Esto sucedió una tarde soleada del mes de octubre.
Estaba tomando el sol boca abajo con las piernas
entreabiertas, ya que me gusta y me exita que me dé la brisita en esa parte de
mi cuerpo; más cuando tengo el coñito completamente depilado y suavecito debido
al aceite de coco que me había puesto minutos antes de tumbarme en la toalla. Me
estaba quedando algo adormecida cuando comencé a notar el tacto de una mano
caliente sobre mi nalga derecha.
Sobresaltada quise incorporarme a mi postura normal para ver quien era el o la
que me estaba haciendo eso; pero su otra mano me lo impedía, ya que la tenía
apoyada en mi espalda lo que me hacía apretar mi pecho contra la arena. No
obstante me gustaba la caricia que me hacía, por lo que dejé que su mano se
metiese entre mis piernas y siguiese jugueteando con mis labios.
Estaba recibiendo la más dulce de las caricias sin tan siquiera saber quién me
lo estaba haciendo, pero no me importaba porque me gustaba y disfrutaba de ello.
De pronto noté cómo uno de sus dedos se introducía suavemente dentro de mi
vagina, y fue cuando me puse a cuatro patas para disfrutar más del momento. Esta
vez si soltó su mano de mi espalda y me dejó adoptar esa postura. En la posición
ya descrita mis pezones rozaban ligeramente la arena y eso me ponía más a tono y
me hacía abrir cada vez más las piernas.
Comencé a moverme de placer y cuanto más me movía, más movía su dedo dentro de
mí. Llegó a meterme hasta tres dedos.
Yo jadeaba de placer, y no me importaba que a nos 100 metros hubiese otra pareja
y viese lo que a mí me hacían. De pronto sentí como su lengua se comía todo mi
coño de delante hacia detrás a la misma vez que su dedo meñique se metía en mi
culo.
Me sentía llena de placer y me gustaba cada vez más y más, mientras me movia
jadeante. Me comía como nade me lo había hecho jamás. Le deba pequeños
mordisquitos a mis labios y a mi clítoris y me gustaba. Me gustaba demasiado
para parar.
Llegué al orgasmo y luego me corrí suavemente en mi interior, y cuando pensaba
que me podía girar para ver quien era, noté su gruesa poya (o polla) dentro de
mí. Fue el no va más.
Comenzó a follarme con intensidad, como si hubiese tiempo que no lo hacía. Me
tocaba las tetas con intensidad y tiraba fuertemente de mis pezones; me dolía en
exceso, pero me exitaba y me volvía loca de placer. Cada vez su poya se metía
con más fuerza dentro de mí. Yo ya no gemía, sino gritaba de puro placer.
De pronto noté su leche caliente corriendo dentro de mí, y eso hizo que qyo
tambie´m me corriese. Fue algo maravilloso e intenso.
De pronto noté que que me desperté. Si lo siento había sido un sueño, un gran
sueño o quizás no porque al darme la vuelta vi como tú te ibas de la playa con
cara de felicidad.