Como, algunos, se habrán
dado cuenta tuve que cortar, un poco arbitrariamente, mi relato anterior,
debido, como siempre, a su extensión.
Pero les contaba que en ese
momento, luego de volver de la playa, donde había pasado toda la tarde con mi
primo, me encontraba, en el baño de mi casa exhibiéndome semi desnuda, frente a
mi marido que acababa de ducharse.
Gracias a lo alucinado que
había quedado frente a la visión de mis tetas y a mis perversas fantasías, mismo
que tras tan agitada tarde aun no me había higienizado absolutamente nada, y muy
a propósito, había hecho que me re chupara mis enlechadas tetas por el esperma
de mi primo que, mismo ya seco, había dejando en ellas marcas blancuzcas
similares a las que la sal el mar deja al adherirse a la piel y que mi marido,
sin saberlo, limpió con sus labios y ágil lengua. Y que también,
prácticamente, casi lo asfixio en una locura repentina por quererle meter toda
una teta dentro de la boca.
Como él no salía de su asombro por la dureza de mis senos y no paraba de
decírmelo; consideré que había llegado el momento de doblar su sorpresa y
calentura, pero sobretodo para aumentar mi diversión; quitándome el pareo.
Al dejar desnuda la parte
inferior de mi pálido cuerpo, que la diminuta tanga negra no hacía otra cosa
que resaltar su morbosidad, quiso disimular los sentimientos contradictorios
que lo invadieron, pero no pudo
“-¡¿ Y así fuiste a la
playa?!.-“ preguntó sin poder esconder su alarma
y celos.
”- Te lo dije. Me di
cuenta, ya antes de salir, de lo chica que me quedaba. Además luego tuve que
permanecer la mayor parte de la tarde cubierta por este trapo.-“
respondí frívolamente, y girando, en busca de unas cosas
del armario, pero, en realidad, para que me viera bien de atrás, porque lo
único que me importaba era, para su propio bien y el mío, que continuara
calentándose.
Con los ojos como platos
intentó reprocharme.
“-¿Cómo se te ocurre andar
así mostrando la cola? Si hasta parece que la tanga te la va a partir en
dos.-“
Divertida por su alarma,
sobretodo porque tenía toda la razón en lo referente a la forma en que la tanga
se me incrustaba entre las nalgas haciéndolas resaltar aun más, continué dándole
la espalda, en realidad el culo, ya que, estoy segura, era lo único él veía,
mientras que en el mismo tono intrascendente le decía:
“- Lo peor es que no tengo
otra, es la misma del año pasado, cuando era más chica y no estaba embarazada.
Tengo que, urgentemente, comprarme o conseguir que alguien me regale otra,
quizás lo haga mi hermana cuando venga de vacaciones, porque de ti es poco lo
que puedo esperar.”
Esto último se lo dije sin
animo de agredir pero si como una velada amenaza de un posible e intempestivo
cambio de ánimo si proseguía con sus reproches de esposo celoso.
Al apoyándome, en su hombro
para quitarme la tanga pude ver que aún no había perdido totalmente la erección
alcanzada mientras me chupaba las tetas, así que volví aproximarme sin parar de
hablar:
“ - Cuando me la puse, en
casa de mis padres, los vellos se me salían por todos lado. No tuve más remedio
que afeitarme como nunca lo había hecho.–“
Si lo de las tetas y lo de la
tanga en el culo lo habían sorprendido, yo diría hasta descolocado, lo de mi
pepita afeitada con solo una crestita de pendejos negros, lo alucinó por
completo. Y creo que con eso terminó, realmente, de darse cuenta que estaba
frente a otra mujer, pero como no se lo podía explicar fue por eso demoró
bastante en decir algo.
Pero yo estaba verbirrágica.
y me exhibía con detalles
“_No te imaginas, al no
estar acostumbrada y con la tanga apretándome la entrepierna. Menos mal que no
dejé que el sol me diera de lleno ahí -“
El pesado de mi marido no se
entregaba; así que al ver el rasguño, que me había hecho con la rama, en mi
muslo, un poco más abajo del dichoso machucón, me preguntó a que se debía.
