Hablar de la primera vez en el aspecto sexual no es tan
rápido y fácil, conlleva una serie de acontecimientos "antes de" que tal vez sea
lo más excitante y divertido del asunto; esos primeros sentimientos de morbo,
descubrimiento y sorpresa que un buen día por fin terminan en el primer orgasmo
con una mujer y en la primera eyaculación con una mujer (que no es lo mismo).
Varías son las formas de descubrir el placer prohibido. Se
inicia el hombre viendo escenas fuertes en películas no porno, las revistas del
hermano o tío mayor, oír a los padres o hermanas haciéndolo (ojalá no sea su
caso); incluso con las muñecas de las niñas simulando sexo con los juguetes
propios. Subiendo cada vez más de intensidad lo que mira y lo que hace uno.
Vienen luego de lo anterior la masturbación (está, cuando uno
todavía ni eyacula), películas porno, el roce con la novia o quien se deje;
hasta desencadenar en hacerlo con una prostituta, pareja (muy recomendable),
alguna pariente o amiga que por fortuna enorme nos lo permite, hay casos
lamentables de que lo primero que se penetra es un animal (sucede mucho en el
área rural) u homosexual… O como en mi caso, que quien halla sido así (deben ser
muchos, supongo) lo felicito, lea pues lo siguiente que es verídico y natural, y
no la sarta de mentiras que casi siempre se lee en esta pagina. Tal vez se
sienta identificado si es hombre, o protagonista si es dama.
Hay que recalcar que mientras más inocente se sea y más lento
se descubra todo, mucho mejor se disfruta, eso délo por hecho.
Julia entro a trabajar a mi casa cuando ella tenía 14 años y
yo 12, mi hermana Luisa también 14 y Javier mi hermano 17. Ella entro a laborar
en todo tipo de cosas en el hogar familiar: desde atender el negocio de
lavandería hasta hacer las labores del hogar; de extracción muy humilde, término
la primaria y ya no estudio por falta de apoyo de sus padres, alcohólico y
aragan y la señora una madre golpeada, humillada y apocada que no le alcanzaban
tiempo y dinero para sus 6 hijos: Julia la mayor y cinco hermanos menores
despreocupados. Muy buena parte del sostén de ese hogar suponía yo que era
Julia.
Era de esas jóvenes que se desarrollan mucho prematuramente
(como las muchachas de la costa); rubia castaña, de piel muy blanca (la Güera le
decían), de estatura normal más bien tirándole a alta (1.67m aprox.). Obesa no
es la palabra por que no llegaba a tal, pero si era digamos "rellenita", de
muslos gruesos y definidos que terminaban en un trasero bien nalgoncito, formado
y respingón. Los senos era lo más blanco de ella, deslumbraban, bien grandes,
redondísimos y firmes; tal vez por su juventud pero no tenía nada de piel de
naranja, flacidez, celulitis o vainas de ese tipo; todo era amplio, firme y
duro, acaso alguna coqueta línea de estría en sus caderas por el desarrollo que
estaba teniendo. Su rostro yo lo miraba muy simpático pues estaba bien cachetona
y algo pecosa, pero no era nada de fea.
Yo, al principio la alucinaba, detestaba que todo el tiempo
estuviera en mi casa, prácticamente vivía ahí; era muy común que comiera con la
familia, que se bañara en nuestra casa (decía que en su casa casi nunca llegaba
el agua), asistía a nuestras fiestas, paseos, etcétera. Fue ganando muchos
espacios hasta prácticamente ser parte de nosotros, llego al punto de quedarse a
dormir ocasionalmente:
No se aún si lo hacía o no concientemente, ella buscaba en
nosotros lo que no encontraba en su casa (a donde ya no quería volver). Su
familia ni en cuenta, si no regresaba era mejor: una boca menos que alimentar y
oír; eso si, tenía que reportarse con algo de dinero para el sustento del hogar.
