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TODORELATOS » RELATOS » MI PRIMER DíA DE TRABAJO (MARI MAR 5)
[ La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 16 de Mayo, 2008.
Fecha: 03-Sep-05 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (4522 de 6922)

Mi primer día de trabajo (Mari Mar 5)

Arcadia
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Llega el día de la cita de trabajo con Antonio y del “paseito” de entrenamiento con el que quiere comenzar el depravado profesor con sus perversiones. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

MI PRIMER DÍA DE TRABAJO (Mari Mar 5)

Llega el día de la cita de trabajo con Antonio y del "paseito" de entrenamiento con el que quiere comenzar el depravado profesor con sus perversiones.

 

Después de que mi hermano me rompiera el culo con su monstruoso instrumento, Antonio se marchó dándome una palmadita en mi dolorido trasero en tanto que mi hermano subió a su habitación sin decir absolutamente nada, pero con una mirada que pareciera que estuviera diciéndolo todo: "Eres mía". La verdad es que me temía con él lo peor pero, curiosamente, no volví a verlo más tras la cita de "El Cereal" con el profesor. El culo me lo había dejado destrozado el pedazo de cabrón si bien había disfrutado como una auténtica puta. Entre la sodomización de mi hermanito y la follada vaginal del improvisado consolador vegetal había tenido multitud de orgasmos y en aquellos momentos, aunque me acabara de levantar de la cama no tuve por menos que volverme a acostar para poder recuperarme. Curiosamente el coño no lo tenía nada irritado y seguía, con vida propia, destilando fluidos. Esto lo achaqué a la cosa que me había introducido en la vagina Antonio antes de comenzar a follarme con el pepino.

Me quedé dormida con esta idea en la cabeza dándome la incertidumbre vueltas de forma machacona en los sesos. No había pasado más de hora y media desde que me quedara dormida cuando la humedad de mi coño me despertó. Esto era increíble ¡seguía destilando flujos!. Me toqué el coño con la yema de los dedos dejándome entre estos abundante líquido transparente y espeso. No tenía la menor idea de qué se trataba, algo de lubricante debería de ser eso casi seguro pero ¿habría algo más en la sustancia?. A "El Cereal" no volví a verle en los dos días de espera que siguieron, otra incógnita que me corroía las entrañas. Algo maquinaba, sin duda.

Conforme se iba acercando el día del supuesto "paseíllo" me iba poniendo más nerviosa y cuando me levanté el Martes a punto estuve de llamar a Antonio diciéndole que me encontraba indispuesta... pero en lugar de eso decidí afrontarlo como un reto y es que ¡qué leche, 3000€ eran 3000€! El día había amanecido ya desde por la mañana bastante caluroso a lo que me puse un top de canalé tejido de multitud de hilos multicolores y que se anudaba al cuello por atrás, dejaba a la vista mi ombligo y al descubierto mi plano vientre, se anudaba con una lazada por la parte de debajo de este, al no llevar sujetador y al ser mis pechos grandes mostraba el nacimiento de estos por los costados del top y si me movía exageradamente podría incluso hacer saltar alguno de ellos fuera de la colorida prenda. En la parte de abajo me puse una minifalda vaquera de vuelo que como me descuidara un poco mostraría impúdicamente mi conejito a cualquiera.

Ante ello y no siguiendo las instrucciones que me había dado Antonio me puse una tanga de hilo dental rosa que me quedaba genial y que a bien seguro "El Profesor" no pondría reparo alguno en que la llevara, en mis piececitos decidí seguir las instrucciones que me dio Antonio y me calcé unas sandalias de varios colores, amarillo, blanco y rojo de tan sólo dos tiras por delante y unos tacones terriblemente altos y finos que como me hicieran andar mucho en el supuesto paseo me iba a acordar toda la maldita tarde de la fatídica elección y que me hacían juego con el top de canalé... me miré en el espejo de la habitación y la verdad es que estaba genial, fantástica. No cabía la menor duda de que el atuendo sería calificado por "El Profesor" con un Notable alto o un Sobresaliente. Me estaba riendo de la ocurrencia cuando oí repentinamente como tocaban a la puerta. Miré el reloj, las seis, "joder este tío sí que es puntual" me dije. Baje las escaleras y abrí la puerta y allí estaba, con unas gafas de sol, negras como el ébano que me impedían que pudiera ver la expresión que le había causado mi modelito. Me miró de arriba abajo, me hizo dar la vuelta, sin dirigirme la palabra, sólo con gestos hasta que me dijo:

Sube a la furgoneta putita, vamos a dar un paseo fuera de la ciudad.

