Después de aquel maravilloso acontecimiento que nos envolvió
a mi hermanita y a mi no pude parar de pensar ni siquiera por un momento. Me iba
a la escuela y no ponía atención a más nada sino a mis recuerdos y el deseo de
vivirlo otra vez. En más de una ocasión me levanté del pupitre para correr al
baño a masturbarme pensando como me había chupado con esa boca tan inocente. Me
miraba al espejo y se me hacía ver correr por mi boca el flujo que tragué
aquella noche.
Tardó unas tres semanas pero finalmente mis padres tuvieron
otra salida. Priscila sabía separar muy bien las cosas pues no había mezclado
los tantos mientras no teníamos perspectivas de disfrutar otra velada.
Ya sabido que mis padres estaban preparándose para su
encuentro de amigos, que mi madre se estaba bañando y mi padre cambiandose en el
dormitorio, ella se acercó mientras yo me preparaba un jugo de naranja y, por
detrás casi sin dar advertencia posó su mano entre mis piernas subiéndola hasta
llegar a mis huevos que se levantaban junto a mi pene que tomaba forma.
Me puse bastante nervioso y peor aun porque me excitaba en
sobremanera. Ella susurró a mi oído, "no te olvides que todavía tengo una parte
de niña que no me la robaste".
Tanto había pensado en esto y ahora sentía como que me
acobardaba. Pero ella se alejó y se encerró en su recamara al tiempo que sentí
los pasos de mi padre que se acercaba y con naturalidad me dijo que cuide bien
la casa porque ellos me tenían la confianza de que yo ya era un hombre para
hacerlo. …si lo supieran!!!
Llegó finalmente la hora de que partieron y cuando me
cercioré que se habían ido cerré la puerta e ingresé a la casa. Mi hermana
estaba sentada en el sillón con un pequeño pantalón que poco le cubría las
nalgas. Su mirada se dirigía directamente a mis piernas y sin vacilar, aceché.
Me acerqué lentamente y al colocarme próximo a ella su mano
hizo contacto con mi cuerpo. Yo sabía que su miedo transpiraba a través de su
mirada y mis piernas acompañaban su ritmo temblando sin parar.
Fue directo a mi bragueta y bajándola colocó su mano por
dentro hasta enrollarla en mi verga que se endurecía con agilidad con su tacto
enfático y a la vez delicado. La extrajó y mirándome a los ojos puso nuevamente
su lengua por encima de mi glande. Mi calentura se ponía extrema pero pensé que
tenía que aguantar pues había mucho más que hacer aparte de disfrutar otra vez
su calida respiración en mis partes mas sensibles.
Le pedí que no se la metiera, para no provocar mi eyaculación
tan rápido. La agarré de los codos y la levanté a mi altura hasta que casi
instintivamente me arrojé a sus labios besándola nuevamente con locura.
--Te amo-- declaró-- pero como a un hombre, no como un
hermano--
La acompañé hasta la puerta de mi dormitorio y bajándole el
pantaloncito dejé al descubierto su blanca piel apenas envuelta por la más
pequeña de sus prendas. Agarré su culo con mis dos manos a la vez que una de
ellas se deslizaba hasta introducirce por debajo del elástico. Lentamente
descendí ejerciendo presión para obtener su desnudez. Recorrí su cuerpo con el
mio que estaba ya sin ropas y me puse por detrás apoyando fuertemente mi tronco
en la línea de su rico culo y poniéndole mis manos en sus tetas completé la
acción dejándola como había llegado al mundo.
La fui empujando hasta llegar a mi cama. Sentía como su
cuerpo sudaba.
Yo intentaba pensar en otras cosas para que la fiebre no me
cegara descargando mi arma, pero no podía. Tenía a mi hermana con una virginidad
apenas adolescente enfrente mio. Solo tenía que tomarla.
--¿Estás segura?--me aventuré a preguntarle para calmar mi
conciencia en el futuro.
--Si no es con vos que te amo y sé que siempre me vas a
cuidar, ¿con quien otro?--
--¿No pensabas llegar pura al casamiento?-- reiteré como un
estúpido.
--Juan, no dudes. Ya me metí un dedo una vez. ¿Quien va a
creer que soy virgen? Además, talvez ni mi marido se merezca esto. Te
amo.--concluyó.
Con mi mano cubri sus pelos puvicos casi nuevos mientras un
dedo rozaba el objetivo. Se humedeció casi hasta chorrear. La perra caliente de
mi hermana quería sentir ser finalmente una mujer.
Me acerqué lentamente a su cuerpito que no paraba de
transpirar y besándola en fracciones le dije:
--Dentro de unos días vas a cumplir trece. Este es mi
regalito-- La cabeza de mi pene ya sentía el jugo que le mojaba por acercarse a
su cabidad. La fui empujando un poco más y de repente sentí como se introdujo
hasta la mitad.
Miré su carita y parecía que estaba recibiendo una paliza. Su
rostro era de sufrimiento. Mis nalgas estaban rojas de cómo eran apretadas por
sus dedos afilados por sus uñas. No vacilé. Continué hasta que luego de sacar y
poner unas veces empezó a gemir como aquella vez en que le chupé hasta el fondo
de su rica vagina rosada.
--Eso me gusta. ¡¡¡No pares!!! Por favor, no pares--terminó
susurrando.
Yo sentía que me venía pero mirando sus ojos me percaté que
en poco ella también habría de acabar. Cerré mi mente. Sus gemidos aumentaban de
nivel. Me obligaba a meter mi trozo más adentro aun. Una, otra, otra y ya no
podía más si no fuera porque noté que con su frente arrugada por el esfuerzo en
conseguir disfrutarlo a fondo me declaró que estaba por explotar.
No porque decidí yo, sino porque no existía forma de soportar
otro instante, dejé correr mi leche que entró por su vagina hasta el fondo y
llenó su vientre mezclado por su fuego que derretía nuestros ánimos hasta quedar
fundidos.
Caí sobre sus hombros. Sus suaves pechos me rozaban el torso.
Su voz suave me declaró el encanto que embargó nuestra maravillosa experiencia.
Durante cinco minutos estuvimos a la merced de cualquier acontecimiento pues
estabamos en cuerpo pero llevados del alma a otro lugar.
Tuve suerte de no dejarla embarazada pues no tomé ninguna
precuasión.
Mi vida nunca más fue la misma. Si bien es cierto que con la
madurez de Priscila y mi ansiedad controlada por su prudencia anduvimos jugando
por un largo tiempo aunque a veces tenía que esperar bastante para tener mis
chances.
Priscila creció y conoció sus amigos. Ya después de que tuvo
su primer novio no quiso estar más conmigo. Creí que se había arrepentido o que
alguien le había mostrado ser mejor que yo. Sin embargo una noche de locura
cuando yo tenía un poco más que veinticinco __ella por cumplir 23__ nos besamos
pasionalmente y me dijo que como la luna siempre brilla, nuestro romance será su
mas romántico recuerdo de lo que se puede hacer con un hombre.
A pesar que al poco tiempo se casó, el hecho de haberla
poseído primero nunca se apagó de nuestras mentes. Aunque mi conciencia a veces
me reprende siempre recuerdo que ella vio en mi algo que le hizo confiarme lo
más grandioso que podría dar a alguien.