En mi casa cayo con el pie derecho, a todos ayudaba y caía
bien, muy servicial la muchacha. Tenía especial gusto Julia por mi hermana, todo
el tiempo estaba tratando de complacerla y agradarla, he de decirlo no me
gustaba la forma en la que la miraba. Pienso que se encontraba confusa tratando
de que el mundo de mi hermana fuera el suyo, muy confundida y con tendencias a
que si aquello no se manejaba correctamente iba terminar en lesbianismo.
Muy despreocupada era la recién joven mujer, usaba la ropa
muy ajustada, casi siempre playeras algo grandes de cuello que prometían un
busto que excitaría al más impotente; pantalones tipo pans de algodón
pegadísimos y a veces minifalda buen pedazo arriba de las rodillas.
Ni le hablaba yo, me caía pésimo por aduladora y arribista (a
mi ver en ese entonces); así estuvo la situación por dos años (de los 12 a los
14). Sin embargo ese sentimiento hacía ella me hacía observarla con demasiado
detenimiento para ver en que la cachaba para hacer la echaran. Así note lo que
les conté de mi hermana, y sobre todo lo de Javier mi hermano mayor: era mi
contra cara, todo el tiempo que podía estaba junto a ella; la abrasaba a la
menor provocación, le hacía cosquillas, la tumbaba, etcétera. Me sorprendía que
trataba de espiarla bañándose, cosa que nunca logro por falta de ideas para
conseguirlo el tonto, a lo más que llegaba era a verla salir mojada envuelta en
una pequeña toalla corriendo al cuarto y encerrarse de nuevo a vestirse. A
Javier nunca le gusto el negocio de la lavandería y ahora no salía de ahí toda
la tarde luego del bachillerato. El motivo era bien claro, Julia acababa por
fuerza mojada en sus labores y a través de su gastada blusa se notaban muy
sensuales y claramente debajo sus nenas de concurso y pezoncillo al centro
perfectamente marcado por lo frío del liquido.
Ya dentro de la casa jugaban mucho mis hermanos y ella,
Javier puros juegos bruscos (luchas, roña, cosquillas, etc.), tumbándola a la
menor oportunidad a la cama y rodando por encima de ella, escurriendo sus manos
por hasta lo más que podía disimuladamente por sobre Julia. Mis padres no eran
tontos y notaron aquello (con ayuda mía), regañando constantemente a mi hermano
al respecto, diciéndole que se diera su lugar a el y ella como mayor y no
estuviera de morboso, que comprendían su edad y reacciones pero no permitirían
esos desfiguros.
Por las noches en nuestro cuarto, Javier se la pasaba
masturbándose antes de dormir sin falta, imaginando a la güera y lo que le pudo
ver o tocar ese día; era desesperante su situación, incluso sus calificaciones
bajaron. Llevaba ocasionalmente a sus amigos a deleitarse la pupila a la
lavandería y en una de esas darse a llevar con Julia y tocarle algo. A solas los
oía comentar sus fantasías de "cogérsela los tres juntos", que si ella era
caliente y babosadas de ese tipo, los muy idiotas nunca lograron otra cosa que
una buena calentura y ansiedad.
Mi padre, agente de seguros y viajero constante, era una
persona muy sería y respetuoso del hogar; cuando estaba en casa y fuera de ella
era todo rectitud, sin embargo también llegue a sorprender su mirada firme y
confusa en el trasero, piernas o tetas de nuestra empleada niña embarnecida de
más. Ambos papá y mamá la aceptaban con gusto (para mi enojo), quizá con
diferentes motivos.
