Mientras se desvestía en la soledad de su habitación no podía
dejar de pensar en lo bien que se lo había pasado en la fiesta... y en lo mucho
que se había divertido con su novio y con sus amigos.
Al quitarse la camiseta contemplo por primera vez el morado
que le estaba floreciendo en su pecho, a escasos centímetros del pezón, y su
preciosa boca se torció en una mueca al recordar la increíble osadía de aquel
mocoso.
Aun no podía comprender como un crío de solo 13 años podía
ser tan descarado y tan pícaro. No le entraba en la cabeza que el puñetero
mocoso fuera tan audaz y se lamento, por enésima vez, de no haberle visto llegar
en esta ocasión. Pues desde que se percato del excesivo interés que su cuerpo
tenia para el chaval procuraba mantenerse lo mas alejada posible de este... y de
sus largas manos. Y, aunque no siempre lo lograba, hasta ahora si había
conseguido que sus roces fueran mas o menos permisibles... hasta ahora.
Se había creído a salvo rodeada de tantos familiares y amigos
(joder, si hasta su novio estaba en la fiesta) y se había confiado demasiado. El
avispado picaron había sabido esperar hasta que ella estuvo agachada en la
cocina con una bandeja de aperitivos entre sus manos para acercarse por detrás y
meter las dos manos por el escote, amasando su sensible piel de canela con
rapidez y ansiedad hasta alcanzar el sensible y grueso pezón.
Solo se los toqueteo durante unos segundos... pero se le
hicieron eternos.
La sorpresa hizo que tardara demasiado en reaccionar y cuando
por fin consiguió soltar la bandeja y enderezarse para darle su merecido el
mocoso ya huía hacia el comedor... no sin antes darle un ultimo y doloroso
pellizco de recuerdo, que si bien erró su enorme diana sonrosada si atino a
hacerlo justo al lado, dejándole una pequeña marca azulada en su inmaculada
montañita de alabastro como recordatorio de la paliza que tenia que darle en
cuanto le pusiera las manos encima.
Lo que no podía saber ella mientras se despojaba de sus
braguitas y se ponía su liviano camisoncito de tirantes era que para el mocoso
eso no había sido el final... sino el inicio de todo lo que podía hacer esa
noche si la suerte le acompañaba.
A pesar de dormir en la otra punta de la casa no dejaba de
pensar en las posibilidades que tenia a su alcance. El mas difícil de convencer
seria el hermano pequeño, pues a los dos primos se les hacia la boca agua solo
de pensarlo... y él ya se había preocupado de contarles las suficientes cosas
como para estimular al máximo su interés.
Aunque no hacia falta demasiado para eso, ya que ambos
estaban cansados de verla exhibir su cuerpo de diosa en las playas y pistas de
baile... luciendo sus altivos pechos y su culito respingón como si disfrutara
poniendo cardiaco al personal.
Y para el chaval fue un juego de niños convencerles de que
seria "divertido" hacerle una pequeña visita en su dormitorio y "vengarse" así
de la diosa de hielo.
El novio no era ningún problema, pues el tipo estaba roncando
desde hacia ya un buen rato, en parte por el cansancio de bailar tanto rato con
la reina de la fiesta, y en parte por las copas siempre llenas y cargadas al
máximo que el espabilado mocoso y sus primos se habían encargado de servirle una
detrás de otra.
Dado que eran tres contra uno al final el hermanito se dejo
convencer... aunque maldita la gracia que le hacia arriesgarse a una bronca de
ella o de sus padres si los pillaban solo por ver algo que estaba aburrido de
contemplar en casa casi todos los días.
Pues como quiera que su hermana mayor nunca había ocultado su
cuerpo, y además le gustaba vestir con muy poquita ropa, el espectáculo de su
cuerpo desnudo era algo que tenia tan visto como el jarrón de la salita o el
cuadro del pasillo.
Aun así el también cogió una linterna y les acompaño... pues
quizás fuera divertido despues de todo.
El recorrido sigiloso hasta su habitación fue tan largo como
excitante, pues todo eran murmullos, tropezones y risitas... pero dado que la
habitación de los padres estaba tan alejada como la suya las posibilidades de
que les vieran u oyeran eran muy escasas.
Al final tanto "sacrificio" obtuvo su recompensa y cuando
alcanzaron por fin el cuarto de la bella durmiente la encontraron en una
posición inmejorable.
