Carlos y Laura llegaron a la habitación y cerraron la puerta
detrás de ellos. El se aflojó la ropa y se sentó en el borde de la cama, y
haciéndole una seña a Laura le indicó que se sentase a su lado. Ella lo obedeció
y en cuanto se sentó Carlos la recompensó con un delicioso beso en el que se
enredaron sus bocas, sus lenguas, y sus ardientes deseos por varios minutos.
-Te gustó ¿cierto?- le preguntó Carlos en cuanto se separaron
-Si, mucho.- respondió ella
Carlos apoyó la mano sobre la rodilla de ella. Mientras que
hablaban la deslizaba lentamente hacia arriba. Podía sentir la suavidad de su
piel en su mano, podía apreciar el calor de su piel debajo de sus dedos, y casi
podia sentirla temblar con su contacto.
-A mi tambien me gustó mucho, Laura.- le dijo él palmeandole
sus muslos
-¿Que pensas?- le preguntó a continuación
-¿De que? -preguntó ella intentando evitar la respuesta
-De lo que hizo Roberto al final.- aclaró él
-¿Sabes lo que hizo no?- preguntó
-Creo que los dos nos imaginamos.- respondio ella mientras el
sentía como sus muslos se tensaban al pensar la respuesta
-Si, pero que pensas- le insistió él subiendo su mano sobre
su pubis, sintiendolo mojado completamente
Ella no respondió. Solo se limitó a apoyar su cabeza sobre el
hombro de Carlos. Fue una respuesta mas que elocuente. Sumado a la humedad y el
calor que sentía debajo de sus dedos Carlos supo lo que iba a suceder.
-¿Serías capaz de hacer lo que yo te pidiera sin preguntar ni
objetar nada?- le preguntó él al oido.
-Si mi amor.- le susurró ella al oído mientras acariciaba con
sus manos la entrepierna de él
-¿Absolutamente todo?- insistió él
-Soy toda tuya- dijo ella dejando caer su espalda sobre la
cama y entreabriendo sus labios.
La mano de él recorrió el borde de su falda, acarició su
rodilla y comenzó a subir lentamente. Laura respiraba agitada. Suavemente abría
sus piernas, dejando pasar esas caricias por donde él deseara. El calor de ese
contacto inundaba la habitación y las miradas decían todo sin necesidad de
palabras. Inclinándose sobre ella Carlos deslizó una mano dentro del escote del
vestido, y lentamente los breteles comenzaron a correrse de costado dejando a la
vista las primeras carnes de sus deliciosos pechos.
Poco tardó el en desnudarla por completo, y menos aún en
cubrirla de interminables besos haciéndola retorcerse en un éxtasis de placer.
Laura, ya excitada de antemano sintió que su sangre le hervía, que su cuerpo
flotaba, entregada a su amor. Ansiosa y caliente, estiró la mano hasta el
cinturón del pantalón de Carlos, desabrochandolo por completo. Mientras ella
desabrochaba el pantalón, el se iba desabotonando rápidamente la camisa. Una
mano de Laura comenzó a acariciar su pecho mientras la otra continuaba abriendo
el pantalón, bajando su cremallera y corriendolo torpemente hacia abajo. Por
fin, de entre la ropa de él saltó a la vista su enrojecido e inflamado pene. Sin
darle tiempo a nada Laura lo tomó entre sus dedos y comenzó un suave movimiento
de sube y baja, recorriendolo de punta a punta. Carlos la miraba a los ojos y
ambos se sonreían.
Laura entonces bajó su rostro hacia la entrepierna de él, y
sin dejar de miralo a los ojos comenzó a engullirlo. Primero con la punta de sus
labios, luego ya mas adentro de la boca, chupando con fuerzas. Carlos gemía y
gozaba como loco. Sus manos acompañaban el lento vaiven de la cabeza de ella,
apoyados sobre sus suaves cabellos. Sus ojos entrecerrados en un disfrute total,
mordiendo su labio inferior, sintiendo como su amada le daba placer.
De repente, el la tomó del rostro y la quitó de donde estaba.
Con cierta violencia, pero sin lastimarla la arrojó de espaldas sobre el
colchón. Luego la tomó de las rodillas y las abrió amplia y violentamente. Ella
se sintió volar al sentirse deseada tan salvajemente, al saberlo transformado.
