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 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Octubre, 2008.
Fecha: 12-Jul-05 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Primera vez (841 de 1237)

Fuí suya cuando era sirvienta

Silvia
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Deseaba tanto a mi joven patron que hice todo por seducirlo y convertirme de sirvienta en su maestra sexual. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

FUI SUYA CUANDO ERA SIRVIENTA

 

Por: Silvia

Hubo una época, cuando yo tenía 24 años, en que debí trabajar como empleada doméstica en una casa de familia, en la que mis patrones eran una pareja madura, muy seria y respetable, con dos hijos, un varón, que por entonces tenía cerca de 16 años, y una jovencita de 15, ambos estudiantes.

Mi trabajo no era muy pesado, pues, la familia no era grande. Esto me permitía contar con algun tiempo libre que solía dedicarlo a mi arreglo personal y a la lectura, lo que hacía encerrada durante algunas horas en las tardes, en la habitación de servicio que me fue asignada, modesta, pero provista de todas las comodidades necesarias, por lo cuál vivía tranquila y relativamente feliz. Era mi propósito ahorrar para continuar estudiando y dejar ese trabajo en busca de mejores perspectivas; entre tanto, desempeñaba mis obligaciones de sirvienta con toda dedicación.

Aún cuando ya no era una adolescente, era una mujer joven, y sin ser vanidosa, lo suficientemente atractiva para despertar en la calle la atención de los hombres. Como tenía vencidos los primeros años de la Universidad, la que abandoné temporalmente por razones económicas, me permitía el lujo de escoger mis amistades, desdeñando aquellas que veían en mí una simple sirvienta o empleada doméstica.

En cuanto a los jóvenes hijos de la familia, sólo con la chica, que se llamaba Candy, conversaba un poco, tratándola siempre con mucho respeto y llamándola "señorita" en toda ocasión. Ella dedicaba mucha atención a sus amigas y a sus fiestas, por lo que permanecia en la casa muy poco tiempo.

En cambio, con el joven, cuyo nombre era Jaime, solo podía intercambiar unas cuantas palabras de fría cortesía, pues, era demasiado serio y formal, extremadamente dedicado a sus estudios, y por tanto, casi siempre encerrado en su escritorio. A pesar de ser casi un niño, no pude dejar de notar cuán guapo y encantador era, y cuán atlético y pleno de joven belleza varonil se veía con la ropa deportiva que solia utilizar. Cuando yo sacaba su ropa de su habitación para lavarla, solía llevarla antes largamente hasta mi rostro para sentir su olor, ya que su aroma era para mí gratamente atractivo e incitante. De esa manera mi imaginación empezó a divagar teniéndolo a él como centro, pues, definitivamente el joven de la casa me atraía y excitaba.

Para realizar las tareas de mi oficio de sirvienta, yo solía utilizar un uniforme compuesto de un vestido de color negro con botones blancos en el frente, cubierto por un pulcro delantal también blanco que solo cubría la parte inferior de mi vestido. No poseo ningún cuerpo escultural, pero mis formas son firmes y agradables y mi turgente pecho se veía resaltado por el ceñido uniforme que llevaba puesto directamente sobre mi ropa interior. Creo que no me veía mal vestida así, pues, cuando alguna vez salia a la calle de esa manera, los hombres me llenaban de piropos, unos mas atrevidos que otros. Así supe que tenía senos muy atractivos para ellos. En efecto, en el espejo veía que mis pezones resaltaban sensualmente, constituyéndose en la parte de mi cuerpo con mayor atracción.

Un día en que ingresé a limpiar la habitación del joven Jaime, después que este saliera hacia su colegio, mientras hacía su revuelta cama, noté que las sábanas estaban húmedas en un sitio. Utilizando mi olfato noté que la mancha encontrada, tenía el carácterístico olor del semen masculino, el que había conocido en alguna de mis experiencias anteriores, durante mi vida universitaria. El hallazgo que hice me sorprendió, pues, no imaginé hasta ese momento que el joven serio y dedicado que tenía por patrón, ya casi era un hombre, y como tal, debía tener algún tipo de actividad sexual. Desde entonces casi sin proponérmelo comencé a observar con mas cuidado su ropa, encontrando con alguna frecuencia los restos de probables eyaculaciones nocturnas ...... o tal vez de sus masturbaciones? ....... quedé intrigada con el hecho, o mas bien excitada por la curiosidad de saber mas al respecto.