¿A la furgoneta, a esa furgoneta negra de ahí?

¿Estas sorda o qué?. Sí a ESA furgoneta –dijo poniendo énfasis y señalando el furgón plata metalizado aparcado justo en frente de la puerta de mi casa- Sube atrás de ella, no delante. Yo iré contigo y...

¿Y quien conduce entonces? ¿es ha venido alguien más que...?

NO VUELVAS A INTERRUMPIRME. ¡JAMAS!. ¿Has entendido lo que te estoy diciendo zorra o es demasiado complicado para que lo asimiles?

¿Eh? Yo- yo no pre-pretendía el el que-querer interrumpir só-sólo es que me sorprende que...

¡Calla y sube!

Cuando subí al vehículo me quedé helada cuando vi que en el volante estaba nada más y nada menos que mi hermano "El Cereal". Hacía poco que se había sacado el carnet de conducir, apenas hacía una semana que lo tenía, y rascó un par de veces la palanca de cambios antes de poder meter primera y arrancar. Nos dirigimos hacia las afueras de la ciudad en dirección a la autopista y hacia la costa sur. No habría pasado más de 15 minutos cuando ya estábamos fuera de la urbe. Antonio, que estaba sentado en frente de mi y en la parte de atrás de la furgoneta se metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta sacando un envoltorio plateado que con malas formas tiró al lado de donde me encontraba yo sentada. "Ábrelo y métetelo en el coño", me dijo. Un poco asustada de cómo estaba derivando la situación no quise ni tan siquiera protestar y comencé a abrir el pequeño envoltorio. Se trataba de una especie de supositorio, de color blancuzco, bastante grasiento al tacto y un poco más grueso de lo que en principio debiera ser simplemente eso, un supositorio. Carecía totalmente de marcas y de etiquetas exteriores que me hicieran dar una pista de qué se trataba la ojiva blancuzca. Lo olí un poco y me sorprendió el aroma a hierbas del preparado y digo preparado porque en aquellos momentos ya no me quedaba duda alguna de que el dichoso supositorio no había sido preparado en ningún laboratorio. Era algo demasiado "casero". Antonio comenzaba a impacientarse más de lo necesario mientras el lerdo de mi hermano nos llevaba vete a saber dónde rascando de vez en cuando las marchas del vehículo. Estaba un poco asustada y también porqué no decirlo preocupada por la cosa que Antonio quería que me metiera. Me acordé de los 3000€ y de que al fin y al cabo y a pesar de cómo se había comportado Antonio no le veía capaz de hacerme daño. La cosa es que abrí las piernas e hice a un lado el mini-tanga rosa con la mano izquierda en tanto que acercaba con la derecha el supositorio a mi vagina en aquel momento nada excitada. Antonio, al ver que llevaba el tanga y que no había obedecido esa parte de la orden se puso como loco, llamándome de todo en unos instantes...

Así que a la putita –dijo- le gusta desobedecer lo que le dice su cliente, amo, señor y en este momento jefe. Eso no está nada bien pero que nada bien. ¡Quítate inmediatamente la mini falda y ese ridículo tanga que llevas! ¡Vamos!

Eso es así – continuó mientras obedecía la orden dada- y ahora sin pensártelo metete la mierda esa en tu coño...

No creo que sea necesario el...

De repente y de un salto, Antonio se levantó del asiento como si este hubiera estado provisto de unos muelles. Me quitó de entre las manos el supositorio y abriéndome las piernas de forma brutal empujó con uno de sus dedos el supositorio hacia el interior de mi vagina. Me hizo daño y así se lo hice ver entre lloro y lloro pero a él parecía que le diera igual y a mi hermano incluso pues se reía de forma descontrolada por el trato que me daba Antonio...

Sácate las tetas por los laterales de ese top que te has puesto así parecerás más puta de lo que eres... eso es así... muy bien. La verdad es que eres una hembra de primera ¿sabes?.

Por favor yo yo no no qui – quiero –dije entre sollozos- eso... que me ha metido...

¡Cállate ya y no gimotees tanto!. Ya lo tuviste el otro día o no te acuerdas ya ¿es que te pasó algo eh zorra, te pasó algo con él?

Noo pero es que...

