Queridos lectores y lectoras, os debo contar, y esta vez juro
que lo que cuento es cierto, que he tenido una novia que era una santa, ya que
por fin he conseguido mi fantasia de ver lo que le hace un ginecologo en una
revision a una mujer, y he de reconocer que jamas lo olvidare. Si alguien tiene
otras experiencias de este tipo, os ruego que me las conteis. Pero os aseguro
que lo que os voy a contar es totalmente cierto.
Tras mucho hablarle de mis fantasias consegui que mi novia,
que no habia ido al ginecologo desde los dieciseis años, ahora tiene
veintisiete, pidiese hora para una revision. Pero ademas, el dia antes de ir me
dejo que le rasurase, totalmente, no deje ni un pelillo, su sexo. Eso ya lo
habiamos hecho antes, pero la gracia fue hacerlo antes de ir para que se
añadiese, a parte de la vergüenza natural que ya suelen pasar las mujeres en
estas revisiones, y ella mas, por eso no había vuelto desde los dieciséis,
cuando aun era virgen y fue por y con su madre, se le añadiese la vergüenza de
que le viesen el sexo totalmente afeitado.
Antes de hablar de ese maravilloso dia, les voy a contar algo
sobre mi novia. Es una chica bastante alta, 1'80m., pelo rubio rizado y largo, no
esta ni gorda ni delgada, aunque tiene el culo un poco grande, ojos marrones
claros y muy grandes, la boca de labios generosos con unos dientes blanquisimos,
y unos potentes pechos, una 95. Ademas, ironias del destino, es enfermera y
suele trabajar en maternidad; pero claro, una cosa es revisar a las mamás y otra
que la exploren a ella, y como se suele decir:"en casa del herrero, cuchillo de
palo".
Ese dia de junio hacia un calor enorme, y al verla me
sorprendio que llevase una falda, blanca con dibujos, bastante amplia, larga, ya
que ella nunca suele llevar falda, pero imagino que pensó que quiza asi no se la
tuviese que quitar para el reconocimiento. También llevaba una camiseta no muy
ajustada que se ataba en el cuello y que también era blanca. Pense que se había
puesto ropa para no ir provocativa, pero eso también me dio morbillo ya que eso
significaba que le daba mucha vergüenza.
En este punto, antes de entrar al hospital, he de decir, que
ella sabe que a mi el tema de los medicos y más el de los ginecólogos me da
muchisimo morbo y le había pedido que le pidiese al médico que me dejase ver la
revisión porque asi ella estaría más tranquila y acepto. ¡Que maravilla de
mujer!
Subimos y no había nadie en la sala de espera, así que
enseguida salio la enfermera a preguntar el motivo de la visita al doctor. Esto
me maravilló:"doctor", así que era un hombre, yo encantado. No sabíamos si era
hombre o mujer, porque era del equipo de otro ginecólogo... Pero a mí me
excitaba a un más que fuese un hombre al que le tuviese que mostrar sus partes
íntimas que a una mujer; y encima tenia enfermera... Esta era poquita cosa,
bajita, de menos de 30 años, delgadita, no muy guapa, con gafas... Pero según
intuí, también la iba a ver desnuda...
Pasamos a la consulta, yo estaba contentísimo de que la
enfermera no pusiera ninguna pega a que yo pasase; primer obstáculo superado.
Por fin entramos a una habitación pequeña con mesa y 4 sillas, 2para nosotros, 1
para la enfermera y otra para el doctor, que tenia un ordenador en la mesa, y un
archivador. A parte de por donde habíamos entrado, había otra puerta que daba a
un pasillo, también provisto de 2 puertas, una cerrada y otra daba a la sala de
exploración. Lo supe porque vi una silla ginecológica. La otra supuse que sería
una especie de vestuario.
El ginecólogo tendría unos 40 y pocos años aunque tenía todo
el pelo blanco y unos bonitos ojos azules. La verdad que el tipo era bastante
majete y a mi me daba un morbazo tremendo pensar que en pocos minutos estaría
tocando tanto los senos como el sexo de mi novia. Me preguntó si era su pareja,
y al decirle que si dijo que era le gustaba que los chicos acompañasen a sus
novias al ginecólogo porque así estaban ellas más relajadas y lo pasaban menos
mal. Le hizo unas cuantas preguntas sobre la menstruación, molestias, tipo de
anticonceptivo que usábamos, también cuando había sido su última revisión, al
decirle que desde los 16 años nada, le dijo que entonces la tendría que examinar
más a fondo, lo que me puso cachondísimo, y poco más, pero a pesar de eso ella
estaba nerviosilla, ya que yo tenía su mano agarrada y estaba fría como el
hielo.
