LA NOVIA DE MI TIO
El tío Andrés es un ídolo. Siempre fue un tipo agradable. Lo
quiero mucho. Desde chico me llevaba siempre a la cancha, para ver todos los
partidos de mi equipo favorito, incluso cuando juegan partidos importantes en
otros puntos del país, nos tomamos un avión, o si es cerca un autobús de larga
distancia.
Es soltero, siempre anda saliendo con una mujer distinta, yo
le conocí a algunas. Mis abuelos se quejan porque dicen que nunca sienta cabeza,
lo quieren casado y con hijos y él se ríe, dice que para qué conformarse con
una, si las puede tener a todas! Mis abuelos son viejos, no entienden. Pero yo
sí, cuando sea grande, quiero ser como él.
Siempre voy a su departamento, tengo una habitación para mi
solo. Cuando puede, me quedo a dormir, alquilamos videos, me deja entrar a
páginas eróticas de Internet y me habla de sus conquistas con las mujeres. Me
dice que algún día nos vamos a traer a dos chicas para hacer una fiestita... Yo
me pongo todo colorado y no le digo nada, tengo 15 años. No me presiona, es un
ídolo!
Hace como dos meses, está saliendo con una chica rubia de
ojos verdes, en dos o tres oportunidades en que fui a su departamento me la
encontré. Es hermosa, con el pelo largo una sonrisa hermosa... y tiene una
figura! Sus tetas son grandes y tiene un culo de novela! Una vez cuando fui la
encontré vestida con un camisón negro, casi transparente. Cuando me abrió, la
miré y se me subieron todos los colores a la cara... y me puse al palo de verla
casi desnuda, ella parece que no se dio cuenta, me hizo sentar y se fue a la
habitación a cambiarse. Mientras mi tío se duchaba. Cuando se fue me despidió
con un beso en la mejilla y yo sentí por unos segundos, pasar una corriente
eléctrica por todo mi cuerpo. Me parece que ahí me empecé a enamorar de ella. El
tío me preguntó si ella me gustaba y yo le dije, que cómo no me va a gustar con
lo linda que es, me miró de una forma extraña y cambiamos enseguida de
conversación.
La semana pasada, me llamó y me pidió si no le podía pasar en
la computadora un trabajo para Verónica, su novia, porque ella no escribe muy
rápido y tenía que entregarlo al día siguiente. Yo le dije que no había
problemas, que por ella podía hacer cualquier cosa.
Quedamos en un horario en donde podíamos los dos. Salí del
club y con el bolso, me dirigí al departamento. En estos días hace bastante
calor, así que me fui de camiseta y pantalón de algodón de deportes.
Cuando llegué, abrí la puerta, tengo mi propia llave y me
encontré solamente con Verónica. Me dijo que el tío había tenido que quedarse
horas extras en el trabajo, pero como siempre le suele suceder, no dudé de su
palabra, así que nos pusimos a trabajar casi enseguida. Verónica trajo dos
cervezas bien frías y mientras tomábamos, ella me dictaba y yo tipeaba. Estaba
muy linda, con un vestido blanco finito donde se le marcaba bien todo y se
notaba que no llevaba nada debajo. Yo me puse algo nervioso, pero traté de que
no lo notara. Me equivocaba con las letras, con los acentos. Ella se reía, pero
no me decía nada, me dictaba y yo escribía... Estaba sentada muy cerca de mí,
podía sentir su perfume a flores frescas y su voz sonaba como una caricia
suave... En un momento dado me dice:
Te ves muy tensionado.
Puede ser – Le dije – Lo que pasa es que como la semana
pasada terminé los exámenes del Colegio, quedé bastante duro.
No querés que te haga unos masajes mientras seguís
escribiendo? –Me preguntó con voz que a mí en ese momento me pareció
seductora.
Si me gustaría, pero si no es problema para vos.
Se levantó y con sus delicadas manos, comenzó a masajearme el
cuello. Cuando lo hizo, o eso me pareció a mí, me apoyó sus grandes tetas en la
espalda. Mientras me dictaba, yo comencé a tener más errores que antes. Sus
manos, más que masajes, me empezaron a acariciar. Para ese momento yo ya estaba
totalmente excitado y estaba transpirando bastante. Me seguía dictando. Sus
dedos se apoyaron en mis hombros. Yo no sabía si desde la perspectiva que ella
tenía, podía ver mi erección más que notoria por el pantalón de algodón bastante
ajustado que tenía. Sus manos empezaron a jugar con mi pecho lampiño. A tocarme
la incipiente musculatura que tengo en los brazos. Me dictaba mucho más
pausadamente ahora. Empezó a masajearme el vientre, yo estaba cada vez más
caliente. Mi respiración se hizo entrecortada. Sus labios estaban muy cerca de
mi cuello. Sus manos descendieron a mi entrepierna y una de ellas se cerró sobre
mi dura verga. Yo iba a decir algo y con un dedo hizo la señal de que me
callara. Yo no sabía que hacer. Mi sueño se estaba cumpliendo. Su olor de mujer
entró por mi nariz y estalló en mil partículas en mi cerebro. Me hizo parar. Me
abrazó y sus labios se juntaron con los míos. Abrí la boca. Su lengua comenzó a
juguetear con la mía. La habitación desapareció en ese instante. No me importaba
nada, salvo la sensación de nuestros cuerpos entrelazados.
