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TODORELATOS » RELATOS » EL TRATAMIENTO (1)
[ No da quien tiene, sino quien quiere. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 04 de Diciembre, 2008.
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El tratamiento (1)

saykool
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(Tratmiento Especial Remixed) La historia que voy a narrar trata de cómo mis ideas fueron distorsionadas por un chantaje, modificando mis concepciones y mi propia persona... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

La historia que voy a narrar trata de cómo las ideas, que parecían servir de guía para la vida, se pueden distorsionar de un día para otro, de cómo un error me arrastró lenta y ferozmente al mundo de la perversión sexual. Pero primero voy a describir brevemente como era mi vida antes de los sucesos que la cambiaron para siempre.

Soy una chica independiente que vive sola hace unos años, tengo mi propio departamento y un trabajo normal (una oficina en el centro). Mi nombre es Jazmín, tengo ojos verdes que contrastan con mi pelo negro y siempre llaman la atención mis rasgos finos. Mis medidas son 96-61-91 y suelo vestirme normal, muy de vez en cuando me pongo algo sexy, sobre todo porque soy de familia católica y bastante conservadora. Aunque desde que trabajo y me gano mi propio dinero ya no me interesa aparentar nada.

Cuando pasó lo que les voy a contar hacía poco tiempo que había dejado a mi novio por una obsesión que el tenía (sobre intentar por otros lados, etc.) Imagínense que aunque me permitía ciertas prácticas no iba mucho más allá, el placer se me antojaba cotidiano, predecible y natural.

Estaba en la cocina cuando sonó el teléfono, se trataba de la muerte de un tío al que nunca había conocido. No me quedaba familia cercana y a mis 23 años me había acostumbrado totalmente a las circunstancias, no me interesaba congeniar con nadie por imposiciones sanguíneas. Sin embargo al parecer me había dejado una herencia y debía ir a hablar con el abogado. Me vestí con una camisa blanca, saco y minifalda azul, estructurada como siempre.

Al llegar al estudio me recibieron muy formalmente, era un estudio de esos grandes con ese estilo aristocrático de los grandes buffets. Esperé unos minutos en la sala de espera hasta que finalmente fui atendida. El hombre que me atendió era un hombre de mediana edad, unos cuarenta años de traje fino y gesto serio. Luego de saludarnos y tomar asiento me dijo.

"Supongo que estará sorprendida, pues bien yo también lo estoy, he sido compañero legal de su tío desde tiempos remotos y jamás me imaginé que le dejaría una cifra tan significativa, sobre todo considerando que ustedes no tenían trato alguno. Pero bueno, él siempre decía que lo primero para él era la familia"

"Debo confesarle que me sorprendió bastante el llamado" contesté fríamente, el trámite no me interesaba demasiado, además estaba de vacaciones y el tiempo prefería gastarlo de otra forma, en otras circunstancias, tal vez oníricas, quién sabe.

El abogado percibió esto y dijo "Mire, voy a ir directo al grano, su tío impuso una sola condición."

"¿De qué se trata?", contesté impaciente.

"Usted debe conservar su virginidad." Dijo, implacable. Realmente me molestó la condición, me pareció conservadora y absolutamente ajena a lo que sucedía en la actualidad, digamos que estaba pasada de moda, pero de un modo represor que me generaba cierta ira. Decidí sacarme el asunto de encima lo más rápido que pude.

"Ya veo, bueno, la cuestión es que no soy virgen, así que supongo que aquí terminó el asunto, ¿no?" contesté. El abogado me miró a los ojos y después buscó unos papeles en un cajón, finalmente dijo.

"Puede ser, pero sabe, hay otros métodos para obtener la herencia y le estoy hablando de la siguiente cifra." Escribió la cifra en un papel y luego me lo pasó. Realmente era una cifra incomprensible, lo suficientemente grande como para vivir sin trabajar el resto de mis días y que varias generaciones más puedan hacerlo. Entonces arremetí.