Cierta ocasión visitamos un balneario de la ciudad un
domingo, obvio iba la güera, fue la vez que mi padre y hermano pudieron verle
más a sus anchas aquel mega cuerpo jovencísimo. Llevaba un traje de baño de 2
piezas de mi hermana, que siendo esta menos desarrollada, le quedaba chico y
apretado; color rosa mexicano, contrastaba hermoso con su piel lechosa. Corría
jugueteando y sus nalgas brincaban excitantemente respingonas, firmes y grandes,
por delate el bañador se le pegaba bastante al jalarlo hacía tras su trasero, lo
que provocaba que se dibujaran disimuladamente sus labios vaginales, y,
percibiese un muy ligero aun esbozo de vello púbico. El sostén dejaba mucho de
las nenas de Julia fuera, rozaba el limite de los pezones, un milímetro más y
este mostraría la orilla del mismo que por sobre la tela se dibujaba perfecto y
con el agua se hinchaba una maravilla. Poniéndose atento, alguna ocasión al
salir ella del agua al exterior, se podía apreciar parte de su pezón, cosa que
mi padre seguramente noto por que se la paso cuidándola en la orilla. Incluso se
aventuro dizque a enseñarle a nadar, ocasión inmejorable para sentir su piel
húmeda, verla de cerca y rozar su miembro contra ella; tuvo que salir del agua
primero Julia y a los 5 minutos mi padre para no hacer evidente su erección. En
un momento dado le dijo mi papá a la güera que lo acompañara al auto por la
comida y parrilla, camino siempre tras ella disfrutando aquellas nalgas que
nunca serían suyas, al llegar la hacía agacharse por todo, logrando una vista
aún mejor de tetas y culo según se parara mi padre (el prefería tras ella para
de pronto con disimulo recargarle su miembro bajo su tanga en las nalgas), no
pudo más, le dio tremenda nalgada a la vez que decía –"apúrale niña que tengo
hambre"-, con ese gesto juguetón se justifico; Julia solo sonrío y en su
inocencia no noto la lujuria que desataba en mi familia. Fue a lo más que se
atrevió mi padre, por arrepentimiento o cordura. Yo seguía espiando escondido
entre carros; mi padre mando por delante de regreso a la rubia adolescente,
sucede que no aguantaba más, apenas dio la vuelta Julia, mi padre se saco su
miembro del short y lo masturbaba mientras miraba contonearse aquellas nalgas
blancas, duras y amplias alejarse, ya no estaba para tanto luego de todo lo
visto y tocado, eyaculo en la llanta trasera de la camioneta todo aquel semen
que el hubiera querido fuera en las llantitas de July. Comprendí con el tiempo
que ni mi madre podía apagar aquella lujuria, que debía ser ahí en ese momento
aun sin que fuera suyo aquel cuerpo joven, virginal e inquietante. Creo que el
señor nunca repitió nada como esto, no volví a ver ni oír nada, imperó la
cordura.
Así pasaron pues dos años, Javier se fue a estudiar carrera
fuera a otra ciudad, Julia ahora tenía más confianzas y había desarrollado aun
más y mejor; seguía en su papel confuso con mi hermana, ahora dormían juntas
casi diario y la güera se ponía celosa de amigos y novios de Luisa, tenían ahora
16 años y yo 14.
Comencé entonces a despertar a la sexualidad lentamente, como
les decía al inicio: viendo curiosamente las revistas que mi hermano dejo,
teniendo erecciones con cualquier escena fuerte de parejas por la televisión y
al besar y abrasar a mi novia de la secundaria de entonces. Todo fue muy
despacio y paulatino conmigo, sin nada de maldad ni traumas externos e internos.
De repente comencé a ver diferente a Julia, hasta me dejo de
caer mal y comencé a hablarle de a poco para no sorprenderla, a los 2 meses ya
éramos muy buenos amigos, lo cual me daba pie a verla, seguirla, jugar,
platicar, etcétera con confianza. Diferente que mi hermano el asunto por que en
este caso el menor era yo y ella me miraba diferente, puede decirse que como un
niño.
Me gustaba mucho el asunto de verla salir mojada en su
pequeña toalla del baño, apenas y se la envolvía. Cierta ocasión por salir
corriendo de la regadera y con sus pies mojados, cayo fuertemente de nalgas en
forma descompuesta, lo que dio en que se soltara la toalla de la parte de arriba
hasta bajo el ombligo, logrando en su sorpresa solo tapar la parte de abajo la
cintura como pudo. Ahí logre lo que mi padre y hermano nunca: ver sus chiches
(así les llamaba yo entonces) a plenitud, redondas, blancas como ningunas,
grandes bien grandes, separadas buen tramo una del otra y muy notorio en ellas
algunas sexis venas y un pezones rozados no muy anchos pero si bien puntiagudos
en esa superficie por la que en maternidad sale la leche; de hecho yo pensé en
ese momento que aquellas maravillas estaban llenas de leche y que Julia de sed
no se moría.
