Somos cuatro
Lo conocí por medio de un anuncio que puse en una página de contactos:
"Chico de 20 años busca un hombre que lo haga sentir mujer,
deseo probar mi primer pene y que alguien estrene mi trasero, me considero
bisexual, puedo dar y recibir"
De la publicación recibí solo algunos mensajes para hacer
contacto, sin embargo la mayoría era de gente petulante y que en su lenguaje
demostraban su falta de cultura y sensibilidad, después de todo era mi primera
vez y quería ser tratado como toda una señorita cuando entrega su virginidad.
Con Roberto me puse en contacto por el MSN, platicamos buen
rato y sus comentarios me daban cada vez más y más confianza, platicamos mucho y
a partir de ahí nos encontrábamos en el chat para conversar por lo menos una
hora cada día. Entre sus comentarios me dijo sus deseos: el quería a un hombre,
pero que llevara a cabo el papel femenino en la relación, él no recibía, solo
daba y aunque de un inicio no me encanto la idea, me fue convenciendo, de tal
manera que a la semana siguiente ya me trataba como a una mujer y yo le
respondía como sí fuera mi hombre.
Elegí el nombre de Gabby para nuestras conversaciones que,
tengo que decirlo, cada vez se alargaban más y eran más calientes. Cuando le
preguntaba como era me decía que su apariencia no era la de un hombre guapo, que
más bien era feo, que era llenito y moreno. Yo soy blanco, alto, agraciado de la
cara, delgado, me mantengo en forma y tengo un culo que varias mujeres y hombres
voltean a ver cuando paso, así que la apariencia que me platicaba de repente me
hacía entrar en dudas.
En una de esas conversaciones me propuso vernos, me dijo que
me invitaba a desayunar unos tacos, que podíamos conversar y que si nos
agradábamos ahí la dejábamos y si algo se daba que bien, o que incluso podíamos
ser amigos solamente. Su proposición me gustaba por simple, así que quedamos de
vernos la siguiente semana; todos los días que faltaban eran de un nerviosismo
increíble, de masturbaciones continuas y de pláticas muy sabrosas por el chat.
Quedamos de vernos en un lugar X, e irnos juntos a la
taquería, llego el día y fui a su encuentro, cuando lo vi, pensé que realmente
no era muy guapo, ni tenía un super cuerpo: era moreno, de mi estatura, algo
llenito, cabello lacio negro corto, en fin, un hombre común y corriente y no el
hombre musculoso y guapo que yo quería que entrará por primera vez en mí.
Lo vi y me saludo, los dos estábamos algo apenados por el
encuentro, nos pusimos de acuerdo en irnos en su carro y poco a poco, con el
camino y la conversación fuimos entrando en confianza, de tal manera que cuando
llegamos a desayunar lo hicimos como dos grandes amigos. El desayuno transcurrió
tranquilo, no platicamos nada de sexo. En la conversación de una noche antes yo
le dije que consiguiera condones y lubricante por si algo sucedía, también le
prometí que si las cosas no resultaban por lo menos le regalaría una mamada.
Entre platica y platica me di cuenta que me estaba divirtiendo muchísimo y
decidí que mi culito sería para Roberto. Él durante todo el rato me prodigaba
atenciones, me preguntaba que me faltaba, que más quería, etc. De verdad era
todo un caballero conmigo.
Al finalizar el desayuno me dijo, -quieres algo como postre.
Yo le respondí: -Si, se me antoja una rica lechita, pero esa
sólo me la puedes dar tú.
El abrió los ojos muchísimo y me dijo: -¿Vamos a mi casa?
Yo le respondí que sí, así que pago la cuenta, nos subimos al
auto y partimos rumbo de su casa.
Durante el trayecto el me decía que no me iba a arrepentir,
que iba a gozar como nuca y que con él sería la mujer que siempre había querido
ser. Yo le decía que en lo poco que tenía de conocerlo me había sabido ganar y
que yo haría todo por complacerlo.