Cuando terminó, le dijo que pasara al vestidor y que se
quitase solo la ropa interior, ya que las sandalias, la falda ancha y la
camiseta como era holgada no le molestarían para la revisión. Yo me decepcioné
un poco porque hubiese preferido que la dejase totalmente desnuda, pero sabía
que tendría que mirar donde debía así que tampoco me preocupé demasiado. También
le dijo que cogiera una sábana de la habitación para taparse; eso es algo que
nunca he entendido, si la iban a mirar lo más intimo. ¿Qué más da que se la vea
o no la tripa? Por último le dijo a la enfermera que la fuese preparando y que
ahora entraría él. Eso me fascinó. ¿Qué preparativos le iría a hacer? En ese
momento llegó lo que imaginé sería el segundo y más dificil obstáculo; ella le
comentó que si habría algún problema en que yo también pasase a la sala de
exploración. Mi felicidad ya fué total, y mi excitación también, cuando el
doctor respondió que eso dependía de ella y que había mujeres que lo preferían y
otras que no, pero que por su parte no había ningún problema...
Así que la enfermera y yo pasamos a la sala y ella se metió
en la otra habitación, mientras el doctor se quedó termiando de escribir unas
cosas un el ordenador mientras mi chica se desvestía. La sala era maravillosa,
como en mis mejores fantasías. Tenía la consabida silla ginecológica, una
pequeña banqueta, un carrito con instrumental: caja de guantes de latex,
lubricantes, espéculos, un bote con torundas, toallitas para limpiar y otros que
no reconocí, una lámpara con un brazo móvil, y otra mesita con una especie de
monitor y un aparato blanco alargado con forma de consolador, que aunque de
grueso si tenía ese tamaño, era bastante más largo, unos 35cms., y que terminaba
en una especie de mango con unos cables.
La enfermera me pidió que me quedase en un lado, que yo elegí
estratégicamente para poder ver bien lo que le harían, y procedió acolocarse
unos guantes de latex de color crema. Yo sentía una ligera erección, así que me
puse con las manos juntas delante de esa zona. Entonces mi novia salió de la
otra habitación vestida por fuera, y con la sabana verde en la mano. La
enfermera le pidió que se sentase en la silla, colocase las piernas en los
estribos, abriese todo lo posible las piernas y se subiese la falda. Tras
hacerlo y taparse el pecho, el vientre y un pelín las piernas, ya que en esa
postura la sábana se volvía a bajar y más al subirse la falda después. Cual fue
mi sorpresa, y de la enfermera, cuando vimos que me imagino que por los nervios,
se había dejado el tanga de color granate puesto. Esta puso cara de reproche y
le dijo que también, lógicamente se tenía que desprender del tanga. Como ella,
creo yo, no se había dado cuenta de que se lo había dejado se puso un poco roja
de vergüenza por el ridículo, y más siendo ella también enfermera. Así que le
dijo que como ya estaba en la posición, que levantase un poco el culo, y ella
misma se lo quitó, le colocó las pies en los estribos y le subió la falda y la
sábana hasta casi la cintura, además le dijo que acercase el culo al borde de la
silla, con lo cual se quedó por fin mostrando la imagen que yo tanto deseaba
ver; totalmente abierta de piernas, mostrando su vulva que, encima al estar tan
abierta, mostraba un poco los labios menores y el orificio vaginal, y de regalo
también el pequeño y oscuro agujero de su ano.
Entonces le acercó el flexo, de tal manera, que con una luz
potente iluminaba la zona a explorar. Luego cogió un bote de crema lubricante y
lo apretó encima de su raja, que al estar medio vació no salió nada, pero al
apretarlo de nuevo con mucha más fuerza, soltó un enorme chorretón por su sexo,
que también llego al agujerillo del culete. La enfermera procedió entonces a
untar el lubricante por toda la vulva con su mano derecha enguantada en latex e
incluso le introdujo también un dedo y después dos por la vagina para lubricarla
por dentro lógicamente. Yo ya estaba malísimo, pero afortunadamente nadie se
fijaba en mí. Pero aún fue mejor cuando con la mano izquierda también empezó a
lubricarle el orificio anal y finalmente le introdujo un dedito dentro que
empezó a mover lo que a mi novia le hizo dar un respingo ya que ese ataque por
detrás si que no lo esperaba. En ese momento entró el doctor y le indicó a la
enfermera que no era necesario que le lubricase el recto ya que esa zona no se
la iba a explorar... ¡Vaya!
