TRÁLLAX XXI
La segunda prueba de retención de orgasmos a la que fue
sometido TRALLAX en el Coliseum romano.

CAPITULO 21
El musculoso TRALLAX, nada más acabar con sus ejercicios de
fisioculturismo de esa jornada, apenas sus músculos tuvieron reposo después de
los eternos tres días que se pegó en los urinarios, y su cuerpo expuesto para
gozo de los residentes del circo romano. Cuando apenas eran las nueve de la
mañana:
- ¡Hummm!.- en aspas sobre el suelo, con gruesas cuerdas
sujetas a sus muñecas y tobillos; como siempre salvajemente empalmado:
- ¡Preparados chicos!.- dieciséis tiarrones sujetándole con
ellas, cuatro en cada una de ellas:
- ¡Tirad con fuerza cabrones!.- iban a poner al límite la
elasticidad de sus músculos, tendones y articulaciones por orden del sádico
TERCHELD. Que ya estaba hasta los cojones de no lograr que el cachas eyaculara.
Pero que él para mortificarlo más, públicamente y en voz alta le ordenaba que no
lo hiciera:
- ¡Hummmm!:
- ¡Sí, así, sí, más fuerte!.- feliz no obstante porque tantas
pruebas estaban consiguiendo moldear la mente del poderoso culturista como él
deseaba. Por eso con un látigo en una mano, igual que RUFUS y dos gladiadores
más, de los cuales destacaba el gigantesco YUMI. Éste, sacando pecho con
orgullo, les recordó:
- ¡Lo veis, no he mentido así con estos recios látigos
tratamos nosotros en oriente a los búfalos!. ¡Por eso os he traído estos que
guardo con tanto cariño!, ¡son idénticos a los usado en mi país con esos
animales de piel tan dura!.- y a una indicación de TERCHELD, aquellos sádicos:
- ¡Umk!.- tirando aún más de las sogas, lo alzaron por
completo del suelo:
- ¡Hummm!.- arrancándole gemidos de dolor al cachas, que se
sentía romper. Cuando apartándose los latigueadores, cogiendo puntería, (¡zúmm!,
¡sspláss!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- volvió a ser
castigado cada centímetro de su musculosa piel, siendo el dolor inenarrable y es
que seguía sin acostumbrarse a sufrir tanto. Notando como aquellas recias
herramientas de punición, igual que lenguas de fuego, le iban marcando la piel
morena con extraordinaria rapidez:
- ¡Cómo resiste el tío!.- chilló complacido YUMI. Que por
solo el placer de descargar su crueldad en aquellos poderosos músculos, dio por
buena su derrota en el coso. Motivo por el que, (¡zúmm!, ¡sspláss!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- sus latigazos eran
hoy con diferencia los más potentes, los que más se marcaban en el físico
desnudo de TRALLAX y los que más tiras de piel arrancaban. Por eso el cachas,
entre sufriente agonía, debajo del recio casco le miraba pidiéndole compasión.
Pero ni él ni sus compañeros en el uso del látigo se apiadaron de él. Todo lo
contrario, (¡zúmm!, ¡sspláss!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- le castigaron aún con
más potencia, empalmándolo más si cabe. Mordiendo la mole culturista el bocao
con tal intensidad que parecía que lo iba a cortar, y es que los latigazos eran
de tíos muy machos, capaces de cortar las carnes como cuchillas por muy
musculosas y masivas que estas fueran, como las de TRALLAX. Hasta que viendo
TERCHELD que al cachas no lograban arrancarle ningún orgasmo. Pero sobre todo
que estaba al límite de la pérdida del conocimiento, ordenó:
- ¡Parad chicos y soltadlo!.- añadiendo:
- ¡Y dejadlo bien sujeto entre esas cuatro columnas!.- con la
idea de exponerlo allí durante días a más penitencias. Comentando para sí:
- ¡Esta vez no pienso parar hasta arrancarle un orgasmo y
después el castigo!.- y con un guiño le dijo a RUFUS que lo había oído todo:
- ¡Ahora dejémosle que se recupere un poquito, la sesión que
le espera va a ser larga!:
- ¡Y nosotros a follar!, ¡jejeje!.- y agarrando a su esclavo
por el nabo se llevó a RUFUS a sus aposentos. Quedando allí TRALLAX cabeza gacha
pecho expandido, virilmente azotado, más empalmado que un elefante en una manada
de elefantas en celo.
