Deliciosa encerrona
A veces, cuando en Madrid la ciudad está imposible y el
alcalde levanta todo para volverlo a tapar, uso el metro, como hacía antes, hace
ya muchos años, antes de tener mi preciosa Honda que me lleva fielmente a
cualquier puerta, incluso a la del infierno.
Una tarde de hace un par de meses, en la que mi
preciosidad dormía en el taller, tuve que deslizarme hacia el subsuelo de
Madrid, tenía prisa en entregar unos planos y no podía defraudar otra vez al
cliente, uno de esos que paga lo que hace falta si está contento con el
producto.
Se me olvidaba que Madrid es una hora punta continua, lo que
se aplica tanto al cielo como al suelo. Del primer tren tuve que olvidarme,
otros habían llegado antes y me tenían ganada la posición, como en el
baloncesto. A la segunda oportunidad y viendo que el reloj no me iba a dar más
margen tuve que hacer un verdadero equilibrio para no ensartar a mis vecinos de
vagón, cual Quijote, con el alargado tubo en el que guardaba mis tesoros
rectilíneos.
Una vez acomodado en un discreto pero abarrotado rincón eché
una ojeada a mi alrededor para entretener el viaje que prometía ser largo y
tedioso pero a la vez promiscuo. Ya que tenía que estar allí, apretado con
personas desconocidas me dispuse a contemplar los rasgos de mis vecinos, un
juego mental frecuente que me relaja de otras tensiones y de vez en cuando me
ofrece alguna sorpresa.
Esta vez, sorpresas, ninguna. Nadie atraía mi atención más
allá de la variedad y mezcolanza de los orígenes que mostraban en sus rasgos los
pasajeros de vagón, por lo que opté por cerrar los ojos y dejar volar la
imaginación hacia el lugar que había elegido para pasar unos días de vacaciones
en el mes de junio. Una playita casi olvidada en la impresionante costa
atlántica portuguesa que tanto me atraía, a la que iba a llevar a una chica que
había conocido el jueves pasado en un bar del centro que, por suerte, todavía no
aparecía en las guías de "lugares recomendados".
Ella me sorprendió enormemente al confesarme que le había
caído tan bien, lo cual yo ya había notado, que me concedía un deseo que no
estuviese relacionado directamente con el sexo. Así, al pronto y teniendo en
cuenta que ella era una mujer, del sur, y bastante apetecible, me dejó
momentáneamente sin alternativas, que le voy a hacer, pero pude salir bastante
airoso de esa situación al proponerle que se dejase llevar unos días a un lugar
sorpresa, que no se arrepentiría. Supuse que en su respuesta iba a rechazar mi
ofrecimiento y que tal vez le complicaba menos la vida no haber hecho
excepciones en cuanto a los asuntos que su genio particular podía ofrecerme,
pero no fue así. Ahí estaba ella, aceptando mi tentación viajera con un
desparpajo que me dejó con la boca abierta.
- "Por supuesto, me encanta viajar, ya sabes, un tópico, a
las mujeres nos encanta viajar porque todo es diferente y hasta sorpresivo.
Acepto y espero que no te eches atrás y no quiero saber dónde hasta que no huela
a mar".
A esas alturas de la conversación y viendo el éxito
cosechado, pensé que lo mejor era tantear de qué iba mi futura compañera de
viaje:
- "Pero…cómo…bueno, supongo que una vez allí… quiero decir…."
Balbuceé.
- "No te preocupes, la limitación en tu deseo sólo se refería
al primero, je, je, …No temas que soy una buena compañía en todos los sentidos,
en todos sin excepción. Mira que sois transparentes los tíos".
Perfecto, una mujer inteligente, abierta y…para que negarlo,
a mis ojos, su cuerpo cada vez me parecía más sugerente y atractivo y cuando me
miraba directamente a la cara para hablarme, me desarmaba y hacía que mi voz no
pareciese segura, cosa que me sucedía en contadas ocasiones.
En estos pensamientos tan apetecibles estaba sumido cuando de
pronto la vi. No a mi futura compañera de viaje, esas coincidencias sólo pasan
en los cuentos, sino a la Reina del Metro,
así la coroné en cuanto mis ojos aterrizaron
en ella, que digo del Metro, de los transportes de España y del mundo entero.
Impresionante. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo de arriba abajo, de
izquierda a derecha y tomó dimensiones inimaginables.
De momento era su perfil lo que me ofrecía pero no suelo
equivocarme cuando atisbo una parte de una mujer y después se completa con el
resto de su cuerpo. En proximidad, aunque parezca un tópico romántico, y allí
reinaba la promiscuidad, lo primero en lo que me fijo de una mujer es en su cara
y, especialmente, en sus ojos. En este caso no se los podía ver, tan sólo me
ofrecía el perfil de su cara, ligeramente oculto por su pelo, de un tono rojizo
y agradablemente ondulado que le caía sobre los hombros. Se lo ahuecaba
constantemente para mitigar el calor que empezaba a palparse en esa reducida
estancia inestable. No podía apartar los ojos de ella, imán potente, cada vez
que movía su pelo dejaba a la vista un cuello por el que hubiese entregado mis
planos (por cierto, dónde estaban….tendría que buscarlos entre los pies de mis
vecinos), pues eso mis planos, si los tuviera, por rozar ligeramente con mis
labios la zona que mostraba entre su lóbulo y su hombro. Sentía que me estaba
recorriendo un sudor frío por todo el cuerpo y que se detenía en mi estómago.
Seguro que ella tuvo la sensación de que la estaban
observando, tampoco sería la primera vez, a la vista estaba, y se giró hacia mí
lentamente para clavar su mirada en la mía e iniciar un duelo en el que
normalmente alguien suele ceder. No sé que me pasó en ese momento pero por nada
del mundo me apetecía despreciar esa profunda e insinuante mirada y la sostuve
más tiempo del que suele ser conveniente en situaciones similares. Ella tampoco
parecía aflojar y mantenía su tensión alimentada por unas pupilas melosas que
estaban consiguiendo que mi respiración comenzara a agitarse, lo que debido a mi
cercanía, me situaba en una posición indefensa que ella, no había duda, empezaba
a notar. Volvió a ahuecarse su melena, pero sin dejar de mirarme, lo que inundó
el gesto de una sensualidad desbordante. Entrecerró ligeramente sus ojos con un
dominio endiablado del gesto, y con el conocimiento de que ese movimiento era
explosivo para mí. Como sacado de un guión erótico, entreabrió delicadamente sus
labios para recorrerlos muy suavemente con la punta de su lengua, coqueta pero
sin parecer obscena, como si lo hiciese una persona que los siente resecos, pero
no me engañaba porque con su mirada me decía otra cosa muy diferente. Debo
reconocer que en ese punto sentía una sensación de flaqueza en las piernas que
me forzaba a recostar mi cuerpo contra la puerta del vagón, y que un ligero
cosquilleo que empezó a materializarse entre mis piernas, me atenazó el estómago
dificultando mi respiración.
Al entrar en contacto con la puerta del vagón comprobé que el
tren estaba parado aunque a mí me parecía que su velocidad era la de las naves
que cruzan el hiperespacio. Esto debe ser la relatividad de la que habló
Einstein. Al parecer llevábamos así un buen rato, de ahí que la temperatura del
vagón hubiera aumentado, y no sólo la mía como me había parecido hasta ese
momento.
Ella se giró decididamente hacia mí. Tenía la sensación, para
mi suerte, de que era lo que más le interesaba en ese lugar. Ella arrastraba una
pequeña maleta, de esas que se utilizan en los aviones para llevar lo justo, un
trolley, lo que añadía interés a su persona como viajera, ¿qué tendrán las
viajeras que les hace interesantes a mis ojos?.
-"¿Siempre hace este calor en el Metro?" lanzó a bocajarro
intentando hacerse una coleta con el pelo. No acerté más allá que afirmarle su
pregunta con un escueto "depende".
-"Y ¿siempre se para tanto entre estaciones?" volvió a
inquirir como si yo fuese un guía de ciudad que tiene respuestas para todas las
viajeras que pasan por Madrid. Le tenía que haber confesado que no me había dado
cuenta de la parada porque sus ojos me habían embrujado pero tan sólo le comenté
que Madrid es un caos. Gloriosa respuesta.
Tal y como estaba frente a mí, advertí en su manera de vestir
que procedía de un lugar caluroso o se dirigía a él. Llevaba un top, de color
discreto y muy corto, vamos, muy top, dejando a la vista un atractivo piercing,
de esos que parecen dobles, con una bolita metálica por encima del ombligo y
justo en el centro de éste una brillante piedra con tonos azulinos. Encima del
top vestía una gastada cazadora vaquera, acompañada de una corta falda a juego,
de las de cintura baja y unas botas blancas de caña alta que realzaban su
figura.
-"¿Qué, te gusta?, elección de mi novio.", dijo abiertamente
al ver que mi vista no se apartaba de su ombligo. Y porqué tenía que traer ahora
al novio. Qué pintaban terceras personas allí.
-"Pues sí, me gusta mucho porque suelta unos reflejos que
ciegan". Que gilipollez, no se me había ocurrido nada mejor, lo del novio me
había dejado un poco descolocado.
Sus pechos también parecían preguntarme cosas, se dirigían a
mí, apretados bajo el top, y delatando, debido a la clara ausencia de sujetador,
que de su duelo visual conmigo no había salido totalmente ilesa. Sus pezones se
marcaban ligeramente y, tal y como me gustan, mostraban sus tres dimensiones.
Las aureolas destacando elevadas sobre el resto de sus tetas (que tenían una
medida muy agradable a la vista y seguro que también al tacto), ensalzadas para
afirmar su poder y, como punto culminante, esos pezones que se erigían como un
torreón en la meseta de sus pechos para demostrarme que ella también se había
excitado con mi excesiva proximidad. Mi imaginación se desbordaba y ella era el
objeto.
El tren volvió a arrancar de forma violenta, supongo que para
compensar el retraso, lo que hizo que su cuerpo se desplazase por la inercia y
quedase, durante unos segundos, pegada literalmente al mío. En ese momento, el
aroma de su pelo me embriagó y el roce de su pecho produjo una reacción en
cadena, transformando mi hasta ahora adormecido pene en una verdadera polla,
pugnando por conocer a la intrusa que lo había despertado de su letargo. No hizo
ninguna intención por separarse y por su respiración noté que la situación, por
lo menos, no le era desagradable. Debo de reconocer que, a primera vista, mi
imagen no desagrada a ellas, tengo algunas características que me hacen,
diríamos apetecible, usando un adjetivo que no pocas mujeres han deslizado en
mis oídos en los primeros contactos y, además, suelo ducharme todos los días,
como se suele decir.
-"Perdona, pero en estos vagones hay pocos lugares donde
agarrarse bien", me dijo mientras intentaba apartarse de mí sin grandes
esfuerzos.
-"Tú, en cambio, si tienes muchas partes apetecibles para
quedarse sujeto horas y horas", arriesgué debido a la calentura que ya empezaba
a ser palpable.