¡Que te calles ya!. Verdaderamente niña me estás encabronando, te aconsejo por tu bien que procures no joderme de esta forma o lo vas a pasar mal, pero que muy muy mal. Y ahora ábrete de piernas y empuja con tus dedos el preparado hacia el interior... venga niña que no tenemos todo el día para esta pollada... eso es... así...muy bien. Venga más, más putilla más... ahora con dos... siiii... muy bien, así me gusta, venga ahora mastúrbate para mi ¡y deja ya de lloriquear!. Eso es, quiero que te excites, tócate el clítoris con la otra mano mientras te follas con tus dedos... mmmm... muy bien –iba diciendo mientras se tocaba por encima del pantalón- pero que muy bien eso es, venga sigue zorrita sigue. Eso es... siiii... tócate también las tetas,los pezones pellízcatelos, eso es...

Había sacado mis dedos de mi vagina para pasar a masajear y acariciar mis pechos, volvía a meterme dos dedos de mi mano derecha en el coño en tanto que la izquierda continuaba ya de forma frenética masajeándome el clítoris para volver pocos segundos después a sacarlos de mi gruta para continuar trabajándome las tetas, así una y otra vez hasta notar como estas estaban completamente mojadas por los fluidos que mi coño comenzaba a destilar irremediablemente. La verdad es que en ese momento no era consciente de si era el efecto de "el preparado" o la extraña situación la que hacía que me estuviera poniendo como una auténtica burra en celo que hiciera que ante la nueva orden de Antonio de introducirme otro supositorio en la vagina ni siquiera me lo pensara y apoyando la suela de mi sandalia en el asiento de la furgoneta me introduje lo más profundamente que pude el nuevo encapsulado en mi interior....

¡Muy bien Mar, muy bien! Sí señor, así me gusta que seas una putita obediente... y ahora continúa masturbándote hasta que yo te diga que pares ¿entendido?

Sii... siii lo que Usted digaa – respondí jadeando por la creciente calentura-

Muy bien Mar, muy bien así me gusta. Tócate también los pechos, los muslos, tus caderas... Gózate Mar, excítate..., ¡vibra! siéntete el centro del placer tuyo y el de los demás... siii eso es, sigue así y no pares hasta que yo te lo diga, exhíbete, muéstrate y... goza... intenta llegar al orgasmo... ¡si puedes! Jajajajajaja

Y continué, continué como me había ordenado Antonio que lo hiciera, excitándome y exhibiéndome para la contemplación de mi placer por él mismo y por el de mi propio hermano que veía como bizqueaba y que rascaba aún más la caja de cambios cada vez que intentaba cambiar de marcha por la excitación y falta de concentración que le estaban provocando las posturas que iba adoptando en la parte trasera de la furgoneta. Los gorjeos, jadeos y casi gritos que me estaba provocando la masturbación se acompañaban de unos chapoteos más que perceptibles de lo húmeda y mojada que estaba. Todo el ambiente estaba impregnado en aquel momento de erotismo, de vicio y de sexo y YO sólo YO era el centro de todo, la reina, la que en verdad estaba dominando la situación era YO y no Antonio, ni mi hermano ni ningún otro. Me di cuenta que en esos instantes era yo la que mandaba, la directora, la ama pues ambos estaban pendiente de mi en todos sus sentidos y pensamientos, en sus más profundos, adyectos y depravados pensamientos, en aquel momento, yo y sólo yo, era el centro de todo. También me di cuenta cómo Antonio ante mi buena disposición ya no me gritaba ni me llamaba puta, zorra o perra sino que me llamó por mi nombre y notaba cómo crecía el deseo en sus ojos y en su entrepierna.

Estuve masturbándome delante de ellos por un tiempo de unos 10 minutos sin poder llegar inexplicablemente al orgasmo buscado cuando Antonio me ordenó que parara de excitarme. Aún fastidiada por la falta de estimulación que necesitaba para poder alcanzar mi premio, paré de inmediato de acariciarme las intimidades mostrando seguramente en mi cara la frustración de no poder continuar con lo que estaba haciendo...

Basta Mari Mar, es suficiente. Y tu chaval tendrás el carnet de conducir pero desde luego no tienes la más remota idea de meter correctamente las velocidades, espero que las lecciones que te estoy dando las asimiles mejor de cómo intentas hacerte con las marchas del auto porque si no... mmm vaya, vaya... se me está ocurriendo... jajajajajaja

¿Lecciones? ¿Qué lecciones?- interrogué tal y como estaba, abierta de piernas y con las tetas asomando por los lados del top-

Nada que pueda interesarte pues... –intentó responder mi hermano-

Sal de la carretera y párate en el arcén – le ordenó Antonio- y tú zorrilla vas ayudar a tu hermano a conducir este trasto pues parece que tiene ciertas "dificultades". ¿ Sabes conducir?