Pero, yo andaba, en esos
días, volando y de la misma forma le respondí:
“- Justamente, cuando se
aproximaron los chicos, que de chicos no tienen nada, ya me fue imposible volver
a entrar al agua, sobre todo porque el mulato estaba ”alzado”, como siempre es,
en realidad como son todos, en los primeros días de playa, llevándole la
carga todas las minas y lo que menos ganas tenía era que él me viera así. –“
“ ¿Y eso que tiene que
ver?-“ me re preguntó
“- Que, en un momento me
moría de ganas de orinar, así que, al no poder hacerlo disimuladamente en el
agua, tuve que ir a hacerlo entre unos arbustos y nerviosa porque había mucha
gente me enganché en unas ramas.-“ Otra
mentirita a media ya que era verdad que había orinado entre los arbustos pero
bajo la mirada atenta y divertida de mi primo cuando nos encontrábamos en
nuestro erótico y agreste refugio.
Sin darle importancia y,
sobretodo, sin dejar de darle la espalda tomé con un dedo un poco de una
delicada crema curativa y comencé espaciosamente a aplicármela; le estaba
dándole tiempo a que procesara el cambio que tenía frente a sus ojos. Y
mostrándole mi entrepierna agregue:
“- Voy a tener que también
ponerme un poco en mi pepita porque esto de afeitarse y el agua salda da
comezón -“
Con este espectáculo vencí su
inconsciente resistencia. Tomándome de la mano me acercó a él para volver a
chuparme las tetas que volvió, al ver que no me desagradaba, hacerlo
maravillosamente.
Quejándome un poco,
mimosamente, de que estaban muy irritadas, empujé, casi imperceptiblemente, su
cabeza hacia abajo. Él, inclinándose, prosiguió besando cariñosamente mi
barriga, pero se notaba que no era la paternidad la emoción que, en esos
momentos, lo invadía porque su mirada estaba permanentemente dirigida hacia mí
entre pierna y su boca se aproximaba, cada vez más, a mi bajo vientre.
Fingiendo cosquillas me moví facilitando su llegada, y agachándose cada más,
besó el nacimiento de mis, ahora, escasos vellos; pero yo solo quería que me
pasara un poquito la lengua por el clítoris y algún que otro lenguetazo, por
pura maldad, nada más, porque de seguro que mi pepita estaría apestando después
de toda la actividad que le habíamos dado con mi primo esa misma tarde, pero,
de forma increíble, aparentemente, no le produjo asco.
Entonces para facilitar las
cosas y poder verlo bien levanté una pierna apoyando un pie en una de sus
rodillas quedando su cara a la altura de mi vulva le dije:
“ –No mucho, porque está
peor que las tetas, debe tener hasta arena.-“
No bien se prendió con su boca
a mi raja, lo detuve, un poco, ordenándole:
“- Solo con la lengua que
está demasiado irritada.-“
Yo no lo podía creer, de la
emoción, hasta me temblaban las piernas, que estaba cumpliendo una fantasía
super personal y tan íntima que incluso aún no se la había comentado,
explícitamente, a mi primo.
Verlo, ahí, entre mis
piernas, a mi joven marido, con su rosado rostro y recién afeitado, limpito y
perfumado, haciéndome sentir la fresca caricia de su boca, sacando al
máximo, hasta con esfuerzo, su larga lengua para pasarla repetidamente en mi
abultado clítoris, indudablemente saboreándolo, y chupando, sin saberlo, mi
manoseada, re cogida y, probablemente, en esos precisos momentos, olorosa y
salada concha, sin demostrar ninguna repugnancia y hasta parecía que, por lo
contrario, lo disfrutaba; todo esto era muy fuerte
Tomándolo de los cabellos,
en un momento en que su lengua comenzó a subir a lo largo de toda mi raja,
separé un poco su frente de mi cuerpo para poder apreciar mejor su lambida, y al
verse observado, levantando la vista me obsequió, como si quisiera demostrar
que podía llegar ser un experto, con un rápido movimiento de lengua, que me
estremeció, a la vez que me pareció ver algo, muy lascivo y sumiso, en su
mirada, que quizás nunca antes había reparado en él.