Es así que durante el aseo diario de la pieza del joven Jaime, buscaba signos de su actividad sexual, aumentando mi interés en observar su varonil figura, hasta casi convertir en incontenible deseo mi afan de observarlo e indagar entre su ropa y las cosas de su habitación. Era casi un niño, yo era mayor que él con 8 años, y sin embargo me atraía. Mi imaginación cada vez se desbordaba mas pensando en que era amada por él, que sus manos tomaban las mias y luego acariciaban mi cuerpo. Llegué de ese modo a desearlo intensamente; en mis fantasias, él me besaba con amorosa pasión y yo le entregaba mi cuerpo enseñándole a gozar de él, convertida en maestra del aprendizaje sexual que intuía que precisaba.

Despertaba sin embargo de mis sueños y fantasías, para caer en cuenta que en mi condición de simple empleada doméstica, tenía pocas posibilidades de conquistar y seducir al joven objeto de mis deseos. Veía que él frecuentaba amigos distinguidos y seguramente junto a ellos se reunía con lindas y elegantes jovencitas, en tanto que yo solo podía lucirme ante él con mi inseparable uniforme de sirvienta, el que, junto con nuestra diferencia de edad, se imponían como barreras muy dificiles de vencer. Por eso, y como pensé que solo podría conquistarlo si le ofrecia mi cuerpo para su goce sexual, anhelando que pudiera compensar con mi poca experiencia la belleza y elegancia de mis rivales, me decidí a poner mi maximo empeño en seducirlo insinuándome a él de todas las maneras que me fuera posible imaginar.

Estaba en ese propósito un día en que hacía el aseo de su cuarto, estando él ausente, limpiando y trapeando el piso de su habitación, encontrándome de cuclillas en el suelo, con la falda de mi ajustado vestido subida hasta los muslos y con los botones superiores de su frente sueltos para mayor comodidad, dejando así mis piernas y muslos descubiertos, al igual que mis senos a la vista, cuando, sin haberme percatado de ello, me dí cuenta que el joven había retornado a la casa, posiblemente en busca de algo olvidado, y al pretender ingresar a su pieza se encontró conmigo en la pose indicada, es decir atrevidamente expuesta, aunque en ese instante no fue mi intensión mostrarme así ante él. El solo me miró, sin decir nada, y yo, al darme cuenta de su presencia, le miré ligeramente a los ojos, y luego, procurando la maxima compostura, me puse de pié, y bajándo la vista, con humildad, le dije: "perdón, joven" ...... y salí de la pieza. El sin contestarme, ingresó a su cuarto, sacó algo y luego salió a la calle.

Aquel incidente me dejó en aquel momento desconcertada, sin embargo, para mi alegria, noté que desde entonces, mi joven patron no perdía oportunidad de ver mi figura, dirigiendo su mirada a mi cuerpo, recorriendo con sus ojos principalmente mis piernas y mis senos. ¡Sin proponérmelo habia logrado captar su atención!. Por supuesto que desde entonces hice cuanto pude para continuar atrayendo su mirada, sin escandalizarlo con poses demasiado atrevidas. Cuando nadie nos observaba, le dirigía miradas intensas, sonriendole levemente cuando notaba que él me veía. Cuando ingresaba a su habitación, aún, sin estar él, procuraba usar un perfume intenso procurando dejar mi aroma en su pieza. Cuando sentía que llegaba de la calle, estaba cerca de la puerta para ser yo quién le abra, y no otra persona. Así aprovechaba el momento para ofrecerle con la voz mas amable que podía, ya sea un refresco, o mis servicios, preguntándole en forma comedida si necesitaba algo.

Por fin, un día fui gratamente sorprendida por su voz, llamándome a su pieza. Era para componer algo que tenía siempre desarreglado: su estante de libros. Aproveché el momento para decirle que si me permitía, yo me ofrecia a mantener limpio y ordenado ese mueble. El me contestó en forma breve y cortante, pero me asignó esa tarea que para mí era un motivo de ingresar a su pieza no solo en la mañana para hacer el aseo general de su cuarto, sino también en la tarde, aunque solo por breves momentos, sabiendo que en alguno de ellos coincidiriamos los dos.

Por eso, para realizar aquella tarea, en un horario en el que normalmente el resto de la familia reposaba la siesta de medio día, obligada por el calor de la ciudad donde vivíamos, yo me me preparaba esmerandome en lucir bien, cambiándome el uniforme de empleada, por otro recientemente lavado y planchado. Lucia lo mas pulcra que me permitía mi condición de sirvienta, lévemente maquillada y perfumada, pues sabía que muy probablemente él se encontraría en su pieza en el momento en que yo ingresaría a ella. Y así fue, despues de las primeras veces, observé que mi joven patrón cambió sus hábitos, permaneciendo en casa en el horario en que me tocaba trabajar en su habitación. De ese modo el frio saludo que me dirigía fue cambiando de tono hasta volverse amable conmigo, aunque siempre, a su estilo, de manera muy lacónica. Sin inmutarme por ello, de la manera mas inocente que podía aparentar, yo continuaba en mi afan de conquistarlo, atrayendo sus miradas, pues, quería despertar su deseo.