Su rostro se llenó de deseo y eso excitó aún mas a Carlos. Casi como en una
zambullida cayó entre sus piernas con su rostro sobre su pubis. El cuerpo de
Laura temblaba, sus manos abiertas sosteniendose del colchón.
Carlos no fue directo a su objetivo, se tomó su tiempo. Con
delicados besos y caricias fue recorriendo los muslos, el pubis, toda la
entrepierna de Laura. Ella volaba de deseo. Deseaba con locura que él la tomara,
que la poseyera, que se enterrara dentro de ella y la abriera al medio. La
lengua de Carlos abriendo su sexo suavemente, explorando su clítoris,
acariciando la puerta de su vagina, la hizo enloquecer y dar extraños grititos y
alaridos de placer.
En menos de lo que ella se dió cuenta Carlos había subido
sobre ella y se preparaba para penetrarla. Cuando lo hizo, ella se sintió en el
cielo. Su verga suave y caliente la abría suave pero implacablemente, la
acariciaba en profundidad, la hacía volar de placer. Tomándolo de las nalgas,
ella lo apretó dentro suyo. Lo deseaba alli por siempre. No quería dejarlo
escapar. El lento y profundo movimiento de Carlos arrancó los primeros gemidos
de ella. Estaba muy caliente, muy excitada ya como para aguantar mas. Su pubis
se movía al compás del de él.
El calor y la pasión subieron hasta límites increibles.
Tremendamente excitados, ambos desbordaron una pasión que no habían sentido
nunca antes. Cruzando sus piernas detrás de él Laura lo apretaba fuertemente
hacia ella, como tratando de meterlo aun mas adentro. Con las manos entrelazadas
y sus brazos abiertos en cruz ambos se agitaron un buen rato. Casi como si un
rayo hubiera impactado en el cuarto, el orgasmo de los dos llegó y los sacudió
violentamente. Gemidos y gritos guturales acompañaron el mejor orgasmo que
hubieran tenido en varios años. Por varios minutos continuaron temblando hasta
que una calma infinita los envolvió a los dos. Exhaustos, rendidos, traspirados,
los cuerpos de los dos quedaron en la cópula por largos minutos.
Cuando por fin reaccionaron nuevamente, un profundo beso de
amor unió sus labios. Se miraron con ternura y se acariciaron el uno al otro. Se
acomodaron en la cama y cayeron profundamente dormidos.
Una hora despues, los sobresaltó el teléfono de la
habitación. Carlos se preguntaba quien podía ser. Del otro lado del teléfono una
voz familiar lo despertó.
-¿Carlos?- se escuchó
-¿Roberto?- respondió extrañado Carlos
-Perdoname ¿estabas durmiendo?- se disculpó
-Bueno... solo estaba descansando de una noche maravillosa.-
dijo mirando a Laura que aun continuaba durmiendo.
-Me alegro.- dijo Roberto
-Te llamaba para invitarte a ver algo que estoy seguro te va
a gustar.- agregó Roberto
-Pero si ya estabas durmiendo, no quiero molestarte.-
continuó
-Hmm.. la verdad, si, estaba durmiendo, pero me dejas con
mucha curiosidad.- dijo sonriendo Carlos
-Creeme, vale la pena que te levantes y vengas.- dijo riendo
Roberto desde el otro lado
-Bueno, pero... ¿y Laura? ella está durmiendo.- se contrarió
Carlos
- No te preocupes por Laura. Solo serán unos minutos, despues
volves con ella.- resolvió Roberto
-Bueno... dame 5 minutos, me visto y bajo.- aceptó Carlos
-Ok, nos vemos en 5 minutos en el Lobby.-
Carlos se levantó de la cama haciendo el menor ruido posible.
En silencio tomó sus pantalones y su camisa y se vistió. Se arregló un poco la
cara y el pelo frente al espejo, y despues de dejar una nota a Laura por si se
despertaba, tomó las llaves de la habitación y salió.
En el amplio lobby del hotel había varios sillones de pana.
Algo de iluminación difusa gracias a lámparas de bronce a los costados, y una
música funcional muy suave y agradable. Sentado en el medio de los sillones
estaba Roberto, con un vaso de whisky en su mano, haciendo girar sus hielos y
esperando. En cuanto lo vió a Carlos, se puso de pie y lo invitó a sentarse a su
lado.