Sí pero..., ¡no tengo coche y no practico nada! Yo... yo, no se si...

Cállate y sube delante.

Eso es, bien. Ahora Mar quiero que ayudes a tu hermano con las marchas por lo que debéis los dos de compenetraros bien... y en cuanto a ti chaval, en cuanto veas que el vehículo te pide otra velocidad que la que tenga recuerda que tienes que pisar el embrague para que tu hermana pueda meter la marcha siguiente ¿entendido?

¿Pero qué tontería es esa profesor de...? –comenzó diciendo mi hermano sin saber muy bien qué es lo que pretendía hacer Antonio, yo por mi parte estaba totalmente despistada y tampoco podía imaginarme qué es lo que pretendía hasta que de una forma brusca Antonio cortó a "El Cereal" en su protesta y aclaró para ambos sus intenciones-

¡Cállate ya descerebrado! Y tu putilla...clávate la palanca de cambios y cambia las marchas con tu coño ¡ya! ¿entendido?

 

 

 

 

Me quedé paralizada ante la orden que me había dado Antonio, jamás habría intuido algo parecido. "El Cereal" me miraba atónito y con una medio sonrisa preguntándose así mismo si verdaderamente sería capaz de cumplir con las exigencias del pervertido profesor. Miré la palanca de cambios de la furgoneta midiendo su forma y tamaño y estudiando el espacio con el que disponía para poder maniobrar y culminar la orden de Antonio. La barra era más bien corta como de unos 10cm de largo enfundada en un molde trapezoidal de goma en su base para tapar el mecanismo y culminado en un mango con forma de peonza de unos 4cm de diámetro, el resto de la palanca hasta su base era mucho más estrecho, como de unos 2cm de diámetro. No sería complicado en exceso el poder acoplarme a la cosa, sin embargo el espacio del que disponía hacía sin duda la tarea un poco más difícil, especialmente si tenía que cambiar de marcha pues me obligaría a girar la cadera hacia delante, atrás o a los lados dependiendo de cual fuera la velocidad que tuviera que poner.

Al ser una furgoneta, la palanca de cambios estaba situada en el centro de los dos asientos delanteros en medio de una elevación semicircular que dividía ambos, por lo tanto debería de apoyar el pie izquierdo en el lado del conductor invadiendo de esta forma parte del espacio del que disponía mi hermano para poder conducir y la otra en el lado del acompañante el cual quedaría completamente vacío a excepción de mi otro pie que debería de ir apoyado en el suelo de este. La situación lejos de distar ser humillante, para mi era de lo más morbosa y la tomé como un reto personal el poder llegar a término la orden dada. Estaba de lo más caliente después de la excitación que me había proporcionado y mi coño me pedía desesperadamente algo para aplacarlo tras lo cual me dispuse a ponerme en posición para poder meterme la palanca ante la sorpresiva mirada de mi hermano que, con la boca abierta casi de par en par, miraba como iba poniéndome a horcajadas encima de la barra. Fui bajando, apoyando las dos manos en el salpicadero del vehículo, hasta que noté como el pomo de la palanca se apoyaba en la entrada de mi vagina haciendo círculos para poder acomodar el diámetro de este a mi entrada. Esta, inmediatamente se adaptó a su forma y fui bajando hasta estar completamente clavada en la palanca de cambios. Me moví hacia arriba y hacia abajo un par de veces con el propósito de aclimatar mi vagina al objeto insertado en tanto que Antonio aplaudía y se reía a pleno pulmón con lo que estaba sucediendo animándome y diciendo a mi hermano, el cual no daba crédito a lo que estaba viendo, que tenía mucha suerte de tener una hermana tan puta como yo mientras me bombeaba al ritmo que me permitía la postura y los tacones de las sandalias, en un nuevo intento de alcanzar el orgasmo anteriormente interrumpido. No duro demasiado el sube y baja por la barra muy a mi pesar pues mi hermano ante la orden de Antonio de arrancar el vehículo le dio de forma automática al contacto arrancando el motor.