El doctor se sentó en ese momento en el taburete justo en
frente del sexo de mi chica y la otra se apartó a un lado aunque desde ahí
también la observaba. En ese punto comenzó la revisión. Primero se puso los
guantes de latex, para después abrirle la vulva con dos dedos de la mano
izquierda mientras que le decía que el primer paso era palparle exteriormente, y
que por favor le indicase si en algún momento notaba dolor. Así que con dos
dedos comenzó a tocarle el chocho abierto por sus dedos, brillante por el
lubricante, iluminado por la lámpara y rasurado por mí, desde el monte de Venus
hasta el perineo, pasando poco a poco por el clítoris, labios menores, de los
cuales tiró suavemente, meato urinario y por último la entrada a su privado
agujero. Posteriormente le introdujo dos dedos en la vagina que movió habilmente
en su interior, y comentó, lo que a mi novia aun la hizo avergonzarse más, que
su vagina era muy grande y profunda por lo que al no poderle tocar bien por
dentro, luego le realizaría una ecografía vaginal... A mi me ponía mucho ver
como otro hombre metía sus dedos por la cálida feminidad de mi chica, y más
mientras tres personas la observaban.
Luego pidió a la enfermera que le acercase el espéculo para
realizarle una citología, para quienes no lo sepan, este aparato, que en este
caso era de plástico transparente, tiene dos partes que se van abriendo una vez
insertado dentro de la vagina de la mujer y fuerza las paredes de la misma
dejándola totalmente abierta por dentro, de tal forma que se puede ver hasta el
final, donde comienza el útero. Lo lubricó y lo intrudujo con suma facilidad,
según dijo él, porque la vagina estaba distendida, a parte del tamaño de la
misma. Con lo cual imaginé que ella estaba caliente, quiza, aunque le diese
vergüenza recordaba el haber hecho cosas parecidas conmigo y también sabía lo
excitado que yo estaba en ese momento. Pero en resumen; se estaba poniendo
cachonda al ser tocada por otro hombre... Posteriormente lo abrió, de tal forma
que yo me sorprendí de la elasticidad de la vagina, y miró por su interior
rosado y húmedo, se veía hasta el mismísimo fondo. Entonces la enfermera le dió
unos palitos que acababan en un algudón, los metió dentro de ella para tomar
muestras de tejido y luego los restregó en un cristalito.
Al sacar el espéculo dijo que solo faltaba la ecografía
vaginal, y procedió a poner un plástico, parecido a un preservativo en el
aparato con forma de consolador que yo había visto al principio, cuya parte
cilindrica y alrgada mediría al menos 20cms., encendió el monitor y tras decirle
a la enfermera que no era necesario más lubricante porque ya ella tenía mucho
flujo, lo que a ella ya la hizo enrojecer del todo, y más ante mi estudiada
mirada de reproche, se lo empezó a meter en el coño, poco a poco, moviéndolo,
mientras salían unas imágenes que yo no entendía demasiado en la tele. Así
estuvo sacándolo, metíendolo y moviéndolo casi cinco minutos. Para mi era como
ver a un hombre follándosela con un consolador ante mí, en ocasiones le llegó a
introducir todo dentro, y encima ella estaba lubricada con sus propios fluidos;
en una palabra: ¡Cachonda!. Mi polla estaba a punto de reventar.
Cuando lo sacó le dijo que por último era necesaria la
exploración de las mamas. Entonces, dejándola en la misma posición, seguía con
las piernas abiertas y los pies en los estribos, procedió a bajarle la sábana
hasta la altura de la cintura y le pidió que se subiese la camiseta. Sus pechos
quedaron al aire, eran bonitos, grandes, con los pezones oscuritos y grandes, y
por lo que pude observar estaban duros por el estado de excitación que ella
tenía. El ginecólogo se quitó los guantes, le pidió que subiese los brazos y
primero una y luego otra, le palpó las tetas, centímetro a centímetro, e incluso
le tocó los pezones y los apretó, porque, según dijo, era mal sintoma que
saliese de ellos algún fluido, pero no salió nada. Al terminar le dijo que
estaba todo correcto, que solo faltaba esperar al resultado de la citología. Así
que se podía vestir y nos podíamos marchar, y que volviese el año próximo.
Cuando estuvo vestida yo le di las gracias y un ligero beso, con lo que percibí
que su boca estaba seca. Al tocar sus manos también note que estaban frías. Así
que aunque ella siempre me dijo que no, supe que había pasado una enorme
vergüenza. Ahora solo queda esperar al año que viene...