-¡Carlos! Vení, sentate acá que tengo algo para contarte.- le
dijo con una amplia sonrisa
Curioso y extrañado, Carlos caminó hasta él y despues de
saludarlo se sentó a su lado. Roberto llamó al barman y le preguntó a Carlos qué
iba a tomar. Carlos, sorprendido, solo atinó a elegir un Martini seco. Los dos
se miraban y tomaban sus bebidas, hasta que Roberto rompió el silencio.
-Bueno Carlos. Primera noche aqui ¿verdad?- le preguntó
-Si, claro. Ya sabés, es la primera vez que venimos los dos.-
respondió Carlos
-¡Bien! Contame... ¿como la viste a Laura esta noche? ¿algo
especial?.- preguntó
-A decir verdad, estaba muy cariñosa.- respondió Carlos
-Pero No vine a hablar de mis intimidades, vos me dijiste que
tenías algo para mostrarme.- agregó
-Bueno, no te sientas molesto. Te puedo asegurar que yo tengo
cosas mucho mas íntimas para mostrarte.- respondió con una sonrisa y minimizando
la queja de Carlos.
-¿Te puedo hacer una pregunta mas?- dijo Roberto
-Bueno- arriesgó Carlos
-Te acordas del casino supongo. Bien... y supongo que tambien
te acordarás de lo que hizo Patricia ¿no?.- preguntó Roberto
-Si, claro que me acuerdo. Me acuerdo perfectamente.- dijo
Carlos mientras sentía algo de verguenza por sus deseos oscuros con la esposa de
su amigo.
-¿Te gusta Patricia?- preguntó directamente Roberto
-¡Claro que me gusta! Es una mujer muy sensual y muy bella.
Pero es tu mujer. ¿no?- dijo Carlos dejando en claro las cosas.
-Bien. Lo suponía.- sonrió él
-Y creo que no sos el único.- agregó sin romper su sonrisa
-Si, la verdad, esa mujer es la envidia de todo hombre.- rió
Carlos
-Laura tampoco se queda atrás.- comentó Roberto
-No, la verdad que no... ja ja ja .- rió Carlos
-Todos los hombres me la miran.- agregó
-Si, sobre todo cuando se saca la bombacha en público.- dijo
Roberto guiñandole el ojo
-¿Que querés decir?- dijo Carlos un poco enojado
-No quiero decir nada. Solo quiero que lo descubras por vos
mismo.- dijo Roberto sin perder su buen humor.
-¿Que tengo que descubrir?- dijo intrigado Carlos
-Mira. La primera vez que vine a este lugar, hace unos tres
años, nos pasó algo parecido a lo que les pasó a Uds. Claro que en ese momento
Patricia y yo estabamos tan sorprendidos como vos y Laura. Pero un amigo me hizo
las mismas preguntas que yo te hago a vos. Esa noche, despues del casino
Patricia y yo tuvimos el mejor sexo que habíamos tenido en nuestras vidas. En
cuanto llegué a la habitación, el sexo de ella chorreaba aguas por sus piernas y
si la hubiera dejado, me hacia el amor ella a mi.- contó Roberto
- Hasta alli todo era lo que vos sabes hasta el momento. Pero
luego mi amigo me acompañó a un lado y me mostró algo que me cambió la vida. Lo
mismo que te voy a mostrar yo ahora.- continuó poniendose de pie
-Acompañame- dijo finalmente dejando el vaso en la mesa
Carlos lo observó y la adrenalina le subió a mil. Apoyó su
Martini sobre la mesa y se dispuso a seguirlo. Caminaron hasta el ascensor y
esperaron dos minutos, que a Carlos le parecieron eternos, hasta que abriera sus
puertas. Una vez adentro Roberto tomó la tarjeta magnética de su bolsillo, la
insertó en el control del asensor y el indicador del PentHouse se iluminó solo.
Las puertas se cerraron, y el ascensor comenzó a subir. Carlos sentía mucha
curiosidad por lo que iba a encontrar alli arriba.
En cuanto se abrieron las puertas Roberto salió del ascensor
y caminó por un pasillo al costado abriendo una puerta secundaria. Una cómoda
pero pequeña sala de unos 3 x 5 mts se iluminó tenuemente ante ellos. Un espejo
de pared a pared cubría una de las paredes de 5mts, mientras dos sillones muy
cómodos miraban al espejo. Roberto invitó a sentarse a Carlos y de un frigobar
al medio de ambos sillones sacó algunas bebidas que ofreció a su amigo.
