Infierno 5
Capitulo 5: El Llamado...
"Sabéis que os volveríais locos si vierais lo que yo vi."
Iron Maiden
Planeta Apókolips.
Tiempo desconocido.
El combate solo duro unos segundos. Apenas lo suficiente para
cada una de las seis guerreas asestara un golpe contra su solitaria enemiga.
Ninguna de ellas mostró la menos piedad, pues eso era algo que las furias habían
desechado hacia eones. Al final todas rieron y se alejaron indiferentes del
cadáver despedazado de su última víctima. Mientras, desde el otro extremo del
coliseo, dos figuras observaban lo ocurrido.
-Señor…-la mujer no pudo decir nada más pues un golpe
resplandeciente la golpeo de lleno. Arrojándola a más de diez metros de su cruel
amo.

-Me has decepcionado por última vez "abuela".-espetó el
gigante oscuro al tiempo que sus ojos hervían con un fuego mayor que aquel que
brotaba de los infernales pozos de Apókolips.
-¡Piedad Darkseid!-gimoteo la vieja entrenadora. Aún a
sabiendas de que sería inútil. Sin embargo, los días de "la abuelita buena" aún
no llegaban a su fin. Pues justo en ese momento algo llamo la atención del
implacable tirano de Apókolips.
Este levanto su rostro de roca y concentro todos sus nervios
y sentidos en aquel pequeño punto entre las estrellas, donde se encontraba el
mundo conocido como la Tierra. De inmediato pudo sentir una extraña vibración en
el espacio/tiempo, algo tan sutil como la caída de las hojas anunciando la
llegada del invierno.
-¿Darkseid?-murmuro la Abuela sin comprender que fuerza en el
cosmos había detenido la mano de su cruel amo. El cual apenas y dio muestras de
la turbación que aquel fenómeno había causado en él. En lugar de eso miro
despectivamente a la vieja diosa que aún permanecía de rodillas ante él.
-Tienes suerte Abuela. Un asunto urgente reclama mi
atención.-dijo fríamente al tiempo que iniciaba la marcha de vuelta a su
palacio.
Ciudad Gótica.
10:00 pm
Joe MacBrian se encontraba sentado en su caseta de
vigilancia, ubicada a un lado de la entrada principal de la gran casa que
custodiaba todas las noches. Aunque en ese momento su atención estaba fija en la
pequeña pantalla del televisor portátil que había conectado clandestinamente en
aquel lugar. Su cuerpo regordete se encontraba inclinado hacia el atrás en su
silla mientras degustaba el contenido de una bolsa de papas fritas. No deseaba
perderse ningún detalle del juego de béisbol entre los Yankees de N.Y. y los
Medias rojas. Nerviosamente escuchaba a la incesante perorata de los cronistas
que narraban el juego.
-"Es el fin de la novena entrada, hay dos hombres en base y
solo queda un turno al bat. El lanzador de los Yankees mira hacia segunda y se
prepara para lanzar, y...-justo en ese momento una luz cegadora inundo el
interior de la caseta.
-¡¿Qué demonios?!-fue todo lo que pudo decir antes de que
ante sus ojos apareciera un enorme y pesado camión, provisto de una especie de
ariete soldado en el frente, mismo que se estrello a no menos de 100 kilómetros
por hora contra la reja de la entrada. Esta emitió un lastimero gemido al ser
arrancada de sus goznes y quedar hecha fiambres bajo las ruedas del pesado
vehículo.
Sorprendido el guardia solo acertó a mirar mientras seis
furgonetas negras de gran tamaño entraban siguiendo al pesado camión. Joe tomo
el teléfono que estaba a un lado de la caseta y presiono el botón para llamar
directamente a la casa principal. El nunca vio la silueta que estaba de pie
fuera de caseta, apuntándole con un revólver provisto de silenciador.
En tanto el pesado vehículo avanzaba implacable por la vereda
que conducía desde la entrada a la puerta principal de la mansión, seguido de
las furgonetas negras. No obstante el rugido de los motores acercándose término
por alertar a varios guardias que custodiaban la casa desde una de las terrazas.
De inmediato todos los faroles del jardín se encendieron, bañando con su pálida
luz al camión que avanzaba como un tanque entre las jardineras que adornaban le
patio principal.
En ese momento varias figuras se asomaron desde las ventanas
del estudio, entre ellas estaba el dueño de la casa, quien apenas y daba crédito
a lo que sus ojos estaban viendo.
-¡¿Qué diablos esta pasando?!-fue todo lo que pudo decir
antes de que la primera ráfaga de sub ametralladora Uzi destrozara los cristales
de la ventana. Las astillas volaron por toda la habitación mientras las balas se
incrustaban en las paredes, algunas rebotaban de manera salvaje arrancando
grandes trozos de los recubrimientos de madera y despedazando los libros que
adornaban las paredes del recinto.
Afuera las furgonetas detuvieron su marcha para permitir a
los hombres armados que llevaban dentro apearse y abrir fuego contra la casa,
eliminado a muchos de los guardias en tan solo unos minutos. Los faroles del
jardín no tardaron en ser hechos pedazos por el fuego cruzado entre los
invasores y los pocos guardias que se habían parapetado en las puertas y
ventanas. Afuera la oscuridad era quebrantada por la enceguecedora luz que
producían las armas ofensivas.
Rupert Thorne y su secretaria Candy se habían arrojado al
suelo después del primer ataque y aún permanecían inmóviles en el piso del
estudio. Mientras las balas que penetraban desde el jardín destrozaban el resto
de las ventanas y hendían el aire sobre sus cabezas.
-¡¡¿Qué hacemos ahora jefe?!!-pregunto uno de los hombres de
Thorne tratando de levantar la voz por encima de aquel estruendo.
-¡¡Vamonos de aquí!!-ordeno el jefe mafioso arrastrándose
pesadamente por el suelo.-¡¡Tú, abre la puerta!!-gruño señalando a uno de sus
guardaespaldas. EL hampón dudo unos segundos, pero la fría mirada de su jefe le
obligo a obedecer. El hombre se incorporo una fracción de segundo para accionar
el picaporte de la puerta pero apenas había llevado a cabo su maniobra una nueva
lluvia de balas entro por la ventana y una de ellas le destrozo la rodilla.
-¡¡¡MADITOS HIJOS DE PERRA!!!-grito el hampón mientras caía
al suelo sujetándose la pierna herida. Furioso a causa del dolor el tipo saco su
pistola automática Skorpion é hizo varios disparos a través de las ventanas,
inundando más la habitación con el olor penetrante de la cordita. Indiferente a
la rabieta de su guardaespaldas Rupert Thorne se apresuro a salir de aquella
ratonera, seguido por Candy y varios de sus lugartenientes.
Una vez fuera del estudio el gangster se puso de pie y corrió
hacia el fondo del pasillo, rumbo al cuarto de juegos de la mansión. Al llegar
ordeno que sus hombres atrancaran la puerta mientras él se dirigía hasta un
pequeño armario empotrado en la pared. Sin perder tiempo el capo lo abrió,
dejando al descubierto un pequeño arsenal de rifles y pistolas automáticas de
diversos calibres junto con varias cajas de municiones.