--ooOoo--
Habían pasado unas cuatro horas y era la hora del almuerzo y
TRALLAX con el estómago vacío y el miembro viril salvajemente tieso.
Alimentándose igual que una batería a través de la piel directamente del aire y
de los rayos del sol. Sistema que el elixir regenerador de células le había
dotado, y que le permitía alimentarse cuando no podía hacerlo de forma
tradicional, de ahí que su potencial físico no decreciera con tantas
penalidades. ¡Joder, que burros son!, gimió cachondo, admirando extasiado cada
milímetro de su musculosa piel, flagelada con pasión por sus crueles verdugos,
notando los fuertes escozores que aún sentía en ellos.
Por eso marcando con fuerza todos sus músculos, dolorosamente
contraídos, se exhibió a TERCHELD y RUFUS nada más verlos llegar. Que armados
aún de aquellos magníficos látigos, y ahora también de martillos y largos clavos
sujetos a sus cinturones, se acercaron a él. Pero no atreviéndose a mirarles,
sobre todo al hispalense, que como siempre que se encontraba frente a él, giró
la cabeza a un lado. En un gesto de acatamiento, que para él también era una
señal de su amor hacia él. Que importándole un huevo que el cachas al llevar
puesto siempre el bocao, no pudiera responderle, le comunicó:
- ¡La sesión disciplinaria continúa perro!.- y sacando pecho
aquel inmenso culturista se preparó a darle placer a sus verdugos con su entrega
total al dolor. En especial a su master TERCHELD, que aproximándose a él,
cogiéndole por los gordos pezoncitos, tirando de ellos:
- ¡Ummm!.- escapándosele al cachas un gemido de pasión, oyó
decirle a éste:
- ¡Recuerda que no quiero que te corras!.- y notando como
aquel tremendo ser temblaba de excitación:
- ¡Hummm!.- le estampó un besazo, recorriendo con su lengua
todo el paladar de la musculosa mole, absorbiéndole toda la humedad que el
cachas tenía. Mientras que RUFUS por detrás:
- ¡Hummm!.- mordiéndole el cuello, le restregaba el cipote
dentro del canalillo que guardaba su más preciado tesoro: el dilatado potorro.
Que hambriento de amor, TRALLAX con otro intenso beso le correspondió al íbero,
a sabiendas de lo mucho que muy pronto iba a sufrir en sus manos. Pero el amor
que sentía por TERCHELD era auténtica veneración:
- ¡No me mires puerco!.- y es que TRALLAX de tanto que lo
amaba tuvo ese atrevimiento, (¡púmm!):
- ¡Umk!.- y atizándole TERCHELD un puñetazo en todos los
huevos, logró que el cachas apartara sus amorosos ojos de él:
- ¡Humm!.- y con fuerza mordiera el duro metal, del que
estaba hecho el bocao:
- ¡Sufre puta!.- del salvaje dolor que TRALLAX sintió. Y es
que no era el único que había echado músculos sino que el hispalense también. Ya
que, mientras le entrenaba a él, también practicaba culturismo:
- ¡Hoy pensaba ser algo más suave contigo!- mentira cochina:
- ¡Pero con el descaro que me has mirado, mereces un fuerte
correctivo!.- y mostrándole unos rollos de finos cordones de seda. TRALLAX al
instante supo que eran para atormentar sus carnosidades más erógenas. Las que
más facilitaban que él alcanzara el clímax, con un tratamiento estricto con
dolor. Por eso su polla se empalmó aún con más bizarría. Y por eso mismo fue la
primera pieza de su anatomía en ser puesta a prueba. Porque TERCHELD cogiéndola:
- ¡Qué vergota tienes condenado!.- acariciándola de abajo
arriba, jugando también con sus tremendos huevos, se complació en sentir aquel
palpitante y nervudo miembro viril entre sus manos. Cuando sujetando la argolla
que atravesaba su hermoso capullo, le ató el extremo de un sedal:
- ¡Umk!.- y con fuerza:
- ¡Hummm!.- tirando con ganas se alejó atando el otro extremo
a un tronco clavado frente al cachas:
- ¡Ufff!.- y tirando aún más, le mantuvo la polla tensa, muy
tensa, agónicamente tirante. Pero aunque se la alargó alarmantemente, ésta nunca
perdió su tremendo grosor:
- ¡Flúggg!.- su amo le escupió sus sudados pectorales, para
que comprendiera que se hallaba en el estrato social más bajo. Que el cachas
asumía como lo más natural en su vida. Porque para él se había acabado la vida
de orgulloso policía de Ciudad Imperio, para transformarse en el esclavo
fisioculturista que era ahora. Cuando lanzándole un cordel a RUFUS:
- ¡Los huevos!.- cada uno le enlazó un cojón:
- ¡Hummmm!.- y apretando los lazos al máximo:
- ¡Hummmm!.- tirando en distintas direcciones con fuerza
hacia abajo, le alargaron el escroto secuestrándole salvajemente los huevos:
- ¡Ufff!.- pareciendo que se los iban a reventar y mientras
mantenían con una mano tensadas las sogas, con la otra, clavando a martillazos
en el suelo los largos clavos que trajeron con ellos, tirando lo indecible:
- ¡Hummmm!.- alargaron terriblemente el escroto muchos
centímetros más, y secuestrando de esa manera tan sádica los testículos,
enrollando el extremo en la cabeza de los clavos, se los dejaron agónicamente
tensos doloridos, imposibilitado a moverse:
- ¿Conque mirándome otra vez, eh cerdo?.- pero esta vez
TERCHELD quiso darle un escarmiento aún más selectivo:
- ¡Ahora verás!.- y lanzando por encima de la barra que se
hallaba sobre las dos verticales, entre las que se hallaba inmovilizado el
cachas y ensartándola en la argolla de la bonita nariz de TRALLAX:
- ¡Hummmm!.- tirando con violencia, más y más. Con lagrimones
como puños, le dejó el rostro mirando al cielo imposibilitado a mirar a otro
lugar y menos ser testigo directo de su tormento. Siendo después sus pezones
víctimas de dos cordones más, que nada más enlazados:
- ¡Hummmm!.- fueron tensados hasta el paroxismo:
- ¡Hummmm!.- y tirando con crueldad infinita, estranguladas
las carnosas puntitas mamarias, alargadas tremendamente una quincena de
centímetros, le ataron los otros extremos en el mismo madero en donde fue dejado
atado el cordel de seda que tiraba de su tremenda polla:
- ¿Podemos ya, amo?.- le preguntó el musculoso romano a
TERCHELD. Que después de que sonara unos fuertes truenos y relámpagos
anunciadores de una torrencial tormenta:

- ¡Sí!.- comenzando a diluviar. Mojándose los masivos
músculos de los tres. No fue motivo suficiente para que los dos verdugos
abandonaran el lugar. Que mientras RUFUS sujetaba a TRALLAX por las nalgas,
consciente del brutal dolor que éste iba a padecer; nada más comenzara TERCHELD
a golpearle los abdominales, tirando cruelmente no solamente de su polla, sino
peor aún de sus pezones, huevos y nariz con lo que tanto duele, (¡púmm!):
- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- con recios puñetazos en los
abdominales, le arrancaba auténticos resoplidos de agonía al musculoso chico
español, que soberbiamente musculado, no podía remediar como sus pezones eran
alargados como él nunca creyó posible por el sádico traqueteo al que era
sometido su físico. Mientras su nariz con la vibración le arrancaba goterones de
purita lágrima que el indefenso maciste revuelto con la lluvia, él mismo se
bebía. Siendo incapaz de observar como al pronto los finos cordeles ahorcando
por completo sus pezones, empezaron a sangrar con tantas crueldades juntas. Y su
verga incapaz ya de retener el orgasmo vibraba a punto de explotar:
- ¡Ahora, ahora amo!, ¡ya está a punto!.- entonces gozando de
ver al cachas conque gestos obscenos movía sus nalgas a punto de bombear semen:
- ¡Hummm!.- tirando de los pezones le hicieron pasar a