"Y.... ¿en que consisten esos métodos?", el dinero había corrompido por vez primera mis ideas, en seguida me di cuenta, pero no me importó, estaba dispuesta a hacer ciertos sacrificios por esa suma, al fin y al cabo, me iba a ahorrar muchas humillaciones y obligaciones en el futuro, de parte de compañeros de trabajo, jefes, etc. A esa edad ya sabía que esa cifra lo resolvía todo, por lo tanto no pensaba ceder ante mis objeciones morales, el objetivo había cambiado, el fin justifica los medios, o por lo menos eso creía yo, aunque más tarde me daría cuenta de aquél fin apenas podía justificarse a si mismo.

"Para confirmar su virginidad usted debe pasar por una serie de profesionales, en fin asuntos burocráticos… Hay una forma de… digamos "sobornarlos", y se trata de una inversión que usted debe hacer, consistente en la siguiente cifra." Nuevamente tomó un papel y escribió en él para luego pasármelo. Se trataba de una cifra mucho menor que la anterior pero igualmente para una chica como yo era incosteable, ni vendiendo todo lo que tenía podía llegar. Le dije esto y el abogado sonrió.

"Igualmente hay una forma de pagar esa cifra, siempre hay una forma, le aconsejo que lo piense y que luego me llame. Pero antes necesitaría que me firme unos papeles", me dio unos papeles que yo apenas hojeé y los firmé, estaba absolutamente aturdida por la velocidad de los acontecimientos, comprendía que la forma de pagar esa suma si no era mediante ningún bien personal, dada mi belleza, era una forma pervertida de hacerlo, tal vez algún "favor". Tomé mi cartera, le di la mano al abogado y me fuí. Al llegar a casa el mundo giraba, por suerte estaba de vacaciones y no tenía que ir a trabajar pero igual estaba agotada, lo suficiente como para arrojarme a la cama y dormir por horas. Al día siguiente recibí un llamado, era del estudio de abogado para concertar una cita.

Decidí ir a la cita con ropa un poco más informal, pantalones largos, saco también y no me maquillé tanto. Cuando llegué al lugar me hicieron pasar de inmediato.

Después de las formalidades el abogado tomó la palabra.

-Bueno señorita Jazmín quisiera saber que opina, recuerde que debemos resolver esto con cierta inmediatez.-

-Estuve pensándolo bien y creo que no son buenas intenciones las suyas, por lo tanto prefiero construir mi propia vida y conservar mi dignidad.- Al decir esto sonreí, me parecía que una vez concluida esta frase concluiría todo el asunto.

-Justo como lo pensaba,- contestó, certero, el abogado pero inmediatamente fue él quién más sonrió.- lamento informarle que no tiene opción…. Usted ayer firmó que conservaba su virginidad por lo tanto sabe que lo que usted hizo es fraude y que de llegar esto a la justicia no solo perderá todo lo que tiene sino que además puede terminar presa.-

Esas palabras llegaron como gotas de hielo, estaba avergonzada, intimidada y además furiosa. Pero sobre todo asustada por lo que me quedé paralizada. Un escalofrío recorría mi piel y la saliva se me antojaba incomoda, no sabía como reaccionar, que hacer… hasta que el abogado volvió a hablar, esta vez con una sonrisa pícara y lasciva, como la de un demonio.

-Ahora… ¿quiere que le diga que es lo que tiene que hacer para recuperar su vida y además una suma inconmensurable de dinero? -

Me costó contestar pero al final lo hice.-Si.-

-Aquí hay un "plan de pagos" como podrá observar más tranquila en su casa, le recomiendo que lo estudie y que luego, bueno, se prepare porque le advierto que son todos profesionales los que se van a ocupar de su formación, por lo tanto no se le va a hacer nada fácil si decide actuar como una obcecada marioneta.-

Me pasó un sobre que no quise abrir, y cuando estaba saliendo de la oficina me aclaró.

- A propósito… yo era muy amigo de su tío por lo tanto me interesa que permanezca vigente su deseo, las prácticas que usted llevará a cabo no se realizarán en el lugar que él deseaba que usted conservara intacto. Pero no le quepa duda de que estarán fuera del alcance de su entendimiento.-

Entonces me aterroricé, se trataba del fin de mi vida digna, el frío recorrió mi piel hasta llegar a mi ano que entonces se frunció. Me volví y temblando le pregunté, con la tez pálida y una expresión de miedo en el rostro.

