DON SABELOTODO
La memoria colectiva de mi pueblo, ha pretendido ignorar unos
hechos que sucedieron hace algunos años y olvidar unos personajes que marcaron
durante mucho tiempo a las gentes de este lugar.
Apareció Don Sabelotodo de manera imprevista. Nadie le
conocía, no sabíamos quien era ni de donde venía, a que se dedicaba, cuales eran
sus recursos et etc.
Iba su quijotesca figura acompañada de una mujer (que en nada
parecía a Sancho) y dos grandes baúles que, trabajosamente, fueron bajados de la
baca del coche de línea.
Alquiló el caserón de los Maroto y pronto comenzó a
relacionarse con las fuerzas vivas del lugar a través de su estancia continuada
en el casino del pueblo.
Gran jugador de billar, excelente en el ajedrez y el dominó.
No había cuestión que no conociese, ni tema de conversación que no dominase; de
tal modo era, que se decía que si algo no conocía Don Jaime (así le llamaremos)
es que no existía.
Lo más lamentable de tal omnisapiencia era el tono didáctico
y paternalista con que se manifestaba.
Si alguien decía:
-Esta manía que tienen los chinos de matar a las niñas
recién nacidas, hará que haya un gran desequilibrio entre sexos….
El sabelotodo levantaba someramente su ceja derecha, miraba
conmiserativamente al hereje y sentenciaba:
-La población china goza de un notable equilibrio entre sexos
pues el desequilibrio que puede darse en los nacimientos y que es de 1 a 1.1 a
favor de los varones, se ve luego compensado por la mayor mortalidad de estos,
dando como resultado que el porcentaje de la media nacional sea ligeramente
favorable a las mujeres con un 50,2% por un 49,8 de hombres…excepto en Manchuria
en donde, por inexplicable motivos, esta proporción se invierte.
Nadie se atrevía a contradecirle o discutir los datos, de
modo que, cualquier conversación quedaba abortada en cuanto él abría la boca.
Se había ganado, de este modo, la animadversión de gran parte
de la ciudadanía y pronto hubo grupos que se confabularon para desacreditarle.
La esposa del sabelotodo era, evidentemente, mas joven que él
y de muy buen ver. Coqueta en extremo cuando no se encontraba su esposo en la
cercanía, fue el instrumento de que se sirvieron los vengativos contertulios
para poner en ridículo al insufrible y prepotente charlatán.
No resultó difícil la seducción de la dama y uno a uno fueron
pasando por su cama todos los socios del casino que sentían animadversión por su
esposo. Mientras los unos mantenían entretenido al impenitente charlatán, el
burlador de turno podía solazarse sin verse interrumpido por el incauto marido.
Quince días hacía ya que el desenfrenado fornicio por parte
de la dama era de público conocimiento cuando el sabelotodo colgó un letrero en
la puerta de su casa:
Dr. JAIME SEVILLANO
ENFERMEDADES VENEREAS
La sorpresa no puede decirse que fuera generalizada, ya los
adúlteros comenzaban a notar cierta irritación en sus, otrora, desafiantes
miembros.
Comenzó el obligado desfile por la consulta del galeno, ya
que no había otro de tal especialidad en cien quilómetros a la redonda y bien
puede decirse en este caso, que la enfermedad era "vergonzante" porque
cronológicamente fueron identificados los villanos pecadores por el que resultó
ser patrón de la descastada y no marido burlado.
El tratamiento de la gonorrea resultó relativamente largo,
costoso y doloroso. Soportaron estoicamente las consideraciones que les hizo el
doctor sobre la inconveniencia de la promiscuidad en las relaciones sexuales y
las grandes ventajas que reporta el uso del preservativo.
De lo que no cabía duda, es de su caballerosidad. No salió de
su boca la más mínima insinuación sobre los hechos y el resto de la población
permaneció, oficialmente, ajena a ellos, aunque más de una esposa tuviese sus
dudas ante el repentino bajón en las apetencias sexuales de su esposo.
Nada se dijo, nada se comentó el día en que los dos arcones
volvieron a subir al coche de línea con destino desconocido.
Desde entonces he tenido buen cuidado de permanecer
venereamente fiel a esta santa institución del matrimonio que tantas alegrías
nos proporciona. El buen recuerdo de las excelentes dotes amatorias de la fámula
no empaña el de la sarcástica sonrisa del sabelotodo mientras procedía a aplicar
las instilaciones uretrales de permanganato potásico en mi pecador miembro.