Duro solo unos segundos aquello, se levanto y tapo las tetas
con sus brazos, diciéndome: -"hombre Walter, en lugar que me ayudes te quedas
como baboso ¿Qué me ves?"-. No se lo tome a mal, era el coraje de la caída,
luego se disculpo e incluso reímos de lo sucedido.
Me encanto lo que mire y quería ver más y todo el paquete.
Como les dije era más astuto que mi hermano (o más caliente); por la parte
exterior del baño, que daba al patio, muy discreto lugar, había una ventana
pintado de negro el vidrio a unos 2 metros del césped; con una escalera de
servicio lograba llegar a asomarme, tan solo raspe un poco de pintura para
formar un orificio discreto que sólo yo conocía y daba un panorama completo de
quien se metiera a bañar a la tina o regadera. Obviamente estaba pendiente de
las entradas de Julia. La primera vez que observe aquel espectáculo nunca la
olvidare: entro vestida y puso a llenar la tina, quito primero su playera (fue
aquí donde yo metí mi mano dentro mi pans y empecé a frotar mi miembro por
primera vez, sin llegar propiamente a una clásica jalada), luego desabrocho y
quito su sostén negro soltando sus nenas, las cuales no se colgaron
prácticamente nada; prosiguió bajando sus mallas de algodón ajustadas, las
cuales bajo de una vez con todo y pantaleta, la cual estaba un tanto enterrada
en su raja y trasero. Seguía a sus 16 sin tener mucho vello Púbico (o se quitaba
parte, que se yo), razón por la cual la vista de su sexo era muy amplía.
Ya no sabía yo que mirar (y de hecho miraba nublado de la
emoción), todo era muy rico: nalgas gordas y firmes, los senos que ya les conté,
sus piernas gruesas y bien formadas, ¡su vagina! El conjunto era delirante, me
empezaron a dar unos espasmos fuertísimos en mi pito, contracciones deliciosas
que recorrían todo mi cuerpo y aturdían el cerebro, la sensación en el miembro
eran casi insoportable, todo sin retirar la vista de julia acostada boca arriba
en la tina con todo su cuerpo mojado. Baje asustado la escalera aún con espasmos
en mi cosa. Hoy con la experiencia de los años lo se: había tenido un orgasmo,
pero aún no producía esperma; como hombre he de decirles que en estas
condiciones (al menos en mi caso y me han dicho) la sensación es más fuerte,
larga y placentera que eyaculando, digámoslo de mejor forma: es diferente e
irrepetible irremediablemente al crecer. Total que me hice vicioso de aquellos
espectáculos, de hecho supere a Javier, yo me masturbaba 2 o hasta tres veces al
día, comenzó a ser desesperante aquello y comprendí entonces a mi padre y
hermano.
Me volví morboso de lleno ahora si, me transforme; ahora veía
películas porno a escondidas, mi novia me término por tratar de propasarme en mi
noviazgo rosa, veía diferente a las mujeres, en fin, todo aquello que a sexo se
refiriese. Quería más, quería tocar, sentir no una si no muchas veces la piel y
formas de la güera, frotar mi miembro contra ella (como mi padre alguna vez).
Carajo, para que me entiendan, para mi ella era la mujer más sugestiva del mundo
y la tenía cerca.
Ahora me las ingeniaba para tocarla: en las fiestas bailaba
con ella, la abrasaba según yo con cariño, le hacía cosquillas, me revolcaba con
ella en la cama jugando a tonterías; aquel roce me provocaba erecciones que
Julia notaba, pero nunca me decía nada ¡me miraba como un inocente niño! Me
permitía todo, pero yo no me podía descarar, podría echar todo a perder y
perderla.
