuando lo conseguí ya todo
mi quilombo mental quedó atrás, todo caía en su justo lugar, o por lo menos
volvía sentir la misma energía erótica que había experimentado el anterior fin
de semana.
Él percibió, que todas mis historias ya habían sido, y que
era el momento de apurar la calentura porque no podíamos olvidar que estabamos
en casa de mis padres, y con el tema de la discusión no habíamos tomado ningunas
providencia, hablando a los gritos y hasta yo llorando; pudo llegar a ser
terrible cagada, al santo pedo, si hubiese llegado alguien.
Yo jugaba con su larga pija mientras él me manoseaba el culo
y metía dos dedos en la concha desde atrás, pero sin alejar la revista de mi
trasero.
Por fin nos miramos a los ojos con pasión y total
desinhibición: Ayudándome a incorporarme, un poco, nos comimos a besos. Sin
dejar de masturbarlo, nuestras sienes se juntaban pretendiendo comunicarnos lo
que no hacíamos con las palabras. Yo estaba encantada de que todo estuviera bien
y tan caliente que quería satisfacerlo al máximo.
Aún sentía la revista en mi cola porque había terminado por,
prácticamente, quedar sentada encima de ella y de su mano. Poco a poco, fui
sintiendo un irresistible cosquilleo; entonces, quise volverlo loco; me fui
virando para ofrecerle el mejor ángulo de mi cola, llegando a ponerme en cuatro
patas, con el vestido enrollado en mi espalda y mis bragas, super estiradas a la
altura de mis muslos, para, en esa posición, preguntarle gangosamente:
"- ¿Otra vez? Yo quiero, pero no muy fuerte, por favor ? -"
No precisábamos ninguna otra explicación o aclaración, ambos
sabíamos a lo que me estaba refiriendo. El verme y escucharme, así de sumisa, lo
puso, realmente, loco. Ubicado detrás de mi, con la revista en la mano, admiraba
lo que mi ofertante y tentadora posición le permitía alcanzar. Yo esperaba, con
todos los sentidos puestos en mis nalgas; parecía amagar y no lo hacía; cuanto
más demoraba más aumentaba mi expectativa y el deseo de sentir fuerte. Giraba mi
cabeza para mirarlo y con los ojos decirle que si quería hacerlo, por lo favor,
lo hiciera ya. Por fin llegó el revistazo, sin duda fue más ruido que dolor pero
este bastó para que yo emitiera un gritito que, en realidad, parecía una
invitación a proseguir.
Sin que yo cambiara de posición como si esperara por más, él
se abalanzó desesperado y volvió a comerme a besos la boca a la vez que me decía
que no podía lo creer, que quería más pero no podíamos porque estaba preñada, me
juraba que luego de que naciera, me iba a dar tantas palmadas y hasta algún
chicotazo con una toalla mojada
Yo permanecí, como si fuera una perra, o mejor, como si fuera
una yegüita, en esa posición disfrutando de cómo él se volvía loco. Enrollo la
revista para que tomara forma cilíndrica, y con ella comenzó, desde atrás, a
pasármela por entre las piernas, hasta temí que intentara penetrarme con ella,
pero solo era imaginación de mi calenturienta mente Yo primero sentí el duro
cilindro entre mis nalgas, luego a lo largo de mis labios vaginales para acabar,
en un movimiento ascendente, aplastando mi clítoris. Me ayudo a incorporarme
para que con una de las manos lo masturbara y para yo pudiera apreciar como la
foto de la chica semi desnuda aparecía y desaparecía por debajo de mi sexo.
Disfrutaba que mi primo se divirtiera, eligiendo las páginas más significativas,
es decir, las que tenían, para él, los mejores culos y las más sensuales caras,
y pasándomelas, desde atrás por mi concha y mi culo sin preocuparme por todas
las manos que, probablemente, la revista había pasado. Hasta recordé, y sin
dudas él también, a la mulatita leyéndola en la playa.
En un momento, mientras con una mano me masturbaba e
introducía sus dedos en mi ya húmeda concha, me pidió que mirara lo que iba
hacer ya que en la otra mano había arrancado una hoja que tenía la foto, a toda
página, y de frente, de una de las rubiecitas, luciendo una de sus mini tangas,
con su boca abierta en señal de sensual asombro; así pude ver como me pasaba la
página por la raya del culo; era una locura bastante infantil pero muy
excitante; parecía como si me lo estuviera limpiando, podía sentir sus dedos a
través del papel que ya había adquirido cierta humedad de tanto refregármelo por
mi mojada vagina; por lo que pude ver, también apoyó su dedo mayor detrás de lo
que correspondía a la cara de la chica haciendo avanzar la imagen del
rostroentre mis nalgas.
Yo no quería perderme de verlo, estaba como poseído, porque
quizás fuera esta la representación de una de sus más intimas fantasías. Mismo
que la página ya estaba, un poco, arrugada, pude ver como, con mucha atención,
colocaba el dedo bien detrás de la imagen de la boca, entonces, a la vez, que
introducía y movía sus dedos, de la otra mano, con un poco más de vehemencia, en
mi vagina, la dirigió directamente a mi ojete como si las mina me lo estuviera
chupando; yo sentía la aspereza del papel empujado por el dedo queriendo entrar
en mi oyito.
Así, para su placer y comodidad, volví a ponerme en mi
antigua posición de estar en cuatro patas; me estuvo trabajando un
ratito, muy fuerte por delante y suavecito por detrás, hasta que terminó por
contagiarme, o, por lo menos, trasmitirme todo su morbo, y sin poder controlarme
comencé a corcovear emputecida. Él, atento a mi estado, haciéndome desear,
disminuyó el ritmo y se me aproximó para besarme la cara y el cuello que ya se
encontraban húmedos por la transpiración. Mientras me mordisqueaba la nuca y sin
dejar de masturbarme la concha con la otra mano, acarició una de las mías;
inmediatamente, no tuve dudas de lo que eso significaba: quería que también
fuese yo quien lo hiciera. A pesar de quedar apoyada solo en una mano pero muy
bien sostenida por la que él tenía dentro de mí, dejé que la guiara hacia atrás.