Llegamos a su casa. Era una de esas casas típicas de interés
social, él vivía sólo y la pagaba con las ganancias de su trabajo como diseñador
de publicidad. Me mostró la sala y la cocina (muy juntos), el baño y las
recamaras, una desabitada y otra que era donde el dormía.
-¿Te gusta?, me pregunto.
-Me gustas, le respondí.
Ese pareció ser la voz de arranque, porque fue acercándose
poco a poco a mi cara y me dio el primer beso que un hombre me hubiera dado. Ya
nos habíamos puesto de acuerdo y yo deseaba ser besado y besar y a él también le
agradaba la idea así que era algo maravilloso. Sentía que su lengua entraba,
salía y exploraba mi boca con delicadeza, como se trata a una señorita.
Se separo y me dijo: -¿Qué te parece?
-Maravilloso, le respondí mientras volvía a besarlo y le
entregaba mi boca para sus juegos.
Mientras yo le tocaba la espalda, le acariciaba los hombros y
el cabello, él bajaba mis manos a las nalgas y me decía que era muy linda y que
me deseaba. Entre beso y beso lo aleje un poco de mi y le desabroche la camisa y
le acaricie y bese el pecho el pecho y fui siguiendo un caminito hacia abajo
hasta llegar a su pantalón, lo desabroche y quedo en una horrorosa trusa blanca
que odie desde el principio. Lo que no odie fue el bulto que se marcaba en la
tela y que levantándome lentamente toque y acaricie de forma superficial.
Cuando me levante, el me saco mi playera y besando mis
tetillas me dijo –Me encantan tus tetas. Y se entretuvo buen rato besando mis
tetillas y diciendo entre dientes que era una mujercita perfecta y que me
deseaba más que a nada.
Yo ya no dije nada, solo me tire en la cama y el sobre mi, me
gustaba sentir su peso y su bulto en mi estomago, mientras me besaba
interminablemente. Como pude me safe de él y le pregunte por los condones, me
apunto a la mesita de noche y entonces vi el paquetito de 8 condones, bueno,
pensé, espero los usemos todos. Tome el paquete y me dirigí a su entrepierna,
bajando su trusa salto muy duro un pene moreno de unos 15 cms. No era muy grande
y era café, nunca pensé que una visión así provocara que mi boca comenzara a
salivar queriendo probar aquel pedazo de carne. Así que la tome en mis manos y
aunque ansiaba comenzar a chuparla, mejor tome un condón, lo abrí y masajeando
ese pene del que esperaba tanto placer se lo fui poniendo poco a poco. Alberto
tenía los ojos cerrados y cuando toque con mi lengua la puntita emitió un
suspiro muy fuerte.
-Por fin se me hace darte una mamada, le dije
-Esta verga es tuya, me dijo él, disfrútala
Yo metí la puntita en mi boca y el placer que sentí fue
indescriptible, el sabor del látex me molestaba, pero la textura tan real de su
pene me tenía en la gloria. Lo chupe por una eternidad, Alberto suspiraba y
decía con voz entrecortada –Que bien lo haces, sigue, me gusta.
De repente me detuvo y me dijo, -no quiero acabar así, ven.
Me atrajo hacía él y me comenzó a besar de nuevo y me dijo –quiero tenerte ya.
Yo por respuesta me levante y me baje los pantalones,
quedando en un slip negro que había elegido para la ocasión. Me volteo para
enseñarte mi culito y me dice, -eres divina. Ante esas palabras me voy bajando
poco a poco el slip y le voy enseñando mis nalgas muy blancas. –Estas para
comerte chiquita me dice él, mientras se levanta y me abraza por atrás, puedo
sentir su pene rozando mi culito y eso me pone aún más caliente si se puede.
El me acaricia el pecho desde atrás y me restriega su pene
cada vez más rápido y me dice, -Colócate en la posición de perrito para
metértela.
Yo le digo que la prefiero estar yo de espaldas y que me la
meta sí, para ver su cara cuando me penetra. Me contesta que por ser la primera
vez es mejor en cuatro puntos –Para abrir bien tu cuevita mi vida, después lo
haremos como quieres.