Me gane a Julia por medio de mi hermana, le hablaba de ella,
le daba chismes y demás. Me gane también a mi hermana, tenía un objetivo y lo
logre: dormir ocasionalmente con ellas por diferentes motivos: pillamadas,
dizque por miedo, haciéndome el dormido en su cama, etcétera, la calentura lo
vuelve a uno un genio ¿o no? La posición era siempre en la orilla pegado a la
pared yo, luego Julia y en el otro extremo Luisa de cara a la puerta.
Era fenomenal, Julia dormía en puros calzones y sostén, no le
importaba yo ni mi hermana, de ella estaba enamorada y yo era según su
percepción un chamaco. La acariciaba a placer, al inicio eran sus piernas y
nalgas aún estando ella despierta, no decía nada o me quitaba delicadamente. Yo
de plano me metía en calzones a la cama también y ya bajo la sabana me los
quitaba, me hacía sentir más morbo.
Me masturbaba discreto y lento mientras la acariciaba y ella
estaba concentrada en quizá hacer lo mismo aprovechando a mi hermana, he pensado
que en realidad era una confusión lo de la nena aquella, jamás llego a mucho y
más bien fue un conflicto de personalidad por lo vivido en su casa, y por que
aún no cabía en la cuenta del mujerón que era; no había tenido novios y menos un
orgasmo, baso su vida alrededor de nuestro hogar. Ahí estaba pues yo teniendo
tremendos espasmos en mi pene en aquella recamara, esperando ahora si con
conocimiento mi primera eyaculación; mínimo tenía que terminar dos veces cuando
se daba la ocasión de dormir con ellas para aprovechar la ocasión. A medía
noche, ya dormida la güerita muy lento le bajaba su sostén por los tirantes y
acariciaba sus pechos a placer sin mucha fuerza para no despertarla, una vez me
anime a lamer un poco sus pezones, casi me cachan, despertó de golpe subiéndose
su ropa. A su raja no lograba llegar por sus piernas cerradas, lo más era
acariciar su monte de vello delicioso, por lo que prefería sus nalgas recargadas
en mi pito.
Creo que la acostumbre a mis caricias, cierta ocasión de
espaldas ella a mi con la luz apagada y platicando con mi hermana, mientras
sentía mis caricias, instintivamente metió la mano bajo mi boxer (aún no me lo
quitaba) y busco mi pequeño pito aun sin vello púbico, lo tomo y jalaba arriba y
abajo bien lento ¡me estaba masturbando Julia con su propia mano! Lo hacía quizá
para calmarme, por reacción natural o por que ya era yo muy obvio y quiso darme
un poco más, que se yo. No dure mucho, mi pito comenzó a vibrar en su mano como
siempre sin eyacular; sin hacer más ni decir nada, siguió en su platica.
A los casi 15, en una ocasión que fuimos aquel viejo
balneario, la estuve viendo todo el día en bikini, tocándola entre juegos y
demás. Al atardecer había que ganar tiempo para irnos con luz del día de aquel
sitio, razón por la que nos bañamos juntos en una pila con regadera Luisa, Julia
y yo, en bañador claro. Maneje las cosas de tal modo (me estaba haciendo un
maestro en ello) que Luisa saliera primero. Hecho esto de plano me quite el
short y como si nada seguí bañándome desnudo, Julia dijo quitándose también
(para mi sorpresa) su bikini: -"Estas confianzas de hermanos deben acabarse
nene, yo ya desarrolle mucho y tu comienzas a hacerlo, creo que hasta te excite,
mira, se te paro el pito y además ya comienza a salirte vello en tu cosa…"-
Le conteste: -"No veo por que deba terminar esto pero o.k.
terminemos de bañarnos por ahora-"
-"Deja de mirarme así Walter, cualquiera diría que me quieres
violar, bobo, ¿de que te sorprendes? Cada que puedes me tocas"-.
