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Solución sexual para la monotonía
TODORELATOS » RELATOS » TRALLAX (21)
[ Ante la duda, la más tetuda ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 22 de Noviembre, 2008.
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Trallax (21)

animal
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TRALLAX XXI. Una historia futurista sadomasoquista gay. La segunda prueba de retención de orgasmos a la que fue sometido TRALLAX en el Coliseum romano. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

TRÁLLAX XXI

 

La segunda prueba de retención de orgasmos a la que fue sometido TRALLAX en el Coliseum romano.

 

 

CAPITULO 21

El musculoso TRALLAX, nada más acabar con sus ejercicios de fisioculturismo de esa jornada, apenas sus músculos tuvieron reposo después de los eternos tres días que se pegó en los urinarios, y su cuerpo expuesto para gozo de los residentes del circo romano. Cuando apenas eran las nueve de la mañana:

- ¡Hummm!.- en aspas sobre el suelo, con gruesas cuerdas sujetas a sus muñecas y tobillos; como siempre salvajemente empalmado:

- ¡Preparados chicos!.- dieciséis tiarrones sujetándole con ellas, cuatro en cada una de ellas:

- ¡Tirad con fuerza cabrones!.- iban a poner al límite la elasticidad de sus músculos, tendones y articulaciones por orden del sádico TERCHELD. Que ya estaba hasta los cojones de no lograr que el cachas eyaculara. Pero que él para mortificarlo más, públicamente y en voz alta le ordenaba que no lo hiciera:

- ¡Hummmm!:

- ¡Sí, así, sí, más fuerte!.- feliz no obstante porque tantas pruebas estaban consiguiendo moldear la mente del poderoso culturista como él deseaba. Por eso con un látigo en una mano, igual que RUFUS y dos gladiadores más, de los cuales destacaba el gigantesco YUMI. Éste, sacando pecho con orgullo, les recordó:

- ¡Lo veis, no he mentido así con estos recios látigos tratamos nosotros en oriente a los búfalos!. ¡Por eso os he traído estos que guardo con tanto cariño!, ¡son idénticos a los usado en mi país con esos animales de piel tan dura!.- y a una indicación de TERCHELD, aquellos sádicos:

- ¡Umk!.- tirando aún más de las sogas, lo alzaron por completo del suelo:

- ¡Hummm!.- arrancándole gemidos de dolor al cachas, que se sentía romper. Cuando apartándose los latigueadores, cogiendo puntería, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- volvió a ser castigado cada centímetro de su musculosa piel, siendo el dolor inenarrable y es que seguía sin acostumbrarse a sufrir tanto. Notando como aquellas recias herramientas de punición, igual que lenguas de fuego, le iban marcando la piel morena con extraordinaria rapidez:

- ¡Cómo resiste el tío!.- chilló complacido YUMI. Que por solo el placer de descargar su crueldad en aquellos poderosos músculos, dio por buena su derrota en el coso. Motivo por el que, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- sus latigazos eran hoy con diferencia los más potentes, los que más se marcaban en el físico desnudo de TRALLAX y los que más tiras de piel arrancaban. Por eso el cachas, entre sufriente agonía, debajo del recio casco le miraba pidiéndole compasión. Pero ni él ni sus compañeros en el uso del látigo se apiadaron de él. Todo lo contrario, (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- le castigaron aún con más potencia, empalmándolo más si cabe. Mordiendo la mole culturista el bocao con tal intensidad que parecía que lo iba a cortar, y es que los latigazos eran de tíos muy machos, capaces de cortar las carnes como cuchillas por muy musculosas y masivas que estas fueran, como las de TRALLAX. Hasta que viendo TERCHELD que al cachas no lograban arrancarle ningún orgasmo. Pero sobre todo que estaba al límite de la pérdida del conocimiento, ordenó:

- ¡Parad chicos y soltadlo!.- añadiendo:

- ¡Y dejadlo bien sujeto entre esas cuatro columnas!.- con la idea de exponerlo allí durante días a más penitencias. Comentando para sí:

- ¡Esta vez no pienso parar hasta arrancarle un orgasmo y después el castigo!.- y con un guiño le dijo a RUFUS que lo había oído todo:

- ¡Ahora dejémosle que se recupere un poquito, la sesión que le espera va a ser larga!:

- ¡Y nosotros a follar!, ¡jejeje!.- y agarrando a su esclavo por el nabo se llevó a RUFUS a sus aposentos. Quedando allí TRALLAX cabeza gacha pecho expandido, virilmente azotado, más empalmado que un elefante en una manada de elefantas en celo.