Me sentí feliz cuando, finalmente, una tarde, se acercó donde estaba yo desempolvando y ordenando sus libros, para decirme que buscaba uno en especial. Adiviné que ese fue solo un pretexto para acercarse a mí, y yo lo aproveché muy bien, pues, procuré atraer su conversación preguntándole acerca de sus libros y comentándole que las materias que estudiaba debían ser muy dificiles, pues, para mí lo fueron cuando yo estaba en el colegio. Como no pudo ser de otro modo, pues, finalmente los hombres son vanidosos, él quiso explicarme sus conocimientos, en los mismos que fingí interesarme, aunque en realidad, solo quería atraer su atención hacia mi persona, pues, cada vez que lo sentía a mi lado, sentía que mi deseo por él crecía más. Esa primera conversación fue casi como un acuerdo implícito y cómplice de conversar un poco cada día, brevemente, pero lo suficiente para hacerme pensar que podía conquistarlo y tal vez seducirlo cual era mi deseo. Sentía su presencia y su joven y varonil figura me hacian estremecer de deseo, de un deseo irracional, pero profundo. Veía sus labios sensuales, y me excitaba pensar que era besada por él, y que sus bellas y delgadas manos recorrían mi cuerpo, tomaban mis senos, descendiendo luego para acariciar mi intimidad, la que se humedecía con solo pensar en él.

En uno de esos días, mientras yo tímidamente le preguntaba de qué se trataba el libro que estaba limpiando, el joven Jaime se acercó a mí, y tomándome por los hombros con un brazo, con la mano del otro me indicó en el libro la respuesta a mi pregunta. Me estremecí ante su contacto y aún más cuando suavemente me llevó del hombro hacia su escritorio, invitándome a sentarme ante él para que me explique aquello que veíamos en el libro. Entonces, de pié, él se puso detrás de mí para mostrarme aquello que había preguntado. Sorprendida por su iniciativa y por encontrarme en tal situación, yo fingía atenderle, aún cuando el contacto con su mano habia hecho que nazca en mí un estado de excitación que procuraba disimular y que estaba originado en el leve contacto de la mano de ese joven adolescente, menor que yo y casi un niño. El asunto es que estando detrás de mí, el parado y yo sentada, el joven Jaime puso sus dos manos sobre mis hombros y comenzó tímidamente a acariciármelos. Yo me sentía feliz, viendo que mis sueños y fantasías estaban prontas a cumplirse, pero procuré mantenerme rígida como si nada pasara, aunque al cabo de un momento comencé a preocuparme notando que sus leves caricias no continuaban y al parecer él pretendía retirarse sin seguir. Entonces tomé una decisión, y arriesgándome a provocar su huída, incliné mi cabeza hacia una de sus manos y levanté el hombro, reteniéndola así en una especie de corresponencia a sus caricias dándole a entender que gustaba de ellas y deseaba que continúe. Con alborozo noté que cumplí mi objetivo, pues, él no solo no retiró sus manos de mis hombros, sino que despues de mantenerlas quietas un momento, tocó mi cabellera y descendió hacia mi cuello que lo acarició muy suavemente, como si le diera miedo palpar mi piel. Me mantuve quieta, esperando que continúe. No quise tomar ninguna otra iniciativa, pues, no deseaba asustarlo. Al cabo de un momento, noté que algo nerviosa y temblando ligeramente, una de sus manos descendió por mi hombro hasta mi brazo, y desde él, disimuladamente procuraba alcanzar mi pecho, avanzando lentamente centímetro tras centímetro.