Esa noche hacia bastante calor, por lo que dormía sin
sabanas, y al girarse de costado su reducido camisón se había subido tan arriba
que sus larguisimas piernas morenas se veían casi por completo.
Por la ventana abierta entraba la claridad suficiente de la
luna como para ver su cuerpo, pero los chicos al escuchar su lenta respiración
decidieron que querían ver mucho mas, por lo que encendieron con cuidado sus
pequeñas linternas y se acercaron al máximo a la cama, para que los delgados
haces de luz permitieran verlo todo con nitidez.
Aprovechando su postura lateral primero le subieron del todo
el camisoncito, dejando sus nalgas al aire, iluminando luego desde detrás suya
entre sus piernas para ver como destacaba su oscura mata de pelo... y la
sonrosada rajita que trataba de ocultar.
Aunque desde su posición privilegiada eso no era posible...
pues solo había que seguir el estrecho sendero que separaba sus pálidas colinas
para encontrar la rajita de entrada al tesoro prohibido.
Mientras el hermanito y los primos se divertían con eso el
pícaro cabecilla se dirigió a la parte de delante y, ni corto ni perezoso, le
bajo el tirante del camisón... dejando al aire lo que apenas había podido tocar
esa tarde y siempre había deseado ver.
En menos de lo que se tarda en decirlo ya deslizaba sus manos
por el montículo divino, usando ambas manos para apretarlo con lujuria, absorto
y maravillado de su dureza y de su generoso volumen.
Pero si algo le volvía loco ese algo era el oscuro fresón que
coronaba la cima, tan duro y tan grueso que era una autentica delicia
pellizcarlo y retorcerlo entre sus dedos.
No pudo contenerse y, arrodillándose frente a ella, se lo
introdujo por completo en la boca... saboreando extasiado el manjar prohibido.
Los otros tres estaban tan absortos en la contemplación de su
conchita (palabra tuya que me encanta) que no repararon en los manejos de su
compinche hasta que le vieron arrodillarse... alucinando ante su osadía y
temeridad.
Pero como la bella durmiente tenia un sueño tan pesado
decidieron que era de estúpidos no aprovechar una oportunidad como esa, por lo
que sin decir ni una palabra el hermano y uno de los primos se dirigieron raudos
a ocupar el lugar del amigo.
El otro primo decidió quedarse allí, pues ahora que había
reunido el coraje suficiente se animo a hacer realidad su fantasía... y empezó a
acariciar su culito respingón, sobándolo de un extremo al otro con tanta
parsimonia como veneración.
Mientras los otros dos habían conseguido separar a su colega
de su sabroso chupete, no sin cierta resistencia, y se apretujaban el uno junto
al otro para repartirse el botín.
Aunque ya sabemos que sus pechos son grandes, no lo son tanto
como para acoger a cuatro manos ansiosas, así que el hermano y el primo tuvieron
que repartirse el pecho de arriba y el de abajo... intercambiándoselos cada dos
por tres para acceder al mas fácil.
Cuando el pícaro chaval se volvió a situar atrás, junto al
primo que seguí amasando sus nalgas extasiado, decidió no perder el tiempo
disputándole el pandero.
Y, sin cortarse un pelo, se dirigió directamente hacia el
triángulo oscuro que asomaba entre las piernas entreabiertas de la inocente
víctima.
Al primo se le abrieron los ojos como platos al ver con
cuanta desfachatez metía el otro sus dedos en un sitio tan intimo.
No se conformaba solo con manosear su conchita con una mano,
sino que utilizaba la otra para iluminar la zona, y ver mejor lo que revisaba.
El otro primo, cansado ya de pelearse con el hermanito por la
posesión del duro pezón que tanto parecía gustarle, le hizo señas al amigo para
intercambiar los lugares... lo que este acepto de mil amores, pues su almejita
estaba demasiado seca y era muy estrecha para poder meter los dedos como había
pensado, y el tacto de su mata de vello pubico no era tan interesante como lo
que tenia en mente.
El primo pronto comprobó lo que el mocoso había
descubierto... pero él, mas experto y mas paciente, sabia muy bien lo que debía
hacer. Así que usando solo las yemas de sus dedos empezó a deslizarlas arriba y
abajo por la suavisima y sensible piel de la entrada, hurgando con paciencia a
la espera de que sus toqueteos obraran el milagro.
