Rigor Militar IV (Capítulo Final)
Recomiendo leer las primeras partes de esta serie, Rigor
Militar I, II y III, antes de leer este cuarto capítulo.
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Ramírez creía haber cumplido su castigo, tanto él como su
amigo habían realizado actos que nunca pensaron que llegarían hacer.
Ramírez: Ya me puedo ir señor?
Ávila: No Ramírez, no es bueno que ande por allí solo,
espérenos un momento, su amigo y yo estamos por terminar, además...usted nos
puede ayudar.
González miró a Ávila con desconcierto. Ávila acomodó una de
las sillas frente a la de Ramírez y se sentó.
Ávila: Venga González, párese al frente mío
El soldado obedeció y se puso de pie frente a Ávila. El bulto
del joven quedó a la altura de la cara de su superior.
Ávila: Ahora me toca a mi ayudarle – dijo Ávila mientras
levantó su mirada hacia González y le sonrió.
Ávila empezó por acariciar el bien formado abdomen del
soldado. Paso sus manos por su cintura y llegó a sus pantaloncillos. González
inclinó su cara hacia el techo, se imaginó lo que seguía. Ávila puso sus manos
en la espalda baja del muchacho y las deslizó hasta tocar su culo dentro de los
pantaloncillos. Posteriormente, deslizó la prenda por las piernas del soldado
llevándola hasta el piso y desnudándolo. Levantó de nuevo su mirada y se
encontró con la verga dormida del joven. Sin pensarlo dos veces empezó a lamer
alrededor de la misma. Lamió la base del pene y lamió el escroto dedicando un
tiempo a cada una de las güevas del muchacho. Ramírez no podía creer lo que
estaba viendo: Ávila definitivamente tenía un gusto por los hombres. Obligarlos
a tener sexo no había sido un castigo, él lo disfrutaba.
Ávila: Si González, a usted le está yendo mejor. Y todavía
faltan cosas aun mejores – le decía Ávila mientras lamía la zona de su pene.
Ávila volvió a llevar sus manos por el torso y las piernas
del muchacho. Aprovechaba también para darle una caricia en el culo. De repente,
levantó con una mano la dormida verga de González, la llevó a su boca y empezó a
mamarla. González no tenía una erección, por lo que Ávila podía tragarse toda su
verga. El joven miraba hacia el techo mientras empezaba a recibir los estímulos
del sexo oral. De vez en cuando miraba también a su compañero quien no salía de
su asombro. Ávila empezó a acariciar los glúteos del muchacho mientras le seguía
practicando sexo oral. La excitación del Teniente iba en aumento, hasta el
momento se había controlado pero ahora no podía esconder las ganas que tenía de
formar parte del "castigo" que él se había inventado.
El tiempo transcurrió y el cuerpo de González no pudo ignorar
más los estímulos que producía en su pene la boca de Ávila. Lentamente empezó a
experimentar una erección mientras su respiración se fue agitando.
Ávila: Que bueno que ya le esté gustando González.
El joven soldado no era de madera al fin y al cabo y, tras
una mamada como bien las sabia dar Ávila, su pene alcanzó un gran tamaño. Ahora
Ávila no podía tragar toda su verga, pero con una mano tomaba la parte que se
quedaba por fuera y la compensaba con leves caricias de masturbación. El soldado
recibió la mamada por un bueno tiempo hasta que Ávila decidió que era
suficiente.
Ávila: Siéntese aquí González – le indicó Ávila señalándole
sus propias piernas.
El soldado obedeció y se sentó sobre Ávila. Este tomó
entonces la verga del joven y empezó a masturbarlo al mismo tiempo que lamía su
espalda. La verga del teniente estaba dura ante tanto morbo y sobaba su bulto en
el culo del muchacho. González seguía sintiendo el placer provocado por la mano
fuerte y las técnicas eróticas de Ávila.
Ávila: Le gusta González? – el soldado no respondía – Le
gusta?, tiene la verga muy dura ya. Respóndame, le gusta? – gritó Ávila.