-"¿Tú crees?" dijo con una coquetería que rozaba el desafío.
-"No sólo lo creo, sino que lo afirmo y, es más, sería capaz
de describírtelas una a una, aunque a la vista estén". Por toda respuesta obtuve
una sonrisa que mantenía mis esperanzas intactas. Entonces, se abrieron las
puertas del vagón en una estación que no era la mía ni la de ella, aunque si la
de muchos de los viajeros que ocupaban espacio alrededor de nosotros. No se
cerraban las puertas y por megafonía pudimos intuir, ya que no entender, que
había una seria avería y que se recomendaban itinerarios alternativos.
-"No te voy a volver a preguntar sobre Madrid, no te
preocupes, pero sí te voy a invitar a que me acompañes, si eres tan amable,
porque esta ciudad siempre me aturde. Madrid me mata, ya conoces el dicho", dijo
poniendo un mohín en su boca que le aseguraba mi protección.
En ese momento, al localizar mis planos, me acordé de mis
obligaciones y del cliente que esperaba mi colaboración.
-"Mañana salgo en tren para Granada y tengo todo lo que queda
del día para abandonarme en esta ciudad de la que dice que lo importante es la
compañía, y si el alcalde no lo impide, el resto está ahí para ser disfrutado,
¿no?".
-"Déjame hacer una llamada y te digo si soy tuyo hasta que
abandones la ciudad", observé mientras ascendíamos por las escaleras mecánicas
buscando la luz en la superficie y la cobertura en el móvil. Estaba un poco
nervioso y no quería que esa mujer fuese testigo de mis titubeos con mi cliente.
-"¿Puedo escuchar la excusa que le vas a dar a tu chica?, no
sabes el morbo que me da saber que un hombre va a mentir a otra mujer por estar
conmigo".
-"Pues se equivoca usted, señorita, la llamada va dirigida a
un cliente que espera esto", le contesté burlonamente mientras palpaba los
cilindros de cartón que contenían el trabajo de varios meses. Ella me respondió
tan sólo con un ligero gesto de contrariedad, dejando claro que esa excusa ya no
le interesaba tanto, sería la típica que se le da a un jefe.
Una vez resuelta mi cita, o más bien dicho mi no-cita, me
dispuse a acompañar a esa mujer a donde fuese necesario, me sentía cada vez más
débil y vencido y ella lo sabía, no era muy dueño de mí y en eso cooperó su
cuerpo que, voluntaria o involuntariamente, había estado rozando el mío en los
tramos de escaleras que tuvimos que ascender hasta llegar a la calle. Buscamos
un taxi para que nos llevase, en primer lugar, a su hotel.
-"Al Euroholding, por favor", le lanzó con premura al taxista
mientras éste introducía su trolley y mis planos en el maletero.
-"Sabes elegir bien el alojamiento, ¿no?", le comenté.
-"Bueno, esto son cosas de mi jefe, siempre quiere que su
personal descanse bien, y creo que en este hotel es posible, ¿no lo crees así?".
-"Pues creo que esta vez se ha equivocado y no por el hotel",
dije mientras acercaba mi mano derecha a su rodilla, gesto al que ella respondió
con un ligero estremecimiento.
-"¿Y eso porqué?", preguntó mirándome directamente a los ojos
con un brillo que delataba de antemano que intuía la respuesta.
-"Algo se me ocurrirá para tenerte entretenida hasta que te
sientes en el compartimento del tren que te lleve a tu Graná del alma" y
mientras le decía estas palabras jugueteaba con la yema de mis dedos en el borde
de su falda vaquera.
Ella echó una ligera mirada al conductor y comprobó que
estaba demasiado atareado con la eterna hora punta vespertina del tráfico
madrileño como para darse cuenta de lo que pudiese pasar atrás. Descruzó las
piernas, hizo desaparecer sus dos manos dentro de la falda, levantó ligeramente
su culito y en un abrir y cerrar de ojos (cosa que yo no hice para no perderme
ni un fotograma) hizo descender una tanga negra a lo largo de sus piernas hasta
desprenderse totalmente de ella.
-"Toma, un recuerdo mío, en este momento creo que no me hacen
falta". Y lo dijo de forma natural, como si le hubiese pedido fuego o la hora.
Sabía que así tenía más efecto sobre mí, más morbo. Los latidos de mi corazón se
dispararon y todo en mí pugnaba por explotar.
Acerqué su tesoro a mi cara aspirando el aroma de esa
miniatura, un inconfundible olor a mujer en celo, a hembra deseosa penetró por
mi nariz hasta el cerebro y de allí rebotó relampagueantemente hasta la base de
mi polla. Al abrir los ojos y ver que ella se giraba discreta pero decididamente
hacia mí algo empezó a brotarme en las entrañas. Me estaba convirtiendo en su
esclavo, ella dominaba la situación, lo sabía y abusaba, se aprovechaba
manteniéndome en vilo, con la seguridad de que mis ojos estaban subyugados por
el más mínimo de sus movimientos.
Por mi parte, alternaba mi mirada entre sus encendidos ojos y
la oscuridad que reinaba entre sus piernas, que sólo me dejaba imaginar, ni
siquiera entrever, el tesoro que escondía pero que estaba allí, al alcance de mi
mano. No me atreví a moverme por si se rompía el hechizo y preferí que fuese
ella la que condujese la escena. No me arrepiento de haberlo hecho así. Una de
sus manos, la que le sujetaba del asa que llevan los vehículos sobre las
puertas, comenzó a descender. Se volvió a ahuecar el pelo para atenuar el calor
que la inundaba, sus yemas recorrieron su cuello en dirección a una de sus
tetas, que seguían mostrando claramente la forma de sus abultados pezones, la
que ya había aparecido en el vagón. Al pasar por encima de ella, sus dedos le
procuraron una tímida caricia pero que fue suficiente para que su pezón
sobresaliese aún más que el otro, cosas de la asimetría. Jugó unos segundos con
el piercing de su ombligo, resbaló por la tela vaquera de su falda y volvió a
ascender buscando el lugar donde convergían sus brillantes muslos. Tuve que
acomodarme en el asiento dado que mi polla estaba empezando a demandar su sitio
dentro de mis vaqueros debido a que el hueco del que disponía se la había
quedado demasiado pequeño.
Sin dejar de mirarme a los ojos, ella levantó poco a poco su
falda hasta que la luz iba inundando (quien fuera luz, diría aquel poeta)
esa estancia. Una vez que la tela quedó lo suficientemente fuera de escena como
para que yo fuese testigo de sus manejos, llevó su dedo corazón directamente a
mi boca para humedecerlo, propuesta a la que no puse ningún reparo sabiendo el
uso que le iba a dar a mi lubricación personal. Lo chupé todo lo que pude y
rodeé con mi lengua ese apéndice que se me ofrecía como aperitivo de platos más
intensos; pero seguía sin atreverme a hacer nada que no estuviese en su guión,
ahora me moría por llevarme a la boca un poco de su sabor. Aquí tengo que
confesar que me desarma el sabor de un coñito cristalino, que rezuma excitación,
que sepa a jugos de los que yo sea el culpable, es una debilidad, bien acogida
por cierto, que llega a tal punto que cuando disfruto comiéndoselo a una mujer
lo hago, en primer lugar, por mi propio placer, aunque pueda parecer que me
esfuerzo para que ella se quede satisfecha. Esto último es sólo una consecuencia
y, a la vez, mi secreto.
Con este pensamiento en mi cabeza, una vez que ella se llevó
su dedo al centro de su rajita, no pude contenerme y llevé también mi dedo
corazón, que previamente había ensalivado, hacia el mismo centro de placer a lo
que respondió sólo con una ligera negación de cabeza que me hizo retroceder
hasta mi posición de observador privilegiado. La falda permitía ver que su pubis
estaba dulcemente depilado y que sólo mostraba una brasileña que caminaba
estrechamente hacia su triángulo divino, de arriba abajo, apuntando al comienzo
de los delicados pliegues de sus otros labios.
Con su índice y anular comenzó a separar las puertas de su
particular tesoro, que ya mostraba una deliciosa hinchazón a la vez que brillaba
apetitosamente a mis ojos, y de un certero avance se introdujo el dedo corazón
hasta hacelo desaparecer casi por completo, sin dejar de abrasarme con sus
pupilas. Una descarga de millones de voltios, pura alta tensión, recorrió su
cuerpo y le hizo cerrar los ojos, momento que aproveché para recorrer con pasión
su cuello, mordiéndolo suavemente hasta oír como su respiración se entrecortaba.
-"No pierdesss…tiempo…¿eh, cabronazooo?, me arrojó al oído
dejándome claro que era de las que se enardecen al susurrar palabras guarras a
sus amantes y que en esos momentos suelen simular detonadores explosivos.
-"Seguro… que te va… a reventar… la pollaaa", me dijo,
mientras sacaba el dedo de su coño para volverlo a introducir en mi boca. "¿A
qué te gusta….cómo sabe…mi coño? y todo….por tu culpa….cerdo.", seguía
diciéndome con una entonación cada vez más viciosa.
-"Sí…sí…uhmm, uhmmm", acerté a decir mientras me relamía
debido a la exquisitez de su íntimo manjar. Cuanto daría por tener mi lengua
allí, dentro, en lo profundo de esa fuente de la que manaba ese néctar.
Sin dudarlo más y sin interesarse por el conductor, se
abalanzó hacia los botones de mi pantalón y uno a uno los fue casi arrancando
hasta que liberó mi miembro de su opresora celda.
Menos mal, porque la calentura que acumulaba era
impresionante y prueba de ello era que casi toda la sangre de mi cuerpo debía de
estar allí, seguro que estaba pálido. Por la cara con la que me miró, una vez
sopesado lo que tenía entre sus manos, supuse que era muy de su agrado, ya no
tanto por el tamaño, diríamos muy apropiado, sino por la brutal erección que
mostraba.
-"Y… ahoraaaa… me voy…. a, ahhh,.. regalar este rico
tesorito… queee.. tienes entreeee.. las piernas y queee…. está diciéndome..
cómeme, cómeme", y se agachó hasta introducirse la cabeza de mi polla en su
cálida boca y, acto seguido, comenzó con frenéticos movimientos a devorarme
literalmente, entre jadeos por su forzada respiración.
Debido a la postura y a que sus bragas eran mi regalo y
dormían en mi bolsillo, me era fácil acceder a su coño desde atrás. Me humedecí
un par de dedos y busqué su entrada natural, lo que resultó bastante fácil ya
que estaba totalmente empapada de sus recientes jugos. Supongo que iba a dejar
una huella palpable en la tapicería del taxi que a esas alturas parecía haberse
dado cuenta de la escenita del asiento trasero pero que, a la vez, no quería
interrumpir su desarrollo. Con toda seguridad el taxista se estaba excitando a
menos que estuviese fabricado de metal, como Robocop.