-¡¡¡Candy reparte esto entre los muchachos!!!-ordeno mientras
abría una caja que contenía un pesado chaleco anti-balas, mismo que procedió a
ponerse a toda prisa. En tanto su secretaria procedía a repartir las armas y
municiones entre los ahí reunidos, guardado para si una pistola Beretta de 9mm.
Mientras tanto Thorne había abierto una caja de fina madera labrada donde
guardaba su arma favorita, un poderoso rifle de asalto AK49, rápidamente lo
cargo y así armado salio del armario para reunirse con sus hombres.
De inmediato todos fijaron la él, esperando escuchar un plan
que les sacara de allí en un pieza. Pero antes de que su jefe pudiera decir algo
una andanada de balas atravesó las gruesas hojas de madera que formaban la
puerta.
-¡Cúbranse!-ordeno al tiempo que cortaba el cartucho de su
arma. En ese momento una violenta explosión hizo saltar la puerta en mil
astillas. Sin esperar más los mafiosos abrieron fuego, disparando a tontas y a
locas contra la cortina de humo que ocultaba la entrada al salón de juegos.
Nadie tenía idea de cual podía ser el número de sus enemigos, aunque en ese
momento todos pensaban que eran centenares.
La habitación se vio cruzada por cientos de proyectiles que
iban de un lado a otro, sumiendo el lugar en un espantoso caos. Thorne no podía
ver claramente a sus enemigos debido al humo de la explosión, pero aún así le
pareció que se movían de forma extraña, como si estuvieran ebrios. Sin embargo
no pudo pensar mucho en eso pues varios de sus hombres cayeron acribillados
junto a él en tan solo unos segundos.

El crujir de los huesos quebrados por los impactos de bala
podía escucharse aún en medio de la metralla. Uno de los hombres de Thorne cayó
casi encima de él con el pecho destrozado, otro recibió un impacto en la cabeza
y salió volando hacia atrás hasta chocar con una de las paredes.
El aire estaba lleno de un profundo olor a cordita y carne
quemada, el suelo estaba lleno de casquillos de diversos calibres, los muros
tenían profundos agujeros; algunos con restos de viseras, sesos o de cualquier
cosa que alguien se pudiera imaginar. Fue en ese momento que los invasores
comenzaron a entrar en la habitación, disparando contra todo lo que se moviera.
Desesperado Rupert Thorne intento contener el avance pero su rifle escogió el
peor momento para quedarse sin balas.
-¡Candy!-grito llamando a su secretaria por puro instinto,
pero cuando busco a su ayudante entre las ruinas de aquel lugar, la descubrió
recargada contra una de las paredes, inmóvil y silenciosa como una muñeca rota.
El mafioso repto hasta ella para darle instrucciones. Pero las palabras murieron
en su boca al descubrir que la infeliz tenía la mayor parte de la cabeza abierta
a causa de un certero disparo. La idea de haberse quedado solo lleno de miedo el
alma del otrora poderoso jefe del bajo mundo. En ese momento sus ojos
descubrieron la Beretta que Candy sostenía aún en su mano muerta y sin pensarlo
intento tomarla para escapar de una ú otra forma. Pero antes de que pudiera
hacerlo una ráfaga de ametralladora lo obligo a apartarse del cadáver de su
secretaria.
-Ya es tarde para eso Rupert.-le dijo una voz chillona al
tiempo que una figura aparecía claramente entre el humo. El gangster levanto la
cabeza y descubrió frente a él la imponente figura de un hombre, con una
estatura de al menos 2 metros 10 centímetros, y con la corpulencia de un toro,
quien lo tenía encañonado con su ametralladora.
-¡¿Quién diablos es usted?!-pregunto Thorne tratando de no
demostrar el temor que le corría por todo el cuerpo. No obstante el gigante no
le respondió, sino que se hizo a un lado para que otra figura, mucho más pequeña
se plantara frente al caído jefe del crimen.
-¡Ventrílocuo!-grito el hampón al reconocer la desgarbada
figura de Arnold Wesker, quien sostenía en su mano izquierda al adefesio de
madera conocido como Scareface.
-Buenas noches señor Thorne.-dijo tímidamente el ventrílocuo,
evidentemente nervioso por la masacre que les rodeaba.
-¡¡Cállate "muñeco"!!-ordeno tajantemente el hombrecillo de
madera, haciendo girar su cabeza como un búho para mirar de frente a su
"manejador".-¡¡Aquí soy yo quien manda!!-
-¡Estas loco!- grito Rupert al tiempo que intentaba
incorporase, pero antes de que pudiera hacerlo Scareface volvió la cabeza y, si
tal cosa fuera posible, salto hacia el para golpearlo con la culata de su
ametralladora en miniatura, con tal fuerza que el hombre volvió a caer, ahora
con el labio roto.
-¡¡¡No he dicho que te levantes Rupert!!!-rugió el monigote
inclinándose amenazadoramente sobre el capo de Ciudad Gótica.-Mírate nada más.
La buena vida te ha ablandado. Por eso ya es hora de que alguien más se ocupe
del negocio.-
-¡¡ESTAS LOCO!!... ¡¡Nadie seguirá a un loco que habla a
través de un monigote!!-
-¡Qué grosero!.-dijo de pronto una cantarina voz de mujer.
Sorprendido Rupert Thorne vio como los extraños pistoleros al servicio de
Scareface se hacían a un lado para permitir el paso de una chica, esbelta y bien
formada, vestida con una gabardina de color amarillo, que parecía ser la única
prenda que cubría su cuerpo, y una pañoleta azul amarrada en torno a su cabeza.
Su rostro tenía un aspecto inocente adornado por unos ojos miel rojiza, detrás
de unos lentes de grandes aros. En su mano derecha llevaba una botella de
champaña y unas finas copas de cristal, sin duda tomadas del bar del propio
Thorne.
-¿Quién es usted?-pregunto el gangster con la poca voz que le
quedaba.

-Soy la novia del señor Scareface, mi nombre es Mimete
(*).-dijo la chica con una picara sonrisa iluminándole la cara al tiempo que
acercaba mimosamente hasta el gángster de madera.-Amor. Prometiste llevarme a
cenar esta noche, ¿lo recuerdas?-
-El señor Thorne y yo tenemos que terminar con este
asunto.-espeto Scareface volviendo su rostro de madera hacia Mimete.-Así que se
una guena chica y esperamé afuera. No tardare mucho.-
-Como digas amor…-dijo la chica lanzándole un beso a su
"novio" para luego salir de la habitación. Scareface siguió a la chica con sus
ojos de canica, fijándose muy bien en le delicado contoneo de su andar. Luego se
volvió hacia el caído jefe del bajo mundo.
-Ahora, ¿donde estáguamos? Así… "muñeco" ya sabes que hacer.-
-Si señor Scareface.-dijo Arnold al tiempo que retiraba la
pequeña, pero mortífera ametralladora de las manos de madera de su "jefe", para
sustituirla con una afilada navaja de barbero.
-No… Espera… ¿No podemos hacer un trato?-grito Thorne al
tiempo que se arrastraba hasta topar con pared.
-Lo siento Rupert.-dijo Scareface mientras él y el gigante se
acercaban más y más hacia su víctima.-El ganador lo toma todo, y yo soy el
ganador.-
En algún lugar del espacio.