-Usted...no puede hacerme esto....usted es un infeliz...usted.- le dije y me quebré en sollozos.

-Disculpe señorita, pero conforme vaya creciendo en su vida debe aprender estas lecciones, de como se maneja el mundo hoy en día.-hizo una pausa- Además yo creo que este "tratamiento" le traerá muchos beneficios, le abrirá muchas puertas- y esbozando una sonrisa me saludó con la palma de la mano abierta y esa oscilación característica de las lejanías.

La realidad me había colocado en otro plano, con un solo golpe, un cachetazo. "Ciego a las culpas el destino suele ser despiadado en las mínimas distracciones" y en ese momento de mi vida más que nunca.

Llegué a mi casa, en el camino había sentido las miradas que hurgaban mi cuerpo, en ese momento las sentía más que nunca, no podía dejar de sentirme invadida en todo lugar. Al cerrar la puerta de mi hogar fui directo a la cama, lloré un poco y luego abrí el sobre.

Allí había fechas, horarios y cifras, empezando por el día siguiente. La dirección era siempre la misma.

Durante la noche tuve toda clase de pesadillas, algunas sádicas, otras sexuales, otras violentas, aún no sabía que me esperaba pero el inconciente ya se ocupaba de procurarme un adelanto de cada una de las alternativas.

Al día siguiente me desperté y me bañé, al sentir el agua recorriendo mi piel cierta calma me abrigó, mi cuerpo estaba conmigo y su textura también, traté de albergar en mi alguna esperanza sin embargo fallé y la angustia volvió. Al salir del baño tomé la bata, me sequé y me fui a vestir, elegí ropa normal, mi típico saco azul entallado, abajo una remera un poco ajustada, no demasiado, y la minifalda del conjunto.

Llegado el horario que figuraba en el sobre golpeé la puerta, tenía que ser puntual por lo que decían algunas indicaciones y un tanto provocativa, porqué por lo visto el asunto estaba en que llegado determinado horario la gente que me esperaba estuviera conforme para que el "tratamiento" como lo llamaban se completara lo más rápido posible. Un tipo me abrió la puerta y me condujo por un largo pasillo hasta una sala de aspecto impecable, con formas bastante particulares. Entonces me dijo

-Te tienes que quedar acá, ahora va a venir Damián, él te va a indicar las reglas, pero lo tienes que seducir para que te las diga.

Al rato llegó el hombre y se sentó en una silla que había allí. Entonces

Empecé a seducirlo con armas que luego descubrí que eran irrisorias para ellos, mostrando mi parte trasera, lamiéndome el dedo, pero sin sacarme una sola prenda, aún me daba vergüenza.

Me cansé de hacer gestos e insinuaciones hasta que finalmente le dije en el tono más sensual que pude alcanzar aquella vez.

-Ya no sé que hacer, no se te mueve un pelo...dime que puedo hacerte.

Se acercó lentamente, me besó, me sentía atraída por él, y poco a poco me quitó el saco, luego la camisa, silenciosa y velozmente.

Quedé en corpiño mirándolo mientras se alejaba. Me traté de tapar.

-No estas preparada…es una lastima, podrías disfrutarlo pero no creo que hoy te permitas ese lujo.-dijo mientras se retiraba a una mesa que había allí cerca.

-¿Qué me va a pasar?...necesito saberlo- Dije, teniendo la esperanza de que no se tratara de nada que me generara repulsión, de que se tratara de algo inclusive agradable, aún tenía esa inocente esperanza.

 

-Bien…Hoy la lección será oral, vendrán unos 20 tipos, tú estarás atada y te harán lo que quieran siempre y cuando sea facial. Una vez que acaben todos habrás cumplido con tu tarea, hay un tiempo pactado; si el tiempo que les toma acabar sobrepasa el pactado se te acumulará deuda y sabes que nuestras sumas no las puedes pagar fácilmente.- Mis esperanzas se vieron truncadas en ese preciso instante, ahora si, estaba totalmente entregada al devenir del destino.

-… que vengan rápido.-Contesté sin vacilar, resignada.

-Así me gusta.- se sonrió Damián.