Para mi sorpresa noté en mi interior el ralentí del vehículo y como la palanca vibraba en mi interior por la fuerza de los 100 caballos de potencia que debería tener la furgoneta. Ante la visión que tenía mi hermano de mis ojos, que al sentir esta sensación casi se me salían los ojos de la órbitas, me preguntó que les describiera qué era lo que estaba sintiendo con la palanca clavada en mi interior y no pude por menos de decirles a los dos que era como si me estuviera follándome la furgoneta pues en realidad era ella la que llevaba la voz cantante y no yo como hubiera pensado en un principio. Tras unos breves instantes en que estuvimos al ralentí Antonio ordenó que nos pusiéramos en marcha y que nos dirigiéramos a un local que estaba a 21Km de la ciudad en la costa llamado "Hardcore Today" dónde conocía al dueño del garito e iba a proponerle un par de cosas. Mi hermano pisó el embrague, cadera a la izquierda y hacia arriba y… ¡clumb- ñieeeeeecccccccccccc!, al menos primera estaba metida aunque hubiera provocado con ello el rascar irremediable de la caja de cambios, no sabía si es que había sido yo la que no había desplazado mi cadera lo suficiente o es que había sido el lerdo de mi hermano el que no había pisado a tope el embrague pero lo cierto es que el trasto rascó la marcha encabritándose y produciendo aún muchas más vibraciones de las que ya por sí misma producía al ralentí. Lo cierto es que logré poner primera, segunda, reducir, segunda, tercera, cuarta, quinta, reducir... Las primeras velocidades costaban más y hacía que el furgón protestara de cómo se le estaba tratando pero a medida que pasaban los minutos tanto yo como "El Cereal" ganamos en experiencia y en compenetración y ya las marchas iban metiéndose de una forma mucho más suave y parsimoniosa de tal forma que me permitía incluso el lujo de bombearme la palanca entre cambio y cambio de marcha teniendo cuidado eso sí, de guardar el equilibrio con los tacones de las sandalias.

Al final entre unas cosas y otras llegamos sin dificultados al garito, mi hermano y Antonio con un calentón y un empalme que más que visible era lamentablemente ostentoso y yo con al menos tres orgasmos bestiales que el trasto motorizado había arrancado de mis entrañas. Una vez más, quedé sorprendida de que a pesar de los orgasmos alcanzados y de la manipulación y constante e intensa excitación en mis partes, no estuviera nada irritada. Indudablemente, algo tenía que ver en el asunto el supuesto "preparado". La palanca de la furgoneta quedó completamente encharcada en mis flujos y si no llega a ser por la goma que protegía el mecanismo en su base, a bien seguro se habría producido una avería en el vehículo.

El local era un grandísimo chalet de tres plantas rodeado de jardines y que como reclamo a la actividad que en el se desarrollaba estaba coronado en su cúspide de unos llamativos rótulos de neón, de múltiples colores y formas de lo más sugerentes. Ya estaba anocheciendo con lo que los reclamos eran como un faro de Argand en medio del océano. Antonio pasó primero al local ordenándonos previamente a mi hermano y a mi que pasáramos adentro del mismo en unos 15 o 20 minutos minutos, tiempo que aproveché para ponerme la minifalda vaquera y acondicionarme el top correctamente. Mi hermano me miraba lascivamente implorándome que por favor hiciera algo para poder remediar el agudo dolor de huevos que el calentón le había provocado, ante la súplica y acordándome del tamaño de pene que se gastaba "El Cereal" me dispuse misericordiosamente a hacerle una magistral mamada en la furgoneta aparcados como estábamos, en frente del local de alterne. Verdaderamente el instrumento de mi hermanito era tal que no me cabía entero en la boca, tan sólo lo que era el capullo y un poco del tronco del mismo por lo que me dediqué a ensalivar y masturbar el trozo que quedaba fuera al tiempo que metía y sacaba todo lo que podía de la cavidad bucal. No quise tragar demasiado y llegar hasta la laringe por verdadero miedo de quedar enganchada al miembro de mi hermano y morir irremediablemente por asfixia. Le besaba el capullo, me lo sacaba de la boca para admirar lo rojo e inflamado que se encontraba, le daba un par de lametones y mirándole a la cara con ojos de verdadera zorra me la volvía a meter hasta que esta me tocaba la campanillla mientras que con una mano le masturbaba la más de la mitad de polla que aún le quedaba fuera, con la otra mano le masajeaba esos inmensos huevos repletos de leche. En cualquier forma no tuve que hacerlo mal del todo porque a los 10 minutos de comenzar la felación noté como "El Cereal" me cogía de la cabeza, impidiendo que me retirara y con unos espasmos y vibraciones que podían incluso superar a las de la dichosa furgoneta, comenzó a lanzarme tales andanadas de esperma en la garganta que la leche se me salía incluso por la nariz. Mucho fue lo que tragué para poder evitar el morir asfixiada, pero también fue mucho lo que el semental de mi hermano lanzó fuera.