-"Mueve… esos dedossss, hijoputa. Muévelos, ohhh, sí, así…
dentro...que yo..lo sienta. Hazme correr como seguro….tú sabes,
cabronazooo....mmm...mmm.". Sus palabras me encendían y animaban a darle toda la
caña que el lugar me permitía, por lo que probé a introducir, con la ayuda de
sus palpables néctares naturales, un dedo en su culito, maniobra bastante viable
dado que se trataba de un lugar muy amable al tacto y a recibir intrusos.
Aunque, al pronto, ella cerró esa entrada por la sorpresa que le causó mi
atrevimiento, pero no pasó ni un suspiro antes de que se relajase para
facilitarme la tarea.
-"Sigue comiéndomela, trágatela toda, ¿te gusta, eh, cerda?
Así, así, métetela toda en la boca, me gusta verla desaparecer dentro de
ti...uhmmm, uhmmmm, la chupas como una verdadera puta desesperada". No me
reconocía en ese trato, estaba como loco, fuera de mí, no me importaba nadie ni
nada que no fuera su cuerpo y, en especial, sus tres agujeros.
Justo entonces, hundí dos dedos en su coño, profundamente,
hasta los nudillos, poniendo empeño en rozar esa zona que se muestra estriada al
tacto dentro de una mujer excitada, al borde del orgasmo, y a la vez metí de un
certero impulso mi pulgar en su ano, para después juguetear con los tres dedos a
través de la fina piel que separa ambas entradas. Esto desató en su interior un
temblor creciente que le recorrió todo el cuerpo, un latigazo eléctrico que le
forzó, como poseída, a subir y bajar rápidamente su boca a lo largo de mi polla
con la intención de hacerme correr allí mismo.
-"No pares, no pares….nunca, así…, uhmm, pero...¿qué me estás
haciendo, cabronazo?, no me dejas ni pensar, sólo quiero tu polla y tus dedos
ahíííí....síííí, bien dentro, asííí, vas a hacer que me corra aquí
mismo….aghhhh" me decía intercalando entre sus palabras sonidos imposibles de
entender.
Yo sabía que se encontraba en un punto sin retorno y, dentro
de lo poco que podía controlar, decidí que había llegado su hora. Cambié la
postura de una de mis manos y busqué más debajo de su ombligo y entre los
pliegues de su coño, su botón detonador. Unté mis dedos con sus flujos y le
comencé a dar un buen repaso alrededor del impresionante clítoris que destacaba
bajo su divino monte. Lo apretaba con suavidad, estiraba, giraba, sobaba, mis
dedos describían círculos a su alrededor, vamos todas las caricias que permitía
mi postura y mi imaginación. Este ataque tuvo pronto su recompensa, ella empezó
a resoplar escandalosamente, con los ojos abandonados, y no acertando a
pronunciar más allá de palabras sin sentido y algunas que me parecieron idiomas
extraños a mis oídos. Su boca seguía aferrada a mi polla pero ya no podía seguir
con su tarea, la necesidad de tomar aire le impedía agradecerme mis manejos,
sólo expulsaba bocanadas de aire cálido que yo sentía arrebatadoramente en la
punta de mi capullo y que se aceleraba a medida que un intenso orgasmo comenzaba
a explotar dentro de sus entrañas y pugnaba por hacerse un hueco en la atmósfera
del taxi. Y llegó, y se fue de la manera más salvaje que haya visto, y
originado, en un lugar tan peculiar.
-"Ahhh, me estoy yendoooo…como una puta…..¿Tú....tú
quieres....matarme, uhmm, ahggg?, dijo mirándome con los ojos todavía demasiado
perdidos y con sus labios a unos milímetros de mis huevos, mientras me clavaba
sus uñas en la espalda, sufriendo todavía los últimos estremecimientos que me
indicaban que se había corrido como una verdadera perra. Cuando sentí como se
despedían las últimas contracciones de las paredes de sus dos entradas, las que
tenía ocupadas con mis hábiles dedos, ella se incorporó ligeramente para
deslizarme al oído:"Te vas.. a... enterar, cabrón, uhmm, me has hecho correrme
como hacia tiempo y ahora te toca a ti...", y al decir esto se humedeció un dedo
que directamente buscó la entrada de mi culo con la intención, desde ahí, de
estimular mi ya maltratado rabo, que a esas alturas del viaje ya estaba a punto
de vaciar sus reservas de semen. Se puso decididamente a recorrer con sus labios
y lengua el tallo de mi polla, girando en todas las direcciones posibles,
engulléndola, sorbiéndola, soplándola, introduciendo la punta de su lengua entre
mis pequeños labios, mordiendo ligeramente el capullo amoratado y todo ello sin
aflojar la presión de su dedo en mi interior. Todas esas maniobras obraron en mi
el milagro de la fuente natural y tras un ahogado grito "Me corroooo..", que
tuvo que escuchar el conductor, empecé a lanzar chorros de esperma a su boca
mientras ella no dejaba que yo separase ni una pulgada el extremo de mi polla de
su garganta, para no dejar escapar ni una sólo gota de ese manjar a la vez que
apretaba con su lengua mi miembro procurándome una estancia breve en el paraíso.
Las contracciones que sentía en mi esfínter apretaban continuadamente su dedo y
esa sensación me pareció alucinante.
Cuando notó que mis espasmos iban cesando y que mi fuente se
agotaba, limpió cuidadosamente con la boca el semen que tenía a la vista mi
miembro y, de forma especial, el que todavía aparecía en su amoratada cabeza, la
que todavía mantenía una arrogancia razonable. Tras tragarse como una puta
sedienta lo que pudo obtener en esta última lamida me plantó un profundo beso
con el que me hizo partícipe del sabor de mi propio semen y que en su boca
todavía permanecía indeleble.
-"¿Ya?", nos sorprendió la voz del taxista que tenía su mano
entre las piernas y la cara de haberse deleitado, por lo menos, visualmente al
haber sido testigo de las escenas finales, las más tórridas sin duda. Ella dio
muestras de control y ajustándose la falda dijo,
-"Pues sí, aunque espero que sólo sea el aperitivo, ¿no,
cariño?", lanzándome una mirada de complicidad. "Por cierto, ¿falta mucho para
el hotel?.
-"Señorita, llevamos cinco minutos en la puerta pero no he
querido interrumpir, me hubiese sentido muy mal al estorbar…..bueno...lo suyo".
-"Este hombre se ha ganado una buena propina" dijo al aire
mientras al pagar añadía 50 euros para compensar los servicios prestados, lo que
seguro añadiría un interesante final al relato de los hechos a sus colegas del
gremio.
Esta vez fue el personal del hotel el que cargó con el
equipaje de ambos mientras reíamos abiertamente, con esas miradas cómplices que
cruzan los que han disfrutado de algo prohibido y que, además, en este caso,
otros han sido testigos envidiosos de la casual pareja.
Ella iba tambaleando su cuerpo y luciendo
sus preciosas piernas con esa pequeña minifalda, mientras se dirigía a la
entrada del hotel, andando con aires ligeros. Sabiendo que la observaba de cerca
cada vez coqueteaba más con sus andares, adoptando poses felinas, de verdadera
pantera sedienta de sexo. Entró en el hall del Euroholding y a pesar de que los
allí presentes debían de estar acostumbrados a que bellezas de ese estilo
apareciesen de pronto, todos se quedaron hipnotizados por los destellos
sensuales que desprendía mi estrella particular. No le quitaban la vista de
encima, podría decirse que todos imaginaban lo que acababa de pasar y la
ausencia de su ropa interior como muestra de los hechos. Era un imán tan grande
que costó que alguno de los presentes cumpliese con su cometido en recepción.
-"Tengo una suite reservada a nombre de Yara Films, S.L.",
vocalizó delante del empleado cuando éste volvió de su ensimismamiento. "Supongo
que te apetecerá darte un buen baño de burbujas en el jacuzzi de la suite, ¿no,
cariño?, te veo ligeramente acalorado", me susurró al oído con la seguridad de
que yo entendía perfectamente el mensaje.
Una vez registrados, nos dirigimos hacia el ascensor, que nos
llevaría a lo más alto del hotel, la decimoséptima planta, donde se encuentran
las suites, las habitaciones más lujosas. Dentro del elevador, debido a la
presencia del empleado del hotel, tuve que reprimir, aunque no del todo, mis
impulsos, porqué ¿a quién no le da morbo los ascensores, sabiendo que tienes muy
poco tiempo pero que las sensaciones van a ser muy intensas?. Además, como sabía
que ella no llevaba nada debajo de la falda, todavía tuve unos segundos para
deslizar mi mano por detrás, a espaldas del empleado, y notar las secuelas de
nuestras recientes fechorías. Mis dedos advirtieron que alrededor de sus labios
todavía quedaban rastros de su reciente corrida, que incluso descendían hacia
los muslos, mientras que su coño seguía estando a mayor temperatura de la normal
(para un coño en reposo, se entiende). Antes de que se abriesen las puertas
acerté incluso a introducir un dedo dentro de él, lo que hizo que ella diese un
ligero respingo y me mirase a los ojos diciendo:
-"Tú sigue así, que luego no vas a poder pararme, no me
conoces….", llevarme el dedo a la boca fue mi respuesta para que su sabor se
mantuviese en mí, a la vez que intenté poner la mayor cara de sátiro que pude.
Una vez que el del hotel dejó nuestro exiguo y peculiar
equipaje en el hall de la suite, y recibió una propina que tal vez no estuvo a
la altura de las que solía recoger cuando acompañaba a los clientes a esas
habitaciones, cerré impetuosamente la puerta. Quería dejar rápidamente al mundo
a nuestras espaldas y dedicarme con todas mis energías a aquella mujer que me
tenía abducido desde hacía un par de horas. Al darme la vuelta y echar una
mirada a la suite no encontré a mi preciosidad, claro, con tanto espacio y
siendo la primera vez que estaba allí no era de extrañar. Me sentía cada vez más
excitado, como un animal que busca a su hembra en celo y a la vez a su segura
presa. Fui directamente al cuarto de baño, suponiendo que era el lugar más
adecuado para encontrarla y nada. De pronto oí cerrarse una puerta, la de la
habitación, parecía que comenzaba el juego. Me dirigí directamente hacia ella,
el lugar más natural de un hotel y allí estaba. Me dejó impresionado.
Sentada, en el borde de la gran cama, mirando hacia la
puerta, es decir, hacia mí, con las piernas ligeramente abiertas, volviendo a
ofrecerme un espectáculo divino y canturreando una canción que reconocí al
momento: "Hay que gustito pá tus orejas, apretadito entre mis piernas….".
Sabía provocar, no había duda, mientras tarareaba con mucha gracia sureña esa
canción de Amador (amador, curioso, sería una señal) abría y cerraba sus
infinitas piernas, sujetando sus rodillas con ambas manos para acompañar el
movimiento. Me acerqué lentamente hacia esa imagen de diosa que me ofrecía, y
poco a poco fui desabrochándome la camisa, con insinuación, para que viese que
también me gustaba provocar y correspondía a sus atenciones. Al llegar a su lado
ya había acabado con todos mis botones y la tela ondeaba a cada lado de mis
hombros.