González: Si, si señor me gusta – respondió González por
complacer a Ávila solamente.
Ávila: Ramírez, acérquese – Ramírez se levantó de su silla y
caminó hacia los dos hombres – Venga para acá Ramírez, acérquese a mi. –El
soldado se paró junto a Ávila – Agáchese un poco.
Cuando Ramírez se inclinó hacia Ávila, este lo rodeó por la
nuca con un brazo y lo trajo hacia sí poniendo su boca en la del soldado.
Ramírez intentó resistirse por el impacto pero terminó por resignarse. Ávila
besó a Ramírez con pasión, llevando su lengua por toda la boca del soldado.
Succionando la lengua del joven y buscando que este le correspondiera, pero
Ramírez se limitaba a mantener su boca abierta.
Ávila: Ramírez párese frente a González, pero dándole al
espalda – dijo Ávila tras terminar de besarlo.
El soldado caminó al frente de González y se paró mirando
hacia la pared.
Ávila: González, tome de nuevo el culo de Ramírez, necesito
que me ayude – González obedeció las ordenes mientras Ávila le seguía
masturbando – Separe las nalgas de Ramírez – eso hizo el soldado dejando al
descubierto el ano de su amigo – Muy bien, ahora empiece a lamerlo González,
necesito que me ayude a preparar a Ramírez.
Ambos jóvenes se quedaron inmóviles antes las instrucciones
de Ávila.
Ávila: Cooperen señores, después de esto no los molestaré
más.
González acercó su cara a las nalgas de su amigo, lo hizo con
repulsión. Abrió su boca, sacó su lengua y la llevó al ano de su amigo empezando
a lamerlo. Ávila empujó la cabeza de González en el culo de Ramírez y el primero
empezó a lamer con mas intensidad, no le quedaba otro remedio. La escena
continuó por unos momentos. Ávila masturbaba a González y le sobaba su duro
bulto en el culo. González, sentado en las piernas de Ávila, recibía una paja y
lubricaba con su saliva el ano de Ramírez.
Ávila: Muy bien González, levántese. – Ávila también se puso
de pie – Ramírez vuelva a apoyar las manos sobre la mesa y abra las piernas.
Ramírez: Si señor
Ávila: González arrodíllese, baje mis pantalones y saque mi
verga.
El soldado siguió las instrucciones de Ávila mientras su
superior empezó a masajear el ano de Ramírez con sus dedos y le decía:
Ávila: Tiene que relajarse Ramírez, no le va a doler, trate
de disfrutarlo.
González bajó los pantalones de Ávila dejando al descubierto
su enorme bulto con su verga dura. Ávila tenía un cuerpo muy bien trabajado, su
piernas eran fuertes, su torso definido y atlético.
Ávila: González, saque mi verga, necesito que me la lubrique
González: No entiendo señor
Ávila: Necesito que me la mame González!!!, que me la moje
bien con su saliva – gritó Ávila
González accedió y bajó los pantaloncillos de Ávila. Su verga
se liberó de la presión rebotando. González la cogió, la miró por un momento y
cerrando sus ojos la llevó a su boca, imporivsando una sesión de sexo oral para
su superior.
Ávila: Si González, siga, no lo hace nada mal. Siga!
Pasaron unos segundos hasta que Ávila sintió que estaba bien
lubricado y el culo de Ramírez estaba bien abierto tras el masaje que le había
dado.
Ávila: Muy bien González, deje de mamar. Está listo Ramírez?
Ramírez: Si señor – respondió el soldado en voz baja.
Ávila llevó su verga mojada hasta el ano de Ramírez.
Ávila: Abra más las piernas. González, separe las nalgas de
su amigo!
Tomando su fuerte verga con una mano, puso el glande en el
ano del soldado y empezó a empujar suavemente. Sin detenerse fue metiendo
milímetro a milímetro toda su verga en el virgen ano del joven que fruncía su
cara ante el dolor que sentía. Ávila lo hizo suavemente, muy despacio hasta que
la entró toda. Sintió como el ano del soldado abrazaba su verga. Sintió el calor
del cuerpo del virgen muchacho. Sintió un placer enorme al poder disfrutar de
ese culo que con tanto morbo había observado toda la noche y sintió los deseos
de tener un orgasmo en él. Empezó a mover sus caderas con fuerza mientras
Ramírez gemía por el dolor.
