Hola soy Esther una vez más contándote mis aventuras.
Mis lectores habituales ya me conocen, pero si quieres saber más de mi,
busca mi primer relato, Las Infidelidades de Esther 1era, Robert, ahí
comprenderán el porque de mis infidelidades y mis aventuras.
Como saben trabajo en una oficina de ventas. Algunas
veces en promociones especiales, o en adiestramientos tenemos que
trasladarnos a otros lugares fuera de nuestras oficinas, por lo que
decidimos hacernos unos polos con unos diseños de arte gráfico, para
cuando nos tocara salir de nuestros sitios de empleo, poder estar
identificados como miembros de nuestra compañía. Siendo esta la razón
que me llevo a buscar un diseñado gráfico, más bien varios, ya que
siempre me gusta comparar antes de decidirme por un producto final.
Esta tarde en particular hubo una serie de sucesos
con algunos de nuestros más importantes clientes, que me obligaron a
salir más tarde de lo que había programado. Para rematar hacía una calor
infernal, pero ya me había comprometido en dos citas con dos diseñadores
gráficos, lo que me impedía llegar hasta mi casa a tomar un baño antes
de partir a las mismas, así que vestida con la ropa de oficina partí a
mi primera cita.
Esta mañana me sentía increíblemente seductora, con
un aire de suma elegancia con el conjunto de falda cortísima, chaqueta
blanca, y una blusa sin mangas de encaje negra la que era muy
transparente pero que gracias a la chaqueta me daba la imagen de la más
sensual, casi erótica ejecutiva. En combinación con el conjunto, unas
medias de liga y zapatos negros de gran tacón terminaban mi atuendo. Mi
pelo, siendo lacio con ondas, me ayudaba a terminar la imagen sexy que
quise tener en la mañana, pero la verdad que el calor aumentaba de forma
inclemente, por lo que ahora el me estaba resultando un tanto
fastidioso, motivo por el que lo recogí detrás de mi nuca, dejando solo
unos cuantos mechones sueltos como al descuido.
Llegue a la cita con el primer diseñador, y la
realidad salí casi de inmediato. Además de no quitar sus ojos de mis
senos que se asomaban por el escote de mi blusa, su arte no era nada
excepcional tampoco. Siendo así que prontamente me dirigí a mi próxima
cita. Como se supone que en la primera tardara más, llegue algo
adelantada a esta y encima el calor no me dejaba en paz, ni aún el aire
del auto lograba calmarme por lo que después de batallar un rato me
quite la chaqueta. Tuve una pequeña lucha interna ya que precisamente
hoy, al tener blusa y chaqueta, no me había puesto sostén, y como
mencione antes, la blusa era de encaje negra, semi transparente, por la
cual se podía distinguir la blancura de mis senos y un poco más sin
ningún esfuerzo. Al final pensé: "Que más da, si hoy día enseñan mucho
más sin ningún problema" – pensándolo me baje del auto, y dirigiéndome a
la entrada de la oficina, entre.
Al llegar, observe que no había nadie en la
recepción, por lo que toque el timbre anunciando mi llegada. Espere unos
segundos, y pronto escuche un -- "Ya voyyy"—y casi acto seguido, salio
un joven no podría tener más de unos veintidós años máximo, rubio, alto
de ojos color marrones, alegres. "Llegue uff," -- al decir esto, se
detuvo en seco. Sus ojos no pudieron evitar dirigirse a mis pechos, que
se transparentaban a través de la blusa, los mismos recorrieron desde
mis senos hasta mis curvas.
"Gchh"—raspé mi garganta, notando él que su
escrutinio no paso desapercibido para mi. A la vez que sentí una pequeña
pulsación, como una excitación creciendo lentamente.
--"Disculpe, es que nuestra secretaria se sintió mal
en la tarde y le dimos la enviamos a su casa, para que descansara." –al
decir esto, sus ojos nuevamente bajaron a mis senos, provocando que mis
pezones se pararan muy duros, sin yo poder hacer nada para evitarlo.
"Usted debe ser Esther, o me equivoco?"—diciendo esto dio un paso
adelante y me tendió su mano.