-"Uhmmm, si nos ha salido juguetón…además, depilado, como a
mí me gustan los chicos, uhmm", y poniendo sus manos en mi culo apretó mi
ombligo contra ella mientras posaba apasionadamente sus labios en mi pecho.
"Ahora vas a seguir quietecito hasta que yo te lo diga, ¿de acuerdo?".
Cada vez iba acelerando sus caricias, que incluían
mordisquitos, apretaba sus garras en mis nalgas, lo que era muestra de que se
disponía a continuar, con mayor intensidad, el primer acto del taxi. Por mi
parte, estaba expectante y le seguía armoniosamente en sus escarceos. La reina
se sentó a los mismísimos pies de la cama para acercarse más a mí, lo que
aproveché para apretar con una de mis rodillas la unión de sus muslos, notando
una humedad y calor que aumentaban por momentos. Al sentir esta presión, se
apretó aún más y soltó un claro gemido que indicaba su total entrega. Se le
comenzó a acelerar la respiración, vertiginosamente, mientras volvía a
desabotonar mi vaquero dejándolo caer hasta mis pies.
-"Aquí está una vieja conocida…cariñito míooo…ahhhh, uhmmmm,
cómo te has puesto cabrona,…, seguro que me huele y quiere salir a la luz, ¿no
es verdad bonita?, uhmmm", le decía a la polla casi olvidándose de que tenía
dueño y que, además, estaba allí.
Después de mordeme literalmente toda la polla, que ya ofrecía
una planta magnífica, a través del tanga que me había puesto ese día para estar
más fresco, de un tirón decidido dejó al aire a mi querida amiga que apuntó al
techo para demostrar que se encontraba en plena forma. Con un acto reflejo la
engulló completamente en su boca y casi garganta, le dio un par de pasadas
completas y giró todo el cuerpo, ofreciéndome una imagen impresionante y
completa de su parte trasera mientras me decía,
-"A ver, cabronazo…, que sabes hacer con esa pollaaaaa,
dentro de mí" y con sus dos manos se abrió ligeramente los labios de su coño
para facilitar mi entrada, cosa que no hubiese sido necesaria dado la humedad
que reinaba en esa parte de su cuerpo.
Ya no me podía estar quietecito, como me había ordenado, y
sin pensarlo dos veces le agarré por las caderas, sus asas naturales, y de un
brutal empujón clavé mi miembro dentro de su resbaladizo coño hasta lo más
profundo de su vagina; la entrada fue triunfal, de una única estocada unida a un
sordo sonido producido por el choque de mi pelvis contra sus nalgas, penetré en
ella. Sentí un placer infinito, allí dentro se estaba demasiado bien, y el grito
que ella dio al sentirse perforada así todavía me desató aún más. Estaba fuera
de mí. Me quedé unos segundos parado, tensando todo el cuerpo para llegar lo más
profundo posible, ella empezó a mover alocadamente su culo hacia mi, para
iniciar un bombeo que le hacía gemir en cada viaje. Yo no iba a ser menos e
inicié, coincidiendo con ella, una follada que nos hacía separarnos hasta que
sólo la cabeza de mi polla tocaba la entrada de su enrojecido coño y juntarnos
estrepitosamente dando la sensación que hasta mis huevos se iban a meter dentro.
Por si fuera poco, ella en su delirio, intentaba llevar una de sus manos a mi
culo para empujarme hacia ella, pero era imposible entrar más de lo que
conseguíamos entre los dos.
Aún en ese estado, era ella quien controlaba la situación y
de un empujón me apartó de su cuerpo. Mi polla salió de sus entrañas y pareció
emitir un ligero gemido de desaprobación. No quería apartarse de esa cueva
húmeda pero calentita en la que se había convertido su jugoso coño. Ella, cual
felina, se deslizó hacia el teléfono que estaba junto a la cama y sin intentar
disimular su excitación solicitó a la persona que estaba al otro lado del hilo
una botella de un buen brut nature burbujeante, tres copas y fresas, con una voz
entrecortada que seguro hizo pensar al empleado que mientras hacía su pedido le
estaban haciendo correrse de placer. Toda una mujer desinhibida, no había duda.
Cada vez me excitaban más sus maneras.
-"¿Tres copas?", le pregunté con un cierto aire inquietante
en mi voz.
-"Sí, cariño, y a su debido tiempo sabrás porqué".
Mientras que los del hotel traían su pedido, ella aprovechó
para buscar en el hilo musical de la suite algo que le motivase y se frenó al
hallar una emisora que lanzaba ritmos latinos, que por la cadencia de su cuerpo
denotaban sus preferencias. Ritmos calientes para una pantera negra. Me indicó
que me sentase en el borde de la cama y que sólo mirase, si tocaba se rompía el
encanto. Al son de la música acercó sus caderas a mi cara, conservando todavía
su reducida minifalda, que había vuelto a poner en su sitio para hacer la escena
aún más sensual. La canción continuaba y ella acompasaba sus embestidas a las
sugerencias de la voz melosa del cantante, mientras que se iba acariciando,
primero con suavidad y después más enérgicamente, sus seños por encima del top.
Esto hacía que sus pezones se mantuviesen en las tres dimensiones ya aludidas.
Sus manos seguían bajando hasta sus caderas y se perdían por detrás hacia sus
nalgas, volvían hacia delante y por debajo de la falda, sin dejarme atisbar sus
manejos, se desenvolvían con firmeza entre sus piernas, acariciando sus muslos y
su húmedo coño sin ningún tapujo. Debido a que hacía un momento había iniciado
una follada conmigo, su respiración seguía estando entrecortada y, cada vez, su
excitación aumentaba al compás de las caricias de sus manos en su cuerpo.
En ese momento y como si se le hubiese olvidado algo, se fue
directamente al cuarto de baño. Coincidentemente sonó el timbre de la
habitación.
-"Servicio de habitaciones", dijo una voz femenina que
solicitaba la entrada. Una vez que encontré un batín para cubrir por lo menos mi
gran erección, abrí la puerta para que la camarera pudiese dejar esos manjares
en la habitación. Entró empujando un carrito con nuestra botella de brut dentro
de una hielera, tres copas, un bol de fresas enteras y alguna que otra fruslería
cortesía del hotel.
Cuando la camarera depositó todo en una mesa y cerró la
puerta, mi princesa salió del cuarto de baño sin top. Sus tetas daban saltitos
mostrando una alegría desbordante. Ella llevaba algo que me ocultaba en su mano.
Enseguida supe que ocultaba un consolador, era demasiado grande para ocultarlo.
-"¿No te sentirás celoso porque me abrace a este
masturbador?", dijo con ese acento del sur con el que se dicen estas cosas.
¿Masturbador?, curiosa palabra, aunque más adecuada para ese aparato que la más
frecuentemente utilizada consolador.
-"¿Celoso?, me encantan los juguetitos en manos de una
guarrilla como tú, que seguro que sabe usarlo y que lleva una maleta llena de
ellos, ¿no?". Ella se sonrió por mi ocurrencia pero hubo algo en su mirada que
me pareció extraño, aunque la falta de aire que sentí por mi casi dolorosa
erección me quitó de la cabeza cualquier pensamiento extraño.
Otra canción había tomado el relevo de la anterior, ahora el
cantante nos susurraba: "Suavemente, be-sa-mé,…que quiero sentir tus
labios.......suavemente.." y así fue como ella empezó a lamer el aparatito y
poco a poco se fue agachando, suavemente, hasta llegar al suelo en el que plantó
la ventosa que tenía el masturbador hasta dejarlo fijo, erecto y apuntando al
centro de su rajita. Suavemente volvió a ascender mientras se humedecía los
dedos y se abría los labios de su coño. Suavemente comenzó a descender para ir
abriendo sus piernas y dirigirse hacia la polla artificial que ansiosa pero
calladamente le esperaba, a la vez que su corta faldita se le iba subiendo hasta
convertirse en un ancho cinturón. La escena era tan impresionante que iba a
reventar, sentía palpitar mi polla. Su mirada fija en mí, con sus cabellos
rojizos que tapaban ligeramente su cara, en la que se notaba que estaba
disfrutando enormemente con lo que hacía. Al sentir que el extremo de su
juguetito rozaba sus labios, acercó la mano para guiar al inerte miembro y con
un decido impulso de sus caderas hacia abajo se lo introdujo hasta el fondo de
su coño. En ese momento y sin dejar de mirarme a la cara como una gran puta,
inició un sinuoso baile de arriba abajo, con el que se estaba follando a si
misma, con inmenso placer, jadeando, como una perra en celo, cerrando los ojos y
apretando las mandíbulas a cada descarga eléctrica que recibía desde las paredes
de su babeante vagina.
-"¿Dóndeeee... vas? Te heee...diiichooooo, uhmmm, que no te
acerques cabronazooo, que sólooo puedes mirar....joder...diosss....síii...creo
que me voy a correr aquí, como una puta, delanteeee...de ti", me lanzó a la cara
al intentar aproximar mi mano hacia ella.
Ella seguía jugando sola, aunque de juego aquello tenía bien
poco, el deslizar su rajita sobre el masturbador le iba a procurar otro orgasmo
de los buenos, además con espectador y todo, lo que añadía un morbo que a ella
le ponía más animal. La pelirroja no quería correrse tan pronto y volvió al
cuarto de baño. Al salir fue a por una silla, que puso frente a la cama
indicando que me sentara en ella y que mirase, sólo eso. Seguir mirando y
obedecer. Como lo haría una profesional se tiró encima de la cama con las botas
blancas de cuero todavía puestas y las piernas bien abiertas hacia mí, para que
no perdiese nada del espectáculo que me iba a ofrecer. Comenzó a introducirse un
dedo en su culito, primero con suavidad, aunque previamente lo había untado de
un aceite especial, y después con más intensidad, haciendo que se perdiese
dentro de ella, sintiendo a la vez como el masturbador entraba y salía de su
coñito. Sus manos estaban muy atareadas pero aún así, todavía acariciaba su
rizada y rojiza melena de una forma increíblemente lasciva, deslizando la mano
hacia sus pechos, estrujando sus pezones tridimensionales con brutalidad, para
arrancar placer de donde casi reina el dolor. Esos tocamientos hacían que yo no
pudiese dejar de acariciarme la polla, aunque debido al estado en el que me
encontraba, tampoco quería correrme. Con la punta del masturbador, que ya no era
esclavo del suelo, se frotaba su clítoris y en cada sacudida se notaba que poco
a poco iba creciendo dentro de ella el estallido final. Frenéticamente seguía
introduciendo el juguetito y sacándolo, mientras ya tenía dos dedos dentro de su
ano y habían traspasado el anillo que cierra esa entrada tan apetecible. Comenzó
a mover como una posesa el masturbador dentro de ella y, no sé de dónde lo sacó,
se introdujo un pequeño aparato que vibraba en su culito, lo que le arrancó un
grito de placer que me hizo estremecerme de los pies a la cabeza. Era una
pantera, un volcán, un tsunami. Nadie hasta ahora había disfrutado delante de mí
de esa manera. Ardía en deseos de cooperar con su placer pero no quería
estropear la increíble escena.