Además, las caricias que su hermano no había dejado de
prodigar a sus prietas nalgas de seguro que ayudarían en la labor. Este, en sus
deliciosas exploraciones, había hallado la entrada al orificio mas estrecho de
todos, y ya llevaba un ratito jugando a comprobar cuanto mas podía meter la
puntita de su dedo índice en tan angosto lugar.
Mientras el instigador ya se había situado junto al hermanito
arrodillado.
El cual, aferrado al pecho de su hermana mayor con ambas
manos, chupeteaba su duro pezón con un ansia inusitada. Sus dedos temblorosos
manoseaban de tal forma el divino pecho que casi parecía que estuviera tocando
un instrumento musical.
Así que no perdió el tiempo tratando de quitarle su juguete
y, poniendo en practica lo que se le había ocurrido mientras hurgaba en su
almejita, le pinzo con mucho cuidado la nariz. Lo justo para que no pudiera
respirar pero que no le doliera. Como ya suponía, la chica no se despertó por
ello, sino que se limito a abrir su amplia boquita para respirar por ella,
dejando así vía libre para que el tunante pudiera poner en marcha su plan.
Fue tan sumamente rápido en quitarle los dedos de la nariz y
en bajarse las bermudas que para cuando el hermano se fue a dar cuenta ya le
estaba metiendo su dura verga en la boca entreabierta.
La chica, que ya volvía a respirar con normalidad por la
nariz, debió de volver a su mas tierna infancia, pues empezó a succionar el
largo miembro que ocupaba buena parte de su boca como si fuera un chupete.
Haciendo las delicias de su dueño, que se limitaba a balancear suavemente las
caderas adelante y atrás para que la mamada fuera perfecta.
Los primos, que se habían arrodillado detrás de la chica para
estar mas cómodos, no se percataron de nada y, a diferencia del hermanito,
siguieron con su grata labor.
El que hurgaba en su culito estaba fascinado, pues con
paciencia y perseverancia había conseguido introducir su dedo índice hasta la
raíz en su culito, y ahora se divertía a base de moverlo a un lado y a otro para
disfrutar de su deliciosa estrechez.
Pero mas feliz estaba el otro, que haciendo gala de la misma
paciencia que su hermano había logrado que sus caricias convirtieran una
estrecha hendidura seca en un húmedo pasillo que recorrían sus dedos a placer,
deslizándose por el ahora encharcado túnel con tal facilidad que había logrado
meter en su interior dos y hasta tres dedos cuando así lo había querido.
Mientras, por delante, el mocoso había tenido que sujetarse a
los hombros del hermano mientras se corría, con una abundancia insospechada, en
el interior de su boquita. Y, o bien la chica era muy glotona, o no era la
primera vez que lo hacia, pues se trago todo el semen que mano de su inagotable
fuente sin que se le escapara ni un solo hilillo fuera.
La experiencia había sido tan increíble que el chico aun la
tenia tiesa, por lo que si no llega a ser porque el hermanito insistía una y
otra vez en querer ocupar su lugar, habría podido quedarse dentro hasta lograr
una segunda descarga.
Pero su depravada mente pronto decidió que había formas
mejores de hacerlo.
Así que accedió a las demandas silenciosas del hermanito y le
permitió ocupar su lugar, arrodillándose el donde había estado el otro para
manosear de nuevo ese pecho increíble que tantos sueños húmedos le había
provocado en el pasado.
El hermanito parecía haber perdido los papeles, pues en
cuanto logro introducirla en la húmeda boca de la bella durmiente empezó a
agitar sus caderas con una brusquedad que no podía sino traerles problemas...
pero que para sus planes venia de maravilla.
Solo tuvo que esperar a ver los síntomas evidentes de que el
afortunado chico estaba a punto de correrse para retorcerle el sensible pezón a
la hermana, con tanta saña como mala idea, logrando así sacarla de su inocente
sueño.
La jovencita, medio dormida, aun no se había hecho cargo de
la situación, ni de las mil sensaciones que la embargaban, cuando su hermanito
empezó a correrse en su boca.
Sin razonar la inocente debió asumir que debía ser un sueño
húmedo o algo así, pues se lo trago todo con gula mientras el calor de lo que
tenia dentro de su culito y lo que fuera que entraba y salía de su almejita le
provocaban un dulce y fugaz orgasmo.
Posiblemente fue tan fugaz porque termino de desvelarse y se
dio cuenta de lo anómalo y fuera de lugar de su situación.
