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TODORELATOS » RELATOS » COMO PERVERTí A MIS PADRES (1)
[ Gallo cantor, acaba en el asador. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Octubre, 2008.
Fecha: 30-Ago-05 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (4050 de 6488)

Como pervertí a mis padres (1)

vivancos
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Mis padres no se daban cuenta de que ya no era ninguna niña sino toda una mujer. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

COMO PERVERTI A MIS PADRES (1). Mis padres no se daban cuenta de que ya no era una niña sino toda una mujer.

Hola amigos de Marqueze, digamos que me llamo Nuria ya que no quiero utilizar mi verdadero nombre ni el de mis padres. Vivo en Madrid con ellos, tengo 19 años, soy alta, morena y tengo una buena figura, con unas tetas que aunque de pequeña apenas se notaban ahora hasta mis padres dicen que las tengo de campeonato, gorditas sin ser exageradas y con unos pezones grandes de color canela; también tengo un buen trasero.

Todo empezó porque mis padres son personas muy liberales que, a pesar de los años, siguen follando como locos, con la peculiaridad de que yo ya no soy una niña y que no se dan cuenta de que, al no cerrar la puerta de su dormitorio y echar unos polvos tan salvajes con abundancia de jadeos, gemidos e insultos yo no puedo evitarlo, me pongo cachondísima y me hago unas pajas de muerte.

Describiré a mis padres: sus nombres, como el mío, son figurados, llamaré Antonio a mi padre y Sandra a mi madre; ambos están al principio de la cuarentena pero se conservan estupendamente supongo que debido al deporte, la buena vida y, como siempre se dice, que al que tuvo retuvo. Mi madre, como yo, es morena, y de ella he sacado, con permiso de mi padre, los principales rasgos; es una mujer guapa donde las haya, desde luego no aparenta los 40 años que tiene y conserva un tipo que hace que los hombres y muchas mujeres se vuelvan por donde pasa ya que la madurez le ha dado suavidad a su figura redondeando su pecho y caderas. Mi padre es un hombre guapo y, sobre todo, interesante con gran sentido del humor. La verdad es que ambos, además de padres, por su actitud liberal y moderna siempre me han hecho sentir muy cómoda al hablar o plantear cualquier tema en casa.

Como decía, ellos nunca me han mostrado prejuicios en el sexo e incluso, en ocasiones, hemos ido a playas nudistas los tres sin que le diéramos importancia a ello. Como consecuencia tampoco tienen prejuicios en casa y les veo frecuentemente desnudos y ellos a mi. Esta libertad para moverse y vivir también tiene que, con el paso a la adolescencia, ellos seguían practicando el sexo sin pudor en su dormitorio y yo, que al principio no le daba importancia o incluso me molestaba tanto ajetreo, acabé estando atenta a sus polvos. Al principio me quedaba en mi cuarto y, desde allí, oía las largas sesiones sexuales pero un día, picada por el morbo, decidí acercarme con cuidado y observarles.

Descalza y en silencio me mantuve en la penumbra del pasillo y, con cuidado, me asomé por la puerta entreabierta. El espectáculo lo merecía, mi madre estaba sobre mi padre y ambos estaban practicando un 69 furioso, me sorprendió el tamaño de la polla de mi padre que, aunque desnudo, nunca había visto en erección; no tengo mucha experiencia de pollas pero esta era grandiosa larga y gorda que hacía que mi madre apenas pudiese llegar hasta la mitad de su recorrido en la mamada que le estaba haciendo. Mi padre tampoco se quedaba atrás y desde abajo no paraba de lamer el coño a mi madre. Sus jadeos y gemidos no cesaban y al cabo del rato vi como mama, a la que papa había metidos dos dedos en el culo mientras le comía el coño en un mete saca furioso, se corría con grandes suspiros y meneos sin dejar de mamar la polla. Dejó de chupar la polla y con la mano se la meneo frenéticamente mientras decía

Córrete cabrón, échame toda tu leche en la cara.

Mi padre soltó lo que parecía un geiser que bañó toda la cara y tetas de mi madre que rápidamente volvió a chupar, ya más despacio, con mucho vicio, hasta vaciarle la última gota.

Volví a mi cuarto cachonda como una perra y me hice una paja tremenda mientras pasaban por mi cabeza imágenes de mis padres follando.

Al día siguiente, como la anterior, apagué la luz de mi cuarto y me hice la dormida; al poco comencé a oír que mis padres estaban otra vez follando y, como la noche anterior, descalza y sin hacer ruido me acerqué a su dormitorio. Ya antes de asomarme oí a mi madre

–Dame duro, cabrón, chúpame el culo, asíiii, asíiii, mete la lengua hasta el fondo.