--"Si soy Esther, mucho gusto, a la vez que le
alcanzaba la mía."—pero algo raro sucedió, en el justo momento en que
nuestras manos se unieron, fue como si un rayo eléctrico, nos hubiera
sacudido. Ambos nos miramos a los ojos, y sin poder evitarlo entreabrí
mis labios. Constantemente, sin darme cuenta apenas, cuando me encuentro
en una situación de gran tensión sexual, rozo mis labios con mi lengua,
o muerdo mi labio inferior sin percatarme de lo que hago o puedo
provocar con este gesto.
El chico siguió el trazo de mi lengua y apretó mi
mano. Con ella entre las suyas, miro por sobre mi hombro, viendo que no
había nadie más en la oficina. Buscaba mi mirada, parecía sopesar lo que
haría, a la vez que yo sentía como si lava candente recorriera mis
venas, volviendo a morder mi labio inferior.
El joven parecía estar indeciso hasta ese preciso
momento, pero al ver una vez más como mordía mi boca, con un brazo rodeo
mi cintura acercándome a su cuerpo caliente. De inmediato pude sentir su
verga que dura se paraba entre nosotros. Era una situación donde ya no
éramos nosotros quienes dominábamos, sino el sentir, el fuego que nos
recorría, toda esa enorme excitación que provocaba que me mojara sin
remedio. Pronto sentí su mano que pasó de mi cintura a mis nalgas, y sin
esfuerzo entraba debajo de mi falda. Sus dedos apretaron suave,
tanteando, bajaban hasta el borde del tanga, moviéndolo a un lado, se
deslizo suavemente, palpando el tesoro que escondía entre mis piernas.
Sentí un escalofrío recorrerme, busque su mirada, el busco la mía, a la
vez que ya en el mismo centro de mi feminidad empujo, entrando en mi más
preciado tesoro.
--"Esther...ahh que caliente te siento, que rica
estas mi reina." – murmuro empezando a mover sus dedos una y otra vez en
un delicioso entra y saca que me erizaba toda, donde lo único que atine
hacer fue abrir un poco más mis piernas, pues aquella deliciosa
sensación me estaba envolviendo en una torrente de pasión donde ya no
quería pensar en nada. Así me agarre de su cuello, pegándome más a él,
lo miré, lenta, muy lenta, acerque mi boca a la suya, aquellos labios
carnosos, se veían tan deliciosos, y yo quería sentirlos, lamerlos.
Quería recorrer mi lengua entre ellos, y entrar en la profundidad de esa
boca que provocaba tal erotismo dentro de mi, tanto que no era capaz de
pensar. Seguí lenta, hasta que al fin logre atrapar esa boca, y ahí me
dedique a recorrerla, quería sentirlo muy dentro de mi. Lo
bese una, otra vez, lo lamí, con desesperación mi lengua, ya inquieta,
se dejo llevar por el ímpetu de explorar, y lamí todo su rostro, sus
orejas, bajando por su cuello, ya en el cuello suspirando de placer,
tanto de absorber su rico aroma, como el placer intenso que sus dedos no
dejaban de producir. De pronto sentí que retiro su mano, y abrí los
ojos, en mis labios una protesta.
--"Esther mamita, estas tan deliciosa, no quiero
parar ni un segundo, pero tenemos un observador." -- me dijo el joven a
la vez que se dirigía a la puerta de entrada, cerro poniendo el anuncio
indicando CERRADO. Al ver hacia la entrada ví un vagabundo que al vernos
se estaba haciendo una paja. Me sentí sonrojar, al ver la verga del
vagabundo, gruesa y muy parada, sin ninguna pena el tipo continuaba
jalándose la paja y mirando ahora mis pechos pues quede de frente.
Pronto ví como unos escalofríos lo recorrían, ví como torció su mirada y
pronto la leche empezó a brotar por aquel falo que muy parado, me estaba
disfrutando.