Su clítoris estaba al rojo vivo de la sesión que le estaba
propinando su mano libre; su culito vibraba por el aparato que tenía dentro y
que hacía sus delicias; sus labios estaban abultados de la presión que sobre
ellos ejercía el gran masturbador que la perforaba y, con la otra mano, no
paraba de acariciarse los pezones que tanto me gustaban. La situación no podía
continuar mucho tiempo. Todos sus intrusos comenzaron a hacer su efecto y a
golpearla en su centro de placer. El masaje que se estaba haciendo sobre su
enrojecido botoncito, que sobresalía visiblemente, aumentó de potencia y ritmo,
sus jadeos fueron cada vez mayores, se debían de oír en toda la planta, de ella
salían palabras indescifrables que sólo anunciaban un desenlace bestial. Todo a
la vez. Un temblor empezó a recorrer su cuerpo, fue creciendo hasta convertirse
en una convulsión desenfrenada, a la que acompañó con un grito ahogado: "me
estoyyyy corriendoooooo....uhm...." y cayó de espaldas sobre la cama mientras su
pecho se elevaba y descendía rápidamente, estaba a mil.
En un momento me preocupó su estado, nunca había visto a
nadie correrse así, salvajemente, casi temerariamente, además ella lo había
hecho delante de un extraño, y me acerqué.
-"¿Estás bien, preciosa?".
-"¿Tu....tu....qué....crees.....estoy divinaaaaaa.....que
pasada, uhmmm...como me pones, cabronazo.....como me ha puestoooo....verte
ahí,...delanteeeee....de mí, sin hacer....nada".
Se había disparado su potencial exhibicionista y ya no tenía
freno. Se incorporó hacia mí, yo estaba temblando, no sabía muy bien que me iba
a pasar en los brazos de esa tigresa pelirroja. Me abrazó con pasión, estaba
sudorosa pero muy apetecible, olía a sexo por los cuatro costados (¿cuatro?).
Acercó su boca a mis labios y dulcemente los mordisqueó, con suavidad; además de
ser una perra calienta también era claro que estaba enseñándome su lado más
sensible y sensual. Me despojó del batín que todavía no había acertado a
quitarme desde que llegó la camarera y comenzó a lamerme el torso, recreándose
en cada milímetro de mi piel, lo que suponía para mí una tortura ya que mi
ansiosa polla pedía casi a gritos que la atendiesen como merecía.
La gata pelirroja continuaba abrazándome con cierta dulzura,
recorriendo mi cuerpo con besos dulces, arrancando en cada caricia un leve
suspiro de mi garganta. A partir de ahí su lengua tomó el poder y rastreó toda
mi fisonomía intentando encontrar algo con lo que juguetear. Se introdujo varias
veces en los aretes que llevaba en mi oreja izquierda, pero seguía buscando con
lascivia. Al final sus pesquisas se vieron recompensadas. Después de varias
vueltas, sin utilizar sus manos, dirigió su boca hacia el canal de mis nalgas,
habiéndome pedido que me levantara previamente, y con una habilidad increíble
consiguió introducir su húmeda lengua entre ellas, recorrer mi escondido
agujero, pasar entre mis piernas apresando mis abultados huevos con su boca y,
por fin, atacando sin contemplaciones mi zona más inflamada y arrogante.
La reina se sentó en su trono, el que antes había servido
para que yo fuese testigo de sus manejos, y desde esa posición me plantó una
mano en cada nalga y se quedó contemplando mi rabo, como preparándose para un
festín culinario: rabo de toro. Estaba empezando a calentarse de nuevo y
yo temía por mi físico, pero me dejaba hacer. Debido al estado de erección que
tenía, y la proximidad de su cara a mis caderas, comencé a cerrar sucesivamente
mi esfínter para conseguir que la polla diese pequeños golpecitos en su frente,
lo que arrancó una lujuriosa sonrisa, en la que pesaba más las ganas de comerse
aquel manjar que la travesura misma de mi polla.
-"Cómemela, por favor, estoy a mil y me estás haciendo sufrir
mucho, ¿no crees?. Eres una cerda que sólo sabe putearme. Trágatela de una vez,
hostias", acabé la frase de forma autoritaria mientras le sujetaba por sus
rojizos rizos y la atraía hacia mí.
-"Vale, vale. Veo que el campeón se ha vuelto torito bravo,
eso me gusta. Puede que, si te portas bien, te deje tratarme duramente, con
autoridad, convertirme en una esclava a tu servicio, pero sólo si te portas como
yo quiera, que lo sepas", lo que añadió con una sonrisa lasciva que se escapaba
por sus comisuras.
-"¿Y crees que me cabrá tan espléndida polla en la boca?,
dijo poniendo los labios en forma de morritos, un mohín muy ensayado, seguro.
-"Tendrás que intentarlo por lo menos", le contesté a la vez
que acercaba mis manos hacia sus rojizos rizos.
La tigresa no se lo pensó dos vedes, acercó sus labios a mi
exuberante y jugoso glande, dejó caer su preciosa saliva en él, lo rodeó con su
boca entreabierta, como quien chupa un caramelo, y de un solo movimiento se la
introdujo hasta la base, de tal forma que mis repletos huevos chocaron contra su
barbilla. ¡¡¡Que mujer y que garganta!!!. Me dolía la polla de lo empalmado que
estaba. Comenzó a chuparla enterita, se metía alternativamente mis huevos en su
boca, a la vez que los acariciaba con cariño, volvía al tronco de mi rabo para
recorrerlo de arriba abajo, sorbiendo, golpeándolo con la lengua, girando
alrededor de mis pequeños labios de la punta, sorbiendo, soplando, escupiéndola,
y muchas otras virguerías que hacen que recuerde esa mamada como una de las
mejores que he recibido en toda mi vida. Lo que más me sorprendía es que a pesar
de dedicarse intensamente, sabía cuando me acercaba al orgasmo y frenaba el
ritmo, para que no me fuese y la tortura, divina tortura, se alargase todo lo
que ella quería.
-"Por favor, ¿me quieres dejar que me vaya dentro de tu
boquita?, ¿porqué eres tan bruja y no me acabas…no puedo aguantar…. pero no me
dejas llegar….eres una cerda….gatita", le dije con un aire de súplica y, a la
vez, de mandato.
-"Estaba esperando que me lo pidieras así, con esos ojitos y
con ese aire de macho necesitado que se te ha puesto".
A partir de ahí empezó a comérsela de manera bestial y, por
mi parte, debido a su habilidad y a mi calentón, todo mi cuerpo sólo pensaba en
inundar su boca con mis jugos, aunque mi mente quería también alargar la
situación, que por su pericia se había convertido en una delicia oriental. Mi
tigresa disfrutaba enormemente comiéndose mi polla y a mí me ponía más si cabe,
sobre todo cuando me miraba a los ojos desde abajo, como una esclava que quiere
saber si su amo disfruta. Liberando su boca de su carnoso y duro ocupante dijo:
-"Quiero que te corras en mi boca. Que entre en mi lo que
llevas dentro. Córrete en las fauces de tu gatita, miauuuuu…", maulló entornando
los ojos como hacen las putas en las películas porno.
Al pronto me negué, quería seguir en plan tantra, placer
eterno, pero no pude evitarlo y obedecí fielmente, es más, ya no podía aguantar
y me corrí dentro de su boca mientras con mis manos movía frenéticamente su
cabeza hacia mí, literalmente me estaba follando su boca mientras chorros de
esperma volaban directamente hacia su garganta. Increíble, ¡¡vaya experiencia!!.
Antes de sentir los últimos espasmos que anunciaban mi completo vaciado, la sacó
de su boca y acercando la tercera copa que había pedido me hizo terminar de
vaciarme en ella para después mojar sus dedos y saborear con sus labios mi
semen, untarse sus puntiagudos pezones con mis fluidos y pasarse el dedo untado
por su clítoris. Era todo un espectáculo verla homenajearse, como lo extendía
mientras me miraba con la expresión más lasciva que se puede tener en un momento
así. Después se acercó la copa a los labios y con la punta de su lengua buscó y
rebuscó para no desperdiciar ni una gota del preciado líquido que con tanta
sabiduría había sabido extraer de mí. Nadie me había premiado una corrida con un
espectáculo tan excitante.
Se incorporó para ir al cuarto de baño, lo que aproveché para
desplomarme en la cama dado que mis temblorosas piernas no me sujetaban; mi
excitación seguía siendo casi la misma que al empezar, es más, mi polla estaba
casi tan altiva como antes de correrme. El poder de las felinas sobre el macho.
Se empezó a oír correr el agua, así que supuse que se iba a refrescar y limpiar
un poquito, pero era tan insistente el sonido del líquido que me acerqué al baño
y vi que estaba llenando el yacuzzi. Magnífico. Como iba a tardar en llenarse,
la cogí en brazos para depositarla de nuevo en la ya caliente y maltrecha cama.
Pensé que era un buen momento para tomar una copita de
burbujas, que ya estaría suficientemente frío. Un impulsivo taponazo de corcho
se estrelló contra la lámpara del techo, más concretamente, contra uno de los
halógenos que dejó de alumbrarnos.
-"Perfecto, mi campeón sabe como dejar el ambiente más
íntimo. ¿Tienes tanta puntería con todo?.
Como respuesta le ofrecí una copa y una sonrisa, y todavía
con el sabor seco del espumoso acerqué mis labios a los suyos y nuestras lenguas
se fundieron en un ardiente beso en el que la mezcla de sabores era una bomba de
relojería para nuestras inquietas líbidos.
Le arranqué la poca ropa que le quedaba, y todavía con el
sabor de su boca, me lancé a su ardiente rajita, que estaba tan mojada que al
mover mi lengua y mis dedos dentro de ella se desprendían unos ligeros
chops-chops-chops que me entusiasmaban. "Has visto como me has puesto,
cabronazo. Para que luego digan que hay sequía", me comentó entre suspiros que
empezaban a crecer desde su interior. No contesté, no quería perderme ni un
milímetro de esa maravilla que mi pantera tenía entre las piernas, de esa hilera
de vello que se había dejado depilar, de esos labios carnosos que cerraban la
puerta a sus hermanos menores, de ese interruptor mágico que tenía por clítoris.
De ese metal en su ombligo que entretenía mi juguetona lengua.
Sorbía sus jugos porque tenían un gusto maravilloso, con mi
lengua y dedos los extraía de dentro para tragármelos al instante y sentía como
su cuerpo se tensaba con cada lametón que le regalaba. Mi pelirroja pasó de los
suspiros a los gemidos, gemía y gemía sin parar, se estaba acelerando. Aproveché
para mordisquear sus labios y su botón mágico y a partir de ahí comenzó a gritar
y a decir palabras que no entendía, tan sólo un "…me voy a correr…"
destacó en su galimatías sexual, para aumentar su placer le introduje uno de mis
chorreantes dedos dentro de su culito; sus chillidos eran realmente
escandalosos, me apretaba su cabeza para que no aflojase mi presión. Noté como
se iniciaron sus espasmos en las paredes internas de su coño y culito, que me
apretaban los dedos a los que sólo les separaba esa delgada pared, y como,
finalmente, todo su interior empezó a convertirse en un río de fluidos. Que
intensidad. Era como una ola que me inundó mi boca y que tragué con mucho gusto.
