CANALLADAS DEL DESTINO
Aproximadamente tenemos los mismos años, ella y yo. Ha tenido
una vida truncada por un hombre que la sedujo y luego la maltrata. Pero no se
queja, hace su vida resignada. Vive una rica vida interior.
Ella es una mujer adulta, que ha madurado físicamente y con
sufrimientos, por una vida atormentada, ya que ha gozado escasamente de su
infancia. Su juventud le fue tomada, por un matrimonio precipitado, con motivo
de su rápido embarazo (al tener sus primeras relaciones sexuales).
Con unos escasos 15 años ya se encontró casada, debido a la
presión del momento. Eran los años setenta, (concretamente 1974) y la sociedad
no estaba tan homologada en la tolerancia, aun coleaban las postrimerías del
franquismo.
Ella estaba acostumbrada a salir, con amigas de su edad, tras
servir en el comercio, de un familiar suyo. Y sus amigas eran unos cinco años
mayores y los novios de estas le sacaban –a ella- unos 10 años aproximadamente.
Y ella, empezó a tener las atenciones de un amigo del grupo,
el íntimo del novio de su amiga Lola; para más señas se llamaba y se sigue
llamando Julián.
Ella, no se sentía especialmente atraída por el pero aceptaba
su compañía, y el la seguía, la rondaba y le dedicaba su tiempo (más de lo que
sucedía en su casa).
Por otro lado, los chicos de su edad, le parecían demasiado
"niños e inmaduros", como corresponde a los de 13 años o así, que es cuando
conoció a su esposo actual. Las mujeres, ya se sabe maduran antes y suelen
preferir a compañeros de algunos años más (aunque hay sus excepciones, como en
todo).
La cosa es que ella, era una chica morena, de ojos verdes y
vivarachos. Era más una mujer joven que una simple muchacha. Y saliendo,
empezaron las intimidades y además sus amigas aceptaban besos, caricias y
amorosos tocamientos –en los encuentros-. Y ella, se sentía excita, y quería
saborear el sabor del sentimiento y conocer el sabor de los "amorosos"
encuentros.
Julián, por su parte era rápido con las manos, y la iba
acaramelando y ella el sabor de la excitación día a día iba escalando. Luego,
llegaron los primeros roces y tocamientos prolongados.
Primero por encima de la ropa, tras los primeros escarceos
empezó a degustar el placer. Sintió el hervor del amor, noto unas manos
separándole los botones. Y notó como el le tomaba su mano, se la ponía sobre su
pantalón y ella maniobraba ejecutando apretones en los muslos de el primero y
luego en la polla y cojones.
Los besos se fueron alargando, el tiempo en las tardes de
cine y de paseos dirigidos al parque, empezaron a normalizarse. Y una de esas
veces, fueron a casa de un amigo de él. Y allí el la tomó, le entró dentro.
Sintiendo la excitación de ella la magreó, la desvistió y en
el calor: "tomo su pene y la follo". La dejó desvirgada, e insistió tanto y con
tanto tesón, que mira que era su primera vez, de "contacto total".
Pues, tanta fortuna tuvo que con 14 años, pues a esa edad
había llegado notó su primera falta (de su menstruación). Con la segunda falta
las cosas se aclararon, habló con sus amigas y con su madre, se hizo "el control
y dio positivo".
Tras eso todo se precipitó, las convenciones y las
discusiones, las familiares presiones e intimidaciones y se fijo la fecha de la
boda. Aunque ella era renuente, se casó y se fueron a vivir a un piso de
"alquilados".
Ahí, les nació su niña y ella precipitadamente paso de niña a
mujer. Se espabiló, aprendiendo a guisar, a coser. Se puso a un sueldo a
administrar y su marido se puso a desbarrar con los celos. Llegaron los malos
modos de palabra, luego los gritos. Tras eso llegaron las manos, bofetadas y
patadas.
A punto estuvo de perder a su bebita. Un par de veces ella se
quedo extendida sin sentido, por culpa de su marido airado. Unas veces venía
bebido, otras le daba solo por marearla y tomarla. Aun en la semana anterior del
embarazo, la acosaba a cada rato.
Y Julián no le hacia el amor, la follaba de mala manera.
Puede que antes sintiera cierta excitación, pero ahora sentía miedo y temor a
que su familia y el barrio se enterase de las cosas.