Tiempo desconocido.
-¿Qué esta pasando?- se pregunto la poderosa entidad conocida
como Sailor Cosmos mientras abrazaba el infinito para buscar una respuesta a la
extraña inquietud que la había asaltado. En un segundo ella fue un niño travieso
viviendo en algún planeta lejano, un asteroide flotando incólume en el espacio,
un furioso depredador alimentándose de su última presa en un mundo primitivo. Un
pensamiento en la mente de un escritor, el último recuerdo de una mujer
moribunda y el sueño de una niña inocente.
Solo le tomo microsegundos trascender más allá de todo eso y
vislumbrar los patrones que constituían la realidad, el tiempo y el espacio.
Esos tejidos eran el orden que mantenía a raya al caos y al vació, como siempre
había sido. Pero esta vez, al verlos más de cerca Sailor Cosmos se dio cuenta de
que algo horrible estaba ocurriendo. Secciones enteras del tejido estaban
retorcidas y envenenadas, transformando su perfecta simetría en algo
aberrantemente antinatural. De inmediato la majestuosa entidad reconoció el
cáncer que lo carcomía todo, la llegada del Apocalipsis. El principio del fin de
todo.
-Esto no debe ser.-proclamo al tiempo que emprendía el viaje
hacia el centro mismo de aquella polución. Dejando tras de si a otra entidad, no
menos majestuosa, pero terriblemente oscura.
-Corre hermana… corre hacia tu muerte.-
Edificio de la INTERPOL
Hong Kong. China.
12:46pm.
-¿Por qué tardaron tanto?-pregunto el hombre levantándose de
su asiento apenas la comitiva entro en el cuarto de interrogatorios. Al frente
se encontraba una mujer algo gruesa y de cabello entrecano. Su nombre era Ada
Wong y desempeñaba el cargo de alta comisionada de la policía internacional en
China, a su lado estaban tres agentes de seguridad que permanecieron a la
expectativa detrás de su comandante.
-Calmese señor Phillip.-le dijo la mujer mientras tomaba
asiento al otro lado de la pequeña mesa, que junto con dos sillas era todo el
mobiliario de aquel lugar.
-¡¿Qué me calme?!... ¿Cómo puede decir eso? ¿Acaso no le
informaron porque estoy aquí?!-
-Estoy enterada.-le respondió la comandante con el ceño
fruncido.- Es por eso que necesito hablar con usted.-
-¡Pero si ya les dije todo!... ¡Solo saquéenme de aquí!
¡Ahora!-dijo el hombre al tiempo que extendía las manos hacia la comisionada en
gesto suplicante. De inmediato los dos vigilantes llevaron sus manos hacia sus
armas, pero Wong los detuvo con un enérgico ademán.
-¡Escúcheme bien señor!-dijo con tono firme y
autoritario.-Necesito que me diga todo lo que sabe para corroborar su historia;
y si esta diciendo la verdad yo misma lo escoltare hasta el aeropuerto para tome
un avión especial que lo saque de Asía. ¡De modo que mientras más pronto declare
más pronto se ira!-el hombre dio unos cuantos pasos por el cuarto, moviendo la
cabeza de forma casi compulsiva, al tiempo que murmuraba toda clase de
maldiciones é improperios en francés, su lengua natal.
-¿Qué quieren saber?-dijo mientras volvía a sentarse a la
mesa. Uno de los vigilantes se acerco a la inspectora y le entrego un fólder que
contenía varios documentos.
-Su nombre.-
-¿Es un broma?
-¡Su nombre!-
-Jean Pierre Phillip.-
-¿Ocupación?-
-¡Soy bioquímico de acuerdo!-grito el hombre cada vez más
nervioso.-Y ahora que le perece si nos dejamos de tonterías y nos concentramos
en las cosas importantes.-la alta comisionada miro con molestia a aquel sujeto,
que cada vez le parecía más un loco ansioso por llamar la atención. Aún así
movió la cabeza en señal afirmativa.
-Escuche, desde hace varios meses yo y varios colegas fuimos
traídos a Hong Kong para trabajar en un proyecto ultra secreto de la Corporación
NIXX llamado HIPNOS.-
-¿HIPNOS? Un nombre interesante.-
-Si usted lo dice.-
-¿Quiénes eran sus colegas?
-Ayeka Siraki, japonesa, experta en electromagnetismo, Alan
Thurman, americano, un reconocido psicólogo y especialista en comportamiento
humano, Alexandre Wolfgan, alemán, experto en ingeniería genética y yo, como ya
le dije, en el área de la bioquímica. -
-Y exactamente ¿Qué era ese proyecto?-
-Técnicamente se dividía en dos partes: Una era la aplicación
de ondas alfa sobre ciertas áreas del cerebro con el fin de estimular el
desarrollo de capacidades psíquicas. La otra era el uso de viriones de fusión
rápida para lograr procesos de redistribución genética en individuos de
distintas especies. En términos simples, estábamos jugando a ser dioses. Al
principio todo iba bien. Pero luego las cosas comenzaron a salirse de control.-
-¿A que se refiere?-
-Para comenzar. Todo lo relacionado con el proyecto HIPNOS
era secreto, de hecho teníamos prohibido hablar de de él, incluso con otros
miembros del personal científico. Luego, un día, se nos informo que debíamos
desarrollar una serie de tratamientos para aplicar nuestras teorías en sujetos
de prueba. Solo que nuestros "conejillos de indias" no eran solo animales, como
esperábamos, sino también seres humanos. "Voluntarios" condenados a muerte en
varias prisiones que se ofrecieron a cooperara cambio del perdón.
Pero los experimentos eran más sesiones de tortura que
pruebas científicas, no se tenía la menor consideración para con los voluntarios
ni en sus derechos más elementales. En cuanto a los resultados, estos fueron
terribles. Algunos voluntarios se tornaron extremadamente violentos, otros
quedaron en estado vegetativo y otros comenzaron a mutar.-
-¿Mutar? ¿En serio espera que crea eso?-interrumpió la
comisionada a punto de echarse a reír. Lo mismo que los agentes que la
acompañaban.
-¡No se burle!-espeto el científico francés golpeando la masa
con su puño.-Se perfectamente que todo esto suena como un mal argumento de
ciencia ficción. Pero tengo pruebas de que el proyecto existe y de cuales pueden
ser sus alcances si es que tiene éxito.-
-¿En verdad?-dijo Ada Wong sin disimular su creciente
escepticismo hacia todo aquel asunto.
-¿Trajo lo que le pedí?-espeto Phillip sin quitar el dedo del
renglón. La comisionada, evidentemente decepcionada de aquella entrevista, hizo
una señal a uno de los agentes quien de inmediato coloco una computadora tipo
laptop sobre el la mesa. Jean Pierre Phillip no perdió el tiempo y, sacando un
reluciente disco de entre sus ropas lo coloco en la unidad de lectura. De
inmediato la pantalla se lleno de varios iconos, cada uno provisto con una clave
especial.