Era una corrida palpable, como de macho. Que furor tenía aquella tigresa dentro.
Con voz entrecortada me dijo:
-"Que maneraaaa …ahh…de correrme. Me has puesto tan caliente…
¿dónde has aprendido a mover así la lengua, cabrón? ¿qué pretendes, que no me
olvide de nunca de tí? Nunca… me lo habían …. comido… así y te prometo.. que es
la primera vez que me voy de esta… manera….ufff, todavía me da vueltas la
cabeza…me vas a volver loca, pedazo de….ufff, cabrón".
Cuando los sonidos del resto del mundo volvieron a nuestros
oídos me acordé del yacuzzi, que ya tenía que estar listo. Eché un vistazo y así
era, a punto, casi rebosante. Volví a por mi tigresa, a la que encontré
volviendo a llenar las copas y ofreciéndome una de ellas con una mirada
inquietante. El líquido entró en mí como un elixir reparador que mitigaba la
elevada temperatura de mi piel. Apuré la copa de un trago, al igual que ella, y
con esa energía volví a elevar a mi ocasional amante hasta introducirla en el
burbujeante yacuzzi. Me zambullí sin perder tiempo y la sensación fue muy
gratificante. Las burbujas del yacuzzi y las que flotaban en mi cabeza empezaron
a estimularme de tal forma que mi polla comenzó a dolerme de la excitación que
manifestaba, apuntando directamente al techo, intentando sobresalir del agua
como el periscopio de un submarino. Teniendo la sensación de que me había ganado
su confianza y su permiso para tomar la iniciativa, me acerqué a ella
frontalmente, sus piernas se separaron demostrando que había leído mi
pensamiento, y dentro del agua le inserté poco a poco mi polla hasta el fondo de
su maltratado y acogedor coñito. Empecé a bombear dentro de ella, un burbujeante
polvo submarino, genial, era una sensación indescriptible, quería disfrutar
tranquilamente de ella pero mi gatita comenzó a acercarse a mí, demostrando que
sentía ya mucha necesidad, casi dependencia. Habían pasado demasiadas cosas y
era la primera vez que me la follaba. Cómo habíamos podido aguantar tanto, su
coño abrasaba a pesar de estar sumergidos, nuestros deseos eran brutales. Se
apretó contra mí de un fuerte impulso, clavando sus uñas en mi espalda y
respirando de tal forma que me asustaba. Estaba al borde de irse de nuevo por lo
que inicié una follada más enérgica y profunda para acelerar su orgasmo, suelo
ser agradecido. Y así fue, se corrió abrazada a mí, resoplando en mi cuello,
contagiándome sus temblores y dejando caer una serie de obscenidades que me
encendieron todavía más.
Cuando el último grito se escapó de su garganta se desplomó
hacia atrás hasta sumergirse completamente, todavía empalada en mi endurecido
miembro. Volvió a emerger y empezamos a joder de nuevo, esta vez se sentó de
espaldas sobre mí y cabalgó reiteradamente sobre su potro más deseado, haciendo
que su coño recorriese completamente mi polla, desde la base hasta quedarse
enganchado solo a mi amoratada cabecita, para después volver a caer con un gran
estrépito de agua y burbujas a su alrededor. Después, hice que se pusiera a
cuatro patas, con el agua a la altura de su rajita y todo lo demás, salvo la
parte superior de sus maravillosas nalgas, sumergido en el mar de sexo en el que
disfrutábamos; desde mi posición elevada vi sus dos agujeritos y me decidí de
nuevo por el menos apretado, en el que clavé mi polla de una estocada a la vez
que introducía decididamente un dedo en su culito, y luego dos, girándolos para
dilatar ese recóndito lugar que se me ofrecía tan generosamente.
-"Ahhh,….se….te…..ven…las….intenciones, pedazo de cabrón. Qué
quieres, follarte mi culito….¿no?…" me dijo con un tono que denotaba más una
invitación que una pregunta. Mientras, seguía metiendo mi rabo hasta lo más
profundo que daba su longitud y cada vez que golpeaba en el fondo, se oía un
grito de placer y sentía como tensaba su coño para abrazarme íntimamente, para
no dejar que la volviese a sacar. Ummm, la tigresa era la hostia, sabía follar y
hacer que un hombre disfrutase hasta el infinito. Con mis embestidas sentí que
otra vez estaba a punto de correrse por lo que seguí con más interés trabajando
su culito para que me diese la bienvenida como me merecía.
-"O me la metes ahora en el culito….ahhhh….o después ya es
tarde….la quiero ahora, cabrón….que me vas a hacer correr de
nuevo……ahhh…..uhmmmm", me gritó girando un poco su cara para mirarme a los ojos,
y ahí aprovechó para llevarse su dedo corazón y metérselo en su culo hasta el
fondo. Le gustaba hacérselo ella misma. Lo giró para dilatar su anillo todo lo
posible. Dirigió su mano hacia mi polla, que todavía estaba dentro de ella, la
sacó de su coño para ponerla en la entrada de su círculo mágico, ya enrojecido y
bastante dilatado, la untó de la espuma que se había formado en el yacuzzi y
dijo:
-"Ahora tú, hijoputa, y de un solo golpe. Castígame, párteme
el culo, hasta dentro y lo quiero ya, hazme tu puta para siempre…..", no tuvo
que esperar más, preparados, listos, ya, sus palabras fueron un
pistoletazo para mí, y con un firme empujón de caderas entré en ese culito, pasé
su anillo protector y entré en las profundidades de sus entrañas todo lo que me
daba de si mi considerable miembro. Me quedé quieto porque ella dio un grito que
ahogó para evitar que se presentase la seguridad del hotel y en sus empañados
ojos noté que le había dolido.
-"Ahora no pares….dale….dale y rómpeme el culo…..dale hasta
el fondo….más….más….", lo que mostraba que iba por buen camino. Casi al momento,
los ahogados gemidos de dolor se transformaron en suspiros de placer y todo
empezó a rodar de miedo. Me sentía tan a gusto dentro de ella, con mi polla
apretadita por aquellas paredes mágicas. Una vez vencida esta primera
resistencia comencé a meter y sacar mi ariete en todo su recorrido, sacando la
cabeza del anillo para volver a traspasarlo, lo que ahora conseguía arrancar en
ella verdaderas demostraciones de placer. Sus gritos comenzaron a elevarse, tal
y como los había oído antes, en varias ocasiones, mientras el ritmo de mi
enculada se aceleraba, ya nada me importaba, nada excepto llenar el culo de esa
pantera de mi leche caliente, correrme en su culito mientras ella también se
iba.
Le daba tan fuerte que mis caderas chocaban contra sus nalgas
mientras el agua del yacuzzi saltaba en todas direcciones. Estaba frenético,
animal, nunca me había visto tan fuera de mí. Dar por el culo a aquella
preciosidad era demasiado, inimaginable, mi sublime fantasía. Además, ella
disfrutaba tanto como si me la estuviese follando por delante, gemía, gritaba,
me empujaba mis nalgas para que la perforase todo lo posible. Su respiración
estaba tan entrecortada que dudo como podía insuflar aire a su pecho, para lo
que utilizaba su boca y resoplaba todo lo que podía, ruidosamente. Estaba claro
que era el preludio de un nuevo clímax, el movimiento que sentía en la polla
procedía de las paredes de su culo, que me abrazaban como si tuviese espasmos.
Había empezado a correrse como una cerda, otra vez, no tenía límite, la gatita
era toda una pantera multiorgásmica que introducía sus dedos en lo más profundo
de su coño y masajeada con pasión su clítoris. Así estuvo durante una divina
eternidad, yéndose escandalosamente, hasta que noté como sus impulsos fueron
aflojando y en ese instante percibí que ya no podía aguantar más y dentro de mí
explotó uno de los orgasmos más descomunales que he sentido. Empecé a vaciarme
dentro de su culito, los chorros de mi esperma tenían que llegar hasta su
estómago, me apreté a sus nalgas fuertemente mientras estrujaba sus tetas en un
intento de fundirme con ella.
Con un decidido movimiento se sacó la polla de dentro, y
recibió mis espasmos líquidos en su cara directamente, que se esparcieron por
ella como si de perlas se tratase. Una vez que el último chorro le cayó en su
frente, con verdadera ansiedad y todavía convulsionada por su reciente orgasmo,
se dispuso a limpiarme metódicamente la polla, para no dejar ni un resquicio sin
lamer con su habilidosa lengua, lo que provocaban vibrantes descargas eléctricas
en mi ya maltratada extremidad. Cuando acabó con esa labor, acercó su boca a la
mía para que yo también disfrutase de esos manjares y en ese momento sentí un
ligero mareo que me descolocó de la situación y que achaqué al subidón de
adrenalina esa mujer había desatado en mi interior.
La sensación de vértigo no cesaba, es más, iba aumentando
paulatinamente por lo que me incorporé para salir del yacuzzi, lo que me resultó
harto difícil. Ella me miraba sin demostrar sorpresa, sólo expectación. Abandoné
a duras penas el cuarto de baño para dirigirme a la cama donde sucumbí a la
oscuridad.
Cuando volví al mundo consciente me dolía bastante la cabeza,
como si me hubiesen golpeado con algo contundente, pero supongo que nadie lo
había hecho. Oía voces pero no entendía lo que se decía en la habitación. Poco a
poco me volvía la consciencia y con la lucidez me invadía una sensación de
inmovilidad. La nebulosa de mi interior se iba deshaciendo muy despacio pero
todo era desorientación. ¿Porqué no veía nada?, algo lo impedía; me encontraba
boca abajo, supongo que en la misma cama en la que hacía poco tiempo me había
abrasado el placer. ¿Pero, porqué tenía una venda en los ojos?. La cabeza me
seguía doliendo demasiado como para comprender esta insólita situación. Intenté
llevarme las manos a la cara para quitarme la venda pero me fue imposible, tenía
las manos y también los pies, atados a la cama. Tiré fuerte pero nada, estaba
bien sujeto, ¿A qué venía este jueguecito?.
Volví a oír las voces, varias voces. Una era de mi tigresa,
pero ¿y la otra?, parecía de hombre, pero no me era fácil distinguir porque
tenía una sensación parecida a una fuerte resaca dentro de mí, y la voz no era
más que un susurro. Intenté serenarme y agudicé mis sentidos para participar de
aquella extraña situación. Las palabras de ellos comenzaron a descifrarse en mis
oídos.
-"¿Y ahora qué hacemos?", dijo ella al supuesto acompañante.
-"Pues seguir el guión y punto. Además, Yara, que tengo que
decirte que tú no sepas", agregó él con autoridad.