Me acerqué y vi como mi padre, de rodillas, hundía su cara en el culo de mi madre que, en la postura del perrito con el rostro sobre la almohada se lo abría con sus manos. Mi padre disfrutaba como un loco en ese culo espléndido y alternaba las largas chupadas con penetraciones con un dedo al principio y luego con dos e incluso con tres. Mi madre se la veía disfrutar como una guarra y no paraba de decirle a mi padre, con esa cara de viciosos que ponían los dos, cómo le gustaba que le metiera la lengua y que le iban a caber dos pollas en su culo de lo cachondo que lo tenía. La vi como cogía un consolador y se acariciaba y penetraba el coño mientras papá no paraba de chupar y joderle el ano. Yo estaba cachondísima y empecé a acariciarme mi coñito llegando a un orgasmo tras otro. El final fue apoteósico con mi padre sobre mamá metiéndole su pollón en el culo hasta el fondo y gritándole

Toma puta, zorra, toma por el culo, como si te la metiera un negro

Mi madre tampoco paraba

– Dame por culo, maricón, métemela hasta el fondo, hijo puta.

Mi padre cada vez la metía más rápido mientras no paraban de jadear y llamarse maricón, puta, zorra, te voy a llenar el culo, etc. Mi madre, frenética mientras la daba por el culo, no paraba de meterse el vibrador por el coño y correrse una y otra vez hasta que mi padre soltó un chorro de semen tremendo que de tan grande salía del culo de mama y mojaba hasta las sabanas.

Esta vez no había podido esperar y me había estado pajeando hasta correrme en el pasillo, pero cuando volví a mi cuarto saqué un consolador que tenía escondido y untado con vaselina me estuve enculando mientras me pajeaba el coño imaginando que era mi padre quien me daba por el culo y mi madre me comía el coño; los orgasmos se sucedían y acabé agotada cayendo en la cama y quedándome dormida.

Estas situaciones con distintas variaciones sucedían casi cada noche pues mis padres rara era la vez que, una forma u otra, no acabaran follando. No es que yo permaneciera virgen ni que solo me masturbara, los chicos me gustan y salgo con unos y otros aunque con ninguno en serio, el problema es que en el sexo son poco imaginativos y muy rápidos, si se la chupas se corren enseguida y lo mismo sucede con la penetración. El vicio y la imaginación que yo había visto en mis padres no existía con mis amigos que eran, más bien, de aquí te pillo y aquí te mato. Distinta era mi relación con mi amiga Patricia; no somos exactamente bolleras pero hay que reconocer que me come el coño como nadie y, según dice ella, lo mismo sucede con mis comidas de coño; con ella sí que alcanzo el orgasmo con facilidad y, como decimos nosotras, a falta de pan, buenas son tortas.

Un día que habíamos estado estudiando juntas y que acabamos follando le conté lo que sucedía con mis padres y ella, intrigada, me pidió que se lo contara con todo detalle. Muy bien debí de contarlo pues acabamos las dos cachondísimas y volvimos a follar. Me preguntó qué iba a hacer y la verdad es que tenía mis dudas. Derivado de los polvos y la complicidad de mis masturbaciones cada vez les iba viendo más como amantes que como padres, pero ellos no habían cambiado su actitud hacia mí y los besos y abrazos que nos dábamos aunque cariñosos son los que daría cualquier padre o madre a su hija.

Decidí que si yo me había excitado tanto viéndolos follar lo mejor para que me vieran con otros ojos era cambiar las tornas. La idea se me ocurrió leyendo la revista Cosmopolitan, en un artículo comentaban cómo la última moda era teñirse de color el pubis, recortarlo con diversas formas, corazón, fresa y, por último, lo que llamaban el corte brasileño, que era la depilación pura y simple del sexo. Mi madre y yo, como la mayoría de las chicas, nos recortamos los bordes para evitar que sobresalgan del bikini o el tanga pero eso de depilármelo del todo nunca lo había hecho y me pareció que era una buena manera de empezar mi plan.

Dicho y hecho una tarde de domingo aprovechando que estábamos solas en casa se lo comenté a mi madre, ella, intrigada, leyó el artículo de la revista y pude ver en sus ojos que la idea le gustaba. Es una mujer muy sexual e imagino la sorpresa que pensaba darle a mi padre con su coñito totalmente depilado. El problema, que yo tenía previsto, es quién podría hacernos un depilado así ya que no es algo que puedas ir pidiendo en cualquier peluquería, le dije que porqué no nos lo hacíamos entre nosotras, ella a mi y yo a ella, la idea no le sorprendió y decidimos usar una maquinilla que tiene mi madre para depilarse las piernas.