-Espero que le guste.-dijo el francés de forma prosaica al
tiempo que daba un doble clik en uno de los iconos. Al instante apareció en la
pantalla la imagen de un hombre atado y amordazado a una camilla, mientras era
colocado en el interior de una cámara de aislamiento. Luego alguien dio una
señal a un operador para que iniciara la prueba. Casi de inmediato el sujeto
comenzó a retorcerse, con los ojos desorbitados de dolor mientras que su cuerpo
comenzaba a sufrir una serie de espantosas convulsiones. La comisionada Wong se
despojo de sus gafas y se tallo los ojos, aquello era increíble y tan espantoso
que por primera vez en su vida se vio obligada a apartar la vista de la pantalla
incapaz de soportar la visión. Cuando todo termino, el resultado era
sorprendente.
-¿Es un truco verdad?.-dijo negándose a creer lo que acababa
de ver.
-No es truco.-respondió gélidamente el Dr. Phillip. Pero
antes de que Ada Wong pudiera recobrarse ocurrió algo más. El sujeto en la
pantalla empezó a convulsionarse de nuevo, tan violentamente que hizo saltar la
camilla a la cual estaba atado, para luego quedar inmóvil, con gruesos surcos de
sangre brotándole por la nariz y las orejas, muerto sin duda.
-Esa prueba fue un fracaso, pero eso no los detuvo.-dijo el
científico francés.-Tal vez ahora comprenda porque decidimos escapar de la
Corporación y denunciar lo que están haciendo.-
-¿De donde saco ese CD?-
-Lo robe de los archivos del proyecto junto con un directorio
completo de códigos de acceso para entrar en la base de datos de la Corporación,
con ellos cualquiera puede obtener todo tipo de información: Desde los datos
personales del todos los empleados hasta estados financieros y, lo más
importante, los reportes completos de cada una de las pruebas relacionadas con
el proyecto "Hipnos". Naturalmente ya deben haber empezado a cambiar los
códigos, pero a menos que estén dispuestos a perder toda la información que
tienen almacenada les tomara meses bloquear el acceso.-
Por un momento se hizo un pesado silencio. Mientras Ada Wong
meditaba sobre aquel extraño asunto. A primera vista parecía algo totalmente
descabellado, ¡ridículo!, sin mencionar que la Corporación NIXX era un verdadero
imperio al cual era mejor no molestar. Sin embargo, había algo en aquel francés
que la hacía dudar, tal vez el miedo en sus ojos o la exactitud con la cual
había descrito los asesinatos cometidos a espaldas del gobierno chino. El caso
era que ella no podía pasar por alto lo que acababa de ver. Pero antes de que
pudiera decidir que plan de acción debía seguir el estruendo de una explosión
sacudió el cuarto especial y el lastimero sonido de una alarma inundo los
pasillos de la mansión.
-¿Qué demonios?-dijo sorprendida, mientras los agentes que le
rodeaban desenfundaban sus armas, poderosas pistolas Sauer M-38 de fabricación
rusa.
-¡ESTAN AQUÍ!-grito Jean Pierre al tiempo que se levantaba de
un salto.
-¡Quédese donde esta!-rugió la alta comisionada al tiempo que
sacaba un abría un canal en su intercomunicador.-¡Habla la comisionada Wong!
¡¿Qué esta pasando?!-todos los agentes abrieron sus canales para escuchar, pero
solo alcanzaron a percibir el chispeante sonido de la estática mezclada con el
lejano rumos de disparos, gritos y una especie de alarido animal que nadie fue
capaz de identificar.
-¡Agente Ming! ¡Quédese con el señor Phillip hasta mi
regreso!-ordeno al tiempo que desenfundaba su propia arma y hacia un además para
que los otros dos agentes le siguieran fuera del cuarto especial. El agente
designado solo movió la cabeza en señal afirmativa. Sin dudarlo Ada Wong abrió
la puerta y salió seguida pos sus escoltas. De inmediato el agente Ming cerró la
puerta tras ellos y se recargo contra ella con su arma en la mano.
-¡¿Qué diablos esta pasando?!-pensó el agente sin poder
controlar el temblor de sus manos. Aquella pregunta le hizo volver la cara hacia
el científico francés, el cual se había derrumbado sobre una de las sillas.
-¡¿Que demonios esta pasando?!-pregunto al agente con furiosa
incredulidad al tiempo que se apartaba de la pesada puerta del cuarto especial.
-Es el fin.-le respondió le francés. En ese momento alguien
golpe la puerta del cuarto especial.
-¡Agente Ming!... ¡Ábrame agente Ming!... ¡Soy yo la
comisionada Wong! ¡Estoy herida!.-pero el agente estaba demasiado asustado como
para obedece aquella orden, en lugar de eso apunto su arma directo a la puerta y
se preparo para abrir fuego contra cualquiera que pudiera entrar. Mientras los
gritos de la mujer se hacían cada vez más desesperados.
-¡Ming déjeme entrar!... ¡Ya no pueden detenerlos!... ¡POR
FAVOR!... ¡POR EL AMOR DE DIOS!... ¡YA CASI ESTAN AQUÍ!... ¡AYUDEME….!-
-No puedo comisionada.-murmuro Ming sin dejar de apuntar su
arma contra la puerta.-No puedo… Por favor perdóneme.-
-¡AAAAAAYYYYYYYYYYYY!-aquel grito helo la sangre de los dos
hombres atrapados en el cuarto especial. Pues era la señal de que estaban solos
ante lo desconocido.
-Perdóneme. Oh, por favor perdóneme.-repetía el agente de
modo casi compulsivo cuando una golpe seco estallo contra la puerta blindada
haciendo estremecer toda la construcción. El agente Ming retrocedió hasta que
espalda quedo aplastada contra la pared. Sus manos sujetaban la Sauer M-38 con
todas sus fuerzas mientras un sudor frío le corría por todo el cuerpo.
Justo en ese momento la puerta de entrada fue arrancada de
sus goznes y despedida hacia el agente Ming con la fuerza de una bala de cañón.
El agente trato de hacerse a un lado pero no pudo evitar que la pesada hoja
atrapara la mitad de su cuerpo, aplastando su brazo y pierna izquierdos, ante
los atónitos ojos del aterrorizado espía francés.
El tiempo pareció detenerse permitiendo que Jean Pierre
contemplara la masa sanguinolenta del agente Ming espaciándose como una mancha
carmesí sobre la pared, mientras su arma resbalaba por el piso é iba a para
justo a sus pies. Entonces vino lo peor. El culpable de todo aquello entro en la
habitación, una cosa horrible y malvada que miro llena de satisfacción el
cadáver de su última víctima. La cosa tenía todo su cuerpo cubierto con la
sangre de sus víctimas, lo cual le daba el aspecto de un demonio.
Aquella criatura era tan famélica que parecía estar hecha
solo de solo de huesos y cartílago, apenas recubiertos por una delgada epidermis
de un enfermizo color rojinegro. Su cabeza era alargada y angosta como la de un
insecto, sus manos estaban provistas de largos y afilados dedos tan duros como
el acero. Pero lo más singular de su antinatural anatomía eran sus piernas, pues
no tenía pies. En su lugar la bestia se apoyaba en dos agudos y afilados muñones
similares a estacas.