Roberto miró la hora en su muñeca y sonrió. Se acomodó el en
sillón, y tomando el teléfono que estaba a su lado marcó un número.
-¿Estas lista?- preguntó
-Bien.. si... yo estoy con mi amigo Carlos acá en el salón.-
agregó
-Bueno, te espero.-
Roberto cortó el telefono y con una sonrisa renovada se
acomodó en el sillón a esperar. Carlos sentía como los nervios y la curiosidad
lo comían, pero confiaba en su amigo.
De repente, la puerta de la habitación se abrió y por ella
entró una figura femenina algo extraña. Un vestido rojo, tremendamente escotado
le caía a la perfeccion. Un tajo amplio y profundo mostraba sus piernas. Pero
cuando Carlos vió el rostro, su corazón se sobresaltó.
-¡Patricia!- dijo sorprendido
-Si Carlos. Yo misma.- respondió ella sonriendole
-Veo que no necesitas presentaciones.- rió Roberto
-Te ves esplendida.- dijo Roberto a Patricia
-Si, la verdad, estas infartante.- rió Carlos algo
desinhibido por la bebida
-¿Te gusto?- dijo ella apoyandole uno de los pies sobre su
rodilla y mostrándole toda la pierna casi hasta su pubis.
Carlos se ruborizó y miró de inmediato a Roberto. Su amigo le
sonrió y se acercó a ellos. Con sus dedos corrió lo que quedaba del vestido de
Patricia mostrando una infartante tanga blanca que apenas cubria el sexo de
ella.
-¿Apuesto a que querías saber de qué color era?- rió él
-ja ja ja ja ja...- rió nerviosamente Carlos
Patricia tomó su mano y la apoyó sobre su muslo comenzando a
refregarla suavemente. Carlos sintió como una tremenda erección crecía entre sus
piernas y mirandola a los ojos acarició toda su pierna a lo largo.
-¿No está buena?- preguntó Roberto
-Es deliciosa Roberto. Pero Laura...- balbuceó Carlos
-Decime. ¿Serías capaz de tener sexo con ella?- le preguntó
Roberto sin dejarlo terminar
-¿Que?- giró la cabeza Carlos sorprendido
-Es... es tu mujer...- agregó
-Amor... Los muchachos me esperan.- dijo Patricia sonriendo
-Si, ellos estan ansiosos... y vos tambien...- dijo Roberto
metiendo una mano sobre su sexo por el tajo de su vestido
-Andá con ellos. Nosotros te miramos desde acá.- dijo
palmeandole la cola.
Patricia se despidió de Roberto con un profundo beso en la
boca. Salió por la misma puerta por donde había entrado y se fue.
-¿Que fue eso?- preguntó Carlos con una sonrisa en los labios
-Eso Carlos, es una mujer caliente... es mi putita.- dijo
palmeandole el hombro
-Ahora preparate, que viene lo mejor.- le dijo mientras
tocaba un boton a un lado del sillón.
Como si se corriera una cortina, el gran espejo delante de
ellos se transformó en un cristal transparente. Del otro lado, un gran salón de
unos 7 por 5 metros se abría delante de ellos. En ese salón, había numerosos
sillones, mesas, y hasta una cama en el medio. Carlos se puso un poco nervioso,
pero Roberto lo tranquilizó, indicándole que nadie los veía de ese lado del
espejo polarizado. Sentados cómodamente ambos hombres observaron las seis
personas que había dentro del cuarto.
En ese momento, una puerta se abrió de costado. Inundada por
una luz brillante estaba Patricia. Con total naturalidad caminó hacia el centro
de la habitación. Una música suave comenzaba a sonar en el ambiente, y con
movimientos sensuales Patricia bailaba sin quitar sus ojos del espejo.
Uno de los hombres, se puso de pie y comenzó a bailar con
ella, luego otro mas, y un tercero. Casi rodeándola los hombres se movían y no
quitaban los ojos del cuerpo de ella. El que estaba detras, de repente se acercó
a ella y la abrazó suavemente por detras, mientras apoyaba su pubis y se
refregaba sobre sus nalgas. Patricia parecía encenderse con ese contacto, y
llevándose las manos a los pechos comenzó a acariciárselos a traves del vestido.
Las manos del hombre envolvían su cuerpo y comenzaban a acariciar su cintura,
sus brazos, y tambien sus pechos, enredándose con las de ella.
Viendo esto, los otros dos hombres avanzaron tambien.