Ella callaba, su mal destino encajaba. Y a su marido
soportaba, pues tanto la rondaba y salía antes del trabajo, que el encargado lo
despidió. La situación no mejoró, pero ella se conformaba. Y tenía la
oportunidad de cuidar a su niñita.
El piso, no era nada de acondicionado. Eran unos bajos, si
llovía con una palangana o un cubo, el agua recogía, hasta que poniendo una
tabla, con cemento rápido, la encajaron.
El amor, que es se preguntaba. Solo sentir, la imposición de
un hombre sobre una mujer. Con el tiempo, vino un segundo hijo y un tercero.
Parecía que él, era de apellido conejero. La tomaba, y extendida la dejaba, sin
llevarla a gozar.
Hablando con sus amigas, sabía que habían otras cosas:
complicidad, fantasía y maneras dulces de pasar las noches y los días. Porque
ella el amor y el gozo de orgasmo sabía que no los tenía. Tenía a un gañan, a su
marido Julián.
El, trabaja un tiempo en esto, otro en lo otro. Al poco
tiempo, del oficio se cansaba y del paro se aprovechaba. La familia,
prácticamente vivía del la beneficencia (familiar, municipal y estatal). Con
penas, ella pagaba los gastos, en la tienda que le fiaban y cuando tenía un
encargo de coser o de labores de manualidades, lo primero era la cuenta saldar.
El encontró un trabajo, por las noches y ella empezó a tener
cierta tranquilidad. En la soledad, de su cuarto, empezó a acariciarse y notaba
algo más. Sus propias manos, le procuraron los primeros verdaderos momentos de
placer, y ella se dejaba ir en sus fantasías, con un hombre sin rostro.
Pero éste hombre la acaricia y la hacía temblar de ganas. A
veces miraba por la ventana, casi a nivel de la calle y cuando alguien pasaba
"de noche" pensaba en si sería él.
Empezó a creer, que un vecino que entraba con su moto al
portal, podría ser alguien especial. Más ni él, ni ella hicieron nada más que
mirarse. Ella era una mujer formal, una jovencita que a los 22 años, supo lo que
era un orgasmo total, a base de investigarse y conocerse a si misma,
reconociéndose con sus dedos y sus manos. Luego, le llegaba Julián y la tomaba.
Si ella, quería algo de cariño más y se le acaramelaba, el le
decía que no fuera tan pesada. Pero eso si, pobre de ella que le negara su
"debito conyugal", cuando a él se le antojaba, pues entonces surgían los celos,
maltratos y un vendaval de golpes le regalaba. Y maltratada, se salía y se iba a
beber y "emporrarse", fardando entre sus amigotes de lo macho que era él.
Un día llegó, la primera amenaza de el con un cuchillo. No se
pudo achacar, que lo dejara de amar. A un monstruo, no se le puede dar cariño.
Sola con sus hijos, y acompañada de un rufián, que solo la considera una
domestica servidora y un cuerpo, con el que sus bajas pasiones poderse desfogar.
Ella está triste, mientras el está en casa. Todo el mundo,
finalmente sabe lo que le pasa. Pero dejan que una vez y otra vuelva a pasar.
Con los años, sus hijos se han casado. La vienen a visitar, es un alivio,
durante ese tiempo su marido es menos violento y la deja descansar algo más.
Ricarda, no duerme bien y no sabe lo que sueña, de su vida
quiere ser la dueña. Ha estudiado en curso de adultos, se ha graduado y ha
aprendido manualidades.
Me pregunto, cuanto aguantará: ¡Un día, tal vez su mano, coja
un cuchillo y se hinque en el pecho o el vientre de ese animal!
Si se lo hinca, que no se una, ni dos ni cinco veces. Que lo
cosas y lo deje estirado, desangrarse. Y que lo deje solo, sin tener unos ojos
en que mirarse. No puede ser peor lo que venga, a vivir en una continua
contienda y se solo una saco al que golpear, que además te haga la casa, te
limpie y planche la ropa y que te cocine un día y otro, sin fallar.
Mujeres, no aceptéis a maridos como Julián…
P.D.: Un anónimo, enamorado y admirador de mujeres
como Ricarda, la que tragándose su orgullo y con redaños, hecha para adelante a
su hogar. Los hijos viven por ella, a ella acuden. Y me pregunto, porque no se
encaran con Julián (padres, madres, hijos, hermanos, amigos y vecinos). NO
DEBEMOS TOLERAR, CANALLADAS DEL DESTINO, DE SIRVEGÜENZAS COMO JULIÁN.