Necesitaba los servicios de un contable urgente, mi marido
había recibido una invitación para participar de unas inversiones, y necesitamos
asesoría, pues la verdad que no sabíamos mucho de inversiones. Un vecino me
recomendó a un contable que recientemente lo ayudo en una situación parecida.
Por lo que con una llamada, tenía la cita coordinada. Mi marido y yo nos
dirigimos a la misma, que tendría lugar a las 3:00 p.m. En la ciudad había un
tráfico horrible, mi marido en su búsqueda de un lugar para aparcar, había dado
ya cuatro vueltas a la manzana. Mirando el reloj vi con disgusto que ya eran las
3:25p.m. y francamente me molesta sobremanera llegar tarde a una cita, por lo
que le dije a mi marido: "Detén el auto, Leo, detén el auto ya." – Leo
que ya conocía muy bien mi temperamento, de inmediato detuvo el vehículo, y
mirándolo le dije: "Con calma localiza un estacionamiento, y luego me buscas
en la oficina del contable Olavaria."—acto seguido eche a andar sin mirar
atrás. Tan pronto entre al edificio, ubiqué la oficina y pronta me dirigí al
área.
Varias veces toque la puerta, pero nada, el rótulo anunciaba
que la oficina estaba abierta, pero la realidad era que no había nadie a la
vista. Al entrar pude escuchar una música que parecía provenir de una puerta que
había entreabierta en la oficina. "Sr. Olavaria, hola, hay alguien por aquí?"
– pregunte a la vez que entraba en la misma. Sólo la música parecía
recibirme, y me se dirigí a la puerta entreabierta. "Sr. Olavaria, se
encuentra usted?"—asome la cabeza, viendo que al final del pasillo había
otra puerta. Lenta, mirando hacia todos lados, proseguí, "Sr. Olavaria" – suave
empuje la puerta al final del pasillo y grande fue mi sorpresa al ver que era un
baño. Y vaya que baño, tenía un enchapado en loza victoriana precioso, un gran
espejo, adornado con unas flores hermosas, junto con unas velas que
sencillamente daban al lugar un toque de gran romanticismo. Un hombre, el Sr.
Olavaria imagino, se encontraba justo al final, sumergido en una bañera llena de
agua y espuma. Sus ojos de un color castaño me observaban fijamente,
"Disculpe usted, es el Sr. Olavaria, pues teníamos una cita y no encontré a
nadie en mi entrada." – balbuceé notando sus cabellos húmedos, mis ojos no
pudieron evitar deslizarse por su pecho, viendo sus bellos, que al estar
mojados, se enrollaban dándole un aspecto sensual, del que él, no parecía darse
cuenta. Pero el Sr. Olavaria a la vez que yo lo observaba, él, hacía lo propio y
sus ojos, vieron desde el gran escote que yo traía, hasta la minifalda que se
ceñía a mis caderas, dando paso a unas hermosas piernas largas vestidas por unas
pantymedias, negras culminando en un hermoso par de sandalias de gran tacón que
me daban un aire de sensualidad dejando a Olavaria evidentemente impresionado.
Sin más el Sr. Olavaria se paro, no pude contener un gritito:
"Ahh"—pero no pude desviar la vista, mis ojos irremediablemente se
dirigieron a su virilidad, que al percatarse del morbo de la situación, se
encontraba presta a la acción. Nuestros ojos se encontraron, él tomó la toalla y
se seco el rostro, yo no sabía el porque, o quizás si, pues de una manera casi
primitiva, me percataba de la atracción que él estaba provocando en mí, una
excitación provenía de la adrenalina que corría mi cuerpo como fuego, haciendo
que el centro de mi feminidad se mojara sin remedio. Entreabrí los labios,
mordiendo el labio inferior sin darme cuenta que este gesto tan inocente, estaba
cargado de sensualidad. Daniel, me miraba sin poder dar crédito a esta
situación. Me miraba como quien no puede creer que esto le estuviera pasando a
él, y dando un paso hacia delante parece haber pensado: "Al diablo, esta
hembra tiene que ser mía. Que rayos si luego pierdo el trabajo al menos, mi
polla se dará el gustazo de tener esa chochita." Siguió caminando hasta
llegar frente a mi, todo el tiempo desnudo, mis ojos ya no disimulaban y se
daban banquete recorriendo el cuerpo de Daniel.
--Mi reina, si sigues mirándome así, te daré lo que pides
a gritos." –llegando a mi, detuvo su mirada en mis labios, provocando que
nuevamente mordiera mi labio inferior. "Que, que es lo que estoy pidiendo?"
– balbuceé. "Esto"—al decirlo, paso su brazo por mi cintura y acercándome
se adueño de mis labios. Mientras con el brazo me atraía a su cuerpo, sintiendo
yo, como su polla crecía cada vez más. Casi no podía respirar Daniel, se había
adueñado de mis labios, parecía querer sacarme el alma con aquel beso. Su lengua
me lamía, sus dientes me mordían, sólo podía sentir lava corriendo por mi
cuerpo, mi conchita vibraba, provocada por las acciones de aquella lengua.