TRALLAX las de Caín. Quien entre fuertes estertores de agonía, cordones de los
pezones extremadamente tensos, huevos a punto de desgarrar el escroto que los
oprimía, polla atada por la argolla, torturada lo impensable con tanto
alargamiento. TRALLAX lanzando un grito de derrota al cielo:
- Usssssss!.- comenzó a correrse patas abajo como no
recordaba, lanzando espesísimo esperma a diestro y siniestro:
- ¡Ahora!.- ordenó TERCHELD, (¡pláss!):
- ¡Humm!, (¡pláss!), ¡humm!.- y con planas varas de fresnos
aquellos músculos fueron castigados por su desobediencia. Con los que duele esos
golpes en unos músculos muy mojados, por muy desarrollados que estos fueran y
estos lo eran mucho. Motivo por el que los zurriagazos lo recibía de plano y los
hematomas muy evidentes y el terrible orgasmo era de muerte. Porque aquel
miembro viril alimentándose de puro dolor no paraba de escupir leche de un lado
a otro, (¡pláss!):
- ¡Humm!, (¡pláss!), ¡humm!.- cambiando permanentemente de
dirección al restallar los golpes en los inmensos músculos de TRALLAX. Que
forzado al mirar el relampagueante cielo negro y oscuro por los nubarrones,
indefenso como estaba, los encajaba en su físico amargamente. En donde lo único
que parecía invicto era su eyaculador cipote que como un volcán no paraba de
manar semen, y es que los huevos después de tanto tiempo sin alcanzar el clímax
estaban llenos a rebosar. Y sus verdugos muy crueles, sabían disciplinar, sabían
como tratarlo, eran ya muchos días juntos torturando al esclavo y aunque eran
consciente de su resistencia al sufrimiento, conocían al dedillo sus zonas
erógenas, sus puntos débiles, que con el más mínimo contacto lograban que
tuviera un adelanto de los padecimientos que seguramente le esperaba en los
mismísimos infiernos.
Y es que así era TRALLAX, una mole pletórica de músculos
creado para sufrir. Por eso sus movimientos pélvicos eran más guarros, más
obscenos, cada vez que aquellos recios maderos le flagelaban sus músculos,
pezones, huevos y polla. Que le arrancaban gemidos que de dolor se oían en todo
el patio, pero sobre todo los golpes que al ser tan severos se escuchaban en
todo el recinto del coliseum. Por eso aquel miembro viril, no dejaba de escupir
leche y es que los impactos eran demoledores. Hasta que logrando un orgasmo
bestial, perdiendo el conocimiento, sus padecimientos dieron por el momento a
fin:
- ¡Joder ese cipote sigue eyaculado amo!.- se chivó RUFUS.
Pero TERCHELD no estaba ahora para respuestas. Porque su esclavo había
conseguido por segunda vez desde que lo conocía que él se masturbara:
- ¡Hummmm!. ¡Cuánto placer me da atormentarlo!.- reconoció
nada más correrse:
- ¡Tapónale el conducto seminal, como ya sabes!.- y cogiendo
el romano el doloroso clavo de torcidas púas que TRALLAX ya conocía:
- ¡Hummm!.- se lo clavó en la punta del nabo hasta el fondo:
- ¡Vayámonos de aquí!.- ordenó TERCHELD.
--ooOoo--
El hispalense estaba tan seguro del éxito como gladiador de
TRALLAX, que para darle más morbo al segundo combate:
- ¡Os reto a que mi esclavo desarmado luche con vuestros
gladiadores!.- lo quiso enfrentar a la vez con tres esculturales normandos:
- ¡Y me juego con vosotros, con cada uno, cien monedas de
oro!.- les propuso para darle más interés al combate:
- ¡De acuerdo!.- le respondieron los tres. Convencidos del
éxito de su trío de gladiadores. Pero el oro puesto en juego solo era un
pretexto, ya que realmente lo que no quería era que el cachas con dos mamporros
acabara con las peleas tan rápidamente. Deseaba verle también sufrir
públicamente, que comprendiera que la victoria a veces le reportaría mucho dolor
y a él en cambio placer por verle sufrir.