-Yo no muy convencido me pongo a cuatro sobre la cama, el se
arrodilla detrás de mí y me acaricia la espalda y las nalgas, yo ronroneo como
gatita, -te gusta, me dice. –Me encanta, le respondo.
Después sentí algo frío en la entrada de mi culito y me
informa que esta echándome lubricante, después con sus dedos comienza a jugar en
mi entrada y cuando siento que dedo invade mi interior suelto un suspiro largo y
profundo, -Sigo, me pregunta. –Adelante, le digo. Y comienza a meter y sacar ese
dedo. Yo jadeaba como loquita y cuando sentí que otro dedo luchaba por entrar
pegue un gritito que hizo sonreír a Alberto. –Ya estas lista, me dijo, después
de un rato de meter ambos dedos. Sentí como colocaba su pene en mi entrada y me
dijo –Con tus manos abre tus nalgas, para facilitar el proceso. -Le obedecí y
sentí con más claridad la punta de su miembro en mi culito. Me encantaba la
sensación de choque cuando el hacía el intento de entrar, se retiraba y de nueva
cuenta, me encantaba sentir ese juego, esa suavidad y estaba a punto de
decírselo, cuando de repente siento que mi esfínter cede y entra la puntita,
pegue un grito que creo que se oyó en toda la colonia donde estábamos, pero no
era un grito de dolor, era más bien un rugido de placer, era una manera de hacer
notar al mundo un acceso de placer inmenso, nunca sentido y que me hacia sentir
plena y llena; porque en ese momento era Gaby la que estaba presente, era ella
la que estaba siendo desflorada y era ella la que sentía ese placer que solo una
mujer, una real mujer puede sentir.
Alberto se quedo quieto un momento, de seguro sorprendido por
el grito, -Por favor sigue, le pedí. El siguió con el mismo juego de meter y
sacar la puntita yo mientras echaba y echaba grititos de placer. De repente
sentí que entró más, volví a gritar de placer y en el siguiente empujón me sentí
colmada de verga y el mismo Alberto me lo confirmaba, ya te entro toda mi amor,
-la sientes, te gusta, me preguntaba. Yo solo atiné a decir un gutural
–Siiiiiiiiii. El entonces comenzó a sacarla y a meterla, primero lo hacia muy
despacio y me decía que tenía un culito maravilloso, que era mujer maravillosa,
que nunca había sentido tanto placer y muchas cosas más que me hacían sentir muy
querida en ese momento. Después comenzó a hacerlo más rápido y nuestros gemidos
llenaban el ambiente y entonces Alberto pego un gruñido y dándome una gran
embestida termino en mí, mejor dicho en el condón, pero igual podía sentir
claramente sus venas hinchadas y descargando esa lechita que tanto deseaba. De
la envestida no pude sostenme y caí boca abajo y él encima teniendo aún una
especia de pequeñas convulsiones que hacían que su miembro siguiera estimulando
mi recién estrenado culito. Con esa estimulación y mi pene contra la sabana,
sentí que comenzaba a eyacular, sin tocarme siquiera. Era un terminar suave
después de tanto placer, era un sentirme ir y coronar tanta excitación.
Él fue ladeando poco a poco su cuerpo y cuando su vega iba
saliendo de mí, sentí otro tipo de placer que de nuevo me arranco un suspiro.
–No sabía que era tan gritona, le dije.
–Eres una mujer maravillosa, gracias por este maravilloso
regalo, espero no haberte defraudado.
-Para nada, ha sido la sensación más maravillosa de mi vida.
Gracias a ti por ser tan tierno y amoroso conmigo.
-Nos volveremos a ver.
-Cuando quieras, al ratito te doy mi celular y cuando desees
estar conmigo solo llámame, yo haré lo mismo cuando quiera repetir, ¿que te
parece?
Nos despedimos esa mañana entre muchos besos y promesas.