Si en algún recóndito lugar de
mi mente existía algo de culpabilidad o remordimiento por las cosas que le
estaba haciendo, que estaba dispuesta hacerle y a sugerirle que él, en el
futuro, hiciera, esa mirada que creí ver, o quizás solo imaginé, los disipó
totalmente; porque la impresión, que tuve por un instante, fue que pese a su
ingenuidad y falta de experiencia, en momentos como este, en donde yo ponía toda
mi imaginación y fantasía, se le notó que, en el fondo, quería
experimentar algo más que la mediocre y poco satisfactoria relación que venía
teniendo.
A la vez que de mi misma
confirmé, sin lugar a dudas, que al contrario a mi vida cotidiana que desde
niña soy super higiénica y ordenada, que adoro tener todas mis cosas
impecables, como la ropa, mi cuarto y ni que decir de mi cuerpo, a la hora de
calentarme tampoco le hacía asco para nada al sexo bastante sucio y puerco.
De cualquier manera, mi
excitación e imaginación dependía, en esos momentos, del avance de mis planes.
Así que, mismo que mi marido estaba con su pene bien erecto, entré en la ducha
y corrí la cortina plástica. Él permaneció sentado conversando, seguramente
también dispuesto a deleitarse con el espectáculo de, por lo menos, verme
secarme al acabar mi baño.
Yo estaba dispuesta, mismo
que exagerara peligrosamente con la insistencia de traer a mi primo a colación
y a agitar el tema de la casa; así que mientras disfrutaba dejando caer
sensualmente el agua por mi cuerpo le pregunté como iban las cosas de los
arreglos, él estaba indeciso, aparentemente no tenía en mente solución alguna;
le conté que en la playa yo le había comentado a los otros de los planes y
dificultades para alquilar y parece que todos los del barrio están en la misma
porque parece la temporada promete ser buena etc. etc. Hasta que por fin llegó,
el momento en que escuche, exactamente, lo que quería escuchar:
“ -¿Por qué no le preguntas a tu primo, ya que tienes tanta
confianza con él, sino nos quiere ayudar con esto de la casa?-
Al oír esto, casi me violo con mis propios
manos, y menos mal que la cortina no era totalmente transparente porque mientras
me enjabonaba mi entre pierna, me introduje dos dedos en la vagina y solo,
disimulado por el agua que corría por mi cara ahogándome, pude articular:
“- Puede ser, hasta que no es mala idea..-“
tuve que agarrarme con la otra mano de las canillas, por el estremecimiento que
me invadió.
Al ver que yo no ponía resistencia frente a
su idea, mi marido continuó argumentando a favor de la conveniencia y, en
realidad la única opción de salir adelante, sin saber que sus palabras me
estaban sonando como el mejor afrodisiaco, apenas si podía responderle pero
quería hacerlo, a la vez que me masturbaba frenéticamente, como hacía mucho
tiempo que no lo hacía, incluso cuando le dije:
”- Pero, de o cualquier
manera, mi primo, querrá ganar algo de dinero.-“
Mientras esperaba,
impacientemente, su respuesta, había llevado la otra mano hacía atrás
y inclinándome solo un poco, para poner mi cola en realce, apoyé un dedo en mi
orificio trasero. Y en el preciso momento en que oí su propuesta:.
“- Deberías hablar con él
para pagarle de alguna forma aunque sea poco a poco.- “
Mis dedos se deslizaron en mi
interior, también el que tenía apoyado en mi ano que con una facilidad, para mi
asombrosa, se introdujo casi hasta el segundo nudillo. :Estaba como rabiosa de
calentura, y, más que mover mis manos, moví mis caderas hacia delante y hacía
atrás en una violenta y sugestiva doble penetración; por suerte, el jabón, que
facilitaba la penetración, era de buena calidad, muy suave y cremoso sino
probablemente me hubiese ardido.