Los chicos no habían perdido el tiempo, y mientras aun estaba
atontolinada se habían apresurado a volverla boca arriba, tapándole la cara con
su propio camisón para que no los reconociera, mirándose preocupados unos a
otros mientras trataban de decidir que era lo que podían hacer.
El que tenia bien claro lo que tenia que hacer era el
avispado mocoso, que ya se había situado entre sus muslos separados con sus
bermudas bajadas hasta los tobillos.
Los primos habían hecho un trabajo previo maravilloso, por lo
que la entrada fue como la seda, metiendo su larga verga hasta los testículos en
el primer empujón.
Los otros tres podían sujetar a la fiera a duras penas, pero
eso a él le traía sin cuidado, pues sus empujes eran cada vez mas fuertes y
continuos, y sabia que mientras la tuviera sujeta por los muslos se encontraba a
salvo de sus patadas... además que su agitación le venia de perlas, pues sus
movimientos agitados hacían que la penetración fuera la leche.
No se sabe si lo que la calmo fue el agotamiento... o el
fuertisimo e inusitado orgasmo que tuvo cuando el chico eyaculo en su interior.
Lo que si es seguro que eso les vino de perlas, pues les
permitió ponerla de cuatro patas en la cama, con la cabeza clavada en la
almohada y el camisón envuelto en su cara para que no pudiera verles.
Esta vez, cuando el primo ocupo el lugar del chico, y empezó
a penetrarla desde atrás, casi no tuvieron ni que sujetarla en su lugar,
limitándose a gemir calladamente (no se sabe si de queja o de placer) mientras
el chico la poseía de un modo salvaje.
Si para todos fue una sorpresa ver como empezaba a mover las
caderas al compás con cierta timidez, aun lo fue mas cuando la oyeron rugir de
gozo en mitad de un tremendo orgasmo múltiple. Este fue tan violento que provoco
el orgasmo incontrolado del chico, el cual aunque había pensado eyacular fuera
no pudo evitar que su verga explotara como un autentico géiser en las
profundidades de su conchita.
Lo cierto en que en ese momento nadie le dio la mas mínima
importancia a eso, pues mientras el hermanito y el amigo amasaban los
maravillosos pechos que bamboleaban alocados al compás de su respiración
agitada, el otro primo se apresuraba a despojarse de sus pantalones para poder
hacer realidad su mas oscura fantasía.
La chica, todavía bajo los efectos del inusitado orgasmo,
solo pudo jadear mientras se le escapaba una pequeña queja al sentir como un
durisimo chisme se introducía por su culito virginal. Hasta la fecha ella solo
había aceptado algún que otro dedito de su novio y solo cuando estaba muy, pero
que muy excitada. Por lo que fue la primera sorprendida al ver con cuanta
facilidad se deslizaba por su angosto agujerito la verga invasora.
El primo, ebrio de gozo, en cuanto logro que sus testículos
acariciaran la suave piel de sus nalgas empezó a menear las caderas con un ritmo
fenetrico... sin poderse creer que POR FIN estuviera sodomizando a una chica...
y que además esa chica fuera su prima.
La cual, cuando sintió que una mano (que ella no podía saber
que pertenecía a su otro primo) se adueñaba de la supersensible pepita de su
clítoris, masajeandola hábilmente, volvió a experimentar un fuertisimo
orgasmo... al que posiblemente ayudo la crueldad con que su hermanito y su amigo
estaban torturando sus sufridos pezones, pellizcando y retorciendo sus gruesos
fresones con lujuria desbocada al oírla rugir de placer.
Este ultimo orgasmo fue tan largo que, para cuando acabo,
también había acabado su primo, el cual había dejado el interior de su culito
bien llenito de semen, dándole un par de buenas palmadas justo en el momento en
que eyaculaba y aferrándose luego a sus generosas caderas para no caerse encima
suya por la flojera que le entro después.
Pero muchisimo mas agotada estaba la pobrecilla, que para
cuando consiguió recuperar el aliento ya llevaba un buen rato sola en la cama...
dado que sus asaltantes había huido, con tanta prisa como sigilo, sin tenerlas
todas consigo.
La chica, tras bajarse a duras penas el camisón, metió su
manita entre las temblorosas piernas, notando como resbalaban entre sus dedos
los últimos grumos de semen que no había conseguido retener su estrecho túnel...
y la dejo allí, quedándose dormida casi en el acto... con una enigmática sonrisa
de felicidad en su hermoso rostro.