Mientras uno de ellos besaba el cuello de Patricia, el otro acariciaba sus
muslos. Sin dejar de mirar al espejo Patricia abrió sus brazos y comenzó a
acariciarles el cabello a los dos hombres delante de ella. Se notaba el placer
en sus ojos. Su cuerpo, estimulado por muchas manos a la vez, temblaba como una
hoja y hervía de deseo. Muy pronto las manos de los hombres se metieron bajo su
vestido, por el escote, acariciando en directo su piel. Patricia parecía
ronronear debajo de esas numerosas manos que la recorrían y le provocaban
sensaciones por todo su cuerpo al unísono.
Los dedos de uno de los hombres comenzaron a mover los
breteles del vestido hacia el costado del hombro. Uno de un lado, el otro del
otro lado los corrieron hasta que el vestido comenzó a caer lentamente.
Acariciando la suave piel de Patricia a su paso y deslizándose lentamente, el
vestido cayó como un rojo telón que se abre, dejando a la vista un cuerpo
excitado y caliente, ávido de caricias y sexo.
Los hombres la observaron y sonrieron. Patricia era una mujer
bellisima en todo aspecto. Sus pechos, difícilmente sostenidos por un corpiño
sin mangas se movían ténuemente al compas del lento jadeo de su respiración. Mas
evidente era en su vientre, la sensación de la excitación se hacía muy visible
en su ombligo que se alteraba vibrando a cada contacto con su cuerpo de las
manos de los hombres.
Uno de ellos acarició su espalda, y con lentitud y delicadeza
abrió el cierre del corpiño por detrás, haciéndolo caer al suelo delante de
ella. Sus pezones durísimos en sus pechos firmes y abundantes excitaron mas a
los hombres, que se obsesionaron en sus pechos por unos minutos, volviéndola
loca de placer.
Patricia había quedado vestida solo por sus medias, sus
portaligas, y sus zapatos de taco alto en el medio de la habitación. Uno de los
hombres deslizó los dedos por su portaligas y comenzó a subir hacia su
entrepierna. Una sonrisa perversa apareció en su rostro.
-No te pusiste bombacha, putita.- le dijo frente a los otros
hombres
-No, perdí la última en el casino hace un rato.- respondió
con una sonrisa Patricia
-Hmmm... perdiste mucho mas que eso.- rió otro mientras le
acariciaba el pubis
-¡¡Como te gusta perder, putita!!- dijo el que primero le
había acariciado el pubis
Uno de ellos, que se había apartado del grupo hacía unos
momentos regresó. Totalmente desnudo y con una potente erección ya preparada con
su preservativo, tomó los cabellos de ella por detrás y le susurró algo al oido.
Patricia sonrió y caminó hasta el sillón mas cercano al espejo. A escasos 5
metros de Carlos se arrodilló sobre el sillón y empinó su trasero hacia el
hombre que tenía detrás. Lentamente abrió las piernas dándole tódo el lugar para
actuar.
Carlos sintió que el calor le hervía en el cuerpo. Miró de
costado a Roberto, que con una sonrisa en el rostro disfrutaba de la escena y
volvió a prestar todos los sentidos a Patricia. Detrás de ella, el hombre se
acomodaba de pié y comenzaba a apuntar su verga en el sexo de ella. Con las
manos a ambos lados de la cintura de Patricia, el hombre comenzó un suave
movimiento hacia adelante. Muy pronto estaba totalmente dentro de Patricia, que
excitadísima entreabría su boca al sentir la penetración. Luego se tomó mas
firmemente, y esta vez sin miramientos empujó rápidamente hacia el fondo.
Los otros hombres ya se habían desnudado y formaban un
círculo alrededor de ella. Estirando sus manos Patricia tomaba los miembros de
los hombres y los masajeaba suavemente mientras su cuerpo se sacudía por los
embates de esa verga que la penetraba por detrás. Algunas de las manos de ellos
acariciaban sus cabellos, otros jugaban con sus pechos, cada uno disfrutándola
como mas le parecía.
La escena no duró mucho. Muy pronto el hombre dentro de ella
comenzó a temblar, y en menos de lo que pudo darse cuenta, una descarga potente
de semen llenaba el profiláctico dentro de ella. Patricia sonrió, y dándose
media vuelta acarició el rostro del hombre besándole la mejilla.