Las palabras de mi marido,
ajeno a lo que estaba sucediendo a tan escasa distancia, detrás de la cortina
de plástico, nombrando, continuamente, a mi primo, me sonaban como lo más
morboso que me había ocurrido con él en todo ese tiempo desde que comenzamos a
salir.. Yo no podía ni hablar; disimulaba mis gemidos con el correr del agua en
mi boca, pero un par de ellos los llegó a oír con toda claridad; A lo que, a
la vez que me enterraba casi todo mi dedo mayor en el trasero, en un acto lleno
de simbolismo que es de los que más me moviliza, le tuve que inventar la
excusa que se debían al ardor que producía el agua y el jabón en mi sensible y
achicharrada piel.
Cuando cerré el grifo y corrí
la cortina, aprecié que él había perdido, pero no totalmente, su erección.
Mientras me secaba, manteniendo la distancia, re inicié la excitante
conversación que prosiguió durante ligera cena donde dando inequívocas muestras
de alegría y optimismo intercalé algunos de los subidos comentarios que mis
amigas habían formulado en la playa.
Darle vueltas al tema era por
demás estimulante, aunque a medida que mi cuerpo se enfriaba el cansancio y los
pequeños dolores me invadían; ya que había sido mucho para un solo día. Pero a
la hora de estar, esta vez, en la cama no quería dejar en ascuas sexuales a
mi marido. Todo lo contrario, quería, mientras transcurriera la conversación
“premiarlo”, sobretodo por su propuesta, para que aquel día culminara, como
conmigo, siendo trascendente y memorable.
Así que no bien se me arrimó,
en la cama, permití que mientras me preguntaba sobre cuanto dinero habría que
pagarle a mi primo, fuera desprendiendo los botones superiores para que,
enseguida mientras escuchaba mi respuesta, volviera a besarme las tetas.
Se sorprendió gratamente
cuando terminé por abrirme todo el camisón y ver que nos llevaba ninguna ropa
interior aunque le manifesté, mimosamnete, que estaba muerta de cansancio
pero de ninguna manera lo rechacé sino que permaneciendo boca arriba adopté una
actitud pasiva pero receptiva. A la vez que le confesaba que era optimista
frente a lo que pretendíamos.
Se entretuvo besando y
lambiendo mis senos mientras yo con los ojos cerrados disfrutaba de sus caricias
a la vez que me dejaba llevar por mis recuerdos y mi imaginación; en ella
quería tener a mi primo ahí, para, mientras, poder, por lo menos, chuparle
la pija. Como sustituto de esta fantasía tomé una mano de mi marido, y sin que
este dejara de hacer lo que estaba haciendo, y por cierto muy bien, me llevé
su dedo pulgar mi boca y luego de juguetear con él con mis labios y lengua. me
lo introduje y lo chupe como si fuera un pequeño pene. Mi marido, al levantar su
vista, estoy seguro alucinó con mi cara de chupa pija.
Su calentura llegó al punto que
apresurándose a sacarse toda su ropa; amagó con prepararse penetrarme pero
delicadamente lo rechace, porque la emoción que sentía, en esos momentos, no
pasaba por tenerlo en cima de mí. Me preocupé cariñosamente, sin dejar
juguetear con su dedo cerca de mi boca, de decirle que estaba físicamente
agotada y dolorida para aguantar la penetración sin una conveniente
preparación. Esta vez, ni siquiera como excusa, sentí de decirle, por que él ya
lo sabía y porque no era a favor de mis planes y deseos, que el problema, aunque
ahora con mi primo a mi lado había dejado de serlo, pasaba por que él se
acababa enseguida sin darme tiempo a mí para llegar a sentir placer.