Nos metimos las dos en el baño y, desnudas, le pedí que empezara conmigo y después yo se lo hacía a ella. Como vimos que era necesario adoptar ciertas posturas para ello y no era fácil en el baño nos fuimos a su dormitorio y pusimos una toalla sobre la cama para evitar mojarla. Tumbada boca arriba y con las piernas abiertas mi madre fue extendiendo el jabón por todo mi coño, sus manos, suaves, procuraban no alcanzar mis labios ni mi clítoris pero yo le pedí que no fuera pudorosa; ahora sí continuó el enjabonamiento que estaba poniéndome otra vez cachonda; observé que, también mi madre, iba cambiando su actitud, no decía nada pero sus ojos y sonrisa me indicaban que no le estaba resultando indiferente tocar el coño de su hija. Comenzó a usar la cuchilla y, poco a poco, fui viendo como quedaba mi pubis depilado, mi excitación iba en aumento sobre todo cuando me cogió directamente los labios de mi coño para acabar con detalle la depilación, mi clítoris se había puesto durísimo y mi madre no dejaba de tocarlo como por casualidad al depilarme. Me abrí aun más de piernas y las levanté cogiéndome las rodillas para que pudiera llegar a los pliegues más recónditos e incluso me depilara el culo. Dado que era necesario reponer el jabón según se retiraba, las manos de mi madre alcanzaban incluso mi ano que contraía de placer al notar sus dedos tocándolo. Mi madre no paraba de sonreír y me preguntó

Te gusta así Nuria, te gusta cómo lo hago

Yo suspire de gusto y le dije

–Lo haces muy bien mama, me encanta como me acaricias

Al final acabó de retirar los últimos restos de jabón y extendió un aceite para evitar las irritaciones; el suave frotar de sus manos con el aceite en mi coño y culo me estaban poniendo a mil y ya, descaradamente, oyendo mis suspiros y jadeos, me acariciaba el clítoris con sus manos mientras un dedo exploraba la entrada del ano sin decidirse a entrar

–Así mi niña, así, me gusta ver cómo disfrutas

Cachonda como estaba y sin dejar que me corriera en sus manos me dijo que ahora le tocaba a ella. Se tumbó como yo antes y tuve a la vista el esplendido coño de mi madre; poco faltó dada mi cachondez para que olvidara los depilados y enterrara mi cara en esa rajita maravillosa que se ofrecía a mi vista. Me contuve y seguí el juego, ahora era yo la que extendía el jabón y acariciaba suavemente su coño alcanzado su clítoris y todos sus pliegues. Según avanzaba en la depilación la cara de mi madre se volvía más viciosa y era la que reconocía en los polvos antológicos que le había visto con mi padre. Los toqueteos alcanzaban directamente su clítoris que notaba duro entre mis dedos, también ella, como yo, comenzó a suspirar y jadear. Cuando terminé el pubis ella se dio la vuelta y me pidió de rodillas y con todo el culo expuesto y abierto que también se lo depilara; la visión que tenía delante era mareante, mi madre con el culo totalmente abierto, sus anchas caderas, comprendía que mi padre se perdiese por ese trasero. Como con el pubis comencé extendiendo el jabón y aprovechaba para acariciar el ano que, notaba, se contraía de gusto con las caricias. Ya no veía la cara de vicio de mi madre pues apoyaba su cara en la almohada pero sí oía sus pequeños gemidos cuando iba acariciando los lugares estratégicos. Al fin quedó, como yo, totalmente depilada y la visión no podía ser más espectacular. Le retiré los restos de jabón con una toalla y, sin cambiar de postura, comencé a extender el aceite para evitar la irritación del depilado. A diferencia de mi madre que se había cortado más al acariciarme mis manos fueron más audaces, al principio me limité a extender el aceite por toda la zona pero cuando me acerqué al clítoris y lo noté duro y caliente no pude evitar el cogerlo y darle un suave masaje; los leves gemidos de mi madre fueron cambiando a jadeos ya claramente sexuales así como sus palabras:

Asíiii, mi amor, asíiiii, que bien lo haces

Sin dejar de acariciar su clítoris, con la otra mano, fui tocando toda su rajita llegando hasta el culo, la respuesta de mamá fue elevar aun más si cabe su trasero totalmente abierto, mi mano izquierda seguía tocando sin parar su coño y con la derecha empecé a tantearle descaradamente el ano, el gemido que exclamó no podía ser más claro

Ahaaaaaaaa, asíiiii, asíiiii.