--ooOoo--

Habían pasado unas cuatro horas y era la hora del almuerzo y TRALLAX con el estómago vacío y el miembro viril salvajemente tieso. Alimentándose igual que una batería a través de la piel directamente del aire y de los rayos del sol. Sistema que el elixir regenerador de células le había dotado, y que le permitía alimentarse cuando no podía hacerlo de forma tradicional, de ahí que su potencial físico no decreciera con tantas penalidades. ¡Joder, que burros son!, gimió cachondo, admirando extasiado cada milímetro de su musculosa piel, flagelada con pasión por sus crueles verdugos, notando los fuertes escozores que aún sentía en ellos.

Por eso marcando con fuerza todos sus músculos, dolorosamente contraídos, se exhibió a TERCHELD y RUFUS nada más verlos llegar. Que armados aún de aquellos magníficos látigos, y ahora también de martillos y largos clavos sujetos a sus cinturones, se acercaron a él. Pero no atreviéndose a mirarles, sobre todo al hispalense, que como siempre que se encontraba frente a él, giró la cabeza a un lado. En un gesto de acatamiento, que para él también era una señal de su amor hacia él. Que importándole un huevo que el cachas al llevar puesto siempre el bocao, no pudiera responderle, le comunicó:

- ¡La sesión disciplinaria continúa perro!.- y sacando pecho aquel inmenso culturista se preparó a darle placer a sus verdugos con su entrega total al dolor. En especial a su master TERCHELD, que aproximándose a él, cogiéndole por los gordos pezoncitos, tirando de ellos:

- ¡Ummm!.- escapándosele al cachas un gemido de pasión, oyó decirle a éste:

- ¡Recuerda que no quiero que te corras!.- y notando como aquel tremendo ser temblaba de excitación:

- ¡Hummm!.- le estampó un besazo, recorriendo con su lengua todo el paladar de la musculosa mole, absorbiéndole toda la humedad que el cachas tenía. Mientras que RUFUS por detrás:

- ¡Hummm!.- mordiéndole el cuello, le restregaba el cipote dentro del canalillo que guardaba su más preciado tesoro: el dilatado potorro. Que hambriento de amor, TRALLAX con otro intenso beso le correspondió al íbero, a sabiendas de lo mucho que muy pronto iba a sufrir en sus manos. Pero el amor que sentía por TERCHELD era auténtica veneración:

- ¡No me mires puerco!.- y es que TRALLAX de tanto que lo amaba tuvo ese atrevimiento, (¡púmm!):

- ¡Umk!.- y atizándole TERCHELD un puñetazo en todos los huevos, logró que el cachas apartara sus amorosos ojos de él:

- ¡Humm!.- y con fuerza mordiera el duro metal, del que estaba hecho el bocao:

- ¡Sufre puta!.- del salvaje dolor que TRALLAX sintió. Y es que no era el único que había echado músculos sino que el hispalense también. Ya que, mientras le entrenaba a él, también practicaba culturismo:

- ¡Hoy pensaba ser algo más suave contigo!- mentira cochina:

- ¡Pero con el descaro que me has mirado, mereces un fuerte correctivo!.- y mostrándole unos rollos de finos cordones de seda. TRALLAX al instante supo que eran para atormentar sus carnosidades más erógenas. Las que más facilitaban que él alcanzara el clímax, con un tratamiento estricto con dolor. Por eso su polla se empalmó aún con más bizarría. Y por eso mismo fue la primera pieza de su anatomía en ser puesta a prueba. Porque TERCHELD cogiéndola:

- ¡Qué vergota tienes condenado!.- acariciándola de abajo arriba, jugando también con sus tremendos huevos, se complació en sentir aquel palpitante y nervudo miembro viril entre sus manos. Cuando sujetando la argolla que atravesaba su hermoso capullo, le ató el extremo de un sedal:

- ¡Umk!.- y con fuerza:

- ¡Hummm!.- tirando con ganas se alejó atando el otro extremo a un tronco clavado frente al cachas:

- ¡Ufff!.- y tirando aún más, le mantuvo la polla tensa, muy tensa, agónicamente tirante. Pero aunque se la alargó alarmantemente, ésta nunca perdió su tremendo grosor:

- ¡Flúggg!.- su amo le escupió sus sudados pectorales, para que comprendiera que se hallaba en el estrato social más bajo. Que el cachas asumía como lo más natural en su vida. Porque para él se había acabado la vida de orgulloso policía de Ciudad Imperio, para transformarse en el esclavo fisioculturista que era ahora. Cuando lanzándole un cordel a RUFUS:

- ¡Los huevos!.- cada uno le enlazó un cojón:

- ¡Hummmm!.- y apretando los lazos al máximo:

- ¡Hummmm!.- tirando en distintas direcciones con fuerza hacia abajo, le alargaron el escroto secuestrándole salvajemente los huevos:

- ¡Ufff!.- pareciendo que se los iban a reventar y mientras mantenían con una mano tensadas las sogas, con la otra, clavando a martillazos en el suelo los largos clavos que trajeron con ellos, tirando lo indecible:

- ¡Hummmm!.- alargaron terriblemente el escroto muchos centímetros más, y secuestrando de esa manera tan sádica los testículos, enrollando el extremo en la cabeza de los clavos, se los dejaron agónicamente tensos doloridos, imposibilitado a moverse:

- ¿Conque mirándome otra vez, eh cerdo?.- pero esta vez TERCHELD quiso darle un escarmiento aún más selectivo:

- ¡Ahora verás!.- y lanzando por encima de la barra que se hallaba sobre las dos verticales, entre las que se hallaba inmovilizado el cachas y ensartándola en la argolla de la bonita nariz de TRALLAX:

- ¡Hummmm!.- tirando con violencia, más y más. Con lagrimones como puños, le dejó el rostro mirando al cielo imposibilitado a mirar a otro lugar y menos ser testigo directo de su tormento. Siendo después sus pezones víctimas de dos cordones más, que nada más enlazados:

- ¡Hummmm!.- fueron tensados hasta el paroxismo:

- ¡Hummmm!.- y tirando con crueldad infinita, estranguladas las carnosas puntitas mamarias, alargadas tremendamente una quincena de centímetros, le ataron los otros extremos en el mismo madero en donde fue dejado atado el cordel de seda que tiraba de su tremenda polla:

- ¿Podemos ya, amo?.- le preguntó el musculoso romano a TERCHELD. Que después de que sonara unos fuertes truenos y relámpagos anunciadores de una torrencial tormenta:

- ¡Sí!.- comenzando a diluviar. Mojándose los masivos músculos de los tres. No fue motivo suficiente para que los dos verdugos abandonaran el lugar. Que mientras RUFUS sujetaba a TRALLAX por las nalgas, consciente del brutal dolor que éste iba a padecer; nada más comenzara TERCHELD a golpearle los abdominales, tirando cruelmente no solamente de su polla, sino peor aún de sus pezones, huevos y nariz con lo que tanto duele, (¡púmm!):

- ¡Humm!, (¡púmm!), ¡humm!.- con recios puñetazos en los abdominales, le arrancaba auténticos resoplidos de agonía al musculoso chico español, que soberbiamente musculado, no podía remediar como sus pezones eran alargados como él nunca creyó posible por el sádico traqueteo al que era sometido su físico. Mientras su nariz con la vibración le arrancaba goterones de purita lágrima que el indefenso maciste revuelto con la lluvia, él mismo se bebía. Siendo incapaz de observar como al pronto los finos cordeles ahorcando por completo sus pezones, empezaron a sangrar con tantas crueldades juntas. Y su verga incapaz ya de retener el orgasmo vibraba a punto de explotar:

- ¡Ahora, ahora amo!, ¡ya está a punto!.- entonces gozando de ver al cachas conque gestos obscenos movía sus nalgas a punto de bombear semen:

- ¡Hummm!.- tirando de los pezones le hicieron pasar a TRALLAX las de Caín. Quien entre fuertes estertores de agonía, cordones de los pezones extremadamente tensos, huevos a punto de desgarrar el escroto que los oprimía, polla atada por la argolla, torturada lo impensable con tanto alargamiento. TRALLAX lanzando un grito de derrota al cielo:

- Usssssss!.- comenzó a correrse patas abajo como no recordaba, lanzando espesísimo esperma a diestro y siniestro:

- ¡Ahora!.- ordenó TERCHELD, (¡pláss!):

- ¡Humm!, (¡pláss!), ¡humm!.- y con planas varas de fresnos aquellos músculos fueron castigados por su desobediencia. Con los que duele esos golpes en unos músculos muy mojados, por muy desarrollados que estos fueran y estos lo eran mucho. Motivo por el que los zurriagazos lo recibía de plano y los hematomas muy evidentes y el terrible orgasmo era de muerte. Porque aquel miembro viril alimentándose de puro dolor no paraba de escupir leche de un lado a otro, (¡pláss!):

- ¡Humm!, (¡pláss!), ¡humm!.- cambiando permanentemente de dirección al restallar los golpes en los inmensos músculos de TRALLAX. Que forzado al mirar el relampagueante cielo negro y oscuro por los nubarrones, indefenso como estaba, los encajaba en su físico amargamente. En donde lo único que parecía invicto era su eyaculador cipote que como un volcán no paraba de manar semen, y es que los huevos después de tanto tiempo sin alcanzar el clímax estaban llenos a rebosar. Y sus verdugos muy crueles, sabían disciplinar, sabían como tratarlo, eran ya muchos días juntos torturando al esclavo y aunque eran consciente de su resistencia al sufrimiento, conocían al dedillo sus zonas erógenas, sus puntos débiles, que con el más mínimo contacto lograban que tuviera un adelanto de los padecimientos que seguramente le esperaba en los mismísimos infiernos.

Y es que así era TRALLAX, una mole pletórica de músculos creado para sufrir. Por eso sus movimientos pélvicos eran más guarros, más obscenos, cada vez que aquellos recios maderos le flagelaban sus músculos, pezones, huevos y polla. Que le arrancaban gemidos que de dolor se oían en todo el patio, pero sobre todo los golpes que al ser tan severos se escuchaban en todo el recinto del coliseum. Por eso aquel miembro viril, no dejaba de escupir leche y es que los impactos eran demoledores. Hasta que logrando un orgasmo bestial, perdiendo el conocimiento, sus padecimientos dieron por el momento a fin:

- ¡Joder ese cipote sigue eyaculado amo!.- se chivó RUFUS. Pero TERCHELD no estaba ahora para respuestas. Porque su esclavo había conseguido por segunda vez desde que lo conocía que él se masturbara:

- ¡Hummmm!. ¡Cuánto placer me da atormentarlo!.- reconoció nada más correrse:

- ¡Tapónale el conducto seminal, como ya sabes!.- y cogiendo el romano el doloroso clavo de torcidas púas que TRALLAX ya conocía:

- ¡Hummm!.- se lo clavó en la punta del nabo hasta el fondo:

- ¡Vayámonos de aquí!.- ordenó TERCHELD.

--ooOoo--

El hispalense estaba tan seguro del éxito como gladiador de TRALLAX, que para darle más morbo al segundo combate:

- ¡Os reto a que mi esclavo desarmado luche con vuestros gladiadores!.- lo quiso enfrentar a la vez con tres esculturales normandos:

- ¡Y me juego con vosotros, con cada uno, cien monedas de oro!.- les propuso para darle más interés al combate:

- ¡De acuerdo!.- le respondieron los tres. Convencidos del éxito de su trío de gladiadores. Pero el oro puesto en juego solo era un pretexto, ya que realmente lo que no quería era que el cachas con dos mamporros acabara con las peleas tan rápidamente. Deseaba verle también sufrir públicamente, que comprendiera que la victoria a veces le reportaría mucho dolor y a él en cambio placer por verle sufrir.

Y TRALLAX lo intuyó, por eso TERCHELD cuando entró en las cuadras, vio al musculoso virilmente empalmado por esa razón. Quién ya se encontraba bellamente enjaezado por RUFUS, con todos los herreajes relucientes y sus músculos brillantes por el aceite. Pero nervioso como se encontraba el esclavo alazán:

- ¡Sooo, esclavo!.- no paraba de levantar polvo del duro suelo de tanto zapatear, bufando y gruñendo, mientras mordía el bocao con fiereza igual que un toro:

- ¡Quédate quieto!.- le ordenó RUFUS; mientras intentaba sin lograrlo ponerle los cuchillos en las musleras:

- ¡Joder con el esclavo!.- comentó TERCHELD enojado por el rebelde estado anímico del culturista. Cuando aproximándose a él, cogiéndole por la argolla de la nariz:

- ¡Calmate esclavo!.- empezó a acariciarle el pecho, abdominales, hasta que pasando la manos sobre sus nalgas, metiendo los dedos en el canalillo, jugando con los labios de su ansioso potorro, logró por fin calmarlo:

- ¡Ya está, amo!.- le dijo RUFUS nada más acabar de dejarle puestas las fundas de los cuchillos:

- ¡Ah, se me olvidaba, quítaselos, luchará desarmado!.- logrando que TRALLAX resoplara orgulloso como macho alazán. Excitado por la nueva prueba a la que su master le iba a someter. Pero sobre todo altanero por la muestra de confianza que le demostraba, por jugarse tanto oro con él. Por eso TRALLAX:

- ¡Sal fuera!.- (¡zúmm!, ¡sspláss!):

- ¡Humm!, (¡zúmm!, ¡sspláss!), ¡humm!.- disfrutó con cada latigazo con que delante de tanta gente le regalaron sus amos por todo el camino de ida. Sabedores estos que era la única forma de mantener a raya a la musculosa mole. Y abusando los dos de que tanto castigo punitivo, solo lograba arrancarle bufidos de agonía pero que casi nunca lograban debilitarlo, fue llevado TRALLAX al coso y a la lucha. Por eso nada más entrar en la arena el público aplaudió a rabiar. Porque cubierto salvajemente de latigazos, el cachas se mostraba altanero en busca de gresca, con ganas de machacar cabezas o pollas, solo por complacer a sus amos. Y allí estaban los tres normandos, con larguísimas cañas de bambú, ¡con lo que duelen!, se estremeció el español. Pero mirando a sus amos, metió vientre y dejándolo bien fibrado, saco tetas, ofreciéndole la agonía que tan descompensado enfrentamiento le iba a aportar. Y como siempre, los cuatro mancebos se dirigieron al palco imperial, que por la fama que estaba alcanzando TRALLAX, hoy se hallaba presidido por el mismísimo Emperador de Roma. Un hermano genético de MARCIO, casi tan guapo como él, pero con preclaras tendencias sádicas:

- ¡Señor, los que van a morir te saludan!.- gritaron sus contrincantes ya que TRALLAX no pudo por ir con el bocado puesto. Siendo ya para él la segunda vez que pasaba por este ritual iniciador del combate:

- ¡Pues que así sea esclavos!.- y dejando caer el pañuelo de seda que llevaba en una mano, dio comienzo el combate. Y abusando aquellos cabrones de que estaba desarmado, se separaron y lo rodearon, (¡zúmm!):

- ¡Umk!, (¡zúmm!), ¡humm!.- restallando aquellas formidables varas en sus desprotegidos pectorales. Logrando que TRALLAX sorprendido apoyara una rodilla en el suelo. Momento que aprovecharon dos de ellos, para lanzarle dos recio golpes en su amplia espalda, que de dolor lograron que sacara pecho, iniciando el tercero una sarta de golpes en sus abdominales, cruzándolos de marcas, dejándolo medio atontado. Justo cuando los otros dos, sujetándole por las muñecas, retorciéndole los brazos para atrás. Comenzó a recibir su pechazo, del tercer gladiador golpes a diestro y siniestro que le cubrieron de oscuros hematomas:

- ¡TRALLAX ya!.- cuando de pronto oyó la voz protectora de su amo TERCHELD. Se empalmó aún más con el sonido de su cantarina voz. Y decidido a complacerlo, vio al tercer normando que acababa de lanzarle otro golpe con la dolorosa vara de bambú. Cuando viéndola impactar en sus abdominales, contrayéndolos con todas sus fuerzas, la dura caña al impactar se astilló en mil partes, quedando inutilizada. Cuando tirando con todas sus fuerzas de sus brazos, con tan solo el poder de sus músculos, tiró de los otros dos cabrones y cuando lo tuvo a tiro se puso de pie y rodeando con sus musculosos brazos los cuellos de ambos, actuando sus poderosos bíceps de guillotina. Los fue estrangulando poco a poco, sin dejar su vientre, riñones y genitales de ser golpeados por aquellos machos. Hasta que comenzando a faltarles aire, profundamente enajenados por el viril olor a sobacos de TRALLAX. Los dos perdieron el conocimiento, soltándolos el cachas al momento, porque él nunca quiso matarlos, solo derrotarlos:

- ¡Esto lo vas a pagar, cabrón!.- le gritó el tercero que con la vara de uno de sus compañeros, (zúmm!):

- ¡Ug!.- con la punta le golpeó la espalda. Logrando que TRALLAX furioso por tan traicionero golpe se diera la vuelta y sin importarle como aquel hijo puta le seguía golpeando con el extremo y le iba dejando oscuros y sangrantes círculos rojos en sus pectorales y bajo vientre. Sujetando el extremo de la caña tiró de ella y acercando a al fornido normando hacia él, (¡pláss!):

- ¡Ug!.- de una mistra con la mano abierta lo lanzó a unos metros y agarrándolo allí mismo, e igual que hizo con YAMI:

- ¡Ohhh!, ¡qué cipotón!.- al vuelo le clavó el pene, oyéndose gritos de terror por las barbaridades que el gigantesco falo podía hacer en un chocho tan estrecho como el de aquel joven chaval. Que con sus genitales ya al aire, en bolas, se agarraba del cabello y de dolor y placer extremo tiraba de él:

- ¡Usss, qué gusto!, ¡fóllame cabrón!.- mientras era forzado con reciedad, como él nunca creyó ser posible, pero era mucha polla y el normando de gozo comenzó a eyacular en cantidad generosa regando de semen el reseco suelo de arena del coliseum. Hasta que sintiéndose partir por medio:

- ¡Por favor, liberadme, que me mata!.- rogó por fin que aquello acabara y agarrándose al pechazo de TRALLAX, supo que no podría sentarse durante semanas. Pero TRALLAX no estaba por la labor de ceder a sus ruegos, y moviendo las nalgas de arriba abajo, ensartaba el chocho con rudeza espartana, buscando en aquel babeante potorro el placer absoluto:

- ¡Joder, esto es magnífico!.- reconoció aquella puta que se estaba follando. Que pasando del dolor, se agarró al musculitos y mientras se sentía montar, se abrazó a su torso como un pulpo. Siendo lanzando su cuerpo de izquierda a derecha, por aquel cipote poderoso. Cuando alcanzando por segunda vez el clímax:

- ¡Llévame contigo a donde vayas chico!.- logró que el normando le rindiera pleitesía. Pero el placer sexual no estaba hecho para un esclavo total como él. Por eso, procedieron a encadenarle por las muñequeras de hierro para que diera fin su asalto anal:

- ¡Sácala, perro!.- y a golpes de fusta fue obligado a extraer su poderoso nabo y siendo enganchado por otra cadena por la argolla que lo ensortijaba por el pene. A tirones quisieron sacarlo de allí. Pero TRALLAX quería seguir follando y tirando hacia atrás se resistía, por lo que con más latigazos y encadenándolo también por los huevos, aunque tiraron con inaudita violencia no lograron moverlo un milímetro, tal era su deseo de seguir follando. Procediendo entonces entre varios, a encadenarle por los pezones y argollas de la nariz y aunque esta vez usaron las cadenas como látigos, ni aún así lo lograron:

- ¡Alto cabrones!.- gritó TERCHELD, que acercándose al musculoso. Quedándose al momento éste quieto al ver aproximarse a su adorado amo. TERCHELD sujetándolo por la argolla de la nariz, tirando con fuerza, haciéndole mucho daño le obligó a bajar la cabeza. Y soltando el cachas un suspiro de admiración por lo bien que sabía domarlo su amo, le oyó decir:

- ¡Déjate llevar a la cuadra, esclavo!.- y liberándole la bonita nariz que ni el hierro que lo ensartaba lograba afearlo.

TRALLAX al trote y sin que tuvieran piedad de él, lacerado con aceradas fustas fue llevado a su lugar de confinamiento, orgulloso por su victoria, pero sobre todo por pertenecerle a un amo tan cruel como aquel.

 

 

CONTINUARA……….

 

 

Podéis visitar mi web http://galeon.hispavista.com/trallax, al que podéis acceder también a través de mi perfil de TODORELATOS. En él podéis ver dibujos míos que son inéditos, correspondientes a los primeros capítulos, en los que no incluí ninguno.

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