Vi como apoyaba la fotografía contra mi cola y aplastaba mi mano contra ella; lo
complací refregándomela entre las nalgas. Sin perderse detalles, tomó mi dedo
mayor y lo guió al encuentro de mi ano a través del papel; para culminar
presionándolo y forzando una pequeña penetración que el papel no resistió. Así
con mi vagina invadida por sus dedos y mi dedo, apareciendo a través de la
imagen y desfigurando totalmente el rostro de la fotografiada, enterrado, solo
la puntita, por lo incomodo de mi uña, en culo pude ver, prácticamente, delirar
de calentura a mi primo hasta el punto abandonar mi mano, confiando que no
retiraría mi dedo de mi ojete, para manotear su verga y sacudirla con ganas. Fue
un solo un corto instante, pero muy fuerte y, definitivamente, marcante,
sindudadas, para ambos
Después de esto nos chuponeamos hasta el cansancio, con mucha
pasión y, porque no, un poco de amor. Nuestras manos se encargaban de nuestros
sexos, el mío totalmente encharcado papitaba en sus dedos. En erótica alegría,
al mirarnos, sonreíamos entre espasmos. Yo realmente me sentía rebosante y por
lo que había sentido horas antes sabía que mucho era por su causa, al punto de
experimentar, por lo menos en esos precisos y hirvientes momentos, que era capaz
de hacer cualquier cosa que lo calentara. Por eso no me resistí cuando llevó,
hasta mi cara, la hoja, que había arrancado y usado para refregármela, pero ,
esta vez, dirigió hacia mi la imagen del reverso que era la misma chica, también
a toda página, pero de espalda; sul trasero con sus perfectas nalgas ocupaba el
primer plano, sobretodo para mí , ya que mi primo la ubicó a un palmo de mis
ojos. No había duda alguna de que era lo pretendía.
Los pocos centímetros que separaban la foto de mi boca fueron
disminuyendo poco a poco, mientras sentía las pulsaciones en mi mano, más bien,
corcoveadas, de su durísima y nerviosa verga. Estaba llegando a su momento y yo
tomaba más el control; cuando mis labios formando una O tomaron contacto
con el papel en lugar preciso de aquella redonda cola, justo donde la tanga se
perdía entre las nalgas, mi mano comenzó a pegotearse por las primeras gotas de
su esperma. Sin dejar masturbarnos uno al otro, pasé, bajo su mirada atenta pero
extraviada, dos veces la lengua, bien cargada de saliva, mojando el papel, a lo
largo de la raya de la imagen de aquel culo deteniéndome en la parte más de
abajo haciendo una rápida exhibición de movimientos viperinos.
Mi primo se descontroló completamente, me beso, chupo, comió
y mordisqueo mi boca, labios y lengua, sus dedos llegaron más profundo que nunca
dentro de mí, al punto de que emití un gemido de dolor, que lo calmó por un
momento. Al ver que yo estaba bien tomó nuevamente la página que había caída
justo entre mis piernas para refregarme bien, esta vez por delante, primero: la
imagen, que aún conservaba un poco de mi saliva, de aquel culito, por toda mi
concha pero en especial, haciéndolo bien visible para mi, por mi clítoris que ya
estaba por el roce del papel un poco irritado, luego viró la página, hacia donde
la lolita estaba de frente y usando el orificio, que ya yo había hecho en la
imagen del rostro, para pasar la punta de su dedo y mojarlo en mi propia vagina
comenzó a dedearme mi botoncito.
Era delicioso, pero, no conforme con eso, descendió su dedo
por la hoja hasta agujerear la entrepierna de la chica y donde debería verse el
triángulo delantero de la tanga, aparecía su dedo tal cual un enorme pene;
volvió a juguetear con mi clítoris más que nada para que yo pudiera apreciarlo y
luego directamente me lo enterró en mi conchita. Simulaba que la pendeja me
estaba cogiendo, comencé, junto con él, a tener contracciones y espasmos,
realmente, me fui inundando, a la vez que, mirando como apretaba los dientes,
con mi mano sacudía frenéticamente su pija, también, contra la hoja para que con
su semen, que salía copiosamente y a chijetazos no dejara parte del papel sin
empapar.
Antes de que la página se destruyera sola por la humedad de
nuestros fluidos, con la excusa de limpiarlo, le pasé por la verga toda la
imagen, tanto por delante y por detrás, de la modelito. Y, como ya sabía y sé ,
que es lo que más le calienta, terminé, como aun la tenía dura, rompiendo el
papel con su pija justo en el lugar del culo de la mina.
Él ese día me adoró; lo sé no solo porque me lo dijo sino
porque, habiendo pasado muchisimas cosas en estos ocho meses, que les he estado
contando aún estamos divirtiéndonos juntos.
La verdad que para ser todo muy simbólico, fue muy excitante, y a partir de
ahí fue también que muchos de mis celos comenzaron a desaparecer. Puede parecer
que estas cosas, que ya ha habido varias más, incluso super heavys, sean
algo bastante infantiles para una pareja de 20 y 24 años, pero creo,
sinceramente que, justamente, es eso lo que más nos une y lo que nos sería más
difícil de encontrar en otras personas. Para mí: espléndido y me da mucha
seguridad. Por otro lado yo ya había tenido una experiencia parecida, aunque
sola , con unas fotos de Brad Pitt y Leonardo de Caprio, claro que solo tenía
más o quince años