-"Cariño, ¿ya has vuelto, cómo estás?, voy a intentar
explicártelo de forma clara. Has tenido un desvanecimiento y me he asustado
mucho. He llamado a mi jefe y me ha mandado a un compañero de la empresa por si
hay algún problema que resolver. También,...tengo que decirte....bueno...que mi
empresa es un poco especial, vamos, es decir, que nos dedicamos a una
actividad….diríamos….diferente…de entretenimiento".
-"¿Y no puedes decirme todo eso mientras me desatas, YA-RA?,
le dije mostrando un cierto enfado y recalcando su nombre que en ningún momento
me había querido decir.
-"Por ahora, eso va a ser imposible porque estás así por
necesidades, digamos, profesionales. Para que te lo voy a ocultar más, mi
empresa se dedica a grabar películas para adultos obtenidas de forma especial".
-" ¿Porno?, ¿entonces....lo de antes...? le dije bastante
contrariado.
-" Eh, no te equivoques, antes he disfrutado como hacia
tiempo, que lo sepas. Eres un campeón, pero...mis obligaciones.." dijo mientras
utilizaba su mirada más encantadora.
Me dejó estupefacto con su declaración. Si no había
comprendido mal, mi tigresa trabajaba de gancho para una productora porno y,
encima, era la protagonista de sus películas en las cuales los actores invitados
eran personas como yo, que se veían embrujados por esta increíble pelirroja y
que, supuestamente, pensaban que se estaba cumpliendo una de sus fantasías más
improbable. Además, todo acabaría en Internet. Cojonudo. Había caído en la
trampa más antigua, dejarme seducir por una mujer para un fin comercial.
-"¿Qué, Yara, seguimos o lo dejamos para otra ocasión?", dijo
la voz masculina que nos acompañaba. "Voy a cambiar la cinta y tú a por las
escenas finales, a ver si terminamos antes de que se nos haga de noche", ironizó
él.
-"¿Desde cuándo lleva este tío aquí?, ¿desde el principio?,
pregunté con ansiedad.
-"Me temo que sí, no era cuestión de olvidar los primeros
envites, que tienen que haber quedado de impresión", contestó con toda la
dulzura que la situación le permitía.
A continuación empecé a sentir como se hundía la cama por el
peso de alguien que se sentaba sobre mis piernas. Noté que su piel era suave.
Era ella la que estaba encima, menos mal, en mi situación indefensa era lo mejor
que podía pasar. Se agachó hasta tocar con sus pechos mi espalda y me susurró al
oído mientras me masajeaba la nuca,
-"Precioso mío, ahora te voy a hacer una cosita que espero te
guste mucho, sobre todo porque soy yo quién te la va a hacer, a menos que
prefieras que sea mi compañero, tú decides" y me dio un lametón en el cuello que
me hizo temblar todo el cuerpo, al recordarme escenas tan recientes, "si me
prometes que no montas una escenita te quito la venda de los ojos", agregó con
suavidad a la vez que recorría con su experta lengua toda mi espalda, bajando
hacia mi cintura y, posteriormente, entraba entre mis nalgas como una serpiente.
Al sentir su lengua ahí, una descarga de alto voltaje
recorrió mi cuerpo. Ella se estaba dedicando intensamente a la entrada de mi
culo, con su lengua empujaba las paredes de mi esfínter, giraba por dentro del
anillo para aflojar mi resistencia. Acto seguido noté un líquido viscoso y frío
que se deslizaba alrededor de mi ano y que era introducido por sus dedos dentro
de mí. Las intenciones estaban claras, quería hacer de hombre y follarme el
culo. En la situación en la que estaba y que podía ser violado por su
acompañante era preferible que lo hiciese ella, de todas, todas. Aún así, tenía
mis recelos. No me gustaba que fuese tan impetuosa y menos con un extraño
contemplando la escena y, peor aún, que pudiese estarse grabando para beneficio
ajeno, quedando expuesto a las miradas del mundo globalizado.
-"Bien, quítame la venda, quiero saber en qué estoy metido y
que, por lo menos, las cosas sucedan con mi consentimiento y tu dedicación",
acerté a decir y pareció que hizo su efecto. Con delicadeza, la tigresa retiró
el pañuelo de seda y empecé, poco a poco, a ver las cosas que allí sucedían.
-"¿Pero….tiene que estar él delante?, ¿no hay trípodes para
la cámara?", pregunté con ansiedad al girar la cabeza hacia ella y ver que en la
habitación, el hombre que había oído y del que ella me había hablado, tenía una
pequeña cámara en su mano y grababa toda la escena.
-"Ya te lo he explicado, ¿no?, no te preocupes, te voy a
tratar como un rey, como si fueses mi amo y yo tú esclava, y mientras decía esto
seguía introduciendo sus lubricados dedos dentro de mi culo. La situación me
estaba generando sensaciones encontradas. Por un lado, no me gustaba que las
cosas se hicieran así, me sentía violado e inmovilizado, pero por otro, su
cuerpo sobre el mío y sus dedos estaban empezando a conseguir que mi polla
respondiese y ya se mostraba arrogante, lo que llamó su atención.
-"Venga, mi tesoro, no te resistas, si a tu polla, mi
amiguita, parece que el juego empieza a gustarle. Mira que buena cara se le está
poniendo", y bajó hasta ella, sin dejar de preparar mi culo, y se la metió en la
boca con verdadero interés. Con varios lametones y mordiscos ya la tenía como si
fuera el palo de una bandera, a lo que contribuía la situación de peligro que mi
mente advertía pero que al resto de mi ser no parecía preocuparle. En ese
momento me introdujo parte del pañuelo, que antes me había impedido ver, en el
culo, poco a poco, bien dentro. Siguió comiéndome la polla, en una postura
imposible dado que yo estaba boca abajo y todo tenía que quedar grabado; postura
a la que mis caderas ayudaban al girarse un poco y permitir que su boca
trabajase con soltura, como lo había hecho antes.
-"Ohhhhh", dejé escapar abiertamente cuando mi gatita sacó de
un tirón el pañuelo de mi culo. "Hija de puta, mira que
sabes….hacerle….disfrutar…a un hombre".
-"Y eso no es nada, ahora verás", y de su maleta que había
acercado a la habitación, extrajo un curioso aparato que se ató a la cintura y
que sostenía un artilugio que imitaba una negra polla, de tamaño medio, que
empecé a suponer estaba destinada para mí.
Terminado el ensamblamiento y ajustadas las correas volvió a
acercarse y me plantó un húmedo beso en la boca, buscando con su lengua todos
mis rincones como para indicarme que no había nada oculto, que todo era lo que
parecía, que estaba dispuesta a follarme el culo y, además, eso le excitaba. Su
respiración había comenzado a agitarse y pude entrever que con una mano se
frotaba insistentemente su coñito, metiéndose los dedos profundamente por debajo
del miembro artificial y pellizcando suavemente su clítoris. Quería violarme
pero disfrutando con ello tanto que esperaba llegar a correrse.
Untó de aceite el oscuro masturbador que tenía en su cintura
y girándolo se metió su punta entre los labios de su coño para iniciar un
movimiento lateral y de arriba abajo mientras ponía su mirada más viciosa de
toda la tarde. A la vez, el cámara no perdía detalle y de vez en cuando le daba
ligeras indicaciones. Con el rabo metido hasta la mitad en su incruenta
herida, alargó la otra mano hasta asirme fuertemente por la base de mi
rabo y apretó durante unos instantes hasta que consiguió que mi glande comenzará
a tornarse púrpura, o eso me pareció en esos largos segundos. Mi excitación iba
creciendo a medida que la tigresa realizaba su representación, tenía la polla a
reventar e, increíblemente, estaba deseando que hundiese su polla en mí.
Con el masaje que le estaba propinando a mi miembro me estaba llevando al borde
del orgasmo, pero sentía también que ella dominaba la acción y que sólo quería
llevarme hasta un punto en el que le pidiese lo que ella quería hacer. Siguió
introduciéndose su artificio, cada vez más adentro y cada vez más decididamente
e, incluso, inició una exploración de la entrada de su culito con bastante
éxito, ya que encontró esa entrada bastante dilatada. Ver aquello era demasiado
para mí, a veces me olvidaba incluso de que un tío nos estaba grabando y de que
estaba atado a la cama, se me iba de la mente todo, todo menos ella, la gatita
traviesa y perversa.
Cuando advirtió que estaba lo suficientemente excitado, se me
acercó por detrás, colocó en posición amenazante su prótesis, la volvió a hacer
brillar con el lubrificante y me miró fijamente entornando sus ojos melosos.
-"Y ahora cabroncete, ¿a qué me vas a pedir que te meta esta
polla mía por tu maravilloso culito hasta que te corras de gusto?, dijo con voz
entrecortada mientras con dos dedos me estaba empezando a dilatar el anillo de
mi culo y con la otra me pajeaba lentamente.
-"Creo queeee.....noooo.....que
está.....no-cheee.......no....puedooooo, ahhhhh, negarteee,
ay,....nada......y...tú putaaaa, aaahhhh,....lo....sabes", le respondí como pude
al sumarse en mí sensaciones nada comunes. Me costaba atender a los dos puntos a
los que mi pantera dedicaba todas sus habilidades, aunque sentía que la emoción
posterior se estaba erigiendo dueña de la escena. Para facilitarse la labor
colocó un denso cojín en mis caderas, lo que hizo que se realzasen mis nalgas.
-"Así no vale, tienes que ser tú el que me lo pidas", me
arrojó desafiante.
-"Bien, pero no pares de acariciarme mi polla, por favor
gatita, mete......ahh....méteme tu polla en
miiiii.........ufffff....necesitado....culo.....fóllame por donde....nadie....lo
ha hecho....aghhhh", y en ese momento supe que no tenía que repetírselo, que
había iniciado su camino y ya no tenía vuelta atrás. Sentía una fuerte presión
en el orificio de entrada, pero gracias al aceite no tuvo demasiada dificultad
en introducir lentamente la cabeza artificial a través de mi cilindro. Sentía
como iba avanzando dentro de mí y la sensación de placer crecía con cada
milímetro que penetraba, aunque cada vez me sentía más repleto e inmóvil.
Durante todo el tiempo me estuvo diciéndome obscenidades
irrepetibles sobre mí, sobre ella, respecto a los dos, todo contribuía a que mi
polla estuviese a reventar pero que según su guión no tenía que explotar
todavía.
Su presión era cada vez mayor, ya había pasado la cabeza y no
sentía dolor, tan sólo continuaba la sensación de inmovilidad total; ella siguió
empujando, lenta y suavemente, hasta que sus caderas chocaron con mis nalgas.
¡¡¡Me había metido su polla hasta el fondo!!!. A partir de ahí todo cambió y
empezó a mover su pelvis de forma cadenciosa. Adelante, atrás, ahora más
despacio, ahora más deprisa. Debía de reconocer que lo estaba haciendo muy bien;
su mano, mientras, seguía apretando muy suavemente mis dos pequeños labios de la
punta de mi polla. No quería acelerarme por aquí, sólo por detrás. Y lo estaba
consiguiendo porque yo había empezado a levantar el culo, lo que me permitían
las ataduras, para conseguir que ella entrase profundamente, hasta el final,
para sentir su poder dentro de mis entrañas.