Horrorizado Jean Pierre trato de levantar la pistola del
suelo para defenderse de la criatura esqueleto. Eso fue un error, en tres
segundos experimento un candente dolor en su garganta, y después, con
desesperación, lucho por tragar aire a través del burbujeante torrente de su
propia sangre.
En ese momento la criatura descubrió la laptop sus ojos
brillaron con una extraña inteligencia y de inmediato se dispuso a destruir la
computadora bajo un golpe de su mortal zarpa. Pero justo en ese momento una
detonación inundo el cuarto especial, al tiempo que la criatura era arrojada
contra la pared con el pecho destrozado a causa de una bala expansiva.
Derrumbado al otro lado del cuarto, casi inconsciente, Jena
Paul Phillip, observo intrigado a una misteriosa figura blanca que tomaba la
computadora de arriba de la mesa. Desesperado intento llamar su atención pero
sea quien fuere desapareció tan misteriosamente como había aparecido. Al tiempo
que varias figuras que se movían con una rapidez imposible entraban en el lugar.
-Buena suerte… Quien quiera que seas.-pensó justo antes de
que algo le golpeara el pecho con saña inaudita, rompiendo todas sus costillas y
desgarrando sus pulmones. Después todo fue silencio.
El Infierno.
En algún momento de la eternidad.
-¡Ya viene!... ¡Ya viene!-grito desaforadamente un criatura,
mezcla de mujer y mariposa, al tiempo que atravesaba los ciclópeos salones del
Pandemonium, el castillo del señor del Infierno, a su paso los demonios se
hacían a un lado, asustados por su sola presencia. Finalmente llego a su
destino, el gran salón del trono oscuro, y sin pensarlo abrió las puertas de un
solo golpe.
-¡Mi señora!-llamo una vez más al tiempo que se postraba ante
el trono del infierno, donde descubrió de inmediato la oscura figura de su ama,
quien le apenas y se digno bajar un poco la cabeza para mirarla.
-¡Mi señora!... ¡Ya viene!-
-¿Quién viene Liliht?... ¿Por qué estas gritando en esa
forma?-interrogo la mujer intrigada, pero sin acobardase.
-¡El Amo Lucifer!... ¡Ha despertado!. ¡Y vienes para acá!-
-¡¡¡Eso es imposible!!!-replico la mujer levantándose del
trono.-¡¡¡El Gran Lucifer no despertara hasta que llegue el fin de los
tiempos!!! ¡¡¡Estas mintiendo!!!-
-Ella dice la verdad.-les interrumpió una voz cavernosa y
gélida que las hizo estremecer. De inmediato ambas miraron hacia la puerta del
salón y descubrieron la imponente figura de ángel caído, quien las miraba con
absoluto despreció. Las palabras del amo del infierno aún resonaban en el salón
cuando, como una centella, llego hasta Lilith y sin ninguna consideración la
tomo del cuello para levantarla como si fuera una pluma.
-Tus gritos me molestan.-antes de que Lady Hild pudiera
reaccionar el hueco sonido de un cuello al romperse resonó entre las paredes del
recinto. Indiferente Lucifer soltó a su presa la cual cayo pesadamente sobre el
frió suelo. Luego alzo la vista hacia su trono, el cual lady Hild había
abandonado en una fracción de segundo para aparecer de rodillas ante su infernal
amo.
-Así esta mejor Lady Hild.-dijo Lucifer al tiempo que
ascendía hasta su trono de sangre y lo reclamaba en silencio.-Ahora quiero que
llame a todos los señores del infierno. Tenemos mucho de que hablar…-
Japón. Ciudad de Okayama.
11:00 pm.
La niña abrió los ojos y descubrió que estaba un lugar
completamente desconocido. Un sitio donde imperaban la humedad y la oscuridad de
forma tan absoluta que literalmente le sofocaban. Ella pensó por un momento que
estaba en una pesadilla, pero en poco tiempo tuvo que descartar aquella idea
pues se dio cuenta de que estaba despierta. Por un momento sintió la necesidad
de llorar, de gritar para que alguien la sacara de aquel recinto de tinieblas.
Pero antes de que pudiera hacerlo un estruendo rompió el silencio y una luz
amarillenta cayo sobre ella como una cascada.
Sus ojos le ardieron dolosamente é irónicamente la luz la
sumió en una ceguera más aterradora que la negrura en que había despertado. Fue
en ese momento que noto lo mucho que le dolía su cuerpo, de una forma que nunca
había sentido antes. Sobre todo por un agudo calambre que nacía en su nuca y se
extendía por toda su espalda. Poco a poco volvió a abrir los ojos y miro a su
alrededor.
La luz amarillenta parecía formaba un cilindro a su alrededor
que limitaban con la oscura masa que la rodeaba. Lastimosamente trato de
levantarse pero su cuerpo parecía pesar una tonelada. Aquel esfuerzo la hizo
toser varias veces y pudo ver su aliento helarse ante sus ojos como un espíritu
abandonando su pequeño cuerpo. La niña hizo un nuevo intento por levantarse, sus
piernas estaban entumidas y la cabeza le daba vueltas, pero al final logro
ponerse de pie. Una ves levantada dio una vuelta para mirar a su alrededor, pero
todo lo que vio fue una oscuridad infranqueable, tan profunda que nuevamente
sintió deseos de romper en llanto.
-¿Dónde estoy?-se pregunto. Un estruendo de dolor estallo en
su cabeza, como si el solo esfuerzo de haber formulado aquella pregunta hubiera
lastimado su cerebro. La niña tuvo que dejarse caer de rodillas, con las manos
aplastando sus sienes para mitigas la repentina migraña. Por suerte el dolor se
marcho tan repentinamente como había llegado, aunque dejando en su lugar un
zumbido intenso y enajenante. Curiosamente, en medio de aquel caos en su cabeza,
el primer recuerdo claro se manifestó en su mente. Su propio nombre.
-Gigi.-murmuro casi sin darse cuenta. De inmediato la
información comenzó a brotar en su cabeza como una fuente. Si, su nombre era
Gigi… tenia 10 años é iba en 5° grado de primaria. Vivía con sus padres en una
bonita casa en los suburbios de Okayama, junto con sus mascotas Boker, Coco y
Yin Yin. Su padre era un reconocido veterinario y su madre una devota ama de
casa. Aquellos recuerdos la tranquilizaron un poco, al menos sabía que alguien
podía estar buscándola para ayudarla. Pero ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado a
ese lugar?
Nuevamente se puso de pie y estaba vez sus ojos se posaron en
su propia imagen. Llevaba puesto un ajustado kimono, que a pasar de luz pudo
distinguir que era de color azul y estampado con margaritas rojas, sus pies
estaban descalzos, pero recordaba haber tenido puestas unas zapatillas de
madera. Aquella ropa era para una ocasión especial. ¿Un festival?.. Exacto.
Recordó que ella y su mamá habían asistido al festival de verano. Que habían
paseado y jugando entre los puestos hasta que los tradicionales juegos
artificiales dieron por terminada la celebración. Luego ambas emprendieron el
camino de regreso a su hogar, después… todo era confuso. Una camioneta oscura,
una puerta abriéndose, un agudo dolor en su nuca, luego nada… oscuridad y nada
más.