Con una mano comenzó a desabotonarse el vestido. Sus tetas
apretadas, quedaron al descubierto. Sus manos tomaron las mías y las acercaron a
su pecho. Se las agarré como si fueran lo más importante en el mundo. Mis dedos
sentían su tibieza, su blandura, sus pezones amarronados, comenzaron a
endurecerse con el contacto de mis inexpertas manos. Descendí mi cabeza, tenía
ante mi vista sus globos duros y turgentes. No sabía cuál agarrar primero, abrí
la boca y metí uno de sus pezones, me gustó su rugosidad, su sabor, la dureza
que tenía. Empecé a chupar con desesperación. Tomé el otro y con mi lengua
empecé a jugar con su pezón, mientras la oía gemir...
Con una mano, tomó la mía y nos dirigimos a la habitación del
tío. La luz estaba apagada, pero se veía por la claridad que todavía entraba por
la ventana. Silenciosamente se sacó el vestido, dejándolo caer eróticamente por
sus caderas hasta el piso. Se me acercó y nos volvimos a besar apasionadamente.
Me acostó en la cama, me sacó las zapatillas, las medias. Me gustó que me
desnudara. Me sacó la camiseta y empezó a besar mi pecho, mis tetillas que están
comenzando a tener algunos pelos. Siguió bajando serpenteando con su lengua
hasta llegar a mi vientre. Que subía y bajaba con la excitación que tenía. Con
su boca comenzó a mordisquear sobre el pantalón. Al sentir sus dientes
comiéndome la verga, estuve a punto de acabar, pero traté de pensar en otra cosa
y me calmé un poco. Con sus manos me bajó el pantalón juntamente con el slip. De
mi miembro ya se escapaba su líquido. Su lengua comenzó a lamer toda su
extensión, hasta acabar en el glande que estaba muy hinchado. Cuando su boca se
cerró sobre mi cabeza, me pareció estar en el séptimo cielo. Su maestría era tal
que no podía, ni quería pensar en otra cosa. Sin darme cuenta, empecé a jadear
como un loco. Mis manos se cerraron sobre su cabeza y la acompañaba en el
frenético subir y bajar sobre mi verga... No daba más, hacía más de una semana
que no me masturbaba. Mi respiración se volvió más agitada. Con su mano me
apretó los huevos que ya estaban contraídos por la necesidad de acabar que tenía
contenida. No pude más. Sentí que me iba... Mi cabeza daba vueltas... Densos
chorros de esperma taladraron el paladar de Verónica, la cual se apuró a
tragárselo golosamente. Se acercó a mi cara y nuestros labios se juntaron
nuevamente. En su boca, quedaban restos de mi crema, sabía dulce y algo agria,
pero no me importaba. Nuestras respiraciones se fueron relajando.
Verónica acercó mi cabeza hasta sus pechos. Los empecé a
chupar y morder suavemente. Me encantaba. Con sus manos fue guiando suavemente
mi cabeza hasta su vientre. Lugar todavía inexplorado para mí. Su olor de mujer
me llevaba embriagado directamente hacia su pubis. Su vagina estaba totalmente
húmeda. Olía a perfume y a algo más animal que no pude identificar. Con mis
manos la abrí. Lamí su clítoris que se empezaba a hinchar a partir de mis
caricias. Sabía rico. Hundí mi lengua en su vagina que estaba caliente y comencé
a moverla dentro, como había leído en los libros que a escondidas le sacaba a mi
tío para leer con avidez. Verónica suspiraba, sus manos agarraban mi cabeza y la
estrujaban con cierta fuerza en su gruta del placer. Le metí un dedo, luego otro
y empece a moverlos... Adentro, afuera, adentro, afuera, en un mete saca cada
vez más acelerado. No podía más, quería ya ingresar en esa gruta de lujuria.