Daniel bajo el brazo y metió la mano debajo de mi falda, sintiendo mi tanguita,
con una de sus manos me apretaba el trasero redondo, y con la otra mano, comenzó
a palparme la conchita, mientras su boca seguía posesionándose de la mía sin
darme la más mínima oportunidad a negarme, cosa que tampoco hubiera hecho.
Mientras yo le había pasado los brazos por sus hombros entregándome a ese beso
ardiente, que no admitía rechazos. Daniel ante mi evidente aceptación me
levanto, y le rodee la cintura con mis piernas, sintiendo de inmediato su polla
entre ambos, dura, muy dura, mientras se encamino a la oficina, dirigiéndose al
sofá que él tenía en la oficina.
Al llegar al sofá me tiro, me incorpore, Daniel me recostó y
procedió a abrir mis piernas, viendo que mi cuevita, húmeda pedía a gritos que
la atendieran, y Daniel no me hizo esperar más. Abriéndome las piernas enterró
su cara en el tesoro que yo escondía entre mis piernas, dándose el gusto de
lamer, me mordía, me besaba, o solamente me pasaba el rostro absorbiendo el
aroma de sus líquidos deslizándose entre mis piernas. De pronto sentí como mi
cuerpo se tensaba, como comenzaba a vibrar indicio certero que un gran orgasmo
se aproximaba, pronto empecé a gemir, mi cuerpo a contorsionarse, Daniel comenzó
a penetrarme más profundo con su lengua, sacándola, sólo para dar paso a sus
dedos que siguieron penetrándome hasta que caí exhausta en el más maravilloso
éxtasis temblando y gimiendo sin poder contenerme.
De pie en la entrada de la oficina un hombre nos observaba,
"Que perra, como se lo esta gozando, ufff este contable le esta dando como a
ella le gusta…"—pensaba Leo mientras se ocultaba un poco para que aún no lo
viéramos, en tanto se iba quitando también la corbata y camisa, pensando muy
bien lo que haría. En el sofá aún no terminaba de recuperar bien el aliento,
cuando Daniel en un gesto rápido, me levanto sentándome sobre su falo, que cada
vez más duro reclamaba atención. Abrí mis piernas, ofreciéndole la más cálida
recepción, mientras que reclinándome sobre su pecho me deje llevar por los
movimientos de Daniel. Sumergidos ambos, en el ritmo intenso de tal candente
pasión, no vimos cuando Leo se nos acercó, hasta que estuvo frente a nosotros
completamente desnudo, con su virilidad tan dura, no dejaba la menor duda que
disfrutaba y se había calentado viendo como el Daniel Olavaria me cogía.
Ya junto a nosotros, sencillamente se acomodo entre mis
piernas, al sentirlo me voltee, a mirar y viéndolo, le sonreí de manera coqueta,
invitándolo a unírsenos, él me jalo levantándome las piernas quedando yo en lo
que conocemos como el clásico sándwich, Daniel debajo, penetrándome por mi
culito, y Leo entrando en mi cuevita,
marcando un nuevo ritmo de movimientos. Daniel viendo mi
marido unirse a nosotros, tuvo que hacer esfuerzos para no explotar ahí mismo ya
que su fantasia más guardada era hacer el amor con una desconocida y su pareja.
Que en la misma ambos caballeros la penetraran a la vez, cosa que sin duda
estaba ocurriendo. Leo siguió entrando más y más rápido en mí, yo no dejaba de
gemir, envuelta en el torbellino de sensaciones que sentía al ser penetrada por
dos vergas grandotas, cada una le daba más duro, y yo me sentía en el paraíso.
"Vamos, denme, clavensen dentro de mi, vamos háganme suya, vamos, denme esas
pollas vamosss ahoraaa…"—gemía sin poder contenerme, Leo disfrutaba viéndome
gozar, Daniel agarrándome de los senos, no cejaba sus movimientos hasta que
comencé a gemir de una manera descontrolada, mi cuerpo comenzó a contorsionarse,
y ambos hombres sentían las contracciones de mi orgasmo en sus pollas, dejándose
llevar también por mis gritos enloquecidos, los que no podía contener,
"Aahhh, ahhahhh ahhhhhh coño.. denme mássssss!!!!" –gritaba cayendo presa
del más intenso orgasmo vivido antes, Daniel no pudo aguantar más y exploto,
llenando mi culito, de su semen caliente, Leo por su parte saco su polla de mi
cuevita y termino sobre mis senos, tirando sus líquidos por todo mi cuerpo, a la
vez que también mascullaba en la pasión del momento: "Toma perra, toma
zorrita, como te gusta que te cojan, aquí tienes mi leche…"—al decir esto me
baño con su esperma caliente…
Después de un buen rato, y varios orgasmos más, pudimos tener
la opinión experta del contable Daniel Olavaria, con quien acordamos que nos
reuniríamos más tarde para poder analizar una que otra buena inversión… Besos
Esther… Tu Fantasia!