El hombre no se ocupó de desvestirme ni nada, me puso de rodillas y ató mis manos tras un tubo de metal que unía el techo con el suelo, entonces, por la puerta entraron unos sujetos.

-Primero que nada tienes que tragarte esto para no devolver nada.-Dijo Damián y tomó un consolador de un bolso y le untó una crema por toda la cabeza, luego se acercó y me pidió que abriera la boca, lentamente lo introdujo hasta alcanzar lo más profundo que pudo en mi garganta, di un par de arcadas que pronto cesaron para dar paso a un extraño placer que inundó mi cuerpo velozmente.

-Pueden empezar- Dijo Damián y se retiró de la sala.

Yo quedé atontada, la voz retumbó por todo mi ser, aquella influencia extraña se había repantigado en mi cuerpo, sin embargo mi conciencia percibía con facilidad el grado de perversión al que me estaba dejando arrastrar. Mis pechos estaban impacientes, mi piel sensibilizada, mi excitación no se podía disimular, solo las ideas me hacían padecer aquella situación.

Los hombre ya se encontraban desnudos, sus penes variaban de tamaño, al parecer iban a seguir un orden de menor a mayor para "abrirme la garganta" según me dieron a entender. Con las muñecas atadas a la espalda estaba completamente indefensa y mi cuerpo impaciente, mis labios se abrían suavemente como queriendo engullir en un susurro aquél manjar promisorio, mi lengua se movía dulcemente aunque ese día no tendría que hacer uso de ella.

Uno de los hombres se acercó y me dejó ver su pene de cerca, aquella forma que mi cuerpo ansiaba y mi mente detestaba. "Quiero que conozcas a tu verdugo, así podes saborearlo bien." Dijo mientras introducía lentamente su pija en mi boca. La cabeza me invadió primero, con sus líquidos y su textura suave y deliciosa, se iba abriendo paso entre la lengua y el paladar, haciéndome sentir su forma y sus texturas.

Ocupó mis fauces y comenzó con un vaivén suave, el hombre se deshacía de placer, lo hacía lentamente, disfrutando la situación y procurando llegar cada vez más adentro en sus embestidas. La suavidad con la que me hacía tragar su pene correspondía a fines educativos, pues mi garganta debía acostumbrarse lentamente. Pronto me di cuenta de aquella terrible realidad, pensé en que haría cuando mi cuerpo se acostumbre, que haría cuando necesite de aquella humillación. Si, humillación, más allá del placer seguramente concebido por aquella crema que me procuró "Damian" (como me enteré luego que se llamaba aquél hombre) era humillante aquella situación. Sexualmente nunca había ido demasiado lejos, no era una persona liberal en ese aspecto, si aquél día me rendí a la situación fue porque aquél producto era un afrodisíaco bucal extremadamente fuerte, sino mi resistencia hubiera sido tal que el final trágico hubiese sido inevitable.

Volví, volví a mi cuerpo, a lo que ocurría en mi boca. Y otro hombre la poseía, uno con un miembro más voluminoso, entonces caí en la cuenta de que el anterior no había acabado, me preocupé, recordé la implacable condición y un escalofrío recorrió mi cuerpo: "…hasta que todos acaben". Debía preguntar pero el hombre que tenía en la boca hacía imposible mi tarea, esperé, mientras escuché sus palabras. En ese momento me aterraba pensar en cuando el efecto de la crema cesara y la humillación creciera en mi interior.

-Así… puta, así… ¡que linda boquita!...nosotros te la vamos a dejar hermosa. – Las palabras que brotaban de la boca del hombre que me poseía eran groseras y humillantes.

Pensé que iba a acabar cuando sacó su pija, pero no fue así, simplemente se fue a sentar a un sillón y todos rieron.

-¿Qué pasa?- pregunté angustiada.

-La puta recién se da cuenta- contestó uno de los hombres riéndose.

Las risas se propagaron inmediatamente.

-Pero, ese era el trato, ustedes me humillan pero por lo menos puedo contar con que van a acabar.- dije, pensando como pensaba antes, cuando todo era tan normal y cotidiano.