Dejé de chuparla. Me acosté al lado de ella. Verónica tomó mi verga que había
vuelto a tener toda su rigidez y con movimientos precisos, la fue
introduciendo... Cerré los ojos, quería recordar toda mi vida ese momento... Su
vagina era cálida, húmeda, no sé como explicarlo, pero fue como estar de viaje
durante mucho tiempo y volver a casa. En ese momento, la amé más que nunca.
Cuando mi verga estuvo totalmente adentro, no quería sacarla, pero la excitación
pudo más y empecé a sacarla lentamente, me aprisionaba totalmente. La volví a
meter, a sacar. Ella se empezó a mover despacio, acompañándome. Traté de
acelerar y ella me siguió y entre los dos encontramos nuestro propio ritmo.
Nuestros movimientos se aceleraron cada vez más. Estaba a punto de eyacular,
pero no quería, me sentía super bien! Verónica se dio cuenta y me giró en la
cama para quedar ella arriba mío. Se sentó sobre mis caderas y empezó su lento
subir y bajar. Yo quería acelerar, pero ella me detuvo y siguió con su propio
ritmo. Le agarré las tetas y se las empecé a estrujar entre mis manos. Los dos
estábamos chorreando agua del calor que hacía. Miré su hermosa cara y vi que
estaba como sumida en un trance, con los ojos cerrados, como escuchando alguna
melodía que yo todavía no conocía... Se empezó a mover cada vez más rápido y
gimiendo cada vez más alto. Empecé a sentir nuevamente que me iba, que
nuevamente quería acabar, pero está vez no traté de impedirlo. Nuestros
movimientos se incrementaron, los dos gemíamos como animales. Los únicos que
existíamos en ese momento en el universo éramos nosotros, la cama, esa
habitación, lo demás no importaba... Mis huevos empezaron a despedir uno, dos,
tres chorros de esperma, algunos más, pero no sé cuantos... y después la nada...
y después todo... Verónica se seguía moviendo frenéticamente hasta llegar al
orgasmo. Mi verga estaba perdiendo su volumen, no quería salir de su vagina,
pero poco a poco fue volviendo a su estado normal.
Me sentía cansado, pero feliz. Nos acostamos uno al lado del
otro, sin decir nada. Muchas emociones se arremolinaban en mi cabeza, tenía
ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Cuando nuestras respiraciones se
empezaron a calmar lentamente. Verónica con los ojos enrojecidos me dio un beso
en los labios y se levantó de la cama. Vi su figura de espaldas caminando hasta
el baño, su pelo rubio cayéndole por la espalda desordenado, sus caderas
perfectas, sus piernas duras... Escuché que encendía la luz y abría la ducha. Me
quedé en la cama, desnudo, sin saber que hacer. Un montón de dudas se habían
esfumado de mi cabeza como un plumazo. Me sentía libre, tranquilo y feliz... muy
feliz. La ducha se cerró. Escuche el secador de pelo funcionando. En un momento
pensé que todo había sido un sueño, pero las huellas de la cama me demostraron
que no, que todo había sido muy real. Verónica volvió a la habitación Me mira,
sonríe y yo me siento, no sé por qué, algo avergonzado. Se viste enseguida, casi
sin mirarme. Cuando está totalmente arreglada, se sienta en la cama, me mira con
dulzura y dice:
Tu tío tenía razón, vas a ser un amante excelente!
La miré incrédulo, estaba emocionado, nunca me había sentido
tan hombre como en ese momento.
Gracias! – Le dije con la voz entrecortada.
A vos! – Me dijo desde la puerta de la habitación, me mandó
un beso con la punta de los dedos y desapareció. Escuché que la puerta de
entraba se cerraba.
Pensé que la computadora estaba encendida, que el trabajo tan
urgente para el día siguiente no estaba terminado... y recién ahí me di cuenta
que todo había estado preparado por mi tío. Las preguntas de la semana anterior,
las horas extras en el trabajo... Ahí me di cuenta cuánto me quería al haber
compartido a la mujer que estaba a su lado conmigo. Me quedé un largo rato en la
cama, pensando en eso y en mil cosas más, en cuanto cambiaría mi vida a partir
de ese momento...
Sentí la llave en la puerta de entrada, ya había oscurecido
hacía rato. Busqué algo para ponerme cuando mi tío entró en la habitación. Me
encontró desnudo, con la luz apagada y cargado de emociones, no me importó. Se
sentó a mi lado y me miró con su ancha sonrisa, que siempre me había hecho
sentir bien... Yo tenía los ojos llenos de lágrimas, de amor y agradecimiento.
Nos abrazamos con fuerza. Ahora ya podía llorar y reír al mismo tiempo.
Solamente él me podía entender...
NICK: CHENY
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