-"Ahhh,....ufff.....como follas, puta.....no
sé,....ahhh...que es loooo que hacessss.....uhmmm, mejor,....no pares....me
tienes que llevar....hasta el finalllll, reinaaaaa..", no podría articular las
palabras pero sabía que si seguía jodiendome así el culo me iba a correr.
Ella se vio espoleada por mis palabras y no tuvo ninguna
compasión conmigo, apretaba su dinámico cuerpo contra mí en forma de embestidas
animales, estaba desorbitada, su respiración era dificultosa y estaba
literalmente volcada sobre mi culo, se apretaba tanto que notaba en mi espalda
las dos bolitas del piercing de su ombligo. Se puso a pajearme sin
consideración, como una posesa, dándome mordiscos en la espalda que a mí me
parecían lametones, dando verdaderos gritos y diciendo que se iba a correr, que
estaba a punto.
En ese momento, sentí las manos libres y después las piernas,
supuse que el cámara me había desatado, dado que es posible que estuviese en el
guión, pero me resistí a darme la vuelta. La felina que me cabalgaba estaba al
borde de derramarse mientras me daba por el culo. El no va más del morbo.
Aguanté en esa posición lo que pude hasta que noté que ella daba un empujón
definitivo y tensaba todos sus miembros en un intenso abrazo, en ese momento me
zafé de su penetración, me di la vuelta violentamente y ella cayó de espaldas
sobre un borde de la cama. En su intensa mirada advertí que había iniciado su
clímax y sin nadie dentro de ella. Me arrojé sobre ella, le levanté las piernas,
sujetando una con cada brazo, aparté su miembro y de un certero golpe metí mi
polla hasta lo más profundo de su coño. Ella dio un grito al recibir tan
exquisito regalo en ese momento en el que se estaba corriendo.
Acerqué su cuerpo al ángulo de la cama y empecé a embestirle
el coño con tal ímpetu que cada vez que mis caderas golpeaban la cara posterior
de sus muslos, sonaba como si estuviesen dando unas fuertes hostias a alguien.
Era bestial, intentaba perforarla, mi erección era la más descomunal que yo
había visto. Sentía como me chorreaba por las piernas todo el aceite que mi
gatita había metido en mi culo y cómo mi anillo latía aún por el castigo
recibido. La follaba locamente, sin control, sin atender a su corrida, a los
espasmos que dentro daban las paredes de su coño. Sentí un temblor en las
rodillas y para seguir follándola me ayudé empujando rítmicamente el colchón,
haciéndole subir y bajar contundentemente. Este movimiento fue infernal para
ambos. Ella arqueó varias veces su espalda hacia mí, como una pantera en celo
mientras gritaba: "Así, asíiii, asíiiii........" y comenzó a gimotear y temblar
abrazándose con toda su fuerza. Ya no pude aguantar más.
Mientras Yara gritaba a mi oído, sentí como se abría la
compuerta de mi presa y un primer chorro inundó su oscura cueva, los siguientes
fueron a parar al mismo sitio porque su abrazo no me permitió hacer ninguna otra
cosa y así hasta que arrojé dentro de su coño hasta la última gota bramando con
cada espasmo interior que expulsaba mi semilla. Quedé totalmente vacío y un
infinito placer me inundó mientras ambos intentábamos acompasar nuestras
jadeantes respiraciones, lo que conseguimos sin demasiado esfuerzo.
Todavía seguimos así varios minutos, que fueron especialmente
intensos y atractivos. Una y otra vez sentía los latidos de las paredes de su
gruta en mi polla. Esta imagen también le tuvo que parecer al cámara enervante,
porque en una de las fugaces miradas que se me escaparon le vi con una mano
filmando y con la otra abrazada a su entrepierna, intentando sacarse la polla
sin perjudicar la filmación.
Me salí de ella y caí derrumbado a su lado. Ella pasó su mano
por mi pecho y me susurró: "Ha sido de cine", su sensual sentido del humor
apareció en ese momento. A continuación dijo autoritariamente:
"Cumple ahora tú con lo tuyo, rápido", a lo que me quedé en
blanco, sin comprender qué era lo que tenía que hacer. La respuesta llegó
enseguida. No se refería a mí. Como si de una orden militar se tratase, el
hombre le entregó la cámara para abalanzarse sobre sus piernas, con devoción y
hambre.
"No te preocupes por él, es buen chico pero tienes sus
debilidades. Siempre se encarga de este tipo de limpiezas, que además quedan muy
bien para las tomas finales. Ahhh....es bueno buscando hasta en el último
resquicio de mi coño las gotas de semen de mis chicos, de ti quiero decir. Creo
que en Estados Unidos les llaman creampiers y les gusta recoger la cremita de
otros en un coño que ellos no han follado. Es más, a algunos mariditos les gusta
que sus mujeres les ordenen comerse las corridas de sus amantes ocasionales, la
humillación absoluta. Ahhh, sigue, sigue cabronazo, no dejes ni una gotaaa. Lo
que más le gusta es esperar a que por la puerta de mi chochito aparezca la punta
del glaciar, para írselo tragando según vaya saliendo. Sí, así, muy bien,
asiiii".
Cuando el supuesto compañero acabó con su limpieza ella le
ordenó que continuase conmigo, que me lo limpiase bien. Ya era de noche pero
todavía era el mismo día en el que me estaban pasando cosas inauditas. Ahora
sólo faltaba que un tío me la chupase.
"No déjalo, ya me limpió en el cuarto de baño mientras nos
metemos en el yacuzzi", dije más a modo de disculpa que de invitación.
"Insisto y no me contradigas, además le ibas a dar un
disgusto. Él lo está deseando, no le ves con los ojos que te mira tu chorreante
polla. ¿No es así, maridito mío?, dijo indicándole que se acercara a mí para
cumplir sus deseos.
"¿Maridito tuyo?, no me digas que es verdad, que es tu marido
y ....." no podía salir de mi asombro. Esta mujer era increíble. Ahora resultaba
que ambos eran pareja. "Oye, no quiero líos, de verdad, a ver si…." Titubeé ante
la insólita declaración presuponiendo que en esa pareja había demasiadas
excentricidades.
"No temas que no corres ningún peligro. Somos gente educada y
profesional, aunque tengamos estas curiosas apetencias. Gestionamos una modesta
empresa, familiar diríamos, je, je, pero que da unos beneficios muy
sustanciosos, ¿verdad?" preguntó dirigiéndose a su esposo, el que ya había
retirado la piel de mi glande y estaba lamiendo con verdadera pasión mi polla
para dejármela brillante y seca. "Pero, cariño, no hablemos ahora de negocios
que todavía tenemos pendiente un relajante baño de burbujas" y me volvió a besar
con delicadeza.
Acto seguido cogió mi mano y tiró hasta llevarme a la puerta
del baño, aunque no era fácil ya que su marido seguía aferrándose a mi parte más
sensible. Cuando pude liberarme de aquel peculiar beso, entramos en el cuarto de
baño y me permití cerrar la puerta. Intimidad al fin. Nos introdujimos en la
bañera y cerramos los ojos mientras nos acariciábamos con los dedos de los pies.
Oí un fuerte ruido al cerrarse la puerta de la habitación y comprendí que ahora
sí estábamos solos. Seguimos jugueteando inocentemente hasta que nuestra piel se
arrugó por el agua. Al salir llamé al servicio de habitaciones y pedí una nueva
botella de burbujas y algo más sólido de picar, por si la noche era larga.
Acabamos la botella y alguna que otra más que pedimos,
terminamos con las provisiones y tuvimos otro explosivo asalto pero esta vez sin
cámaras, íntimo, sólo para nosotros. También hablamos de que, tristemente,
dentro de unas horas tenía que irse a Granada. Me dio un apasionado beso que me
supo a una despedida anticipada. Ya, de madrugada, caímos rendidos en la gran y
caliente cama, iniciando un descenso a la profundidad de los sueños y esa noche,
y alguna más, soñé con ella, mi pantera salvaje.
Me desperté antes que ella y pensé, con la luz del día, que
lo mejor era dejarlo así, abandonar la escena ahora que tenía fuerzas para ello.
Eché las sábanas hacia atrás para contemplar por última vez su atractivo y a la
vez intrigante cuerpo y acaricié con suavidad, para no despertar a la fiera, su
rojo pelo, sus altivos pechos y su precioso culito. Antes de irme garabateé una
nota que deposité sobre la mesilla:
Yara, espero que no olvides esto y que no sólo haya sido una
noche más para ti y tu empresa, por mi parte yo no lo voy a olvidar nunca. Como
si fueses una vampira, has bebido de mi sangre y ya no tengo remedio ni
salvación. Si vuelves a Madrid, llámame y si no espero por lo menos verte en
alguna pantalla. Siempre te desearé, pantera.
Y le dejé el número del móvil, por si acaso se presentaba
la oportunidad.
Sin mirar atrás me fui tristemente de la suite casi con la
seguridad de que no la iba a volver a ver y menos disfrutar. A partir de ahí
cada uno tomaría su camino. Ella con su maridito empresario y consentidor y su
Granada y yo con mi casi interesante vida en Madrid.
Ya han pasado varios meses y nada, ni una llamada de ella, he
buscado por los portales Web de estos temas pero no he visto el posible
resultado de aquel encuentro. He estado obsesionado con ella, con su cuerpo, con
su voz. A pesar del tiempo transcurrido, seguía teniendo unas ganas locas de
volverla a ver y, si podía ser, repetir una aventura como aquella. De sueños
también se vive, y el sueño fue bonito mientras duró. Parafraseando a Bogart en
Casablanca: "siempre nos quedará la suite".
Y una tarde perdida y gris, en la que mi mente volaba, como
otras muchas tardes, a aquella suite, a aquel espectacular e increíble
acontecimiento, ¿hum…? ¿Qué fue eso? Después de tanto esperar el zumbido de mi
móvil, éste se puso a vibrar en la encimera de la cocina. Al descolgar y
preguntar quién estaba al otro lado del teléfono, dado que era un número que no
conocía, escuché una voz dulce y apasionada que me decía:
-"Ey guapísimo, ¿te pensabas que me había olvidado de ti?
Pues estabas muy equivocado, además tengo algunas cositas tuyas que te voy a
llevar a Madrid, ¿no las has echado de menos?. Iré sola y sin cámara, no te
preocupes. Tengo unos planos, una espléndida película y un tanga que te
pertenecen, que te dejaste en la mesita del hotel, cabeza loca. Me vas a tener
que compensar por haberte ido sin despedirte de mí, niño malo. Que ganas tengo
de darte un lametón, ya sabes que eres especial para mí, rey".
Salud y esperamos vuestros húmedos comentarios en
ant1961vk@yahoo.es
Autor: Nío con la colaboración especial, en cuerpo, alma y
letra de Yara.