Y TRALLAX lo intuyó, por eso TERCHELD cuando entró en las
cuadras, vio al musculoso virilmente empalmado por esa razón. Quién ya se
encontraba bellamente enjaezado por RUFUS, con todos los herreajes relucientes y
sus músculos brillantes por el aceite. Pero nervioso como se encontraba el
esclavo alazán:
- ¡Sooo, esclavo!.- no paraba de levantar polvo del duro
suelo de tanto zapatear, bufando y gruñendo, mientras mordía el bocao con
fiereza igual que un toro:
- ¡Quédate quieto!.- le ordenó RUFUS; mientras intentaba sin
lograrlo ponerle los cuchillos en las musleras:
- ¡Joder con el esclavo!.- comentó TERCHELD enojado por el
rebelde estado anímico del culturista. Cuando aproximándose a él, cogiéndole por
la argolla de la nariz:
- ¡Calmate esclavo!.- empezó a acariciarle el pecho,
abdominales, hasta que pasando la manos sobre sus nalgas, metiendo los dedos en
el canalillo, jugando con los labios de su ansioso potorro, logró por fin
calmarlo:
- ¡Ya está, amo!.- le dijo RUFUS nada más acabar de dejarle
puestas las fundas de los cuchillos:
- ¡Ah, se me olvidaba, quítaselos, luchará desarmado!.-
logrando que TRALLAX resoplara orgulloso como macho alazán. Excitado por la
nueva prueba a la que su master le iba a someter. Pero sobre todo altanero por
la muestra de confianza que le demostraba, por jugarse tanto oro con él. Por eso
TRALLAX:
- ¡Sal fuera!.- (¡zúmm!, ¡sspláss!):
- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- disfrutó con cada
latigazo con que delante de tanta gente le regalaron sus amos por todo el camino
de ida. Sabedores estos que era la única forma de mantener a raya a la musculosa
mole. Y abusando los dos de que tanto castigo punitivo, solo lograba arrancarle
bufidos de agonía pero que casi nunca lograban debilitarlo, fue llevado TRALLAX
al coso y a la lucha. Por eso nada más entrar en la arena el público aplaudió a
rabiar. Porque cubierto salvajemente de latigazos, el cachas se mostraba
altanero en busca de gresca, con ganas de machacar cabezas o pollas, solo por
complacer a sus amos. Y allí estaban los tres normandos, con larguísimas cañas
de bambú, ¡con lo que duelen!, se estremeció el español. Pero mirando a sus
amos, metió vientre y dejándolo bien fibrado, saco tetas, ofreciéndole la agonía
que tan descompensado enfrentamiento le iba a aportar. Y como siempre, los
cuatro mancebos se dirigieron al palco imperial, que por la fama que estaba
alcanzando TRALLAX, hoy se hallaba presidido por el mismísimo Emperador de Roma.
Un hermano genético de MARCIO, casi tan guapo como él, pero con preclaras
tendencias sádicas:
- ¡Señor, los que van a morir te saludan!.- gritaron sus
contrincantes ya que TRALLAX no pudo por ir con el bocado puesto. Siendo ya para
él la segunda vez que pasaba por este ritual iniciador del combate:
- ¡Pues que así sea esclavos!.- y dejando caer el pañuelo de
seda que llevaba en una mano, dio comienzo el combate. Y abusando aquellos
cabrones de que estaba desarmado, se separaron y lo rodearon, (¡zúmm!):
- ¡Umk!, (¡zúmm!), ¡humm!.- restallando aquellas formidables
varas en sus desprotegidos pectorales. Logrando que TRALLAX sorprendido apoyara
una rodilla en el suelo. Momento que aprovecharon dos de ellos, para lanzarle
dos recio golpes en su amplia espalda, que de dolor lograron que sacara pecho,
iniciando el tercero una sarta de golpes en sus abdominales, cruzándolos de
marcas, dejándolo medio atontado. Justo cuando los otros dos, sujetándole por
las muñecas, retorciéndole los brazos para atrás. Comenzó a recibir su pechazo,
del tercer gladiador golpes a diestro y siniestro que le cubrieron de oscuros
hematomas:
- ¡TRALLAX ya!.- cuando de pronto oyó la voz protectora de su
amo TERCHELD. Se empalmó aún más con el sonido de su cantarina voz. Y decidido a
complacerlo, vio al tercer normando que acababa de lanzarle otro golpe con la
dolorosa vara de bambú. Cuando viéndola impactar en sus abdominales,
contrayéndolos con todas sus fuerzas, la dura caña al impactar se astilló en mil
partes, quedando inutilizada. Cuando tirando con todas sus fuerzas de sus