De camino a mi trabajo no dejaba de pensar en lo sucedido y
esperaba que pronto me llegara la cruda moral, sin embargo, lejos de sentirme
culpable, me sentía dichoso cuando un dolorcito en el ano me recordaba mi
experiencia. También pensaba en el momento en que pudiera repetir la
experiencia. Conocí, por primera vez, la ansiedad de buscar a un hombre, de
llamarlo, de pensar que me pudiera rechazar. Todas esas dudas se desvanecieron
cuando recibí un mensaje en mi celular:
"Gabriela, muchas gracias por todo. De verdad disfrute como
nunca, espero que nos podamos ver mañana a las 8 de la noche en X lugar para
cenar"
Waw, mi corazón se disparo, me sentí ilusionada y por
supuesto que le conteste que ahí estaría puntualita.
Al siguiente día, saliendo del trabajo fui a mi casa para
asearme para la ocasión. Cuando estaba eligiendo mi ropa se me ocurrió darle una
sorpresa, fui al cuarto de mi hermana y de su cajón de ropa interior elegí un
boxer de encaje que pensé me quedaba muy bien y que esperaba que le gustara él.
Me vestí, por lo demás, con ropa normal y salí a verlo al restaurante.
Cuando llegue él ya estaba ahí, nos saludamos cortésmente y
sin más me soltó:
-¿Te gusto lo que vivimos? ,
-Fue sensacional, le respondí
-¿Lo volveremos a hacer?
-Por mi encantado o encantada, como prefieras
-Mira como me tienes, me dijo señalándome su pantalón.
Como era de vestir se podía observar una dureza que le
marcaba un poco la ropa.
Yo disimuladamente le toque y le dije: -Si quieres, en un
rato más te bajo esa hinchazón.
El se rió mucho y me comento al oído: -Eres la mujer más
maravillosa que he conocido.
Yo le agradecí y en eso llego el mesero y ordenamos. Esa
noche en el restaurante platicamos mucho de nosotros, de lo que queríamos de esa
relación y llegamos a varios acuerdos:
En nuestra relación yo era la mujer y él era el hombre y
las conductas que adoptares estarán en virtud del género que nos
corresponda.
En la intimidad siempre seré tratada como una mujer y mi
nombre será Gabriela.
Somos libres ambos de estar con otras personas ya sea
hombres y/o mujeres, de parte de ninguno se tolerarán escenas de celos, en
virtud de esto:
Siempre se usara condón en nuestras relaciones sexuales,
tanto para las mamadas como para la penetración.
La relación se acaba en cuanto uno de los dos lo decida.
Esa noche también asumí ante Roberto mi papel bisexual,
durante la cena estuvimos viendo chicas y abundaron comentarios, como ¡Mira ese
par de tetas! O ¡que culo más fenomenal!, en fin nos estuvimos divirtiendo como
dos grandes amigos.
Al terminar la velada nos fuimos a su casa cada quien en su
carro. Cuando llegué, la puerta estaba entreabierta, cuando entre me abrazo por
detrás y besándome la nuca me decía: -Te deseo chiquita, ya te la quiero meter.
Yo me voltee y nos comenzamos a besar mientras tocaba mis nalgas y me repetía
–Hoy te lo voy a hacer como querías, te voy a ensartar mientras miro tu cara de
niña recibir mi verga. –Me puso super caliente y me separe de él y corrí hacía
la habitación, saque de la mesita de noche un condón e hincándome ante él, le
saque el pene y se lo puse y se lo comencé a chupar. Después de 5 minutos me
desvistió, me preparo y en esa noche sentí el placer de ver a los ojos a mi
hombre, a quien me hacía su mujer a cada centímetro de verga que me enterraba,
ese día lo vi jadear mientras me hacía suya, lo mire cerrar sus ojos y fui
testigo de sus mini-convulsiones mientras se venía en mí.
Así inicio nuestra relación, durante algunos meses nos
veíamos 4 o 5 veces a la semana para coger, en esos meses aprendí a sentarme en
su pene (su posición favorita, sobre todo cuando le daba la espalada), me hice
experta en apretar su verga con mi culo y él hizo músculo cuando me la metía yo
abajo y mis piernas en sus hombros (mi posición favorita). También recorrimos
toda la casa haciendo el amor, me hizo suya en el comedor, en el patio, en
salita y hasta en el jardín. Y todo continuo normal hasta…
Continuará…
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