El siguiente hombre la tomó de los brazos y la hizo ponerse
de pie. Abrazándola fuertemente refregó su sexo duro como piedra sobre el pubis
de ella mientras sus manos acariciaban y manoseaban sus redondas y apetitosas
nalgas.
-Tomame... soy toda tuya...- le susurró al oido
-Me calentás mucho, putita.- le respondió el
Casi como enajenado la soltó, la tomó de los hombros y sin
miramientos la apretó con su cuerpo por detrás contra el espejo. Su cuerpo
pegado, sus piernas abiertas, su cara de deseo y el instinto animal de él que la
penetró vaginalmente por detrás estampillándola contra el cristal.
Del otro lado, Carlos no podía creerlo. La tenía a escasos 2
metros, pegada al vidrio, gozando como una perra mientras el hombre la penetraba
siguiendo sus instintos mas salvajes, liberando la bestia que tenía dentro para
lograr en ella los mas intensos y auténticos gritos de placer.
Se podía escuchar la respiración agitada y los gemidos de
placer de los dos en el rítmico entra y sale que continuó. Esta vez Patricia
explotó en un orgasmo increible y con su cara haciendo muecas de placer miró
hacia Roberto.
Cuando por fin se separaron Patricia miró hacia atrás y vió
los dos hombres que le quedaban. Con una sonrisa autenticamente perversa les
hizo señas con el dedo índice para que se acercaran. Parados uno al lado del
otro, los dos hombres no pudieron creer como esa mujer se colocaba de rodillas
entre ellos y comenzaba a sorberles las vergas en forma alternada. Era un placer
verle el disfrute en ese rostro cuando su boca se llenaba de la tiesa carne de
alguno de ellos, pero tampoco eran despreciables las muecas de los hombres ante
la habilidad con que ella los mamaba.
Tan calientes quedaron que muy pronto uno de ellos la
arrastró al piso, y sin miramientos la penetró en la mas clásica posición del
misionero. Con embates violentos y profundos, el hombre arrancaba gritos de
placer constantemente de ella. Cuando él se cansó, ella giró colocándose sobre
él. Lo cabalgó con una lujuria y frenesí pocas veces vista mientras sentía como
el otro hombre, tremendamente excitado tambien, recorría su espalda, sus pechos,
sus muslos, todo el cuerpo con sus caricias.
De repente el ultimo hombre la inclinó hacia adelante y
abriéndole las nalgas con sus dedos escupió el orificio, dejando caer lentamente
una gran gota de saliva que se escurría y la excitaba.
-Rompeme el culo, hacemelo, papi.- pidió ella
No hacía falta que se lo rogaran mucho. El hombre se colocó
en posición detrás de ella y apuntando su verga al ano, la penetró lenta y
dolorosamente. Patricia se quejaba un poquito, pero le encantaba la sensación.
En unos minutos el hombre estuvo totalmente dentro de su recto y comenzó a meter
y sacar su verga de ella. El otro, debajo de ella hizo lo mismo. La escena era
muy caliente y Carlos no pudo evitar llevarse la mano a su verga para mitigar
semejante erección que tenía. Del otro lado del espejo Patricia era penetrada
doblemente y sin piedad, arrancándole los gemidos y los gritos de placer mas
estremecedores y calientes que Carlos hubiera escuchado.
Patricia no tenía un orgasmo detrás de otro en una seguidilla
que prometía llevarla al borde de la histeria. Por fin, los hombres tambien
emitieron sus guturales gruñidos y ambos se descargaron en sus profilácticos
dentro de ella.
Tan inusualmente como la escena había comenzado, terminó.
Patricia dió un beso en las mejillas de cada uno de sus compañeros sexuales y
tomando el vestido en sus manos se retiró. Antes de irse, uno de los hombres,
que había estado hablando en secreto con los demás, le obsequió un vaso con un
poco de de un extraño liquido blanco mientras sonreía perversamente. Se había
quitado el profiláctico y había volcado el abundante contenido dentro del vaso.
Lo mismo habian hecho los demás, logrando juntar casi medio vaso de viscoso y
caliente esperma.
Patricia sonrió tambien, observó el liquido en el vaso
girándolo y examinándolo y guiñandole un ojo prometió preguntarle a su marido y
si el lo indicaba iba a brindar con eso.