No la quise contrariar, no le discutí nada, pero de repente
¡oh sorpresa ¡ estaba a punto del orgasmo por todo lo visto ese día, había debut
y despedida bañándonos desnudos. Bajo el agua, enjabonando su espalda, viendo
aquellas nalgotas firmes y blancas y a intervalos sus tetas ¡eyacule por primera
vez! Fue poco liquido, un chorro fuerte y en poca abundancia choco contra el
culo de Julia, la cual ni lo sintió bajo la regadera, otros cuantos pequeños
embates se quedaron lejos de ella. Me sorprendí mucho, me dio gusto, un paso más
había dado. La güera Sali primero que yo, no podía ser de otra manera, había que
verla hasta lo último. Todo siguió normal, por la noche en mi cama recordaba y
analizaba todo.
Julia comenzó a salir con chicos, era imposible no hacerlo,
ya la rondaban bastante por su mega cuerpo; fue bueno por que se fue olvidando
de mi hermana y conociendo su esencia de mujer en sus diversas facetas. Un chico
en especial tenía meses de novio con ella, ya no salía de la lavandería que
atendía Julia en casa, era unos 2 años mayor que ella y no le quitaba las manos
de encima a Julia, las metía bajo su blusa y acariciaba sus pechos, subía su
falda para acariciar su gran culo, en fin, todo aquello que usted y yo sabemos
de novios se hace.
Tendría casi 16 años yo cuando cierto día me quede toda la
tarde con la güerita (de casi 18 años), atendimos el negocio y cerramos juntos.
Como siempre se quedo en casa al cerrar y la invite a ver una película, acepto
con gusto; puse una película que sin ser porno, si era bien candente. Comíamos
palomitas y refresco. Yo me puse pegadito a ella, las piernas en su minifalda
holgada se veían sensacionales y comencé a acariciarlas. –"¿vas empezar de nuevo
con tus cosas?"- me dijo sin sorprenderse y sin dejar de ver la película. La
cosa fue subiendo de tono, me dijo: -"oye ¿has estado con una mujer?"-. Me
sonroje y le dije que no, ella prosiguió –"yo tampoco con un hombre, me siento
una tonta a veces con mi novio… ¿Aprendemos un poco juntos sin propasarnos?"-.
Carajo, ¿Cómo despreciar aquello? ¿Cómo no propasarnos? Esa
tarde descubrimos de todo. –"Ponte de pie a mi"- me dijo. Bajo mi pantalón y
miro con curiosidad mi pene, lo empezó a acariciar suave y de a poco (tal como
me lo hizo alguna vez en la cama), como eso ya lo conocía hasta con su novio,
hizo algo nuevo para ella y yo: ¡Lo llevo a su boca! Más que mamada, parecía que
estaba chupando una paleta, era inexperta, pero no por esto dejaba de ser
riquísimo. La emoción fue demasiada, ni medio minuto dure en su boca, los dos
primeros chorros los recibió al fondo de su garganta antes de reaccionar y
sacarlo para recibir el resto en la cara totalmente. –"Estoy segura que te gusto
¿eh? Te pasas, mi novio cuando mucho se vino en mi mano, bueno, es que tampoco
se la he mamado nunca, no tengo esa confianza como contigo que no siento
vergüenza. Sabe un tanto salado, pero creo que bien puedo soportar tragarlo"-.
Dijo Julia mientras tomo semen de su cara con la mano y llevo a su boca para
probarlo con tranquilidad y perderle el miedo.
-"¿Esto no acaba aun verdad? Ven vamos a tu cuarto…"- Dijo
emocionada por descubrir otras cosas Julia. Comento que su novio una ocasión le
metió un poco de su dedo en su vaginita (que claridosa era, vaya que me tenía
confianza), pero quería sentir una verga no muy grande por primera vez dentro
suyo para no sufrir y abrir camino (la mía a mis 16 y no la más ancha y larga de
su novio). Me recosté recargado en la cabecera, Julia subió su cuerpazo
sentándose encima mío, a mi ni se me había bajado la erección por tanta emoción.