Así que frente a tanta
delicadeza, la onda erótica no se cortó en ningún momento, por lo que lo
incentivé a continuar lo que había comenzado, tan decididamente, en el baño;
pero esta vez totalmente desnudos. Permanecí boca arriba dispuesta a dejarme
que me chupara toda, que era lo que realmente quería. De mis tetas pasó a
comerme, directamente, la vulva; yo lo ayude abriendo mis piernas y
flexionando las rodillas, a la vez que acomodaba bien la almohada debajo de mi
cabeza, incorporándome, para que, lo más cómoda posible, cada vez que abría
los ojos poder ver con que voracidad él lo hacía y que ya tenía una de sus
manos aprisionando y manipulando su pene, era una escena que sumado a todo lo
que había hecho con mi concha ese día y a todos perversos pensamientos que ella
misma provocaba me aproximaron a un orgasmo que de estar mi primo ahí, hacía
horas que se hubiera desencadenado.
Cuando vi, al pendejito de mi
marido, que lambía, se separaba un poco para observar detenidamente mi cuquita
para volver a lamberla, mientras aumentaba el ritmo de su mano en su miembro
supuse que de continuar así en cualquier momento podría eyacular, cosa que a
pesar de mi cansancio por el momento no deseaba así que le exigí que me diera
la mano, la cual guié hacía mis tetas y acompañé, con una de las mías, sus
caricias para luego hacerla llegar, con un poco de esfuerzo, hasta mi boca
donde inmediatamente aprisioné con mis labios su dedo gordo para volver a
chuparlo exageradamente mientras con la otra mano dirigía los movimientos de su
cabeza entre mis piernas. Desde los pelos volví a separarlo, un poco, para que
apreciara visualmente la degenerada chupada de dedo, pero luego lo empuje contra
mi concha para que la siguiera chupando a la vez que le demostraba con mi
lengua que estaba gozando con algo en la boca aunque fuera solo un dedo, pero
del que no quedaba duda, simbolizaba, por la forma en que lo trataba, aunque
más pequeño, un miembro.
Mis contracciones aumentaron
junto con la presión de mi mano en su cabeza, sentí que mis jugos se mezclaban
con su saliva. Él, seguramente sorprendido, no dejó de hacer lo suyo, por el
contrario, chupó y tragó todo lo que fluía de mí, mientras yo, tensa, le mordía
el dedo.
Con un sugestivo suspiro,
separé su cara de mi entrepierna para poder girar mi cuerpo, ubicándome de
costado, e invitarlo a ponerse, bien pegado, detrás de mí. Tras descansar unos
instantes, volví a tomar su mano para llevármela a la boca y re iniciar la
sugestiva chupada de pulgar. Él, alucinado, no desperdició la oportunidad de
penetrarme.
Pero no bien, sintió, supongo,
con que facilidad su pene, que es algo grueso, sobretodo la cabeza, se
perdía en mi vagina, tan encharcada y dilatada como nunca antes él la había
experimentado, hasta el punto de que su ingle, sin ninguna dificultad, llegó
rápidamente a chocar con mis nalgas, no pudo contenerse y emitiendo sus
habituales y repetidos “no” se acabó rápidamente dentro de
mi, sin que yo dejara, en ningún momento, de chupar el gordo dedo convertido
en ocasional pijita, y así continué, acompañando tan exhibicionista chupada con
algunas contracciones voluntarias de mis músculos vaginales hasta que el pene,
totalmente exprimido, se escurrió de mi interior.
Lo sucedido ese día, fue clave
en ese momento de mi vida y en mi matrimonio, ya que a partir de ahí, fue que
logré introducir a mi primo en mi casa y la propia relación con mi marido,
desde lo sexual, comenzó, rápidamente, a evolucionar, sobretodo, porque los
mensajes explícitos y implícitos que, muy oportunamente, habitualmente le
dirijo, muchas veces, no solo ha logrado entenderlos sino que, algunos, hasta
los disfruta.