Cuando conocí a Carmela, yo tenía diecinueve años y estaba
recién casado con mi primera esposa; ella trabajaba en una joyería en Sabana
Grande y yo entré a preguntar por una joya para mi esposa; era una mujer tan
alta como yo, 1,76 m., blanca de ojos claros y cabello rubio, muy maja; su
cuerpo tenía unas formas muy voluptuosas que enseguida me cautivaron; iba
vestida con vestido muy ceñido y descotado que dejaba ver el nacimiento de sus
hermosos senos hasta muy abajo; tendría unos treinta y seis años muy bien
llevados por cierto.
Mientras me mostraba las joyas, le hice saber lo atractiva
que era; me estaba mostrando un dige de brillantes con su cadena y yo , audaz
como siempre he sido, lo coloqué sobre su pecho justo en la hendidura que
formaban sus hermosos senos y lo detallé un rato...; "Se te ve tan bien que
provoca regalártela..."; ella aceptó el cumplido con una sonrisa y un notable
rubor en su cara, pero dejándome claro que si yo era casado, mejor me mantenía
fiel a mi esposa; para mí no era difícil pues estaba muy enamorado, pero de
todas formas le dije muy bajo...; "Una mujer como tú convierte en pecador al mas
fiel de los hombres!!!..."; pagué la prenda y me marché no sin antes estrechar
su mano de una manera muy sugestiva, ella me la sostuvo y cuando salí, volví la
mirada y Carmela me estaba contemplando con una mirada muy dulce en sus ojos...
Un año más tarde volví a entrar a la tienda y ella me
reconoció de inmediato y salió a atenderme...; "¿Qué vas a llevar esta vez para
tu amada...?", "Hoy no vine a llevar nada, vine especialmente a decirte que me
divorcié hace un mes...", "Eres un crío muy especial!!, ¿pero eso ya tú lo
sabes, verdad...?"; me dijo sonriente y usando un término muy español, como lo
era ella. Me despedí y estuve haciendo tiempo hasta que la vi salir; serían como
las cinco de la tarde y había empezado a caer una llovizna tenaz sobre la
ciudad; Carmela abrió su paraguas y caminó calle abajo; la alcancé y me puse a
su lado bajo el paraguas...; "¿Te importa si lo compartimos...?",
"definitivamente eres muy especial!!, está bien, compartamos, pero es un poco
pequeño y te vas a mojar igual...", le quité el paraguas de la mano y tomándola
por la cintura la atraje hacia mí...; "Tal vez me moje igual, pero en ese caso,
podremos que usar la secadora que tienes en tu casa...","Demasiado especial...";
Dijo como para sí misma y caminamos un rato en silencio.
"Si quieres podemos compartir una taza de chocolate
caliente"; le dije como invitación; Carmela lanzó una carcajada y se detuvo
parándose frente a mí, acercó su cara hasta que sus labios estuvieron a
milímetros de los míos y me dijo muy insinuante...; "¿Qué otra cosa querrás
compartir después...?", "El calor de tu cama, criatura preciosa!!!...", y
acerqué mi boca rozando sus labios muy levemente; no me rechazó, se puso a mi
lado y dejó que la estrechara contra mi cuerpo, luego dijo muy bajo...; "Vamos,
tengo chocolate en casa..., y una cama muy tibia también...".
Tomamos sendas tazas de chocolate humeante mientras fumábamos
un par de cigarrillos, había un silencio delicioso; nos mirábamos fijamente
detallando nuestros cuerpos y diciéndonos cualquier cantidad de cosas con los
ojos, prácticamente nos hicimos el amor con la mirada, de pronto su voz sonó muy
grave...; "¿Sabes que soy bastante mayor que tú...?", "Ni yo soy un adolescente,
ni tu eres una anciana, así que ¿de que te preocupas...?, tú sabes que me
fascinaste desde el día que te vi por primera vez, y desde entonces he pensado
siempre en ti..."; le respondí con la misma gravedad en mi voz...; "¿Siempre
tienes una respuesta correcta para todo...?"; por toda respuesta me levanté y
fui hasta su butaca, la tomé con mis manos sujetando su hermoso rostro y le
estampé un beso largo y profundo pero muy tierno, y ella me respondió de la
misma forma; abrió su boca dejando que nuestras lenguas se reconocieran sin
prisa hasta que nos enfrascamos en feroz lucha y nuestras respiraciones se
hicieron rápidas y fuertes; cuando nuestras bocas se separaron, sus ojos
brillaban de una forma impresionante...; "Besas como pocos hombres saben
hacerlo!!, espero que ames igual porque tengo un año esperando por este
momento..., quedé enamorada de ti desde la primera vez que me dijiste lo bella
que me veías!!!..., ven, vamos a mi cama, hoy vuelvo a ser una mujer
completa!!!...".