Empecé a dar suaves besos por todo su culo cada vez más acercándome por toda su rajita depilada al objeto de mi deseo, por fin mi lengua tomó contacto con ese ano maravilloso que se abrió lo suficiente para poder penetrarla con mi lengua; mi madre se estaba corriendo como una zorra, la mano que acariciaba su clítoris estaba empapada de sus jugos y por el rápido movimiento de sus caderas y sus jadeos noté como se corría entre mis manos. Cayó en la cama exhausta por su orgasmo y yo me abracé a su espalda dándole besos y diciéndole cuanto la quería.

Dándose la vuelta me besó con suavidad y mirando sus ojos vi que pasaba por ellos tanto el deseo como la culpabilidad por lo sucedido; no quería que se sintiera culpable así que continué besándola, diciendo cuanto la deseaba, y le pedí que ahora ella me acariciara dado lo cachonda que estaba. La expresión de mi madre cambió de la duda al claro deseo. Mis palabras cada vez más calientes también la estaban encendiendo a ella

Quiero ser tu puta mama, quiero que me comas el coño hasta correrme.

Nos entregamos a un morreo furioso en el que la lengua de cada una exploraba sin cesar la boca de la otra. Las manos se extendían por nuestros cuerpos sin dejar nada por acariciar, mi madre me cogió un pecho y me retorció el pezón dándome un gusto increíble, su otra mano alcanzó mi culo y allí se quedó explorando toda mi rajita. Me incorporé y la boca golosa de mi madre se apoderó de mis pezones, sus gruesos labios los rodeaban mientras la punta de su lengua los hacía titilar, sus manos no estaban quietas ya cogiendo el otro pecho ya acariciando entre sus manos mi clítoris, deseaba que me insultara, que me dijera lo zorra que era, lo que iba a hacerme en todos mis agujeros, cómo iba a joderme; ella me estaba volviendo loca con sus caricias pero yo quería más, quería oírla como la había oído cuando jodía con mi padre todas las guarradas que salían de su boca y que tan caliente me ponían.

La cogí la cara con las manos y mirándola a los ojos le pedí:

- Por favor, dime que soy una puta, una zorra, dime las guarradas que vas a hacerme.

Su vista se enturbió con el deseo y me dijo:

- Así que quieres que te folle bien, eeeh guarra, estás hecha una puta bollera y quieres que tu madre te meta la lengua en el coño.

- Siii, mama, siiii, quiero que me comas el coño y el culo hasta que me corra, quiero correrme en tu boca.

Ahora si nos lanzamos las dos sin límites a disfrutar del sexo, cambié la postura aprovechando que estaba encima e, invirtiéndola, le puse a mi madre mi coño en su boca mientras yo me lanzaba a devorar el suyo. Ella era lenta en sus caricias, nada que ver con las velocidades a que mis amigos me tenían acostumbrada, tomaba mi clítoris con sus labios y lengua con suavidad cambiando el ritmo y las caricias llevándome al éxtasis, sus dedos tampoco estaban quietos y separaban mis nalgas y ofrecían mi ano a su lengua que recorría toda mi raja y se hundía ora en mi coño ora en mi culo. Mis orgasmos se sucedían sin parar, nunca había disfrutado tanto y deje de comerle su coño para concentrarme en mi placer

Asíiiiii, zorrita, asíiiiiii, cómeme el coño, mete tu lengua.

Ella frenaba sus caricias y me respondía sabiendo que su voz era tan caliente como su lengua

Te gusta que te coman so puta, tienes que contarme como lo hacen las zorras de tus amigas, dime si hacen como yo y te dan por culo mientras te comen el coño.

Siiiiiiiii, zorra, siii, me meten la lengua en el coño y en el culo y me comen hasta que me corro y me meo en su boca.

Cada vez que le respondía ella hacía lo que yo había dicho. Así le pedí que me chupara el clítoris, luego el culo y, abriéndolo con sus manos noté cómo entraba y lubricaba todo su interior. Acabé corriéndome como una zorra con mama chupando el clítoris mientras no paraba de meterme dos dedos en el culo.

Acabamos abrazadas y besándonos las dos. La experiencia había sido increíble y prometimos repetirla, yo insistí en que la próxima vez teníamos que hacerlo con papa, mama me miro a los ojos y me preguntó si estaba segura, entonces yo le conté la verdad de cómo había empezado todo y ella, comprendiendo, me prometió que papa estaría presente y que íbamos a practicar más guarradas de las que habíamos hecho las dos.

Espero que les haya gustado la historia que tendrá continuación en breve.

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