-¿Ohayo?-dijo con voz temblorosa.-¿Hay alguien aquí?-sus
palabras se disiparon en la oscuridad. Por un momento permaneció expectante,
esperando una respuesta, pero cuando esta llego no fue lo que esperaba.
-¿Ohayo? ¿Hay alguien aquí?- repitió su propia voz
ahogada y recubierta de virutas metálicas. El eco de sus propias palabras le
resultaba inquietante, sin embargo, esa inquietud se disipo casi de inmediato,
dejando lugar a un espantoso terror.
-¿Ohayo? ¿Hay alguien aquí?-repitió su voz, solo que
desde algún lugar a sus espaldas.
-¡¿Quién es?!-pregunto volviéndose hacia la oscuridad.
-¿Ohayo? ¿Hay alguien aquí?-le respondió el eco desde
otro ángulo. En ese momento la pequeña comprendió lo que estaba pasando. Alguien
había grabado sus palabras y ahora se divertía asustándola con su propia voz.
-¡No es gracioso!-se quejo amargamente.-¡Por favor ya basta!
¡¿Dónde estoy?!-por unos instantes aguardo la respuesta, pero en esta ocasión no
hubo contestación, ni siquiera el eco artificial, solo un sepulcral silencio.
Esta vez Gigi no pudo contenerse y comenzó a llorar presa de la desesperación y
el miedo que le nacían en las entrañas al darse cuenta de que algo malo estaba
pasando, algo en verdad muy malo.
-Sob… sob… sob… Por favor… Quiero irme a mi casa…-suplico
aterrada.
Esta vez sus palabras obtuvieron una respuesta, en forma de
unos inquietantes gruñidos procedentes de la negrura. Gigi dio un paso atrás,
sin poder distinguir si aquel sonido era real o solo una nueva grabación hecha
para asustarla. De pronto aquel gruñido se escucho de nuevo, más cerca, luego
otra vez girando a su alrededor como hacían los tiburones en las películas.
Obligándola a permanecer en el centro de la luz.
De pronto los gruñidos cesaron y todo quedo sumergido en una
tensa clama. La respiración de la niña era acelerada. De hecho jadeaba como si
estuviera a punto de gritar con todas sus fuerzas. Justo en ese momento Gigi
volvió a escuchar el sonido de un interruptor y ante sus ojos apareció otro
cilindro de luz.
Ante ella apareció la figura de un hombre. De casi uno
noventa de estatura y de complexión musculosa, aunque su estomago era más bien
abultado. Vestía solamente unos ajustados pantaloncillos de cuero negro
adornados con numerosas cadenas y unas pesadas botas militares. La hebilla del
enorme cinturón de cuero negro figuraba un ovalo en su interior, bordeado de
nudos y filigranas, con el rostro de una serpiente mostrando sus colmillos de
forma amenazante. Una mascara de cuero le cubría el rostro, excepto su fuerte
quijada de forma casi cuadrada.
Aquel extraño sostenía en su mano un enorme cuchillo de
campaña, de unos 30 cm, con una hoja tan gruesa que casi podía ser un hacha.
-¿Quién es usted?... ¿Dónde estoy?...-pregunto Gigi asustada
ante los destellos que brotaban de la afilada hoja del cuchillo. El extraño no
le respondió y permaneció inmóvil. Mirándola fijamente, la mascara daba una
apariencia antinatural a la maciza cabeza de aquel hombre, volviéndola semejante
a la de una hormiga mutante, negra é inexpresiva. La boca era grande y de labios
gruesos. Por fin el hombre se movió y guardo su cuchillo en una funda que
colgaba en su costado. La pequeña no pudo dejar de sentir un cierto alivio al
observar la maniobra, sin embargo, esa alegría solo duro unos instantes. Pues el
extraño, no supo de donde, saco una gruesa cuerda y echó a andar hacia ella.
Gigi quiso suplicar, pero su garganta se cerró a causa del miedo. Luego intento
correr para alejarse de aquel ser de pesadilla, pero sus piernas flaquearon y
cayó al suelo sin poder moverse.
El extraño llego hasta ella y sujetándola de un brazo la alo
hacia arriba sin consideración. Gigi se percato de inmediato del mal olor que
emanaba del extraño, una mezcla de sudor, cuero nuevo y… sangre seca. En ese
momento, de alguna parte del techo, una pesada cadena provista de una gancho
bajo hasta donde se encontraban el verdugo y su víctima. El extraño no perdió el
tiempo y procedió a atar las muñecas de su víctima. Al terminar enganchó la soga
en la cadena y la pequeña fue izada a casi un metro del piso.
-¿Quién es?... por favor…. Por favor no…-gemía la niña
sintiendo que sus hombros le ardían a causa de su infame posición. El extraño
contemplo por un momento a la pequeña cautiva, mientras sacaba de nuevo su
cuchillo para llevarse a la boca y pasarle su gruesa lengua sobre la hoja. Sus
ojos brillaron bajo la mascara negra y sin más puso manos a la obra. Gigi pudo
sentir sobre su cuerpo la afilada hoja mientras el extraño hacia jirones su
kimono, como quien destaza a un animal, sin importarle la posibilidad de herir a
su víctima. En consecuencia la pobre niña no tardo en experimentar la dolorosa
sensación de varias heridas sobre su piel, sobre todo en sus muslos y en su
espalda.
El extraño termino casi enseguida y dejo al descubierto la
belleza impúber de Gigi, lascivamente admiró las pequeñas dunas que emergían
apenas sobre su torso, se excitó con el fino talle de su cintura y se maravillo
con las piernas delgadas pero firmes.
-Bonita… Bonita…-exclamo el extraño hablando por primera vez.
Gigi se estremeció al escuchar aquella voz deformada por la lujuria. Pero no
tuvo tiempo de pensar en eso pues aquel hombre comenzó a tocar su cuerpo
desnudo, acariciando sus nalgas con sus enormes manos y lamiendo sus incipientes
pechos con su lengua caliente y húmeda.
-Po… por… Por favor… no me toque… se lo… suplico.-suplico
mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas de manzana. Milagrosamente
el extraño pareció acceder a su petición y se aparto de su cuerpo. Esperanzada
Gigi abrió los ojos para mirar, y al hacerlo sintió un espantoso escalofrío
recórrele todo el cuerpo. El extraño había guardado de nuevo su arma y estaba
frente a ella sonriendo ampliamente, mostrando dos hileras de afilados dientes
en forma de diamante, mientras se desajustaba el cinturón de su cadera. Una
pieza de cuero gruesa y pesada que comenzó a golpear rítmicamente en la palma de
su mano. Aquel gesto era tan claro que Gigi lo comprendió de inmediato. El
extraño iba a azotarla.
-¡¡¡NOOOOOOO!!!-grito presa del pánico, forcejando
inútilmente contra la soga y la cadena que la sostenían. Nunca, nunca le habían
pegado, de hecho casi desconocía el dolor. Su cuerpo temblaba de forma
incontrolable al tiempo que se cubría de un sudor frío. Pero aún pudo articular
algunas palabras.
