LOS AMANTES.
El vivía solo, en un pequeño apartamento de la ciudad, había
abandonado el nido paterno muy tarde casi a los treinta. Trabajaba 12 horas
diarias en la oficina y apenas salía o se relacionaba con nadie.
Así era la vida de nuestro protagonista, Antonio, en realidad
así había sido siempre, nunca fue un chico popular ni en el colegio ni mas tarde
el instituto, su pelo alborotado y sus gruesas gafas le daban el aspecto del
ratón de oficina que era. Su vida amorosa se reducía a un par de novias que no
le duraron mucho, en parte por que el era demasiado introvertido y en parte
porque ellas, en su opinión, eras unas completas gilipollas.
Se pasaba la vida trabajando y el poco tiempo libre lo
dedicaba a leer o a dar largos paseos solitarios. Su sed de sexo la apagaba
masturbándose ante la pantalla del ordenador, aunque alguna vez, en momentos de
profunda depresión, había acudido a los servicios de alguna prostituta, que
aunque apagaban su sed carnal, no llenaban el profundo vació que Antonio sentía.
Ella vivía en el mismo bloque de pequeños apartamentos, su
nombre era Olga, era rumana, estaba casada. Olga fue en otro tiempo una persona
alegre y extrovertida pero la vida, la puta vida solía pensar ella, se encargo
de ponerla en su sitio, basto con que un hijo de puta la enamorara primero, se
casara con ella y se la llevara a otro país después…. Y por ultimo se encargara
de quitarle la alegría de vivir a base de palizas.
Tremendas palizas que Antonio a veces oía a través del patio
interior del edificio, palizas que hacían que el se estremeciera en la cama.
Aunque eran ya varios los meses que Antonio vivía en el
bloque no había visto nunca a Olga, alguna vez coincidió con su marido en el
ascensor, un tremendo barraco de 1,90 de altura y con cara de muy pocos amigos,
pero ella no salía demasiado de casa, en parte por los quehaceres diarios y en
parte por los tremendos hematomas que tenia demasiado a menudo en su cuerpo.
Los acontecimientos se precipitaron una tarde de domingo,
Antonio estaba, como siempre, solo en su piso, sin nada mejor que hacer que
dejar pasar el tiempo, aburrido, solo, triste. Como de costumbre se empezaron a
oír gritos provenientes del piso de Olga y su marido. Gritos de rabia en el,
gritos de miedo en ella. Y luego golpes y más golpes.
Antonio no era ni mucho menos un héroe, pero cuando escucho
los gritos en las escaleras y percibió claramente como ella las bajaba
prácticamente rodando mientras su marido la pateaba, no pudo más que salir al
zaguán y plantarle cara al rumano. El resultado fue obvio: Antonio en urgencias
con el labio roto, un par de costillas magulladas y todo el cuerpo dolorido,
pero a pesar de eso, a pesar de los golpes, Antonio tenia ahora otra mirada,
otro sentir, otra fuerza interior. Durante la pelea, o más bien la paliza,
Antonio había visto a Olga, había visto esa cara asustada, esos ojos azules, esa
mirada tierna, esa mirada agradecida, esa mirada cariñosa.
Y por extraño que parezca Antonio, por primera vez en años,
sentía que su vida tenia sentido. No la conocía, no había hablado con ella, ni
siquiera sabia su nombre….. pero la amó. Por primera vez en su vida amo.
Cuando llego del hospital, casi a las 2 de la madrugada, Olga
le esperaba sentada en el zaguán de la escalera. Su marido se había dormido
borracho y ella quería saber como estaba Antonio. El se sintió alagado, era el
gesto que le faltaba para terminar de enamorarse, sin saber como ni porque
acaricio suavemente la mejilla de Olga, ella sonrió primero y lloro después. El
trato de consolarla, la abrazaba con ternura y acariciaba su larga cabellera, ni
por un momento se atrevió a intentar otra cosa. Pero después de unos minutos fue
ella quien acerco sus labios a los de el y los fundió en un tierno y calido
beso. Nadie ha hecho nunca nada tan valiente por mí, le dijo. Entraron besándose
en el piso y comenzaron a desnudarse muy despacio, ella se avergonzaba de las
señales que tenia en su cuerpo por causa de los golpes, pero el la tranquilizo,
beso todos y cada uno de los hematomas, deslizo su mano suavemente por su figura
haciendo dibujos con su imaginación, ella trato de hacerle una felación pero el
le dijo: hoy no, hoy tu eres la que tienes que disfrutar.
La tumbo sobre la cama y beso todos y cada uno de los
rincones de su cuerpo, rozo sus pezones con la lengua y bajo hasta el sexo,
lamió, chupo, mordió… Mientras ella se retorcía de placer, placer que hacia años
que nadie le hacia sentir, la penetro suavemente, mientras se besaban y se
decían lo mucho que se amaban…. Y que se amarían.
Se entregaron el uno al otro con pasión, con avidez, con
deseo eterno, siguieron viéndose a escondidas una temporada, pero las continuas
palizas hacían que la situación fuera insoportable. El quería llamar a la
policía, pero ella se lo impedía por miedo a represalias. El no podía aguantar
más, no podía soportar ver cada día una señal más en el débil cuerpo de Olga, no
podía soportar que su ser mas amado, su único ser amado, estuviera sufriendo de
aquella manera. No podría soportarlo mucho tiempo mas, tenía que hacer algo…. Y
pronto.
Olga estaba acostada, recuperándose del dolor que le producía
la paliza que acababa de recibir. Escucho el timbre de la puerta y oyó a su
marido ir hacia ella para abrir. El disparo sonó seco, corto, eficaz. El rumano
cayo al suelo, con un agujero en el pecho, no grito, no lucho, solo movía la
boca intentando decir alguna palabra que jamás llego a pronunciar.
Huyeron, eufórico el, asustada ella. Antonio creyó que ya
nada malo les sucedería nunca, que ese acto de valentía y liberación acabaría
con el sufrimiento que ambos compartían. Ella era menos optimista y sabia que
tarde o temprano acabarían cogiendolos…. Y así fue. Dos semanas duro su
aventura.
Antonio fue feliz, dos semanas, pero fue feliz, no le importo
inculparse de todo, ni cumplir condena. En su corazón sabia que había hecho lo
correcto, que había vivido su vida solo para esto, para amarla, para liberarla.
Que todos los momentos de soledad y tristeza que había pasado desde niño no eran
nada en comparación con la inmensa felicidad que sentía solo con el hecho de
quererla y sentirse correspondido. Merece la pena, se dice. Merece la pena…
Este relato es una versión libre (muy libre diría yo) de una
noticia que leí en un periódico. Estoy empezando en esto de los relatos así que
me encantaria que me comentarais que os ha parecido, acepto criticas y consejos
de buen grado…. Solo soy un humilde aprendiz.