Unos segundos mas tarde, la puerta del cuarto donde estaban
Carlos y Roberto se abrió. Sonriendo Patricia entró con el vaso en la mano y
caminó hasta Roberto. Su cuerpo olía excitantemente a una suave mezcla entre su
propia traspiración, su perfume, y el olor característico del sexo. Carlos
sintió que su erección se volvía de piedra mientras la veía pasar a escasos
20cms de él.
-Amor, los muchachos me obsequiaron este trago y quieren que
me lo tome.- dijo ella sonriendo
-¿Y a vos te gusta putita?- le preguntó el acariciándole el
sexo mientras ella abria sus piernas
-Mucho, amor.- le contestó ella gimiendo con las caricias
-Entonces no tengo problemas.- dijo él
-Pero quizas quieras agregar dos dosis mas al trago.- le
comentó
-Será mas que un placer.- dijo ella poniendose de rodillas
delante de Carlos
Carlos no atinó a hacer nada. Por un momento pensó en Laura
en su habitación, sola. Pero cuando las hábiles manos de Patricia sacaron su
verga afuera y la metieron en su boca quedó indefenso y solo atinaba a gemir y
gruñir sintiendo ese placer increible que Patricia le daba. No tardó ni cinco
minutos en perder el control bajo las poderosas succiones y la lengua inquieta
de Patricia. En un orgasmo increible comenzó a eyacular dentro de la boca de
ella, mientras ella le acariciaba el pecho con pasión. Colocando el vaso debajo
de su barbilla Patricia recogió en él todos los restos de semen que ya
desbordaban de su boca, luego abrió su boca completamente repleta de semen, su
lengua cubierta de blanco y escupió su contenido en el vaso para luego relamerse
antes de ponerse de pie.
-Gracias Carlos... estuvo delicioso.- dijo ella sonriendole
muy caliente
Luego se inclinó delante de Roberto y mientras él la manejaba
con sus cabellos hizo exactamente lo mismo con él hasta llenar , buche tras
buche, un poco mas el vaso. Sonriendole Roberto tomó su botella de whisky de al
lado suyo y regió con un abundante chorro el vaso, que luego Patricia mezcló con
su dedo relamiendolo con una sonrisa.
Una vez mas con el vaso en la mano Patricia salió nuevamente
a escena. Colocó un oscuro mantel de plástico sobre el piso y se sentó sobre él.
Con los hombres en semicirculo alrededor de ella comenzó a tomar el líquido en
su boca. Delante de todos hizo buches con el semen, lo movió con la lengua y lo
tragó un par de veces. Otras tantas lo dejó caer sobre su cuerpo y con la ayuda
de los hombres lo desparramó, logrando que su cuerpo brillara pegajoso y oliendo
a semen y alcohol. Muchos de ellos, al ver esto se excitaron y comenzaron a
masturbarse delante de ella. Patricia tomó las vergas en sus manos y con gran
habilidad los ordeñó sobre su rostro, su cabello y su pecho. Toda ella era un
muestrario de semen, pero sobre todo, bajo su entrepierna, un pequeño charco con
sus jugos indicaba cuando la excitaba la situación. Finalmente, y cuando apenas
quedaban dos dedos de liquido en el vaso, uno de ellos se lo quitó y lo vació
desde la altura dentro de su boca y por sobre todo su cuerpo. Patricia brillaba,
húmeda por todos lados. Sus dedos de la mano derecha le recorrían su piel
juntando el nectar y llevándoselo a la boca, mientras su mano izquierda
masturbaba su clítoris.
Esta vez fue Roberto quien la fue a buscar al escenario,
observandola mientras con sus ojos perdidos ella se contorsionaba en un nuevo
orgasmo delante de todos. Por fin, cuando ella cayó exahusta la tomó de la mano,
llevándola hacia su habitación a bañarse. Ambos estaban muy satisfechos por esa
noche.
Carlos, por su lado se arregló la ropa. Miró su reloj, eran
las 3:00AM. Habían pasado dos horas desde que había dejado a Laura sola. Volvió
a su habitación y en silencio se volvió a meter en la cama. Pero con todo lo que
había visto, no lograba conciliar el sueño. Miró a su amada Laura y sonrió. Por
un momento la imaginó envuelta en ese vestido rojo, dentro de la habitación, y
una tremenda erección creció entre sus piernas. Le acarició el cabello y
suspiró, pensando cómo le contaría lo sucedido a la mañana siguiente. Se abrazó
a ella debajo de las sábanas y soñando con esa imagen que no abandonaba su
mente, se durmió con una sonrisa en sus labios.