Ávila: Tranquilo Ramírez, ya va a pasar el dolor.
González se había retirado un poco y observaba la escena.
Ávila movía sus caderas cada vez mas rápido y Ramírez se quejaba menos. El joven
soldado estaba experimentando ahora un leve placer en su cuerpo. Los estímulos
estaban logrando que su pene se endureciera contra su voluntad. Ávila acariciaba
su espalda y tocaba su cara, pasaba sus manos por sus piernas, por todas partes.
Ávila: Si Ramírez, que rico, si... – le decía.
La respiración de los dos hombres era entrecortada. González
estaba aterrado ante lo que esteba presenciando.
Ávila: González acérquese – el soldado caminó hacia ellos –
mastúrbese González, usted también tiene que disfrutar.
González tomó su pene, que ya había perdido la mitad de su
tamaño, y trató de revivirlo. No fue fácil pero logró una erección nuevamente y
empezó a masturbarse rítmicamente, en forma.
Ávila: Mas rápido González, quiero que se venga antes que yo.
El joven soldado cerró sus ojos para concentrarse, y recordó
mil imágenes eróticas en un segundo. Pasaron unos momentos de silencio, de
gemidos de placer emitidos por Ávila y de suspiros de placer y dolor retenidos
por los muchachos.
Despues de unos minutos, González sintió que llegaba el
momento de su orgamo. Apretando fuertemente su verga y tensionando su cuerpo,
consiguió entrar en el camino del placer final.
Ávila: Eso es González, siga masturbándose. Ramirez, me
encanta su culo, que rico...
Llegó el momento para González, tras casi torturar su verga,
consiguió eyacular salpicando su abdomen, su mano y el piso. Ávila estaba
extasiado ante la visión del joven teniendo un orgasmo y su cara de
satisfacción. Seguía penetrando a Ramírez y estaba a punto del orgasmo también.
Pasaron unos momentos hasta que sintió que su verga necesitaba desalojar el
semen contenido en sus guevas. Abrazó fuertemente a Ramírez, hundió su verga con
todas sus fuerzas en su joven culo y derramó su semen en las entrañas del
muchacho. Ramírez sintió como el pene de Ávila palpitaba en su interior, sintió
las cargas de leche que le disparó, fueron varias. No se lo explicaba pero había
sentido un placer netamente físico durante la penetración, su pene incluso
alcanzó una semi erección ante los estímulos en su ano, asi su mente no lo
deseara.
Ávila vivió todo el placer en el culo del joven muchacho. Se
mantuvo inmovil, uniendo su cuerpo al de Ramírez hasta que sintió que todo había
pasado. Lentamente, retiró su verga al mismo tiempo que se secaba el sudor de su
frente. Ramírez empezó a perder su erección en ese momento. González detuvo su
masturbación.
Ávila: Señores, han cumplido su castigo, pueden vestirse,
limpien todo por favor – ordenó Ávila jadeante.
González limpió el semen de su mano regándolo en su cuerpo y
con su ropa limpió el que había salpicado en el suelo. Ramírez empezó a vestirse
sin mirar a ninguno a los ojos. Ávila se acomodó sus pantaloncillos y su
pantalón.
Ávila: Muy bien señores, ya han pagado la falta. Ahora pueden
irse a descansar y espero que esto no vaya a salir de nosotros tres. Es mejor
que seamos discretos.
Ramírez: Si señor
Ávila: Y no se preocupen, pueden seguir trayendo sus
revistas...eso si, algún día los buscaré para que entre los tres volvamos a
calmar nuestros impulsos jaja.
Fin
Les agradezco por haber leído mi relato y me gustaría
escuchar sus comentarios. Los pueden enviar a
esteban986@hotmail.com. También
pueden contactarme por msn a esa dirección.
Esteban