Una cosa es describir a Carmela vestida y en su trabajo y
otra, muy distinta y bastante difícil, es tratar de hacerlo estando ella sin
nada de ropa encima..., su cara era un conjunto de perfección, su piel era
dorada y muy tersa, sus carnes firmes y sin nada de grasa, era maja por
naturaleza pero no gorda, todo su cuerpo olía a azahar, su vientre sinuoso
invitaba a la caricia, las hermosas columnas de sus piernas eran una obra
perfecta; sus robustos senos desafiaban la Ley de Gravedad y estaban coronados
por un par de aureolas rosadas muy bien definidas en cuyos centros se erigían
dos pequeñas columnas de carne super sensible; su trasero ponía a volar la
imaginación..., y su sexo, perfectamente acicalado y como pude comprobar luego,
tenía un sabor a miel, aún recién bañada, no era un artificio, simplemente sabía
a miel de abejas... Su Monte de Venus sobresalía espléndidamente cuando yacía de
espaldas.
La primera vez fue algo salvaje..., apenas entramos a su
habitación nos enfrascamos en una batalla de besos y caricias mientras nos
arrancábamos las ropas mutuamente, como urgidos de la entrega que se aproximaba;
nos desnudamos de pie, yo le quité la blusa mientras ella me despojaba de la
camisa, inmediatamente me sacó los pantalones al tiempo que yo le quitaba la
falda; yo bajé las copas de su brassiere y ella me quitó el calzoncillo; pegué
mi boca a uno de sus pezones y luego al otro mientras le sacaba el bikini,
terminé de zafar su brassiere y me alejé como a un metro de distancia para
admirarla en toda su belleza; nos detallamos unos segundos y Carmela me tendió
los brazos.
Me aproximé a ella y se colgó de mi cuello cuando la tomé por
las nalgas y la alcé, abrió sus piernas y elevándose cuanto pudo se dejó caer
sobre mi erección recibiéndome hasta el último milímetro en su delicioso templo
de placer; primero colocó mi lanza justo a la entrada de su hambrienta vagina
para luego, mirándome fijo a los ojos, dejarse caer lentamente sobre aquel
ansioso ariete y arroparlo por completo entre sus pliegues de tibia y húmeda
carne; lanzó un suspiro largo y me ofreció su boca.
Caminé con ella en brazos y me dejé caer sobre la cama y
comenzamos el combate; su cuerpo respondía al ritmo y la fuerza de mis embates
como si hubiésemos sido amantes desde siempre; su vagina era húmeda y muy
caliente, pero sobre todo sumamente estrecha, podía sentir cada pliegue de su
piel rozando mi glande y al final de aquel reducto, le deliciosa sensación del
cuello de su útero acariciando mi cabeza cuando avanzaba hasta el fondo.
Nuestras embestidas eran fuertes y profundas, no tardamos ni cinco minutos y
ambos estallamos en un orgasmo desenfrenado; normalmente yo no acabo tan rápido,
pero la misma Carmela me lo pidió así...; "Quiero sentir tu rigor y tu pasión en
este mismo instante Armando!!!, acaba conmigo mi vida que luego habrá tiempo
para todo!!!..."; luego fue muy distinto, Carmela y yo podíamos pasar horas
haciendo el amor y prodigándonos cualquier tipo y cantidad de caricias, y solo
cuando ella me lo pedía yo le entregaba el torrente de lava que solía arrancarme
en cada orgasmo que me provocaba con cualquiera de sus orificios, o bien con sus
manos o sobre sus hermosos senos o su rostro.
Realmente fue algo hermoso mientras duró, pero Carmela y yo
estábamos conscientes que la diferencia de nuestras edades no permitirían que
fuera duradero, sin embargo, estuvimos viéndonos por espacio de dos años que
dejaron un recuerdo muy amable en mi memoria...