Para entonces ya había dejado yo de hojear el libro que tenía delante de mí, y él sin pronunciar palabra alguna sólo movía sus manos en un evidente deseo de tocar mi cuerpo, el mismo que ya ardía a su solo y leve contacto. Finalmente, después de minutos que me parecieron siglos, la mano que se aventuraba a ello, llegó a lo que sabía que era el final de su recorrido, palpando sobre mi ropa uno de mis senos con la palma abierta ya que era evidente su tensión y nerviosismo de esa su primera vez acariciando a una mujer. Poco a poco fue perdiendo ese estado, pues, noté que su mano se cerraba sobre mi pecho, cogiéndolo en todo su volúmen, e iniciando con la otra mano el mismo recorrido que concluyó con un intento de soltar los botones superiores de mi uniforme de sirvienta. Notaba su inexperiencia, pues, sus esfuerzos eran vanos, sintiéndome tentada a ayudarlo al notar su nerviosa desesperación, hasta que por fin logró su objetivo, desabotonando mi vestido y logrando introducir su mano dentro de él hasta tocar mi otro seno sobre la ligera tela de mi sostén. Así, mientras me cogía de ese modo con ambas manos, fue jugando largamente con mis senos, bajando las copas de mi sujetador, hasta tener mis pezones a su alcance, pero sin atreverse a ir mas lejos, mientras que yo me estremecía de un cálido placer que sentía que humedecía mi intimidad excitándome cada vez más, hasta que sin poder contenerme, llevé mis manos a las suyas en cálida intensión de transmitirle que estaba encantada con sus caricias, así fue que lentamente me volví hacia él, atrayéndolo hacia mí mientras miraba fijamente sus ojos sonriéndole de la manera mas tierna que pude, para luego, sin pronunciar palabra alguna, levantarme, y llevar mis manos hacia su rostro atrayéndolo hacia el mío. Mi propósito era besarlo, pero él, no sabía hacerlo y tal vez ni siquiera pensaba llegar a ese tipo de caricia, por lo que se limitó a apoyar su rostro entre mi cabeza y su hombro, ya que eramos casi de mi misma estatura.

Estando el joven Jaime en esa posición, pude sentir que se encontraba muy excitado, pues, jadeaba ligeramente al respirar. También pude sentir entre mis muslos el contacto del caliente bulto de su miembro erguido, sintiendo unas enormes ganas de tocarlo, sin embargo me contuve, ya que deseaba hacer mío a ese bello joven, seducirlo y entregarle mi cuerpo, pero sin que sienta que era yo quién tomaba la iniciativa. Sin embargo, viendo que que él no sabía cómo continuar, ya que solo se limitaba a tenerme cogida por los senos, me atreví a llevar mi mano hacia su rostro para acercarlo hacia el mío, ofreciéndole mis labios, los mismos que llevé hasta su boca para besarlo. El trató de rechazar mi caricia, pero luego consintió en aceptar el suave contacto de mis boca con la suya, ya que mi primer beso solo quiso ser una muestra de ternura, para luego recién en los siguientes, poco a poco, transformarlos en una caricia apasionada.

Me encontraba en ese momento ya totalmente excitada y estaba dispuesta a entregarme a él, ya que solo deseaba tomar su joven y erguido miembro entre mis manos, acariciarlo lentamente y prepararlo para introducirlo dentro mío. Ardía en deseos de ser poseía por ese joven amante, llenarme de su miembro y hacer que se derrame dentro de mí, dejandome inundada de la que adivinaba sería su caliente y joven leche. El casi había logrado desabotonar todo mi uniforme de sirvienta, sacándome a medias mi sostén, por lo que me encontraba practicamente desnuda de la parte superior, y totalmente húmeda y abierta en la parte inferior, por lo que en procura de brindarle la enseñanza que precisaba, llevé una de sus manos hacia mi cintura y al poco hacia mi muslo tratando de insinuarle que podía encontrar otros placeres mayores recorriendo, palpando y acariciando todo mi cuerpo. El entendió mi mudo mensaje y comenzó un torpe, pero delicioso recorrido hacia mis piernas, procurando subir la parte inferior de mi vestido,

 

Nos encontrábamos en ese bello momento en el que todo pudo pasar, cuando sonó el timbre con que los señores de la casa solían requerir mi presencia cuando precisaban de mis servicios. ¡Menos mal que no fueron a buscarme personalmente! ...... él se sobre saltó y me soltó de inmediato, cuál si nos hubiesen sorprendido in fraganti. Viendo su actitud, me separé de él procurando cubrir rápidamente mi parcial desnudez. El joven Jaime solo atinó a balbucear una ininteligible excusa, por lo que yo debí decirle que no se preocupara, que lo acontecido fue delicioso, y salí de su cuarto diciéndole con una sonrisa que regresaría al día siguiente a la misma hora, mientras que en mi interior me prometía que entonces lo haría mío y concluiría lo iniciado en esa bella tarde, pues estaba decidida a calmar con él mi estado de excitación, hasta satisfacer plenamente mi pasión, convirtiéndome de sirvienta en su maestra sexual.

(Continuará)

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