Estaba aún recuperándome y limpiándome de la salvaje vaciada de mi hermano cuando Antonio se asomó a la ventanilla del vehículo diciendo que qué se suponía que estábamos haciendo pues estaba esperando en el garito más de 15 minutos del tiempo que nos había fijado. Antonio, me miró en esos momentos muy fijamente y mirando a "El Cereal Castigador" la cara de gilipollas que tenía comenzó a partirse de risa y a dar palmetazos al costado de la furgoneta...

Jajajajajaja ¡esto es genial! Jajajajajaja ¡increíble! Jajajajajaja. ¡Ay Dios, qué pena no haber estado aquí para poder haber visto esto! Jajajajajaja, bueno, bueno ¡ver para creer!. Bajad los dos y acompañadme dentro, jajajajaja y tu putilla... ¡límpiate mejor la barbilla que la tienes llena de leche! Jajajajaja.

 

El jardín del chalet estaba cuidado hasta el más mínimo detalle, el césped recientemente cortado y las plantas podadas de tal forma que dibujaban extravagantes formas geométricas, todo ello salpicados aquí y allá con alguna que otra estatua de estilo clásico. El interior sin embargo era de un estilo bien diferente, y era de un estilo completamente moderno, tenía una parte de sex-shop en donde se vendían los más variados, disparatados y modernos juguetes sexuales en uno de los laterales del edificio, en el otro extremo había un corredor con varias puertas las cuales deduje de inmediato que eran seguramente unas cabinas de visualización de películas, pues justo al lado de estas había cientos de carátulas de temas de los más variopintos y estrafalarios. En el centro se encontraba una gran estructura circular que ascendía hasta el techo con varias puertas en sus laterales y que en principio no sabía muy bien de qué podría tratarse o a qué tipo de fin podría destinarse la enorme estructura cilíndrica la cual dividía el chalet en dos pasillos circulares que desembocaban en un pequeño escenario con unas pequeñas columnas doradas. A los lados del escenario se encontraban dos barras en las cuales se podían pedir los combinados y cócteles más variados.

Antonio, que se encontraba frente a un pequeño mostrador-recepción en la entrada del local me dijo que fuera a la parte de atrás del escenario que se encontraba al fondo y que saliera a este en cuanto el tipo que se encontraba en el mostrador anunciara que una nueva chica iba a realizar una exhibición de los juguetitos que se vendían en la parte de la tienda, con la boca abierta por la sorpresa atendía a las nuevas órdenes que me daba...

...entras al camerino número 2 y allí verás una maleta. Pues bien, la coges y lo que quiero que hagas es que salgas con ella, te desnudes de la forma que mejor sepas o te plazca delante de esta gente y que uses algo, parte o todo de lo que haya en esa maleta. Eso, te lo dejo a tu elección por lo bien que te has portado en la furgoneta pero si me complace lo que hagas... te daré una gratificación especial a tu sueldo. ¡Venga muévete puta! ¡Quiero verte allí arriba en cuanto te anuncien!

Me dirigí lo más rápido que me permitían las sandalias hacía el camerino número 2 en tanto las miradas de los clientes se cruzaban con la mía en un rápido examen de mi anatomía. Había tíos jóvenes, viejos, altos, delgados, gordos y hasta un par de tías que iban, supuse, acompañando a sus novios o maridos. En el centro del camerino estaba la dichosa maleta, de color negra y brillante como el azabache. Me senté en un pequeño taburete de mimbre que había justo al lado de la maleta y me dispuse a abrir esta para saber qué coño guardaba esta en su interior...

CONTINUARÁ...

Podéis escribirme vuestros comentarios, críticas y sugerencias a esta dirección:

arcadia_relatos@hotmail.com, la serie consta de 3 entregas más programadas.

Relatos anteriores de la serie:

La Clase de Anatomía 1 (Mari Mar 1)

La Clase de Anatomía 2 (Mari Mar 2)

Huída del Aula (Mari Mar 3)

... Y mi hermanito me jodió el culo (Mari Mar 4)

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