-¡¡¡MAMÁ!!!... ¡¡¡PAPÁ!!!.... ¡AYUDENME! ¡SE LO
SUPLICO!!!-por desgracia para la pequeña sus seres querido s no estaban ahí para
escuchar sus lamentos, y el extraño apenas y presto atención a sus gritos,
estaba demasiado ocupado observando con lujuria y deseo enfermizo la piel blanca
de su víctima, sobre todo la de los delicados labios vaginales. Cogió el
cinturón con fuerza, y probó su dureza, su peso. Se amoldaba agradablemente en
la mano. Si, era un instrumento temible. Lo levantó bien arriba... y lo descargó
con fuerza. El primero golpe resonó por todo el recinto.
-¡¡¡ZASHH!!!-
-¡¡¡¡AIIIIIIEEEEGGGGHHHHH!!!!-grito la niña al tiempo que la
primera marca roja se expandía en sus delicados glúteos. EL dolor la hizo jalar
aire desesperadamente, sus ojos estaban casi en blanco a causa del dolor y el
agotamiento físico y mental que todo aquello le estaba causando. Pero eso no le
importo a su misterioso verdugo quien le miraba como si fuera un platillo en el
punto exacto para ser comido.
-No por favor, por favor, no! duele!-gimió la pequeña con la
poca fuerza que le quedaba. Pero el extraño no se compadeció de ella y sujetando
con fuerza su arma prosiguió con su labor. El cuero negro mordía la piel de
forma implacable.
-¡¡¡ZASHH… ZASHHH… ZASHHH …. ZASHHH…. ZASHHH!!!-
Los golpes cayeron como una lluvia de fuego sobre el cuerpo
infantil, y dejaron su marca. Gigi solo podía gritar y sollozar; las lágrimas le
corrían por la cara libremente, dejándole un sabor salado en los labios
abiertos. El extraño dejaba un cierto tiempo entre cada azote, para que su
víctima tuviera tiempo de ser consciente del impacto. El sonido del cuero contra
la carne le resultaba sublime. Por eso los descargaba con toda su fuerza, que no
era poca. Sentía placer al hacerlo. Si, placer, el placer que solo podía
alcanzar cuando veía como los azotes mutaban el color de la piel, que ahora ya
era de un rojo considerable. Detuvo unos momentos la azotaina; la pequeña estaba
casi inconsciente, pero su tormento estaba lejos de terminar.

El extraño volvió a acercarse a ella y le acarició los
glúteos, palpando extasiado la piel castigada. Metiendo sus dedos entre las dos
mejillas para tocar el ano de la niña. Aquello era parte de su juego favorito,
le gustaba tenerla a su disposición, le gustaba darle falsas esperanzas. Y
luego, sin previo aviso, volvió a empezar.
-ZASHH! ZASHH! ZASHH! ZASHH! ZASHH! ZASHH!-
-Nnnnnooghhhhhhhhh. Dejjjjekkk,,mhe- gemía Gigi tratado se
suplicar. Pero el dolor ahogaba todas las palabras antes de que salieran de su
boca.-
-nngggghhggggggggggmmmmmmmmhhh…YEOOOOOWWWWW!!!
AAAAAAHHHHHH!!!
-¡¡¡ZASHH! ZASHH! ZASHH!!!!-de pronto los golpes cesaron.
Gigi quedo inmóvil, colgando como una pieza de carne en el matadero. El extraño
arrojo el cinturón hacia la oscuridad, satisfecho con su labor, entonces, sin
razón aparente, la cadena se aflojo y el cuerpo lacerado de la pequeña cayó
pesadamente sobre el piso.
-Se lo suplico… Por favor ya basta…-murmuraba la pobre niña
una y otra vez en completo estado de shock, mientras adoptaba una posición fetal
para protegerse. El dolor y el miedo la habían hecho perder la nación de todo lo
que pasaba a su alrededor, en consecuencia una mancha amarillenta empezó a
crecer bajo su cuerpo hasta desbordase por completo.
-Pero que niña tan sucia.-dijo el extraño burlándose del
infortunio de su víctima. La visión de aquel cuerpo desnudo, con la espalda y
los glúteos enrojecidos por la brutal azotaina hicieron que el enmascarado se
decidiera a ejecutar su última infamia y despojándose de sus pantaloncillos de
cuero dejo al descubierto su miembro, erecto en toda su magnitud.
-Mira lo que tengo para ti.-dijo sonriente al tiempo que
tomando la cabeza de la niña en su mano para obligarla a mirar su miembro. Poco
le importo que Gigi tuviera la mirada perdida en el infinito, lo que quería era
lucir ante ella su larga verga cubierta de venas que cabeceaba hacia ella como
un asqueroso gusano. Sin esperar más el extraño tomo la cintura de la niña
obligándola a levantar sus infantiles caderas hacia él y comenzó a frotar su
miembro erecto contra las laceradas nalgas.
Gigi se estremeció al sentir aquella cosa, cuyo roce no hacía
sino avivar el fuego que le abrazaba la carne, mientras se deslizaba haciendo
círculos cada vez más pequeños hasta que al fin se detuvo justo a la entrada de
la diminuta vulva de la niña.
-Nooooooooggggggggg… ¡mamá!… ¡maaaammmmmáaaaaa!-gritó Gigi
motivada por el dolor que le produjo el primer embate de aquel malvado contra su
inocencia. Pero donde quiera que se encontraran parecía que nadie podía oírla.
El enmascarado hizo retroceder su cadera y sin ninguna piedad descargo el último
golpe. La flor virginal ofreció una pobre resistencia ante la gran fuerza de su
atacante, por lo que Gigi no tardo en sentir como la cabeza de aquel ariete
entraba en su cuerpo como un cuchillo en mantequilla.
-¡¡¡AAAAAAYYYYYYGGGGGGGGGHHHHHHHH!!!..-los gritos de la
pequeña resonaron entre las cuatro paredes de aquel lugar infernal. Su vulva se
desgarro con un sonido ahogado, al tiempo que un dolor intenso la sacudía de
pies a cabeza, mientras el extraño retrocedía la cadera para sacar su falo del
cuerpo infantil, pero esa liberación es solo momentánea, ya que así como la saco
el enmascarado la volvió a meter de un solo golpe en la vulva de su víctima, que
a cada embestida ofrecía menos resistencia que la primera vez. Los ojos de Gigi
se desorbitaron y sin poderlo evitar se orino nuevamente sobre su atacante.
-¡¡¿Te gusta pequeña puta?!!-espeto el enmascarado sintiendo
el caliente liquido resbalando sobre sus piernas, sin embargo, eso no le detuvo.
Por le contrario sus embestidas se hicieron cada vez más violentas. Mientras que
de su boca salían gruñidos más propios de una bestia que de un hombre, señal de
que estaba disfrutando hasta la locura de aquel estrecho conducto que era su
favorito. El pequeño cuerpo de la niña se movía bajo el suyo al ritmo de las
embestidas que la verga de su violador.