Las risas que entonces estallaron me hicieron imposible escuchar mi propia voz. Un hombre bien dotado se me acercó masturbando su miembro y poco a poco empezó a penetrar mi boca tapándome la nariz con sus dedos, mientras decía "Ahora vas a escuchar bien, resulta que ese es TU trato, pero sabes que?... es mucho dinero, no te va a ser nada fácil…. Sino cualquier putita se hace millonaria de un día para otro… Te va a costar mucho y vas a tragar más de lo que alguna vez pensaste." Cuando terminó la frase su verga ya me había penetrado la boca con total infamia.

Pronto el hombre hizo que mi mentón tocará sus huevos y me dijo. "Querés decir algo más?", yo no pude hacer nada más que mirarlo y dejar que unas lágrimas brotaran de mis ojos como reacción a su terrible penetración.

Su pija inundaba mi boca, la abarcaba toda, mi paladar la sentía, mi lengua la degustaba y mi garganta cedía casi adormecida por el placer, efecto de aquella sustancia con la que habían embadurnado el consolador. Me sentí húmeda, excitada cuando empezó a entrar y salir de mi boca generando esa espuma que se escurre por los labios y se deja caer, mezcla de saliva y semen, nunca había probado algo así, en aquél instante se me hacía deliciosa. Su velocidad se incrementaba a cada instante hasta que repentinamente abandonó mis fauces y se recostó en uno de los sillones que circundaban el lugar dejando su lugar a otro, que hizo lo mismo, yo ya tenía la falda enchastrada por los restos de saliva y guasca, mi posición facilitaba esto ya que estaba de rodillas, con mis nalgas apoyadas sobre mis talones, no era una posición cómoda, pero me parecía una posición "decente".

Iban pasando los hombres, sus sabores, sus ritmos, sus embestidas, cada uno con características que lo diferenciaban de los otros, sin embargo todos me abandonaban en el momento exacto, demorando no sólo sus corridas sino que también las mías. Al cabo de las horas pude ver como elegían acabar en un recipiente que había allí. "Por suerte", pensé en aquél momento; hacía unos minutos que "la crema" había perdido efecto y el sabor a pene que sentía en mi boca gracias a los líquidos preseminales me empezaba a repugnar.

Con el trajín del acto en cuestión mi maquillaje se había corrido, mi pelo se había despeinado y mi cuerpo se había entumecido, para cuando todos hubieron acabado mi cuerpo se había desdibujado como así también mi espíritu. El cuarto estuvo vacío unos minutos en los cuales esperé con ahínco que Damián o algún otro viniera a desatarme, intenté pararme pero mis piernas no respondían, se encontraban totalmente dormidas, el hormigueo que podía sentir era intenso, sin dudas aquella crema me había hecho entrar en trance ya que el reloj de la pared indicaba que habían pasado las dos horas, sin dudas aquella fue una "sesión" perdida que solo servía como para apreciar con más claridad el agujero en el que me había hundido.

Al cabo de un rato entró Damián con una filmadora y me empezó a filmar, el sudor recubría mis senos y mis pezones, aún erectos, habían quedado al aire gracias a las indagadoras manos de alguno de aquellos hombres, ni siquiera me había dado cuenta cuando había sucedido eso, sin embargo cuando lo noté me inundó la vergüenza. Ahora me parece increíble aquella reacción paródica, pero de eso se trataba, no se trataba de asquearme, se trataba de convertirme realmente, que mi razón flaqueara y que mi cuerpo cediera ante ellos.

Damián me pidió que dijera a cámara que sentía.

-Me siento la mujer más asquerosa del mundo.-dije.

-Ya lo vas a ser no te preocupes. –contestó Damián mientras con sus manos me quitaba las esposas, y agregó: -Veo que no pudiste cumplir con el tiempo. No te preocupes, ya vas a poder despacharlos, mañana vas a poder usar tus manos.

Estuve un rato pensando en estas palabras mientras usaba mis brazos para acomodarme el corpiño y el enterito. Finalmente contesté:

-no creo que pueda…-

-Vas a poder, y sino?, que importan un par de sesiones más cuando se trata de no trabajar nunca más en la vida?....entiendo que sea humillante, pero es ahora nomás, después no vas a tener que bancarte nunca más que alguien te humille.-Me contestó Damián con serenidad, como intentando tranquilizarme.