July, la tomo con su mano y tardo como un minuto en colocarla en el lugar
correcto, metió muy lento el glande y más despacio paulatinamente el resto (le
llevaría 5 minutos meterla toda de a poco en sí), procedió al meter y sacar en
forma lento y cada vez más rápido.
Pujaba y gemía a gritos como poseída july, lo estaba gozando
de verdad enormemente, su vagina soltó muchos líquidos suyos en gran cantidad,
sentí vergüenza decirle que iba terminar y la deje: me vine dentro de ella, no
le importo o no sintió, siguió montándome como si nada otros 15 minutos más o
menos, yo no perdía la erección y ya no sabía si estaba gozando o sufriendo al
no detenerse al acabar yo. La vista era fenomenal; Julia sudando a chorros,
arriba mío cogiéndome salvajemente con el ir y venir hermoso de sus enormes
tetas blancas y sus nalgas chocando contra mis huevos y gritando como loca
enardecida de placer. Antes de que saliera yo ya había acabado otra vez dentro
suyo.
Se tiro rendida en la cama suspirando, y jadeando me dijo:
-"sentí tus mecos (sic) dentro de mi, no creas que no, sólo que ya no podía
parar, no era yo, perdí la virginidad delicioso, como yo quería"-. Volteé a ver
mi verga, estaba bien roja por lo apretada de Julia y manchada algo de sangre de
su imen que seguro no sintio ni cuando perdio.
Platicamos desnudos un rato en la cama, caramba me seguía
excitando verla desnuda aun con todo lo vivido, así seguimos como una hora
comentando lo sucedido y otras cosas de sexo.
-"Arreglemos todo esto Walter, tus padres llegan en menos de
una hora y pueden vernos, rápido"-. Corrió desnuda a orinar y luego bañarse, que
sexosa se veía, la seguí para verla unos instantes más; al verla orinando se me
ocurrió algo que vi en una película y le dije: -"July, ahora yo quiero inventar
algo, tu ya hiciste lo que quisiste y si bien lo goce, yo quiero proponer algo
más, quiero metértela en la cola (sic)"-.
-"¿Eso dolerá? No se, es muy fuerte o no se, pero o.k. el
tiempo agobia, lo haces mientras nos bañamos y con mucho cuidado ¿eh?"-. Dijo
Julia.
Mientras nos caía el agua caliente de la regadera, me unte
mucha vaselina en la verga que previamente saque del botiquín, le pedí se
pusiera a gatas y sacara lo más que pudiera su ano, abriendo bien sus piernas.
Se la introduje igual de lento que como lo hizo ella la vez anterior, bien
lubricada de vaselina, la sensación era indescriptible: ahí estaba yo penetrando
aquellas nalgas gordas, bien formadas, blanquísimas y de ano rosado, sobre sus
piernas fenomenales. Julia gritaba otra vez demasiado escandalosamente, pero
diferente, se percibía algo de dolor en sus gritos, pero sólo una palabra decía
pujando: ¡másssss! Que nalgotas tan bellas tenía permítame por favor reiterar.
Eyacule dejando mi verga lo más dentro que pude, esto provoco algo: al sacarlo
cual tapón, Julia defeco mucha mierda revuelta con vaselina y semen, suspirando
aliviada en un grito de placer. –"perdón…"- dijo la güera riendo abiertamente y
sin pena alguna. –"es un placer... créeme…"-. Le conteste complacido por todo
aquel espectáculo.
Apenas y pudimos terminar de bañarnos y arreglarnos, casi nos
encuentran. Luego caímos en la cuenta de que por ansiosos no usamos protección y
estuvimos preocupados como 20 días; hasta entonces menstruo (¡que buena suerte!)
respiramos tranquilos.
Aquello se repitió unas tres o cuatro veces cuando mucho pues
julia se fugo y caso con su novio. Encontró su camino correcto y por ahí se fue.
Esta es una historia aproximada de cómo se da en realidad un
despertar sexual masculino, una historia real con la que espero se hallan
identificado aun que sea un poco y gozado al leer.
¿Quiere saber más del asunto? ¿preguntas? Manifiéstemelo con
sus comentarios aquí… Gracias