-¡AAAHH! ¡AAAAAHH! ¡AAAAAAHH! ¡AAAAAAAAAAHH!...-gemía la
pequeña sufriendo a cada embestida de su violador. Durante 15 minutos la verga
del extraño entro y salió del cuerpo de Gigi, mientras ella cerraba los ojos
tratando de pensar que todo aquello era un sueño, que no estaba pasando,
tratando de alejar su mente de aquel infierno, pero el dolor de sus entrañas
desgarradas la volvía a la realidad. Aquel monstruo le tomaba de las caderas y
la penetraba enérgicamente, sacándosela hasta la punta para después introducirla
de un solo golpe, amoldando su vulva a cada embestida, lo cual le producía un
gran dolor. Después lo hacía otra vez y otra vez, imprimiendo mas velocidad en
cada embestida, haciendo que la vágina de la pequeña ardiera como si le
introdujeran una barra de acero al rojo vivo.
-Aaaahhhhh… Aaayyyyyy…-ahora Gigi se quejaba quedamente, con
una voz quebrada y sin voluntad, pues su mente estaba completamente perdida, sus
ojos lucían muertos y empapados en lágrimas. Mientras aquel monstruo seguía
desgarrándola con su enorme falo, el cual estaba bañado en sangre.
Milagrosamente el cerebro de Gigi dejo de sentir como esa cosa la penetraba
totalmente, el dolor y al ardor eran insoportables, el hombre seguía
bombeándola, entrando y sacando su miembro de ella, pero ya no le hacia daño… Al
mismo tiempo su mente solo podía pensar en su mamá y en su papá, en lo
preocupados que debían estar por su causa; recordó a sus queridas mascotas y,
por primera vez en años, recordó quien era ella realmente.
-Finalinasa… Finalinasa…-murmuraba dolosamente mientras
levanta la vista hacia el cielo, entre la bruma de su llanto pudo ver su hogar
una vez más, un lugar de fantasía y magia que ya no tenía lugar en el mundo de
los humanos, ahora entendía la razón y casi le reprocho a su verdadero padre por
haberla enviado a aquel lugar. Por su parte el gigante estaba enloquecido de
placer. Para él nada era mejor que sentir su verga clavada hasta la raíz.
Teniendo a su víctima bien asida bajo el peso de su cuerpo, fue entonces que el
desalmado llevo su mano hasta la cacha de su cuchillo y, sin más ni más, asesto
una brutal puñalada en el cuello de Gigi justo antes comenzar a eyacular dentro
de ella.
-Aaaahhhhhh-se quejo la niña sin darse cuenta, al tiempo que
se sumía en la oscuridad eterna. Su cuerpo se convulsionó en agónicos espasmos,
mientras la sangre manaba abundantemente de su herida hasta quedar inmóvil. El
extraño se levanto sonriente y orgullosamente continuo eyaculando ahora sobre el
cuerpo de su víctima. Manchado con restos mezclados de sangre y semen.
-¡CORTE!-grito alguien que aún permanecía oculto en la
oscuridad. En ese momento varios reflectores se fueron encendiendo lentamente,
descargando una luz fría sobre aquel grotesco espectáculo. Poco a poco aquel
lugar se revelo como una gran bodega, donde se había montado un improvisado foro
de cine, rodeado con varias cámaras a control remoto que habían grabado todo lo
sucedido.
-Excelente.-dijo un hombre que parecía ser el director de
aquel siniestro filme.-¡Estuviste estupendo Toru!-
-Arigato.-dijo el extraño al tiempo que se despojaba de su
mascara.-¿No creen que me precipité un poco al final?-
-Un poco si.-comento el tercer hombre en aquel foro, quien
era el operador del sistema de cámaras.- Hubiera sido mejor que la mataras con
las manos, ya sabes que eso les gusta mucho a nuestros clientes.-
-Te prometo que lo haré la próxima vez.-
-Bien, bien, déjense de cosas y vamos a recoger el equipo.
Mañana tendremos mucho trabajo editando nuestra nueva película. Además tendremos
que mudarnos por un tiempo.-
-¿Lo dice por la "vieja" jefe? Dudo que alguien la encuentre
donde la dejamos.-
-No vamos a correr riegos. Además no recuerdo haber pedido tu
opinión.-
-¿Y que hacemos con nuestra estrella?-dijo Toru refiriéndose
al cadáver de su víctima.
-Lo de costumbre.-
-Pero jefe…-
-¿Pero qué?-
-Ya hemos enterrado a varias allá arriba. No deberíamos
cambiar de lugar.-
-¡No te pago para pensar Toru! ¡Solo has lo que te digo!-dijo
el director mientras iba a recoger las cintas del foro.
-Eres un tonto.-le reprocho el camarógrafo a su compañero de
labor.-Ya sabes que no le gusta que cuestionen sus ordenes.-
-Lo se pero…-
-¡¿Pero que?!-
-Ese lugar me da miedo.-
-¡No digas tonterías! ¡Ahora vamos a trabajar!
Continuara….
Autor: CronCruac.
(*) Mimete, era miembro de la organización conocida como las
5 brujas en la saga Sailor Moon Super S, sin embargo, no parecía tener ningún
talento propio excepto para robarse las ideas de sus compañeras, algo que al
final le costo la vida.
Nota del Autor. El nombre de Gigi probablemente no signifique
nada para la mayoría ustedes, es por eso que les mando algunos datos que
encontré en Internet.
Minky Momo, o Gigi como la conocieron allá en los
80’s, era la princesa del país de los sueños y la fantasía, Finalinasa.
Cuyo rey, su padre, la envió a la Tierra con la misión de hacer que la gente
recuperara sus sueños e ilusiones, debido a que en la ausencia de estos,
Finalinasa se había separado de la Tierra. Para cumplir con esta tarea, Gigi uso
su magia para ser aceptada por una pareja sin hijos que anhelaban tener uno.
Gracias a esta magia, ellos creían que Gigi era su propia hija. Gigi contaba con
la ayuda de sus tres mascotas que la acompañan en su misión: Boker (un
perro), Coco (un mono) y Yin Yin (una pajarita). Tenía además un
medallón mágico que le permitía transformarse en una mujer adulta con
habilidades que la convierten en la número uno en cada especialidad:
motociclista, tenista, jugadora de futbol soccer, escultora, programadora de
computadoras, espía, etc. También contaba un vehículo mágico (Giromóvil)
que le permite volar hacia regiones tan distantes como Europa, África o el Polo
Norte.
Para cumplir su objetivo, Gigi ayudaba a la gente de la
Tierra. Cada vez que ella hacía una buena obra, la corona en Finalinatsa
brillara, y cada 4 veces que esto sucedía la corona obtenía una nueva joya; y
cuando Gigi reuniera 12 joyas, Finalinasa regresará a la Tierra. Sin embargo, al
final de la serie la pequeña sufrió una serie de desgracias: Al tratar de ayudar
a una persona perseguida por uno matones, estos destruyeron su medallón de un
certero balazo. Después un camión cargado de juguetes, la atropello y le causo
la muerte. Pero entonces ocurrió un milagro, nunca faltan verdad, y Gigi renació
como una niña humana. Luego se supo que eso era necesario pues para obtener la
última joya ella debía luchar por alcanzar sus propios sueños. ¡Pero que cursi
verdad!
Como nota final dado que Gigi volvió a ser un bebe, su meta
tendría que esperar al menos 14 años, la edad en que las princesas mágicas
manifiestan sus habilidades, para lograrse. Por lo cual bien hubiera podido
coexistir con Serena y Cia sin que ellas supieran de su existencia. Solo que
ahora su misión quedara inconclusa.