-Eso espero.

-Igual no te queda otra.- Sentenció Damián mientras me acompañaba a una especie de vestuario que había allí cerca.

Cuando salimos del lugar Damián me invitó a cenar, era tarde y me sentía demasiado desolada como para rechazar la propuesta, accedí. Pasamos por mi departamento para dejar la ropa impregnada de semen, que más tarde pensaba quemar.

Me puse el traje más elegante que tenía, uno entero negro, con un corte insinuante que dejaba escapar mi dulce muslo. Quería eximirme existencialmente de la humillación que había sufrido durante la tarde y mostrar "clase" me parecía lo más indicado. Sin embargo mientras cierto raptos de angustia inundaban mis ojos de lágrimas mientras me cambiaba, entonces me veía al espejo y buscaba la serenidad en mis ojos verdes, en mis labios, en mis pómulos, en la armonía que reinaba en mis facciones, mi belleza debía respaldarme, mis cejas debían guiar mi razón, mis pestañas debían insinuarle al mundo como actuar ante mi. Pensando esto volvía a mis casillas, recuperando un poco de seguridad. Al fin y al cabo Damián tenía razón, después de cumplir con aquél tratamiento no tendría que soportar humillación de ninguna índole, el fin justifica los medios.

Me maquillé y salí, Damián estaba mirando televisión en el living del departamento cuando mis encantos hicieron efecto, sus ojos se agrandaron y no pudo contener la frase "estás hermosa", así, encantado lo llevé al restaurante.

Hablamos de muchas cosas, era un hombre simpático, además yo ya me había resignado al "tratamiento" de alguna forma, fundamentalmente quería pasar un tiempo sin hablar del tema. Hasta que finalmente llegó la hora de los postres, yo no quería pedir nada, había comido liviano porque el asunto de volver a utilizar la boca para ingerir comida se me había hecho medio difícil.

A la hora de los postres, yo pretendí prescindir de los mismos pero el mozo me acercó una porción de duraznos en almíbar, invitación de la casa. Acepté la cortesía con una sonrisa, pero en cuanto pude sentir la textura suave del durazno embadurnado con esa capa espesa de almíbar recordé la forma del pene. Esa forma se me hizo hermosa y deliciosa, y este pensamiento me asustó, no me pertenecía, apenas me percaté lo eliminé de mi mente y me odié por haberlo pensado. "Son ellos, ellos me invitaron al postre porque sabían lo que pasaría en mi mente, me quieren pervertir, pero no voy a permitirlo, no puedo permitirlo" pensé y me fui dejando a Damián colgado. No podía seguir perdiendo el tiempo, debía pensar, recuperar mi razón, mi forma de ser, aquella tarde había sido demasiado traumática como para perder el tiempo así, debía pensar en mi vida.

Llegué al departamento y me desnudé completamente, me miré al espejo, vi mi cuerpo, mis pechos, redondos, turgentes, mi culo, perfecto, mi piel, suave. Era yo, no debía dejarme pervertir. Seguía siendo yo.

Apagué la luz y me acosté, me cubrí con la sabanas, el contacto de las mismas con la piel me hizo sentir abrigada, protegida, en la oscuridad un pensamiento perturbaba mi mente dificultandome el sueño: "El abogado me dijo que no me iban a tocar mi intimidad…entonces todo va a ser como fue hoy y hoy mismo alcanzaron mi garganta, o sea que penetraron todo lo que podían penetrar, entonces…a lo sumo tendré que jugar con la lengua, será repugnante, pero me acostumbraré, no es tan grave…pero sino es así, y si pretenden algo más?, que pueden pretender?, de que me estoy olvidando?...no pueden llegar más lejos" Me dormí con la serenidad que me trajo este último pensamiento, sin embargo el destino me demostró cuan equivocada estaba.

Esa noche soñé con pijas descomunales y sexo a velocidades incalculables, el caos me hacía entender que yo estaba gozando viendo aquello, gozando como si se tratara de un placer estético, me desperté a la mitad de la noche empapada en sudor y excitada, procuré controlarme para volver a dormirme, sin dudas aquella tarde me había trastornado bastante.

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