brazos, con tan solo el poder de sus músculos, tiró de los otros dos cabrones y
cuando lo tuvo a tiro se puso de pie y rodeando con sus musculosos brazos los
cuellos de ambos, actuando sus poderosos bíceps de guillotina. Los fue
estrangulando poco a poco, sin dejar su vientre, riñones y genitales de ser
golpeados por aquellos machos. Hasta que comenzando a faltarles aire,
profundamente enajenados por el viril olor a sobacos de TRALLAX. Los dos
perdieron el conocimiento, soltándolos el cachas al momento, porque él nunca
quiso matarlos, solo derrotarlos:
- ¡Esto lo vas a pagar, cabrón!.- le gritó el tercero que con
la vara de uno de sus compañeros, (zúmm!):
- ¡Ug!.- con la punta le golpeó la espalda. Logrando que
TRALLAX furioso por tan traicionero golpe se diera la vuelta y sin importarle
como aquel hijo puta le seguía golpeando con el extremo y le iba dejando oscuros
y sangrantes círculos rojos en sus pectorales y bajo vientre. Sujetando el
extremo de la caña tiró de ella y acercando a al fornido normando hacia él,
(¡pláss!):
- ¡Ug!.- de una mistra con la mano abierta lo lanzó a unos
metros y agarrándolo allí mismo, e igual que hizo con YAMI:
- ¡Ohhh!, ¡qué cipotón!.- al vuelo le clavó el pene, oyéndose
gritos de terror por las barbaridades que el gigantesco falo podía hacer en un
chocho tan estrecho como el de aquel joven chaval. Que con sus genitales ya al
aire, en bolas, se agarraba del cabello y de dolor y placer extremo tiraba de
él:
- ¡Usss, qué gusto!, ¡fóllame cabrón!.- mientras era forzado
con reciedad, como él nunca creyó ser posible, pero era mucha polla y el
normando de gozo comenzó a eyacular en cantidad generosa regando de semen el
reseco suelo de arena del coliseum. Hasta que sintiéndose partir por medio:
- ¡Por favor, liberadme, que me mata!.- rogó por fin que
aquello acabara y agarrándose al pechazo de TRALLAX, supo que no podría sentarse
durante semanas. Pero TRALLAX no estaba por la labor de ceder a sus ruegos, y
moviendo las nalgas de arriba abajo, ensartaba el chocho con rudeza espartana,
buscando en aquel babeante potorro el placer absoluto:
- ¡Joder, esto es magnífico!.- reconoció aquella puta que se
estaba follando. Que pasando del dolor, se agarró al musculitos y mientras se
sentía montar, se abrazó a su torso como un pulpo. Siendo lanzando su cuerpo de
izquierda a derecha, por aquel cipote poderoso. Cuando alcanzando por segunda
vez el clímax:
- ¡Llévame contigo a donde vayas chico!.- logró que el
normando le rindiera pleitesía. Pero el placer sexual no estaba hecho para un
esclavo total como él. Por eso, procedieron a encadenarle por las muñequeras de
hierro para que diera fin su asalto anal:
- ¡Sácala, perro!.- y a golpes de fusta fue obligado a
extraer su poderoso nabo y siendo enganchado por otra cadena por la argolla que
lo ensortijaba por el pene. A tirones quisieron sacarlo de allí. Pero TRALLAX
quería seguir follando y tirando hacia atrás se resistía, por lo que con más
latigazos y encadenándolo también por los huevos, aunque tiraron con inaudita
violencia no lograron moverlo un milímetro, tal era su deseo de seguir follando.
Procediendo entonces entre varios, a encadenarle por los pezones y argollas de
la nariz y aunque esta vez usaron las cadenas como látigos, ni aún así lo
lograron:
- ¡Alto cabrones!.- gritó TERCHELD, que acercándose al
musculoso. Quedándose al momento éste quieto al ver aproximarse a su adorado
amo. TERCHELD sujetándolo por la argolla de la nariz, tirando con fuerza,
haciéndole mucho daño le obligó a bajar la cabeza. Y soltando el cachas un
suspiro de admiración por lo bien que sabía domarlo su amo, le oyó decir:
- ¡Déjate llevar a la cuadra, esclavo!.- y liberándole la
bonita nariz que ni el hierro que lo ensartaba lograba afearlo.

TRALLAX al trote y sin que tuvieran piedad de él, lacerado
con aceradas fustas fue llevado a su lugar de confinamiento, orgulloso por su
victoria, pero sobre todo por pertenecerle a un amo tan cruel como aquel.
CONTINUARA……….
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son inéditos, correspondientes a los primeros capítulos, en los que no incluí
ninguno.