Volví mi vista al joven que también vio la leche
brotar del vagabundo, y tomando mi mano, me arrastro al interior de su
oficina. Cerrando aquella puerta también. Ya cerrada la del interior se
volteo de inmediato, me miro, y busco mi boca. Me besaba fuerte, sentía
su lengua introduciéndose en mi casi llegaba a mi garganta, sin pensarlo
seguí lo que habíamos iniciado momentos antes. Sus manos agarraron ahora
mis senos, mis pezones se escapaban entre los encajes, su boca pronto
bajo hasta ellos y de inmediato, comenzó a mordérmelos.
--"Ahh que rico, ahhh coño que bueno lo haces,"
–susurré envuelta en la pasión. El, me levanto por los aires, con gran
facilidad y me coloco sobre una mesa, parecía ser la mesa de dibujar, y
ahí subió lo poco que quedaba de mi falda, abriendo mis piernas. Por un
momento me miro, se dedico a contemplar mis labios vaginales, paso suave
un dedo. Lento abrió, y una vez más sus dedos entraron en mi chochita.
Lo entro profundo a la vez, que miraba mis ojos, yo estaba como
hipnotizada, solo podía mirarlo. "Esther, Esther donde has estado toda
mi vida." – murmuro mientras sin más bajo su rostro cayendo de rodillas
entre mis piernas, y comenzó a lamer toda mi concha. Su lengua no perdía
detalle, lamió toda mi humedad, parecía querer secarla toda, entro mi
tan rico, y profundo, me poseía, mi cuerpo pronto comenzó a sentir unos
profundos temblores, sentía que caía, que iba cayendo en una sensación
tan deliciosa, y no sabía solo sentía como mi cuerpo comenzó a vibrar
explotando en uno de los mejores orgasmos que he sentido en toda mi
vida.
--"Ahhh, ahhhhh, ahhhh que ricooo, no pares, no
pares" – atine a suspirar sintiendo que me quedaba sin aire, sintiendo
que mis labios estaban tan resecos, que me obligaba a humedecerlos con
mi lengua. "Que rico..."—murmuraba presa aún de los espasmos. Una vez
más lamió mis jugos, se levanto, dando un beso apasionado, haciéndome
probar mis propios jugos que aún tenía en sus labios. "Quiero, chico
quiero que me claves, hazlo ahora." – le ordene en un tono que no
admitía discusión.
Mirándome, se sonrió de forma provocativa, me volteo
con un poco de fuerza, quizás para dejarme saber que él también mandaba
y bajándose su pantalón me empujo sobre la mesa. De inmediato, sentí su
verga muy dura, me arranco de una el tanga y comenzó a restregar su falo
contra mis nalgas. La tensión, un poco la fuerza, me asusto un poco,
pero a la vez, sentí como mi chochita se mojaba una vez más. Paso su
brazo por mi cintura y me jalo levantado mi culito hacia su verga. Sabía
que me iba a comer el culito, y me asustaba, pero toda la situación a la
vez me excitaba como nunca. El me rozaba una y otra vez su polla por
todo mi culo, hasta que de una la entro. "Ahhh." – grite sintiendo
dolor, trate de apartarme pero él, me agarro.
--"Querías mi polla no, mi reina? Pues aquí la
tienes." -- diciéndolo entro más profundo en mi. El dolor me cegó por un
momento, pero pronto comencé a experimentar otra sensación. Sentí como
mi concha se mojaba una vez más, dando paso a una increíble sensación de
placer.
--"Sigue, sigue, no pares, vamos clávame, clávame." –
suplique ya presa de tan ricas sensaciones. El no se hizo de rogar, y
clavándome una y otra vez, tan rápido como podía.
--"Quieres mi leche mamacita?"—me susurraba a la vez
que jalaba mis cabellos, haciendo que subiera, y provocando que su polla
entrara más en mi. Culeando una y otra vez, comencé temblar de intenso
placer, sentí como él se dejaba ya arrastrar en la pasión, sentí como ya
no tenía control, y explote, sintiendo su semen caliente invadiendo
preciado culito.
--"Ahhh, ahh."—murmure dejándome caer en aquella mesa
de dibujos. El por un momento cayó sobre mí, y luego se rodó.
Levantándose me volteo, me levanto, tomándome muy suave me acerco a su
rostro y besándome me murmuro...
--"De ahora en adelante, por SIEMPRE, estaré...
DENTRO DE TI...